← Historia 176288 · de
Historia 176288 — capítulo 8
POR QUÉ HACES LO QUE HACES
James Sirius Potter se muerde la comisura del labio por dentro. Atrapa el pequeño saliente de carne con los colmillos y mira distraídamente a la mesa de Slytherin. Albus se ha sentado con Scorpius, como es habitual, pero esa mañana no le preocupa demasiado que su hermano trabe amistad con "el enemigo". Esa mañana los ojos de James revolotean como sin quererlo alrededor de una chica de cabello negro y ojos verdes. Desayuna mientras lee el periódico. El chico situado junto a ella, Markus Hills mira un libro que tiene abierto sobre la mesa, aunque no parece especialmente concentrado.
-Buenos días.
James alza la vista con prisa, no vaya a ser que alguien lo vea mirando a Alya Haworth. Lysander acaba de llegar. El muchacho rubio toma asiento junto a él. Como siempre, sus labios no son otra cosa que una línea recta y seria, sus ojos se fijan con desinterés en la jarra de zumo de calabaza que tiene delante. A veces James se pregunta si Lysander es feliz. Está bastante seguro de que algo tiene que pasarle, algo que ninguno de ellos conoce. Duda incluso que Lorcan lo sepa. Pero claro, James no es que tenga una estrecha relación con Lysander, así que no se ve con la confianza de preguntarle nada. Tampoco es que le quite el sueño.
-Buenos días. - Contesta James - ¿Y Lorcan y Fred?
-Se han parado a hablar con unas chicas de cuarto. - Explica el chico, apartándose un poco de huevos revueltos en su plato.
Justo en ese momento Lorcan y Fred entran por las enormes puertas del Gran Comedor. Como siempre, vienen riendo. Solo verlos hace que James sonría ligeramente. Sus dos amigos toman asiento ruidosamente frente a ellos, seguidos por decenas de ojos, sobre todo desde la mesa de profesores.
-Muy buenos días. - Dice Fred con entusiasmo.
-Buenos días. - Contestan Lysander y James al mismo tiempo.
-¿No queda beicon? - Pregunta Lorcan, estirando el cuello para mirar a lo largo de la mesa de Gryffindor - Creo que allí hay un plato.
El alto chico rubio se pone en pie y desaparece un momento de su lado.
-¿Qué tenemos a primera hora? - Pregunta Fred muy contento.
-Transformaciones. - Contesta Lysander.
-¡Transformaciones! - Fred le da un bocado voraz a su tostada - Estupendo.
James alza una ceja con asombro. Su primo no suele estar tan contento a primera hora de la mañana, mucho menos cuando empiezan el día teniendo Transformaciones o Pociones, dos asignaturas que Fred Weasley odia con todo su ser.
-¿A qué viene toda esa energía y buen humor? - Pregunta Lysander con curiosidad.
-Me lo has quitado de la boca. - Añade James.
-¡Pero bueno! ¿Es que uno no puede estar contento sin levantar las sospechas de nadie? - Fred menea la cabeza con una sonrisa deslumbrante.
-Está así de contento porque ha visto a Roxanne llorando antes de bajar. - Anuncia Lorcan, que acaba de volver con su plato de beicon.
-¡Joder, Lorcan! ¡Quería darle un poco más de coba! - Se queja Fred
-¿Cómo? - Lysander mira a su hermano y a Fred sin comprender muy bien el significado de aquella frase.
Lo cierto es que a James también se le hace extraño escuchar algo así. No entiende que Fred se alegre por haber visto a su hermana llorar, pero claro, Fred y Roxanne son de esos hermanos que tienen una intensa relación de amor-odio.
-¿No os habéis enterado? - Fred sonríe de oreja a oreja - ¡Pero si lo sabe todo Hogwarts!
-¿Qué sabe todo Hogwarts? - Pregunta Lysander con el ceño fruncido.
-Hay una nueva parejita en el castillo. - Sonríe también Lorcan.
-Mi hermana se ha puesto muy triste, porque creía tener posibilidades con el chico en cuestión. - Dice Fred - Pero resulta que a él le gusta otra.
-Roxie no se lo ha tomado muy bien. - Añade Lorcan.
-Y yo no soporto a ese gilipollas, así que me alegro mucho de que haya encontrado al amor de su vida y de que se aleje de Roxanne. - Fred da un sorbo a su zumo de calabaza.
-¿Y quién es la pareja de la que hablas? - Pregunta Lysander con curiosidad.
James ve a su primo sonreír de medio lado.
-Haworth y Simons. - Dice, deleitándose a sí mismo con la noticia.
El buscador de Gryffindor lleva sus oscuros ojos de nuevo hasta la mesa de Slytherin. Allí está Alya Haworth, sentada junto a Simons. James no sabe cuándo ha llegado el chico, se ha distraído con la llegada de Lysander. El antiguo prefecto sonríe a la buscadora de Slytherin con una felicidad que lo saca de quicio. Una sensación extraña se le ha instalado en el pecho y el vientre. No sabría explicar exactamente lo que es.
-¿Están saliendo? - Pregunta Lysander con interés - Yo sabía que tuvieron una cita en San Valentín, pero no parecía que hubiese salido demasiado bien. No vi a Alya demasiado ilusionada.
-Pues no sé si la cita se les dio bien o mal, pero están saliendo. - Dice Fred.
La mirada de James se cruza entonces con la de Simons. El chico no parpadea durante unos segundos. Entonces sonríe casi imperceptiblemente, como si solo le sonriese a James. Luego coge la barbilla de Haworth delicadamente y gira el rostro de la muchacha para inclinarse sobre él hasta posar sus labios sobre los de la menuda buscadora. James decide apartar la vista de ellos dos.
-Mira, de hecho se están morreando ahora mismo. - Apunta Lorcan.
-Bueno, me imaginaba que Alya empezaría a salir con alguien este año. - Dice Lysander, volviendo a concentrarse en su desayuno.
-Yo le habría pedido salir de no ser una slytherin. - Confiesa Fred - Pero bueno, también es verdad que es muy mandona, y eso le quita atractivo. Supongo que está bien para un ratillo, pero en el fondo hasta me compadezco de Simons.
James no levanta la vista de su copa de zumo. La molestia persiste. Debe estar nervioso por las clases o algo así.
-¿Podríais dejar de cotillear? - Pregunta entonces el chico - Parecéis crías de doce años con tanto cotorreo. La vida de Haworth y Simons me importa una mierda.
Lorcan, Lysander y Fred se miran entre ellos. Parecen sorprendidos por la repentina reacción de James, pero antes de que cualquiera de ellos pueda preguntar a qué viene ese mal humor, su prima Molly aparece junto a los cuatro muchachos.
-James, tengo que hablar contigo. - Le dice sin llegar a sentarse.
-¿Qué? - El chico la mira ceñudo - ¿Qué pasa? No he hecho nada.
-He dicho que vengas conmigo y punto. - Molly alza las cejas, como desafiándolo a que no la obedezca.
De mala gana, James se pone en pie. Como ya es tarde, coge su mochila y se la echa al hombro. Duda que le dé tiempo de volver a sentarse a la mesa del desayuno. Su prima camina con prisa hasta la puerta del Gran Comedor. Él la sigue, preguntándose qué narices querrá Molly. No está de humor para las tonterías de su prima.
-¿Y bien? - Pregunta James cuando su prima se detiene en el pasillo principal, junto a una columna de piedra gris.
-Tienes que hacerme un favor.
Los oscuros ojos de James se mantienen fijos en los azules de Molly. Por su gesto sabe que no es un favor cualquiera.
**
Alya Haworth mira de reojo al guapo Bill Simons. A su novio. Su novio. Suena tan… raro. Suena y es raro. Se le hace raro que Bill aparezca en el Gran Comedor y la bese en la boca, delante de todo el mundo. Se le hace raro que la coja de la mano y le bese los nudillos sin previo aviso. Se le hace raro que le agarre de la cintura y la acerque hasta su cuerpo, que se tome la libertad de acariciar sus hombros y hasta que la abrace sin tener una excusa. Pero ahora están saliendo y Alya sabe que tiene que acostumbrarse a la nueva proximidad entre ellos.
El problema es que llevan tres semanas saliendo y ella sigue avergonzándose cada vez que Bill le muerde el lóbulo de la oreja y le sonríe de manera juguetona. Le preocupa que Bill se enfade con ella por su falta de iniciativa, pero ¿qué puede hacer Alya? Siempre piensa que puede excusarse diciendo que todo está pasando muy deprisa y que le parece raro tener esa cercanía con él, que ha sido su amigo desde el mismo momento que el tren de Hogwarts se puso en marcha y Bill apareció en el vagón donde ella estaba.
Así que allí está Alya, aguantando que Bill le acaricie el muslo por debajo de la mesa mientras el profesor Wintringham explica cómo transformar plantas en seres vivos más complejos. No le parece nada apropiado lo que está haciendo Bill, pero tampoco puede decirle nada en medio de la clase, menos aún cuando el profesor de Transformaciones está mirando al aula.
Al alzar la vista, puesta en la mano de su novio, sus ojos se encuentran con los de James Sirius Potter. El muchacho está sentado en los pupitres del otro lado del aula y baja la vista hasta la mano que Bill tiene puesta sobre el borde de su falda de uniforme. Alya se sonroja e inmediatamente aparta la mano de Bill de un manotazo. El rubio slytherin la mira con el ceño ligeramente fruncido, como si no supiese a qué ha venido aquello. Va a tener que explicarle que es mejor que mantenga las manos alejadas de ella en clase.
**
James Sirius Potter coge su capa de invisibilidad del fondo del baúl rojo con la insignia de Gryffindor que Ted le regaló por su cumpleaños hace dos cursos. Todos sus amigos duermen, así que es hora de salir. Su prima Molly confía en él, aunque no entiende por qué no puede hacer ella misma lo que le ha pedido, al fin y al cabo es prefecta y lo tiene más fácil para moverse a esas horas de la noche por el castillo, pero se lo ha prometido y lo va a hacer.
-¿Qué haces, James? - Le pregunta una susurrante voz a sus espaldas cuando el chico agarra el pomo de la puerta.
James suspira antes de girar el rostro. Lysander lo mira desde la cama, con la manta echada hasta la nariz. Sus ojillos azules resplandecen en medio de tanta oscuridad.
-Tengo que ir a un sitio. - Le contesta James.
-Algún día van a pillarte y te vas a ganar un buen castigo.
-Jamás pillarán a James Potter. - Dice el chico con suficiencia.
-¿Sabes que hablar de ti en tercera persona puede ser indicativo de que tengas algún problema mental?
James frunce los labios al mismo tiempo que enarca las cejas. Los ojos de Lysander se achinan, risueños. No es habitual que el menor de los gemelos Scamander se muestre bromista.
-Eres muy gracioso. - Dice James irónicamente - Duérmete. Yo no tardaré en volver.
-¿Qué vas a hacer?
-Cosas.
Entonces abre la puerta y sale al pasillo. La Sala Común está desierta, completamente desierta, claro, que es la una de la madrugada. James baja hasta el acogedor saloncito de Gryffindor. En la chimenea aún se consumen algunas brasas rojizas y anaranjadas. Fuera, al otro lado de la estrecha ventana de la torre, la oscuridad lo engulle todo y el viento susurra palabras ininteligibles. Esa noche la luna parece haber desaparecido. James se echa la capa sobre la cabeza antes de cruzar el hueco del retrato de la Señora Gorda.
Al otro lado del cuadro el frío es mucho más intenso que en la Sala Común. La Señora Gorda gruñe por haber sido despertada, pero James continua su camino mientras la punta de la nariz se le congela. Vaya horas tiene Molly de enviarlo al baño del sexto piso. Baja un tramo de escaleras y gira a la izquierda. Se oye agua gotear en algún lugar cercano, pero a James esto le pasa desapercibido, está demasiado ocupado vigilando a su alrededor.
Filch es ya un pobre anciano que necesita jubilarse, así que pasadas las once y media es difícil verlo rondando por el pasillo. Dicen que el año que viene le van a poner un sustituto. James solo espera que sea mejor persona que Filch.
Cuando llega a la envejecida puerta de madera del baño de chicos del sexto piso, James empuja la puerta delicadamente. Contiene la respiración un momento y pasa al interior. Su prima le ha dicho que debe dejar allí una carta que le ha dado. A James le ha costado horrores, pero finalmente ha controlado la tentación de abrirla y enterarse de lo que le ocurre a Molly. No está bien husmear en la intimidad de los demás.
El baño se encuentra débilmente iluminado por una antorcha, sorprendentemente. No es habitual que los baños estén iluminados después del toque de queda. De hecho, toda luz del castillo se apaga. James lo sabe porque ha salido muchas veces a deshoras. ¿Qué hace aquella antorcha encendida? Es entonces cuando sus ojos oscuros, como los de su abuelo, ven a un chico moreno y desaliñado que permanece sentado en el suelo del baño. James frunce el ceño.
-¿Dev? - Pregunta con voz susurrante.
El chico, que dibujaba con su varita en el suelo y parece no haberse percatado de la llegada de James, alza la vista rápidamente.
-¿Molly? - Pregunta Devlin, escudriñando el baño con sus ojos de un extraño verde apagado.
-No soy Molly. - Dice James, que se quita la capa de invisibilidad para que el ravenclaw pueda verlo.
-¿Qué haces tú aquí? - Pregunta Dev con gesto serio.
-Eso mismo iba a preguntarte yo.
-Te ha enviado tu prima, ¿no?
-¿Ibas a verte con ella? - James arruga la frente. No entiende nada de lo que está pasando.
-En el fondo sospechaba que me daría plantón. - Dev suspira mientras se pone en pie con movimientos lentos.
James no entiende nada, así que saca la carta que su prima le ha dado del bolsillo de su pantalón y se la tiende a Dev.
-Supongo que tú eres la persona a la que debía darle esto. - Dice James.
Molly tan solo le ha dicho que lleve aquello al baño de chicos del sexto piso, pero James intuye que el ravenclaw es el destinatario. Devlin Jones parece algo decepcionado. Mira la carta con desgana, pero finalmente la coge y rasga el sobre para extraer un pergamino de su interior. James empieza a pensar que todo aquello es muy raro. ¿Por qué está esperando Dev a su prima en un baño del colegio a la una de la madrugada? ¿Y por qué Molly le escribe una carta al chico que más odia de todo Hogwarts?
-No. No puedo leerla. - Dice Dev antes de llegar a desdoblar el pergamino - Toma, léela tú. - A continuación le tiende la misiva a James.
-¿Qué?
-¡Que la leas! - Dice con nerviosismo - ¡Venga!
-Pero Molly me dijo que…
-Me da igual lo que haya dicho Molly. Lee la carta.
James mira con seriedad a Dev. Su prima le ha dicho que no podía leer lo que había dentro del sobre bajo ningún concepto, pero el chico moreno de largos cabellos parece bastante convencido al pedirle a él que lea aquello. James coge el pergamino en medio del silencioso baño. Dev camina hasta apoyarse contra uno de los lavabos de porcelana blanca. El pelo le cubre por completo el rostro. Parece preocupado. James desdobla el pergamino y se sorprende al ver allí la redondeada letra de Molly Weasley.
-Jones, te agradecería que no volvieses a pedirme una cita. - James se queda en silencio después de leer esta frase.
¿Una cita? ¿Dev Jones le ha pedido una cita - o puede que más - a su prima Molly? ¡Pero si ella no lo aguanta! James levanta la vista. Dev permanece con el rostro gacho, así que no puede ver su gesto. Los delgados dedos del chico se aferran a los bordes del lavabo y sus piernas se encuentran cruzadas, una sobre otra, mientras el pelo le cae como si de una leonina melena se tratase.
-No estoy interesada en ti y no creo que llegue a estarlo. - Continúa James, que aún sigue algo conmocionado por lo que acaba de enterarse - Sabes que deberías pedirle una cita a Lucy, la harías muy feliz y yo no pienso discutir con mi hermana por un chico. Mucho menos si ese chico eres tú. Lucy me ha preguntado por la nota que me has pasado en clase de Encantamientos, así que le he dicho que me estabas preguntando por ella. Espero que todo haya quedado claro. Molly Weasley.
Cuando James termina de leer, mira fijamente a Devlin. El chico no se ha movido. De hecho, ni siquiera se le escucha respirar.
-Ya está. - Dice James con un hilo de voz, esperando que el chico reaccione.
-Ya está. - Repite Dev.
James frunce los labios. Mira al muchacho sin saber muy bien qué debe hacer a continuación. Nunca ha estado en una situación así. Ni siquiera con su hermano, ni con su primo Fred. Molly acaba de rechazar a Dev y él está en medio por pura casualidad. Bueno, casualidad. Más bien Molly lo ha metido en medio de un problema que era exclusivamente suyo. Podría haberle echado valor al asunto y haber rechazado ella misma a Dev.
-¿Te gusta alguna chica, James?
El buscador de Gryffindor permanece unos segundos en silencio.
-No. - Contesta el chico.
-Pues que suerte la tuya.
La voz de Dev contiene una nota de tristeza. James se muerde la comisura izquierda del labio por dentro.
-¿Te gusta Molly? - Pregunta James con voz trémula. Y no lo pregunta porque le interese realmente saber aquello, más bien lo pregunta porque intuye que es lo que le corresponde hacer.
-Es evidente, ¿no crees?
-Es… un poco raro. Siempre creí que no os llevabais bien. - Explica James.
-Ya…
-A Lucy sí que le gustas. - Dice James.
-Lo sé, pero a mí no me gusta Lucy.
-Bueno, Lucy y Molly son gemelas…
-Lucy no es como Molly. - Dice Dev, que aún no ha alzado el rostro - Solo se parecen mucho, pero no es como ella.
James retuerce la manga de su jersey negro con una mano. Entiende lo que Dev le dice. Lucy y Molly son diametralmente opuestas, a pesar de ser dos gotas de agua. En el fondo a James le da pena ver así a Devlin.
-¿Crees que tendré alguna oportunidad con Molly? No ahora, claro, pero en el futuro…
-No lo sé, Dev. - James se encoge ligeramente de hombros.
-Si no le gustase a Lucy… - Se lamenta el chico.
-No estoy seguro de que ese sea el problema. - Le dice James con toda sinceridad - Es que mi prima Molly y tú sois… Como el agua y el aceite.
Devlin Jones suelta un suspiro que pretende ser una carcajada velada. Por fin el muchacho alza la cara hacia James y el chico puede ver la tristeza dibujada en sus ojos.
-Será mejor que nos vayamos. - Murmurá Dev - Aquí hace mucho frío.
James asiente en silencio. Los dos muchachos se acercan a la puerta que da al pasillo, pero antes de que el ravenclaw llegue a girar el pomo de la misma, que ya sostiene con una mano, vuelve a hablar:
-Nunca te enamores de alguien que no esté a tu alcance, James. - Le dice el chico - Y si tienes la tentación de hacerlo, aléjate de esa persona. Te evitarás muchos malos ratos.
Luego Dev Jones sale del baño.
**
A Alya le gusta levantarse temprano los domingos. Le gusta porque no hay nadie fuera de su cama y el castillo parece pertenecerle. Le gusta ser capaz de escuchar el eco de sus pasos subiendo un tramo de escaleras y le gusta la tranquilidad que la envuelve a la hora del desayuno.
Los domingos por la mañana puede leer el periódico sin que nadie la moleste. Markus y Bill no son de esas personas que madrugan, así que suele verlos directamente a la hora de la comida. Los domingos por la mañana, Alya suele coger su escoba para volar un rato en el solitario campo de quidditch. Pero después de leer El Profeta, siempre después.
Aquella mañana, Alya está especialmente interesada en un artículo a doble página que habla de Hermione Weasley, la madre de Rose, que forma parte del Departamento para la Regulación de la Ley Mágica. Al parecer, la señora Weasley - debe ser un lío diferenciar a una de otra con tanta "señora Weasley" - ha abierto un atractivo debate dentro del Ministerio de Magia: la comunidad mágica debe poder votar a su Ministro de Magia.
Hasta el momento, la comunidad mágica inglesa ha cambiado de Ministro de Magia en función de las consideraciones de un Consejo Especial que se reúne cada cierto tiempo - nadie sabe el periodo exacto - para evaluar las acciones del Ministerio. Alya sabe que muchos piensan que ese "Consejo Especial" está formado por las figuras más representativas del Wizengamot, pero se ha desmentido una y otra vez en el periódico. Alya supone que lo que propone Hermione Weasley no va a dejar indiferente a nadie. Hasta donde ella sabe de Historia de la Magia, la comunidad mágica inglesa nunca ha votado a su ministro.
En el artículo, la señora Weasley explica por qué es necesario que se lleve a cabo esta reforma:
La comunidad mágica debe ser adulta de una vez. Debemos ser capaces de tomar decisiones. Hubo un tiempo, el más oscuro de nuestra historia, en el que no podíamos hacer nada, no teníamos mecanismos para actuar contra el terror, porque el Ministerio era algo ajeno a nosotros. No podemos seguir permitiendo que el Ministerio sea el lugar del que emana el poder y que nosotros no tengamos ninguna participación en él. Debemos participar. Debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad como individuos de la misma comunidad.
Y Alya está completamente de acuerdo. La comunidad mágica inglesa no tiene ninguna participación en las decisiones que toma su gobierno. Ni siquiera son capaces de presionar para cambiar algo desde fuera del poder, aunque claro, no es que haya mucha gente preocupada o comprometida que quiera cambiar el panorama.
Lo que yo propongo es una cosa bien sencilla. Lleva haciéndose durante mucho tiempo en el mundo muggle y se llama votar.
Alya sonríe, maravillada. Ya puede imaginarse cambiando activamente los males del mundo mágico. Además, piensa incluso que si finalmente la propuesta de Hermione Granger sale adelante, serán capaces de erradicar desigualdades entre especies mágicas y que la sociedad en general tendrá más control sobre sus propias vidas.
A continuación, le siguen muchas páginas que hablan de los pros y los contras de aquella propuesta, pero Alya quiere terminar su desayuno con buen sabor de boca, así que cierra el periódico, coge su escoba y sale con paso alegre hacia el campo de quidditch.
Fuera hace frío, aunque ha dejado de ser tan intenso. Los días finales de marzo suelen subir un poco las temperaturas para luego sumergirse en la sofocante humedad primaveral. Alya está deseando que llegue el buen tiempo. Su estación favorita es el verano, a pesar de aburrirse como una ostra en la tienda con su madre.
Camina colina abajo mientras canturrea entre dientes una canción que ni siquiera existe. Se siente entusiasta después de haber leído aquel artículo de El Profeta, pero toda su euforia se desvanece por completo cuando ve a un chico moreno de cabello desordenado sobrevolando el campo de quidditch.
Potter. James Sirius Potter.
¿Por qué tiene tan mala suerte? ¿¡Y desde cuándo madruga ese holgazán!? Alya disminuye el ritmo de su marcha mientras sigue con la mirada al muchacho de ojos oscuros que hace cabriolas en el aire. Deja la escoba apoyada contra una de las gradas de madera y se mete las manos en los bolsillos del abrigo negro. El frío le congela las yemas de los dedos y es de agradecer que no esté nublado. El sol calienta poco, pero algo es algo.
James Potter la ha visto allí, está segura. Le ha parecido ver cómo la mira mientras realiza un doble rizo horizontal. La chica toma aire. Ha ido allí a volar y es lo que va a hacer, esté James Potter, o no. Es más, puede que lo incordie un rato. Siempre es divertido ver a Potter perder los nervios.
-¡Buenos días, Potter! - Exclama Alya, sonriendo de lado a lado.
El chico la mira con semblante serio e inmutable.
-No te hacía tan madrugador. - Añade la prefecta acercándose al muchacho - ¿Entrenas tú solo? Si quieres podemos practicar juntos.
James alza una ceja y le lanza una miradita desdeñosa.
-No estoy para bromitas, Haworth.
-No era una broma. - Asegura Alya con inocencia.
-Lo que quieres es que te enseñe a jugar a quidditch. - Dice James con retintín.
-¿A mí? ¡Ja!
El chico levanta ahora las dos cejas. Parece falsamente ofendido y eso la divierte. Siempre ha tenido una inclinación malsana a pensar bien de James, ni siquiera sabe por qué. No le parece malo, solo es un chico… Bueno, James Sirius Potter es bastante difícil de definir. Pero Alya sabe que no tiene maldad alguna y hasta cierto punto le parece tierno, sobre todo desde que piensa que el muchacho tiene una infantil necesidad de sentirse incomprendido. Antes, cuando eran más pequeños, no era tan de aquella manera. Conforme han ido creciendo, Alya se ha percatado de que a James Potter le gusta pasar tiempo solo, y no porque no quiera estar con sus amigos, sino más bien da la sensación de que le gusta marcar la diferencia entre ellos y él.
-¿Qué quiere decir ese "ja"? - Pregunta James con la vista entrecerrada.
-Quiere decir que no creo que tú tengas mucho que enseñarme. - Sonríe Alya con amplitud.
Y ve que el muchacho toma aire pesadamente, y que sus labios se convierten en una fina línea enojada. Y esto a Alya siempre le ha divertido mucho. Le divierte sacarlo de sus casillas, sin contar lo guapo que está cuando se enfada. Es un asco que James Sirius Potter sea tan guapo, la verdad. Ella no es una de esas personas superficiales que solo se fijan en el físico, pero lo evidente es lo evidente. Suerte que Bill no sepa Oclumancia.
-¿Quieres que echemos un uno contra uno? - Pregunta James con tono desafiante.
Alya se encoge de hombros. El muchacho interpreta aquello como un "sí".
-Pero luego no llores, Haworth. - Le dice James, al mismo tiempo que ambos descienden hasta le césped húmedo y frío.
-Lo mismo te digo. - Sonríe Alya.
James y la chica se encaminan hasta el vestuario para coger una pelota. Alya supone que cogerán una snitch y competirán para ver quién la coge primero. La puerta del vestuario está cerrada cuando ellos llegan allí. James abre y baja la pequeña fila de escalones que llevan hasta la sala de vestuario embaldosada en blanco. Los bancos de madera son nuevos y se encuentran dispuestos en el centro del habitáculo. En la pared del fondo están las duchas, y junto a ellas, en un lateral, está situado el armario donde se guardan las pelotas de quidditch.
Cuando están abajo, escuchan la puerta de la entrada cerrarse de un golpazo. Alya se sobresalta ligeramente, pero enseguida reacciona y piensa que ha debido ser el aire. James, por su parte, no parece haberse inmutado siquiera. Abre la puerta del armario y tira de uno de los baúles. Luego lo abre y coge una snitch dorada.
-Toma. - Le dice a Alya, tendiéndole la bola alada.
La chica la coge antes de que eche a volar y sea más difícil pillarla. Luego James vuelve a empujar el pesado baúl dentro del armario, se pone en pie y cierra la puerta. Camina delante de Alya hasta la salida del vestuario. Ella lo sigue en silencio, observando las alitas de la pequeña bola dorada que tiene presa en un puño.
-¿Qué pasa aquí? - Pregunta James desde lo alto de las escaleras.
Alya lo mira sin entender qué quiere decir, entonces ve al chico forcejeando con la puerta.
-Maldita sea… - Gruñe Potter entre dientes. Luego una ráfaga de sacudidas por su parte hacen que la puerta repique violentamente.
-¿Qué pasa? - Pregunta por fin Alya, subiendo los escalones hasta llegar junto al chico.
-Está cerrada.
La prefecta mira a James y luego, a la puerta.
-¿Cerrada?
-Sí, joder, cerrada. - Contesta Potter de malas maneras.
-¿Cómo que cerrada?
-Cerrada significa que no se abre, Haworth. Es increíble que tengas una nota media tan alta. - Dice de mal humor el buscador.
-Lo que quiero decir es que cómo puede ser que no se abra. - Le contesta Alya alzando las cejas.
-Buena pregunta. - James vuelve a forcejear con la puerta - Nada. No se abre.
-¿Has probado con un alohomora?
James niega.
-Alohomora.
- Dice Alya, apuntando con su varita hacia la cerradura.
Y no pasa nada.
-¡Alohomora! - Vuelve a exclamar.
La puerta sigue sin dar señales de ir a abrirse.
-¡ALOHOMORA! ¡ALOHOMORA!- Mueve la varita violentamente.
-No se va a abrir porque le grites. - Señala Potter, cruzándose de brazos a su lado.
-¿Y si lanzamos un hechizo bombarda? - Pregunta ella, que empieza a notar los primeros síntomas de la ansiedad.
-¡Oh, sí! ¡Qué gran idea! ¿Por qué no volamos el vestuario por los aires? - Pregunta James con tono sarcástico.
-¿Y qué sugieres? - Alya lo mira cruzada de brazos.
-Pues no sé. Ya se nos ocurrirá algo. Volar la puerta debería ser nuestra última opción.
-¿En serio me estás diciendo eso?
James Sirius Potter baja las escaleras después de suspirar con fuerza.
-¡Volaste un retrete en segundo curso! - Le recuerda Alya al chico, bajando las escaleras tras él.
-Eso es diferente.
-¿Ah sí? ¿En qué?
-Fred dijo que no tenía huevos a volar el retrete. - Explica Potter, como si eso fuese un motivo de peso y estar encerrados en el vestuario no.
La slytherin frunce el ceño. A veces Potter parece estúpido, completamente estúpido.
-¿Estás diciéndome que solo tendría que decirte que no tienes huevos a volar la puerta del vestuario para que lo hicieses?
-No. Lo que tú digas no tiene ningún efecto sobre mí. Solo surtiría efecto si lo dijesen Fred o Lorcan.
-Genial…
Alya Haworth suspira. La pequeña snitch aún intenta escapar de su agarre. La mira detenidamente antes de abrir el puño. Parece que van a estar allí un rato.
**
James Potter se recuesta contra la pared. No sabe cuánto tiempo van a estar allí, así que es mejor que se ponga cómodo. Alya Haworth no deja de probar hechizos en la puerta, pero ninguno surte efecto. La snitch dorada revolotea alrededor de James, como una especie de mascota, y el chico se para a pensar si podría domesticar a aquella rebelde pelotita.
-No hay manera de abrir esa maldita puerta.
- Se queja Haworth, apareciendo de nuevo desde las escaleras - ¿Qué narices sucede? ¡Es imposible que no se abra!
James se encoge de hombros.
-Veamos, repasemos lo que ha sucedido. - Alya camina de un lado a otro, frente a él - Hemos oído la puerta cerrándose de un portazo por el viento y cuando hemos ido, ya no podíamos abrirla…
-Suponemos que ha sido el viento. - Interrumpe James.
-¿Qué quieres decir?
-Tal vez algún gracioso o graciosa nos haya encerrado aquí. Es bastante raro que no podamos abrir la puerta. Seguramente le han lanzado un hechizo. - Le hace notar James a Alya - No creo que tarden mucho en notar que no estamos.
-Nadie sabe que yo estoy aquí. - Informa la chica.
-Fred, Lorcan y Lysander saben que yo estoy aquí. Enseguida vendrán y nos sacarán. - Asegura James.
-¿Y si piensan que te has ido?
-Nos sacarán. - Repite James, dando por zanjada la cuestión.
Alya Haworth suspira y toma asiento frente a él. Parece algo nerviosa.
-¿Qué te pasa? - Pregunta James con desgana.
-No me pasa nada. Es solo que no me gusta estar aquí encerrada.
-Bueno, no es como si estuviéramos en un armario. Puedes levantarte y mover las piernas, y ya te he dicho que nos sacarán. - James estira las piernas - He quedado con Fred y Lorcan, así que, si no aparezco vendrán a buscarme aquí.
La chica se pasa la lengua por los labios.
-Además, - añade James - digo yo que tu novio te echará de menos, ¿no?
No es que quiera hablar de ese tema con ella, pero algo invisible y bastante rastrero lo empuja en esa dirección. La verdad es que le importa poco que Haworth salga con Simons. Esa relación está condenada al fracaso, James está seguro. Jamás lo dirá en voz alta, pero Simons es poca cosa para alguien como Alya Haworth.
La chica no parece cabrearse por las palabras de James. Nunca ha soportado esa superioridad de Haworth. Siempre parece como más mayor, como si fuese más madura que él y estuviese por encima de sus comentarios.
-¿O ya no estáis juntos?
Sabe que están juntos. Lo sabe porque los ha visto besuquearse por todos los puñeteros rincones del castillo. Dan asco.
-No sabía que te interesase tanto mi vida. - Responde Alya.
-No me importa. - James se mira los dedos de una mano con sumo interés - Era por hablar de algo.
-Pues sí, estamos juntos.
-He dicho que no me importa. - Dice el chico.
-Me has preguntado. - Dice Alya, encogiéndose de hombros.
-Pues no me interesaba.
-Entonces no haber preguntado.
Alya juguetea con la snitch. La coge y vuelve a soltarla mientras James la observa.
-¿Y ya le has dicho que te gusto? - Pregunta él con la única intención de cabrearla.
-Tú no me gustas, Potter. Ni en un millón de años me gustarías. - Contesta Alya con suficiencia.
-Merlín… Pero qué mal mientes. - Sonríe él.
Haworth le lanza una mirada furiosa y James nota que se le eriza el vello de gusto.
-No me gustas. - Repite con determinación - Nunca me has gustado y no me vas a gustar.
-Claro, claro, convéncete a ti misma de eso. - James empieza a divertirse.
-¿Por qué insistes tanto? ¿No tendrás algo que decirme, Potter? - La chica sonríe con las cejas en alto.
James la mira con desdén.
-¿Vas a negar que me besaste las navidades pasadas? - Pregunta él, dando donde más le duele - Me besaste antes que a Simons.
La sonrisa se borra de la cara de Alya Haworth, que ahora se pone a la defensiva.
-Solo te besé porque dijiste que preferías besar el culo de un babuino antes que a una slytherin. - Le recuerda Alya.
-Pero me besaste. - Sonríe James - No te preguntaré si te gustó, porque es evidente que sí.
-Bill besa mejor que tú. - Tercia Alya.
James Sirius Potter lanza un ruidito cargado de resentimiento. Intenta continuar sonriendo, pero es difícil después de haber recibido aquella ofensa. ¿Que Simons besa mejor que él? ¡Una mierda! Le está mintiendo. Está diciéndole aquello solo para cabrearlo.
-Ya, más quisieras…
-Hoy tu tía Hermione aparecía en el periódico. - Haworth cambia de tema bruscamente.
-¿Ah sí? ¿Qué decía? - Pregunta James con desgana, aún dándole vueltas a eso de que Simons besa mejor que él.
-Quiere que el Ministro de Magia sea elegido por toda la comunidad mágica.
-¿Sí? - James frunce el ceño - ¿Eso es posible?
-Pues tu tía cree que sí. A mí me parece una idea muy acertada.
-¿Cómo se elige ahora al Ministro? - Pregunta el chico.
-Es increíble que no lo sepas. - Alya menea la cabeza - La mayoría de tu familia son altos cargos en el Ministerio.
-Me lo vas a contar, ¿o no? - James se cruza de brazos.
-El Ministro es elegido por un consejo extraordinario. Nadie sabe quiénes son los miembros.
-Ahora me explico muchas cosas… - Dice James medio en broma.
-Como te imaginarás, en esas elecciones secretas pueden tener lugar muchos tratos… de dudosa legalidad.
-Vaya… - James se pasa una mano por la barbilla.
Alya suspira y mira alrededor.
-Oye, aquí no viene nadie. - Señala - ¿A qué hora habías quedado con tus amigos?
-Vendrán. - Asegura James.
-Vale, pero ¿a qué hora habéis quedado?
-¿Por qué tienes tanta prisa?
-Pues porque tenía otros planes para mi mañana de domingo. - Dice ella.
-Yo tampoco tenía entre mis planes estar encerrado contigo en el vestuario, si eso te consuela. Podemos jugar a algo para pasar el rato.
-¿A qué? - Pregunta ella.
-No sé…
-¿Jugamos a "verdad"? - Sugiere Alya.
Alya Haworth suspira con una sonrisa liviana. Se pasa una mano por el cabello corto y desarreglado. A James le parece que está guapísima y se odia a sí mismo por pensar aquello. Pero sobre todo se odia por haber sido él quien ha sellado la puerta de los vestuarios.
A veces no entiende por qué hace las cosas que hace.
Pues nada, solo quería deciros que espero que os guste. Quedan dos capítulos para terminar quinto curso. Después empezaré con la fanfic ^^ Ya está todo pensado, a ver si tengo tiempo para escribir =( Gracias por estar ahí y por comentar, de verdad. Besitos!! ;)