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Historia 176688 — capítulo 5

Di el último paso que me separaba de la puerta, suspiré y repasé lo que le diría a la profesora McGonagall. En mi mente parecía un buen discurso pero no sabía qué tan bueno sonaría cuando lo dijera en voz alta.

Suspiré de nuevo y toqué la puerta suavemente.

—Adelante —escuché la voz de la profesora McGonagall a través de la puerta de madera.

Alisé mi túnica y tomé la perilla.

Levantó la mirada y se colocó bien los anteojos. Me dirigió una mirada como si ella supiera de qué quería hablar. Suspiré de nuevo y opté por hablar de una vez.

—Profesora… —comencé pero me interrumpió antes de decir otra palabra.

—No, Malfoy —negó con la cabeza rápidamente—. No le quitaré el castigo a su hermano, si a eso es a lo que venía…

—Pero profesora… —protesté—. Todo fue culpa de ese Potter, mi hermano…

—Su hermano no debió de andar fuera de la cama a esa hora —me interrumpió de nuevo—. Y por si no lo sabe, Potter también está castigado…

—Pero Draco no tenía la culpa de que alguien lo quisiera meter en problemas… ese Potter solo tiene envidia de él.

—No le quitaré el castigo ni aunque todo Hogwarts le tenga envidia —dijo volteando de nuevo a la pila de pergaminos que tenía en el escritorio—. Y si eso es todo, se puede retirar ahora…

La fulminé con la mirada, cosa que no pudo ver por tener la vista en aquellos pergaminos. Suspiré y hablé de nuevo.

—¿Puedo saber al menos cuál será su castigo?—Pregunté en tono de aburrición.

—Irá a ayudar a Hagrid con algunas tareas al Bosque Prohibido.

Abrí los ojos ampliamente. ¿Qué había dicho?

—¿Al Bosque Prohibido?—Pregunté sorprendida—. ¡No lo puede mandar ahí!

—¿Por qué no?—Preguntó como si no fuera una cosa mala—. Según creo, Malfoy… aquí yo soy profesora y puedo hacerlo…

—Pero el bosque prohibido esta… ¡Eso! Está prohibido, su nombre lo dice profesora, y el profesor Dumbledore nos lo recuerda cada año y cada que puede, ¡Ahí hay todo tipo de criaturas!

—Está prohibido a menos que no vaya acompañado de un profesor —me interrumpió de nuevo, ahora comprendía por qué mi padre odiaba que lo interrumpieran**.**

—Hagrid no es un profesor… si mi padre supiera, ya hubiera…

—No hace falta que le diga—habló despreocupadamente—. Ya le mandé una lechuza… y ha dicho, que también debería castigarla a usted…

—¿A mí?—Pregunté incrédulamente—. ¡Yo no he hecho nada!

—Y por eso mismo usted no tiene castigo, pero si no se va ahora mismo de mi estudio y me deja seguir con mi trabajo, lo tendrá…

Entonces salí de ahí sin siquiera cerrar la puerta de nuevo, cosa que creo no le molestó porque pudo haberla cerrado con su varita. Le había dicho a Draco que intentaría hacer que le quitaran el castigo por mi cuenta y que si no funcionaba le pediría ayuda a Snape, pero con lo que pasó adentro, era claro que no tendría oportunidad, ni yo ni el mismísimo Snape.

—¿Qué te dijo?—Me preguntó Draco corriendo hacia la entrada de la sala común cuando entré a esta.

—No te quitará el castigo, Draco —dije viendo su cara de enfado—. Y no va a servir de nada pedirle ayuda a Snape—agregué cuando él iba a decir algo—. Papá lo sabe… ¡Me va a regañar de nuevo, y todo por tu culpa! Por tu impertinencia… es tu primer año y he tenido más problemas que en los dos años que yo llevo aquí, y son problemas que ni siquiera yo causo… ¿Podrías comportarte de una buena vez?

Al ver las miradas de todos los que estaban en la sala común, me di cuenta de que en el último lugar que quería estar era ese, y al ser aun temprano decidí salir de ahí. Draco no había dicho nada, se quedó callado y ni siquiera parecía enfadado, parecía más… ¿Arrepentido? ¿Culpable?

Me senté junto al lago negro, vi como el calamar gigante estaba tomando el sol a varios metros lejos de mí. En ese momento me gustaría ser él, ahí recostado tan tranquilo, él no tenía preocupaciones ni hermanos que lo metieran en problemas con sus padres.

Abrí los ojos sobresaltada cuando sentí que algo caía en mi regazo, volteé hacia abajo y vi un sobre, llevé mi mirada hacia arriba y vi que una lechuza se alejaba por el cielo, era la lechuza de papá.

Suspiré y abrí el sobre para sacar el pergamino que estaba adentro. Con solo ver la caligrafía sabía que estaba furioso, las letras estaban muy marcadas, si tocaba el pergamino por detrás podía sentir los bordes de cada letra.

Eres una irresponsable.

¿No te importa como quedamos tu madre y yo verdad? ¡Ni siquiera eres capaz de cuidar a tu hermano! No eres capaz de hacer que no se meta en problemas, ¿Cómo es posible que no te asegures de que se fue a dormir a la hora que tiene que irse?

Lo bueno de nuestra familia es que los matrimonios son arreglados, porque si no fuera así, ningún hombre quisiera tenerte de esposa por irresponsable.

Espero no vuelva a pasar.

Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba a punto de llorar hasta que cerré los ojos y las lágrimas salieron. El párrafo que más me dolía y el que nunca se me iba a olvidar era el tercero "ningún hombre quisiera tenerte de esposa por irresponsable."

Yo no había hecho nada malo, en los dos años que estuve sola aquí no les había dado problemas, al contrario. La profesora McGonagall les mandaba cartas diciendo lo buena y responsable que era en su clase, nunca me habían castigado y ahora cuando ni siquiera era yo la que causaba problemas, me culpaban más a mí.

—¿Qué pasa, Malfoy? ¿Acaso todo tu armario se quemó?

Lo que me faltaba. Ese par merodeando por aquí.

—No, tal vez sus uñas se rompieron…

—O le quitaron la mesada…

—O los tres.

—¿¡Quieren callarse!?—Les dije levantándome del pasto—. Tengo ya demasiados problemas para aun tener que escuchar sus terribles voces…

Ambos levantaron las cejas y sonrieron burlonamente.

—¿Higgs terminó contigo?—Preguntó uno de los dos cruzándose de brazos—. Porque lo comprendo, tener una novia igual de insoportable que tu sería horrible… aunque pensándolo bien, no sé quién sea más insoportable, si tu o él.

Las palabras de papá regresaron a mi mente, pero con unos cambios. Escuchaba la voz de Weasley, algunas palabras habían desaparecido para dejar en su lugar a otras.

"Lo bueno de tu familia es que los matrimonios son arreglados, porque si no fuera así, ningún hombre quisiera tenerte de esposa por insoportable."

—¡Cállate!—Grité sintiendo más lagrimas bajar por mis mejillas.

Vi como rieron.

—¿O qué? ¿Tu papi despedirá al mío?—Preguntó sarcásticamente—. Tú ni tus padres nos dan miedo, que te quede claro…

—¿Y crees que eso a mí me importa?—Dije pasando una de mis manos por mis mejillas—. Me tiene sin cuidado, tengo cosas más importantes que pensar en ustedes y su asquerosa familia.

Y caminé de nuevo hacia el castillo, por primera vez llevaba la mirada en el suelo. Las palabras cambiadas de mi padre con la voz de los Weasley se repetían una y otra vez en mi cabeza y no se iban, por más que trataba de sacarlas, ahí seguían y ahora se metía también una risa burlona por parte de ambas comadrejas.

—¿Gemma?—Preguntó alguien tomándome de los hombros, al parecer no iba viendo por donde caminaba—. ¿Qué te pasa?

Levanté la mirada y me topé con un cabello castaño claro y unos ojos azules los cuales me observaban con preocupación. Él decía que me quería y me lo venía diciendo desde que entré a Hogwarts.

Entonces lo abracé y hundí mi rostro en su pecho, aunque sentía que estaba algo confundido, él rápidamente me rodeó con sus brazos y recargó su mentón sobre mi cabeza y me sostuvo por varios minutos sin preguntar nada, simplemente se quedó ahí conmigo.

Cuando me separé de él me preguntó:

—¿Qué pasó?

Negué con la cabeza. No quería que se enterara de nada.

—¿Tenías que ir a algún lugar?—Pregunté limpiando mis lágrimas e intentando sonreír—. Lamento eso…

—No te preocupes —Terence sonrió negando con la cabeza—. De hecho te estaba buscando —se encogió de hombros—. Vi lo que pasó allá adentro, bueno… todo Slytherin lo vio…—dijo como si estuviera avergonzado por lo que había dicho.

—Si —sonreí de lado—. Creo que exploté…

—Draco no se veía bien —dijo pasando uno de sus brazos por mis hombros y caminando hacia el gran comedor—. ¡Oye! Es la primera vez en todo el curso que no me ignoras…

Sonreí y le di un golpe en el pecho, él fingió que le rompí las costillas.

—Deberías estar agradecido —dije en tono engreído—. No cualquiera se merece mis abrazos…

—Esa es la Gemma Malfoy de la que me enamoré —sonrió.

—¿De verdad?—Pregunté enarcando las cejas.

—De verdad —aseguró.