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Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 1
El final de la segunda guerra mundial, horas antes de que se produjera el famoso "Pacto de las Tres Grandes", famoso sobre todo por ser incumplido varias veces en un futuro.
Los Dioses estaban en sus tronos, teniendo sus correspondientes berrinches inmortales. Típico ¿no?
El caso es que esta vez, las Parcas no podían permitirlo. Ya estaban hartas de ver como los semidioses tenían problemas por culpa de ellos. Sobre todo, varios en particular. Nunca habían sentido la necesidad de ayudar a los mestizos, pero esta vez, solo por esta vez, no querían cortar un hilo antes de tiempo.
Por eso y muchos más motivos se encontraban observando a los Dioses, demasiado ocupados en sus caprichos como para prestar atención al mundo mortal.
Simplemente no lo podían permitir. Tenían que hacer algo, o el destino del mundo iba a ser peor de lo que podrían imaginarse.
Apolo estaba entretenido, componiendo un mal haiku, algo como: "Estrellas azules, viva Apolo, el mejor de los Dioses". Sobra decir por qué el paquete de libros aterrizó justo sobre su cabeza para que se callara. La caja rebotó y calló al suelo y el Dios del Sol se frotó la cabeza.
-Por mi lira de oro¿Qué Titanes fue eso?
Atenea, la más curiosa, recogió la caja, donde habían pegado una nota:
"Dioses, estamos decepcionadas con ustedes, pensamos que después de esta Guerra sus actos futuros serían mejores. Les dejamos estos libros para que entiendan el dolor que le causarán a los semidioses con sus actos egoístas y malcriados.
Lean por orden, gente aparecerá a medida que la historia vaya avanzando. Está prohibido matarlos. Hades debe participar en la lectura.
Comiencen a leer cuanto antes,
Las Parcas"
-¿Era mucho pedir un saludo más formal?-se preguntó Deméter en voz alta.
-Hermes, ve a avisar a Hades, ahora.
Hermes se fue, sin esperar un por favor que sabía que nunca llegaría por parte de su padre.
-¿De verdad tenemos que leer?-preguntó Ares, que se entretenía lanzando cuchillos a la columna más cercana.
-Deja de hacer eso-se quejó Atenea-es una importante obra arquitectónica.
-Mira cuánto me importa-ironizó el Dios.
Atenea habría ido a pegarle a su hermano si no fuera porque Hades, junto con Persefone y Hermes, apareció. Demeter corrió a abrazar a su pequeña.
-¿No deberías estar en el Inframundo?
-Hades pensó que me gustaría leer.
Por primera vez, Demeter agradeció mentalmente a su hermano, aunque no pensaba decirlo en voz alta.
Afrodita abrió la caja. Si las Parcas se ponían así era porque eran buenos libros ¿Y qué libros buenos no tenían parejas románticas en la historia?
-Este debe ser el primero "El héroe perdido"-leyó el título- I Jason.
Antes de electrocutarse, Jason estaba teniendo un día horrible.
-Si se electrocutó ya podemos descartar que es uno de mis hijos-dijo Zeus- mis hijos no se electrocutan.
-Técnicamente, el chico sobrevivió, por lo que sí podría ser tú hijo-observó Atenea.
Se despertó en los asientos traseros de un autobús escolar sin saber dónde estaba, y cogido de la mano de una chica a la que no conocía.
-Huy sí, debe de ser horrible- Hermes fingió tener un escalofrío.
-Despertar cogido de la mano de una chica, no por favor, mándenme al Tártaro, pero eso no-bromeó Apolo.
Artemisa tensó su arco y lanzó una flecha, que se clavó a milímetros de la cabeza de su hermano.
-La próxima va directa a la diana-lo amenazó.
Esa no era necesariamente la parte horrible. La chica era mona, pero no sabía quién era ni lo que estaba haciendo allí.
-¿Amnesia?-preguntó Persefone.
-Es posible-respondió Atenea.
Se incorporó y se frotó los ojos, tratando de pensar con claridad.
En los asientos situados delante u nas pocas docenas de chicos se despatarraban en los asientos que tenía delante, escuchando sus iPods, hablando o durmiendo. Parecían tener más o menos… ¿Quince? ¿Dieciséis?
No recordaba su propia edad. Vale, eso daba miedo.
-Sí, decididamente es amnesia-dijo Atenea.
-Ya nos habíamos dado cuenta cara de búho-suspiró Poseidon.
-Menos mal que nosotros somos Dioses y no tenemos que preocuparnos de ese tipo de problemas-dijo Hefesto-¿Os imagináis que fuéramos perdiendo la memoria poco a poco? Tendría que inventar una especie de memoria portátil indestructible para poder...
-Afrodita, continúa-pidió Zeus cortando a su hijo. Lo último que le apetecía era escuchar los planes de Hefesto.
El autobús tomó una larga carretera plagada de baches. Por las ventanas se veía un desierto rodeado por un gran cielo azul. Jason estaba bastante seguro de que no vivía en el desierto. Intentó volver a pensar…. La última cosa que recordaba era…
La chica apretó su mano.
— Jason… ¿estás bien?
-Claro que sí, solo ha perdido la memoria y despertado en un autobús camino de quién-sabe-donde con un puñado de adolescentes en plena etapa de pubertad-ironizó Apolo. Artemisa tensó su arco-continua por favor, antes de que mi propia hermana me decapite-se apresuró a decir.
Llevaba puestos unos vaqueros descoloridos, botas de senderismo y una chaqueta de snowboard. Su cabello era del color del chocolate negro y estaba cortado irregularmente, con pequeñas trenzas a los lados. No se había maquillado, como si intentase no llamar la atención, pero no funcionaba. Era realmente guapa. Sus ojos parecían cambiar de color como un calidoscopio, tonos de colores marrón, azul y verde.
-Una de mis hijas-chilló Afrodita, dejando sordos a los de los tronos contiguos.
-¿Como estás tan segura?-preguntó Ares-esa chica intenta tapar la belleza, y créeme, he conocido a varias de tus hijas, esa no es una de sus cualidades.
-Eso es algo que se sabe-dijo Afrodita ignorando la última parte, aunque a ella también le parecía raro que una de sus hijas tratara de pasar desapercibida.
-Si lo único que tiene para ayudarlo es una hija de Afrodita mal le van a ir las cosas-soltó Zeus.
Afrodita frunció el ceño.
-¿Que quieres decir? Mis hijas no son inútiles.
-Para el maquillaje y las compras son excelentes, pero admítelo, para el resto de las cosas son unos verdaderos lastres.
Afrodita trató de ignorar al Rey de los Cielos. No era la primera vez que admitía públicamente que sus hijas no servían para nada, pero aún así seguía doliendo que lo hiciera.
-Afrodita, continúa por favor-le pidió Poseidon amablemente, viendo el rostro triste de la Diosa.
Jason soltó su mano.
-¿Está loco?-preguntaron Apolo, Ares y Hermes a la vez-no se suelta la mano de una chica así-terminó Poseidon, de acuerdo con el resto de Dioses.
Artemisa bufó "Hombres".
— No, no lo estoy.
En la parte delantera del autobús, un profesor gritó:
— Muy bien, ¡escuchad, pastelitos!
-Pasteles-dijo de pronto Apolo-me apetece un pastel.
-Y chocolate caliente-añadió Hermes.
-Con nubes por encima-continuó Persefone.
-Y cereales-terminó de decir Demeter.
Hestia rió por el comportamiento de niño pequeño he hizo aparecer una tarta de chocolate en las manos de queda Dios, cada uno acompañado de lo que más le gustaba.
-Eres la mejor-le agradeció Atenea, secundada por más Dioses.
El hombre era obviamente un entrenador. Su gorra de béisbol le tapaba todo el pelo, así que solo se podían ver sus ojos. Tenía perilla y cara agria, como si hubiese comido algo mohoso. Sus musculosos brazos y pecho se apretujaron bajo su polo naranja brillante. Los pantalones de entrenamiento que llevaba eran de nailon y de un blanco impecable, como sus deportivas Nike. Le colgaba un silbato del cuello, y tenía un megáfono anclado a su cinturón. Habría sido un poco más intimidante de ser más alto. Era irónico que se llamase Hedge, que significaba «Potencia»
— ¡Levántese, entrenador Hedge!—le gritó uno de los estudiantes cuando se levantó en dirección al pasillo.
-Si no me equivoco es un sátiro-dijo Dionisio.
-¡Lo he oído!—el entrenador escaneó con su mirada el autobús en busca del gamberro—sus ojos se detuvieron en Jason y parecieron más profundos. Un escalofrío recorrió la espalda de Jason. Estaba seguro de que él entrenador sabía que él no pertenecía a aquel lugar. Lo echaría afuera preguntándole que hacía en el autobús, y Jason no tenía ni idea de que decir. Pero el entrenador Hedge apartó la mirada y se aclaró la garganta.
-¡Llegaremos en cinco minutos! Quedaros con vuestro compañero, no perdáis vuestras hojas de trabajos. Y si alguno de vosotros, pequeños engulle pasteles, causa cualquier problema en esta excursión, lo enviaré personalmente al campus por las malas.
Levantó un bate de béisbol y se puso a hacer como si fuera un golpeador en el juego
-El sátiro me cae bien-sonrió Ares.
-A ti cualquier que ande por ahí amenazando con un bate de béisbol te cae bien-suspiró Hefesto.
Jason miró a la chica que estaba junto a él.
-Son una monada, ni la conoce y no puede apartarle los ojos de encima-suspiró Afrodita con mirada soñadora.
-Como no dejes de interrumpir no vamos a avanzar en la lectura-dijo Hera, apremiando a la Diosa del Amor.
-¿Puede hablarnos de esa manera?
*-*Sinceramente no debería-admitió Posiedon, algo preocupado por los semidioses.
Sí, puede que a Zeus le diera igual los sentimientos ajenos, pero eso no significaba que a Poseidon y Hades les diera igual, aunque este último se pasara la mayor parte de su vida con los muertos.
— Siempre lo hace—dijo encogiéndose de hombros—. Este es el Colegio de la Salvajería, "dónde los niños son animales"—lo dijo como si fuese una broma que hubiesen compartido antes.
*-*Pues no debería-dijo Hestia- a los niños hay que tratarlos bien, no como si fueran animales.
Varios estuvieron de acuerdo con ella.
— Esto tiene que ser algún tipo de error—dijo Jason—. Se supone que yo no debería estar aquí.
El chico de delante suya se volvió hacía él y empezó a reírse.
— Sí, buena, Jason. ¡Ninguno de nosotros debería estar aquí! Yo no me escapé seis veces, Piper no robó un BMW…
-¿Estás segura de que es tú hija Afrodita?-preguntó Hermes-lo de robar es más típico de mis hijos.
-Estoy segura-asintió la Diosa, completamente convencida, aunque algunos ya estaban empezando a dudar.
-¡Yo no robé ese coche, Leo!-dijo la chica, enojada.
-Oh, lo olvidé, Piper. ¿Cuál era tu historia? Le "contaste" al propietario si podías tomarlo prestado, ¿no?—miró a Jason y puso las cejas como diciendo « ¿Te lo puedes creer?»
*-*Casi seguro de que es una de mis hijos-sentenció Hermes- nadie es tan convincente.
-Mi hija si-dijo Afrodita-puede tener Encanto ¿No lo habías pensado?
Leo parecía una especie de elfo de Santa Claus latino, con pelo negro rizado, orejas puntiagudas, una cara de bebé alegre, y una sonrisa que te decía inmediatamente que aquel chico no era de fiar si estaba cerca de armas u objetos punzantes. Sus largos y ágiles dedos no paraban de moverse—tamborileaban en el asiento, echándose el pelo por detrás de las orejas, desabrochándose los botones de su chaqueta por sofocos causa de la falta de ejercicio…—. Evidentemente, o el chico era hiperactivo o había estado tomando suficiente azúcar y cafeína como para provocarle un infarto a un búfalo de agua.
-Ya podemos descartar a Atenea,Demeter o Ares como madre del chico-dijo Hades.
-¿Y eso por qué?
-Porque sois demasiado tranquilas y a no ser que el chico tenga un problema grave con el café tanta hiperactividad no es normal. Y en cuanto Ares, uno de sus hijos haría ejercicio hasta caer rendido, y el chico es flacucho.
— De cualquier manera—dijo Leo—, espero que tengas tu hoja de trabajos, porque yo usé la mía para tirar bolitas hace unos días.
-Debe de ser uno de mis hijos-dijo Hermes.
-¿Ahora todos sin tus hijos?-preguntó Afrodita.
-Alguien tan guay tiene que ser mi hijo.
-O el mío, podría haber salido a su padre-fardó Apolo, recibiendo una flecha por parte de su hermana-si sigues así voy a acabar pensando que me odias hermanita.
-No me llames hermanita-gritó la Diosa de la Caza lanzando otra flecha que Apolo esquivó. Al parecer ya tenía bastante práctica en ello.
...¿Por qué me miras así? ¿Alguien me ha vuelto a pintar en la cara?
— No lo sé—dijo Jason.-no se quien eres.
Leo le sonrió sarcástico.
— Claro. No soy tu mejor amigo, soy su gemelo malvado.
-Ese chico me encanta-gritaron los Dioses de antes, que se habían puesto a discutir de cual sería hijo.
— ¡Leo Valdez!—gritó el entrenador Hedge desde la delantera— ¿Hay problemas ahí atrás?
Leo le guiñó un ojo a Jason.
— Mira esto—se volvió hacia delante—. ¡Perdone, entrenador! Estaba teniendo problemas para oírle. ¿Podría usar su megáfono, por favor?
El entrenador Hedge gruñó como si hubiera estado deseando tener una excusa para hacerlo. Se quitó el megáfono del cinturón y siguió dando órdenes, pero su voz parecía la de Darth Vader. Los niños se partieron de risa, el entrenador lo intentó de nuevo, pero cuando habló lo que resonó por el megáfono fue: —La vaca hace múúúúúúúú.
Los chicos se carcajearon.
En la sala todas las miradas se dirigieron a Hefesto. Entre la espesa barba se podía notar una sonrisa.
-No, no, no, no-continuaron los dos Dioses-no puede ser hijo de Hefesto.
-No te ofendas hermanito, pero no eres divertido.
Hefesto se encogió de hombros, haciendo entender que le daba igual, pero seguía sonriendo.
Poseidon, Demeter, Ares y Persefone trataban de no reírse ante los inventos del chico, pero se veía que reprimían la sonrisa.
— ¡Valdez!—vociferó el entrenador sin usar el megáfono.
Piper se contenía la risa.
— Dios mío, Leo. ¿Cómo has hecho eso?
Leo se sacó un destornillador diminuto de la manga.
— Soy un chico especial.
— Chicos, en serio—dijo Jason inocentemente— ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿A dónde vamos?
Piper frunció el ceño.
— Jason, ¿estás de broma?
— No, no tengo ni idea…
— Ah, claro que está de broma—dijo Leo—. Está intentando que me dé la vuelta para echarme crema de afeitar en la nunca, ¿a que sí?
Jason lo miró con el semblante inexpresivo.
— No… Creo que va en serio—Piper trató de coger de nuevo su mano, pero él la alejó.
— Lo siento—dijo—. Yo no… No puedo…
— ¡Eso es!—gritó el entrenador desde la parte delantera—. ¡La fila de atrás acaba de ofrecerse voluntaria para limpiar después de almorzar!
El resto de los niños vitorearon.
— Esto es un escándalo—murmuró Leo.
Pero Piper mantenía sus ojos en los de Jason, como si no pudiera decidir entre estar herida o preocupada.
-Pobrecita mía-murmuró Afrodita-tan lejos y a la vez tan cerca de su amor.
-Apenas se conocen, deja de hacer como si fuer aun culebrón romántico-chilló Artemisa irritada.
-Que tú quieras mantenerte virgen no significa que el resto quiera ser tan aburrido como tú Misa.
Artemisa iba a dispararle a la Diosa del Amor sino fuera porque Zeus lo impidió. Artemisa no quería sucumbir a la ira de su padre, así que tuvo que dejarlo pasar. Prefería tragarse su orgullo a que la encadenaran al Tártaro.
— ¿Te has golpeado la cabeza o algo? ¿De verdad no sabes quiénes somos?
— Es peor que eso—Jason se encogió de hombros, imponente—, no sé quién soy.
El autobús se detuvo delante de un gran complejo rojo parecido a un museo, situado justo en mitad de ninguna parte. «Quizás es justo eso», pensó Jason «El Museo Nacional de Ninguna Parte». Un viento frío soplaba a través del desierto. Jason no le había prestado mucha atención a lo que llevaba puesto, pero no era lo suficientemente cálido: vaqueros y zapatillas de deporte, una camiseta morada y una cazadora negra y fina.
— Bueno, aquí va un cursillo intensivo para el amnésico—dijo Leo en un tono de ayuda que le hizo a Jason pensar que no iba a ser de ayuda—: Vamos a la "Escuela de la Salvajería"—Leo hizo comillas en el aire con los dedos para esas palabras—, lo que significa que somos "chicos malos". Tu familia, o un juez, o quien fuese decidió que eras demasiado problemático, así que te mandaron a esta adorable cárcel… ¡Perdón! a esta… "Escuela interna", en Armpit, Nevada, donde aprendes cosas útiles ¡cómo correr diez millas al día atravesando cactus o tejer margaritas a sombreros! Y como regalo especial vamos a unas excursiones en un campo "educativo" con el entrenador Hedge, quien pone orden con un bate de béisbol. ¿Te acuerdas de todo ya?
-¿Como pueden mandarlos a un sitio así?-preguntó Hestia horrorizada. Esos semidioses le parecían angelitos, aunque seguramente Leo utilizaría la aureola como frisbey.
-Lo más extraño es que todos lo conozcan ¿Creéis que podría ser producto de la niebla?-preguntó Demeter.
-Si es así mirar el lado positivo-dijo Apolo -va a haber que felicitar a Hecate por su trabajo.
— No.
Jason le echó un aprensivo vistazo a los otros chicos: quizá eran unos veinte, la mayoría chicas. Ninguno de ellos parecía un criminal peligroso, pero se imaginó que todos habrían sido sentenciados como delincuentes por sus colegios, y se preguntó porque estaba con ellos.
Leo movió los ojos.
¿Con que quieres jugar de verdad, eh? Muy bien. Los tres empezamos aquí juntos este semestre. Estamos muy unidos. Tú haces todo lo que digo, me das tu postre, me haces los deberes…
¡Leo!—saltó Piper.
-Por poco-se quejó Hermes.
-No creo que el chico sea tan tonto como para dejarse engañar-dijo Hera, masajeándose las sienes, al igual que su marido.
Si fuera por Zeus ahora mismo estaría provocando una tormenta en una gran ciudad.
— Vale, olvida esa última parte. Pero somos amigos. Bueno, Piper ha sido algo más que tú amiga estas últimas semanas…
*-*Lo sabía-chilló Afrodita, interrumpiendo, de nuevo, la lectura-son pareja.
-Si todo es un truco de la niebla en realidad nunca lo fueron-observó Atenea, borrando la sonrisa de la Diosa.
-Olvidas la parte en la que Piper se entera y se lleve una depresión emocional-terminó de decir Zeus.
-¡Leo, basta!—la cara de Piper se puso roja. Jason podía sentir que él también se había ruborizado. Pensó que se acordaría de haber estado saliendo con una chica como Piper si lo hubiese hecho.
-Chico, todos nos acordaríamos si estuviéramos saliendo con una chica como Piper-dijo Apolo.
— Tiene amnesia o algo—dijo Piper—. Se lo tenemos que decir a alguien.
Leo sopló, mofándose.
-¿A quién? ¿Al entrenador Hedge? Intentará arreglarlo todo dándole a Jason golpes en la cabeza.
-Es la mejor manera-reconoció Ares.
Apolo le dirigió una mirada horrorizado.
El entrenador estaba delante del grupo, dando órdenes y soplando con su silbato para mantener a los chicos en fila, pero de vez en cuando él se volvía y le echaba un vistazo a Jason, ceñudo.
— Leo, Jason necesita ayuda—insistió Piper—.Tiene una conmoción o…
— Eh, Piper—uno de los otros chicos dejo atrás el grupo que estaba entrando en el museo para unirse a ellos. El chico nuevo se situó entre Jason y Piper y empujó a Leo al suelo—. No hables con estos lame-culos. ¿Eres mi compañera, recuerdas?
-¿Por qué mi hija iría con ese?-preguntó Afrodita frunciendo el ceño.
-Nadie le llama lame-culos a mi hijo-lo defendió Hefesto. No lo conocía, pero era SU hijo, y eso ya le bastaba para quererle.
-Además, no creo que el adjetivo lame-culos se le pueda aplicar al hijo de Hefesto -dijo Poseidon.
El chico nuevo tenía el pelo oscuro con un estilo a lo Superman, estaba bastante bronceado y los dientes tan blancos que deberían haber venido con un cartel de advertencia: «No mirar directamente a los dientes, peligro de ceguera permanente».
-Monstruo-hablaron todos los Olímpicos a la vez, sorprendiendo a Persefone.
-Wow ¿Esto ocurre a menudo? Vaya sincronización.
Llevaba una camiseta de los Vaqueros de Dallas, unos pantalones vaqueros como los de las películas del Oeste y botas. Sonreía como si creyese que era el regalo de Dios para las chicas delincuentes que había por allí.
*-*El único regalo de Dios aquí soy yo-fardó Apolo.
Jason lo odió nada más verlo.
-Creo que cualquiera con dos ojos y sentido común lo odiaría nada más verlo-dijo Artemisa.
Odiaba a todos los hombres, pero ese tipo en especial le parecían odiosos, incluyendo a su hermano, aunque a él tenía que aguantarlo.
-Hermanita, a ese si quieres puede darles caza.
-Como si necesitara tú permiso para decidir a quién matar.
— Vete, Dylan—gruñó Piper—. En ningún momento te pedí que fueras mi compañero.
— Ah, no seas así. ¡Este es tu día de suerte!—entrelazó su brazo con el suyo y la arrastró a la entrada del museo. Piper miró atrás sobre su hombro como llamando a emergencias.
-Tú, deja en paz a mi hija, Jason es mucho mejor-gritó Afrodita como si tuviera a Dylan delante.
-Puede que no estés muy enterada, pero cuando lees un libro no puedes hablar con los personajes-se burló Atenea.
Afrodita la desintegró con la mirada antes de continuar.
Leo se levantó y se palmeó para limpiarse.
— Odio a ese tío—le tendió su brazo a Jasón para que le acompañara, lo hizo y entonces Leo se puso a dar saltitos hacía la entrada— ¡Soy Dylan! ¡Soy muy guay! ¡Quiero salir conmigo mismo, pero no sé cómo hacerlo! ¿Quieres salir conmigo? ¡Eres muy afortunada!
La mayor parte de los Dioses se echaron a reír. Ese chico les encantaba. Los únicos que se mantuvieron impasibles fueron Hera, Zeus y Atenea. Por muy raro que pueda sonar, Hades trataba de reprimir una sonrisa, aunque la única que se dio cuenta fue Persefone.
-En serio Hefesto, la madre de ese muchacho debe ser maravillosa para que tengas un hijo así-reconoció Apolo tratando de parar la risa.
La verdad era que sí, pensó Hefesto. Recordó que el Leo había dicho que se escapó seis veces, y se preguntó que había pasado. Cruzó una mirada con Afrodita y esta entendió, estaba preocupada por qué le había pasado a Piper.
— Leo—dijo Jason—, eres raro.
-Vaya, el chico es sincero. Como Dios de la verdad aprecio eso.
-¿No es raro que te lleves tan bien con Hermes y que el sea el Dios de las mentiras?-preguntó Atenea.
Apolo se encogió de hombros.
-Sí, me lo dices muchas veces—sonrió Leo—. Pero si no te acuerdas de mí, eso significa que puedo volver a gastarte mis bromas antiguas. ¡Venga, vamos!
*-*Estoy deseando leer más sobre ese chico, ojalá termine con una de mis hijas-reconoció Hermes.
Hefesto lo miró como si la idea no le gustara tanto.
Jason se figuró que si ese era su mejor amigo, su vida debía de estar patas arriba,
-Y eso que aún no sabe que es semidiós-murmuró Demeter.
-Tal vez si que lo sepa pero no lo recuerde-dijo Atenea.
... pero siguió a Leo adentro del museo. Caminaron a través del edificio, parando aquí y allí para que el entrenador Hedge les diera información con su megáfono, que le volvía la voz como la de un villano y que de vez en cuando hacía agudas observaciones como «El cerdo hace oink». Leo estuvo desatornillando las tuercas y los tornillos de su chaqueta limitar y empezó a colocarlos juntos, como si tuviera que tener todo el tiempo algo en las manos. Jason estaba demasiado distraído para prestar mucha atención a las exposiciones, pero estuvieron en cosas como del Gran Cañón y la tribu Hualapai, que estaba antes donde ahora estaba el museo.
Algunas chicas miraban a Piper y Dylan y soltaban risitas. Jason se figuró que esas chicas eran amigas. Llevaban pantalones vaqueros idénticos, camisas de tirantes rosas y suficiente maquillaje para una fiesta de Halloween.
-Oye-se quejó Afrodita, pues sus hijas se vestían de ella misma forma.
-Tiene razón, tus hijas parecen recién salidas de Halloween- dijo Artemisa, ofendiendo aún más a la Diosa.
-El día que estás dos se pongan de acuerdo en algo Gea despierta-le murmuró Poseidon a Demeter, sin saber que lo de Gea estaba más cerca de lo que pensaban.
Una de ellas dijo:
— Eh, Piper, ¿no es tu tribu la que vivía aquí? ¿Serás un espíritu libre si te pones a hacer la danza de la lluvia?
-¿¡COMO SE ATREVEN A METERSE CON MI HIJA!?-chilló Afrodita, indignada.
-Cálmate-trató de tranquilizarla Zeus, aunque no ponía sus cinco sentidos en ello-por lo que sabemos podría no ser tú hija.
Las otras comenzaron a reír. Incluso el supuesto compañero de Piper, Dylan, la sorprendió con una sonrisa.
Afrodita apretó los puños. Como esto siguiera así iba a poner en práctica las lecciones de guerra de las que tanto había escuchado hablar a Ares.
La chaqueta de snow-boarding de la joven escondía sus manos bajo sus mangas, pero Jason tuvo el presentimiento de que apretaba los puños.
Al igual que hacía Afrodita en la sala.
-Mi papá es Cherokee-dijo ella-No Hualapai. Claro, tú necesitas unas cuántas neuronas para saber la diferencia Isabel.
-Eso es-gritó Afrodita-demuestra quién manda.
Los de los tronos contiguos se apartaron un poco. En ese momento, la diosa del amor daba miedo.
Isabelle ensanchó los ojos con fingida sorpresa, de modo que ella parecía una lechuza con adicción al maquillaje.
-¡Oh, lo siento! ¿Estaba tú mamá en esa tribu? Oh, es cierto. Nunca conociste a tu madre.
*-*Hades, anota todo lo necesario de esa chica, quiero que la mandes a los campos de Castigo-amenazó Afrodita.
Hades no pudo hacer otra cosa que aprobar la petición, no solo para hacer justicia, sino porque su tía le daba miedo.
Piper ya iba a la carga, pero antes de que pudiese empezar una lucha, el entrenador Hedge ladró:
-¡Suficiente por ahí atrás!, sed un buen ejemplo o sacaré a paseo el bate de béisbol.
*-*Sacalo a pasear-gritó Ares emocionado-quiero ver algo de acción, hasta ahora solo han sido noñerías sin gracia de chiquillos.
-Si hace cinco minutos estaban en el suelo retorciéndote de risa-señaló Atenea.
-Tío P. haz callar a la cara de búho.
-Oye, puede que la odie, pero solo yo la llamo cara de búho o cualquier otro insulto parecido.
El grupo empezó a moverse a la siguiente exhibición, pero las chicas seguían soltando pequeños comentarios sobre Piper.
— ¿Está bien volver a la tierra? —preguntó una con voz dulce.
— Papi probablemente bebía demasiado para trabajar—dijo otra con falsa simpatía—. Por eso ella se volvió cleptómana.
-YA NO AGUANTO MÁS. SERÁN HIJAS DE...-Afrodita comenzó a soltar las peores maldiciones que se conocía.
Hades y Poseidon llegaron a tiempo para taparle los oídos a Hestia.
Cuando terminó, todo el mundo se encogió en su trono, seguramente pensando que no necesitaban añadir esas palabras a su vocabulario.
Piper las ignoró, pero Jason estaba a punto de estallar. No se acordaba de Piper, ni tampoco quien era él mismo, pero sabía que odiaba a esas chicas.
*-*No necesita tu ayuda para defenderse-murmuró Afrodita entre dientes.
-Si es una hija de Afrodita sí-dijo Zeus.
-Deja en paz a mis hijas-chilló Afrodita-te demostraré que no todas son así.
— Tranquilo. A Piper no le gusta que luchemos en sus guerras.
-Toma esa Zeus-se burló Afrodita, pero comparado con todo lo que acababa de decir minutos antes estaba claro que era lo más suave que le podía decir.
Artemisa comenzaba a prestar atención. Tal vez podría ofrecerle un puesto en la Caza a esa chica.
… Por otro lado, si esas chicas se enterarán de la verdad sobre su padre, estarían todas arrodillándose y gritando "¡No somos dignas!".
¿Por qué? ¿Qué le pasa a su padre?
*-*Eso nos gustaría saber a todos-habló Persefone por casi toda la sala, sobre todo Afrodita, que deseaba saber quién era el padre.
Leo se rio, incrédulo.
— ¿Estás de broma? ¿De verdad que no te acuerdas que el padre de tu novia…?
— Mira, ojala pudiera,
-No lo cortes así-se quejó Afrodita-déjale terminar de hablar.
...pero no me acuerdo de ella, mucho menos de su padre.
Leo silbó. —Lo que sea. Tenemos que hablar cuando volvamos al dormitorio.
*-*Tengo la sensación de que nunca llegarán al dormitioro -dijo Ares sonriendo, pensando en que dentro de poco habría una pelea, o eso era lo que el creía.
-No seas gafe-le gritaron Afrodita y Hefesto.
Llegaron al final de la sala de exposiciones, donde grandes puertas de cristales daban a una terraza.
— Muy bien, pastelitos—anunció el entrenador Hedge—, estáis a punto de ver el Gran Cañón. Intentad no romperlo.
-**¿Cómo se puede romper el Gran Cañón? Es imposible. Además, son solo críos.
Hermes y Apolo sonrieron. Ya sabían que probar a continuación.
...La pista de aterrizaje es capaz de soportar el peso de setenta aviones con peso de elefante, así que los que estáis con sobrepeso estaréis seguros por ahí.
-Que tacto...-rodó los ojos Poseidón.
...Cuando estéis en el borde del precipicio, si es posible no os empujéis los unos a los otros, eso me causaría papeleo extra.
-**¿Y que pasa con los niños?-preguntó Hestia con su dulce voz de niña de diez años.
-¿Que mas da? Ojalá alguien se caiga y haya un poco de acción-respondió Ares impaciente.
El entrenador abrió las puertas y caminaron hacia fuera. El Gran Cañón se extendía ante ellos, en vivo y en directo. Sobre él había una pasarela con forma de herradura de cristal, así que se podía ver a través de ella.
— Tío—dijo Leo—, eso es bastante perverso.
*-*Coincido-dijeron Hades y Poseidon, que no les gustaba demasiado el territorio aéreo.
Jason tenía que estar de acuerdo. A pesar de su amnesia y de la sensación de que no pertenecía a aquel lugar, no podía no estar impresionado. El cañón era más grande y más amplio de lo que se podría apreciar en una foto. Llegaron tan alto que los pájaros volaban en círculos por debajo de sus pies. Quinientos metros abajo, un río serpenteaba el suelo del cañón. Bancos de nubes de tormenta se movieron sobre ellos cuando estaban encima, sombras como caras furiosas a través del acantilado.
Zeus escuchaba las palabras como si fuera música para sus oídos.
En cualquier dirección, todo lo que Jason llegaba a ver eran barrancos rojos y grises cortando el desierto como si algún dios loco hubiera paseado por ahí un cuchillo.
-No me sorprendería-dijo Hera-teniendo en cuenta la cantidad de Dioses problemáticos que hay por ahí.
-Tú la primera-dijo Zeus lo suficientemente alto para que Hera lo mirara.
Sabía que su marido había quedado mal después de la guerra y la muerte de sus hijos, aunque no tanto como Poseidon y Hades (este último sobre todo por la muerte de esos hermanos Di Angelo), pero desde entonces era más cruel, caprichoso y paranoico, y eso lo pagaba con el resto de Olímpicos.
Jason sintió un dolor penetrante tras sus ojos. «Dioses locos…», ¿Cómo se le había ocurrido una idea así? Se sintió como si estuviera cerca de algo importante, algo que ya debería saber. También tuvo el presentimiento de que indudablemente estaba en peligro.
— ¿Estás bien?—preguntó Leo—. ¿No irás a saltar al vacío, verdad que no? Debería haber comprado una cámara…
Jason se agarró a la baranda. Parpadeó y el dolor de detrás de sus ojos se calmó.
— Estoy bien—logró decir—. Solo me duele la cabeza.
Un trueno retumbó sobre sus cabezas. Un viento frío casi los arrastró hacia los lados.
— Esto no puede ser seguro—Leo escudriño las nubes—. Hay una tormenta justo encima de nosotros, pero el resto del cielo está limpio a nuestro alrededor.
¿Extraño, eh?
Todos los Dioses miraron a Zeus.
-Ni se te ocurra hacerles daño-lo amenazaron Afrodita y Hefesto.
-Soy el Rey de los Dioses, puedo hacer lo que me da la gana, el mundo no va a cambiar por la muerte de dos semidioses-fue su respuesta.
Jason miró hacia arriba y supo que Leo llevaba razón. Un círculo de nuves se había parado sobre ellos encima de la pasarela, pero el resto del cielo en todas direcciones estaba perfectamente limpio. Jason tuvo un mal presentimiento sobre eso.
-¡Muy bien, pastelitos!—gritó el entrenador Hedge. Miró ceñudo la tormenta como si le molestase demasiado—. Tenemos que cortar este paseo, ¡así que al trabajo! ¡Recordad: completad las frases!
Apolo, Hermes, Poseidon y Ares se quejaron, como si hubiera sido a ellos a los que les mandaran hacer la tarea.
La tormenta retumbó, y el dolor de cabeza de Jason regresó. Sin saber porque lo hizo, buscó en el bolsillo de sus pantalones vaqueros y sacó una moneda, un circulo de oro del tamaño de cincuenta centavos, pero más gruesa e irregular. Estampada en un lado estaba la imagen de una batalla. En el otro estaba la cara de alguien con una corona de laureles. La inscripción decía algo como "iulius".
-Esa moneda-comenzó a decir Atenea-no es posible.
-¿Crees que puede ser un romano?-le preguntó Demeter a su sobrina.
-Son los únicos que usan oro imperial-dijo Hefesto-y si nos fijamos bien al no mencionar el nombre de ningún Dios no podemos saber si son griegos o romanos.
Atenea frunció el ceño ¿Romanos? ¿Por qué la historia iba sobre romanos? Si salían esperaba que fuera solo para...interrumpió sus pensamientos. Tenía que ser racional, no dejarse llevar por el odio...y juntarse menos con Ares.
— Macho, ¿eso es oro? —Preguntó Leo—, ¿te he dicho ya lo muy amigos que somos?
-**¿Estáis seguros de que no es uno de mis hijos?-volvió a preguntar Hermes, cada vez más confuso.
-Seguro-respondieron todos.
Jason guardó la moneda, imaginando que él trataría de conseguirla, y porque tenía la sensación de que la necesitaría pronto.
— No es nada—dijo—. Solo una moneda.
Leo se encogió de hombros. Quizás su cabeza tenía que moverse más rápido que sus manos.
— Vamos—dijo—. A ver si te atreves a escupir al precipicio.
*-¿*Estáis completamente seguros?
-SEGURO-gritaron todos.
-De acuerdo, solo preguntaba.
No se esforzaron mucho en la hoja de trabajo. Por una cosa, Jason estaba demasiado distraído por la tormenta y sus sentimientos contradictorios. Por otra cosa, no tenía ni idea de cómo "nombrar tres estratos sedimentarios que observes" ni "describir dos ejemplo de erosión".
Leo no era de ayuda. Estaba demasiado ocupado construyendo un helicóptero con los tubos que tenía.
-Ah sí, estoy seguro de que es tu hijo.
Hefesto, que normalmente mantenía la calma, estuvo tentado en lanzarle un destornillador a la cabeza.
*—*Mira esto—arrancó el helicóptero. Jason se figuró que se caería pero los limpia- tubos lo mantuvieron más o menos sobre el cañón antes de que perdiera impulso y se precipitara al vacío.
Hefesto sonrió maravillado. Pocas veces tenía hijos con el don para construír tan desarrollado. A lo mejor la madre había tenido algo que ver en eso.
—**¿Cómo lo has hecho? —preguntó Jason.
Leo se encogió de hombros.
*—*Habría molado más si hubiera tenido algunas gomas para ponerle.
—**¿En serio—dijo Jason— que somos amigos?
*—*La última vez que lo comprobé, sí.
—**¿Estás seguro? ¿Cuál fue el primer día que nos conocimos? ¿Cómo nos pusimos a hablar?
*—*Fue…—Leo frunció el ceño—No me acuerdo exactamente. Tengo TDAH, tío. No puedes esperar que me acuerde de los detalles.
— Pero es que no te recuerdo del todo. No me acuerdo de nadie de aquí. Y si…
-¿Tú llevas razón y todo el mundo se equivoca?—preguntó Leo—. ¿Crees que apareciste aquí esta mañana y que todos tenemos recuerdos falsos sobre ti?
-Vaya Hefesto, como tu hijo siga así le robará el puesto a mi Oráculo.
-Tú Oráculo es una momia-se burló Artemisa.
-Te encanta hurgar en la herida ¿verdad?
Una vocecita en la cabeza de Jason dijo «Eso es exactamente lo que estoy pensando». Pero sonaba a locura. Todos actuaban con normalidad. Todo el mundo actuaba como si él fuera un compañero normal de clase… excepto el entrenador Hedge.
*-*Sátiros-murmuró Dionisio lo suficientemente bajo para que nadie lo oyera. No quería echar a perder su excusa de "estoy demasiado ocupado leyendo una revista de vinos como para prestar atención".
*—*Toma la hoja de trabajo—Jason le dio con la mano el papel—. Volveré.
Antes de que Leo pudiese protestar, Jason se encabezó a través de la pasarela. El grupo escolar tenía todo el lugar para ellos solos. Quizás era demasiado temprano para los turistas, o puede que el extraño clima los mantuviese asustados y lejos. Los chicos de la Escuela de la Salvajería estaban repartidos en parejas por toda la pasarela. La mayoría estaban de broma o hablando. Uno de los chicos estaba arrojando peniques al vacío. A unos cincuenta pasos de allí, Piper estaba intentando rellenar su hoja de trabajo, pero el estúpido de su compañero Dylan la estaba molestando, poniéndole las manos en los hombros y blandiendo esa sonrisa blanca. Ella no paraba de empujarle, y cuando vio a Jason le dirigió una mirada como de «Estrangula a este tío por mí». Jason pasó de ella.
-Eso es de mala educación-dijo Hestia.
-No lo necesita, ella puede defenderse sola-protestó Artemisa.
Ella aún tenía esperanzas de que la chica pudiera servirle para la cacería, aunque comenzaba a dudarlo.
Caminó hasta el entrenador Hedge, que estaba apoyado en su bate de béisbol, estudiando las nubes tormentosas.
—**¿Has hecho tú eso?—le preguntó el entrenador.
Jason dio un paso atrás.
¿Hacer qué?—había sonado como si el entrenador acabase de preguntarle si había creado la tormenta de rayos.
Todos miraron a Zeus.
-¿No será uno de tus hijos?-preguntó Hera.
-Aún no se sabe, el chico aún no demostró ningún poder.
Hades y Poseidon rezaba por que fuera lo contrario. Si ellos tenían hijos, no querían que se juntaran con los de Zeus.
*Poseidon y Hermes sabían que los Di Angelo estaban vivos, escondidos en el casino. Resultó ser que ellos habían estado allí (por un asunto oficial del Olimpo, no para divertirse, obviamente insertar risa nerviosa) y los había visto esconder a sus hijos. Ciertamente, les había dado bastante pena, por lo que decidieron guardar el secreto. Estaban seguros de que si Zeus se enterara volaría el casino entero para asegurarse de que esta vez no sobrevivían.
El entrenador Hedge lo miró con los ojos resplandeciéndole, con aquellos ojos oscuros brillantes bajo el ala de su gorra.
No juegues conmigo, chico. ¿Qué estás haciendo aquí y por qué estás interfiriendo en mi trabajo?
*—*Quiere decir… ¿Que no me conoce?—dijo Jason—. ¿Qué no soy uno de sus estudiantes?
*—*No te había visto hasta hoy—resopló el entrenador.
Jason estaba tan aliviado que casi quiso llorar.
-No llores, eso de niñas-bufó Ares.
-¿Tienes algún problema Ares?-la voz de Artemisa tenía veneno, al igual que su mirada.
-Artemisa, no discutas con tu hermano-dijo Hera con voz severa.
-Ja-carcajeó la Diosa-si tengo que admitir que tengo un hermano ese es Apolo-señaló al Dios del Sol.
Puede que no lo pareciera por sus múltiples peleas, pero ninguno sabría que hacer sin el otro. Cuando la gente pensaba en los hermanos de Artemisa tan solo se le venía Apolo a la mente, al igual que la Diosa solo lo llamaba a él por ese nombre.
Por lo menos no estaba loco. No estaba en él lugar correcto.
*—*Mire, señor, no sé cómo he llegado aquí. Tan solo me desperté en el autobús escolar. Todo lo que sé es que se supone que yo no debería estar aquí.
*—*Eso es cierto—pronunció la voz de Hedge con un soplo brusco, como si estuviera compartiendo un secreto—. Tienes algo especial con la Niebla, chico, si puedes hacer creer a todas estas personas que te conocen, pero no puedes conmigo. He estado oliendo a monstruo estos días. Sé que tenemos un infiltrado, pero no hueles como un monstruo. Hueles como un mestizo. Así que… ¿Quién eres y de dónde vienes?
*-*Eso queremos saber-hablaron varios a la vez.
La mayoría de las cosas que el entrenador había dicho no tenían sentido, pero Jason decidió contestar honestamente.
*—*No sé quién soy. No tengo ningún recuerdo. Tiene que ayudarme.
El entrenador Hedge estudió su cara como si estuviera tratando de leer los pensamientos de Jason.
*—*Bien—murmuró Hedge—. Estás siendo sincero.
-¡Por supuesto que lo estoy siendo! ¿Y qué es todo eso sobre monstruos y mestizos? ¿Es lenguaje codificado o algo así?
-Como continúe así va a conseguir que se vuelva loco.
-¿Más de lo que ya está?
-¿Estás prestando atención a la lectura Dionisio?-sonrió Demeter.
El Dios hizo una mueca y volvió a "leer" su revista de vinos.
Hedge entrecerró los ojos. Una parte de Jason se preguntó si el hombre estaba loco*.*
-Las mejores personas están completamente locas-dijo Hermes.
Apolo, Poseidon, Hades y Demeter le dieron la razón.
Atenea, Afrodita y Artemisa se miraron. La estaban perdiendo.
Pero la otra parte era más lista.
*—*Mira, chico—dijo Hedge—. No sé quién eres. Acabo de saber que eres, y eso significa problemas. Ahora tengo que protegeros a tres de vosotros en vez de dos. ¿Eres el paquete especial? ¿Es eso?
—**¿De qué habla?
Hedge miró a la tormenta. Las nubes se estaban volviendo más gruesas y oscuras, cerniéndose sobre toda la pasarela.
*—*Esta mañana—dijo Hedge—. Recibí un mensaje del campamento. Dicen que van a mandar a un equipo de extracción. Vienen para recoger un paquete especial, pero no me dieron detalles. Deja que piense… Bien. Los dos que estoy viendo son bastante poderosos, más que la mayoría. Sé que están siendo acechados. Puedo oler a monstruo en el grupo. Supongo que por eso el campamento ha querido recogerlos de pronto, pero de pronto tú apareces de la nada. Así que, ¿eres el paquete especial?
El dolor tras los ojos de Jason se volvió peor que nunca. Mestizos. Campamento. Monstruos. Continuaba sin saber de qué estaba hablando Hedge, pero las palabras le habían provocado un enfriamiento cerebral masivo, como si su mente estuviera intentando a acceder a información que debía de estar allí pero no lo estaba. Tropezó, y el entrenador Hedge lo agarró. Por un momento, las manos del entrenador parecieron de acero.
*—*Guau, quieto ahí, pastelito ¿Dices que no tienes ningún recuerdo, eh? Bien. Solo tengo que vigilarte hasta que el equipo llegue. Haremos lo que diga el director.
—**¿Qué director?—dijo Jason—. ¿Qué campamento?
*—*Solo siéntete bien. Los refuerzos deben de llegar pronto. Espero que no pase nada antes…
Una luz chocó sobre sus cabezas. El viento les sopló con ganas. Las hojas de trabajo volaron al Gran Cañón, y el puente entero se estremeció. Los chicos gritaron, tropezándose y agarrándose al suelo.
*—*Tenía que haber dicho algo—murmuró Hedge. Y rugió a través de su megáfono— : ¡Todos aquí dentro! ¡La vaca hace múúú! ¡Fuera de la pasarela!
—**¡Pensé que dijo que esta cosa era segura!—gritó Jason para que se le oyese más que al viento.
— Bajo circunstancias normales—agregó Hedge—, que no son estas. ¡Vamos!
-Fin del capítulo-dijo Afrodita.
-Al fin- Hera miró al cielo, como si hubiera algo importante-espero que en este no tardemos tanto.
-¿Quién lee el próximo?-preguntó Afrodita ignorando a la Reina de los Dioses.
-Déjame a mí-se emocionó Apolo, como un niño pequeño pidiendo caramelos.
Afrodita le pasó el libro.
-II Jason
Cuando iba a comenzar a leer una luz inundó la sala. Llegaban los primeros invitados.
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He comenzado a leer muchas historias de este tipo, porque la verdad es que me encanta todo lo relacionado con viajes en el tiempo y ver las reacciones al saber el futuro, pero la mayor parte estaban abandonadas y tan solo llegaban al capítulo cinco o seis.
¿Qué les ha parecido? ¿Le tiran tomates? ¿Piedras? ¿Me mandan a Cerbero?
¿Quieren que la continúe? ¿O me voy a los campos de castigo?
Y si les ha gustado y quieren que continúe ¿Quién cree que será el primero en llegar/los primeros en llegar?
Por favor, un pequeño comentario.