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Historia 174848 — capítulo 19
Capítulo 18: Tres años después...
Era una noche llena de estrellas, donde tres familias vivían en un pequeño barrio de Mannhatan, Nueva York. Pero no eran igual que los demás, estos eran de otro mundo, uno lejano, en el que una malvada bruja gobernaba y su misión era salvar ese mundo. Pero durante tres largos años habían entrenado para vencer a Nebira. En esos tres años los habían cambiado, física y mentalmente.
-¡Toma esa, te he vuelto a vencer!-exclamó Claudia saltando de la alegría.
Claudia siendo igual de alegre y divertida, aunque se tomaba más seriamente algunas cosas. Sus ojos verdes ahora eran de mezcla entre azul y dorado, y su pelo se había vuelto verde a mechas rosas y azules y lo llevaba recogido en un montón de trenzas, como si estuviera transformada en esailc. Adoraba la tierra y todas sus cosas y las respetaba y cuidaba.
-No me has vencido.-protestó Sebastian mientras intentaba salir de unas ramas que le impedían moverse.-Cuando salga de aquí...
-¿Qué vas a hacerme, electricista?
-Ahora verás, ¡suéltame loca de las plantas!
-Deja que lo piense...Nope-se burló Claudia.
- ¡¡MAIQA!!
-Vaale, pesado, ya te suelto... con un movimiento de su mano las ramas desaparecieron y Sebastian calló del suelo. Ella soltó una risita y él la fulminó con la mirada.
Sebastian tenía 17 años, al igual que María y su pelo tenía algunas mechas en azul oscuro. Se había vuelto más maduro, inteligente y era un experto en el esgrima. Y también su poder el rayo había mejorado mucho.
-No te rías.
-Oh, vamos, no te enfades Rayito...-dijo ella sonriendo. Se acercó a él y le ayudó a levantarse.- Ya deberías haberte acostumbrado a mi superioridad.
-Ya, claro. respondió mirándola con desdén.
-No pongas esa cara, anda. Sonríe más, te hace falta.
-Si sonriera más parecería el gato de Alícia.
-¡Me encanta ese gatito tan mono!
-Si, monísimo.- dijo sarcástico.
-No más que tú.-le respondió ella sonriendole. Sebastian alzó una ceja.
Luego se percató de lo que había dicho.-L-lo h-he dicho c-con sarcasmo, ¿vale?
-Claro, como si yo no fuera guapísimo.-dijo pasándose una mano por su cabello.
-Tienes el ego demasiado hinchado, no se cómo no sales volando.-le respondió Claudia a la defensiva.
-¿Queréis parar ya, tortolitos?- les dijo Annie.- No puedo concentrarme con vosotros coqueteando.
Annie tenía 16 años. Su rojo cabello estaba largo por la cintura, liso y tenía mechas rubias, además de que sus ojos marrones ahora eran turquesas. Ya no era tan tímida con sus amigas, aunque sí con los demás. Ya sabía cómo transformarse en qüondal a su antojo y dominaba el poder del agua.
-Pfffft, ¿yo?¿ligando con este? Ya le gustaría.-replicó Claudia nerviosa.
-En eso tiene razón, eso es imposible. ¿Verdad, Mary? ¿María?
Ella estaba sentada en el gran ventanal que había en la sala. Contemplaba la lluvia melancólicamente.
-¿Otra vez está pensando en Eiden? Ya es la quinta vez esta semana.
-Sí, últimamente piensa mucho en él. Será por lo de nuestro viaje...
María era un poco más alta, pero no mucho. Su pelo rubio se había vuelto platinado y sus ojos grises reflejaban tristeza, aunque siempre sonreía para que sus amigos no se preocuparan. Sus poderes de curación habían mejorado y podía invocar armas y bolas de luz. Últimamente pensaba mucho en la muerte de Eiden. Una parte de ella creía que él seguía vivo. No podía haber muerto...
-¿María, te encuentras bien?-le preguntó su mejor amiga.
-Sí, es que últimamente pienso en Eiden, es como si... no lo sé. Supongo que solo son imaginaciones mías.
-Puedes contármelo...
-No es nada, de verdad.
-Bueno, si contarme algo, siempre estaré a tu lado.
-Muchas gracias, eres la mejor, Claudia.-le dijo abrazándola.
-Solo soy una buena amiga.
000
''-Eiden...
-¿No vas a agradecérmelo?- inquirió levantando una ceja.
-No, esto ha sido un complot tuyo. que aún sigues de su lado.
-Te he dicho la verdad. Nunca te mentí. En ningún momento.-le mirándola fijamente.
Ella le miró también, intentando saber si le estaba mintiendo o no. Apartó la mirada y suspiró.
-Te creo, Eiden.
Se oyó un chasquido y un jadeo.
-María...- ella se y lo que vio le dejó de piedra. Eiden se encontraba en el suelo, con daga brillante. La daga estaba incrustada en su pecho y no de salir sangre. Luego la daga se deshizo en polvo al instante.
-¡EIDEN!-gritó mientras empezaba a llorar. Se acercó a él y puso sus manos sobre el pecho de Eiden. Sus manos empezaron a brillar con una cálida luz. Intentaba curarle, pero no surtía efecto.-Por, no te vayas, Eiden, no puedes dejarme....
La batalla se había detenido y todos estaban mirándoles.
-T-te dije que te, con mi vida...-susurró Eiden con una sonrisa. Luego cerró los ojos se cerraron y su cuerpo se relajó.
-¡NOOOO!-gritó María. No podía morir, lo necesitaba.-¡Vuelve, Eiden!''
-¡¡EIDEN!!-gritó María incorporándose de la cama rápidamente. Su respiración estaba acelerada. Inspiró hondo y intentó relajarse. Solo había sido esa pesadilla otra vez. Se levantó de la cama y se fue a la cocina a por un vaso de agua. Volvió a su habitación ya más tranquila. Abrió la puerta y su vaso al suelo y se rompió en pedazos. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
-N-no puede ser... ¿Eiden? ¿Eres tú?