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Los Juegos Literarios — capítulo 10

El agua es casi mágica cuando me recorre la garganta, ahuyentando la sequedad de inmediato. También me limpio la cara para refrescarme un poco. Agachada a la orilla del arroyo, desvío ligeramente la vista hacia Percy, que sumerge su mano profundamente hasta la altura del codo. Noto como sus heridas desaparecen y una oleada de vitalidad recorre el cuerpo del muchacho. Tardo unos segundos en asociarlo con que es el hijo de Poseidón.

Más tarde, Thomas nos conduce a todos hasta una pequeña choza a la cual llama sala de mapas, en donde un gran plano del laberinto se encuentra desplegado, señalando cada sección del mismo.

Jace suelta un silbido de asombro al contemplarlo.

  • Vaya - exclama -. Aunque pensé que no ibas a servirnos de nada, terminaste resultando de gran ayuda, viejo.

Thomas le lanza una mirada furiosa, entrecerrando los ojos, para después volverse al mapa y comenzar a explicar dónde se hallaba la salida la última vez. Todo lo que el muchacho dice suena demasiado raro y complejo. Aunque, después de todo, ninguno de nosotros cree que los Vigilantes fueran a ser tan tontos como para ubicar la salida en un lugar que algunos tributos ya conocían. Seguramente la han cambiado de lugar. De hecho, pienso que es algo tonto encerrarnos en el mismo Laberinto en el cual Thomas y Teresa estuvieron anteriormente.

  • Entonces, déjame aclarar esto - dice Tris, una vez que Thomas termina -. ¿Estás diciendo que la última vez escaparon de este lugar arrojándose por un Acantilado, pero ahora supones que la salida se debe hallar en un lugar diferente por lo que tenemos que explorar este maldito laberinto plagado de monstruos? - resume, y siento deseos de agradecerle por haber sintetizado todo lo que el chico dijo, mientras mi mente se hallaba en otra parte.

Thomas asiente con la cabeza.

  • ¿Sospechas de algún lugar en cual pueda llegar a encontrarse ahora? - pregunta Bella, que está apoyada sobre la mesa, inclinada hacia adelante para observar el mapa mejor.

El chico niega con la cabeza.

  • Asombroso - suelta Jace -. Así que estamos atrapados aquí hasta nuevo aviso.

La actitud de aquel muchacho me enfada tanto que no puedo contenerme.

  • Lamento decirte que no siempre todo saldrá como tú quieres - le suelto -. Si lo pensaras un poco más, te darías cuenta de que en este momento deberíamos estar matándonos entre nosotros, y sin embargo estamos trabajando en equipo, buscando una salida. He sufrido y presenciado demasiadas cosas horribles en mi vida, entre ellas dos Juegos, y he salido con vida en ambos; por eso creo que es posible escapar de aquí sin derramar sangre. Ahora, te agradecería si te guardaras tus comentarios para otra ocasión porque no estoy de humor para soportarlos.

El rubio levanta las cejas, como si estuviera ligeramente sorprendido. Luego vuelve a adoptar su posición firme y se acerca hacia mí, amenazante.

  • Si esto fuera un combate - dice en un susurro -, yo sería el único en pie aquí. Disculpa que mis comentarios te hayan ofendido, no era la intención. Pero vete acostumbrando porque es básicamente mi forma de ser y no pienso cambiarla solo porque alguien como tú me lo exija.

La ira me recorre el cuerpo y abro la boca para decir algo pero Susan, que se había quedado haciendo guardia afuera, ingresa a la habitación con una mezcla de emoción y sorpresa en el rostro.

El ambiente de tensión que se había generado parece relajarse con su llegada y todos depositan sus miradas en ella, esperando a que dé su veredicto.

  • Tenemos compañía - dice -. Dos Tributos más han salido del Laberinto.

Todos salimos de la sala de mapas en patota, en busca de los recién llegados. Dos siluetas emergen de la Puerta Norte. Tengo que entrecerrar los ojos para distinguirlos mejor. Al parecer son un chico y una chica, ambos rubios. Cuando la imagen se vuelve más nítida, reconozco el rostro de Peeta y corro a abrazarlo.

Mientras atravieso el campo, un recuerdo aparece fugazmente en mi mente y la sensación de sus dedos cerrándose con fuerza en mi garganta me estremece. Estoy a punto de detenerme, por miedo a que vuelva ocurrir, pero decido arriesgarme.

Por suerte, Peeta me recibe con los brazos abiertos y nos fundimos en un largo abrazo. Él deposita su mano en mi cabello y me acaricia la cabeza con suavidad.

Cuando por fin me aparto, notó que su ropa está manchada de sangre.

  • Oh, Dios - exclamo -. ¿Qué te ha sucedido?

  • Nada importante, no tardará en sanar - explica, aunque, por más que intente ocultarlo, aun percibo algo de dolor en su rostro -. Espero no regresar jamás. Nos encontramos con un gigante que casi nos aplasta con sus apestosas e inmensas patas.

  • ¿Nos? - pregunto, aunque no debería haberlo dicho en voz alta.

Me doy vuelta y presencio el reencuentro entre Percy y Annabeth. Parecen tan felices juntos.

  • Así que te aliaste con la semidiosa - comento, intentando sonar lo menos celosa posible.

  • Nuestros caminos se cruzaron - responde Peeta, a la defensiva -. Estuvo a punto de rebanarme la cabeza.

  • Muy bien, tortolitos - anuncia Thomas, interrumpiendo nuestra conversación -. Hora de reorganizarnos. Somos diez y nos dividiremos en grupos de tres. El primer grupo será el de los Corredores, que deberán regresar al Laberinto en busca de los demás Tributos y la salida. ¿Algún voluntario?

  • Yo tengo una pistola - se ofrece Tris, levantando el arma -. Además, necesito recuperar a Tobias.

  • Bien - dice Thomas -. ¿Alguien más?

  • Supongo que yo podría - dice Jace. Está apoyado contra un árbol, con las manos en los bolsillos -. No me vendría mal patear unos cuantos traseros para desahogarme. Será divertido.

Después de una pequeña pausa, Bella habla:

  • Yo también voy.

  • Genial, entonces ya tenemos a nuestros corredores - anuncia Thomas, entusiasmado -. También necesitaremos apoyo logístico; alguien que resuelva el acertijo que esconde el Laberinto, alguien que busque pistas e indicios, que planee y calcule las estrategias.

Hermione levanta la mano automáticamente y Annabeth también se ofrece.

Acto seguido, volvemos a silenciarnos. Como nadie habla, decido apuntarme. He resuelto acertijos antes. De hecho, fui yo quien descubrió que la Arena del Vasallaje era un reloj. Estoy segura que puedo descifrar esta también.

  • Bien, entonces los demás deberán organizar las provisiones y los alimentos - dice el muchacho -. Percy, te toca el agua. Peeta, tengo entendido que sabes hornear. Y Susan, tu puedes encargarte de los animales y la asistencia médica. Podrán empezar a trabajar con algunas cosas que nos han dejado en la Caja y la Cornucopia.

  • Espera un segundo - lo interrumpe Jace -. ¿Y qué harás tú?

  • Supervisar las tres áreas - responde Thomas -. Puedo ir dividiendo mi tiempo para colaborar en todas.

A Jace no parece agradarle la actitud de liderazgo de Thomas, por lo que pone lo ojos en blanco y decide ignorarlo momentáneamente.

  • Okey, entonces que estamos esperando - dice el Antiguo Corredor -. Pongámonos manos a la obra.