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Historia 177181 — capítulo 6

Antes de nada, decir que por algún motivo se me ha hecho doble capítulo. En el 7 no hay nada, así que no os molestéis, cuando pueda lo borro! :P

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Resa nunca se daría cuenta de que, a tan solo unos metros de ella, el joven rubio que tanto echaría de menos temblaba de ira. Sus manos se deslizaron hacia atrás, volviéndose a poner esa capucha negra que le ocultaría ante los sheks. Ya había pasado suficiente tiempo al descubierto, no podían arriesgarse más.

-Vámonos de aquí. He visto suficiente.

Varn le miró de forma seria.

-Eri-digo, Kareth… ¿Estás seguro? -inquirió, por última vez. Era la última oportunidad del muchacho para quedarse, pero por desgracia para sus amigos y familiares, el dragón negro ya había cruzado la línea.

-Sí. No hay nada para mí en este mundo. Yo no soy como mi padre. No pienso luchar por aquellos que me dan la espalda nunca más, así que me marcho de Idhún -siseó el rubio, todavía airado. En los labios de Varn se esbozó un gesto de extrañeza al tiempo que sus ojos se entrecerraban.

-Entonces, ahora… ¿qué piensas hacer? -le preguntó, preocupado.

Por un segundo, Erik titubeó, pero se decidió a contarle lo que le había llevado a marcharse de Idhún en primer lugar. Carraspeando, sus ojos se fijaron en el suelo antes de volver a hablar.

-Yo… olvidé a alguien. Alguien a quien quería, y solo ahora he empezado a recordar. Cuando la Profecía dijo que debía morir, pensé que no podía desaparecer sin reencontrarme con ella, así que me lancé a buscarla… y los sheks me tendieron una emboscada.

Algo me dice que no está en Idhún… así que tiene que estar en otros mundos. Supongo que ahora, tengo todo el tiempo del mundo para ir a buscarla, ¿no crees? -comentó, con tristeza y una sonrisa de amargura que contrastaba con sus ojos, que habían regresado a su color marrón de siempre.

Varn asintió, pero le instó a moverse rápido.

-Hemos hablado suficiente. Volvamos a Talrrad, muchacho. Una vez estemos allí, ya podrás decidir qué hacer… -susurró, encabezando el camino de vuelta a paso lento, pero seguro, seguido de cerca por el rubio encapuchado. El traje de banalidad, totalmente negro, le sentaba como un guante, como si fuera hecho a medida.

Como dos sombras sigilosas, los dos hombres volvieron a la fachada, y una vez allí, a caminar hacia la ciudad, conscientes de que la jubilosa multitud daría problemas a la hora de moverse si esperaban más. En un intento de librarse del tumulto, se abrieron camino como pudieron, pero al final toparon con alguien que Erik no pensó encontrarse.

En respuesta a su movimiento hacia delante, tratando de pasar, un hombre cuyo rostro tenía grabado a fuego en la mente se le encaró. Por fortuna, la noche y el traje amparaban la identidad de Kareth ante los ojos del mundo.

-Eh, eh, eh, ¿a dónde creéis que vais? Esto hay que celebrarlo como es debido; no todos los días las cosas salen tan bien. Esa abominación está muerta, ¿no? ¡Pues eso es bueno para todos nosotros, así que uníos a la fiesta! -les sonrió el hombre. Los ojos del dragón se tornaron del mismo color rojizo cuando descubrió que el que les cerraba el paso no era otro que el mismo que, hacía tan solo unos días, había hecho público el deseo de Vanissar de que muriera.

-Apártate -fue lo único que dijo el hijo de Yandrak.

-Ja. Yo aquí invitándoos a la fiesta, y lo rechazas. Te lo tienes muy creído, ¿eh, chaval? -el tono de su voz se volvió peligroso, pero antes de que pudiera entonar más frases que añadir a su bravata, el muchacho pasó de largo, abriéndose paso a la fuerza.

Antes de que pudiera pensar en agarrarle por detrás para darle una buena tunda, los ojos de apariencia demoníaca del encapuchado se clavaron en los suyos, haciéndole estremecer. Sin mediar palabra, dio un par de pasos hacia atrás, recibiendo un "muy amable, caballero" irónico por parte de Varn antes de desvanecerse entre la multitud.

Una vez los dos salieron por las puertas de la ciudad, recibiendo la típica advertencia de los guardias sobre que "no es aconsejable viajar de noche, pues puede ser peligroso". Ignorándolo por completo, cruzaron los muros de la fortificada capital de Vanis, en pos de la Puerta que los conduciría de vuelta a Talrrad.

Por último, cuando los muros de la ciudad todavía no estaban muy lejos, el muchacho escrutó los cielos, en busca de las lunas bajo las cuales se suponía debía haber perecido. Al contemplar la luz de cada una de ellas, brillando en perfecta armonía, su cara se contrajo en un rictus de resentimiento.

-"No lo he olvidado… Algún día me las pagaréis por todo lo que me habéis hecho" -pensó para sí, retomando la marcha.

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Dentro del castillo, Shizuko se encontraba estudiando las litografías, buscando alguna pista o clave que pudiera conducirles hasta la siguiente. Se encontraba echándole un vistazo a la parte de la profecía que concernía a los dragones, su favorita, pues anunciaba la muerte de uno de ellos. Mientras sus ojos se deslizaban por las inscripciones, algo impensable sucedió.

En una fracción de segundo, se oyó un gran estruendo y una grieta apareció en la superficie pétrea, rasgándola en diagonal. Los ojos de la shek se clavaron en la esa parte de la profecía.

Aun con todo el estruendo que había fuera, era evidente que tenía que haberse escuchado, por lo que se limitó a esperar al monarca, que de seguro vendría en los próximos minutos a comprobar qué había ocurrido.

-"Esta parte de la profecía ya se ha cumplido… quizás sea eso. Ya ha ocurrido, ya no tiene sentido seguir buscando otro significado" -se dijo a sí misma. Pero en su interior, no podía evitar sentir como algo se estremecía.

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Mucho más lejos de allí, en otro mundo completamente distinto, una Puerta se abrió, saliendo por ella dos personas, antes de cerrarse y desaparecer para siempre, mientras los que se encontraban a cargo de ella limpiaban los restos de la misma para luego dirigirse a descansar. También era de noche cerrada allí, en Talrrad, y al día siguiente, como de costumbre, debían madrugar.

-Bienvenido de nuevo, Varn... y tú también, joven. Veo que has vuelto… ¿puedo preguntarte por qué? -le preguntó el maestro, completamente impasible. Erik agachó la cabeza durante un segundo, para luego alzarla de nuevo, quitándose el traje de banalidad antes de volver a hablar.

-No voy a luchar por un mundo que quiere verme muerto. He vuelto… para unirme a vosotros. Quiero ser un Cazador, esa es la razón -respondió lentamente, con voz grave.

Por unos segundos, reinó el silencio en la sala, y posteriormente, la risa sarcástica del hombre retumbó en el habitáculo, como un trueno, acompañada por una exclamación de Varn.

-¡¿Qué?! ¡¿Estás loco, chaval?!

Cuando terminó de carcajearse, los ojos del maestro se clavaron en los de Kareth, que se volvió a sentir igual de intimidado que cuando había llegado allí por primera vez.

-No me hagas reír, mocoso. No tienes ni idea de lo que somos, y mucho menos de cómo hemos llegado a serlo. Cualquiera de mis novatos tiene mucha más capacidad que tú… ¿qué te hace pensar que te aceptaremos con el poder que tienes ahora? -las palabras del hombre cuyo nombre aún desconocía le cortaban como filos afilados, por lo que le costó encontrar una respuesta adecuada.

-Entonces, ponme a prueba -replicó, levantando la mirada. -Te demostraré que tengo lo que hace falta... -comenzó, pero fue cortado por una voz femenina.

-De acuerdo, pues. Si crees que tienes lo que hay que tener, yo seré tu oponente. No tendremos que esperar a nada más… Yveln, yo me encargaré de enseñarle que un niño como él no puede ser un Cazador.

Erik se giró, y sus ojos volvieron a encontrarse con los irises azules que había visto nada más despertar en aquel mundo. Lyia, con gesto inexpresivo, entró en la estancia, interrogando a su maestro con la mirada, posiblemente en busca de una respuesta.

-Cuando quieras -replicó Erik, cansado de la actitud de la muchacha hacia él. No tenía motivo alguno para comportarse como lo estaba haciendo, y eso era algo que estaba empezando a ponerle furioso.

El maestro, viendo cómo al chico le podían las emociones, suspiró, asintiendo.

-Está bien. Mañana a primera hora, cuerpo a cuerpo, sin armas. Búscate un sitio para descansar, porque vas a necesitarlo. Después de la prueba, espero que te olvides por fin de ser un Cazador. Para ser uno de nosotros, hay que llevarlo en el alma… -terminó, retirándose. Poco podía imaginar el dragón que el significado de aquellas palabras no era para nada figurado, sino totalmente literal.

Así, los presentes se retiraron de la sala. A Kareth, que no le habían asignado una habitación, no tardó en planteársele el problema de encontrar un sitio para dormir, por lo que se limitó a sentarse en una de las esquinas de aquella sala, buscando una posición lo suficientemente cómoda.

A la mañana siguiente, con los primeros rayos de sol, el rubio fue despertado por Varn, que se limitó a lanzarle una mirada de disculpa.

-Mi hija se empeña en hacer las cosas mucho más difíciles de lo que son… No tienes ninguna oportunidad, chico.

-No lo sabré si no lo intento. Además… ¿quién dice que no pueda con ella? -replicó el joven. El otro hombre dejó escapar un bufido irónico.

-Si todavía piensas así, quizá el viejo Yveln esté en lo cierto. Tal vez en Idhún nunca te haya hecho falta, pero aquí tienes que saber cómo de fuerte es tu oponente. Y ella ya lo sabe. Créeme, chico: estarás en el suelo antes de que pasen cinco segundos.

-Vaya ánimos, muchas gracias.

-No lo digo por eso. Los Cazadores son todos híbridos, chico, ya te lo dije. Por eso no estás a la altura. De todas maneras, no creo que lo que te diga vaya a hacerte cambiar de opinión, Kareth…

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Finalmente, la hora del enfrentamiento había llegado. Erik se encontraba cara a cara frente a aquella misteriosa muchacha que se suponía podía acabar con él en menos que canta un gallo. A su alrededor, se arremolinaban varias personas, pero la gran mayoría continuaba con sus actividades como si nada, especialmente los más veteranos.

No era nada nuevo que alguien que no daba la talla quisiera entrar en los Cazadores, y los que no lo conseguían debían o marcharse, o ponerse en un duro régimen de entrenamiento. Para ellos, lo único que desconocían sería si ese chico rubio al que no habían visto nunca se marcharía o se quedaría… pues la victoria no estaba en sus posibilidades.

-"Os demostraré que os equivocáis" -pensó para sus adentros el joven.

Más pronto que tarde, dieron la señal para que comenzaran, pero su oponente no se inmutó. De hecho, permaneció estática, sin hacer nada, con cara de aburrimiento… y de repente, se plantó delante de Erik con un movimiento. Antes de que el muchacho pudiera reaccionar, un puño se estrelló en su torso durante un segundo antes de ser retirado.

Lyia retrocedió, observándole con la misma mirada fría y gélida de siempre, pero Kareth no se movió. Lo único que pudo hacer fue abrir la boca, toser violentamente, y caer de rodillas al suelo, con las manos en la zona del impacto. Aunque hizo lo posible por contener los gemidos de dolor, fue prácticamente imposible.

Mientras trataba de recuperarse, no se oyó ningún ruido, lo que le extrañó. Supuso que los espectadores no tardarían en estallar en carcajadas; sin embargo, no ocurrió así. Ninguno de ellos osó reírse, pues sabían perfectamente el resultado del combate antes de que comenzara… y las agallas del aspirante al enfrentarse a Lyia.

-¿Has tenido ya suficiente? ¿O prefieres que lo repita? -inquirió ella. Como pudo, su rival se levantó, tambaleándose, y se inclinó hacia delante para tratar de golpearla. Ante esa acción, la muchacha se volteó, deslizándose debajo de su brazo para agarrar el cuerpo del chico y lanzarlo contra el suelo en una espectacular maniobra.

Todavía con la misma expresión, volvió a dirigirse a su oponente.

-Es inútil. Solo te he dado un golpe, y casi no puedes moverte. ¿Lo has comprendido ya? No importa lo fuerte que creyeras ser, ni lo poderoso que te dijeran que eras. Eso no vale nada, jamás lo ha valido, y jamás lo valdrá.

-¿Por qué?

-¿Por qué, qué?

-¿Por qué no me dejaste morir? ¿Por qué tuviste que rescatarme? ¡Todo hubiera sido como tenía que haber sido si hubiera muerto aquel día! -casi gritó el chico, frustrado. Aquello hizo que los ojos de la muchacha se entrecerraran todavía más.

Inmediatamente, se comenzaron a oír murmullos. ¿El chico rubio y la Cazadora se conocían de antemano? Aquello hacía el combate mucho más interesante de lo que a primera vista parecía.

-Si lo único que haces con tu segunda oportunidad es desear estar muerto… entonces no vales nada. Tal vez tengas razón. Quizá debería haberte dejado allí para que te desangraras.

-¿Cómo…? -comenzó Kareth, pero fue rápidamente interrumpido.

-Las personas que se rinden antes de intentarlo y no son capaces de seguir adelante me dan asco*. Son lo que más odio en el mundo* -terminó la chica, dándose la vuelta, pensando dar por terminado el combate. Su oponente estaba furioso, por lo que en un acto de pura voluntad, alzó la mano, como tratando de agarrar algo.

Era el gesto que solía utilizar para llamar a su espada legendaria…

Pero su mano se cerró en torno al vacío. Fue aquel momento en el cual el joven fue completamente consciente del daño que había recibido en la batalla contra aquellos sheks.

Su arma, aquella espada plateada cubierta por un fuego tan intenso como el que llenaba sus ojos, ya no acudía a su llamada. Cuando había llegado a la guarida de los Cazadores, todos híbridos, se había sentido completamente intimidado. Y por si fuera poco, no sentía ningún odio hacia aquella chica que tenía todas las papeletas para ser una shek.

Atónito, se miró las palmas de las manos, sin poder creer lo que estaba ocurriendo.

-"He… perdido mis poderes…" -solo pudo pensar, bajo la mirada azulada de Lyia.

-El combate termina aquí. Creo que ha quedado bastante claro que no tienes nada que ofrecernos. Ahora, vuelve a Rannik con mi padre, chico sin nombre… -exhortó ella, pero se encontró con algo que no esperaba oír.

-Kareth. Mi nombre es Kareth… -el muchacho casi no pudo ni pronunciar esas palabras, debido al golpe que había recibido en el estómago. Inmediatamente después, los ojos azules de la chica se abrieron enormemente durante una fracción de segundo, y en su frío rostro se dibujó una expresión de sorpresa e incredulidad. Sin mediar palabra, dio media vuelta y salió del círculo de curiosos que también comenzó a disolverse, comentando la extraña reacción de Lyia ante aquella frase del rubio. Una vez pasaron unos minutos, Kareth volvió a ser capaz de ponerse en pie.

La cabeza pelirroja de Varn se asomó a su lado, poniéndole una mano en el hombro.

-Lo siento, chico… aunque no puedes decir que no te lo advertí. No importan los motivos… un simple humano no puede enfrentarse a un híbrido, mucho menos a un cazador. Es una batalla perdida -musitó el cirujano.

-Varn, yo… -comenzó, pero su mente comenzó a trabajar a toda velocidad en una posibilidad que no había considerado hasta ese mismo instante.

Ahora, tan solo era "un simple humano". Lo que quería decir que era libre. Libre de aquella maldición en forma de odio hacia los sheks, libre de toda responsabilidad en lo que a su mundo se refería, pues no podía luchar. Había dejado de ser un objetivo. Ya nada ni nadie le perseguía, ni le perseguiría.

Podría comenzar de nuevo en un mundo distinto, sin nada que le atara. Podría rehacer su vida. En ese instante, sintió que podría encontrarla a ella, a aquella chica misteriosa a la que solo podía ver en sueños…

-Dime -le instó Varn, pero negó con la cabeza.

-No, nada. Solo estaba pensando en una cosa -musitó, por lo que el pelirrojo asintió antes de retomar la conversación.

-Entonces está bien. En fin, te buscaba porque tengo algo que preguntarte… ahora mismo, no tienes ningún sitio adonde ir, ¿no? -inquirió, a lo que Erik negaría con la cabeza segundos después de darle un par de vueltas a su situación.

-Bueno, pues, ¡vente a mi casa! Tengo habitaciones y camas de sobra, y no pienso dejarte tirado. No pienso aceptar un no por respuesta, chaval -le dijo el médico. Su interlocutor le miró, extrañado.

-Varn… creo que ya has hecho suficiente por mí… -le dijo su rubio.

-Bobadas. No sería la primera vez que le doy un hogar a alguien, ¿sabes? Y a Anne creo que le caíste bien. Además, qué narices, ¡se aburre mucho desde que su hermana entró en los Cazadores! Creo que le vendrá bien tener un nuevo hermano mayor… Y además, así nos ahorramos todo eso de borrarte la memoria. ¿Qué me dices? -sonrió amistosamente, como para enfatizar su discurso.

El hijo de Yandrak se quedó sin palabras durante un segundo, todavía sin creerse lo que acababa de escuchar. Sin embargo, y para su sorpresa, sus labios se movieron solos, pronunciando dos simples palabras.

-Muchas gracias…

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Pocas horas después, de nuevo en Rannik, dos figuras se aparecieron en una sala de estar vacía. Casi al instante, la vocecilla de una niña de unos doce años resonó en la casa, preguntando a su padre si había vuelto ya. Por supuesto, su sorpresa fue mayúscula al ver que el misterioso chico sin nombre estaba con él otra vez.

Tras explicar todo lo que había ocurrido, pegó saltos de alegría, emocionada ante la perspectiva de tener a alguien nuevo en casa, lo que le daría algo más de vidilla al día a día. Y así es como Kareth comenzó a asentarse en un mundo completamente para él, listo para comenzar una nueva vida…

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Buenas y muchas gracias por seguir la historia! En el siguiente capítulo nos moveremos más por Idhún y aprovecharé para darle a Erik algo de respiro y seguir trabajando en el resto de personajes, que me lo habéis pedido y teníais razón, pero es que tengo que contar demasiadas cosas de Talrrad :P

Un saludo y gracias a todos los comentarios del capítulo anterior! Sois geniales, como siempre ^^