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Historia 177181 — capítulo 8

Bueno, he decidido poner un link con música para ambientar una parte del capítulo, así que reproducid el vídeo cuando lleguéis al (P1)!

Link: https://www.youtube.com/watch?v=EMQeGubna3E

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Ya había pasado cerca de mes y medio desde que Kareth había comenzado su nueva vida en Talrrad, y el muchacho se había adaptado bastante bien al nuevo mundo. Claro, que era muy fácil hacerlo cuando vivías con gente como Anne y Varn. Las mañanas no podían ser más animadas, los desayunos siempre traían risas matutinas, y la verdad sea dicha, el joven dragón comenzaba a encontrarse de nuevo como en casa. Había una calidez en aquel hogar que hacía mucho que no sentía… aunque eso tal vez se debiera a la ausencia de sheks, con los que había que tenido que lidiar a diario en Idhún.

Anne estaba contentísima. Aunque quería muchísimo a Lyia, siempre se había preguntado cómo sería tener un hermano mayor, y ahora por fin tenía uno, más o menos. El rubio se portaba muy bien con ella, y siempre estaba dispuesto a dar una vuelta o a acompañarla a algún sitio una vez terminaba de trabajar.

Tras buscar, el joven había encontrado trabajo en la forja. Aquel era uno de los atractivos de la ciudad: de alguna forma, la tecnología terrestre se combinaba con actividades medievales, lo que le daba un toque de fantasía, mejor que el Idhunita, en su opinión.

Al no importarle trabajar con calor, el joven era el más indicado para trabajar los aceros a mano, pero como aún era un novato no pasaba mucho tiempo allí; lo justo como para pagar su estancia a pesar de las continuas protestas de su anfitrión pelirrojo.

Aquel día en concreto, no tenía que ir más que un par de horas que ya había hecho por la mañana, por lo que el resto del día lo tenía libre. Con el dinero que había ganado, se decidió a invitar a la pequeña a comer algo por ahí.

-¡¿En serio?! ¡Qué bien! -la muchacha dio un gritito cuando el joven le propuso el plan, lo que le hizo sonreír. Definitivamente era totalmente opuesta a Eva, siempre tan fría y poco impresionable.

-¡Claro! Me tendrás que enseñar qué es lo mejor para comer por aquí, ¡no querrás que me muera de hambre! Luego si eso haremos tiempo hasta que vuelva tu padre, ¿de acuerdo? -completó el rubio, a lo que Anne asintió.

-¡De acuerdo! -respondió ella, y comenzaron a encaminarse hacia algún sitio en el que pudieran comer. Como la mayoría de las veces, la chica de doce años lideraba la marcha, puesto que ella era la que conocía aquellas calles, y no el joven.

-Por cierto, ahora que lo pienso… no os parecéis mucho a Varn, ni tú ni tu hermana.

-Ah, bueno, ¿no te lo he contado? La verdad es que no somos sus hijas biológicas, sino que somos adoptadas. Y aunque sea la pequeña, soy la que más tiempo lleva con papá, si te soy sincera.

-¿Ah, sí? No me había dicho nada… la verdad es que he tardado más tiempo en darme cuenta de lo que me gustaría.

-Bueno, no tiene mucha importancia. Si quieres, te puedo contar cómo llegamos aquí mientras comemos, ¿te parece?

-Vale. Y, a cambio, yo te contaré la mía… ¿qué te parece?

-¡Sí! -respondió la joven, mirándole con ojos curiosos. La verdad es que sabía poco sobre el pasado de Kareth, y quería conocerlo. Al fin y al cabo, contar sus propias historias era una buena forma de conocerse mejor, al menos en la opinión de la pequeña.

Finalmente, sus ojos se posaron en un restaurante que tenía buena pinta. El olor a carne hizo que al dragón se le hiciera la boca agua y le rugieran las tripas. Cuando lo oyó, Anne se rio y le dio un golpecito en el brazo.

-¡Si tienes tanta hambre, comemos aquí mismo!

Una vez entraron y les asignaron una pequeña mesa junto a las ventanas, ambos comenzaron a hablar largo y tendido hasta que les trajeran la comida.

-Bueno, verás, Kareth… yo llegué aquí hace seis años ya. Sí, era muy pequeña, así que casi no recuerdo nada de mis padres ni de mi mundo…

-¿De tu mundo? ¿Quieres decir que eres de Idhún? ¿O de la Tierra? -inquirió el rubio, confuso.

-No. Hay más mundos además de estos tres, solo que están muy aislados… y el nuestro es el único que tiene contacto con todos los demás. Podrías llamarlo… ¿punto de unión? No sé, no se me dan muy bien estas explicaciones -se disculpó ella, continuando. -Lo único que recuerdo fue que iba en un barco, y de repente, todo se volvió negro.

Después, sólo me acuerdo de que Varn me encontró en la playa, sin heridas, pero con la ropa mojada, así que me llevó a su casa y cuidó de mí hasta que me encontré mejor. Como lo que hizo contigo, más o menos. Como vio que no me acordaba de nada, decidió adoptarme. Su mujer se había muerto unos meses antes, o al menos, eso me ha contado.

-Vaya… ya hace mucho tiempo de eso… yo debía tener unos once años, casi tu edad…

-¿Así que tienes la edad de mi hermana? Pareces más mayor, pero claro, eres un chico. Y hablando de ella, la verdad es que ha estado aquí desde hace unos cinco años. A ella también la encontraron, pero cayó en medio de la ciudad. Me dio mucha pena cuando la conocí.

-¿Por? Si es muy fuerte. No le costó nada vencerme.

-Sí, lo sé. Pero… tú no la viste por aquel entonces. Estaba totalmente encerrada en sí misma, sin sonreír, sin tener ganas de vivir. Si te digo la verdad, me daba miedo. Parecía un fantasma… nunca hablaba con nadie, solo se sentaba en aquel risco de allí -señaló por la ventana- por las noches, mirando el cielo. Pero, poco a poco, se fue recuperando… gracias a papá.

-Y supongo que gracias a ti también. No te quites méritos, boba, que seguro que gran parte de esa recuperación te lo debe a ti. Desde luego, si te portaste tan bien con ella como conmigo, seguro que no le llevó mucho tiempo.

La joven se rio levemente, antes de que Kareth retomara el discurso.

-¿Conoces su historia? La de Lyia, me refiero.

-No. Tan solo que sus padres fueron asesinados antes de que ella acabara aquí. No le gusta hablar de su pasado… -terminó ella, suspirando un momento. El joven rubio se mantuvo en silencio por unos instantes antes de volver a hablar.

-Bueno, hay cosas que simplemente no deberíamos volver a vivir. A veces, supongo que es mejor olvidar…

-Sí, tienes razón, ¡pero no puedes olvidarte antes de contarme tu historia! Recuerda que me lo has prometido -le pidió la chica con interés. El muchacho dejó escapar una risita, asintiendo.

-Supongo que te lo puedo empezar a contar. En fin, empezaremos por el principio. Yo nací en Idhún, pero poco después nos…

En aquel instante, una sirena comenzó a sonar en la ciudad de Rannik, alarmando a todos los ciudadanos, quienes se quedaron quietos con caras tensas a la espera de noticias.

-Oh, no…

-¿Qué ocurre? -inquirió Kareth, extrañado.

-Esa sirena nos avisa de los ataques… pero ahora no hay tiempo para explicaciones. Nos dirán qué clase de criatura es esta vez en un segundo.

-"Atención, a todos los ciudadanos. Un grupo de criaturas se dirige a toda velocidad a la costa. Contacto en menos de un minuto. Por favor, regresen a sus hogares y mantengan la calma. Se ha identificado a los atacantes como… sheks".

-¿Qué…? -solo pudo comenzar Erik, pero Anne le agarró del brazo.

-¡Ya lo has oído! ¡Vamos!

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Lejos, muy lejos de allí, las alarmas saltaron en la base de los Cazadores. Rápidamente todos se pusieron a trabajar de inmediato para determinar la mejor forma de neutralizar la amenaza. Sí, normalmente trabajaban por contratos, pero la defensa de las ciudades talrraditas era un asunto completamente distinto.

Los comentarios volaban por la gran edificación.

-Maldita sea… ¿otra vez? No ha pasado el tiempo que suelen dejar entre ataque y ataque.

-¿Creéis que habrán encontrado algo? ¿Algo que sea muy importante?

-No lo sé. Pero tenemos que movilizar un grupo… ¿Aún no ha vuelto el Escuadrón?  -preguntó el Maestro, pensativo.

-No…

-Bueno, pues entonces… Rynawe, coge a tu equipo e id a por esos bastardos. Que no quede ni uno en pie…

A su lado, una chica de pelo rubio y facciones suaves, pero definidas, asintió.

-Bien… -musitó, invocando una espada que apareció con una explosión de pequeños rayos. Su decidida mirada se clavó en el horizonte mientras salía a toda prisa de la guarida.

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-¡Vamos, deprisa! -le instó la muchacha, pero el joven no comprendía.

-¿Qué? ¿Quién va a defender Rannik? -preguntó el chico, confuso.

-¡Tenemos tropas de contención, pero pronto llegarán los cazadores! ¡Sólo necesitamos tiempo! -cortó Anne, tirando de él. Sabiendo que la chica no se iría sin él, el chido de dieciocho años se comenzó a mover con rapidez. Cerca, muy cerca, las sombras de los sheks se cernían sobre ellos, pero afortunadamente, lograron volver a tiempo.

Sin embargo, la batalla no tardaría en comenzar. Cristales de hielo comenzaron a volar sobre las casas, al tiempo que los ciudadanos todavía regresaban a sus hogares. Las primeras víctimas, sin embargo, se hicieron esperar, gracias al trabajo de varios hombres… ¿O no?

De repente, el joven idhunita contempló cómo, en respuesta al ataque, diversos hombres saltaban al aire, transformándose en diversas criaturas que jamás había visto. Otras, sin embargo, las conocía a través de mitos terrestres…

Pudo distinguir un grupo de… ¿dragones? No, dragones no… también eran reptiles alados, pero sólo tenían cuatro patas, dos de ellas con alas, y tampoco le despertaban el mismo sentimiento de nostalgia que cuando veía a su padre transformado…

-¡Son los wyverns! ¡Espero que resistan hasta que lleguen los Cazadores!

Pronto, pudo observar otros grupos, parecidos a aves terrestres pero de mucho mayor tamaño, y similares. Sin embargo… poco a poco, se hizo evidente que, como en la mayoría de las ocasiones, los sheks llevaban las de ganar aun cuando les superaban en número.

-¡Están perdiendo, Anne!

-Lo sé… los Cazadores son los que se encargan de los ataques… estos son ciudadanos que se ofrecen para luchar. Híbridos que no han aprendido a aprovechar todo el potencial de su otra forma… precisamente el entrenamiento que se les da a los Cazadores.

Aquellas palabras entraron en la mente del muchacho, revolviéndose unos instantes. Por eso Lyia había dicho que jamás estaría a su altura…

Su atención se distrajo por una serpiente que acorraló a una pareja y un niño. El pensamiento retumbó en sus mentes como una bomba.

-"¿DÓNDE SE ESCONDE?"

Por fin, el muchacho lo comprendió. De alguna forma, de alguna manera, le habían seguido hasta allí… le habían encontrado. Y le estaban buscando a él. En ese momento, le entró el pánico. Ver a aquella criatura le inspiró el mismo miedo primitivo que sentía cuando Christian se acercaba a él de pequeño.

Anne, horrorizada, sacudió la manga del muchacho, mirándole fijamente a los ojos.

-¡Tengo que hacer algo para ayudarles!

-¡¿Qué?! No, no pienso dejar que te maten. ¡Ya he perdido demasiadas cosas como para que ahora te pierda a ti también! -casi gritó el dragón, exasperado, sin saber qué hacer. Sentía la presencia de la serpiente como el helado aliento de la muerte en su nuca.

-Kareth… no lo entiendes…

-¡Por supuesto que lo entiendo! He luchado contra ellos, Anne. Casi me matan, pero aprendí la lección… ¡no puedes hacer nada contra ellos! Son demasiados, y demasiado fuertes… -se lamentó el rubio, pero la mirada de la pequeña se tornó dura como el acero.

-Jamás creí que fueras un cobarde… Déjame que te diga algo. Sé perfectamente que no puedo ganar yo sola, pero puedo intentar ganar tiempo.

-¡Es demasiado peligroso!

-¿¡Y qué importa!? ¡¡No puedo dejarles morir!! -soltó ella, y después su tono disminuyó, pero se mantuvo cortante como el filo de Domivat. -Pensé que eras distinto… ¡No puedes hacer nada quedándote sentado y dejándote morir…! ¡¡No puedes cambiar nada sin estar dispuesto a sacrificar algo a cambio!!

Y, una vez dijo esto, salió de la casa a gran velocidad, sin que el rubio pudiera detenerla, pidiéndole perdón a su padre mentalmente antes de saltar y ser envuelta en un destello fulgurante que cegó temporalmente a todos los presentes, incluido el shek.

En su lugar, cayó de pie una criatura que nada tenía que ver con la niña, salvo por su rostro. No aparentaba ser tan grande ni tan fuerte como un ejemplar adulto… pero no podía dejar morir a sus vecinos y amigos. Simplemente, no podía.

-"Anne es… ¿una centáuride…?" -pensó el rubio, atónito.

Sin mediar palabra, la joven muchacha desenvainó un arco con el que apuntó a la serpiente, haciendo gala de una valentía que impresionó al chico. La serpiente siseó, pero algo parecido a una sonrisa se asomó en su rostro escamoso.

-"¿Así que una centáuride desafía a un shek? La arrogancia de este mundo y sus habitantes no conoce límites…"

-¡Cállate! -gritó ella, disparando una flecha que voló a gran velocidad, mucha más de la que debería tener. El shek se retorció, evadiendo el proyectil, que destrozó con facilidad parte del muro de roca que había detrás.

-"Ah, las flechas de centauro. Un arma realmente formidable… pero no puedes ganar. Me aseguraré de que no volváis a interponeros en nuestro camino" -siseó, abalanzándose sobre la muchacha, que se echó a la carrera, alejándolo de allí.

Reaccionando, el rubio llamó a las tres personas que todavía no acababan de creerse lo cerca que habían estado de la muerte, escondiéndoles en la casa. Una vez hecho esto, hizo acopio de toda la fuerza que le quedaba y salió en pos de la chica, con el corazón encogido.

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(P1)

No supo cuánto tiempo llevaba buscando, ni cómo era posible que ningún shek se hubiera fijado en él. Aquello solo terminaba de confirmar su teoría de que había perdido sus poderes y se había vuelto un simple humano de nuevo.

Finalmente, logró alcanzar a la joven, que se dedicaba a disparar desde tierra a todo lo que podía, pero a los sheks no parecían afectarles demasiado los golpes. Como mucho caían unos metros para remontar el vuelo. De todas formas, la joven lo estaba haciendo muy bien, dejando al muchacho impresionado. Desde luego, uno no podía juzgar a nadie por sus apariencias…

Sin embargo, inteligentes como eran, los sheks pronto decidieron acabar con aquella molestia. Una serie de ellos cercaron a la joven, hasta que uno se las arregló para enroscar sus anillos escamosos en torno al cuerpo de caballo de la muchacha.

Cuando estuvo en su poder, apretó un montón, haciendo que la pequeña gritara de dolor.

Ante aquello, el joven no pudo quedarse quieto por más tiempo, pero para su sorpresa, una persona se le adelantó, con su cabello pelirrojo ardiendo intensamente, abalanzándose con increíble habilidad sobre la serpiente y perforando sus escamas con su arma de acero de un certero mandoble.

La sangre se desparramó rápidamente, aflojando lo suficiente la presa de la criatura semidivina como para permitir a Anne escapar.

La centáuride se liberó rápidamente, y Kareth no pudo evitar exclamar:

-¡Varn! ¡Cuidado!

-¡No, ten cuidado tú! Nosotros nos encargamos, ¡tú tienes que quedarte a salvo! -gritó el pelirrojo, atrayendo la atención de una de las serpientes.

-"Silencio, humano. Eres una molestia, y muy ruidoso, así que cállate" -comenzó la serpiente, introduciéndose con celeridad en la mente del muchacho, cercenando sus conexiones nerviosas desde dentro. El dragón se quedó paralizado y se desplomó, pero por fortuna, antes de que la serpiente pudiera terminar, una flecha certera le perforó el ala derecha.

-¡Déjale en paz! -escupió Anne, con rabia. De nuevo, padre e hija comenzaron a moverse, combatiendo a las serpientes, y llevándoselas más lejos. Tendido en el suelo, el muchacho, todavía consciente, solo podía mirar el cielo, con una expresión neutra, como si no sintiera nada.

Por supuesto no podía sentir, puesto que el shek había cortado la mayoría de sus sentidos, salvo el oído y la vista. Allí, tendido, pasó los minutos siguientes, escuchando las palabras de las gentes rannitas. -"Varn y Anne están luchando. ¡Vamos también!" -"¿Dónde están los cazadores? ¡Ya deberían estar aquí!"

Afortunadamente, desde las alturas, parecía un cadáver, por lo que fue ignorado por las demás serpientes. Tal vez lograra salir con vida… ¿pero a qué precio? De nuevo, estaba ocurriendo… y las voces se hacían cada vez más claras al respecto.

-"¿¡Cuántos han muerto ya!?" -"¡¡Tenemos que seguir luchando!!" -"¡¡Mis padres, mis padres han…!!"

En su lecho, tendido y sin poder hacer nada, la mente del joven rubio no pudo evitar ponerse a pensar en todo lo sucedido. Todo lo que estaba ocurriendo, allí y en aquel momento, era debido a que no había muerto cuando debía haberlo hecho. Y ahora, había traído la desgracia a aquella gente… Todo por su culpa. Todo por querer abandonar, por querer escapar de aquel destino que le perseguía.

-"He sido un idiota… Jamás escaparé de todo esto… No si sigo huyendo…"

Las palabras de Anne, aquellas que le dijo justo antes de pasar a la acción, se le clavaron como puñales al rojo vivo en el alma.

-"¡¡No puedes cambiar nada sin estar dispuesto a sacrificar algo a cambio!!"

-"Ya lo sé…" -pensó Kareth, apenado. -"Siempre lo he sabido, pero no quería aceptarlo. He intentado huir de mi destino, y por mi culpa, todos están perdiendo a alguien… Anne y Varn están luchando ahí fuera… Mientras que yo…" -se lamentó.

En su mente, volvieron aquellas imágenes que tanto le habían torturado. Los sheks venciéndole. Eva humillándole. La aldea de Cann en llamas, y su madre muriendo. Y, por último… cómo Markash besaba a Resa.

Y en ese momento lo vio claro. Por mucho que quisiese, no podría llevar esa vida pacífica que había experimentado. No si antes no luchaba... Sus ojos se abrieron mucho de repente, y soltó un gruñido de frustración.

Su cuerpo comenzó a luchar contra la parálisis, recuperando la movilidad poco a poco y con mucha lentitud, con un solo objetivo fijado en su mente y en su mirada. En su alma, volvió a notar el fuego… y la oscuridad. Deseosos de sangre.

-"Los destruiré a todos… No… ¡los mataré con mis propias manos! "

No hay tiempo de pensar si está bien o está mal, o volveré a perderlo todo. Solo muévete… ¡¡¡las historias de terror nunca tienen un final feliz!!! Eso es…"

En ese momento, la voz de Varn llegó a sus oídos.

-¡¡¡Anne!!! ¡¡Cuidado!! -la joven acababa de ser golpeada por una serpiente, dejándola inconsciente tras hacerla rodar diez metros por el suelo.

-"¡EL MUNDO ES CRUEL!"

-¡¡¡GRAAAAAAAAAAAAAHHH!!!

Inmediatamente después, un tornado de llamas se alzó al cielo como un rayo, explotando con intensidad y llamando la atención de los presentes, y de ciertos encapuchados que se encaminaban hacia la escena volando.

-¡¿Qué demonios es eso?! -resonó por las calles, pero el eco fue ahogado por el estallido de llamas.

Segundos después, el tornado cesó, y se hizo el silencio durante poco tiempo. Los sheks, incapaces de reaccionar, sólo pudieron escuchar los apremiantes pasos de una enorme criatura que corría hacia ellos, rompiendo todo a su paso; y contemplaron, completamente atónitos, cómo una bestia negra como la noche se abalanzaba sobre el que había atacado a la centáuride, utilizando su garra derecha para asestarle un gancho que le destrozó la cabeza y le hizo salir disparado, chocando contra varios edificios.

-¡Kareth! -gritó Varn, sabiendo quién era. Los brillantes ojos rojo sangre de la criatura le delataban. La mirada de Anne, que se había despertado, se fijó en su hermano adoptivo.

-Kareth…

Con un rugido salvaje, despegó el ser que se convertiría en la peor pesadilla de los sheks. Con renovada vitalidad y el alma ardiéndole de odio, el dragón negro volvió a alzar el vuelo de nuevo, dispuesto a cobrarse las vidas de todas y cada una de las serpientes. Ya no volvería a huir… nunca jamás.

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Buenas!!! Espero que os haya gustado el capítulo u.u Muchas gracias a todos los comentarios en capítulos anteriores! SI no respondo es porque no tengo demasiado tiempo, pero ya intentaré responderlos :P Y bien, el dragón vuelve a despertar... ¿Qué creéis que ocurrirá ahora con Kareth?

Un saludo!!!!