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James S.Potter y el reencuentro — capítulo 19
El muchacho se levantó temprano aquella mañana. Cada día antes de la luna llena, se levantaba temprano, aunque el muchacho no sabía por que. Ese día era de los peores porque sabía muy bien lo que pasaría aquella noche. Al menos ese día no irían sus padres a visitarlo.
Al muchacho le estaba costando mucho acostumbrarse a ellos, aunque ya habían hecho un pocos avances. James ya no metía tantas puntillas y muy de vez en cuando era capaz de mantener una conversación normal con ellos, muy de vez en cuando. Aun así, todavía sentía cierto resentimiento. Puede que no lo abandonaran, pero si lo hubieran buscado bien seguramente lo habrían encontrado y no se habría transformado en un hombre lobo. No podía evitar pensar en eso.
Aquel día, aprovechando que no habían ido a verle, se fue a dar un paseo por el bosque. Eso era algo que le encantaba, solía pasarse unas horas caminando tranquilamente hasta que empezaba a atardecer o hasta que su estómago le pedía comida.
Ya estaba anocheciendo cuando el muchacho regresó al pueblo después de una larga caminata. Se fue directo a aquella casa abandonada, donde se encontraba una jaula dentro del sótano. Nada más llegar, vio a Violetta allí esperándolo para cerrar la puerta de la jaula con él en su interior.
-Date prisa, está apunto de salir.
-Vale.
El chico se quitó la ropa y se dejó los calzoncillos puestos. Puede que conociese a la anciana desde que era pequeño, pero aun así jamás se quedaría desnudo delante de ella, le daba vergüenza. La anciana cerró la puerta de la jaula y después la del sótano. James escuchó como cerraba el resto de puertas y finalmente la de la casa. Era simple precaución, pero aun así siempre lo hacía. James jamás había salido de la jaula, pero siempre podía haber una primera. Además, eso hacía que el resto de gente que allí vivía se sintiese más tranquila.
Entonces llegó el momento. La luna salió e hizo el efecto de siempre en James. El muchacho sintió como todo su cuerpo crecía, como sus huesos se alargaban y como le empezaba a crecer pelo en todo el cuerpo. Todo era dolor en la transformación, hasta que acabó. El hombre lobo aulló y salió a la superficie, mientras el muchacho se hundía dentro de la bestia, sin poder salir para controlarse a sí mismo.
Esa noche fue diferente a las demás. El joven licántropo tuvo una visita inesperada, Fenrir Greyback. El viejo hombre lobo había entrado por una ventana antes de que apareciese la luna llena y había ido al sótano para hacerle una "agradable" visita al muchacho.
Estaba transformado pero controlado, años de experiencia le habían permitido eso a Greyback. Había llegado a sus oidos que aquel chico ya sabía quienes eran sus padres, y sus padres quien era aquel chico. Todo el plan se había torcido, pero mientras pudiera dañar a Potter de alguna manera lo haría. Y esa manera era volver ha hacer daño a su hijo, como hacía ya tantos años.
Rompió la puerta de la jaula y entró. El joven licántropo, al verse amenazado, por instinto natural lo atacó, pero Greyback lo esquivó y le arañó en la espalda. Saltó encima del pequeño y lo cogió con sus afiladas garras, estrellándolo contra la pared de la jaula. Lo dejó tirado en el suelo y rompió un barrote de la puerta. Lo dejó en el suelo y siguió con el muchacho. El pequeño se había levantado y se había tirado contra él. Lo único que había podido hacerle era un arañazo en el brazo, nada comparado con lo que a él le esperaba. A partir de ahí los únicos golpes que hubo fueron los de Greyback.
Cogió al pequeño licántropo del cuello y lo apretó hasta que se desmayó. Así no opondría resistencia. Puede que no le dañase, pero era una molestia. Le cogió el brazo izquierdo y empezó a darle vueltas hasta estrellarlo contra la jaula, a la que le hizo una gran abolladura. Se acercó a él y le empezó a lanzar zarpazos en el pecho, disfrutando al ver como salía la sangre de las heridas.
Lo levantó y lo volvió a estrellar contra la pared de la jaula. Lo levantó y empezó a golpearle la espalda, haciéndole tantas heridas como en el pecho.
Ya estaba marchándose la luna cuando Greyback le dejó un último recuerdo del que todos podrían gozar de ver. La mano del chico ya tenía una cicatriz muy fea, pero Greyback decidió mejorarla. Del hombro a la mano le dejó grandes heridas, dando lugar a que prácticamente todo el brazo estuviese sangrando.
Entonces Greyback salió de la casa, teniendo buen cuidado de que nadie lo viese. No le volvería a arrebatar el hijo a Harry Potter, vería como la vida le era arrebatada al muchacho en los brazos de sus padres.