Los Juegos Literarios — capítulo 21
Me cuesta unos segundos terminar de asimilarlo todo. Así que éste era el gran plan de los autores. Dividirnos en dos grupos, someternos a una serie de pruebas para deshacerse de los débiles y quedarse con los más hábiles, para luego enfrentar ambos bandos y desatar el caos. No me imagino la reacción de los fandoms; estoy segura de que ya debe haber disputas entre ellos.
- Bien, esto se ha puesto peor de lo que ya estaba - comenta Tobias, con el ceño fruncido -. Annabeth, ¿dices que es probable que el demonio haya estado custodiando algo?
La semidiosa asiente en forma de respuesta.
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Okey, entonces registren el edificio por completo - ordena el muchacho -. No podremos salir de aquí sin el holograma, las vainas son una amenaza importante. Les recomiendo que agilicen la marcha. Si permanecemos en un lugar fijo somos blanco fácil, tanto para los monstruos como para el otro grupo.
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Quizás ellos se encuentran en la misma situación - dice Hermione -. Quizás todavía no se han enterado de que hay otros tributos en la ciudad.
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No podremos saberlo hasta encontrarlos - le responde Tobias -. Y espero que eso sea dentro de mucho tiempo…
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¡Lo tengo! ¡Atención todos, lo he encontrado!
Oigo la voz de Peeta proveniente de arriba y no dudo en salir corriendo en dirección a la escalera que conduce a los pisos superiores. Llevábamos ya más de media hora inspeccionando cada habitación, buscando atrás, encima y adentro de cada mueble. Gracias a Dios, justo en el momento en el que comenzaba a desilusionarme, el grito de Peeta me devuelve las esperanzas. El pánico me estaba jugando en contra, obligándome a permanecer con el cuerpo tenso en un estado de alerta ante cualquier cosa o persona que pudiera ingresar en nuestro edificio repentinamente. Odio esa sensación. La odio desde mis primeros Juegos.
Nos abarrotamos en el último piso junto a Peeta. Me abro paso entre los tributos para llegar a él, que sostiene el dispositivo entre sus manos. Presiona el botón de encendido y comienza a emitir una diminuta luz color verde.
- Bien, presten atención todos - digo, alzando la voz -. El holo sólo puede ser activado por la voz de un comandante en específico, que seré yo en este caso. Una vez encendido, responde a las otras voces del escuadrón para que alguien más pueda hacerse cargo si el comandante… cae en combate - un escalofrío me recorre la espalda cuando digo estas últimas palabras.
El aparato reconoce mi voz como la del comandante. A continuación, lo van pasando para que tome las voces de los demás tributos como parte del "escuadrón". Esto me trae cientos de recuerdos de la guerra, las imágenes de los caídos luchando se arremolinan en mi cabeza. Es una tortura. Un sufrimiento que me marcará de por vida.
Cuando el holo regresa a mis manos, abandonamos la habitación para congregarnos en el vestíbulo de abajo y prepararnos para partir… otra vez.
- Katniss, tu irás a la delantera junto conmigo y Tobias - me dice Tris, que se acerca a mí mientras termina de abrocharse un guante en la mano -. ¿Alguna novedad?
Examino el mapa electrónico de la ciudad y detecto una trampa.
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Encontré una vaina a unas cuantas cuadras de aquí - informo -. Pero hay un trecho bastante largo antes de llegar a ella.
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Bien, avísanos con tiempo - dice -. No queremos que se vuelva a repetir lo de Bella.
Acto seguido nos reunimos al frente de la puerta del edificio.
Por un lado, necesito salir de este lugar tan oscuro y tenebroso, necesito renovar el aire y cambiar mi posición para no ser encontrada por los peligros que nos acechan. Pero, por el otro, tengo miedo de lo que pueda llegar a esperarme en el exterior. La ciudad es ahora un campo de batalla en el cual las decisiones que tomas pueden costarte la vida. Y, como si fuera poco, ahora tengo la responsabilidad de cargar con el holo y mantener a mi equipo alejado de las trampas mortíferas.
Suspiro profundamente. Levanto mi arma y la mantengo firme contra mi pecho.
Aquí vamos de nuevo. Cuando dan la orden, atravieso la puerta del edificio y vuelvo a sentir la cálida luz del sol en mi rostro.
Las piernas me tiemblan con más fuerza a medida que nos acercamos a la vaina. Compruebo el holo una y otra vez, con miedo de que la marca de la trampa se halle demasiado encima de nosotros. Mi mirada se desplaza por los edificios que nos rodean, en busca de alguna pista que delate a la vaina oculta.
Finalmente, me detengo cuando el mapa me lo indica. El objeto que la vaina contiene es totalmente aleatorio; ese maldito factor sorpresa es el que me preocupa, ya que no sé cómo voy a reaccionar ante lo desconocido. Después de todo por lo que nos han hecho pasar, quién sabe qué tipo de trampa nos aguarda.
El grupo aminora la velocidad. Todos mantienen sus armas en alto y bien cargadas. Se instala un silencio fantasmal y rezo en mi interior para que todo acabe pronto. Mi mente va a colapsar si permanecemos en este ambiente tan tenso, mis nervios están al límite.
No puedo contener un grito cuando la bomba explota.
La onda expansiva me golpea con fuerza y caigo al suelo. El arma se desprende de mis manos y se desliza por el suelo. Mierda, tendría que haberla sujetado con más fuerza. Ahora estoy indefensa.
Un subidón de adrenalina recorre mi cuerpo. Me pongo de pie y encaro hacia el fusil en el piso. Me cubro la boca y la nariz con un trozo de tela mientras tozo para apartar el humo que intenta abrirse paso hasta mis pulmones. Las llamas envuelven un complejo de apartamentos y las cenizas caen del cielo cual gotas de lluvia.
Llego a mi pistola y la cargo. Repaso mis objetivos mentalmente. Uno: comprobar si mis compañeros están heridos. Dos: buscar posibles enemigos que haya liberado la vaina. Tres: aniquilar a todo aquel que no sea un tributo perteneciente a nuestra alianza.
Por suerte, el primero va bastante bien. Los chicos están en el piso, algunos recién recuperándose del estallido, muchos de ellos heridos y machacados. Pero están vivos, y eso es lo que realmente importa. No hay muertes ni cañonazos.
En cuanto al segundo, pareciera que solo ha sido una bomba. Mi cuerpo se relaja cuando el denso humo comienza a disiparse y descubro que no hay enemigos cerca, solo caras conocidas.
Percy tiene una herida importante en la pierna. Annabeth corre a asistirlo y cubre el corte con una venda. Junto con Susan, lo ayudan a ponerse de pie. Su discapacidad nos retrasará, no puedo negarlo, pero por lo menos ha sobrevivido y eso ya es un logro.
A pesar de la explosión, el grupo no se detiene. Tobias nos obliga a seguir avanzando, dado que el sonido de la bomba no solo nos ha retrasado sino que también ha delatado nuestra posición a todos los enemigos que nos acechan. Ahora las posibilidades de ser emboscados aumentan. No podemos quedarnos quietos.
No tardamos en toparnos con unas cuantas vainas más, aunque esta vez estamos más preparados. Cuando una ola de dardos metálicos surca el cielo silbando, los tributos reaccionan de inmediato. Algunos logran esquivarlos, otros los bloquean con algún objeto al azar y hasta consiguen desviarlos, ya sea con armas o con hechizos. Me sorprendo al descubrir que no han sufrido ni un rasguño. Nuestro casual encuentro con la bomba los mantiene alerta. Muy alerta, aparentemente.
Luego, arribamos a un callejón pobremente iluminado y abandonado. El viento arrastra papeles y bolsas sueltas que vuelan por el aire libremente. Hay un intenso olor a basura putrefacta. Compruebo el holo, que me indica que hay una vaina al final de éste.
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Aguarden - ordeno -. La trampa está al fondo.
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Esperen aquí un segundo - dice Tobias, que da unos pasos al frente.
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Ten cuidado - le susurra Tris.
El muchacho camina unos pasos y levanta un trozo de piedra del suelo. A continuación, alza el brazo y arroja la roca con fuerza. La pieza traza un arco en el aire hasta que impacta contra el suelo al final del callejón. El sonido del eco se extiende por unos segundos.
Al principio, no ocurre nada. Silencio absoluto. Hasta que, de repente, el suelo se abre en dos emitiendo un ruido estruendoso y algo surge de las profundidades.
Estoy a punto de salir corriendo, pero me contengo. Tengo el presentimiento de que lo que está por venir puede llegar a ayudarnos. Sé que suena totalmente irónico, ya que casi morimos culpa de dos vainas, pero decido ser fiel a mi instinto.
Un aparato metálico se alza y se despliega ante nosotros. Es como una especie de pantalla holográfica, altamente tecnológica y sofisticada. El grupo permanece mudo, contemplando el artefacto que se halla a unos metros de éste.
Una imagen aparece en la pantalla. En ella, hay un grupo de personas muy variadas. Distingo a un muchacho con el cabello rubio, lacio y largo y las orejas puntiagudas como si fuera un duende. Lo acompaña una chica de pelo rojizo y ojos color gris humo. También hay un chico rubio de ojos azules relampagueantes y otro muchacho extremadamente guapo de profundos ojos del mismo color y de cabello negro brillante que cae en sobre sus ojos.
No los conozco. Pero sé quiénes son.
Son cuatro integrantes del otro grupo.