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Los Juegos Literarios — capítulo 4

Ingreso al ascensor junto con Peeta. Los nervios me dominan una vez más. Por una parte, no deseo conocer cuan peligrosos son los demás competidores, pero necesito saberlo si quiero sobrevivir en la Arena. Suelto un suspiro. Estoy harta de la misma rutina. Estoy harta de los Juegos.

  • Mira Katniss - comienza a decir Peeta. No había notado el incómodo silencio que se había instalado en el ascensor hasta que él habló -. Es crucial para nuestro futuro que analicemos a cada uno de los demás tributos. Este año nos enfrentamos a adolescentes muy habilidosos y especiales. La única forma de derrotarlos en la Arena es atacarlos en su punto débil. Es por eso que debemos ser muy observadores para hallarlo.

Asiento con la cabeza. Comprendo su actitud de liderazgo. Como mi autoestima está por el suelo, Peeta ha decidido hacerse cargo de la pareja y, por lo tanto, encontrar las formas de mantenernos con vida. Siento lastima por él. Tener que lidiar con mi deprimente estado de ánimo, sumado a la presión que le generan los Juegos…

Tengo que ayudarlo. Me obligo a levantar la barbilla y me propongo cambiar mi actitud. Si no tengo energías para pelear por mi vida, entonces pelearé por la de Peeta. Él se lo merece más que yo.

El traqueteo del ascensor se detiene y espero unos segundos hasta que las puertas se abren.

Los demás tributos ya han arribado al Centro de Entrenamiento. Se encuentran  murmurando y hablando en un tono apenas audible. Siento el peso de las miradas sobre mí.

Por suerte, no soy el centro de atención por demasiado tiempo ya que ingresa la entrenadora y nos llama para que nos reunamos alrededor de ella.

  • Buenos días y bienvenidos al Centro de Entrenamiento - saluda.

A continuación, comienza el estresante discurso al cual tan acostumbrada estoy. Instruye a los novatos acerca de las distintas salas de entrenamiento y los profesores que pueden encontrar en ellas. También les recomienda no hacer caso omiso de las habilidades de supervivencia ya que son tan importantes como las estaciones de armas. Bla, bla, bla.

Aburrida, decido ignorar lo que dice y comienzo a observar el gimnasio. No noto muchos cambios desde la última vez que lo visité. Siento que alguien me toca y me vuelvo. Al hacerlo, noto que es Peeta. Me está indicando que preste atención a lo que la mujer dice.

-… este año, se han incorporado unas cuantas modificaciones - está diciendo la instructora -. Entre ellas se encuentran el uso de artefactos mágicos, como varitas o estelas, y armas de fuego. Si bien algunos de ustedes poseen ciertos conocimientos acerca de cómo utilizar este tipo de elementos, todos pueden aprender con ayuda de los instructores.

Genial. Las posibilidades de ganar se reducen cada vez más. ¿De qué sirve un arco cuando el enemigo tiene una pistola? Por suerte, he observado y aprendido a utilizar armas de fuego durante la guerra, en el Distrito 13.

  • Ahora pasen a observar las salas de entrenamiento y comiencen su adiestramiento - dice la entrenadora.

El grupo se dispersa rápidamente hasta que quedamos solo yo y Peeta. Lo miro, buscando algún tipo de respuesta en sus ojos.

  • ¿Qué haremos ahora? - pregunto.

Él se encoje de hombros.

  • ¿Quieres que te acompañe a practicar? Hace mucho que no agarras un arco.

  • Me temo que ya hay alguien en la sala de arquería y preferiría no compartirla con ella - respondo, mirando a Susan por encima del hombro de Peeta.

  • Entonces vamos a simular que aprendemos a hacer nudos mientras observamos lo que hacen los demás - propone y me toma de la mano para incentivarme a seguirlo.

Al llegar, agarro la cuerda con ambas manos y comienzo a hacer nudos. Llevo unos pocos segundos practicando cuando los recuerdos del Vasallaje y la guerra empiezan a atormentarme. Siento un intenso dolor en las manos por lo que dejo la soga en donde la encontré y me cruzo de brazos.

  • Entonces… ¿qué opinas de los magos? - pregunta Peeta, mientras le da varias vueltas a su nudo.

Busco a los muchachos con la vista. Están practicando con muñecos. Obviamente, corrieron a buscar las varitas apenas mencionaron que estaban disponibles. Contemplo asombrada como éstas emiten destellos y chispas de todos colores.

  • No me desagradan - respondo sinceramente -. Son humildes pero yo no los subestimaría. Dudo que sea fácil ganarles en combate.

  • ¿Y los semidioses? - vuelve a preguntar Peeta.

Desvió la mirada para examinarlos. El muchacho tiene una espada y la maneja con gran agilidad y destreza. En cuanto a la chica, está practicando arrojar una lanza y tengo que admitir que se la da muy bien.

  • No sé por qué pero no me terminan de caer bien. Prefiero a los magos - continuo recorriendo el salón con la vista y me detengo en la pareja del chico alto y fornido junto a la joven rubia y pequeña. Tris y Tobias, si mal no recuerdo -. ¿Qué hay de ellos? - le digo a Peeta, señalándolos disimuladamente.

Ambos están disparando las armas de fuego. Tienen muy buena puntería.

  • Lucen amenazantes - responde -. No me gustaría pelear con ninguno de los dos.

  • Las apariencias engañan… ¿Recuerdas los primeros Juegos de Johanna? Nadie jamás se habría esperado que pudiera llegar a ser tan mortífera.

  • Tienes razón. Es por eso que debemos ser tan cuidadosos - dice y continua analizando a los tributos, sin despegar sus manos del nudo improvisado que acaba de inventar -. ¿Qué te parecen ellos dos?

Sigo su mirada hasta localizar a los tributos que me indica. Son Thomas y Teresa, los jóvenes de pelo oscuro. Están conversando, al igual que nosotros, y observan a Tris y a Tobias mientras estos disparan.

  • Honestamente, no sé qué pensar de ellos - contesto -. No me parecen tan peligrosos como los demás, pero algo en su actitud me inquieta.

De repente, mis ojos se encuentran con los de Teresa. Aparto la vista rápidamente y maldigo en voz baja.

  • Peeta - comienzo a decir - creo que ya es suficiente análisis por hoy. Nuestro comportamiento se tornará sospechoso si permanecemos aquí, observándolos. No tardarán en notarlo.

Parece pensárselo bien, por lo que deja el nudo y me toma la mano, invitándome a recorrer las salas de entrenamiento con él.

Después de haber estado en los Juegos dos veces, me siento muy familiarizada con todas las disciplinas. Peeta practica levantar peso mientras yo intento arrojar un par de cuchillos, sin mucho esfuerzo. Mientras lo hago miro a la pareja de cazadores de sombras. El muchacho rubio está colgado de una gran red de cuerda. Parece aterradoramente ágil.

Después de pasar por varios puestos de entrenamiento que me resultan absolutamente inútiles, la entrenadora nos llama para hacernos un anuncio importante.

  • Atención, tributos - dice con tono firme -. Este año se ha acordado que las Sesiones con los Vigilantes no serán en privado. En consecuencia, se le asignará un oponente a cada tributo con el cual tendrá que combatir en un duelo. Se puntuará en base al rendimiento que tengan los competidores durante la pelea.

Mi corazón comienza a latir más de prisa y me aferro al brazo de Peeta con fuerza.

  • Podrán averiguar con quién deberán enfrentarse consultando en la tabla que aparecerá en la pantalla - informa -. Los duelos comenzarán a partir de mañana.

La pantalla se enciende y, por un segundo, dudo en mirarla. Finalmente, levanto la cabeza y leo la lista de nombres en ella.

Peeta vs Thomas

Percy vs Peter

Jace  vs Edward

Harry vs Tobias

Tris  vs Teresa

Clary vs Bella

Annabeth vs Hermione

Katniss  vs Susan