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Historia 176288 — capítulo 9
NO PUEDE GUSTARLE
Alya Haworth sonríe con satisfacción en cuanto termina de ordenar las túnicas de gala para la temporada de verano en los percheros corridos de la tienda. Su madre ha hecho reformas hace apenas dos meses y ahora la tienda es más luminosa y bonita. Ha cambiado el papel de las paredes a colores más brillantes. Hay sillones tapizados en verde y color crema para que la gente espere cómodamente, maniquíes de madera estilo años veinte pueden verse aquí y allá, ataviados con las creaciones de su madre, que ya no solo hace túnicas para magos, sino que ha empezado a diversificar el negocio.
Las generaciones más jóvenes de magos y brujas ya no se visten a la manera tradicional, excepto en actos oficiales o en los que es necesario ir elegante. La ropa muggle es mucho más cómoda, pero también es difícil de conseguir cuando no tienes ningún lazo con el mundo muggle, sobre todo por el tema del cambio de moneda, así que Regina Haworth ha visto la oportunidad perfecta para hacer remontar su negocio. Y lo cierto es que le va muy bien. Además, Regina Haworth conoce los peculiares gustos de los magos y usa telas y diseños que jamás encontrarías en una tienda muggle, como por ejemplo, vestidos de color esmeralda, camisetas con estampados personalizados con la forma de tu patronus, etc.
-Cariño, ¿puedes ayudarme a colgar estas faldas allí? - Pregunta su madre, cargada con un montón de faldas vaqueras y de tela.
Alya corre a quitarle unas cuantas de encima. Luego las pone sobre un butacón verde oscuro y comienza a colgarlas en otra percha corrida que su madre va a poner junto a los probadores. Apenas hace dos semanas que la chica disfruta de las vacaciones de verano, si es que puede llamarse vacaciones a terminar los exámenes en el colegio y ponerte a trabajar en la tienda de tu madre. Pero Alya no es de esas personas que se quejan por todo, así que se toma aquello como una manera de pasar más tiempo con su madre.
-A las doce viene la señora Weasley. - Dice Regina, alzando las cejas con agotamiento - Y creo que viene con todas sus nietas. Van a dar una fiesta en un par de semanas para presentar la propuesta de su nuera, Hermione Granger. Se ha vuelto a poner su apellido de soltera.
La muchacha se limita a colgar faldas mientras su madre le habla.
-¿Te enteraste de lo que dijo? Cree que es posible que el Primer Ministro de Magia sea elegido por la comunidad mágica…
- Regina lanza un ruidito desdeñoso que a Alya no le gusta nada - No sé dónde tiene la cabeza esa mujer. Será muy inteligente, pero no sabe nada del mundo en el que vive. ¿Es que no nos va bien así? Las personas mejor preparadas eligen a nuestro dirigente. Me parece bastante lógico…
-Pero eso puede dar lugar a corruptelas, mamá. - Dice Alya con cautela.
-¿Corruptelas?
-No me irás a decir que no hay tratos de favor en el Ministerio, ¿verdad? - La chica enarca una ceja y mira a su madre, que parece sorprendida.
-¿Es que crees que Hermione Granger pretende otra cosa que no sea conseguir poder? Toda la familia Weasley y los Potter están metidos en el Ministerio. Todos tienen puestos de responsabilidad. Ya viste la casa que tienen los Potter en el Valle de Godric. Se están convirtiendo en la nueva familia de referencia del mundo mágico. Nadie es ahora mismo tan influyente como ellos…
-Es que gracias a ellos todos estamos vivos. - La interrumpe Alya con la vista puesta en la falda.
Su madre entreabre los labios como sorprendida y esto hace que Alya se enfade un poco. ¿Es que su madre no ve que Hermione Granger solo quiere que todo el mundo mágico pueda participar de las decisiones importantes?
-Tú no estás viva gracias a ellos. Eso te lo puedo asegurar. - Dice Regina pasados unos minutos - Deja esto y ve a comprar un té helado a Florean Fortescue. - Le ordena a continuación, quitándole la falda que sostiene entre las manos - Y tú cómprate lo que quieras.
Alya aprieta los labios pero no contesta a su madre, en primer lugar porque odia discutir con ella y sabe que es una tontería, pero es que además no sabe a qué ha venido eso de que "no está viva gracias a ellos". ¿De repente a su madre le da por ponerse misteriosa o es ella la que ve dobles sentidos detrás de una afirmación sin más?
En cualquier caso, Alya sale al soleado Callejón Diagon, que a aquellas horas de la mañana está repleto de gente haciendo sus compras o pasando el día allí. Avanza entre el tumulto como puede, calle arriba, y llega a la heladería que ahora regenta la hija del difunto señor Fortescue. Margueritte Fortescue, a la que todos conocen como Marge o Maggie, una mujer de aspecto afable y dedos regordetes cuyo cabello rojizo hace que muchos la confundan con una Weasley. Su hija, Azalea Fortescue, es una bonita chica con la cabeza repleta de bucles de un rubio cobrizo, como el de su madre, y de bonitos modales que siempre ayuda a sus padres en la heladería en verano. Es un año más pequeña que Alya, de la edad de Rose y Roxanne Weasley, con la diferencia de que ella pertenece a la casa de Hufflepuff.
-Buenos días Alya. - Le dice la chica, dedicándole una gran sonrisa que Alya devuelve educadamente.
-Buenos días.
-¿Qué quieres?
-Un té helado para llevar y… - Alya mira los recipientes repletos de diferentes sabores pasándose un dedo por la barbilla con ademán pensativo - Un helado de pistacho con un poquito de nata, si puede ser.
-Marchando.
Alya sonríe, aunque Azalea no la mira porque está preparando lo que acaba de pedir.
-¿Estás tú sola? - Pregunta Alya para romper el silencio.
-Mi madre viene ahora mismo, ha ido a comprar unas cosas. Papá se encontraba mal esta mañana, así que le hemos dicho que se quedase descansando. - Le cuenta la chica. Alya siempre se pregunta por qué el padre de Azalea decidió adoptar el apellido de su esposa, cuando lo normal es que se haga al revés o, en todo caso, que la mujer en cuestión mantenga su apellido de soltera sin más. Supone que tal vez se deba al éxito y renombre de la heladería.
-Espero que se mejore.
-Gracias.
La puerta se abre tras ellas y el tintineo de unas campanitas las avisa suavemente. Por inercia Alya gira el rostro. Su sonrisa se borra por completo al ver a James Potter y Fred Weasley adentrándose entre ruidosas carcajadas en la tienda.
-Buenos días. - Dicen los chicos al unísono.
Alya vuelve los ojos al frente. No soportaría que Potter pensase que es de interés para ella, porque no lo es, eso que quede claro.
-Hola. - Contesta Azalea, que ya ha puesto el té helado sobre el mostrador y le sirve el helado de pistacho a Alya
- ¿Todo bien, James?
Y ese "James" le suena a Alya raro, como demasiado cercano y anhelante al mismo tiempo, así que mira a la chica y ve que se ha sonrojado un poco mientras Potter se apoya en el mostrador de la heladería y la mira sonriendo de lado a lado.
-Ahora que te veo, sí. - Contesta el aprendiz de donjuán.
Alya Haworth intenta no hacer ningún gesto que la delate, pero no le faltaron las ganas de lanzar un gruñidito airado. Lo único que se permite hacer es suspirar para llamar la atención de Azalea. La chica de ojos azules da un respingo y continúa sirviéndole el helado.
-Oh, vaya, Haworth… - James la mira como si no la hubiese visto antes, aunque Alya sabe que eso es imposible - Qué sorpresa. - Se notaba el sarcasmo a leguas - ¿Dónde te has dejado a tu gorila particular?
La chica morena se muerde el labio inferior. Lo que más le molesta a James Potter es que lo ignoren. No lo soporta. Así que Alya ni se digna a mirarlo, a pesar de que nota los ojos del guapo buscador de Gryffindor clavados en ella.
-¿Te deja venir sola a comprar un helado?
- Prosigue él con sorna.
Azalea Fortescue aparece frente a Alya con el helado y el té justo en ese momento.
-Son tres sickels y cinco nutts. - Dice la chica pelirroja.
Alya le da cuatro sickels, porque es lo que lleva en el bolsillo, así que espera a que le devuelva los nutts que le corresponden mientras nota la mirada oscura y jactanciosa de Potter sobre ella. Pero no han pasado ni tres segundos cuando Azalea le extiende un puñadito de monedas.
-Que pases un buen día. - Le desea Azalea, que parece deseosa de que Alya la deje con James y Fred.
-Igualmente. - Dice la slytherin bastante más malhumorada que al entrar en la heladería.
Luego se vuelve airadamente hacia la puerta. Ve que Fred Weasley la mira de arriba abajo, será por sus shorts vaqueros.
-Dale recuerdos a Simons de mi parte. - Escucha decir a Potter tras ella.
La puerta se cierra a su espalda y por fin respira tranquila. El tumulto la acoge de nuevo.
James Sirius Potter se despide de la guapa Azalea Fortescue. Sabe que está colada por él porque se sonroja cada vez que lo ve, ya sea en el colegio o en el Callejón Diagon, y siempre lo mira con ojitos de cordero degollado. El buscador de desordenados cabellos oscuros debe reconocer que empieza a cogerle el gusto a eso de parecerle guapo a las chicas, tema que hasta ese momento ha permanecido en un segundo plano de importancia para él, pero James ya está en "esa edad", ya sabéis, la edad en la que parece que tener éxito con las chicas es crucial, y pasarán varios años hasta que James se dé cuenta de que con tener a la persona adecuada basta y que es lo único que te hace realmente feliz. Pero ahora James solo tiene dieciséis años y hay muchas chicas bonitas que se deshacen en halagos y atenciones hacia él.
Fred y él recorren el Callejón Diagon hacia la tienda de su tío George. Ese verano su prima Victoire se ha ido con Teddy a Francia para visitar a la familia de su madre Fleur, así que su tío les da unos galeones a su hijo y a él por ayudarle en la tienda. A la abuela Molly no le gusta demasiado. Dice que no deben perder de vista que lo importante es el estudio, pero para ser sinceros, James tiene muy claro que en cuanto termine su último año en Hogwarts se va a dedicar al quidditch o se va a meter en la tienda de Sortilegios Weasley. Alguien tiene que continuar con el negocio familiar, ¿no?
-Mira, ahí están todas. - Dice Fred, señalando con un dedo a la tienda de la madre de Haworth.
James y su primo se acercan al ventanal de la tienda. Dentro están todas sus primas, su abuela y su hermana. Todas hablan y ríen. Aquello debe ser una locura. Su hermana Lily corre hacia un butacón y es entonces cuando James se da cuenta de que su hermano también está allí.
-¿No te parece que Haworth está como más buena? - Pregunta repentinamente su primo, cuyo fuerte no es la delicadeza - Al final voy a romper mi promesa de no fijarme jamás en una slytherin.
El buscador de Gryffindor suspira. Luego le da un lametón a su helado de nueces caramelizadas con nata.
-Te conformas con cualquier cosa. - Le dice James.
-Es guapa, tiene unos ojos bonitos. - Opina Fred.
-Me decepcionas Fred. - Dice el chico - Bastante tengo que aguantar con saber que le gusta al memo de mi hermano. No me des tú otro disgusto.
Fred suelta una carcajada y menea la cabeza.
-Mira quien viene por ahí. - Le dice entonces, dándole un codazo en las costillas.
James se vuelve un poco hacia la izquierda para mirar "con disimulo" - o lo que él cree que lo es - y es cuando ve al peor de sus enemigos dirigiéndose hacia ellos: Bill Simons. El rubio slytherin nunca ha sido santo de su devoción, pero es que últimamente no puede soportar verlo. Su cuerpo entra en estado colérico cada vez que lo tiene cerca. Y si además Simons le dedica una sonrisita burlona antes de entrar a la tienda de su novia y besarle los nudillos con petulancia, la manía que le tiene James crece aún más. ¿Pero quién se cree que es? Le encantaría ir y decirle que ha besado a Alya antes que él, pero que no es que le interese una chica tan gruñona y amargada como Haworth, por eso se la puede quedar, aunque si a James le interesase, Simons no tendría nada que hacer. Debería darle las gracias por mostrarse indiferente con su novia.
-Menudo gilipollas. - Murmura Fred - Ya verás la tarde que va a dar mi hermana…
James dirige un rápido vistazo a su prima Roxanne. La chica mira con ojos tristes a Simons y Haworth, que ahora hablan detrás del mostrador de la tienda. A James no le ha pasado desapercibido que no se han besado, aunque claro, tal vez se corten un poco delante de la señora Haworth. James sabe que a su prima Roxie le gusta el mendrugo de Simons. Debe estar ciega o tener algún tipo de problema mental.
-Vamos a la tienda, anda. - Dice James, caminando de nuevo calle abajo.
Fred le sigue sin rechistar. Cuando llegan a la tienda ven a un alto y rubio muchacho observando con embeleso la estantería de novedades.
-¡Coño, Lorcan! - Exclama Fred con sorpresa.
-¡Chicos! - Lorcan se vuelve hacia ellos, sonriente - ¿Qué tal estáis?
-¿Qué haces aquí? - Pregunta James - ¿No estabas con tus padres en Australia buscando billywigs?
-Pues sí, pero resulta que a Lys no le viene bien el clima australiano, así que mamá nos envió para acá con un traslador. Hemos llegado hace un momento.
James alza las cejas.
-¿Y dónde vais a quedaros? - Pregunta Fred.
-En casa de James. - Contesta Lorcan todo sonriente - ¿Es que no os lo han dicho?
-¡No! - Exclaman James y Fred al unísono.
-¡Pero eso es genial! - James coge a su alto amigo de los hombros - ¡Vamos a pasar todo el verano juntos!
-Así es. - Lorcan sonríe - Bueno, excepto las dos últimas semanas de agosto.
-¿Y dónde está tu hermano? - Pregunta Fred, mirando a su alrededor como si Lysander fuese a aparecer de repente junto a ellos.
-Se ha mareado un poco. Está con tío George y tío Ron en el despacho. - Les cuenta Lorcan.
Y James mira las escaleras de madera que llevan hasta la segunda planta.
-¡Eh! ¡Vosotros dos! ¡Dijisteis diez minutos y ya hace rato que pasaron!
Lorcan, Fred y James miran al fondo de la tienda. Su primo Hugo está aún detrás del mostrador, donde lo han dejado para ir a comprar un helado. La tienda está llena de gente, por eso Fred y James han considerado oportuno dejar un vigilante.
-Ya vamos. - Dice Fred con desgana - Venga, ya puedes irte mocoso.
-Tenéis un morro… - Se queja Hugo, que sin embargo sale apresuradamente del mostrador - ¿Dónde están las chicas?
-En la tienda de la señora Haworth. - Contesta James, dándole un manotazo a su primo en la nuca - ¿Tú también quieres un vestidito, Hugo?
Los tres amigos ríen con guasa.
-Muy gracioso, James. - Hugo bufa antes de salir de la tienda y dejar a sus primos y Lorcan en el mostrador.
-¿Cuántos años tiene Hugo? Está como muy alto, ¿no? - Pregunta Lorcan.
-Cumple los catorce en diciembre. - Contesta Fred - Así que te quedas con nosotros en verano.
-Así es.
-Pues nosotros trabajamos en la tienda. - Le hace saber James.
-Bueno, cuando me apetezca puedo venir con vosotros y si no, me quedaré acostado mientras vosotros madrugáis para trabajar.
- Lorcan sonríe con malicia.
James está emocionado ante la perspectiva de pasar gran parte del verano con Lorcan en su casa. Podrán hacer un montón de cosas. Jugarán a quidditch - porque con Albus no se puede contar para eso -, tramarán travesuras contra sus respectivos hermanos, se bañarán en el lago que hay a las afueras del Valle de Godric…
-¡James! ¡Que te quedas embobado! - Fred le da un golpe en el hombro - Sigue colocando lo que ha dejado mi padre en el escaparate.
-¿Y a ti quién te ha nombrado el jefe? - Pregunta James con el ceño fruncido.
-Yo lo coloqué la semana pasada, ya hemos hablado de esto. Es lógico que esta semana te toque a ti. - Replica Fred con justicia.
-Venga que te echo una mano. - Dice Lorcan, poniéndole a James una mano sobre el hombro.
Ambos caminan hasta el escaparate, donde su tío George ha dejado una caja con los nuevos artículos que deben ser expuestos. El espacio es pequeño para dos chicos como Lorcan y él, así que tienen que moverse como pueden, intentando no tirar nada de lo que ya hay colocado.
Desde allí se ve el ir y venir de la gente por el Callejón Diagon. Instintivamente James dirige la vista hacia la puerta de la tienda de Haworth, que está un poco más arriba y en el lado contrario. Luego vuelve a su tarea, que es justo lo que estaba haciendo antes de ver salir a Alya Haworth de la tienda de su madre.
Sí. La ha visto desde el escaparate y no ha podido evitar seguirla hasta la heladería. Ha sido fácil convencer a Fred de que fuesen a por un helado. Ni siquiera puede explicarse a sí mismo qué pretendía yendo detrás de Haworth hasta Florean Fortescue, la verdad. Últimamente se comporta como un idiota.
Lily Potter siempre le ha parecido adorable. Es guapísima y tiene una de esas sonrisas que se te quedan grabadas en la retina, como si brillase. Alya sabe que el próximo curso Lily cumple los catorce. En marzo, si no recuerda mal. Y la verdad es que la pequeña de los Potter ya va pareciendo una mujercita. Alya está ansiosa por ver qué hace James cuando la pelirroja tenga a un séquito de chicos detrás, porque los tendrá, de eso no cabe la menor duda. Ya puede imaginar la cara de su hermano mayor, con los labios graciosamente fruncidos y los brazos cruzados, porque si James ya es muy sobreprotector con sus primas, no quiere pensar cómo será con su hermana. Su única hermana.
-Cariño, ese te queda precioso. - Dice Molly Weasley, admirando a la menor de todas sus nietas con ojos brillantes.
Y la verdad es que Lily está radiante con el vestido de seda verde que la madre de Alya le ha sacado para que se pruebe. La prenda tiene la cintura baja y cuello de hombros caídos, lo que le da un aire más aniñado aún.
-El verde te favorece mucho, igual que a tu padre. - Añade la abuela de la niña - ¿Te gusta este mi pequeña?
-Sí, este está bien. - Afirma Lily, que no parece demasiado interesada en el vestido en sí.
-Perfecto. ¿Quién es la siguiente? - Pregunta Regina Haworth mientras ayuda a Lily a quitarse el vestido por la cabeza.
-Molly, venga, eres la siguiente. - Dice la abuela de las chicas, moviendo las manos para indicar a su nieta que se acerque.
La muchacha pelirroja de ojos azules deja el libro que está leyendo sobre las rodillas de su primo Albus y se sube al escabel para que le tomen las medidas.
-¿Entonces no puedes escaparte ni un ratito?
- Le pregunta Bill, apartándole un mechón de pelo y guardándoselo tras la oreja.
-Lo siento Bill, pero ya ves cómo está la tienda. - Le susurra ella.
-Sí, llena de Weasleys. - Murmura Bill por lo bajo al tiempo que arruga la nariz.
-¡Bill! - Le reprende Alya, temerosa de que alguien lo haya escuchado.
-Es una broma. - Sonríe su novio - Estaré en la tienda de quidditch, ¿de acuerdo? Puede que te compre una sorpresita. - Le susurra al oído antes de darle un beso junto a la comisura de los labios.
Alya sonríe con algo de reparo. Llevan saliendo cinco meses y todavía se siente incómoda cuando Bill se le acerca de esa manera. Le ha dicho que nada de besos en la boca delante de su madre, a pesar de que la mujer está enterada de la relación que mantiene su hija con el heredero de los Simons. A decir verdad, Regina Haworth se alegró muchísimo cuando Alya le contó que Bill y ella habían empezado a salir. Su madre cree que la familia de Bill es distinguida y que no va a encontrar un partido mejor.
Lo cierto es que en Gran Bretaña no se sabe mucho de la familia de Bill salvo que vinieron hace unos ocho años desde Estados Unidos y que tienen mucho dinero. Muchísimo. Más del que Alya imagina, de hecho. El señor Simons tiene muchos negocios en Estados Unidos y Bill le ha contado que está intentando implantarlos también en suelo inglés, pero Alya no sabe exactamente qué son esos "negocios".
Bill Simons se dirige a la puerta después de despedirse de todos los presentes con un escueto "adiós". A Alya no le pasa desapercibida la mirada que Roxanne Weasley le lanza a su novio. Aunque claro, también sabe que Bill y Roxanne han tenido algún que otro acercamiento amoroso. Sabe que la guapa Roxanne, de bronceada piel y cabellos rojizos y rizados, está muy colada por Bill, así que a ella debe odiarla seguramente.
-Bueno, creo que me voy a dar una vuelta.
- Dice entonces Roxanne, que ya ha elegido su vestido - ¿Os venís, chicas?
Alya sabe que no es casualidad que Roxanne decida marcharse nada más salir Bill por la puerta. Sus primas asienten casi al unísono. Dominique, Lucy, Rose, Roxanne y Lily se despiden de su abuela y de Molly, que parece querer terminar aquello cuanto antes, antes de salir en fila al caluroso callejón. Es entonces cuando Albus se acerca a Alya con una sonrisa amable en los labios.
-¡Molly, querida, con las piernas tan bonitas que tienes! ¿Por qué no las enseñas un poquito? - Exclama la señora Weasley de repente.
La slytherin se dedica a ordenar las cajas de tela que su madre ha sacado para enseñarles a las chicas Weasley.
-¿Quieres que te ayude? - Le pregunta Albus atentamente.
-No, tranquilo, si mi madre ve a un cliente ayudándome… - Alya le devuelve la sonrisa.
-Está bien. Como quieras.
Alya continúa guardando telas y ordenando cajas mientras las voces de su madre y de la señora Weasley llegan a sus oídos.
-Oye, este fin de semana vamos a dar una fiesta en casa por tía Hermione, - dice Albus - y si no tienes nada que hacer, me gustaría que vinieras. No sé si sabrás que ha conseguido que su propuesta sea votada.
-¿En serio? - Alya mira a Albus con una sonrisa de oreja a oreja - Me encantaría ir.
-Sí. Bueno, si quieres puedes venir el fin de semana entero… Si tu madre te deja, claro. Sé que te gustaría mucho hablar con ella.
-Espera, ¿es algo familiar? Quiero decir, ¿irá solo tu familia? - Pregunta Alya con reparo.
-No, no. Habrá mucha gente del Ministerio invitada, amigos de mis padres y demás, ya sabes…
-En ese caso… - Alya se encoje de hombros.
Y Albus sonríe, porque seguramente se alegra de haberla hecho feliz con tan poco como invitarla a pasar dos días en su casa.
-Podrías dormir en una de las habitaciones de invitados. - Le dice el chico.
-Bueno, primero tendré que preguntarle a mamá. - Alya mira en dirección a la rubia costurera - Mañana te confirmo si voy o no.
-Mañana no vendré. Hoy solo hemos venido para que mis primas y mi hermana encargasen los vestidos. - Informa Albus.
Alya frunce los labios, pensativa. Ojalá pudiese enviarle una lechuza, pero no tiene ninguna propia, así que eso queda descartado. ¿Cómo podría avisar a la familia Potter de que asistirá? Y entonces, como si estuviesen mentalmente conectados, ambos se miran.
-Se lo puedes decir a mi hermano. - Dice el slytherin - Él viene todos los días con tío George.
La morena se muerde disimuladamente el labio inferior. Asiente con fingida tranquilidad, como si no le importase nada ir a decirle a James que pasaría dos días en su casa. Bajo su mismo techo. Que comería con él en la misma mesa. ¡Merlín! ¡No había caído en la cuenta! ¿Y qué va a decir Bill cuando se lo cuente? No, no, no. No puede ir.
Pero es que tiene tantas ganas de poder hablar con Hermione Granger… ¡A la porra con Bill!
-Mañana se lo digo a él en ese caso. - Sonríe Alya.
-Genial.
Su madre la llama para que le lleve otra muestra de tela. Molly Weasley "segunda" resopla con impaciencia.
James Sirius Potter coge una de las cajas cargada de artículos que debe ordenar en la estantería dedicada a "juguetes infantiles". El palo de una escoba para menores de 3 años asoma entre las solapas de cartón a medio abrir. Fred está ayudando a su padre en el despacho. Tío George le ha encomendado la tediosa tarea de realizar el inventario del mes de julio. James ha tenido la suerte de librarse aquella vez, pero sospecha que en agosto le va a tocar a él… Qué coñazo.
Pero bueno, hasta el mes que viene aún queda mucho tiempo. Por el momento va a preocuparse de ordenar las cosas antes de que empiece a llegar gente, que después es imposible moverse por la tienda. Halckeyestá limpiando el escaparate por fuera. James le lanza una mirada fugaz y se pregunta cómo es posible que tenga tanta energía siempre. Las orejotas del elfo se mueven arriba y abajo, y a pesar del esfuerzo que debe estar haciendo - porque el escaparate está compuesto por un montón de pequeñas ventanas enmarcadas en un ventanal saliente mucho mayor -, Halckey sonríe mientras canturrea. James no puede oírlo bien, pero lo ve muy animado y el sonido amortiguado de su voz se cuela hasta el interior de la tienda.
Cuando llega a la estantería en cuestión, el muchacho deja la caja en el suelo. Antes de agacharse sobre ella para vaciarla, mete una mano en el bolsillo derecho de su pantalón vaquero y coge un caramelo relleno chicle-globo con el que nunca dejas de hacer pompas. Luego, el chico se pasó una mano por el cabello despeinado
- imposible de peinar - y se puso manos a la obra. Escobas para los más pequeños que no se levantan más de dos palmos del suelo en la parte más alta, los míticos gobstones explosivos y otros juegos de mesa, en la parte inferior.
La puerta de la entrada suena tras él. El primer cliente del día. James no puede verlo porque la estantería queda al final de la tienda y hay muchos mostradores con filtros y otros artículos que le imposibilitan una buena visión. Se gira a pesar de todo. Mira entre muñecos que hablan, globos, filtros de color rosa, verde, amarillo, recipientes de cristal de vivos colores, guirnaldas y cordeles con banderines. Parece que es una chica.
-¿Hola? - Su voz es dulce.
James deja lo que está haciendo. Su deber ahora es atender a la persona que requiere sus servicios. Ojalá sea guapa.
-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarte? - Dice el chico, apartando unos flecos naranjas que se interponen en su camino.
Es entonces cuando ve un par de ojos verdes inconfundibles, semiocultos por mechones de flequillo que le dan un aire infantil. Alya Haworth está allí plantada, con las manos entrelazadas a la espalda y cara de circunstancias. El cabello negro, que se dejó muy pero que muy corto en Navidades, le ha ido creciendo hasta que las puntas casi le rozan los hombros en una melena desgreñada llena de ondulaciones. A James le parece que está guapa.
-Oh, eres tú… - James se detiene y se mete las manos en los bolsillos traseros del vaquero - ¿Qué querías?
Se lo pregunta mirando hacia otro lado, como si no tuviese el más mínimo interés en hablar con ella. Bueno, es que realmente no lo tiene. Para él Haworth es invisible. No existe. Lo único que sabe hacer es tocarle las narices. Es lo que ha hecho siempre. Recuerda todas las veces que le han castigado por su culpa…
-Solo venía para decirte que le digas a tu hermano que sí. - Dice ella.
James se digna a mirarla. Lleva puesta una camiseta blanca de cuello ancho que la hace parecer más delgada y un short de color verde con unas zapatillas de tela del mismo tono.
-¿Que sí qué? - Pregunta James.
-Que sí, iré a vuestra casa a pasar el fin de semana.
Silencio. El canturreo de Halckey es lo único que se oye, aunque amortiguado por los cristales que dan a la calle. El rostro de James está totalmente serio. No da crédito a lo que está escuchando.
-¿A mi casa? - Pregunta una vez que ha pasado el shock inicial.
-Tengo entendido que Albus y tú vivís en la misma casa, así que sí, a tu casa. - Contesta Alya con su habitual aire de niña sabionda.
-Pero si… A mí nadie me ha hablado de esto. Quedas desinvitada. - Dice enérgicamente, cruzándose de brazos.
-¿Perdona? No creo que tú tengas la autoridad para hacer eso. - Alya Haworth alza las cejas.
Y James sabe que es verdad, pero es que le jode mucho saber que ella, ELLA, vaya a pasar un fin de semana en su casa. ¿¡Pero por qué!? ¿Por qué su hermano le odia? Si sabe que no la aguanta, ¿cómo se le ocurre invitarla a su casa?
-El viernes me iré contigo. - Añade la chica, alzando un poco la barbilla.
-¿Conmigo? ¿Por qué conmigo? - Pregunta James de malhumor frunciendo el ceño.
-¿Y cómo quieres que vaya? - Haworth abre mucho los ojos.
James tuerce el morro. No, si además va a tener que llevársela él. Aunque tiene que reconocer que es la opción más lógica, ciertamente.
-El viernes pasa a recogerme por la tienda cuando te vayas a tu casa. - Le ordena Haworth con petulancia.
Luego la muchacha se da la vuelta para salir de nuevo por la puerta. James le lanza una mirada ofuscada.
-¿Y Simons sabe a dónde vas?
Alya frena en seco justo cuando su mano toca el pomo de la puerta.
-Tener novio y tener dueño son dos cosas diferentes. Yo voy donde me da la gana. - Le dice, mirándolo directamente a los ojos.
A continuación sale por la puerta. James maldice por dentro. ¡Pues se le van a quitar las ganas a Haworth de volver a ir a su casa! De eso puede estar segura.
Es viernes. Por fin. No sabe por qué tiene tantas ganas de ir a casa de los Potter. Bueno, sí, es cierto que va a poder hablar con Hermione Granger, pero Alya tiene la sensación de que hay algo más, algo que no quiere ver, a pesar de que lo tiene delante.
Su madre se ha estado quejando toda la mañana. Dice que la va a dejar sola el fin de semana, como si no estuviese sola cuando ella tiene que ir al colegio… Pero para Regina eso es diferente, al parecer. En cualquier caso, Alya ha decidido que va a aceptar la invitación de Albus y su madre no le ha dicho que no. Al menos no lo ha hecho directamente. Es cierto que no parecía demasiado entusiasta cuando le dijo que sí, tan solo se encogió de hombros y le dijo "ve si es lo que quieres". Y claro que Alya quiere, así que eso es un "sí".
De todos modos, la chica tiene la sensación de que su madre está un poco rara últimamente, pero no entiende por qué. Siempre ha pensado que Regina Haworth se llevaba bien con la familia Potter y con los Weasley, pero hace un tiempo que la modista no está demasiado interesada en mantener una estrecha relación con ellos. Y a Alya le gustaría conocer el motivo, pero Regina no abre la boca.
Alya se mira en el espejo de la sala de la tienda, delante del cual su madre suele tomar las medidas de sus clientes y hacer las pruebas de vestuario. Se toca el pelo nerviosamente. Intenta ordenarlo, aunque cree que no hay manera de conferir un aspecto menos salvaje a sus ondulaciones. Alya siempre se queja de no tener el cabello ni liso ni rizado, y como lo tiene corto, las puntas se le disparan en todas las direcciones. No sabe por qué le preocupa estar guapa justo ese día. Nunca le ha preocupado. No es algo a lo que preste atención, es más, siempre les ha tenido cierta tirria a las chicas y chicos que le dan más importancia al físico que a otras cosas. Quizás por eso se haya enfadado consigo misma, dirigiéndose una mirada severa frente al espejo.
-¿Qué haces? - Le pregunta su madre, que aparece por el pasillo de la trastienda.
-¿Eh? Nada. Me… me miraba al espejo. - Alya se aparta inmediatamente de él.
-¿Ya lo tienes todo? ¿No se te olvida nada? - La rubia mujer se afana por recoger la tienda después de una dura mañana de trabajo.
-Sí. Lo llevo todo. - Alya frunce los labios y los mueve de un lado a otro.
Su madre le ha dado un bolso granate de asas, muy bonito, que tiene un hechizo ampliador, pero exteriormente parece un bolso normal y corriente.
-Ten cuidado allí.
-Tendré cuidado, mamá. - Le asegura Alya con un tono de voz que no deja lugar a dudas de que Regina le ha dicho aquello más de una vez.
-Si los hijos de los Potter quieren hacer algo que tú no quieras hacer…
-Mamá. Por favor. Soy mayorcita como para que me digas esas cosas. Además, nunca hago nada que no quiera hacer. - La interrumpe Alya - ¿Por qué me dices esas cosas?
-Porque eres mi hija y me preocupo por ti, ¿por qué va a ser si no?
Su madre se acerca a ella y la abraza con afecto. Alya sonríe cuando la rubia Regina Haworth le da un beso en el pelo.
-Eres tan guapa… Y tan inteligente. - Le murmura su madre, apretándola contra ella - No soportaría que te pasase algo.
-Mamá, no me pasará nada. Voy a casa de los Potter. - Alya sonríe con incredulidad.
-Ya… - La rubia mujer sostiene la cara de su hija entre las manos. Luego se inclina sobre ella y le da un beso en la frente.
Alya no sabe qué le pasa a su madre, pero tampoco puede preguntarle porque en ese momento la puerta de la tienda se abre y el guapo primogénito de los Potter aparece en el umbral con el cabello despeinado y cara de pocos amigos.
-Buenas tardes señora Haworth. - Dice James educadamente - ¿Estás lista? - Pregunta a continuación sin mirar a Alya.
Regina Haworth le dedica una sonrisa extraña a su hija.
-Pásalo bien, cariño.
-Gracias.
Luego la chica se aleja de su madre y sigue a James Sirius Potter fuera de la tienda. Mira a través del escaparate. La rubia mujer mueve la mano a modo de despedida. Alya le sonríe débilmente, consciente de que sucede algo raro, como si su madre supiese algo que ella ignora, como si de verdad tuviese miedo de que alguien pudiese hacerle daño en casa de los Potter pero no quisiese decirle nada…
-¿Me estás escuchando? - Le pregunta James bruscamente unos pasos adelantado a ella.
-¿Qué?
-Joder… - Gruñe el chico - Digo que no se te ocurra husmear en mi dormitorio, sé que te resultará casi imposible, porque es el sueño del 99% de chicas que me conocen, el otro 1% son de mi familia, pero si te pillo entrando a mi dormitorio…
Alya suspira con impaciencia.
-No eres tan interesante, Potter. - Le corta ella.
James se calla al momento. Por un momento parece ofendido, pero luego lanza una carcajada mordaz al aire mientras ascienden por el Callejón Diagon en dirección al Caldero Chorreante.
-Intenta autoconvencerte de eso… - Dice James, alzando las cejas con suficiencia.
-¿Sabes? Algún día tendrás que empezar a reconocer que no eres ni la mitad de especial de lo que te crees que eres, Po-tter.
- Le dice Alya, pronunciando su apellido con retintín.
-Tal vez, cuando dejes de estar colada por mí…
Alya Haworth suspira con impaciencia, meneando la cabeza de un lado a otro. James se adelanta de nuevo y ella lo agradece, porque por un momento el corazón le ha saltado del pecho cuando ha escuchado las palabras burlonas del Gryffindor. Le da miedo preguntarse siquiera cuánto de verdad puede haber en aquella afirmación que tan solo pretende enojarla.
No puede gustarle James Sirius Potter…
¿Verdad?
Hola!! =D Bueno, ha sido mucho tiempo escribiendo esta minific, aunque solo tenga 9 capítulos. Tod@s l@s que la seguís sabéis que empezó como un one shoot, pero me enamoré tanto de Alya y James que no pude evitar escribir otro, y otro, y otro. Y luego fueron apareciendo otros personajes y otras tramas... Y se me hizo imposible terminar pensando a lo grande, como siempre, así que dije que convertiría esta historia en una fan fic más larga, y así será. Este es el último capítulo de esta historia, pero comenzaré una nueva donde aparezcan más personajes y con una trama más profunda y larga. Creo que se llamará "Nuevos tiempos" (de momento así será, ya veré), así que estad atentos. Sé que no contesté a los anteriores comentarios, no sé por qué con esta historia siempre tengo la sensación de haberlos contestado, pero bueno, prometo que lo haré mañana :) Espero que os haya gustado. Yo lo he pasado genial escribiéndola, de verdad. Mil gracias por leer y por comentar ;) Besos!! ;)