Los Juegos Literarios — capítulo 26
La flecha ha impactado. A juzgar por el sonido del choque, no sabría determinar con precisión contra qué o quién ha impactado, pero el daño está hecho y ahora es irreversible.
En unos pocos segundos, millones de teorías se arremolinan en mi cabeza. Quizás Tobias y Tris esquivaron el disparo, quizás lo interceptaron con algo, quizás la flecha siguió de largo y llegó hasta al fondo de la habitación donde se halla la trans-plana… Aunque las posibilidades son infinitas, hay una realidad ante mis ojos; sin embargo, no soy lo suficientemente valiente como para abrirlos y enfrentarla. Porque soy una cobarde, siempre lo he sido, y en vez de reaccionar ante la situación, me esfuerzo en evadirla, en esconderme.
Reúno fuerzas y abro los ojos. Ahora, ambos tributos se hallan desparramados en el suelo, tanto Tobias como Tris. Esta última se halla inclinada ante su novio. Mierda, mierda, mierda. Esto no puede estar pasando. No a estas alturas.
Pareciera como si la flecha hubiera sido dirigida originalmente hacia Tris y Tobias hubiera interferido. Un sacrificio noble.
Me acerco a la pareja. Del pecho del muchacho sobresale una varilla roja de madera, enterrada en su piel profundamente. La sangre y las lágrimas de Tris empapan su ropa.
- No - susurra ella, entre sollozos -. No, no, no. ¡No!
El nudo en mi garganta comienza a formarse. La presencia de Legolas pasa casi desapercibida ante la escena que se desarrolla ante mis ojos.
- Tobias, escucha por favor - sigue la rubia, que toma el rostro de Tobias entre sus manos -. Vas a recuperarte. Te llevaremos de regreso. Tienes que resistir. No puedes dejarnos ahora que estamos a unos pasos de la salida.
Los ojos de su novio son tristes y cargados de dolor, pero también reflejan cierta sensación de relajación.
-
Lo lograste - responde el chico, entre gemidos -. Volverás a casa y continuarás con tu vida como si nada hubiese pasado.
-
Lo logramos - lo corrige Tris -. Y no me voy de aquí sin ti. No tengo pensado…
-
Basta, por favor - la interrumpe él, violentamente. Hace una pausa para recuperar oxígeno y luego vuelve a hablar -. Casi te pierdo una vez, y luego te perdí de nuevo como un completo idiota. No podía permitirme que sucediera nuevamente. No lo entenderás, y tampoco cuento con el tiempo necesario para explicártelo, pero debes comprender que te amo, y tú vida vale mucho más que la mía. Mereces vivir.
Tobias se aparta y escupe sangre. Me doy por vencida y dejo que las lágrimas fluyan y se deslicen por mis mejillas.
- Nunca me perdiste, sigo aquí - dice Tris -. Y siempre estaré aquí. Contigo.
El muchacho le dedica una sonrisa triste.
-
Te quiero, Tris.
-
Yo también te quiero, Tobias.
Ella se inclina hacia delante y lo besa suavemente. Un último beso. Cuando la muchacha se aparta, los ojos de él están cerrados y sus músculos carecen de fuerza. Tris suelta un grito desgarrador que me golpea con fuerza.
El sonido del cañonazo me golpea aún más fuerte.
Legolas ha desaparecido. No sé a dónde ha ido ni por donde ha escapado. Simplemente se esfumó. Quizás fue la culpa la que terminó acabando con él.
Me asomo por la ventana. Afuera, la batalla se desenvuelve con ferocidad. Harry, Percy y Thomas han acabado con el dragón y ahora el combate central se da entre ambos bandos de tributos. Disparos, cuchillos, hechizos, encantamientos y rocas surcan el aire, en un desenfrenado intercambio de ataques. ¿Cómo vamos a acabar con todos ellos y evitar que escapen en lugar de nosotros?
Descubro que la aeronave del Distrito 13 se aparta de la pelea para acercarse al edificio en el que me encuentro. Peeta abre la escotilla y yo ingreso.
-
¿Qué ha sucedido? - pregunta, ansioso por conocer la respuesta.
-
Tobias - contesto -. Se sacrificó para evitar que la flecha de Legolas alcanzara a Tris.
Una expresión de sorpresa y furia le nubla el rostro.
-
¿Qué hay de la trans-plana? - vuelve a preguntar.
-
Necesitamos activarla.
Peeta adopta una actitud pensativa.
-
Trabaja en eso junto a Tris - me dice, con un leve tono autoritario. Aparentemente, ha adoptado una posición de líder ahora que Tobias no está. Nunca antes lo había visto así -. Yo reuniré a los demás tributos en la nave y contendré a las fuerzas enemigas hasta que la salida esté activada. Solo tienes que avisarme en el momento justo, ¿okey?
-
Okey.
Bien. Concéntrate Peeta. Todo esto depende de ti ahora que Tobias no está. Puedes hacerlo.
Observo cómo Katniss vuelve a insertarse en el edificio. No quiero dejarla sola, no me gusta que esté demasiado expuesta, dado que cualquiera de los enemigos puede ingresar por una de las ventanas y acabar con ella tal y como lo han hecho con Tobias. Sin embargo, la he visto en acción y creo que podrá arreglárselas bastante bien por su cuenta.
Vuelvo a tomar el mando, me aparto del edificio y vuelvo a introducirme en la batalla. Primero tengo que buscar a Percy. He visto como se ha comportando anteriormente y podría calificarlo como un líder innato. Sus decisiones podrían ayudarme. Lo localizo unos metros por encima de los demás, combatiendo contra el otro semidiós, Jason. Sus espadas emiten ruidos metálicos al chocar en un desenfrenado combate aéreo.
Apunto las metralletas hacia su oponente. El hijo de Júpiter parece notar que se encuentra bajo la mira, por lo que se aparta y desciende en picado con el objetivo de unirse a otra pela. Percy se da vuelta y me mira con cierta incredulidad. Lo invito a ingresar a la nave con un gesto con la mano.
- ¿Qué sucede? - pregunta, apenas entra por la escotilla.
Le resumo la situación en una explicación muy breve que no me toma más de dos minutos. Cuando finalizo, el chico luce cabreado.
Lo primero que hace es sentarse junto a mí en el mando y toquetear unos cuantos botones y cables. Contemplo como sus manos se mueven a toda velocidad mientras activa comandos y controles. No sabía que el chico contaba con estas habilidades.
Finalmente, se coloca unos auriculares y un micrófono pequeño a la altura de la boca. Espera.
-
¿Hola? - oigo decir a una voz del otro lado.
-
Thomas, habla Percy - dice el semidiós -. Mira, necesito que te ocupes del otro grupo. Crea una distracción. Peeta y yo iremos en busca de los demás tributos y los conduciremos a la salida. Pero no podemos lograrlo sin tu colaboración.
Unos segundos de silencio.
- Bien - responde el Antiguo Corredor -. Asegúrense de avisarme cuando sea el momento de salir.
La comunicación se corta. A continuación, Percy se dirige a mí.
- Okey, vamos, no hay tiempo que perder. Tú encárgate de conducir el vehículo y yo me ocuparé de avisarles a los demás que nos vamos.
Y así lo hago. La cacería de tributos ha comenzado.
Primero vamos por Annabeth. Percy se asoma por la escotilla y le grita para hacerse oír por sobre el ruido del motor. Luego siguen Harry y Hermione, que deben abandonar a sus criaturas para unirse a nosotros. Después están Clary y Jace y, por último Susan. Somos solo ocho, dado que Katniss y Tris están adentro y Thomas está ocupado con los demás tributos. Con respecto a este último, observo por el cristal de la ventana como el muchacho se deshace de los enemigos restantes. Ha derribado a unos cuantos y ahora lo persigue un águila gigante en busca de venganza, comandada por Tauriel, la elfa, que luce enfurecida.
Los problemas no tardan en aparecer. Tarde o temprano, el equipo contrario iba a darse cuenta de que estábamos tramando algo. Will, el cazador de sombras, aterriza sobre el techo del aerodeslizador y comienza a cortar circuitos. Jace sale afuera para combatirlo y, después de unos estresantes segundos de combate, sale victorioso.
Enfoco la vista. Veo movimiento en el edificio. Es Katniss. Me está dando la señal. El momento ha llegado.
Pero no es Katniss a la única que veo. En una de las construcciones próximas, hay un tributo del otro bando. Ben, creo que se llama. El muchacho parece concentrado y cuenta con un lanzador de misiles de largo alcance bien cargado. Mierda, cómo no lo vi.
Inevitablemente, el misil alcanza una turbina de nuestra nave, que se sacude con violencia. Se oyen unos cuantos gritos desesperados. Inspiro profundamente. Conserva la paciencia… Me aferro con fuerza a la palanca e intento aislarme del mundo que me rodea, aunque se me hace difícil con los gritos de Percy retumbando en mis oídos, ya que el semidiós le está avisando a Thomas por el comando que es hora de marcharnos.
El vehículo está perdiendo altura. Nos caemos y, si no actúo a tiempo, seré responsable de la muerte de todo mi equipo.
Piso el acelerador y apunto en dirección al edifico, en dirección a Katniss. Percibo un intenso olor a quemado. La alarma de emergencias se activa y el ambiente comienza a inundarse de humo. Conserva la calma, conserva la calma… Aprieto el gatillo, acompañado de un grito de guerra, con el objetivo de crear un orificio lo suficientemente grande como para que quepa la nave. Los cristales, paredes y revestimientos del edificio se desmoronan gradualmente. Puedo ver a Katniss y a Tris en el fondo de la habitación, paradas próximas a una gran pared que emite un curioso brillo. La chica en llamas luce nerviosa, pero me encuentro con un dejo de determinación en su rostro, mientras espera que nos acerquemos para atravesar la salida junto con nosotros.
Las llamas envuelven la nave. El edificio se destruye ante nuestras narices. Los escombros abollan el metal del aerodeslizador, que se zarandea de un lado a otro y emite un chirrido muy agudo al derrapar contra el suelo. Está claro que nuestros enemigos no desean que escapemos. El vehículo de Thomas nos pisa los talones.
Contengo el aire cuando atravesamos la pared y una intensa sensación de calor me abruma. No sé si hemos explotado o si es un efecto secundario que provoca este nuevo medio de transporte. Pero lo que sí sé es que hemos ingresado por la trans-plana a tiempo.
Pierdo la conciencia en el proceso.
Amanezco en casa. Junto a Katniss, junto a Prim, junto a Gale y Johanna, hasta incluso Suzanne, que nos esperan con los brazos abiertos. Pareciera como si me acabara de despertar después de un largo y estresante sueño, que por suerte ha acabado. Hay festejos en el Distrito, la felicidad presente en el aire es casi tangible. Las miles de pantallas muestran las celebraciones en las demás sagas literarias. Me siento bien por los demás tributos. No habríamos sobrevivido de no ser por ellos. Podría comenzar a llamarlos amigos…
Todo ha valido la pena. Después de tanto esfuerzo, las victorias y las pérdidas, el trabajo en equipo y los millones de obstáculos que se nos presentaron, aquí estamos. Vivos.
¿Y sabes por qué lo logramos? Simple, la clave es muy simple: persistir. Si algo me han enseñado los Juegos es que, si perseveras, triunfarás. Ponte una motivación que te estimule a alcanzar tu objetivo y persíguelo a toda costa. Desea con fuerza.
Porque nada es imposible.
FIN.