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James S.Potter y el reencuentro — capítulo 17
Durante el viaje de vuelta a casa en el expreso de Hogwarts, Jordan y James volvieron juntos en un compartimento, aprovechando los últimos minutos que tendrían para hacer magia hasta que volvieran al colegio para empezar segundo.
Ya estaban planeando las futuras bromas que harían, había de todos los tipos: explotar retretes, colgar a los que les molestasen de alguna lámpara, inundar algún aula...
Cuando llegaron a la estación, todos los padres de los alumnos estaban ahí esperando a sus hijos. James se despidió de Jordan y se fue a donde estaban Aidan Towley, que le estaba esperando. Se alejaron de la multitud y se aparecieron en la puerta del orfanato. Entraron y James vació su baúl, ya ansioso de empezar el nuevo curso.
James pasó su primera semana tranquílamente, a excepción de que no paraba de darle vueltas al asunto de que era el hijo de Harry Potter. ¿Y si era verdad lo que le había dicho la enfermera Pomfrey y al hijo de Harry Potter lo habían secuestrado?Si eso era así, James no había sido abandonado, sino secuestrado y alejado de ellos. El chico no sabía que pensar, todo era muy duro.
Harry Potter y Ginny se aparecieron en aquella aldea, habían dejado a Albus y Lily al cuidado de Molly, necesitaban ver a su hijo cuanto antes. A Harry no le había importado para nada el puñetazo que le había pegado, debía de tener mucha rabia dentro, lo comprendía perfectamente. Seguramente, él también habría hecho lo mismo que él había hecho.
Ya estaba anocheciendo cuando llegaron a aquella aldea. Vieron a una persona paseando y se acercaron a ella.
-Perdone, ¿nos puede decir dónde está el orfanato?
-Por supuesto. Tiene que ir todo recto y al final girar a la derecha.
-Muchas gracias.
Los dos siguieron las indicaciones que les habían dado y al final llegaron a un edificio, de aspecto viejo y destartalado. Tocaron el timbre y después de unos instantes, les abrió la puerta un hombre calvo y delgado, con el rostro serio.
-¿Qué desean?
-Venimos ha hablar con el encargado.
-Soy yo.
-Nos gustaría ver a uno de los chicos que vive aquí.
-¿Es usted Harry Potter?
-Sí.
-Pasen, será mejor que hablemos en mi despacho. Les he estado esperando desde que llegó la carta.
El hombre los llevó hasta una habitación y los hizo sentarse en unas sillas, mientras él se sentaba en la suya, que estaba detrás de una gran mesa.
-Si no me llegan a enviar esa carta, ni siquiera les hubiera abierto la puerta. La directora de Hogwarts me ha contado como perdieron a su hijo, o mejor dicho a James. Siempre hemos pensado que simplemente sus padres lo habían abandonado a su suerte, pero ahora veo que no. Supongo que han venido para llevárselo.
-Sí.
-Yo, si estuviera en vuestra posición, no lo haría. El chico necesitaría acostumbrarse a vosotros antes de ir a vuestra casa.
-¿Por qué?-pregunto Ginny- Somos sus padres.
-Lleva once años pensando que sus padres lo han abandonado, todavía no se ha hecho a la realidad y le va a costar mucho. Creo, señor Potter, que ya se lo ha demostrado.
Y así era, pero ¿cómo se había enterado?
-¿Cómo lo sabe?
-He hablado con James y él me lo ha contado todo. En serio, será mejor que al principio vengan y pasen un rato con él, poco a poco el chico se irá acostumbrando a vosotros, hasta que llegue un día que lo podréis adoptar y se irá con vosotros a vivir sin oponerse.
-¿Podríamos empezar ahora?
En ese momento, escucharon un sonido que hizo que dieran un bote en sus sillas. Towley se levantó y miró por la ventana, ya era de noche. Se volvió a sentar en su silla y tomó un trago de su taza.
-¿Qué ha sido eso?
-Su hijo-los dos lo miraron extrañados-. ¿No lo sabían? Es un hombre lobo.
-¡¿QUÉÉÉÉ?!
-Pues eso, desde los cuatro años. Por eso me estoy tomando una tila,¿quieren una?
Sin esperar respuesta, hizo aparecer una tetera y dos tazas, donde vertió el líquido y se lo puso sobre la mesa. Ninguno de los dos Potter sabía que hacer, los habían pillado por sorpresa, ¿quién se iba a imaginar que su hijo fuera un licántropo?
Durante toda la noche estuvieron en el despacho, escuchando como su hijo aullaba y sufría. Mientras tanto, aprovecharon para que Towley les contara como era James. Desde el primer momento, por lo que les contaba Towley, se dieron cuenta de que era muy parecido a James I y a los gemelos.
-¿En serio explotó el retrete?
-Sí, pero lo peor vino cuando le echamos la bronca-dice riendo-. Cuando terminamos, nos dijo que también había aflojado "un poco" los otros, y entonces en ese momento explotaron todos los demás. Durante un tiempo pensé que había aprendido la lección después de la bronca que le había echado, pero en menos de tres días volvió a las andadas.
-Increible-dijo Ginny riendo-. Harry, ¿te suena?
-Como no me iba a sonar, creo que vamos a necesitar la ayuda de tu madre. Creo que es una versión de los gemelos ampliada.
Así estuvieron toda la noche, hasta que llegó el amanecer. Salieron del despacho y se fueron a la casa de Violetta Bingert, una anciana que vivía sola desde hace muchos años. La mujer era de las pocas personas de la aldea que hablaba con normalidad a James y no lo rechazaba por ser lo que era.
Llegaron a una casa algo vieja y pegaron a la puerta. Casi al instante, les abrió la puerta James, al que le cambió el rostro de inmediato. Dejó la puerta abierta y volvió a donde estaba antes de que llamaran a la puerta, la cocina.
Los tres lo siguieron y al llegar a la cocina, vieron a una anciana que estaba sentada en una silla, al lado de James. El joven estaba engullendo las galletas como si no hubiera mañana, y de vez en cuando tomaba un sorbo de leche.
Nada más verlo, Ginny vio en él una viva imagen de su familia, pero sobretodo de su padre Arthur. El muchacho era pelirrojo y había heredado los ojos azules de su padre. Tenía algunos rasgos típicos Potter, pero eran pocos en comparación con los Weasley. Algo que si destacaba en él era su pelo revuelto, algo de lo que parecía estar muy orgulloso.
-Buenos días. ¿Ustedes son..?
-Sí, son ellos. Violetta, ¿podrían hablar con James?
-Dentro de un rato. Ahora tiene que comer, está hambriento.
-Sí, tengo que comer, así que fuera.
-James, no seas grosero.
El chico siguió comiendo como si nada. La anciana mientras tanto, hizo aparecer tres sillas, para que los recién llegados se sentaran. Cuando se sentaron, la anciana empezó a hablar.
-Bueno señores Potter,¿qué les trae por aquí?
-Nuestro hijo-dijo con firmeza Ginny.
-¿No otra cosa? Creo que han tardado mucho en venir a por él...
-En cuanto nos hemos enterado de que estaba vivo hemos venido.
-Claro, es que antes estaba muerto-dijo James rencoroso.
-Oye James...-dijo Ginny-, nosotros...
-Ni me hables, tu no me conoces y yo no te conozco. Fin de la conversación.
El chico se levantó de la silla y salió de la cocina. Escucharon como entraba en otra habitación y cerraba la puerta.
-Siempre tan agradable y tierno-dijo la anciana con ironía-. No siempre es así, ha decir verdad, creo que solo se ha puesto así con vosotros.
-Eso nos da muchas esperanzas-dijo Ginny.
-¿Y qué esperabas, querida? Lleva once años sin veros. No os conoce y se acaba de enterar de que es vuestro hijo. Además hoy no es el día en el que se levanta más contento que se diga.
-¿Por eso se ha levantado?¿Para irse a dormir?
-No. Creo que ha ido al baño a buscar la pomada y las tiritas.
Harry y Ginny la miraron extrañados. ¿Para qué necesitaba pomada y tiritas?
-En Hogwarts seguramente no lo habrás notado, porque pocas veces se hacía daño allí, creo. La cosa aquí cambia porque donde lo encerramos es en una jaula no muy grande. Cada luna llena, los licántropos buscan atacar a alguien, pero él no puede. Por eso, cada noche de luna llena se daña a sí mismo.
-¿Y no será mejor darle la poción matalobos?
-Es demasiado joven y solo la pueden tomar los que tienen un permiso especial del Ministerio. Por lo visto se les niega hasta ese derecho aquí.
-A lo mejor en Inglaterra...
-Esto no va así. Si te infectan en EE.UU, tienes que seguir las reglas de aquí y punto. Conseguir el permiso para la poción es muy difícil, así que...tenemos que encerrarlo. Es nuestra única opción.
En ese momento escucharon como se abría la puerta. Harry y Ginny vieron como se sentaba en el sofá, de espaldas a ellos. El chico había puesto la pomada y las tiritas sobre la mesa.
-¿Galletas?-les ofreció la anciana.
-No, gracias.
Los dos estaban observando lo que estaba haciendo su hijo. James estaba poniéndose la pomada donde se había herido aquella noche. Se había dañado sobretodo en las piernas. Tenía muchos arañazos y le habían empezado a salir moratones en algunas zonas. Entonces se fijó en que se había clavado algo en el muslo. Con razón le dolía tanto ahí. Tocó lo que era y se dio cuenta de que era un trozo de metal, exactamente igual que el que faltaba en la puerta de la jaula.
-Violetta,¿puedes venir un momento?
La anciana se levantó, sin saber para que, y se acercó al joven. Cuando vio lo que era dio un respingo. Se fue al baño y regresó con unas vendas. El chico puso la pierna como le decía y la anciana empezó a mirar por donde cogerlo.
-Creo que lo mejor será que lo haga Aidan, a mi me tiembla el pulso.
Llamaron a Aidan, y la anciana se fue con Harry y Ginny, que intentaban ver lo que le había pasado.
Aidan, cogió el trozo de metal, y se un tirón se lo quitó. El muchacho soltó un respingo, pero ya esta. Aidan, inmediatamente, le puso la venda alrededor de aquella herida. Mientras tanto en la cocina, la anciana y los Potter estaban charlando.
-¿Qué le pasa?
-Se ha clavado un trozo de metal. Ya hemos encontrado el trozo que faltaba de la puerta.
-¿No será mejor llevarlo a un medimago para que le vea la herida?
-No, aquí los hombres lobo no pueden ir a los hospitales.
-¿Por qué?
-Según nuestro actual Ministro, no son más que bestias inmundas, así que...
En ese momento el chico se levantó del sofá y él y Aidan entraron en la cocina.
-Violetta, muchas gracias por haberlo recogido, pero ya nos debemos ir yendo.
-Bueno, que tengáis un buen día-dijo la anciana-.
-Violetta, ¿me puedo llevar algunas galletas?
-Claro que sí, cielo.
El chico cogió algunas galletas y salió por la puerta siguiendo a Aidan. Harry y Ginny fueron detrás de ellos.
Llegaron al orfanato y el chico se fue a su habitación, mientras los otros tres se iban al despacho de Aidan. El chico iba a cambiarse y ya esta, el tiempo suficiente como para que Aidan hablase con Harry y Ginny a solas.
-Se muy bien que queréis llevárolo, pero como os dije por la noche, lo mejor será que se vaya acostumbrando a vosotros poco a poco, sin prisas.
El encargado hizo aparecer un papel y se lo entregó.
-Siempre que algún chico va a ser adoptado, le pido a los padres adoptivos que hagan esto, conocerlos, acostumbrarse y llevarse bien antes que se lo lleven. Su caso es algo especial, así que creo que lo mejor será que vengan a visitarlo cada tres días y la semana que viene cada dos días, uno lo veis y otro no.
-¿Y cuándo se podría venir a vivir con vosotros?
-Eso dependería de como de rápido se acostumbrase y aceptase.
En ese momento, James entró en el despacho y Harry y Ginny salieron. El chico se sentó en una silla y cogió un caramelo de los que había en un cuenco encima de la mesa.
-¿Por qué han tardado tanto en irse?
-Todavía no se han ido.
-Pues están tardando y mucho.
Aidan soltó un suspiro y le empezó a explicar al muchacho lo que iban ha hacer, cuando terminó, el chico empezó a protestar.
-No quiero.
-...
-Se pueden ir al infierno. No los quiero volver a ver.
-Eso tu y yo lo vamos a discutir más tarde, ahora voy a despedirme de ellos, HASTA PASADO MAÑANA,¿me has oído?
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