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-No te acerques a mi o te quemarás. -Alguien nacido del Sol no puede quemarse. — capítulo 7

Capítulo 5...

-No digas nada de que toco el violín… Por favor.

-¿Por qué? Si se te da genial, eres toda una artista y…

-No insistas… No está bien visto que toque el violín…

-¿Por qué?

-Porque soy hija de Hades.

-Hades… -repetí como si aquella palabra ya hiciera mucho que la anduviera oyendo.

De repente todo se volvió borroso y vi aquella cara desfigura y lo entendí todo, aquella era una de las peores caras de Hades.

Capítulo 6: Soy adicta a sus labios sin haberlos casi probado, es absurdo, es como ser adicto al tabaco sin haber fumado.

Me desperté de nuevo en la enfermería, con Evan al lado mirándome con algo de preocupación, y una frase ensayada que caería en un mal momento y a la que no sabría qué contestar.

-¿Por qué siempre huyes cuando estoy cerca? -empezó a decir Evan con un poco de rabia dentro y los ojos algo llorosos -. Te lo he dicho mil veces, si te tienes que ir, me arrastras contigo, porque si no me tienes preocupado. ¿O es que acaso huyes de mí? Si es así dilo y no te agobiaré más.

Durante unos segundos pensé la mejor respuesta, y cuando ya la tenía y abría mis labios para contestar por la puerta entraron Quirón y aquella chica, hija de ese dios que no quería ni nombrar.

-¿Cómo te encuentras? -preguntó Quirón con una sonrisa, mientras Evan salía, apretando los puños, por la puerta -. ¿Puedes explicarnos que pasó ayer?

-Sí… -empecé a decir yo, cuando Jack, el hijo de Hermes, entró por la puerta con una bandeja.

-Antes de nada debería comer algo -dijo mientras me dejaba la bandeja encima de las piernas y se sentaba en la silla.

Les expliqué todo mientras iba picoteando la comida sin ninguna hambre, pues yo lo que quería en realidad era levantarme e ir hablar con Evan, no quería que pensara eso de mí, era la persona que más me ayudaba dentro de aquel maldito campamento, no quería estar sin él, pues los más seguro entonces era que acabara muriendo.

-Hades… -dijo el centauro pensando demasiado alto -. Está claro que él tiene mucho que ver en todo esto.

-Pero solo fue un sueño -insistí yo, aunque por mucho que lo repetía nadie me creía -. No tiene que ver con la realidad, nada de esto tiene que ver con la realidad.

-No con la realidad que conocías -contestó Jack mirándome serio, como si aquello no fuera algo para bromear, y tenía que ser muy serio para que él no quisiera bromear -, pero si con la que conocerás. Un sueño para un mestizo muchas veces es una premonición.

-No… No era una premonición ni nada parecido, era un simple sueño ¿por qué no puede ser solo un sueño?

-Porque eres una semidiosa, acéptalo de una vez -dijo Jack casi gritando, cosa que me dio algo de miedo -, tienes en tus manos mucho más de lo que te puedes imaginar.

-Vamos a dejarla descansar algo más -finalizó Quirón, intentando calmar los nervios -, esta noche la pasarás también en la enfermería.

-Yo prefiero mudarme ya a la cabaña once y empezar a aprender a luchar.

-Entonces Jack Stone te dará clases, por lo que hemos visto tu arma es la espada y él es bastante bueno a la hora de luchar con ella.

-De acuerdo.

-Lo avisaré, mañana empezarás las clases con él -concluyó el centauro antes de salir por la puerta.

Seguido de Quirón salieron Sam y Jack, yo me levanté con las pocas fuerzas que tenía y miré mi herida, estaba completamente cicatrizada y parecía bastante curada, no debería preocuparme por eso.

Salí de la enfermería en busca de Evan, pensé en algún lugar que le pudiera gustar, tirar al arco le gustaba, la primera vez que le vi en el campamento fue allí.

A paso rápido me dirigí a aquel lugar y allí estaba, solo, con un arco en las manos y flechas. Me miró y vi una tristeza infinita en su mirada, como si quisiera llorar y no pudiera.

-Evan…

-Vete.

-Escúchame por lo me…

-Vete por favor, no quiero que me veas así.

-Déjame que…

-¡Qué te vayas!

-No…

Giró su arco hacia a mí, con una flecha preparada para disparar.

-Vete o te disparo.

-Dispara si quieres, yo no me voy de aquí sin hablar contigo antes.

Después de decir aquello dejó el arco y las flechas en el suelo y se sentó en él, tapándose la cara con las manos.

-Di que quieres y vete.

-Evan escucha… -dije mientras me agachaba a su lado, mirándolo fijamente -. Por favor, no quiero que pienses nada malo sobre mí, tuve una pesadilla y por eso decidí salir a dar una vuelta, no quise despertarte pues bastante has hecho ya por mí, me salvas todo el tiempo y me ayudas siempre, no sé porque lo haces, pero siempre estás ahí, no quiero agobiarte, ya haces lo suficiente.

-¿Entonces por qué huyes de mí? ¿Por qué me da la sensación de que me odias?

-Yo no te odio, todo lo contrario…

Al decir aquello me arrepentí, lo contrario de odiar, amar, algo demasiado fuerte, le quería sí, pero no creía que él sentía eso por mí, por una chica patosa y débil que siempre le traía problemas.

Él levantó la vista, sus ojos azules mostraban una luz especial, ilusionado quizá, pero lo dudaba, puede que fuera sorprendido. Me miró fijamente a los ojos mientras yo lo miraba a él.

-¿Me amas?

-Yo… -me quedé en blanco, si decía la verdad estropearía nuestra amistad, pero si mentía y se enteraba también, no había solución buena, al final opté por la solución fácil, huir -. Da igual lo que sienta yo…

-No da igual, yo creo que… tú eres…

-No siguas por favor, no lo digas, digas lo que digas dolerá, ¿no te das cuenta de que podría morir en aquella misión? Entonces nos dolería más a los dos.

-¿Entonces negamos lo que sentimos hasta que pase la profecía? ¿Crees que esa es la mejor solución?

-Lo creo, y sé que la respetaras, porque aunque duela en el fondo sabes que es lo mejor.

-De acuerdo -dijo el con notable rendimiento y dolor infinito, su cara de cansancio y como hablaba hacían que me sitiera peor aún -, pero antes déjame hacer algo.

-¿El qué?

-Cierra los ojos.

Cerré los ojos despacio, algo desconfiada, y de repente noté algo en mis labios, sus labios, unos labios que sabían dulce y de los cual no me quería separar.

Me costó unos segundos recuperar el sentido pero cuando lo hice me alegué de él, después de lo que había dicho no estaba bien besarle, aunque fuera mi primer beso, y quizá, el ultimo.

-Así solo será más difícil aceptarlo -dije yo mientras me levantaba y me separaba -, sé que cuesta de entender, pero perdí mucho, y otras cosas ni siquiera las encontré para perderlas, no quiero perderte como amigo, porque eres de lo poco que tengo.

Me giré y empecé a andar hacia cualquier lugar, sabía lo que dolían mis palabras, me hacían daño incluso a mí, pero no quería que nuestra amistad se acabara.

A parte estaba la maldita profecía y aquel horrible sueño, ¿y si moría? No quería que fuese peor para él. ¿Y si moría él? Saber que él era lo más importante que tenía me destrozaría y sabía que no sería capaz de seguir adelante.

Me dirigí a la Casa Grande, donde estaba mi mejor amiga, la chica con la que siempre podía contar, la que siempre estaba ahí para escucharme aunque fuera la persona más pesada del universo.

Entré y la vi dando vueltas por aquella sala, como si me estuviera esperando aunque era algo imposible.

-¡Te estaba esperando! -exclamó feliz al verme -. Fui a buscarte a la enfermería en cuanto me enteré de lo que había pasado, pero no estabas, y algo me dijo que vendrías aquí, ahora.

-¿Algo te lo dijo?

-Sí, no sabría explicarlo, fue una sensación extraña -dijo ella recapacitando, como si quisiera explicarlo pero no pudiera -. Bueno eso da igual, siéntate aquí y explica a tu mejor amiga que demonios te pasa antes de que me dé un paro cardiaco.

Le expliqué todo lo que había ocurrido desde la cena, el último momento en el que la vi antes de salir corriendo. Los monstruos, el rescate, la pesadilla… Todo sin olvidar ningún tipo de detalle.

-No sé cómo estas viva, suerte que Evan siempre está ahí.

-No sé… creo que después de esto no querrá estar…

-No digas tonterías, tú tienes un problema, no superaste todo la gente que te falló en el pasado, pero si no das más oportunidades no encontrarás a esa gente que no te falle. Si no hubieras dado más oportunidades tú y yo no estaríamos aquí, no estaríamos hablando, no hubiéramos hablado nunca.

-Lo nuestro fue diferente, fuiste la única que se atrevió a hablarme, la única que no me llamó rara… Tú has sido la única que siempre ha estado aquí y por eso te di la oportunidad.

-Amiga te diré una cosa. No le tienes miedo al amor, sino al dolor que viene después. No tienes miedo a estar enamorada, tienes miedo a estar tan enamorada que no controles lo que haces, lo que dices y lo que sientes. Tienes miedo sentirte estúpida y no saber qué hacer con eso.

»Y sí, ya lo sé, no tienes miedo a amarlo, tienes miedo de que te engañe, juegue contigo, te traicione… o, simplemente, que de un momento a otro deje de amarte y te abandone. Y te diré una cosa, si no te arriesgas, no encontraras a esa persona, la persona indicada, la que no te dé más decepciones ni te traicione, la persona que te haga feliz.

Me quedé sorprendida de todo aquello, había entendido perfectamente lo que me pasaba, sabía que yo no quería salir lastimada y que me refugiaba en excusas, y que sí, que quizá muriera en aquella estúpida misión, ¿pero no valía mas la pena unas semanas a su lado que no haber estado nunca? ¿No sería mejor intentarlo  que quedarse pensando  si hubiera sido mejor  intentarlo?

Miré a mi amiga, que me había hecho recapacitar bastante, la mejor opción no era esperar, quizá si esperábamos demasiado ya no tenía sentido, esas cosas hay que hacerlas cuando es el momento, y el momento, por muy mal momento que fuera, era ahora.

Solo ella podía haberme hecho ver las cosas tan claras, cambiar tan radicalmente de idea, y es que así era Marta, alguien capaz de hacer que vieras lo mal que ibas y hacerte cambiar al camino bueno, con tan solo unas pocas palabras.

-Tienes razón amiga -dije yo cuando ya había recapacitado y sabía cuál era la buena decisión -. Por cierto, jamás había oído hablar así, con esa firmeza y esa certeza, y he de darte la gracias por dejarme oírte así, ya se lo que tengo que hacer.

-Pues corre y corrige todo aquello que has hecho mal antes de que sea tarde, porque después te arrepentirás de no haberlo hecho.

Di un beso en la mejilla a mi sabia amiga, que quizá se hubiera vuelto así por aquella extraña posesión, y salí de aquella enorme casa en busca de algo concreto.

En busca de él.

Siento haber vuelto a tardar tanto, al menos espero que la espera os valga la pena, yo estoy malita en casa y no e salido en todo el dia asi que pude acabar de escribir este capítulo y hacer la mitad del siguiente.

Espero que os haya gustado, pasaros a dejar algun comentario si quereis, besusss.