Los Juegos Literarios — capítulo 23
El silencio es absoluto. El humo comienza a disiparse. El cañonazo no ha sonado.
Avanzamos sin emitir ruido alguno, con las pistolas en alto y algunas linternas encendidas. No tardamos en toparnos con el extenso cuerpo inerte y escamoso del Basilisco, desparramado a lo largo de toda la calle. Contengo el aire cuando Thomas se aventura a tocarlo con su rifle. Nada, no hay reacciones. Está muerto. El veneno del gas liberado se ha introducido en sus pulmones y lo ha consumido por dentro.
Hermione se agacha junto a él, y le abre las fauces con ambas manos. ¿Qué demonios está haciendo? Con una mueca de disgusto en el rostro, inserta la mano en su boca y extrae varios cuchillos color blanco marfil. Me acerco para contemplarlos más de cerca y descubro que son colmillos. La maga lo observa cuidadosamente.
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El colmillo de Basilisco contiene uno de los venenos más potentes del mundo - comenta, incapaz de despegar la mirada de éste.
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¡Tobias! - los gritos de Tris interrumpen nuestra "conversación" -. ¡Tobias! ¡Cuatro! - lo llama, colocando ambas manos alrededor de su boca para amplificar el sonido de su voz.
¿Cuatro? ¿Por qué lo llama así? Quizás es un código que hay entre ellos…
La rubia que va a la cabecera oye un sonido y sale disparada hacia el lugar del cual proviene. El resto del grupo la sigue. Distingo un movimiento entre los escombros. Puede que sea él, puede que esté con vida. Siento como las esperanzas renacen en mi pecho.
- Ayúdenme a mover estos ladrillos - vocifera Tris.
Todos nos ponemos manos a la obra y comenzamos a extraer pieza por pieza. Primero diviso un pie, luego un par de dedos. Poco a poco, la figura de Tobias comienza a formarse, a medida que los escombros que lo cubren van desapareciendo.
Cuando por fin terminamos, Tris se abalanza sobre él y lo abraza.
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Estás vivo - exclama -. Sobreviviste.
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Me estás aplastando la espalda contra un trozo de metal - gime Tobias y Tris se aparta de inmediato para ayudarlo a levantarse. Ella le toma un brazo y Susan el otro; juntas logran que se ponga de pie.
El muchacho lleva un pedazo de tela enroscado alrededor de su mandíbula. Supongo que se lo puso para no respirar el aire tóxico de la explosión.
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¿Qué hay del Basilisco? - pregunta, mientras se sacude el polvo que cubre cada centímetro de su ropa.
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Muerto - responde Susan -. La trampa terminó acabando con él.
Tobias asiente con la cabeza.
- Bien, tómense unos minutos - sentencia -. Necesitamos descansar, pero no debemos excedernos. Aprovechen para reponer energías porque no nos detendremos hasta llegar al edificio de Erudición. Ahora que nuestro boleto de salida está ligado al desempeño del otro grupo tendremos que administrar nuestro tiempo cuidadosamente. Esto es una carrera contrarreloj y, si no la ganamos, jamás regresaremos a casa.
Llevamos caminando alrededor de una hora. Las piernas me duelen, mi ropa está empapada de sudor y no estamos ni cerca de llegar a la sede de erudición. Tobias nos ha obligado a mantener un nivel alto y no decaer en ningún momento, pero no estoy segura de poder aguantar mucho más. Nos repartimos la posesión del holo con Peeta a lo largo del camino. Ninguna de las vainas nos ha detenido por ahora, aunque hemos activado unas cuantas.
El cuerpo me pesa. Desde donde nos encontramos, puedo divisar el edificio de Erudición, intacto y apartado del resto de la ciudad. Esperándonos… Esa imagen es lo único que me mantiene activa, las esperanzas de que después de todo, después del laberinto, los monstruos, las vainas y las sucias jugadas de los autores, los tributos restantes superaremos el desafío. Les demostraremos a los fans de nuestras sagas que trabajando en equipo podemos pasar sobre cualquier obstáculo.
- ¡Cuidado! - me grita Susan, justo cuando mi pie tropieza con unos escombros en el suelo.
Mi rodilla alcanza a impactar contra el asfalto, pero el resto de mi cuerpo es sostenido por ella, que evita que me desparrame en el piso. Qué estúpida. ¿En qué estaba pensando? Si un simple puñado de escombros logra derribarme, gracias a Dios que no me he topado con una vaina mientras mis pensamientos vagan por la estratósfera.
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Lo siento… digo, gracias - mascullo.
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No hay problema - responde la chica. Permanece callada por un segundo pero luego añade algo -. Después de la muerte de Peter, me prometí que haría todo lo posible para ayudar a alguien cada vez que se me presente la oportunidad. No hay necesidad de andar malgastando vidas.
Asiento con la cabeza, incapaz de contestarle. ¿Qué se supone que debo decirle después de una declaración así?
- Debe de haber sido difícil para ti - comento -. Perder a tu hermano.
Ella mantiene la vista fija en el suelo mientras caminamos.
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Fue… fue una tortura - dice finalmente -. Por suerte, aún tengo a Edmund y Lucy esperándome en casa. Creo que ellos son el único motivo por el cual aún sigo en pie. La esperanza de regresar a casa con ellos es lo que me incita a seguir adelante.
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Lo sé - digo, pensando en Prim, mamá y hasta en Gale y en cómo sus imágenes reapareciendo en mi cabeza me han motivado todo este tiempo -. Supongo que todos los tributos nos sentimos igual. Desesperados por terminar con esto de una vez por todas.
Susan vuelve a asentir.
- Ya falta cada vez menos… - agrega y a continuación levanta la cabeza en dirección al edifico al cual nos dirigimos. Sin embargo, distingo un toque de perplejidad en su rostro -. ¿Qué es eso? -pregunta, en un tono apenas audible.
Miro hacia arriba. A unos cuantos metros de donde nos encontramos, un pájaro revolotea alrededor de un edificio. No, no es un pájaro. He visto este tipo de criaturas antes. Es una arpía. Parece dañada, como si le costara remontar vuelo y planear correctamente.
Compruebo el holo por milésima vez en el día para asegurarme de que no hay vainas cerca y sonrío al descubrir que el mapa carece de puntos luminosos. El área está despejada. Despliego el arco que tenía apartado y guardo la pistola. Se siente reconfortante volver a contar con él. Cargo una flecha y corro hacia uno de los edificios.
- Katniss - oigo los gritos de Tobias a mis espaldas -. ¿Qué estás…?
Su voz se apaga cuando me introduzco en una de las construcciones y llamo al ascensor. Las puertas de éste se cierran ante mí y, unos segundos más tarde, vuelven a abrirse en la terraza del edificio. Me posiciono al borde de ésta para obtener un mejor ángulo.
Suspiro profundamente. Este es mi momento. Yo puedo derribarla. Soy lo suficientemente buena arquera como para lograrlo. Tenso la cuerda con la flecha en posición y espero. El bicho aún se desplaza por el cielo, desorientado y agonizante. Quédate quieta…
Suelto la cuerda. La flecha sale disparada y atraviesa la distancia que nos separa en un instante. La punta de ésta alcanza el ala de la criatura, que lanza un graznido y comienza a descender en picado. Bien, le he dado.
La arpía choca contra una red de cables eléctricos y queda inmovilizada, envuelta en una maraña. Desde arriba del edificio, puedo apreciar como el resto de los tributos corren a su encuentro.
Guardo el arco, saco la pistola y me dirijo nuevamente hacia el ascensor.
- ¿Dónde está? - vuelve a preguntar Hermione, que le apunta con su varita.
La arpía se encuentra rodeada, amarrada e inmovilizada por los cables, bajo la mira de una docena de fusiles bien cargados. Apenas puede moverse, moribunda, mientras intenta zafarse de las cuerdas que la contienen.
- No volveré a repartirlo - dice la bruja -. ¿Dónde está Harry? - exige saber, enfatizando cada palabra de la pregunta.
Nada. La criatura no emite más que pequeños graznidos.
- No me dejas opción. No digas que no te advertí… - rezonga Hermione. Acto seguido, apunta la varita hacia la víctima y le suelta un hechizo -. Crucio.
La criatura se retuerce violentamente. Se me hace difícil contemplar su sufrimiento. Está siendo torturada, puedo deducirlo por la forma en la que gime y convulsiona. No estoy segura de poder soportarlo demasiado.
- Tú puedes detener esto - continúa Hermione -. Solo tienes que decirnos dónde han dejado a Harry.
La arpía aguanta unos segundos más, en vano, ya que su malestar es insoportable. La maldición es más fuerte que ella y termina cediendo.
- El nido - consigue articular.
La bruja baja su varita.
- ¿El nido? ¿Dónde está eso? - inquiere, con la voz amenazante.
La víctima intenta rehusarse, pero en el momento en el que Hermione vuelve a levantar su varita, comienza a hablar nuevamente.
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En un lugar alto, por supuesto. En un lugar remoto e inhabitado.
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¿Dónde? - pregunta la bruja. Su ira es incontenible, puedo percibir que está a punto de estallar si la arpía no le revela la ubicación de su amigo.
Sin embargo, ella parece tener todo el tiempo del mundo. Finalmente, vuelve a hablar:
- El nido está en la cima de la Noria. Encontrarán a su amiguito ahí arriba, si es que logran llegar tan alto…