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The Walking Dead, Dark Paradise — capítulo 1

**Atención :**Esta historia contiene escenas violentas, palabras malsonantes y sexo que pueden llegar a herir la sensibilidad de algunos lectores. *N. de la A. : ¡Hola a todos! Llevaba ya varios meses con esta descabellada idea en la mente, hasta que al fin me he aventurado a darle forma y a convertirla en un nuevo fic. Soy nueva en el fandom de la exitosa serie televisiva "The Walking Dead" así que espero estar a la altura de vuestras expectativas.**Primero ante todo querría aclararos una cosa: este fic en principio va a ser duro, habrá puntos cómicos y mucho sarcasmo, sí, pero es un drama a fin de cuentas, por lo que no esperéis historias de amor empalagosas o finales felices porque no los vais a encontrar aquí. Pienso ser fiel al canon, lo que significa que la trama principal de esta historia (al igual que en la serie) se basará en la lucha por la supervivencia y en la evolución de los personajes. Es cierto que tengo pensado algún que otro romance, pero pasará a un segundo plano. También deciros que todas las partes en letra cursiva son recuerdos de algunos de los protagonistas.**Por último querría dedicar este prólogo a mi buena amiga Laura de Gondor , que hoy es su cumpleaños. ¡Muchas felicidades Lau! Espero que tanto a ti como al resto de lectores os guste.*Y eso es todo. Que lo disfrutéis. ¡Besos! Música para el capítulo: https://www.youtube.com/watch?v=oYJC-9Tm1hQAquí os dejo el link del gif: http://s1367.photobucket.com/user/Lucy_BF/media/Gifs%20de%20Dark%20Paradise/anigif_zpssichmwqg.gif.html?sort=3&o=0


King County, 07:30 PM.

Se quedó completamente inmóvil, agazapada cual animalillo desvalido tras una de las muchas farolas que alumbraban la bucólica calle, mientras sus hermosos ojos verdes escudriñaban llenos de nerviosismo los alrededores. Sintió como el estómago se le encogía, dejando un gran vacío, al observar el caos que en esos momentos asolaba King County. Su ritmo cardíaco se aceleró considerablemente y sus dilatadas pupilas contemplaron con todo lujo de detalles la serie de macabras escenas que estaban teniendo lugar allí mismo, delante de sus propias narices.

*Aguantó estoicamente los gritos desgarradores y las súplicas que a sus oídos llegaban, igual que los gruñidos que proferían aquellas espeluznantes… no encontraba el término adecuado, ¿criaturas?. ¿Pero qué coño eran esos bichos?*Sacudió la cabeza con el fin de despejar un poco su mente. Todo estaba sucediendo a una velocidad pasmosa, tanto que nada tenía el menor sentido. Joder, ¿qué diablos estaba pasando?, ¿acaso se trataba de alguna broma macabra?

*Un olor nauseabundo se coló sin permiso en sus fosas nasales, obligándola a clavar la mirada en el repugnante rastro de vísceras y sangre que esos seres dejaban a su paso. Se llevó una mano a la boca, tratando de contener una arcada. Quiso vomitar, de veras que sí, pero su cuerpo no respondía. Se había quedado paralizada; allí, detrás de aquella irrisoria farola, en un rincón frío y sombrío, sola, completamente sola y… muy asustada. Hasta sus cuerdas vocales se habían agarrotado debido al shock, pero hizo un esfuerzo y dejó escapar un entrecortado sollozo al ver que la Sra. Parker estaba siendo devorada al otro lado de la calle. Sí, la mujer que había sido su vecina durante diecisiete largos años, que había cuidado de ella cuando sus padres no pudieron, la misma que ahora le pedía desesperadamente auxilio mientras dos despojos se montaban un festín con su carne.*Sin embargo y pese a todas sus plegarias, no recibió la ayuda que necesitaba, solo la mirada horrorizada de una adolescente. Finalmente, tras varios minutos de sufrimiento, se rindió y sus titilantes ojos bañados en lágrimas se fueron apagando poco a poco como la llama de una vela, cayendo en un profundo abismo del que jamás regresarían.

Sintió una dolorosa punzada en el pecho. Había visto morir por primera vez a una persona, y lo peor era que no había hecho absolutamente nada para evitarlo.

Comenzó a temblar como un alfiler —dejando a un lado sus remordimientos —, en cuanto uno de ellos la divisó entre la enloquecida multitud y empezó a acercarse con pasos torpes y desequilibrados.

Mierda, esto no puede estar pasando.

Se llevó las manos a la frente en un repentino acto de desesperación, y solo en aquel instante supo lo que era el miedo en estado puro. Debía salir de allí cuanto antes y avisar a su familia, por lo que intentó seguir sus instintos, pero no consiguió moverse ni un triste milímetro. Su cuerpo apenas le obedecía.

Maldita sea, ¿acaso ese iba a ser su final?. ¿De verdad iba a morir así, como una inútil y una cobarde?

Apretó los puños con rabia, impotencia, angustia… clavándose las uñas en la palma de sus sudorosas manos y reprimiendo las innumerables lágrimas que amenazaban con salir a flote.

La criatura, por su parte, cada vez más cercana a su posición, rugía con ferocidad a causa del embriagador olor que desprendía su nueva presa. Logró sortear la farola de puro milagro y estuvo a punto de abalanzarse sobre la muchacha, no obstante, un estrepitoso sonido se lo impidió, seguido del típico olor de la pólvora.

Bum.

Abrió abruptamente los ojos, al tiempo que se incorporaba entre continuos jadeos. Estaba hiperventilando. Un sudor frío bañaba su frente y su pecho semidesnudo, haciéndola estremecer. Conteniendo un chillido miró en todas direcciones, en busca de lo que llevaba semanas atormentándola. Y cuando se autoconvenció de que se encontraba a salvo, solo entonces, intentó tranquilizarse. Ya más relaja apoyó el mentón sobre sus rodillas. Por suerte solo había sido una pesadilla, un mal sueño.

Mentira.

Cierto, no había sidosoloun sueño. Los recuerdos de ese fatídico día habían regresado una vez más a ella, y su retorcido subconsciente le había hecho revivir aquel horripilante suceso: el día en que todo se fue a la mierda y a ellos no les quedó más remedio que apechugar y huir como ratas despavoridas.

Suspiró, frustrada. Todavía temblaba debido al miedo.

En aquellos momentos agradecía estar sola, no le habría gustado para nada que Allison hubiese presenciado ese último numerito. Así que apartó la manta con cierto desdén y se levantó de un salto, para luego salir de aquella odiosa tienda de campaña.

Una vez en el exterior, respiró hondo, creyendo que el aire de la montaña le libraría de sus preocupaciones (nada más lejos de la realidad, pero al menos servía para aclararle un poco las ideas). Echó una rápida ojeada a su alrededor, y finalmente se dispuso a buscar a su mejor amiga. No obstante, a medio camino se topó con lasmamisdel campamento. Carol y su madre estaban haciendo la colada, como de costumbre. 

Tenía la intención de pasar de largo e ignorarlas por completo, pero su presencia no les pasó inadvertida.

—Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien? —preguntó Lori con una pequeña sonrisa en los labios.

La chica rodó los ojos de puro hastío. Nunca la entendería, ¿cómo podía estar de tan buen humor después de todo lo que había pasado? Era surrealista.

—Por supuesto, todo lo bien que se puede dormir en medio de un Apocalipsis zombi —contestó sarcásticamente. Sonrió para sus adentros. Era algo que ya no podía evitar, su madre se lo ponía a huevo cada dos por tres.

Al oírlo Carol evitó mirarla a toda costa, centrándose nuevamente en la ropa acumulada. Lori, en cambio, la tomó del brazo y la arrastró lejos de allí para poder hablar a solas con ella.

—Piensa que podía haber sido peor.

¿Lo dices en serio?

La joven bufó, asqueada.

—Esto —dijo, abarcando con su mano todo el campamento —es lo peor que nos podía haber pasado —. De un solo tirón consiguió zafarse del agarre de su progenitora, dispuesta a esfumarse de allí cuanto antes.

—¿Se puede saber qué narices te pasa? —Lori volvió a retenerla.

—¿Y todavía me lo preguntas? —espetó la joven, observándola con una ceja arqueada.

La mujer bajó la mirada, abatida. Sabía perfectamente lo mal que lo estaba pasando su hija. La trágica muerte de su marido había sido un duro golpe para todos, pero eso no justificaba su actitud para con ella. Ahora tenían que apoyarse y estar más unidas que nunca, y no como el perro y el gato, continuamente a la defensiva.

—Oye, sé que todo esto está siendo muy duro para ti, Lexy, pero no eres la única que sufre. Todos hemos perdido a alguien importante —pronunció en su mejor tono impasible.

—¿Ah, sí? Pues algunas no han perdido el tiempo en buscar un nuevo hombro sobre el que llorar —soltó la aludida sin contemplaciones.

Aquellas palabras oprimieron el corazón de Lori, que por poco se quedó sin aliento. Sin esperar a más, Lexy se apartó con brusquedad y se alejó de allí tan rápido como alma que lleva el diablo.

La mujer se llevó una mano a la boca. Su hija lo sabía. Alexandra sabía lo suyo con Shane, y lo peor era que jamás se lo perdonaría.

King County, 07:32 PM.

Se estremeció en el acto. La criatura había quedado a escasos centímetros de su cuerpo, permitiéndole analizar cada detalle de su deformada anatomía, algo de lo que realmente se arrepintió segundos después. Un nuevo escalofrío le puso los pelos como escarpias. Aquella abominación la miraba con ojos desorbitados y enfermizos, cubiertos por una extraña película blanquecina que apenas permitía distinguir el iris del resto del globo ocular. Su piel cerúlea estaba llena de cortes y magulladuras, incluso mordiscos, y en algunas zonas la epidermis se caía a tiras. Por último, su mandíbula desencajada se desprendía hasta casi rozar la clavícula.

La bala no había llegado a rozarla, en cambio, había dado de lleno en la cabeza del monstruo. Justo entre ceja y ceja, haciendo que cayera inexorablemente a sus pies tras una lluvia de sesos.

La sangre se le heló cuando vio que aquel cuerpo en estado de descomposición ya no se movía. ¿Cómo se podía matar a lo que ya estaba muerto? Porque de algo estaba segura: esas cosas no estaban vivas, al menos no del todo.

—¡Lexy! —aquella voz le resultaba tremendamente familiar —. ¡Lexy!

Alzó el rostro, encontrándose con una figura alta y tonificada. Reconocería esas botas militares y esa Glock 17 en cualquier parte.

—Shane… —murmuró con voz acongojada.

El susodicho no se lo pensó dos veces y echó a correr hacia ella. La tomó por los hombros y la examinó de arriba abajo para asegurarse de que no había sufrido ningún daño.

—¿Estás bien? —preguntó, acunando su rostro con notable preocupación.

El semblante de la muchacha se mostraba extremadamente pálido y su cuerpo no dejaba de temblar. Estaba ausente, parecía un espectro, uno más de ellos.

—Están…todos están…

—Vamos, tu madre y tu hermano nos están esperando —comunicó el hombre, que no dejaba de mirar en todas direcciones —. Lexy, escúchame —la zarandeó para calmar su estado de agitación. —Vamos a salir de esta, ¿me oyes?. Voy a sacaros de aquí.

Ella asintió. Shane agarró su mano con fuerza y ambos empezaron a correr por las devastadas calles.

Tras cinco minutos de carrera se detuvieron frente a la casa de los Grimes, donde Lori y Carl cargaban en un coche las últimas bolsas.

La mujer se aproximó a ellos y abrazó a su hija con fuerza, como nunca antes lo había hecho. En ese preciso instante Lexy correspondió el gesto y dejó de tiritar, necesitaba el calor de su madre más que nunca. Apenas un segundo después, sintió los brazos de Carl rodeando su cintura. No había reparado en él hasta ahora, el pobre debía de estar aterrado.

—Gracias a Dios que estás bien —pronunció la Sra. Grimes entre lágrimas.

—Lori, debemos irnos —intervino Shane con impaciencia. Y no era para menos, en su barrio aún no había muertos vivientes, pero no tardarían en aparecer. Aquel virus, pandemia o lo que mierdas fuese se propagaba con rapidez.

La aludida asintió.

—Antes hay que ir al hospital —repuso Lexy, una vez que se hubo apartado de su progenitora.

—No tenemos tiempo. Si no salimos ya de aquí, todos mori… —calló antes de concluir la frase y miró tristemente al pequeño Carl, que se aferraba desconsolado al cuerpo de Lori.

—¿Estás de coña? No pienso irme de aquí sin mi padre —contradijo taxativa, encarando como una fiera al hombre que acababa de salvarle la vida.

Shane no dijo nada, se frotó la cabeza con nerviosismo y le propinó una patada a la rueda trasera del vehículo. Lexy miró a su madre, confusa, pero de ella no obtuvo respuesta alguna.

Le estaban ocultando algo, lo intuía.

—¿Qué? —preguntó, tratando de que no se le quebrase la voz.

El agente de policía suspiró lánguidamente.

—Lo siento mucho, Alex…pero no pude hacer nada por tu padre —musitó, sin ser capaz de sostener su inquisitiva mirada.

Aquellas palabras fueron como una sacudida para Alexandra, que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no echarse a llorar ahí mismo.

»Yo…lo intenté, de veras que lo hice, pero el hospital había sido invadido, las máquinas se apagaron y él…su corazón dejó de latir.

La chica mantenía los puños cerrados y pegados al cuerpo, mientras su mandíbula permanecía apretada por la rabia. ¿Qué su padre había…? No, simplemente se negaba a creerlo.

—¡Shane! —el grito de Lori sobresaltó a todos.

Una de esas horripilantes criaturas acababa de aparecer tras ellos. Todavía les separaba una distancia considerable, pero la enorme horda que lo seguía hizo que cundiese el pánico.

—Oh, joder. ¡Todos al coche, rápido! —exclamó Shane, al tiempo que empujaba a sus tres acompañantes hacia el vehículo.

*El rugido del motor apenas llegó como un simple eco a sus oídos, aún estaba demasiado desorientada. Sin embargo, hubo un sonido en particular que sí la hizo reaccionar; una voz a lo lejos que gritaba su nombre.*Inmediatamente sacó la cabeza por la ventanilla y cuando vio que una joven pelirroja —de su misma edad —, acababa de salir de una de las casas del vecindario y ahora estaba siendo perseguida por varios despojos, no se lo pensó dos veces antes de abandonar el coche a trompicones.

—¡ALLISON!

Compuso una mueca de auténtico pavor. Su mejor amiga iba a ser devorada por esos bichos, igual que la Sra. Parker.

Estuvo a punto de ir a socorrerla…

Desarmada, bien pensado.

…no obstante, unas manos aferraron su cintura con fuerza, impidiéndola dar un paso más.

—¿Estás loca? —dijo Shane, alzando notoriamente la voz —. ¡Te matarán a ti también!

—¡Es Allison! No pienso abandonarla.

—Entra en el puto coche, ¡ya! —la ordenó, impasible.

Lexy pataleaba, se sacudía y gritaba como una energúmena con tal de escapar de su alcance, pero la resultó imposible, su padrino era mucho más fuerte.

Mientras tanto, la otra chica, que corría despavorida, cayó de bruces al suelo al intentar esquivar a uno de esos seres.

»La conoces, es mi amiga —le suplicó, sin poder contener más las lágrimas.

Shane contempló su rostro unos segundos más, indeciso. Era cierto que conocía a Allison (desde que era pequeña), sin embargo, solo le quedaba un cargador a mano y si la ayudaba, correría el riesgo de que aquel rebaño les diese alcance. Pero, por otra parte, si no lo hacía, su ahijada no se lo perdonaría en la vida.

*Dejó escapar un gruñido, justo antes de apartar a Lexy, alzar su arma y empezar a disparar a los muertos vivientes que más cerca estaban de la pelirroja. Ella no necesitó más aliciente que ese para levantarse y echar a correr con más ímpetu que antes.*Y cuando al fin llegó hasta ellos, su amiga la recibió con un tierno y emotivo abrazo.

—Tranquila, ya estás a salvo.