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Historia 172336 — capítulo 1
Los gemelos discutían en el silencio de su habitación, habían descubierto en un pequeño accidente, una poción mágica, mucho más mágica de lo normal.
-Debemos darle la poción y ver qué pasa George -decía Fred petulante.
-Sabes perfectamente Fred, que no sabemos lo que puede pasar, que puede sucederle -Contradecía un dudoso George.
-Ya veremos qué pasa ¿Qué es lo peor que podría pasar? No le paso nada al conejo que le dimo, tampoco le pasara nada a Ron -Fred se encontraba ansioso ya por dejar que la poción se desenvolviera en humanos, tenía que probarla antes de darle un buen uso.
Ambos miraron a Ron dormido, eran sus ronquidos los que llenaban la habitación, los gemelos sonriendo de forma maliciosa cuando vertieron la poción en la boca de su hermano menor, quien por inercia tragó el líquido, pasaron los minutos y nada parecía cambiar, los gemelos se miraron irritados.
-Te dije que no iba a funcionar… -Le recrimino George a su gemelo.
-No, mira -Apunto al pecho de Ron, que bajaba y subía con fuerza, sus ronquidos desaparecieron y a su vez, este se volteó desarmando la cama y destapándose de la colcha.
-Bueno, al menos ya no ronca… -Dijo George decepcionado, se rasco sus cabellos pelirrojos y ambos se encogieron de hombros.
La noche paso de forma tranquila, pero ya eran las 2 de la tarde cuando el grito de Ron llamo la atención de todos en la casa. Fred y George se miraron un momento, y con excesiva tranquilidad dejaron la comida de las gallinas en la entrada de la casa, para subir las escaleras e ir a ver a Ronnald, por el contrarió de mamá, ella había corrido escalera arriba y es que el grito de Ron había sido tan desgarrador que a Ginny se le había puesto la piel de gallina.
-¡Que pasa Ron! -De un portazo la señora Weasley abrió la puerta, pero su rostro de horror se quedaba corto cuando vio a su hijo -. ¿¡RON!?
-¡MAMÁ QUE PASO, QUIEN ME HIZO ESTO! -Gritaba la voz de Ron, muy diferente a como era realmente.
-¿Qué esta pasa… -La pregunta de Fred se quedó en el aire cuando frentea sus ojos se encontraba una pelirroja alta con el torso desnudo, tanto los ojos de Fred como los de George se abrieron como platos.
-¡SALID DE AQUÍ! -Gritaba Ron chica, mientras que su rostro se teñía de un rojo furiosos, incluso más rojo que su cabello.
La señora Weasley lo… la… Da igual, le puso una maldita manta encima. Y alzo su varita conjurando un patronus corpóreo, para avisarle a su esposo que volviera a casa en cuanto pudiera. Sin protestar esta vez, lo gemelos se fueron a su habitación, y solo cuando estuvieron dentro, comenzaron a balbucear cosas, que de seguro ninguno de ellos entendía.
-No lo puedo creer… -Logro decir al fin George, quien era el gemelo responsable, o por lo menos intentaba serlo. Sería mejor que se pusieran a trabajar en una solución rápida, porque de seguro su madre los mataría si lo dejaban así, era una poción que no tenía antídoto, ni siquiera sabían exactamente como volver a repetirla. Los gemelos se sobresaltaron cuando escucharon desde la habitación de Ron su madre:
-¡GEMELOS VENID AQUÍ DE INMEDIATO! -Volvieron a mirarse en silencio y apareciendo detrás de su madre la hicieron sobresaltar.
-¿Pasa algo madre? -pregunto Fred sonriendo, con su mejor cara inocente.
-Quitadle el hechizo ahora mismo a su hermano, esta vez si se pasaron -la voz seria de la señora Weasley solía ser peor que la mirada de un basilisco.
-Si fueron usted ¡JURO QUE LOS PATARE! -Los ojos azules de la adolescente que ahora era su hermana, parecían estallar, igual que los ojos de su madre.
-¿Qué te hace creer que fuimos nosotros Ro…? -la sonrisa divertida de George los delataba, no podía aguantarlo por más tiempo, y ambos gemelos estallaron en carcajadas.
-¿Me meterán a azkaban si los mato? -Pregunto la fina voz de Ron, quien se acercaba alzando una de sus manos por entre la manta que le había colgado su madre, de pronto los ojos de Ron se anegaron de lágrimas -. Sois unos idiotas, regrésenme a la normalidad, no quiero tener chichis.
-Ohh mi amor… -La señora Weasley abrazo a su hija, dijo hijo… Hay ustedes entienden.
-Mamá díselos, diles que me regresen -Decía Ron alzando su mirada frágil a la de su madre sin poder dejar de llorar, se sentía tan mal de estar llorando de algo tan ridículo, pero sentía una gran impotencia en su interior y no sabía cómo expresarlo.
-Querida hermana, esto se llaman hormonas, vas a odiarlas -Ginny palmeo suavemente la espalda de su hermano, y sus palabras solo lograron que Ron siguiera llorando.
Su padre llego de inmediato, y mientras tanto Ron se había puesto un vestido de Ginny, no quería ni siquiera mirar hacia abajo, había sido demasiado traumático despertar con algo que no tenía, algo suave y terso, pero que no era suyo. Su propia madre tuvo que vestirlo, mientras que el se tapaba los ojos, Ginny quien no había querido salir del cuarto se quedó a mirar el espectáculo.
-Ginny, no me mires -le repetía en cuanto escuchaba las risa de su hermana menor -. Pues bueno, su madre le había puesto unas bragas y al ver sus senos la misma Ginny se vio sonrojada, tenían un tamaño… Mmmm… Perfecto, redondos y bien alzados, saludaban con alegría el sol.
-Tenemos que conseguir un sostén… Los de Ginny… Van a quedarte pequeños… -Ron se destapo los ojos y al ver en la mano de su madre una prenda que nunca había visto, miro a su hermana y luego su pecho, se puso a llorar cubriéndose espantado, pero al sentir sus propias manos sobre el, una nueva sensación, las aparto alzándolas al cielo.
-Mamá…. -Sollozaba el pobre Ron.
Las tres bajaron al comedor, donde el señor Weasley estaba regañando nuevamente a los gemelos, alzaron su vista al nuevo Ron y apretaron sus labios en una fina línea al ver que realmente era una chica, su liso cabello caía como cascadas por sus menudos hombros, y algo que no pudieron evitar ver, fue los pechos que se traslucían a través del vestido.
-¡Gemelos! -regaño su madre nuevamente, con un respingo apartaron la vista, pero su madre no los había aprendido por eso, sino por haber sido tan irresponsables con su hermano menor -. ¿Qué es lo que usaron?
-Mmm… Exactamente… Exactamente no lo recordamos… -Dijo Fred alzando su rostro pensativo hacia arriba.
-Creo que era… Excremento de Dragón… Alas de murciélago… Moco de troll…
-Aceite de ricino… Aceite de rosas… para el sabor… Asfódelo y creo que usamos demasiada baba de sapo… -George hizo una mueca, le dio una mirada a su gemelo, para que a la próxima no insistiera con eso.
Ron parecía apunto de desmallarse, su rostro estaba más pálido que de costumbre.
Luego de que recostaran al pobre de Ron, se pasaron todo el día intentando descubrir algo que pudiera invertir la poción, después de todo no podía durar para siempre o si… ¿Qué iba a hacer Ron, en medio de su pubertad con solo 15 años y teniendo que lidiar con un cuerpo que no era el suyo?
¿Qué iban a decirle a Harry? Y a Hermione… No, no pensaba decirles, tenían que solucionar esto antes de que empezara su quinto año escolar en Hogwarts. Con algunas dificultades la señora Weasley tuvo que dormir con Ron, la adolescente se abrazaba al pecho de su madre como si solo así pudiese seguir respirando.
-Verdad mamá que mañana encontraras la solución…? -Le preguntaba por milésima vez Ron a su madre, la señora Weasley suspiro ruidosamente y acaricio suavemente los largos cabellos de su hijo.
-Si hijo… -Pero al día siguiente no contaban con que la Orden los reclutaría y que además Harry sería expulsado de Hogwarts.