← Historia 177181 · de
Historia 177181 — capítulo 11
Era una mañana neblinosa en Talrrad. El único sol de aquel mundo brillaba tenuemente sobre el horizonte, apenas habiendo amanecido. En pocos minutos, el continente comenzaría con sus actividades cotidianas, pero había personas que ya habían comenzado a moverse. Poca gente, cierto, pero había personas a las que les gustaba aprovechar bien la mañana… y entre otras, se encontraba cierto muchacho.
Como siempre a aquellas horas, su habitación se encontraba vacía. Hacía pocos días que había vuelto allí, poco después de terminar lo que se consideraría como la formación necesaria para convertirse en uno de los miembros de la organización más peligrosa de todos los mundos: los Cazadores. Pero por muy agresivo que sonara, para él no podía haber sido una experiencia más intensa y, para qué negarlo, divertida.
Cualquiera podía preguntarse dónde demonios estaría, en vez de descansando, pero la respuesta la tendrían mirando al cielo. Por encima de las nubes, con una gran sonrisa, una figura humana caía a gran velocidad hacia la tierra. Parecía moverse por el cielo como pez en el agua, hasta que se estabilizó durante un minuto, cayendo de espaldas. Mientras miraba al cielo, recordó todo lo que había pasado hasta ese momento.
Como cuando había comenzado a entrenarse…
"
Era la primera noche de su entrenamiento.
-Muy bien. He aquí lo mejor de los Cazadores… -les había dicho su instructor pocos días después de comenzar el entrenamiento de verdad.
-Habéis de saber que estos son nuestros mejores efectivos. Los más rápidos, y fuertes. Son ellos los que representan esta organización, por lo que quiero que prestéis mucha atención. Como es costumbre cuando los novatos os iniciáis en esta vida, van a enseñarnos sus transformaciones, para que os hagáis una idea del poder que tienen…
Kareth había aguardado junto con sus compañeros la llegada del grupo de cuatro personas que conformaban la verdadera élite de los Cazadores. Arisae, Rhaest, Inerk, y, por último… Lyia. Todos estaban muy ansiosos, puesto que ya parecían conocer sus otras formas, pero tan sólo de oídas.
Cuando el muchacho rubio inquirió qué eran, le dieron largas, diciéndole que era algo que merecía ser descubierto ahí mismo. Pocos minutos después, los cuatro integrantes del escuadrón se presentaron allí, saludando. Kareth pudo ver cómo Arisae le dedicaba un gesto, lo cual hizo que se ruborizara un poco, recordando la escena de unos días antes.
Poco después, el espectáculo comenzó. Rhaest fue el primero en presentarse delante de todos.
-Así que vosotros sois la nueva sangre de los Cazadores, ¿cierto? Me gustan vuestras miradas… vamos a ello, pues. ¡Esta es mi otra forma! -gritó el joven. Inmediatamente después, un torbellino de viento se arremolinó en torno al fornido hombre, como si de un tifón se tratara. Todos tuvieron que hacer un gran esfuerzo para no salir volando debido a la enorme presión generada de repente por la corriente de viento que azotaba la zona.
Poco después, el viento dejó entrever una figura en el lugar en el que el hombre se encontraba minutos antes. Donde Rhaest estaba, ahora había una majestuosa criatura. Parecía tener tanto rasgos de águila como de león, una musculatura y una vista muy desarrolladas. Apoyada a cuatro patas, la bestia rampó agitando las alas mientras rugía, generando una onda de aire que volvió a sacudirlos a todos.
-Soy un grifo. Los maestros del viento -una voz gutural vino del animal, que parecía sonreír mientras su melena ondeaba con la corriente de aire que su mera presencia generaba. Todos los presentes se quedaron conmocionados, pero se deshicieron en gritos de emoción, viendo a la otra alma de Rhaest, que se volvió a transformar en humano poco tiempo después.
-Te toca, princesa -bromeó cuando pasó al lado de Arisae, que con la misma sonrisa sensual que solía adornar sus labios, pero aquella vez con los ojos cerrados. Parecía estar disfrutando de todo aquello.
Una vez se adelantó la joven, los reclutas (sobre todo los chicos, por razones más que aparentes) también comenzaron a ovacionar de nuevo. La joven abrió los ojos, y miró hacia donde estaba el rubio un momento antes de que su cuerpo estallara en llamas de forma casi instintiva. Tras el estallido, la muchacha pelirroja ya no estaba allí. En su lugar, había un ave cuyo cuerpo estaba hecho de llamas de un color rojo carmesí.
Sin embargo, aquellas llamas tenían algo muy distinto a lo que el dragón acostumbraba. ¿De verdad era fuego? Los ojos morados del ave se posaron en el cielo, mientras la criatura extendía las alas durante un segundo, creando un tenue fulgor anaranjado.
-Yo soy una fénix. El ave inmortal. Mis llamas pueden absorber ataque, y me puedo curar de todas las heridas con mucha facilidad. Hay pocas cosas que pueden dañarme… el fuego de dragón es una de ellas -explicó el ave. -Además, mi fuego es especial: puede dejar cualquier tipo de magia completamente inútil.
La gente asintió, pensando que una habilidad como aquella era, obviamente, imprescindible para el equipo que realizaba las misiones más peligrosas. La muchacha volvió a su forma humana, volviendo a su sitio mientras sus cabellos fluían con las leves corrientes que aún se notaban de la transformación de Rhaest.
El siguiente era Inerk… y, para sorpresa de Kareth, la expresión de la gente había cambiado. La admiración seguía ahí, pero mezclada con algo más. Miedo. El joven de quince años bostezó, como era habitual, y una neblina oscura se apoderó de su cuerpo.
Inmediatamente después, la temperatura pareció descender, aunque solo era una ilusión, al tiempo que la luz parecía desvanecerse, dejando el lugar mucho más oscuro que antes. En donde antes estaba el chico de cabellos plateados, se encontraba un ente que el rubio jamás había visto. Su cuerpo parecía hecho de esa misma neblina, con dos ojos blancos humeantes compuestos del mismo miasma. Desde sus brazos se extendían dos cuchillas, que le daban un aspecto ciertamente aterrador. Además, ni siquiera tenía cintura, ni piernas…
-"¿Qué cojones es eso?" -no pudo evitar pensar el joven. Una risa maléfica, aterradora y con una voz que helaba la sangre resonó en el lugar.
-La luz se desvanece… -decía. Algunos de los presentes parecía estar al borde de un ataque de histeria. El que había anunciado la llegada del escuadrón de élite le pidió que volviera a su forma original, pero, por toda respuesta, la criatura simplemente le atravesó, como si de un fantasma se tratara.
Acto seguido, el hombre comenzó a tiritar, e Inerk se volvió a su forma original, bostezando, sabiendo que tenía una explicación pendiente.
-Uaaaah… yo soy un Sombra… -pudo decir, tapándose la boca con la mano. -Son criaturas… uaaah… nocturnas, así que no puedo dormir mucho por las noches… -paró de nuevo para bostezar. -…porque como humano, duermo por la noche, pero como sombra, debería dormir de día. Dentro de las… aaagh… Sombras, soy lo que sería un Sombra alfa. Atacamos la mente… de la presa… les hacemos vivir sus propias pesadillas… pero es todo muy cansado -el chico comentó como si fuera la cosa más normal del mundo.
Una vez regresó a su sitio, se apoyó en Arisae, que le sonrió de manera afectuosa y le puso una mano en el cabello plateado, diciéndole que intentara descansar.
-Quién iba a pensar que un muchacho como Inerk pudiera ser tan… aterrador -musitó uno de los presentes.
Y así, finalmente, solo quedaba un miembro más por enseñar de lo que era capaz. La que había sido nombrada la más fuerte de los Cazadores, el pináculo de la organización. La líder del escuadrón de élite.
Ciertamente, aunque buena persona, era tan respetada como temida, sobre todo por su temperamento, gélido como el hielo en determinadas ocasiones. Kareth, en un sentido, era famoso por haberse ganado su animadversión tan rápido, aunque no sabían por qué.
Lyia.
Para ese momento, Kareth estaba mucho más expectante. Finalmente, comprobaría si aquellas dagas heladas que tenía por ojos eran los de un shek, una serpiente alada. No pudo evitar que una sonrisa se esbozara en su rostro, sabiendo que por fin tendría una respuesta clara a algo.
-"Muy bien, Lyia… veamos qué eres…" -se limitó a pensar, expectante.
La joven de largo pelo castaño se adelantó, con paso decidido y una media sonrisa, y se plantó donde los demás se transformaban. No dijo nada, ni se presentó. No había necesidad de hacerlo…
Y fue entonces cuando algo extraño ocurrió. Los presentes que tenían antorchas para iluminar el lugar las levantaron, moviéndolas lentamente de lado a lado. El joven, obviamente, no pudo entender el símbolo.
La media sonrisa de Lyia creció. La joven cerró sus ojos azules, y los abrió un segundo después. Inmediatamente fue consumida por un torbellino… La boca de Kareth se abrió de par en par, mientras todos miraban, expectantes.
Desde el interior de un tornado de llamas, los ojos de la joven se iluminaron con fuego.
-"¡No es posible…!"
De las llamas emergieron dos enormes alas que se extendieron, refulgiendo con el brillo de las llamas. Las extremidades de la criatura se abrieron paso a través del torbellino, y lo mismo hizo la cola. Finalmente, cuando las llamas se disiparon por completo, la cabeza de la criatura emergió…
Un cuerpo cubierto de escamas pristinas, de fuerza visible, pero apariencia mucho más delicada que la de los machos de su especie. Sus alas eran como un manto purísimo, y sus ojos azules se fijaron en los presentes. Un infierno se veía reflejado en ellos.
El muchacho rubio retrocedió, incapaz de creer a sus propios ojos. Ante el se encontraba algo que jamás pensó que llegaría a ver.
Un dragón. Un dragón de refulgentes escamas blancas.
"
Desde aquel día, Kareth se había estado entrenando tan duro como su cuerpo le permitió. Tenía que llegar hasta su nivel… tenía que lograr que le reconociera como un igual.
Porque si ella era un dragón, entonces quería decir que, de alguna manera… su otra alma tuvo que haber escapado del genocidio de Ashran. Y ella misma tenía que haber tenido una relación con la dragona que llevaba en su interior…
Tantas preguntas, tantas respuestas, y solo ella podía resolverlas. Sin embargo… ahora no era el momento ni el lugar para continuar pensando en eso. El suelo se acercaba peligrosamente, una enorme explanada cuya hierba se bañaba en la luz del sol talrradita.
Con una gran sonrisa, el joven soltó un grito de júbilo mientras rotaba su cuerpo, envolviéndolo en llamas, de las cuales salió un dragón negro que rápidamente desplegó las alas.
La criatura tomó un desvío de noventa grados hacia arriba desde su posición de caída en picado, haciendo que planeara a toda velocidad sobre la tierra. La voz gutural del dragón resonó por toda la zona.
-¡VAMOS! -rugió, feliz, mientras planeaba a ras de suelo por la extensa pradera, dejando atrás a diversas manadas de criaturas, algunos árboles y otros elementos antes de alzarse en el cielo y emprender el camino de vuelta. No había nada que le gustara más que practicar aquellas acrobacias justo antes de empezar el día.
/////////////
Pocas horas después, las alas de un dragón negro se plegaban a unos cuantos metros del suelo, y la criatura se inmoló en llamas, desapareciendo mientras una figura cuyo abrigo negro cubría su cuerpo se precipitó al suelo, cayendo con algo de dureza, pero controlado.
Los ojos marrones del rubio se abrieron, viendo ante él Theras, la base de los Cazadores. Cuando aterrizó, algunos le saludaron, mientras otros simplemente movieron la cabeza. Todos solían estar bastante ocupado, y él no era la excepción.
Acababa de terminar el entrenamiento hacía poco más de dos meses, pero ya estaba haciendo una gran cantidad de peticiones de habitantes de varios mundos. Jamás habría imaginado, antes de empezar a trabajar, que los Cazadores se encargaban de mantener las fronteras entre mundos lo más estable posible, limitando el acceso a humanos y las razas idhunitas, que solían poblar el resto de las dimensiones.
Parecía que los dioses, con mal gusto, habían maldecido una gran cantidad de mundos con criaturas bastante fuertes, por lo que los servicios de la organización eran requeridos también para mantener a los habitantes a salvo.
¡Cuan grande había sido su sorpresa cuando se enteró de que todas las criaturas de la mitología terrestre, con pocas excepciones, venían de los otros mundos! Las había de más o menos rango y poder, aunque de momento, él se encontraba peleando con las de menor poder. Los swanit eran un buen ejemplo, dado que una vez se conocía la técnica para matarlos, era sencillísimo.
Y, obviamente, en aquellos dos años Kareth había sido entrenado para matar.
No era un negocio estipulado como tal. Simplemente, actuaban como meros cazarrecompensas. Nunca dejaban un rastro, a no ser que fuera deliberadamente. Nunca hacían demasiado ruido. Y, sobre todo… no solían asesinar personas. Sin embargo, algunos de sus contratos eran oscuros, cuanto menos.
Puede que al viejo Erik le hubiera horrorizado ese estilo de vida, pero Kareth se encontraba soprendentemente cómodo con esa vida. Vivía muchas más aventuras y con muchísima emoción. Cada misión le enviaban con alguien diferente, a veces, solo también. Aún le quedaba mucho por recorrer, pero el comienzo había sido medianamente bueno, dado el calibre de sus actividades.
Así, mientras el joven se adentraba en la fortaleza, se encontró con Rynawe por el camino. Ambos se sonrieron: su relación había mejorado mucho desde que entró allí.
Solía hablar bastante con ella, aunque Rhaest y Arisae también se pasaban a visitar cuando podían. Parecía que los dos miembros de élite tenían especial interés en él… pero estaban fuera de su alcance. Con Rynawe era distinto; aunque era muy fuerte, no parecía serlo tanto como ellos.
El rubio se solía preguntar el por qué aquella diferencia de poderes respecto de la élite a los demás, si tenían el mismo entrenamiento… ¿tal vez, la experiencia? En cualquier caso, no tuvo tiempo de pensarlo, porque la joven de ojos azules y cabello rubio se le unió, y comenzaron a hablar.
-¡Buenos días! He oído que volviste a llegar tarde hace unos días… ¿Qué vamos a hacer contigo, dormilón? -le picó ella.
-¿Qué culpa tendré yo, si me encanta volar? Es demasiado bueno, tanto que pierdo la noción del tiempo. Oí que te cargaste una manada de hombres lobo el otro día… ¿te dieron demasiados problemas? -preguntó el joven.
-¿Tú que crees? -le devolvió la pregunta con una sonrisita. Obviamente, no. Los hombres lobo podían ser peligrosos en manada, pero matando al alfa se terminaba con el problema. Arrancar la mala hierba de raíz, se llamaba.
Así, de nuevo, ambos llegaron al salón de peticiones, donde se archivaban los contratos y las recompensas de diversos clientes de todo el mundo. Había hasta peticiones de la Tierra… y en una de esas se fijó el joven.
-Anda… esta es de Nueva York.
-Sí, ¿qué pasa? -inquirió la valkiria, con curiosidad.
-Es mi ciudad natal. O, al menos, en la que viví la mayor parte del tiempo. A lo mejor cojo esta… no parece complicada, y tengo algunas agujetas de la misión de ayer.
-Pfff… eso te pasa por no estirar después. Mira que te lo he dicho veces, idiota -le replicó ella, a lo que él simplemente cogió la misión y se dirigió a la sala de las Puertas Dimensionales con un gesto. Rynawe suspiró, moviendo la cabeza con algo de desaprobación…
Pero cuando sus ojos cayeron sobre una petición en concreto, una gota de sudor frío le recorrió la cabeza, bajando por su cuello. Sus ojos se abrieron mucho, y su mano se alzó hacia la pieza de papel, aunque estuviera marcada como de una de las más peligrosas.
Sus labios solo musitaron una frase.
-¿Qué significa esto?
/////////////
Bueno, como prometí, entraremos en un pequeño arco sobre la nueva vida de Erik, quedando Idhún algo más de lado. ¡Espero que os haya gustado! ¿Qué os ha parecido la identidad de la nueva dragona? ¿Lo veíais venir, o era algo inesperado? Espero que fuera lo segundo e.e
Espero que os haya gustado!
Un saludo!!!