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2 Generación: Archivos Clandestinos — capítulo 1
Estaba en clase, moviendo nerviosamente mi lapiz, intentando ponerlo al compás de mis pies, cuando sonó la campana, marcando, por fin, el final del año de colegio. Recogí sus cosas y salí de clase,jugando con varias monedas que tenía en los bolsillos. Quien soy? Os preguntareis. Pues aparte de ser un chico problematico con TDHA y dislexia, soy Robin Granger,un chico alto y de pelo moreno oscuro, piel pálida como la luna y ojos azules como la noche. Salí del instituto, reacomodando la mochila en mis hombros, y continue el camino hacia casa. Vivo solo con mi padre, Robert Granger, un escritor especialidazo en mitología, sobre todo la griega. Desde pequeño, me había dado clases, diciendo, que en futuro, le serviría de mucho. En cuanto a mi madre el tema era ya mucho más complicado. Nunca la he visto, papa nunca le hablo de ella, y no había ni fotos ni nada por el estilo de su rostro en casa. Tampoco tenía a quien preguntarle, pues no tenía mas familia. Sin embargo,pienso que mi padre la sigue viendo, ya que ese año, el día que cumplí dieciséis años, había aparecido un arco con flechas en la puerta, con una nota que decia: "Ya eres un hombre, usa bien este arco, espero que se te de bien. Te he estado viendo todos estos años, y estoy orgullosa de ti Tu madre" Eso era lo único que tenia de ella, un arco y unas flechas. Como se enteró de que me encantaba el tiro con arco? A veces, cuando mi padre asistía reuniones o cenas, me escaba e iba al bosque. Me gusta estar ahí de noche, era acogedor. Puede parecer raro, pero veía perfectamente en la oscuridad. Os voy a contar algo, aunque temo que me tomeis por un loco: a veces, cuando me siento perdido y estoy mirando a la luna, escucho la voz de una mujer, proveniente de ella.
Sin darme cuenta, ya había llegado al parque que había al lado del piso. Seguí caminando, fijandome en las cosas, como siempre, hasta que me di cuenta de que alguien me miraba. Nunca me fijo mucho en las chicas, pero esa me llamo la atención. Tenía el pelo rubio, recogido en una trenza de lado, algo desecha. Sus ojos eran dorados, y hacían contraste con su piel bronceada. Llevaba una camiseta naranja, de una sola manga y le llegaba hasta la mitad de la barriga, pero parecia cortada. En ella ponía "Campamento Mestizo". La camiseta estaba convinada con unos shorts celestes y deportivas naranjas. Lo más extrano era que a la espalda llevaba un arco y unas flechas, pero estaban hechas de oro. Me recordo a las animadoras del instituto, pero cuando intente imaginarla con uniforme y pompones, no fui capaz de formar la imagen. Se acercó a mi con paso firme. -Eres Robin Granger?-me preguntó. Su voz era suave y melodiosa, como un arpa. -Si, quien eres tu? -Mi nombre es Amy Solece, y he venido para llevarte al Campamento. Campamento? Que Campamento? Me pregunté, pero no cambie mi cara ni un solo momento, no pensaba irse con esa chica, seguramente estaría loca, o sería una ladrona. -No pienso ir contigo a ninguna parte-le respondí bruscamente. Me dí la vuelta, dispuesto a continuar mi camino. Amy fue mas rápida y se coloco delante de mi. -Tu no vas a ningun lado-me dijo de manera amenazante-he sido atacada por monstruos para venira por ti, lo mas normal sería un "gracias" o algo parecido, pero no, el señorito se pone a pedir explicaciones. Estaba aun mas confundido. Quien se creía que era esa loca para hablarme asi? -Mira-continuo ella antes de que pudiera abrir la boca-todo lo que crees de los Dioses Griegos, la mitologia, no es solo ficción. Existen, estan vivos. A veces, los Dioses tienen hijos con mortales, los semidioses. Y tu, Robin Granger, eres un semidios. Esa chica estaba loca. Pretendía que se creyera que era el hijo de un Dios? -No es verdad, mi padre es humano. -Tu padre, pero que me dices de tu madre? Ahi si que fue el tope. Hui, metiendome en el bosque, corriendo entre los arboles, por si aquella loca pensaba en dispararme flechas. Entré en el piso lo antes posible, cerrando la puerta tras de mi, agitado. -Robin, estas bien? Mi padre, estaba en el escritorio del salon, escribiendo el quinto libro de una saga de mitologia. -En el parque, una loca... -NO ESTOY LOCA! Miré a la ventana y ahogue un grito. La chica esa acababa de entrar por la ventana. Claro esta, utilizaría la escalera de incendios, pero eso no me tranquilizo más. -Amy, cuanto tiempo sin verte-la saludó mi padre. -Robert, que alegria el verte. Que tal con el libro? -Va tirando, gracias por preguntar. Quieres algo de comer? -No gracias, estoy en mision. -QUE LUNA ES ESTO?-grité interrumpiendo la conversacion. Mi padre conocia a esa chica, que de pronto se había vuelto dulce. A parte de loca, bipolar. -Robert, tengo que llevarmelo al Campamento, aquí ya no esta a salvo. -Lo se, y lo entiendo. Robin, prepara una mochila con lo imprescindible. -No hasta que me expliqueis que luna ocurre aquí. -Ya te lo dije-respondió Amy. -Pretendes que me crea todo eso de los Dioses? -Robin, Amy tiene razon, los Dioses existen, son reales, todo lo de la mitologia es real, y tu madre, es una Diosa, por lo que tu eres un semidios. -No, imposible, no puedo... -Los monstruos estan llegando, asi que a no ser que quieras morir tenemos que salir ahora Eso fue la unica motivacion que necesitaba para salir corriendo a mi cuarto. Metí en una mochila algo de ropa y un album de fotos. Cogí tambien mi arco y las flechas. Al volver, Amy me esperaba en la puerta. -Vamonos, el transporte nos espera. -Transporte? Vamos a ir en tranposrte? -Pues claro, como pretendes si no llegar vivo a Long Island?
Cuando Amy dijo "transporte" pensé que se referiria al autobus, o a un taxi, pero reconocií que me alegre de haberme equivocado. Era un carro hecho de oro, tirado por dos pegasos avellana. No pude evitar que un wow se me escapara. Al lado de los caballos, había un chico de ojos grises y pelo negro. -Amy, por fin-dijo. -Lo siento, pero el novato no quería creerme. El chico me miró, interrogante, como intentando encajarme en un puzzle, sin obtener resultados. -Reclamado o Indeterminado?-preguntó el chico. -Indeterminado-le respondió Amy, fuera lo que fuese eso. -Vamos a ir en eso?-pregunté Robin. -No, solo esta de adorno-me respondio el chico con evidente sarcasmo. Amy se subio, al igual que el chico. Lo ví como una señal para subirme tambien. En menos de unos minutos, sobrevolabamos Manhattan. -Te presento a Robin Granger, Robin, te presento a Teseo Jackson. -Encantado-me sonrió Teseo. -De que Dios eres hijo? Teseo rió, como si mi pregunta le diera gracia. -No soy hijo de ningun Dios, soy su nieto. Mis abuelos son Poseidon y Atenea. Saque ambas partes, pero de manera mínima. No puedo quejarme. Mi hermano, Luke, sacó todo Atenea, y Aqua... Se calló, como si ocultara algo. Miro de reojo a Amy, ella asintió, antes de que se le ensombrenciera la mirada a ambos. -Y tu?-le pregunté a Amy. -Como Teseo, tambien soy nieta de un Dios. Mi abuelo es Apolo, estas flechas fueron un regalo por mi decimoquinto cumpleaños. Tambien herede algo de mi madre, soy la Oraculo de Delfos del Campamento. Me sonaba ese nombre. Repase la lista de los nombres griegos, hasta que recorde algo. -Esa no era la que decía profecías? Amy asintió en silencio, y presentía que el repentino silencio de Teseo tenía que ver con eso. -Y yo de quien soy hijo? -No lo sabemos, eres un Indeterminado. Si que debía de quererme su madre para no reconocerme. -Tranquilo, seguramente te reconocerá en la hoguera de esta noche novato-intentó tranquilizarme. En serío, esa chica tendría que ser bipolar o algo así. -Mientras, intentemos que no nos maten de camino al Campamento. Esperé a que cualquiera de los dos se rieran, pero no lo hicieron, por lo que supuso que estaban hablando en serio. -Y de quién podría seri hijo? Amy bufo, como si tanta pregunta comenzara a molestarla. -No lo sé, no hay demasiadas Diosas, podrías ser de Atenea, Demeter, Afrodita, Hestia, Hecate o Némesis, pero creo que no eres ni de Atenea ni de Hestia. -Por? -Porque no eres ni inteligente ni amable. Cada vez esa chica le caía peor. Vale, puede que él no fuera hijo del Dios Apolo, el del oro, los médicos y todo eso, o la Oráculo de Delfos, la de las profecías, es más, seguramente mi madre sería una Diosa menor, pero eso no quería decir que no me doliera. Teseo me tocó el hombro para llamar mi atencion. -Allí, el Campamento Mestizo. Era bastante increíble. Se veía la playa con un embarcadero, el bosque, una zona de entrenamiento, una enorme casa pintada de azul, un anfiteatro, un campo de fresas y unas veinte cabañas en forma de U. Bajamos en frente de la caza azul, donde un hombre que parecía un querubin y tenía en la mano una botella de vino chablaba con un...centauro? -Ya habeis vuelto-dijo el centauro acercnadose a nosotros. -Hola Quiron-le saludó Amy-te traemos al nuevo, Robin. -Quiron?-pregunté-te refieres a ese Quiron? -Es una larga historia-me dijo. "Es una larga historia" era una de mis frases favoritas, junto "cuando seas mayor" y "ahora no puedo hablar", frases que había empleado mi padre, por lo que no pude evitar enfadarme. -Te dije que la mitología existía-me reprochó Amy. -Si, ahora me dirás que el de la botella es Dionisio no? -Soy Dionisio-me espetó- y te aconsejaría que tuvieras más respeto con un Dios si no quieres terminar convertido en delfin Rowland. -Robin-le recordé. -Rowland, Robin, que mas da. -Amy, podrías enseñarle el Campamento?-le pidió Quiron. Me negué a esa idea lo más rápido posible. -No puede hacerlo Teseo?-pregunté. -Está en los establos, guardando los pegasos. -Le daré yo la guía turística entonces. Ella se giró y echó a andar hacia la salida. Me despedí de Dionisio y Quiron, pero este último me miró más como un problema que como un semidios. -Vienes o que?-gritó Amy. Esto se iba a hacer interminable.
Amy me explico de manera monótona y aburrida todo lo relacionado con el Campamento. Dejó para el final las cabañas, porque era lo que a mí más me interesaba. Cuando llegamos, me quedé impresionado, la verdad. -Hay una cabaña por Dios, pero solo las de Hera y Artemisa están vacías. Fue explicando todo el rollo de las Diosas Virgenes, el ex-pacto de los Tres Grandes y la guerra al mismo tiempo que me nombraba las cabañas. Me paré junto en frente de la cabaña ocho, un lugar enorme bañado en plata, que brillaba como la luz de la luna. -Artemisa?-pregunté. -Si, Diosa de la Caza y la Luna-me explicó. Apreté el arco entre mis manos sin darme cuenta. Me acerqué a la puerta, ignorando a Amy, y la ví. El interior era enorme, las columnas estaban hechas con arboles de verdad. Había varios troncos,y me sorprendí al ver que estaban huecoas y en realidad eran camas. Amy me agarró la muñeca y tiró de mi hacia fuera, cerrando la puerta. -Se puede saber que has hecho? Lady Artemisa se enfada si alguien entra en su cabaña, mucho más un chico. Además, hoy vienen sus Cazadoras, imaginate que te vieran... -Que lo vieramos que?-preguntó una voz a nuestras espaldas. Los dos nos giramos, para encontrarnos con una chica. Era pelirroja, llevaba el pelo recogido en una perfecta cola de caballo, pero se veía que llevaba varias mechas verdes y una corona de plata. Tenía la piel lechosa y los ojos grises, que me miraban de manera intimidante. Agarró su arco, y por un momento pense que me dispararía. -Olivia-dijo Amy con la voz seca-que sorpresa, y te has traído al resto de las Cazadoras. Miré atrás, y en efecto, un grupo de unas veinte chicas seguían a Olivia. -Olivia, te presento a Robin, Robin, te presento a Olivia, la lugarteniente de Artemisa. -Exacto, y por eso quiero saber que hacías en el interior de la cabaña de mi señora. Ahora si que tenso el arco y me apuntó, pero yo ya lo veía vanir, así que cuando subio la mirada yo ya la apuntaba con el mío. -Es Reclamado o Indeterminado? -Indeterminado-respondi. -Pues suelta el arco novato, o te arrepentirás, nunca fallo. -Yo tampoco-le asegure. Las Cazadoras me miraron con odio, y supe que si su lider no me mataba lo harían ellas. -Muy bonito, precioso, realmente conmovedor-dijo otra voz uniéndose a la pelea. Lo malo: era una chica. Lo bueno: no era una Cazadora. Tenía el pelo castaño, recogido en dos trenzas. Su cara era pecosa y tenía los ojos azul oscuro. Vestía la misma camiseta naranja que Amy, solo que la de ella no estaba cortada. A parte de eso, llevaba unos vaqueros negros rasgados por las rodillas y botas militares. Parecía inofensaiva, ya que era algo bajita. -Rose, que "onor" que hayas venido a vernos-dijo Olivia. -Ya ves, nunca me perdería la idea de volver a ver a mi Cazadora favorita-le respondió. -Has venido a vernos matarlo? -No, he venido a ver si volviais a salir corriendo de vuestra cabaña con sarpullido. -Nos pillaste una vez desprevenidas, pero... -Ya, ya, que no volverá a suceder, me esperais, etc. Mira, por que no dejas al novato en paz? No sabe nada, por lo que aún no pudo infringir alguna norma. La charla que esa chica, Rose, le estaba dando a Olivia funcionaba, ya que bajó su arco, al igual que yo. -Está bien-gruñó-pero que este novato no se vuelva a cruzar en mi camino. Las Cazadoras se fueron, dejándome a solas con ellas. Amy suspiró, aliviada, y yo no pude evitar hacer lo mismo. -Asi que este es el novato?-preguntó Rose-deja que me presente. Me llamo Rose Stoll Gardern, jefa de la cabaña de Hermes. Te quedarás en mí cabaña hasta que te reclamen-me explicó-y cualquier persona que apunte a Olivia con un arco tiene mi eterna simpatía-añadió haciendo una reverencia. -Ni te acerques Rose, a saber que se cruza por tu mente-la cortó Amy. -Como puedes pensar eso de mí?-fingió indignarse-de tu mejor amiga, tu hermana, tu compañera, tu... Amy la miró con el ceño fruncido. -Okay, solo pretendía que me ayudara con un par de bromas-reconoció-pero ya que insistes en que lo deje en paz, lo haré. Tu haces mejor pareja con él, y además es tu tipo-le guiño un ojo a su amiga, que se había puesto roja-en fin, me voy. Miré la cara de Amy, que estaba roja como un tomate, y no pude evitar reírme. -No tiene gracia-bramo, al mismo tiempo que me lanzaba una flecha, que pasó a milímetros de mi cara. -Que buena puntería, por un momento pensé que me darías. -He fallado-gruño. Un cuerno interrumpió nuestra tarea de matarnos el uno al otro. -La comida-me explicó-por fin podré perderte de vista. Me llevó hasta el comedor, diciéndome donde tenía que sentarme antes de irse con los de su cabaña. -He, Robin, aquí-gritó una chica a la que reconocí como Rose. Me senté a su lado, y tan solo con una breve charla con ella me enteré de muchas cosas. Amy era la líder de la cabaña de Apolo, normalmente no se lo daban a nietos de Dioses, pero al ser la Oráculos de Delfos y haber sacado el don curativo de Will no tardó en conseguirlo. Ella también comenzó siendo una campista más, pero en cuanto consiguió robar unas deportivas aladas del palacio de Hermes le suplicaron que fuera la líder. Tambien le contó varias de sus bromas, que sus víctimas favoritas eran los hijos de Ares y que sabía pelear, ya que tenía un hermano mayor bastante matón que la obligó a saber defenderse y atacar, y que su sueño era ser mejor bromista que Travis y Connor, su padre y su tío. De la mesa de Artemisa las Cazadoras más que comer se dedicaban a fulminarme con la mirada. Él se las devolvía, dejándolos claro que no les daba miedo. Pero sin duda lo peor fue al terminar la cena. Era de noche, y volvía a mi cabaña, cansado, caminando con Rose y con Amy. Como de coastumbre, podía ver en la oscuridad, lo que era muy útil, pero decidí no comentarlo, mucho menos a Rose, que al descubrir los secretos de la gente les ponía un precio, y si querías que no se supiera tenías que pagar una cantidad de dinero, pero si alguien superaba tu oferta Rose no tardaba en contarle el secreto. Me pregunté como había hecho Amy para poder ser su mejor amiga. Pero apenas pude pensarlo, ya que nos atacaron. Una chica se tiró encima de mi, tumbandome en el suelo, con un cuchillo sobre mi cuerpo. Rose no tubo tiempo de reaccionar, ya que otras dos Cazadoras la amordazaron con cuerdas, al igual que Amy. -Te dije que no fueras idiota-me recordó Olivia saliendo de entre las sombras. -No, me dijiste que no me metiera en vuestro camino-les respondí. -Da igual, te mataremos de todas formas. La Cazadora comenzó a presionar el cuchillo contra mi garganta. Sin embargo, cometieron un error, aún tenía mi arco. Lo agarré con la mano derecha y le dí con el a la Cazadora. Otras más se avalanzaron sobre mí. Las esquive con un a agilidad que no sabia que tenía y las noquee con el arco. Quiron y el Sr.D aparecieron, al igual que el resto de semidioses, pero al parecer no tenían intención de ayudarme. Me deshice de otras dos Cazadoras y golpee contra un arbol a una tercera. Al final, dejaron de atacarme. Estaba cansado y herido, pues durante la pelea me habían hecho varios cortes de los que no me había dado cuenta hasta ahora. Pero no, la cosa no iba a terminar ahi, pues Olivia arremetió contra mi, llena de rabia. Yo estaba indefenso, no podía defenderme más. Cerré los ojos, esperando el impacto, pero no fue así. Cuando los abrí, todos me miraban como si fuera un extraterrestre, algo que no encajaba. Tardé en darme cuenta de que estaba bañado por una luz blanca. Miré hacia arriba. Un holograma brillaba sobre mi cabeza, una enorme luna llena atravesada por una flecha. Si no estaba equivocado, me estaban reconociendo, pero la luna y la flecha eran símbolos de ella, mi madre no podía ser... -Salve Robin Granger, hijo de Artemisa. Ahora si que me había metido en un lío, pensé. Los semidioses y Quiron se arrodillaron ante mí, poniéndome aún más nervioso. Como podía ser el hijo de Artemisa? Las Cazadoras me miraron como un completo error, ya que yo iba en contra de todo lo que ellas creían. -Esto es imposible-dijo Olivia-es una broma? Señora, es imposible que este esmirriado sea hijo suyo? Me está tomando el pelo? Me divertía verla perder los nervios, pero toda la diversión se fue cuando una luz plateada apareció. No tardó en apagarse, dejando ver a una mujer de unos veinticinco años, de pelo castaño rojizo y ojos plateados como la luna. Supe al instante quien era. Artemisa, Diosa de la Caza, y mi madre. -Mi señora, esto no puede ser cierto, este no puede ser hijo suyo, debe de haber un error-gritó Olivia roja de furia. -Lo siento Olivia, pero Robin es tan hijo mío como tú mi lugarteniente. No podía quitarle la vista de encima. Despues de tantos años, mi madre estaba ahi delante, y ni siquiera me miraba. -Pero mi señora... -He incumplido mi promesa, lo se, pero tambien Hestia lo izo. -Hestia no tiene una multitud de seguidoras que juraron renunciar a los hombres. -Robin ha sido un error, un error que no se volverá a cometer. Imaginaos que os lanzan flechas por todo el cuerpo, ahora multiplicar esa experiencia por cinco, eso sería el cuarto de dolor que una persona siente cuando su madre reconoce publicamente que fuiste un error. -Y donde dormiremos? Porque no pensamos compartir cabaña con un chico. -Claro que no lo hareis, sois mis Cazadoras, os quedareis durmiendo en la cabaña. Acaso no se daba cuenta de que seguía ahí? Ni siquiera me había mirado ni una sola vez. Le miré la cara. Era la misma que ponía yo cuando no queria mostrar debilidades y me dejaba llevar por el orgullo. -Ahora, si me disculpais, me gustaría hablar con Robin en mi cabaña. Entró dentro, y no tube mas opción que seguirla. -Volver todos a vuestras respectivas cabañas-escuché decir a Quiron. Entré en la cabaña seis y cerré la puerta de un portazo. Artemisa estaba de pié delante mía, y por fin se dignaba a mirarme. -Y bien? De que quieres hablar?-le pregunté de forma brusca-creo que ya has dejado todo bastante claro ahí fuera, aunque es posible que te falte algo por decir. -Robin, lo siento, pero es que fue así, tu no deberías haber nacido. -Eso me anima mucho-respondí con sarcasmo- si no te importo por qué me regaleste este arco? Por qué dijiste que estabas orgullosa de mí, para luego decir lo contrario ahí fuera? -Son mis Cazadoras, tenía que fingir que no me importabas. -Eso no es cierto, y tú lo sabes. Lo que ocurre es que mostrarste debilidad, y de ahí nací yo. Represento lo único que te hizo sentir indefensa, y eso no se puede saber de la Diosa de la Caza, tus presas no pueden saber que has sido débil. Eso es lo que te procupa de verdad. -Tu padre me dijo algo parecido cuando nos conocimos. -Pues tenía razón. -Robin, que fueras un error no significa que no te quiera, eres mi hijo, una cosa no quita la otra. Puedes quedarte aquí cuando se vayan las Cazadoras. -No-respondí de manera seria-si ellos me aceptan,me quedaré viviendo en la cabaña de Hermes. No quiero nada que venga de ti. Tiré el arco que me había regalado al suelo y salí de la cabaña.
La puerta se abrió, haciendo que Rose apareciera. Tenía el pelo suelto y encrespado. Llevaba una camiseta que le quedaba tres tallas grandes en la que ponía: COMO ME DESPIERTES TE RAPO EL PELO. Esperaba que no fuera en serio. -Robin, que haces aquí? -Puedo quedarme a vivir con vosotros? -Pues claro-me respondió con una sonrisa. No la que había puesto cuando la conocí, sino una sonrisa sincera-si quieres ayuda o algo, avisame, estoy aquí para lo que necesites. Comprendí por qué Amy se había hecho su amiga. Detrás de la parte impulsiva, violenta y delincuente había una Rose sincera y amable. Me llevó junto con el resto de campistas, que en vez de dormir estaban viendo una película de comedia con palomitas y refrescos. -Regalos de mi abuelo-me explicó-he chicos, tenemos nuevo compañero. Eran unas 6 personas, cuatro chicos y dos chicas. -Tu no eres el hijo de Artemisa?-me preguntó uno. -No-respondí-no tengo madre. Pasé el resto de la noche comiendo gominolas y riendo con el resto de campistas. Me dieron una cama vacía, y no me dí cuenta de lo cansado que estaba hasta que apoyé la cabeza en la almohada y dejé que Morfeo me llevara.
Me desperté junto con el resto de campistas y fui a desayunar. Las Cazadoras me miraban con mas odio que ayer, y el resto de campistas con una mezcla de miedo y respeto que no me gustó en absoluto. El día no mejoró. Menos la cabaña de Hermes, el resto se apartaba de mí, como si fuera a hacerles daño. Me dejaban pasar primero en los juegos y nadie quería pelear contra mí en la espada. Y todo el mundo era sorprendentemente amable. Por la noche me escapé al bosque y practique con la espada, desatando mi furia en cada golpe. -Vaya, que te ha echo ese pobre árbol para que lo trates así? Reconocí esa voz al instante. -Y que hace la Oráculo de Delfos en un bosque? -Lo mismo que tú, practico con la espada novato-me respondió Amy con una sonrisa de burla. La verdad es que me alegraba tanto de que me tratara mal que yo también sonreí de manera sincera. Ella enriqueció al darase cuenta. -Bueno, me ayudas con la espada?-me preguntó. -Me estás retando nieta de Apolo? -Completamente. Los dos comenzamos a pelear. Amy era muy bueno, y yo aún comenzaba a adiestrarme, por lo que normalmente ganaba ella. Mientras luchabamos no dejaba de darme explicaciones: ataque, defenasa, paradas, estocadas, etc. La verdad, es que le agradecí que me enseñara. Una hora más tarde los dos nos tumbamos rendidos en la hierba. -Mañana a la misma hora otra clase novato? -Cuenta con ello.
Artemisa estaba en su templo, pensando. No debería haber dejado que Robin naciera, pero tampoco quería que las cosas terminaran así. Era cierto que nunca había querido tener un hijo y había hecho un juramento, pero lamentarse ahora no iba a servirle de nada.
Notó que alguien le colocaba la mano en su hombro. Al girarse vio a Hestia, como una mujer de veinticinco años.
-¿Estás bien?-le preguntó.
-Pues claro que sí ¿Por qué no iba a estarlo?
-Por Robin. Las dos sabemos que te preocupa ese semidios y que te dolió que se fuera a vivir con los de Hermes.
-Eso solo demuestra que los hombres no son de fiar.
-No, eso demuestra que eres una madre horrible. Ese chico es tú hijo, tiene que ser un hombre diferente sí o sí.
-Pero como reaccionó...
-He dicho que era tu hijo. Al igual que tú es valiente e impulsivo.
-Yo no soy impulsiva.
-Las dos sabemos que si lo eres.
-¿Que tengo que hacer?
-Arreglar las cosas.
Artemisa no lo reconocería, pero su tía Hestia era la mejor.
Estaba en la cafetería, hablando con Rose, cuando una luz plateada inundó el lugar. Artemisa apareció, y yo proferi algo parecido a un gruñido. Las Cazadoras se arrodillaron ante ella. -Mi señora, que hace aquí?-preguntó Olivia-es por una misión? -No, he venido a hablar con mi hijo-respondió. Todos me miraron y yo enrojeci, pero traté de mantenerme firme. -Robin, siento mucho lo que dije, se que no puedo retroceder y cambiar las cosas, pero intentaré arreglarlo. Eres mi hijo, y el mejor error que pude cometer. Te quiero, y me da igual lo que piense el resto de la gente. Quiero que seas mi hijo, y quiero que tu tambien quieras serlo. -De acuerdo-sonreí. -A partir de ahora vivirá en mi cabaña-dijo Artemisa-me encargaré de que conastruya una nueva para las Cazadoras. -SALVE ROBIN GRANGER, HIJO DE ARTEMISA.
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Hola!!!
He aquí, el primer capitulo. Como ya dije son historias independientes, una por capitulo. El próximo se llamará: Rapar pelos puede unir personas ¿Quién creeis que lo narra?
Espero que les haya gustado.