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The Walking Dead, Dark Paradise — capítulo 5
**N. de la A.****:Cuando veáis la almohadilla#**reproducid el link que os dejo a continuación y luego seguid leyendo, prometo que no os arrepentiréis.
Música: https://www.youtube.com/watch?v=gblkbDLmg6o
Cuando una enojada Allison Marshall ingresó en la tienda de campaña que compartía con Lexy, no esperaba encontrársela allí dentro —ya que a esas horas de la tarde solía contemplar la puesta de sol junto a su hermano pequeño —, mucho menos pillarla ojeando lo que parecía ser un viejo álbum de fotos mientras trataba de contener las lágrimas. Alexandra Grimes permanecía tan ensimismada en sus pensamientos que no pudo evitar sobresaltarse ante la repentina intromisión de su compañera, que la miraba con una clara expresión de desconcierto. De manera que en un acto reflejo, cerró el librito y lo depositó en el suelo, dejándolo fuera de su campo de visión.
—Perdona, no quería molestar —se disculpó torpemente Ally, a la par que retrocedía varios pasos. Sabía lo mal que le sentaba a su mejor amiga que invadiesen su privacidad, y no estaba de humor para más discusiones. Con Merle Dixon y Shane Walsh había tenido más que suficiente. No obstante —y para su sorpresa —, la morena negó deliberadamente con la cabeza, invitándola a quedarse.
—Tú también duermes aquí, no tienes que irte si no quieres… —pronunció con voz débil y acongojada. Apenas un instante después volvió a clavar la vista en el suelo, rompiendo así el contacto visual con la pelirroja, quien no pudo reprimir el impulso de compadecerse de ella, aunque tan solo fuese por una milésima de segundo.
Allison se mordisqueó el labio inferior y, luego de haberlo meditado unos instantes, asintió. Lo cierto es que no tenía nada mejor que hacer y, sinceramente, prefería quedarse allí antes que seguir deambulando por el campamento como un alma en pena —más que nada por si volvía a tener algún encontronazo con el agente Walsh —. Tomó una gran bocanada de aire y se sentó a su lado.
Con gran disimulo, analizó minuciosamente su expresión corporal; la pobre estaba acurrucada en un rincón, abrazándose las piernas como si su vida dependiera de ello y con los ojos rojos e hinchados, por lo que supuso que había estado llorando. Sabía que Lexy no era del tipo de personas que expresaba sus sentimientos a la ligera, más bien todo lo contrario. Ella era hermética y prefería guardárselo todo para sí misma, haciéndoles creer a los demás que todo iba bien cuando en realidad estaba rota por dentro. ¿El motivo?, casi dieciocho años a su lado y aún no lo tenía claro, aunque sospechaba que fuese por alguna cuestión de orgullo. Suavizó de manera inconsciente la expresión ofuscada de su semblante y es que, viéndola así, tan abatida y desamparada, se daba cuenta de que ella también debía de estar pasándolo muy mal. Es decir, Alexandra había perdido a una persona muy importante en su vida, alguien a quien quería con locura, y pese al esfuerzo que realizaba constantemente por adoptar el papel de chica dura y ese rollo macabro de "todo me da igual", el dolor seguía ahí, siempre presente. Desde la muerte de su padre se había encerrado en sí misma —más de lo habitual —, y se había vuelto tan pálida y estoica que casi parecía traslúcida, con esos mechones de cabello azabache ensombreciendo sus enormes ojos, que un día brillaron llenos de ilusión y esperanza.
—¿Quieres hablar? —consultó Allison tras un largo e incómodo silencio.
—Y yo que pensaba que no tenías intenciones de hablar… —señaló la mayor de los Grimes con cierto resquemor, evocando la pequeña charla que mantuvieron esa misma mañana.
La aludida se llevó las manos a la frente y, apoyando los codos en las rodillas, emitió un lánguido suspiro. Parecía mentira que hace apenas unas horas la situación se diera a la inversa: que fuese ella la que no hacía más que dar evasivas y malas contestaciones para evitar arreglar las cosas. Era como si en ese intervalo de tiempo ambas se hubiesen intercambiado los papeles, y eso solo dejaba en claro una cosa: que toda aquella mierda les había causado una gran inestabilidad emocional. Pero, ¿y a quién no?. Estaban en un puto Apocalipsis zombi, era normal que cada dos por tres desearan tirarse por un puente.
—Lo siento, ¿vale? —soltó de improvisto —. No debí comportarme así, tú solo intentabas ayudarme y yo…me pasé —admitió la joven en un esfuerzo por tragarse su enorme orgullo.
Aquella frase bastó para que Lexy volviera a mirarla fijamente, esta vez reflejando asombro. A decir verdad, no esperaba una disculpa.
—La culpa fue mía —repuso tras tomar una gran bocanada de aire —. No debí presionarte tanto, con todo lo que ha pasado…es normal que estés así —se encogió de hombros, sin saber muy bien qué más añadir. Rara vez se quedaba sin palabras, pero es que en esos momentos no encontraba la fuerza ni la motivación suficiente para nada.
—¿Sabes?, he estado pensando en todo lo que me dijiste y tenías razón —se sinceró Allison, clavando sus ojos pardos en los esmeralda de Lexy —. Estas últimas semanas han sido horribles, para qué mentir, y sé que aún no he logrado superar todo lo que ha pasado, pero no puedo seguir así, consumiéndome con cada día que pasa. No quiero —prosiguió enfatizando esas dos últimas palabras con suma convicción —. Me gustaría creer que aún queda esperanza, que todavía tenemos un futuro por delante.
Alexandra quiso sonreír al escucharlo, estaba orgullosa de ella. No obstante sus rosados labios tan solo esbozaron una línea, vacía e inexpresiva.
—Bueno, estamos vivas, ¿no? Eso tiene que significar algo —apostilló tratando de sonar lo más natural posible, pero Ally percibió el desánimo en su voz y no pudo evitar entristecerse por ello.
La situación lo requería, así que sacó del bolsillo de sus ajustados vaqueros la barra energética que Dale le había entregado hace ya media hora, y la partió por la mitad, ofreciéndole una porción a la morena.
»¡Oh, Dios!, ¿cómo la has conseguido? —quiso saber mientras tomaba entre sus finos dedos aquel delicioso aperitivo. Se le hizo la boca agua al ver que tenía pepitas de chocolate.
Allison rió por lo bajo.
—Me la ha dado Dale —respondió pícaramente. Su amiga asintió, justo antes de darle un bocado. Ella también había perdido peso, aunque no tanto como la pelirroja —. Oye, sabes que no tienes que fingir conmigo —señaló tras un minuto más de silencio, el tiempo que les había llevado comerse la barrita, dirigiendo la mirada hacia donde supuestamente se encontraba el álbum de fotografías.
El cuerpo de Alexandra se tensó ante ese último comentario.
—No sé a lo que te refieres —adujo con fingido desinterés.
Ally enarcó una ceja. Por mucho que se empeñase a ella no podía engañarla, pues la conocía lo suficientemente bien como para saber cuándo algo le preocupaba o, en este caso, afligía.
—Le echas de menos, ¿verdad? —inquirió en un susurro, apenas perceptible, provocando que la mayor de los Grimes se removiera incómoda en su sitio. Una pequeña lágrima descendió por su bronceada mejilla, y esta vez ni se molestó en secarla. Estaba harta de aparentar con todo el mundo, simplemente ya no lo soportaba.
Sorbió con la nariz antes de retomar la palabra:
—Creí que lo había superado… —tuvo que hacer una pequeña pausa para no romper a llorar ahí mismo. Era demasiado doloroso hablar sobre ello, pero tenía la impresión de que si no lo hacía, acabaría explotando. Y eso era lo último que necesitaba —. Desde el momento en que cayó en coma traté de mentalizarme, quise prepararme para lo peor, pero…joder, nunca pensé que costaría tanto —su voz se quebraba con cada vocablo que salía de su boca, hasta que ya no pudo más y dejó escapar un leve sollozo.
—Hay heridas que solo el tiempo puede curar, y aún así nunca desaparecen del todo —pronunció Allison con gran pesar. Ella jamás lograría superar la muerte de su madre, recordaría la expresión agonizante de su rostro toda su vida, pero al menos esperaba que el tiempo le ayudase a sobrellevar esa terrible carga.
Lexy, por su parte, negó un par de veces con la cabeza, cargando con una responsabilidad que no era suya, pero que igualmente se adjudicaba.
Los primeros días fueron los más duros; se negaba a creer que su padre había muerto pese a las palabras de Shane, quien juraba y perjuraba que su corazón dejó de latir en cuanto las máquinas a las que estaba conectado se apagaron. A las dos semanas comenzó a aceptarlo, pero evitando a toda costa hablar del tema con nadie. Hasta el día de hoy, que se sentía tremendamente culpable aunque fingiese todo lo contrario.
—Abandoné a mi propio padre, Allison —contradijo, alzando ligeramente la voz —, y eso es algo que nunca me perdonaré.
—Eh…sé cómo te sientes. Todos hemos sacrificado algo, yo también tuve que dejar atrás a mi madre —comenzó a explicar la pelirroja en su mejor tono neutral —. Mira, sé que no soy la más indicada para hablar, pero…no te mortifiques más —. Lexy bufó de mala gana. Era muy fácil decirlo —. Nos vimos obligadas a hacerlo, de lo contrario yo no te habría encontrado y tú hubieras ido a un hospital plagado de muertos-vivientes. Habría sido un suicidio.
La morena se limitó a bajar la mirada, sabiendo que en el fondo tenía razón. Y tras otro corto silencio en el que trató de mantener sus inestables emociones a raya, volvió a hablar:
—Te equivocaste en una cosa —articuló con seriedad, captando nuevamente la atención de su amiga, que no sabía a lo que se refería —. En el acantilado me dijiste que ya no te quedaba nada y que por eso no merecía la pena seguir viviendo en un mundo así —le recordó con la vista clavada en su pecoso semblante —. No estás sola, Ally, nunca lo has estado. Nos tienes a nosotros —. La aludida compuso una expresión de asombro, al tiempo que notaba como sus ojos se iban humedeciendo poco a poco —. Mi familia es también la tuya, no lo olvides.
Numerosas lágrimas comenzaron a rodar por las pálidas mejillas de Allison. No pudo contenerse y estrechó entre sus brazos el delgado cuerpo de Alex, que también dio rienda suelta a sus emociones.
—Bueno, creo que ya ha habido suficiente sentimentalismo por hoy —dijo la mayor de los Grimes en un improvisado tono jocoso, mientras se separaba de su compañera, rompiendo así aquel tierno gesto con el que habían vuelto a consolidar su amistad.
La pelirroja rió ante su comentario. Fue entonces cuando algo captó irremediablemente la atención de ambas. Un extraño sonido que se oía a lo lejos, pero que cada vez estaba más cerca del campamento. Una especie de pitido…como una alarma.
—¿Qué es eso? —preguntó Marshall con el ceño fruncido.
—No lo sé, pero se está acercando —contestó Lexy justo antes de abandonar la tienda de campaña, seguida de su mejor amiga.
Una vez en el exterior se dirigieron al lugar donde el resto del grupo se había congregado, observando expectantes como —a lo lejos —un magnífico Dodge Challenger rojo se aproximaba a toda velocidad a su posición.
—¿Son ellos? —quiso saber Amy, desesperada por ver a su hermana mayor sana y salva, mientras Dale (desde lo alto de la caravana) contemplaba a través de unos prismáticos la trayectoria del vehículo.
—No me jodas… —musitó el anciano, sin dar crédito a lo que veían sus ojos.
—¿Qué pasa, Dale? —esta vez fue Lexy quien habló. Se había detenido junto a su madre y su hermano, al igual que Allison.
—Se trata de un coche robado, seguro —explicó el aludido, todavía perplejo.
Cuando finalmente el vehículo arribó frente a ellos, de él salió un joven asiático de veintipocos años de edad, portando una amplia sonrisa en los labios que logró descolocar a todos los presentes.
—No me lo puedo creer —el rostro de la mayor de los Grimes se iluminó por completo al ver que se trataba de su compañero, Glenn Rhee. El mismo que había partido a la ciudad de Atlanta esa misma mañana en busca de provisiones.
—Maldita sea, ¡apaga eso de una vez! —le ordenó impacientemente Dale, a quien le preocupaba que todo aquel alboroto pudiese atraer a los muertos.
—El problema es que no sé cómo hacerlo —respondió el chico, sin dejar de sonreír. Había conseguido escapar de una muerte segura, así que era normal que estuviese de tan buen humor, aunque para algunos resultase irritante.
Y mientras Shane le pedía amablemente que acabase con aquel ruido del demonio de una vez por todas, y Amy no paraba de atosigarle con preguntas acerca del bienestar de su hermana, Lexy se aproximó con paso firme al Dodge Challenger. Abrió el capó y luego de inspeccionar a fondo el interior, desconectó el fusible que unía la alarma a la batería del auto. En ese instante sintió todas las miradas recaer sobre su persona.
—¿Y tú cómo sabes hacer eso? —le abordó su padrino por la espalda en cuanto el pitido dejó de sonar por todo el lugar. Se había cruzado inquisitivamente de brazos y la expresión de su semblante no era nada amigable.
La muchacha se encogió de hombros en un gesto inocente y, para salir del apuro, empezó a hablar con el coreano.
—¿Qué pasa, Glenn?, ¿es que acaso a los despojos no les gusta la comida oriental? —comentó burlonamente, sin poder contener una sonora carcajada.
Menudo chistaco.
—Ja, ja, muy graciosa —el susodicho echó a reír, para luego acercarse a ella y pasarle un brazo por encima de los hombros —. Admítelo, Grimes, te alegras de verme. No aguantarías ni dos días sin mí —alegó en tono adulador, a lo que ella rodó los ojos divertida.
—Estás loco viniendo con esa sirena, ¿quieres atraer a todos los caminantes? —le reprochó el agente de policía, alzando la voz de manera autoritaria.
—Por suerte todo está bien —intervino Dale al tiempo que realizaba un gesto con la mano para restarle importancia al asunto, pero sin dejar de mirar de un lado a otro por si acaso alguno de esos repugnantes seres aparecía.
—¿Llamas bien a ser estúpido? —espetó Shane mientras giraba momentáneamente la cabeza hacia el anciano.
—Eh, tampoco te pases —le encaró su ahijada, que había salido en defensa de su amigo, lo cual solo sirvió para enfurecerle aún más.
—El sonido rebota en todas las colinas, no podrán encontrar la fuente —explicó pausadamente Dale, recibiendo así una mirada fulminante por parte de Walsh —. No quiero discutir, ¿entiendes?. Pero a ver si pensamos las cosas y tenemos más cuidado la próxima vez —apostilló como un padre regañando a su hijo pequeño.
Glenn tragó en seco y asintió.
—Lo siento, no volverá a pasar —comenzó a decir con un timbre nervioso en la voz —. Es un coche guay… —arguyó posando una mano en la carrocería roja del vehículo y ya de paso cambiando un poco de tema. Dale alzó las cejas en señal de resignación, Shane suspiró tratando de no perder la paciencia y Lexy no pudo evitar reír ante las palabras del coreano.
En ese momento un camión con el logo Ferenc grabado a ambos laterales del remolque, llegó al campamento deteniéndose justo detrás del Dodge Challenger.
»Ahí vienen los demás.
Del furgón salieron primero Morales, que fue recibido emotivamente por su esposa e hijos, y Andrea quien echó a correr en dirección a su hermana pequeña nada más verla, fusionándose en un cálido abrazo. Finalmente aparecieron T-Dog y Jacqui, los dos afroamericanos.
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Todos contemplaron aquellos conmovedores reencuentros con sendas expresiones de alivio, excepto Lori y Carl Grimes, que se separaron unos metros del resto para poder hablar a solas. Desde su posición, Alexandra vio como su madre intentaba consolar al pequeño, de cuyos hermosos ojos brotaban lágrimas de desilusión e impotencia. Probablemente su hermano en el fondo seguía creyendo que aún había posibilidades de que Rick estuviese vivo, y que en cualquier momento bajaría de ese camión para reunirse con ellos. Algo con lo que incluso fantaseaba ella, a pesar de las adversidades. Clavó la vista en el suelo terroso, justo antes de sentir la mano de Allison en su hombro derecho.
—¿Cómo lograsteis salir del apuro? —le preguntó Shane a Glenn, luego de apartar la mirada de los Grimes.
—El nuevo nos sacó —contestó el chico.
—¿El nuevo? —el policía enarcó una ceja.
—Sí, un chalado que llegaba a la ciudad —expuso Morales, que continuaba abrazado a su familia —. ¡Tío del helicóptero!, ven aquí y saluda —exclamó con la vista clavada en el furgón. Apenas un instante después, un hombre vestido con un llamativo traje de sheriff se aproximó tímidamente a ellos —. Es poli, igual que tú —le dijo a Shane, quien compuso una mueca de auténtica sorpresa al reconocer a su amigo.
Cuando Lexy se fijó en aquel hombre, el corazón casi le dio un vuelco. Sintió como todos y cada uno de sus músculos se contraían debido a la impresión, y su respiración se le aceleraba hasta el punto de casi empezar a hiperventilar. Sus ojos se abrieron de par en par y una corriente eléctrica recorrió toda su espina dorsal. Avanzó un par de pasos, quedando justo frente al nuevo. Este, por su parte, palideció nada más verla.
—Oh, Dios mío… ¿pa…papá? —consiguió pronunciar la mayor de los Grimes, tras varios quiebres de voz.
El aludido no dijo nada al respecto, tan solo fue capaz de proferir un pequeño sollozo. De manera que, en un acto completamente impulsivo, Alexandra echó a correr hacia él y lo abrazó con todas sus fuerzas, temerosa de que si no se aferraba a su cuerpo lo suficiente, acabaría desvaneciéndose sin dejar rastro.
»Estás vivo… —musitó al tiempo que escondía la cara en el pecho de su progenitor. La dicha que sentía en esos momentos era tal, que no le importó llorar delante de todos.
Al cabo de unos segundos más de incertidumbre Carl llegó corriendo hacia ellos, para finalmente lanzarse a los brazos de Rick. Y por último fue Lori la que, con gran confusión, recibió a su marido.
Entretanto Allison Marshall esbozó una amplia sonrisa. Se sentía feliz por su amiga y, sobre todo, se alegraba de que Rick estuviese bien. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no todo en ese mundo era muerte y destrucción, también podían obrarse milagros. Fue ahí cuando se dio cuenta de que aquello no era el final, sino el principio de algo nuevo.
La pelirroja estaba tan absorta en sus cavilaciones, que se sobresaltó al sentir el cuerpo de Rick Grimes contra el suyo. Se había acercado a ella y la había abrazado como si fuese un miembro más de la familia.
Una agradable sensación la embargó por completo, así que dejó de pensar y se limitó a disfrutar del momento.
Alexandra Grimes irrumpió en la tienda de campaña que su madre compartía con Carl, encontrándose allí dentro con la atlética figura de su padre, que esperaba pacientemente la llegada de ropa limpia para poder cambiarse.
—Me lo ha dado T-Dog —pronunció refiriéndose a la camiseta básica y a los pantalones vaqueros que traía con ella —. Sé que no son de tu talla, pero te servirán por el momento —añadió mientras se lo entregaba.
Rick acortó la distancia que había entre ambos y acarició tiernamente su mejilla.
—Gracias —dijo sonriendo levemente. A continuación cogió las prendas y se dio media vuelta, dispuesto a cambiarse. No obstante, Lexy se lo impidió agarrándole del brazo.
—Yo quería volver —señaló su primogénita, tras inspirar profundamente —. Quise volver a por ti, pero…Shane no me lo permitió. Luego encontramos a Allison y…de veras que lo siento, papá —su voz se fue apagando poco a poco hasta no ser más que un murmullo.
El hombre volvió a acercarse a ella y, colocando el dedo índice bajo su mentón, la obligó a mirarle directamente a los ojos.
—No tienes que disculparte por nada. Shane y tú hicisteis lo correcto: poner a tu madre y a tu hermano a salvo —repuso en un tono dulce y afable, como tan solo él sabía hacer —. No has hecho nada malo, ¿de acuerdo? —insistió, a lo que la morena asintió sutilmente con la cabeza, para luego sorber con la nariz.
—Estaba tan asustada… —no pudo seguir hablando, ya que el nudo que se le había formado en la garganta se lo impidió.
Rick se apresuró a estrecharla entre sus brazos al tiempo que jugueteaba con su sedoso cabello, tal y como solía hacer cuando era pequeña.
—Tranquila, ahora estoy aquí —le susurró al oído.
¡Hola a todos!
¡Por fin se han reencontrado! Espero que os haya gustado el capítulo tanto como a mí escribirlo (dejadme vuestras opiniones en los comentarios).
También quería haceros una preguntilla...ahora que conocéis un poco mejor a Allison y Lexy, quisiera saber cuál de ellas es vuestra favorita por el momento, o con cual os sentís más identificados.
Y eso es todo. Muchas gracias por vuestro apoyo. ¡Un besazo!
*P.D.: Estoy escribiendo otra historia de TWD junto a una amiga. Os dejo el link por si a alguien le interesa:*http://www.potterfics.com/historias/188383