Los Juegos Literarios — capítulo 25
Pasamos la noche en el hangar. Al día siguiente, todos amanecemos y cargamos nuestro equipaje en los medios de transporte, preparándonos para la partida. Hemos realizado una distribución pareja e igualitaria de los vehículos: Harry irá montado en el hipogrifo, mientras que Percy, en el pegaso y Tobias junto a Tris, en una de esos caballos esqueléticos a los que han llamado thestrals. Susan también montará uno de esos. Hermione usará una escoba y Annabeth manejará el Ford Anglia azul. Al parecer, ambos objetos son mágicos y tienen la capacidad de volar. Jace conducirá una moto voladora junto con Clary. Thomas pilotará su nave espacial (a la cual ha llamado Berg) y, en cuanto a Peeta y a mí, volaremos el aerodeslizador del Distrito 13.
Ingreso por la compuerta principal y me siento en los asientos de mando junto a Peeta. Todos nos hallamos alineados en posición, predispuestos a despegar. Harry abre el portón de salida y uno a uno, los tributos van emergiendo del lugar. El motor de nuestra aeronave ruge cuando Peeta la enciende. Debido al tamaño de ésta, somos los últimos en salir junto con Thomas.
La resplandeciente luz del día ingresa a raudales por los cristales descubiertos de nuestro vehículo y debo entrecerrar los ojos ligeramente ante el repentino cambio de iluminación. Es un día hermoso para volar: el cielo es color celeste intenso y está bastante despejado. Contemplo la ciudad desde las alturas. Luce espléndida a la luz de la mañana y alcanzo a distinguir los distintos lugares que visitamos, desde las diminutas casitas de abnegación, hasta la más reciente Noria.
Peeta pilota el aerodeslizador con cuidado. Habíamos acordado antes de partir que nos detendríamos en uno de los edificios (el edificio Hancock) antes de arribar a la sede de Erudición. Tobias quería asegurarse de que el perímetro al cual nos dirigíamos era seguro y podíamos acercarnos sin problema.
No tardamos en llegar a nuestro destino. Es impresionante lo rápido que podemos viajar ahora que contamos con esta ventaja. Los tributos disminuyen la velocidad y comienzan a descender sobre la terraza del edificio. Cada uno estaciona su vehículo cuidadosamente.
Volvemos a reunirnos. Desde allí podemos apreciar nuestro principal objetivo plenamente. Nos agrupamos en uno de los bordes para analizar nuestro próximo destino con cautela.
- Parece abandonado - comenta Tris, que se encuentra a mi lado, en un tono apenas audible.
No creo que el otro grupo ya haya llegado - le respondo.
Silencio. Mi mirada se desplaza desde la planta uno a la veinticuatro (las he contado) en busca de algo. Nada. Estoy a punto de apartarme y sugerirles a todos que regresemos a los vehículos para seguir camino cuando Thomas dice algo.
- Miren - exclama, señalando a la punta del edificio -. ¿Qué es eso?
Agudizo la vista entrecerrando los ojos. Distingo movimiento en la cima.
- Parece un ave - dice Hermione -. Pero más grande. Y distinta…
Susan hurga en su mochila, extrae unos binoculares negros y grandotes y enfoca hacia arriba.
- Oh, no - masculla, y cuando baja los prismáticos me encuentro con una expresión de terror claramente presente en sus ojos -. No es ningún pájaro. Es un dragón. Y me temo que está custodiando el edificio.
Trago saliva. Era totalmente predecible. Me maldigo a mí misma para mis adentros ¿En qué estaba pensando? ¿Creía que nos dejarían entrar en el edificio y escapar por la salida sin más? Por supuesto que no, estos son los Juegos.
- Miren, algo más se acerca - vocifera Tobias, y todos observamos hacia la dirección en la que señala.
Más movimiento a lo lejos. Esta vez si se trata de un ave, un ave gigante y amenazante, un águila. Susan vuelve a colocarse los binoculares. Noto que las manos le tiemblan mientras los sostiene ante sus ojos.
Cuando la muchacha habla, la voz le tiembla.
-
Tenemos compañía - anuncia -. El otro grupo ha llegado.
-
Rápido, presten todos mucha atención - dice Tobias, que luce paranoico -. No podemos perder más tiempo. Nos dividiremos en tres grupos: Harry, Percy y Thomas se encargarán del dragón. Aprovechen las ametralladoras del Berg, les serán muy útiles. Hermione y Annabeth, ustedes dirigirán a Clary, Jace y Susan para atacar al otro grupo. Tris, Katniss, Peeta y yo ingresaremos al edificio en busca de la trans-plana. No sabemos qué nos espera dentro, por lo que debemos asegurarnos de que el área es segura. Apenas hayamos limpiado el lugar, les haremos una señal para que ingresen. ¿Entendido?
Todos asentimos. Me sorprende la velocidad en la que el muchacho ha ideado todo. Honestamente, Tobias se ha comportado de un modo extraordinario con nosotros y ha sido un excelente guía. A decir verdad, no sabría si nos encontraríamos en donde estamos de no ser por él.
Volvemos a montar nuestros vehículos y, unos segundos más tarde, nos hallamos nuevamente en el aire. Tobias y Tris han decidido dejar de lado su thestral para viajar en nuestro aerodeslizador. El muchacho no para de darle indicaciones a Peeta, que se aferra a la palanca de mando con tal fuerza que sus nudillos se tornan blancos.
Nuestro equipo se divide. Observo como Harry, Percy y Tobias comienzan a ascender en dirección a la cima, en donde los espera el dragón. Éste ya es consciente de que estamos a punto de atacar su edificio y, a juzgar por sus rugidos, no está muy contento con la situación. El constante petardeo de los disparos no tarda en hacerse presente, acompañado del sonido de los hechizos que lanza Harry y de algún que otro grito de guerra de Percy. En su defensa, el dragón abre sus fauces y las llamas emergen de su interior, tiñiendo el cielo de naranja.
En el otro extremo, Hermione y Annabeth lideran a los demás tributos. Al parecer, la semidiosa se las ha ingeniado para atar un cable electrificado al Ford Anglia y de esta forma utilizarlo como una especie de látigo en contra de los enemigos.
No podemos subir mucho, debido a que el dragón se encuentra en la cima. Tendremos que subir desde adentro. Peeta se acerca a uno de los ventanales del edificio. Cuando nos hallamos lo suficientemente cerca, el muchacho aprieta el gatillo y dispara a los cristales, que se quiebran en mil pedazos. A continuación, maniobra el aerodeslizador con el objetivo de colocarlo en una posición favorable para que podamos saltar desde la superficie del vehículo, a través del hueco en el vidrio, y entrar en la sede de Erudición.
Tobias y Tris nos abandonan y se introducen en el lugar.
- ¿Tú no vienes? - le pregunto a Peeta, que ni se ha quitado el cinturón de seguridad.
Alguien debe pilotar la nave.
No me gusta la idea de abandonarlo.
- Ve tranquila, te estaré vigilando desde afuera - me dice -. No obstante, ten cuidado.
Asiento con la cabeza, como si yo fuera su hija y él, mi padre que me está dando una orden. Acto seguido, le doy un beso en la boca de despedida y me cargo la mochila al hombro.
Tobias y Tris me esperan dentro del edificio. Inspiro profundamente y salto del vehículo para unirme a ellos.
El edificio está a oscuras y lo único que me permite avanzar sin tropezarme con los muebles que me rodean es la luz natural que ingresa por las ventanas. Desde afuera, me llegan los sonidos apagados de la batalla. Gritos, disparos, estallidos y explosiones. Mientras camino, contengo el impulso de asomarme por la ventana a contemplar lo que sucede afuera.
Vamos rápido. El método de Tobias es simple: llegamos a una habitación, y la inspeccionamos; vacía: seguimos adelante; ocupada: la desocupamos con unos pocos disparos. Comienzo a cansarme a medida que subimos. Voy contando los pisos. Cinco, seis, siete. Cuando llegamos al diez, nos detenemos para realizar un pequeño descanso para luego continuar avanzando.
Mala idea. Una de las ventanas estalla en mil pedazos y un tributo enemigo ingresa con un arma en alto. Tris reacciona a tiempo. Logra desarmarlo con una limpia patada y su pistola vuela por los aires. Luego le propina varios puñetazos hasta que, cuando su oponente (que resultó ser una muchacha) está cerca del borde, solo hace falta una patada más para acabar con ella. El pie de mi aliada se estrella contra el pecho de su oponente.
Ahogo un grito cuando la figura de la chica desaparece tras caer al vacío. Me acerco a Tris y me asomo. El cuerpo de Nora ahora es diminuto, estrellado contra el asfalto a unos metros de la entrada principal del edificio. El boom del cañonazo es casi instantáneo.
Tris se cubre la cara con las manos temblorosas y comienza a llorar. Me siento impotente, mientras observo como la chica se ahoga en sus propias lágrimas e incapaz de decirle nada. Por suerte, Tobias llega para consolarla.
-
Está bien - le dice, mientras le da unas cuantas palmaditas en la espalda -. Hiciste lo que tenías que hacer para sobrevivir.
-
Soy un monstruo - le responde Tris, entre sollozos -. No pude controlar mis impulsos. ¿Acaso viste lo que hice? Acabo de arrojar a una muchacha de un edificio. ¿Qué clase de persona es capaz de hacer eso?
-
Tomaste la mejor decisión. Si Nora apretaba el gatillo, ninguno de los tres estaríamos vivos. Actuaste a tiempo y nos salvaste.
Tris se seca las lágrimas con la manga de la remera.
- Okey, sigamos avanzando antes de que llegan más tributos - dice su novio.
Volvemos a ponernos en marcha. Noto que la rubia tiene dificultad para moverse. Es entendible, acaba de asesinar a una persona. Agradécele a nuestros amados autores tu trauma de por vida, Tris. No veo las horas de abandonar este lugar para ir y golpearlos en persona.
Piso trece, catorce, quince. Estamos cerca. Cinco pisos más. Un subidón de adrenalina me recorre el cuerpo y obligo a mis pies a ir más rápido. Todos los momentos desde la Nueva Cosecha hasta nuestro reencuentro con Harry en la Noria pasan por mi cabeza en unos pocos minutos. Todo ese sufrimiento valió la pena. Porque hoy regresaremos. Hoy volveremos a casa. Juntos.
Finalmente, las piernas me tiemblan cuando llegamos al último piso. Me cuesta creerlo. Al fondo de éste, se alza una pared gris y brillante. La trans plana.
- De prisa, yo voy a activarla - indica Tobias, que se atropella para hablar -. Tris, cúbreme mientras lo hago y Katniss, llama a los demás. Nos vamos.
El muchacho corre hasta el fondo de la habitación y se pone manos a la obra. Tris carga su pistola y la mantiene en alto, mientras que yo me asomo por la ventana para hacerle señas a Peeta. O, por lo menos, intento hacerlo, cuando algo me lo impide.
Un tributo enemigo atraviesa una de las ventanas, me derriba y aterriza sobre Tris. Ésta logra sacárselo de encima, pero pierde su pistola en el proceso. Tobias abandona su tarea para unirse al combate.
Todos permanecemos congelados. Tris, en el suelo, desarmada. Tobias, junto a ella, con las manos en alto. Yo, unos centímetros a su derecha, recuperándome de la caída, totalmente indefensa.
Nuestro enemigo es el elfo, Legolas. Porta un arco con la cuerda tensada y una flecha preparada. Luce exhausto con unos cuantos cortes en la cara y respira entrecortadamente. Mierda, es demasiado ágil. ¿Cómo lo venceremos? Lo desnudo con la mirada y descubro que no hay más flechas en su carcaj. Su último disparo.
- Por favor, podemos… - comienza a decir Tobias, pero el elfo suelta la cuerda.
Cierro los ojos con el objetivo de prepararme para el impacto. El momento se desenvuelve en cámara lenta. El enemigo ha disparado, ya no hay vuelta atrás. No he prestado atención hacia donde ha apuntado. Por ahora, solo hay tres posibilidades. O Tris muere, o Tobias muere, o yo muero.