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Historia 177181 — capítulo 9

Mientras todos los sheks se encontraban atónitos por la llegada de aquel dragón negro que acababa de matar a uno de sus camaradas, la bestia se giró, fijando su mirada carmesí en los ojos irisados de una de las serpientes aladas. Nada más hacerlo, se dio cuenta de que había algo extraño en ellos.

Aquella mirada no tenía nada que ver con los ojos salvajes y descontrolados de la primera aparición de la criatura en Celestia, cuando destruyó a un escuadrón por su cuenta. Esta vez, los ojos color rojo sangre de la bestia se encontraban perfectamente calmados, con una sola meta: acabar con ellos. Solo tras unos segundos se daría cuenta de lo familiar que era aquella expresión…

-"Es-Esos ojos… Son como los de…"

Inmediatamente, pudo identificarlo. El parecido era demasiado grande para ser una coincidencia. Una sola línea resonó en su mente, una que había pasado de generación en generación a lo largo de la historia de los sheks, poco después del día en que Talmannon cayó…

Aquella historia se contaba a los sheks recién nacidos como historia de terror, y a veces, como cuento de cuna. Al ser de naturaleza telepática, todos los sheks transmitían esa historia a sus hijos, por lo que las imágenes eran demasiado nítidas… Y el sonido que se asociaba a aquellos ojos estaba más vivo que nunca.

Era una voz siniestra, oscura, y sobre todo, llena de sed de venganza y sangre. La voz de un solo hombre, de hacía muchísimos siglos…

-"Siebten…"

Cuando se dio cuenta de lo que aquello significaba, el miedo cambió a odio de nuevo.

-"¡Escuchadme! ¡No podemos dejar que salga de este campo de batalla con vida! ¡Atacad todos a la vez!" -el eco del que parecía ser el líder instó a los demás a lanzarse al ataque. Las cabezas escamosas se lanzaron contra el dragón, que se preparó para recibirles…

Pero el impacto nunca llegó. En su lugar, una serie de rayos cayeron justo delante de ellos, creando un pequeño cráter en el lugar del impacto. Las criaturas aladas frenaron en seco, mirando hacia arriba. Cuatro figuras encapuchadas caían del cielo, una de ellas liderando al resto, con una espada electrificada.

La cara de Anne se volvió radiante de felicidad. Por fin habían llegado…

-¡Los Cazadores están aquí! -gritó, mientras Varn la ayudaba a levantarse.

Los cuatro encapuchados cayeron delante del dragón, que se limitó a observar. Una vez se quitaron la capucha, los ojos de Kareth se abrieron sobremanera. La que tenía aspecto de líder era una mujer rubia, de facciones suaves, pero muy definidas, con formas perfectas.

Tendría más o menos la misma edad de Erik, y su cabello rubio ondeaba al viento, destacando sobre el traje de banalidad. Sus ojos azules se fijaron en el grupo de serpientes, para después observar al dragón negro.

-Malditos sheks… ¿Cómo os atrevéis a atacar a gente inocente? ¿Por qué atacáis sin motivo? -inquirió la joven, apuntándoles con su espada.

-"¿Sin motivo? Uno de nuestros hermanos desapareció por aquí hace ya varias semanas… ¡Sois vosotros los que atacáis sin razón alguna!"

-Tsk. Tenéis mucho valor, intentando haceros los inocentes… pero esto acaba aquí. ¡Brynhildr! -gritó la muchacha mientras alzaba su espada al cielo, y ambas fueron envueltas por un fogonazo de luz. Poco después, se encontraba allí la misma persona, pero con aspecto muy distinto.

Su cuerpo ahora estaba cubierto por una extraña armadura con motivos angelicales, pero toscos. En su mano todavía tenía su espada, y en el otro, un pequeño escudo se había colocado en el guantelete de su antebrazo.

Por último, dos alas de inmaculadas plumas blancas, increíblemente suaves y fuertes a la vez, habían brotado de su espalda. Ahora, su aspecto era completamente de guerrera, con su pelo  movido por el aire y sus ojos azules fijos en el enemigo. A su lado, sus camaradas desenvainaron distintos tipos de armas, y uno de ellos simplemente se transformó. Por un momento, Kareth se sintió pequeño ante ellos.

-Vamos -dio la orden la chica, alzándose a los cielos en pos de las serpientes que ya intentaban escapar. Los demás hicieron lo propio con las que se encontraban en tierra, mientras que el dragón también peleaba. En muy poco tiempo se hizo muy claro que los sheks no podían hacer nada. Aunque se las podían ver con el dragón, cada vez que la chica movía su espada, un rayo laceraba sus pieles escamosas sin mostrar piedad alguna.

-"Maldita valkiria… ¡es demasiado fuerte…! No tiene sentido…  ¡somos sheks! Hijos del Séptimo, de las tres criaturas más poderosas de Idhún. Y, sin embargo…" -aquel pensamiento se hacía cada vez más claro en las mentes de todos los sheks. Aquel al que habían ido a buscar, ese shek extraviado, había sido asesinado.

Poco tiempo tuvieron para reaccionar, puesto que, al instante, una figura parecida a la de un toro humano, pero bípedo y de grandes cuernos y musculatura increíblemente desarrollada, se elevó detrás de uno de ellos con ambas manos juntas y alzadas, dispuesto a golpear a uno de ellos.

Un segundo después, le propinó un golpe similar a un martillazo que hizo que el reptil volador se precipitara contra el suelo, chocando con gran estrépito.

-"¡Un minotauro! Tened cuidado con sus golpes!" -ordenó el líder, pero inmediatamente después, una flecha se le clavó en el ala. Anne, desde abajo, continuaba atacando, haciendo de apoyo para los Cazadores y Kareth, que todavía transformado, trataba de buscar un objetivo. Poco a poco, las serpientes iban cayendo poco a poco, hasta que las más rápidas pudieron alejarse.

Consumido por la rabia, el dragón negro se apoyó a tres patas en el tejado de un edificio, y comenzó a aullar, primero en bajo, y luego mucho más alto. Incluso los Cazadores no esperaban lo que comenzó a ocurrir. Rynawe, la valkiria, observó cómo la magia, la energía del mundo, comenzaba a rodear al dragón y a concentrarse en él.

-"¿Acaso es un pe…?" -comenzó a pensar, pero de repente, las escamas explotaron con estrépito, liberando de golpe el exceso de energía, como si una llamarada le hubiera golpeado.

El dragón rodó por los suelos, cayendo a la calle y levantando una gran nube de polvo. Tras eso, el cuerpo de la bestia volvió a ser el de un humano que con gran dolor se llevaba los brazos a la espalda, que tenía ensangrentada.

Aquello alarmó a todos los presentes, sobre todo a Anne y a Varn, quienes se acercaron rápidamente. Los Cazadores trataron de seguir a los sheks, pero Rynawe se lo negó.

-No. Ya hemos hecho suficiente. Los sheks son inteligentes, y no van a volver a enfrentarse a nosotros. Al menos, no en estas condiciones.

-¡Kareth! ¡Kareth, dime algo! -gritó la centáuride, temerosa por la vida de su hermano adoptivo. Varn se arremangó, y algo similar a una película verde que emitía un fulgor tenue envolvió sus manos. Al ponerlas en la espalda del muchacho, la herida comenzó a remitir, poco a poco, mientras el pelirrojo hacía una mueca de extrañeza.

-"Pero esto es… No es solo un dragón… Interesante" -no pudo evitar pensar, mientras comunicaba a su hija que el joven saldría de aquella situación.

Al mismo tiempo, la joven Rynawe dio indicaciones a sus compañeros para que ayudaran a los civiles y se informaran de los daños. Iba a ser costoso, pero por lo menos los sheks solo habían destrozado una pequeña parte de la ciudad costera, para acercarse después.

Sus ojos se fijaron en el rubio, y entonces la sorpresa asomó a su rostro.

-Tú… tú eres aquel chico… -musitó ella, recordando al intruso que se había materializado junto a Varn en la base de los Cazadores, aquel al que ella misma había reducido poniéndole la espada en la garganta. Mientras se volvía a transformar en humana, el dragón negro trató de musitar algo, pero no fue capaz.

-"Había oído que quiso entrar, pero Lyia le dio un escarmiento… ¿por qué no usó entonces la fuerza que ha usado ahora…? No tiene sentido, a no ser que no fuera capaz…" -se preguntó. Quizás lo que el joven no tenía control de sus poderes, algo que se le hacía raro. Al fin y al cabo, ella vivía entre híbridos, todos muy capaces y de gran habilidad.

-Varn, ¿cierto? ¿Puedo hablar contigo un segundo?

-Dime, Rynawe.

-¿Me conoces?

-Claro, el viejo maestro te tiene en un pedestal. Aparte del Escuadrón, debes de ser de sus mejores efectivos -sonrió el pelirrojo, a lo que la joven hizo lo mismo.

-Necesitaré que luego me dejes a… ¿Kareth, se llama? Quiero hacerle unas preguntas… -continuó ella, y luego le echó un vistazo a Anne. -Muchas gracias por luchar mientras no estábamos aquí; eres algo de lo que Rannik debería estar orgullosa.

El rostro de Anne se iluminó, mientras la valkiria continuaba.

-Nos aseguraremos de devolveros todo lo que habéis perdido. No lo dudéis.

-Eso está bien, pero por ahora, dejemos descansar al chico. Seguro que está…

-No… ¿Quieres… hablar… cierto? -inquirió el rubio, con voz entrecortada por la respiración. Poco a poco, trató de levantarse, aunque temblaba como un flan. Todavía le dolía muchísimo, como si el estallido hubiera venido de dentro.

No entendía qué acababa de pasar, pero algo similar había ocurrido en su primera transformación. Lo había achacado al combate, pero esta vez, no le habían hecho mucho daño… ¿Qué le sucedía?

Rynawe asintió, e hizo un gesto con la cabeza mientras sonreía al muchacho para indicarle la dirección antes de caminar hacia un callejón cercano. Él, confuso, se limitó a seguir sus pasos, mientras Varn y Anne se decidieron a ayudar a los demás civiles tanto como pudieran. Gracias a la sirena, casi todos habían evacuado a la parte más interior de la ciudad, pero había muchos que requerían auxilio.

Finalmente, la muchacha rubia se detuvo, dándose la vuelta para mirar al extraño humano que había luchado a su lado.

-Ya sé quién eres… aquel chico que quería unirse a nosotros, pero al que Lyia le dio una buena paliza.

El joven se molestó por el comentario.

-¿Me has llamado… sólo para reírte de mí? -inquirió él, todavía respirando muy pesadamente. Ella negó con la cabeza, mirándole a los ojos.

-No. La verdad es que no creíamos que pudieras unirte… pero, de repente, te has transformado. No notamos nada en tu interior cuando viniste a la base, y por eso quisieron sacarte esa idea de la cabeza de inmediato. Pero, ahora… las cosas han cambiado…

-¿Y qué te hace pensar que quiero unirme a vosotros? Tal vez ahora ya no quiera hacerlo -respondió el chico, de malas ganas, haciendo que ella sonriera un poco más.

-No puedes engañarte a ti mismo… he visto cómo mirabas a esos sheks cuando se iban. Parecía que estabas dispuesto a seguirlos hasta el fin del mundo para matarlos… ¿Puedo preguntarte por qué?

Kareth se calló un segundo, antes de agachar la cabeza.

-Los sheks me quitaron mi vida… no podía dejarles hacer lo mismo otra vez. Maldita sea… les odio. Les odio a muerte, y no por ser un dragón… tengo mis motivos -gruñó él, recordando de nuevo aquellas escenas que le habían marcado.

Rynawe asintió, siguiendo hablando con la misma voz suave.

-Está bien, no tienes que contarme nada que no quieras… escúchame bien: no importa lo que hagas, mientras seas un dragón van a ir a por ti, ¿lo sabes, no? La única forma de que no puedan hacerte daño, ni a ti ni a lo que quieras proteger, es volviéndote más fuerte.

-¿Y para eso tengo que unirme a los Cazadores? No veo el por qué. Y por cierto, ni si quiera sé cómo te llamas -resopló el rubio.

-Eres duro de roer, Kareth -rio ella, de forma jovial. -Mi nombre es Rynawe, y soy humana, pero también valkiria. No tiene sentido que te explique nada aquí, deberás verlo tú mismo para creerme, pero déjame decirte algo.

Si luchas a nuestro lado, te volverás mucho más fuerte de lo que imaginas. Hay muchas cosas que la gente no conoce de los distintos mundos.  Y eso es lo que podrás aprender con nosotros. Además… pareces buena persona: cómo saltaste a defender a Anne dice mucho de ti -terminó ella.

Erik pareció pensar un momento, y asintió levemente.

-Está bien. Iré a echar un vistazo, y entonces decidiré -respondió, suspirando.

-¡Perfecto! Entonces, una vez hayamos terminado aquí, te llevaré de vuelta conmigo. Deberías preparar tus cosas.

-¿Oh? ¿Quién ha dicho que vaya a aceptar?

-Llámalo… intuición femenina -contestó ella, dedicándole una media sonrisa.

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Dentro de la base, lejos de la ciudad de Rannik, cuatro figuras se aparecieron por uno de los portales. Una de ellas, por supuesto, era Lyia, que salió corriendo en busca del Maestro, con una sola cosa en mente: su familia.

Rannik se hallaba bajo ataque, y tenía que ir a ayudar en ese mismo instante. No iba a permitir a aquellos malditos reptiles tocar un pelo a Varn, y mucho menos a su pequeña hermana. Cuán grande fue su sorpresa, sin embargo, cuando fue informada de que el ataque había sido repelido con éxito.

Su primera reacción había sido de alivio, y ya se imaginaba que la responsable había sido Rynawe, ya que no tenía ningún contrato programado para aquel día. Poco esperaba ver que había algo más… algo desconocido.

-¿Que algo les ha ayudado? ¿Y no sabemos qué? -inquirió ella, con sus ojos fijos en el hombre que controlaba todo el grupo. -Ah, parece que hicimos algo mal hace unas semanas. Puede que un posible candidato sea el que les ha ayudado. ¿Se te ocurre alguien…?

Una sola persona le vino a la cabeza.

-Tienes que estar de broma.

-Eso me gustaría, pero parece que cometimos un grave error. Por suerte, Rynawe ya está en camino. Ella nos explicará lo que…

Iba a continuar, pero más personas aparecieron en la planta baja. A sabiendas de que sería la Cazadora, Lyia bajó con rapidez, seguida de las otras tres figuras: una de ellas con un cuerpo muy atlético y fuerte, otra con una figura voluptuosa, y una tercera de menor altura y que se movía como con somnolencia.

Por segunda vez en pocos minutos, su cara fue de sorpresa cuando Rynawe se adelantó desde el grupo formado por ella, su escuadrón, Varn, Anne… y Kareth.

-¡Hermana! -gritó Anne, emocionada, mientras Lyia se agachaba ligeramente para darle un sentido abrazo.

-¡Menos mal que estás bien! ¡Jamás me lo hubiera perdonado si os hubiera pasado algo! -contestó ella, lo cual sorprendió al rubio. "No somos tan fríos como aparentamos, ¿eh?" -no pudo evitar pensar.

Cuando los ojos de la castaña se fijaron en el muchacho, su expresión se volvió gélida de nuevo.

-¿Qué significa esto, Rynawe? -preguntó, con algo de rabia.

-Fue increíble. Se transformó en un dragón negro… algo que no había pasado desde los tiempos de nuestro fundador. ¿Te das cuenta de lo que esto significa? -le preguntó, haciendo que se llevara una uña a la boca. Para ayudar, Anne también añadió algo, a sabiendas de que era su punto débil.

-¡Sí! Luchó por todos nosotros, y además… cuando me hicieron daño, saltó a protegerme con tanta rabia que me dio miedo -terminó la pequeña. Lyia miró al chico con cara de sorpresa.

-Tú… ¿de verdad…?

-Que sí, tonta, que te lo digo de verdad -insistió Anne.

La muchacha seguía sorprendida, pero pronto se recuperó, hablando con Rynawe de nuevo.

-Sabes que podría morir, ¿cierto? No todos están preparados.

-¡¿Qué?! -preguntó el dragón, incrédulo, con los ojos como platos.

Rynawe le miró como si nada.

-Ah, sí. Verás, el entrenamiento de un Cazador es completamente sobrehumano. Si no tienes lo que hay que tener… podrías morir en la primera semana. Luego, ya no hay peligro, ¡así que no te preocupes!

-"¡Quiero bajarme!" -pensó el muchacho, que salía de una para meterse en otra peor. Poco podía sospechar todo lo que vendría a continuación para él. Por lo pronto, las figuras de detrás de Lyia se quitaron las capuchas, y procedieron a presentarse.

El primero, un hombre de cabello también castaño, barba del mismo color, ojos turquesa y unos veintidós años. Era incluso algo más alto que Erik, y también de cuerpo más tonificado. Una vista imponente para cualquier persona normal. Su voz sonaba algo tosca, aunque agradable y cercana.

-¡Eh! Me alegro de que sigas vivo, chaval. Yo soy Rhaest, encantado de conocer al nuevo recluta. ¡Tienes pinta de tener potencial! -dijo con fuerza, visiblemente emocionado ante la perspectiva de que un dragón se uniera a sus filas. Se acercó y les dio la mano a todos, estrechándola con gran fuerza.

La segunda, y la que más impresión causó a Kareth: una joven de larga melena pelirroja, de ojos de un color morado que jamás había visto. Debía de tener entre dieciocho y veinte años, algo mayor que él, y aunque su traje de banalidad dejaba bastante a la imaginación, al joven le faltó el aire un segundo. En su rostro apareció una sonrisilla juguetona y una mirada de interés.

-Ah, un nuevo Cazador… -dejó escapar una risilla mientras se acercaba. Su voz increíblemente suave, con un toque sensual, puso al muchacho a cien en un instante. La joven puso un dedo en el pecho del muchacho y comenzó a moverlo con suavidad en círculos pequeños, mirándole a los ojos. -Vaya, el fuego de un dragón en los ojos de un chico es tan… diferente -susurró. Lyia le lanzó una mirada cansada que le indicaba que no era el momento y ella retrocedió.

-Vaya, vaya, parece que no tenemos tiempo para conocernos. Nuestra Lyia tiene prisa, o eso parece… Mi nombre es Arisae, encantada… -dejó terminar la frase con un hilillo de voz y otra seductora mirada al muchacho.

Por último, un joven más bajo de ojos rojos, no rojo sangre como los del dragón negro, sino rojo de un color más claro, y cabello plateado, casi blanco, bostezó, atrayendo la atención de Erik. No debía de tener más de quince años, y parecía que se caía de sueño.

-Uaaah… -bostezó de nuevo- hola, me llamo… Inerk, encantado de… conoceros -el chico parecía tener hasta problemas para tenerse de pie, llevándose la mano a la boca cada poco para tapar el bostezo.

Arisae sonrió y le ayudó a sostenerse mientras le revolvía el pelo un poco. El pequeño no se quejó.

-Eh, ¿está bien? -inquirió Kareth, sin saber exactamente qué le ocurría. Para su sorpresa, fue el propio Inerk el que contestó.

-Sí… es que… no duermo mucho… -comentó, intercalando las palabras con bostezos mientras se frotaba los ojos. Justo tras acabar con las presentaciones, el Maestro llegó caminando con su solemnidad habitual. Inmediatamente los Cazadores agacharon un poco la cabeza en señal de respeto, y siguieron a lo suyo.

Una vez se paró, justo delante del rubio, habló.

-Bien, chico… si has decidido volver, entonces supongo que tendrás muchas preguntas, ¿cierto?

-Nadie ha dicho que vaya a aceptar. Pero… sí. Me gustaría saber algo… hay muchos mundos, ¿cierto?

-Claro que los hay. Y nosotros solemos visitar la gran mayoría, dependiendo de los encargos que nos hagan -explicó el hombre.

-Y… ¿hay posibilidades de encontrar a alguien que no está en Idhún o en la Tierra allí? -inquirió el joven, haciendo que el hombre se extrañara.

-Supongo que, mientras no esté muerto, es perfectamente posible. De hecho, posiblemente tendrás las mayores probabilidades de encontrar a quien buscas si te unes a nosotros. Nadie realiza tantos viajes entre mundos y tan a menudo.

El silencio se mascó en el aire durante unos segundos, hasta que Erik levantó la cabeza. Sus ojos ardían con resolución y con fuego. El fuego de un dragón.

-Adelante, pues. Me uniré a vosotros -musitó. Una sonrisa de triunfo se dibujó en los labios de Rynawe, mirando a Lyia, que entornó los ojos como diciendo "Oh, en fin." Rhaest e Inerk asintieron, y Arisae dejó escapar una suave risita.

-Bien. Es justo lo que quería oír… 

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Buenas!!!! Perdón por la espera, pero he tenido problemas técnicos :( Por suerte, he podido recuperar el disco duro, así que no está perdido nada. Espero que os haya gustado!!! Así que Erik se une a los Cazadores... ¿qué le espera?

Un saludo!!!