Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← James S.Potter y el reencuentro · de

James S.Potter y el reencuentro — capítulo 13

De este modo, fueron pasando los meses en Hogwarts, y con él, la llegada de Gryffindor a la final contra Slytherin, después de derrotar a Huffelpuff en un partido que estuvo muy reñido pero que finalmente ganaron los leones. Aunque James esperaba con ansia la final, antes había decidido hacer otra cosa, y esa cosa era confesarle a Jordan que era un hombre lobo. Su plan era contárselo al día siguiente, que era domingo, hoy no podía porque había luna llena.

Por la tarde, cuando ya estaba atardeciendo, James se fue, como cada día de luna llena, al Sauce Boxeador, acompañado de la enfermera Pomfrey.

-¿En qué piensas, James?

-Nada.

Siguieron caminando un rato, hasta que llegaron a la entrada del Sauce Boxeador.

-¿Puedo preguntarte una cosa?

-Lo que quieras-le dijo la enfermera con una sonrisa.

-¿Por qué el profesor Potter perdió a un hijo?

-Bueno, fue algo complicado.

-¿Complicado?

-Sí, y muy raro y doloroso a la vez. El mismo día que nació, secuestraron a su primer hijo. Nunca encontraron a los culpables, sabían que eran los mortífagos, pero no los encontraron por ningún sitio. A día de hoy, ya no lo están buscando por falta de pistas, además de que no lo reconocerían. La familia nunca volvió a ser la misma, aunque se recuperó un poco con la llegada de sus otros dos hijos: Albus y Lily. El perder a un hijo nunca se supera. Harry y su mujer estuvieron devastados cuando no pudieron seguir con la investigación para buscar a su hijo, pero no podían hacer nada al quedarse sin pistas.

-...

-¿Por qué me has preguntado eso?

-No lo sé, simple curiosidad.

-Pues creo que ya he contestado a tu curiosidad. Venga entra ya, mañana vendré a buscarte.

-Vale, tu tranquila que no me moveré de aquí-dijo el muchacho riendo.

-Hasta mañana.

James entró en el tunel del Sauce Boxeador y llegó hasta la casa de los gritos, preprarándose para otra noche de luna llena, las que más odiaba y las que más odiaría ahora y siempre.

Se quitó la ropa y esperó a que llegase el momento de sacar al monstruo que había en su interior desde hacía tantos años. Aquel monstruo de jamás se marcharía y siempre estaría presente.

Cuando llegó ese momento "tan esperado", igual que siempre, sintió como todo su cuerpo se desgarraba de dentro a fuera y dejaba salir a la bestia, que lo cubría totalmente de pelo y sacaba sus dientes a relucir, con las ansias de lograr encontrar a alguien que cayese entre sus terribles fauces.

Sintió como la bestia se apoderaba de él, y durante la noche solo vio algunos fragmentos de sus acciones.

Por la mañana se despertó con un terrible dolor de cabeza, como siempre le ocurría, y se vistió. Miró a su alrededor y vio que había destrozado una puerta entera, además de haber hecho añicos una silla. Unos minutos después, salió de la casa y poco después del túnel, encontrándose con la enfermera Pomfrey, que lo estaba esperando unos metros alejada del árbol.

El muchacho y la enfermera se fueron juntos hacia el castillo, y ahí, James subió inmediatamente a su sala común, donde encontró a Jordan.

-Ven, tengo que hablar contigo-le dijo.

-¿Qué pasa?¿Por qué tanta prisa?

-Ven, ahora lo descubrirás...

. . .

-James, ¿me puedes decir que ocurre?

Su amigo parecía nervioso, algo normal, pero James se lo tenía que decir ahora, no podía esperar más. Lo llevó al lago, lejos de orejas indeseadas, y lo puso de tal manera que se estaban mirando el uno al otro a los ojos.

-James, por favor, dime que pasa.

-Necesito confesarte una cosa- le dijo-. Por favor, escúchame y no em interrumpas, lo tengo que decir todo del tirón o me voy a acobardar.

-Adelante.

-¿Te acuerdas que te dije en una ocasión que dónde yo vivía había un licántropo suelto? Bueno, pues cuando yo era pequeño, cuando estaba durmiendo una noche en mi orfanato, me cogió y me atacó y después...me mordió-Jordan se había quedado con la boca abierta-. Desde entonces soy un hombre lobo, por eso una vez al mes pasó una noche fuera del dormitorio de Gryffindor. Se que debes pensar que al ser un licántropo soy un monstruo, así que no pasa nada si no me quieres volver a dirigir la palabra en la vida, lo comprenderé.

Durante unos incómodos minutos, los dos estuvieron en un incómodo silencio. James ya estaba pensando que Jordan no le volvería a hablar en la vida, hasta que...

-James. No me importa.

Esas simples palabras fueron para James lo mejor que había escuchado nunca. No se lo podía creer. El chico había tenido que aguantar como mucha gente se alejaba de él por su condición, pero su amigo solo había necesitado unos minutos para decirle que no le importaba eso.

-¿Lo dices en serio?

-Sí. Lo único que te pido es una cosa.

-¿El qué?-se notaba en su voz que estaba nervioso.

-Que no te pongas a llorar-dijo riendo su amigo-. Y ahora volvamos al castillo, tengo hambre, cierta persona me ha arrastrado hasta aquí sin dejarme desayunar.

Los dos amigos, más unidos que nunca, volvieron al colegio, para ir juntos al Gran Comedor.

Mientras desayunaban, James no cabían en si de alegría. Para celebrarlo, no encontró mejor manera que inundar un pasillo entero, que por simple casualidad de la vida era el pasillo por donde estaban pasando en ese momento muchos miembros de Slytherin.