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The Walking Dead, Dark Paradise — capítulo 2
*N. de la A. : He puesto el enlace del tráiler en la portada, espero que os guste al igual que el capítulo.*Cuando veáis la almohadilla#poned el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=Socs8uiNldo Aquí os dejo el link del gif:http://s1367.photobucket.com/user/Lucy_BF/media/Gifs%20de%20Dark%20Paradise/Capiacutetulo%201_zpsz5ohmmz9.gif.html?sort=3&o=0
King County, 07:00 PM.
Esbozó una sonrisa triunfal de dientes blancos e impolutos que contrastaban armónicamente con el carmín de sus labios. Por fin, tras más de media hora estrujándose la cabeza y escribiendo números sin ton ni son, sabía como resolver aquel enrevesado ejercicio.
Se elogió a sí misma en un arranque de altanería e hinchó el pecho de orgullo. Siempre había sido una estudiante ejemplar, de notas impecables en casi todas las asignaturas que no solían bajar del sobresaliente —por algo quería estudiar medicina —, pero, sin duda alguna, lo que más le gustaba era el álgebra. Su destreza con los números era verdaderamente admirable.
Estaba escribiendo las dos últimas operaciones, cuando alguien llamó a la puerta de su habitación.
—¿Se puede? —consultó su madre, asomando la cabeza.
La joven, que se encontraba tendida sobre la cama, asintió.
—He pedido comida china, ¿te apetece? —la muchacha arqueó una ceja, gesto que no le pasó desapercibido a la Sra. Marshall —. Ya sabes, una noche de chicas, como en los viejos tiempos. Será divertido —prosiguió con una amplia sonrisa, justo antes de sentarse a su lado.
Allison negó rotundamente con la cabeza.
—No puedo, esta noche voy a cenar con papá —le recordó —. Pensé que lo sabías —musitó extrañada, pues juraría habérselo mencionado en más de una ocasión.
Natalie bajó la mirada y suspiró lánguidamente, lo cual confirmó las sospechas de su hija; le estaba ocultando algo.
—Verás, cariño —tomó una gran bocanada de aire antes de continuar —, ha llamado tu padre y...
—No va a venir —completó la pelirroja, cuyo rostro se había ensombrecido por completo —. ¿Por qué no me sorprende?
Arrojó el bolígrafo y cerró de golpe su cuaderno de matemáticas. Lo había vuelto a hacer, su padre había faltado nuevamente a su promesa.
—Ally, debe acudir a una reunión muy urgente —la aludida suspiró —. Ya sabes lo importante que es su trabajo —señaló Natalie en tono conciliador, como si intentase suavizar en la medida de lo posible la falta de su ex-esposo.
Sí, al parecer más importante que su hija.
La chica resopló.
—Ya, curiosamente eso es lo que dice siempre —farfulló, dejando entrever su irritación —. ¿Y no será que prefiere estar con su nueva familia antes que con su propia hija?. Creo que ya va siendo hora de que me diga a la cara que no tiene intenciones de venir a verme, así acabaríamos de una vez con toda esta farsa.
De pronto, se hizo el silencio, uno tenso e incómodo.
»¿Qué? —se encogió de hombros —. Es la pura verdad, siempre pone alguna excusa para escaquearse —apostilló ante la mirada reprobatoria de su madre.
Allison Marshall era una chica con muchísimo temperamento, de eso no cabía la menor duda. Sin embargo y pese a haber pronunciado cada una de esas palabras con rabia, tuvo que hacer un gran esfuerzo para reprimir las lágrimas. Tragó saliva y logró contenerse, aunque a duras penas. Ya no lloraría más por él, no se lo merecía.
—No digas eso —la reprendió Natalie, que no dejaba de juguetear con las manos —. Tu padre es un hombre muy ocupado, y lo sabes.
La muchacha apretó los puños con fuerza, tratando de controlarse.
—Te fue infiel, mamá —soltó sin miramientos —. No hace falta que lo defiendas por mí, no quiero que lo hagas. Él tomó una decisión, nos abandonó a las dos.
La Sra. Marshall apartó inmediatamente la mirada, azorada. Habían pasado dos largos años desde que lo suyo con Jonathan terminó, desde que la pobre Allison pilló a su padre fornicando con una rubia diez años menor que él, en su propia casa. La infidelidad, las discusiones, el divorcio...todo aquello había sido muy duro para ambas.
Tras un minuto más de silencio Allison volvió a mirar a su madre, pudiendo apreciar en sus ojos grises cierto sentimiento de culpa. Se mordisqueó el labio inferior. Odiaba verla así, tan demacrada. Ya habían sufrido bastante por culpa del cabronazo de su padre y ninguna de las dos lo merecía.
Tomó su mano con dulzura y esbozó una de sus mejores sonrisas.
—Con que comida china, ¿eh? —inquirió pícaramente —. Me parece una idea fantástica.
Al oírlo, Natalie la abrazó con fuerza, sabiendo que, si no hubiese por su hija, ella nunca habría podido salir adelante.
Allison era lo que más quería en el mundo.
#
Campamento de Atlanta, 10 de junio del 2011.
Una pequeña lágrima descendió por su mejilla izquierda, dejando un vestigio de recuerdos que se empeñaba en torturarla una y otra vez, día tras día, sin descanso, mientras que el dolor por la reciente tragedia se extendía por todo su cuerpo como un cáncer en estado terminal.
Estaba de cara al viento, oteando el horizonte, con la inmutabilidad de una estatua. Respiró hondo, procurando ante todo mantener la calma y no ceder a las emociones, y clavó sus fulgurantes ojos pardos en el precipicio que se extendía inexorablemente a sus pies. Admiró la belleza del paisaje mientras la brisa le acariciaba suavemente el rostro, simulando las manos de su querida madre. Aquello la reconfortó durante unas milésimas de segundo, pero la angustia volvió a apoderarse de ella en cuanto recordó todo lo que había pasado, todo lo que había perdido en un mísero día.
Se sentía devastada, vacía. Lo había perdido todo.
—Al fin te encuentro —aquella voz la sobresaltó, provocando que se secase inmediatamente el pómulo con el dorso de la mano —. ¿Allison? —Lexy se detuvo en seco al ver lo cerca que se encontraba la pelirroja del límite del acantilado.
»¿Estás bien? —preguntó con el corazón en un puño. Siempre le había tenido un pánico terrible a las alturas y el hecho de que su mejor amiga estuviese a apenas un palmo de precipitarse al vacío no mejoraba las cosas.
—Sí —contestó la aludida, sin tan siquiera girarse hacia su interlocutora.
La mayor de los Grimes suspiró. Conocía a Allison desde que tenía uso de razón, prácticamente se habían criado juntas, por lo que sabía cuándo ésta le mentía.
—No soy estúpida, Allison —contrapuso, cruzándose inquisitivamente de brazos —. Te has pasado las últimas cinco semanas encerrada en nuestra tienda, sin apenas comer ni beber. ¿Acaso a eso lo llamasestar bien? —la recriminó.
La pelirroja le lanzó una mirada iracunda, ¿por qué simplemente no la dejaban tranquila? Estaba harta de que todo el mundo anduviese encima de ella, pendiente de cada uno de sus movimientos. Era agobiante.
—Tienes razón, debería haberme quedado allí —masculló tras un breve resoplido.
—Ya basta —ordenó Lexy, el comportamiento displicente de su amiga comenzaba a exasperarla —. No puedes alejarte de todo aquel que intente ayudarte.
A la aludida se le formó un nudo en la boca del estómago, uno tan desagradable que casi le impidió argüir algo en su defensa.
—Tú hiciste lo mismo, al poco tiempo de llegar aquí —le recordó, punzante.
La hija de los Grimes arqueó una ceja al escucharlo, con una mezcla de indignación y resentimiento. Eso había sido un golpe bajo.
—No soy yo quien está al borde de un precipicio.
Allison esbozó una sonrisa mordaz. Era increíble, Lexy siempre tenía una respuesta a todo.
—Tranquila, no está en mi lista de prioridades suicidarme si es eso lo que te preocupa —se encogió de hombros con naturalidad —. Aunque viendo la situación actual, no es algo que deba descartarse a la ligera —alegó con frialdad.
La morena compuso una mueca de asombro. No podía hablar en serio.
—Sabes perfectamente que esa no es la solución —se apresuró a decir.
—Yo no estaría tan segura —refutó Allison —. El mundo se ha acabado Lexy, ya no queda nada.
—No te creo —espetó la aludida, apretando los puños con fuerza —. Aún tienes esperanza, ¿y sabes por qué lo sé?
—Ilumíname —la pelirroja puso los ojos en blanco.
—Porque si de verdad creyeses en tus palabras, ya te habrías tirado.
Ally miró a su amiga con ojos vidriosos. El dolor que la devastaba por dentro le había conducido en más de una ocasión a ese tipo de pensamientos,suicidas. Pero nunca había conseguido reunir el valor suficiente para tan siquiera intentarlo.
»Déjame ayudarte —musitó Alexandra con voz quebradiza, al tiempo que le tendía una mano.
La pelirroja sorbió con la nariz.
—Para ti es fácil decirlo; todavía tienes a tu madre, a tu hermano y a Shane. En cambio, yo... —realizó una pequeña pausa para no romper a llorar —. Mis padres, nuestros amigos...todos están muertos. Ya no me queda nada —sollozó.
Lexy clavó la vista en el suelo, no soportaba verla así. Desgraciadamente, ella también estaba familiarizada con el intenso dolor que provocaba la muerte de un ser querido.
Quiso estrecharla entre sus brazos y repetirle las veces que hiciese falta que todo iba a salir bien, que conseguirían salir adelante, pero Allison no se lo permitió.
—No —alzó las manos, anticipándose a sus movimientos —, necesito estar sola.
Acto seguido echó a andar en dirección al campamento, sin mirar atrás en ningún momento.
King County, 07:30 PM.
Madre e hija charlaban animadamente en la espaciosa cocina, mientras esperaban impacientes la llegada del repartidor de comida china que, a decir verdad, estaba tardando más de lo habitual en realizar la entrega a domicilio.
Tras casi media hora de espera, alguien llamó a la puerta con unos golpecitos insistentes y sonoros.
—Ya era hora —gruñó Allison, cuyo exigente estómago rugía con ferocidad por la falta de alimento.
Natalie la sonrió con complicidad, justo antes de dirigir sus pasos hacia la entrada.
—Un momento —pronunció ante la insistencia de los toques.
Con cartera en mano se dispuso a abrir la puerta, preparada para recibir el pedido, no obstante, lo que se encontró al otro lado del umbral fue algo totalmente diferente. Sus ojos se abrieron de par en par, al tiempo que analizaba al esperpento que, por lo visto, había estado aporreando la puerta. Instintintivamente la bestia se abalanzó sobre ella, que cayó al suelo sin poder apenas reaccionar. Tras unos segundos de exhausto forcejeo, Natalie profirió un grito desgarrador en cuanto los dientes de aquella aberración perforaron sin previo aviso su piel, cerrándose como un cepo y arrancando la epidermis de cuajo.
Allison, por su parte, corrió hacia la entrada con la intención de socorrerla, pero se quedó completamente paralizada ante la visión de tan macabra escena. La Sra. Marshall luchaba contra el extraño ser para evitar otra mordedura más, pero la primera —situada en su hombro izquierdo —, estaba perdiendo demasiada sangre.
—¡Mamá! —gritó la joven, sin saber qué hacer.
*Quizás fue a causa del repentino subidón de adrenalina, o tal vez puro instinto de supervivencia, pero Allison volvió a la cocina y comenzó a rebuscar en los cajones como una histérica hasta dar con un cuchillo con el que poder defenderse. Y cuando regresó al pasillo, arremetió con todas sus fuerzas contra la criatura que devoraba a la moribunda de su madre. Lo apuñaló frenéticamente en la espalda, sin embargo —y para su sorpresa —, ninguna de las cuchilladas parecieron afectarle. Solo sirvió para que éste se girase lentamente y clavase sus desorbitados ojos en los de la pelirroja.*Aquel desfigurado rostro le heló la sangre. Nunca en la vida pensó ver algo semejante.
La bestia logró ponerse en pie y empezó a acercarse a Allison, que reculaba horrorizada, presa del pánico. Y entonces el bicho abrió la boca, dilatándola de una manera sobrehumana, listo para morder la yugular de su nueva presa. Sin embargo, el filo del cuchillo se clavó en su globo ocular derecho antes de que pudiera siquiera tocarla.
El cuerpo de la muchacha se tensó en el acto, para luego soltar el cuchillo cuando fue consciente de lo que acababa de hacer. El engendro cayó a sus pies con un ruido sordo. Lo había matado.
No, porque eso ya estaba muerto, ¿verdad*?*
Apenas un instante después, corrió hacia su madre y se arrodilló junto a ella. Contuvo un sollozo al ver la herida de su hombro, tenía muy mal aspecto, y tres mordiscos más se extendían por su brazo. Las gotas de sangre se esparcían anárquicamente por el suelo, manchando la aterciopelada moqueta de un rojo escarlata brillante, y la mujer apenas podía mantenerse despierta.
Las lágrimas comenzaron a descender sin control por sus mejillas. Aquello no podía estar pasando.
—Mam... —balbuceó.
Natalie entreabrió los ojos, reconociendo su voz.
»Te pondrás bien —aseguró Allison, mientras la acunaba.
A la mujer apenas le quedaba energía para respirar, pero hizo un esfuerzo y acarició fugazmente el rostro de su hija. Después se fue apagando poco a poco, hasta exhalar su último aliento.
»¿Mamá? —la zarandeó, esperando a que despertase —. ¡MAMÁ!
Rompió a llorar desconsoladamente, sin dejar de abrazar el cuerpo ya sin vida de su progenitora.
Se mantuvo a su lado por varios minutos, sin ser capaz de asumir todo lo que había sucedido, hasta que unas voces tremendamente familiares llegaron a sus oídos.
Lexy.
Luego el rugido de un motor poniéndose en marcha.
Alzó pesarosamente la cabeza y clavó la mirada en el exterior; varias criaturas se paseaban por la calle, ajenas al horror que causaban allá donde iban. Volvió a contemplar a su madre. No quería separarse de ella, pero solo contaba con dos opciones: quedarse y correr su misma suerte, o aprovechar la oportunidad y huir lejos de allí. El labio inferior le temblaba, como el resto de su cuerpo. Tomó una gran bocanada de aire y besó tiernamente la frente de Natalie.
Y se levantó. Salió de casa y echó a correr en dirección al coche que supuso su salvación.
Campamento de Atlanta, 10 de junio del 2011.
La joven caminaba atropelladamente a través de la extensa floresta, bordeando con gran agilidad cada obstáculo que se interponía en su camino. Quería llegar cuanto antes al campamento y pasar allí lo más desapercibida posible, sin que nada ni nadie la importunase. Pero por designios del destino —o una mala suerte de tres pares de narices—cuando ya estaba a punto de llegar a su tienda de campaña, se topó con la inconfundible figura de Merle. Sí, el tipo que había estado bebiendo los vientos por ella desde que se conocieron y el mismo al que procuraba evitar siempre que podía. Porque, para ser francos, él no era ningún caballero de brillante armadura, ni mucho menos. A sus ojos era un renegado vulgar e intolerante que se había ganado el desprecio de casi todos los miembros del grupo.
Por suerte se encontraba de espaldas a ella, charlando con su hermano menor Daryl o, mejor dicho, tocándole un rato las narices. Porque eso era lo único que sabía hacer Merle Dixon: molestar a todo bicho viviente. Como si de un sexto sentido se tratase (o un radar detecta-pelirrojas) el mayor de los Dixon se dio media vuelta, clavando sus inquietantes ojos azules en los de la muchacha que, pese a la turbación del momento, siguió adelante con paso decidido.
—¿A dónde vas tan rápido, preciosa? —inquirió Merle, justo antes de impedirla el paso.
Allison resopló.
—Déjame pasar, Dixon —ordenó, impasible.
El susodicho chasqueó varias veces la lengua, al tiempo que acortaba aún más la distancia que los separaba. Instintivamente, la chica se echó atrás.
—Creo que te has olvidado de algo, nena. ¿Y mi beso debuenos días? —paseó su lasciva mirada por las prominentes curvas de la pelirroja.
Allison rodó los ojos de puro hastío, reprimiendo el impulso de arrearle un buen mamporro.
—Da gracias a que no te deje sin dientes —soltó, cáustica y amenazante.
Merle carcajeó divertido, para luego volverse hacia su hermano en busca de apoyo, pero éste prefirió ignorar su provocación y mantenerse al margen.
—Vaya, vaya...sí que tienes carácter —de un paso volvió a quedarse a escasos centímetros de ella —. No veas lo que me pone eso.
Un buen bozal, eso te pondría yo.
—Que te den.
Allison hizo el amago de alejarse antes de que todo aquello pasase de castaño oscuro, sin embargo, las rudas manos del hombre aprisionaron sin piedad su brazo derecho.
—A mí no me engañas, que sé que estás deseando que te dé un buen meneo —le susurró al oído, logrando estremecerla.
—Eres un cerdo —espetó, intentando zafarse de su agarre.
—¡Oh, venga! No seas así —rogó él en tono jocoso —. En un par de horas iremos a la ciudad en busca de víveres, concédeme este regalo de despedida. Tal vez no vuelva —de nuevo, esa sonrisa sibilina apareció en su rostro.
Rezaré para que así sea.
—¡No me toques! —vociferó Allison en cuanto notó que las manos del hombre comenzaban a bajar por su cintura.
—Vamos, déjala ya Merle —intervino Daryl, poniéndose en pie.
—Tú cierra la boca, hermanito —gruñó el aludido.
La joven forcejeó todo lo que pudo, pero Dixon era mucho más fuerte. No tenía ninguna posibilidad contra él.
—¡Suéltala! —aquel grito acaparó la atención de todos.
Alexandra Grimes había llegado justo a tiempo, aunque de sobra sabía que no le iba a resultar nada fácil lidiar con el mayor de los Dixon. Lo tenía más que comprobado, dado que esa no era la primera vez que se enfrentaba a ese garrulo misógino (já, qué irónico).
—Así que lagatitatambién quiere unirse a la fiesta —dijo ampliando la sonrisa —. No te preocupes, aquí hay Merle para todas.
Aprovechando la inminente oportunidad, Allison le propinó una fuerte patada en la espinilla, consiguiendo el tiempo suficiente para alejarse de él.
—Serás… —imprecó furioso, mientras se restregaba la zona golpeada. Apenas un instante después volvió a acercarse a la pelirroja de manera intimidante, pero Lexy fue mucho más rápida y logró interponerse en su camino.
Merle alzó el mentón y observó a la morena con gran desprecio.
—Te crees muy valiente, ¿verdad?
—¿Y tú? —soltó ella mordazmente.
Allison miró a su mejor amiga totalmente desconcertada. Sabía que Lexy no le tenía ningún miedo, por eso no se amedrentaba a la hora de dejarle las cosas claritas. Tenía muy mal genio, sí, aparte de que no soportaba a ese tío, pero esos no eran los únicos motivos que la impulsaban a hacerlo; contaba con la protección de Shane, el líder del grupo, todo el campamento lo sabía, incluido Merle. Y, digamos, que el agente de policía, cuando de su ahijada se trataba, no escatimaba a la hora de repartir hostias como panes. Ese era otro punto más a favor de la chica Grimes: podía ponerle los puntos sobre las íes todas las veces que quisiera porque prácticamente era intocable. Pero también conocía su debilidad, y es que a veces su amiga se confiaba demasiado.
—¿Se puede saber qué coño está pasando aquí? —preguntó Shane, que caminaba directo a ellos.
—Tranquilo, jefe. Las chicas y yo solo estábamos charlando, ¿no es así? —Dixon guiñó un ojo a las dos adolescentes, gesto que no le gustó ni un pelo al agente de policía.
—Creí haberte dejado bien claro que no quiero verte cerca de ellas —le compelió Shane, posicionándose en frente suyo.
El aludido sostuvo unos segundos más su acuciante mirada, no sin antes reír burlonamente, pero no llegó a decir nada más. Había captado la indirecta. Se dio media vuelta y regresó junto a su hermano.
Lexy, por su parte, fulminó con la mirada a Daryl. Aquel mostrenco había estado presente durante toda la disputa, pero al parecer despeluchar ardillitas era más importante que controlar al cerdo de su hermano.
El agente Walsh suspiró.
—¿Estáis bien? —consultó, preocupado.
Allison no respondió. Tomó una gran bocanada de aire y a continuación ingresó en una de las tiendas de campaña. Lexy se dispuso a seguir sus pasos, pero Shane la retuvo.
—¿Podemos hablar? —quiso saber, adquiriendo una posición en jarras.
La muchacha negó rotundamente con la cabeza.
—Ahora no.