Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Leyendo el futuro: el héroe perdido. · de

Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 2

Eran tres semidioses, dos chicos y una chica.

El primero, de aspecto latino y flacucho, movía los dedos rápidamente sobre una bola de metal, sin darse cuenta de donde estaba.

La segunda sujetaba una espada en una mano, pero por como lo hacía estaba claro que no estaba acostumbrada a manejarse con ella.

El último estuvo a punto de caer al suelo, parecía que había estado apoyado en algo antes de aparecer ahí.

Los dos últimos se giraron hacia los Dioses, que miraron al libro y luego a ellos.

La chica silbó.

-Es tan impresionante como me contó Annabeth- dijo, admirando el lugar.

El rubio fue junto al latino.

-Leo, creo que deberías mirar a tú alrededor.

-¿Que ocurre? ¿Hazel ha vuelto a vomitar sobre la cubierta?-preguntó. Levantó la mirada, y al ver a los Dioses estuvo a punto de caérsele la bola al suelo-por los calzones de Hefesto ¿Que hacemos aquí?

Los inmaduros no pudieron evitar soltar una risita.

-Preséntense-por la forma en la que Zeus lo dijo estaba claro que era una orden y no una petición.

-¿Qué es eso?-preguntó Piper señalando lo que tenía Apolo entre las manos. Por suerte los dioses estaban en su tamaño humano. Zeus se quedó algo consternado ¿Una mestiza acababa de ignorarlo?

-Es un libro que hemos estado leyendo-le enseñó la portada.

Los tres chicos palidecieron.

Para ayudarlos a situarse Hestia hizo que pasara por su cabeza lo que habían leído.

-Oh no-dijo Jason- habéis leído mis pensamientos.

-Ahora preséntense- volvió a ordenar Zeus, con la voz más autoritaria que antes.

-Piper McLean, hija de Afrodita.

-Lo sabía-chilló la Diosa-y por lo que veo estás aprendiendo a pelear con espada.

-Si, Hazel me está enseñando-respondió la chica sonriente.

Hades no podía pasar por alto ese nombre. Era la segunda vez que lo decían ¿Era posible que fuera su hija? Una pequeña llama de esperanza comenzó a crecer en su interior.

-Yo soy el único, el inigualable, el magnífico, el semidiós más caliente de todos los tiempos, Leo Valdez- presionó un botón de su esfera y al instante la sala se cubrió de fuegos artificiales que decían "Todas las chicas aman a Leo" o "Chico malo supremo" o incluso "Chef Leo, experto en tacos de toffu"

Apolo, Ares, Hermes, Hefesto y Demeter (desde luego la estaban perdiendo) rieron ante el chico. Afrodita, Hestia y Persefone sonreían, dejando escapar una pequeña risa.

-Sí, ya sé que soy genial y que a todos le encantaría tener un hijo así, pero mi padre es Hefesto. Lo siento por ser tan fabuloso.

Casi todos los presentes lo estaban pasando genial con ese chico, diversión que fue interrumpida por Zeus.

-Preséntate.

-Soy Jason Grace, pero esperaré al próximo capítulo para decir de quién soy hijo. Total, seguramente ya lo adivinen.

Los tres semidioses se sentaron juntos. Antes de que se posaran sobre el suelo, Hestia hizo aparecer tres puffs, cada uno con el símbolo de su padre/divino y un color diferente, menos a Jason. Piper sonrió al ver que el suyo no era rosa. Odiaba ese color.

-Voy a comenzar. II Jason.

-Oh mierda-dijo el mencionado.

-Esas cosas no se dicen.

-Lo siento lady Hestia- se disculpó el rubio.

LA TORMENTA SE CONVIRTIÓ EN UN PEQUEÑO HURACÁN.

-Lo que faltaba, que este entrara en acción-murmuró Poseidon. -¿Tienes algún problema hermano? -Por favor, no discutais delante de los niños-pidió Hestia, que se había transformado en una joven de unos veinte años.

Las nubes con forma de embudo serpenteaban hacía la pasarela, como si fueran los tentáculos de una medusa monstruosa. Los niños gritaron y corrieron hacía el edificio. El viento los despojaba de sus libretas, chaquetas, gorros y mochilas. Jason resbaló por el suelo negro. Leo perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer por fuera de la barandilla.

Hefesto miró a su hijo, preocupado. -Papá, ha dicho a punto, no tienes de que preocuparte.

Jason lo agarró de su chaqueta y lo hizo retroceder. —Gracias, tío—gritó Leo.

Leo le pasó una mano por el hombro a su mejor amigo. -Que harías tú sin mi-suspiró dramáticamente. -¿No debería ser al revés? -No, recuerda quién evitó que la ciudad de Bolonia explotara. -Eso no vale, estaba atado, y estoy casi seguro de que tenías parentesco con esos duendes. Los Dioses no entendían de que hablaban, pero debía ser algo bueno porque Piper se echó a reír.

-¡Vamos, vamos, vamos!—dijo el entrenador Hedge. Piper y Dylan mantuvieron las puertas abiertas, haciendo pasar hacía el interior a los otros chicos. La chaqueta de snowboard de Piper aleteaba salvajemente, y tenía todo su oscuro pelo en la cara. Jason pensó que debía de estar pasando frío, pero ella parecía tranquila y confiada, diciéndole a los demás que todo iba a salir bien, dándoles valor para que siguieran avanzando.

A medida que leía Piper se iba ruborizando. Afrodita tenía ganas de ir hacia allí y abrazar a su hija, pero seguramente Zeus lo impediría. Se mordió el labio, preocupada. Artemisa, sin embargo, comenzó a tener esperanzas sobre que esa chica se uniera a la caza.

Jason, Leo y el entrenador Hedge corrieron hasta ellos, pero era como correr en arenas movedizas. El viento parecía estar luchando contra ellos, empujándoles atrás. Dylan y Piper empujaron a un chico más al interior, entonces perdieron el control de las puertas. Estas se cerraron de golpe, aislándolos en la pasarela. Piper pegó con las manos a las puertas. Dentro, los chicos golpeaban el cristal, pero las puertas parecían haberse atascado. — ¡Dylan, ayúdame!—gritó Piper. Dylan solo estaba allí de pie sonriendo como un idiota, su jersey de vaqueros bailaba al viento, como si de pronto disfrutase de la tormenta.

-¿¡Como se atreve a dejarte ahí tirada!?-gritó Afrodita. Los tres semidioses soltaron un gruñido. -Tú esperaba y veras-le respondió Piper a su madre, lo que hizo que se preocupara todavía más.

-Lo siento, Piper—dijo—. Ya he acabado de ayudar.

-Como si hubiera ayudado en algún momento-bufó Jason. Piper sonrió. -Jason ¿No estarás celoso? -¿Yo? ¿Celoso? Si, claro. -Pues me alegro-Piper se sentó sobre sus piernas-porque a estás alturas deberías saber que yo soy Tú chica, al igual que tú eres Mí chico. Piper iba a besar a su novio cuando un chillido los interrumpió. -¡Lo sabía! ¡Sabía que era solo cuestión de tiempo que vosotros dos terminarais juntos! Hija, me alegro tanto, Jason parece el chico perfecto. -Aún no sabes de quién es hijo. -Me da igual, es valiente, sensato y te hace feliz, por no decir guapo. Eso ya me llega. Piper no pudo alegrarse más al escuchar eso. En su interior, siempre creyó que Jason era perfecto para ella por ser hijo de Jupiter. Pero ahora, que no sabía quién era y ya le daba su bendición, podía ver que su madre lo miraba más allá de todo aquello.

La agarró de la muñeca, y Piper voló hacia atrás, descendiendo a la superficie de la pasarela.

-¡Piper!-gritó Afrodita, y para sorpresa de algunos Hestia y Demeter tambien gritaron. La primera porque no quería que le pasara nada malo a la semidiosa, y la segunda porque se imaginó a su propia hija caerse.

-¡Piper!—Jason intentó avanzar, pero el viento estaba en su contra y el entrenador Hedge lo retuvo.

-Maldito sátiro. -¿En serio? ¿Hace unos capítulos nos dejaste con un trauma por culpa de tu lenguaje y ahora lo único que se te ocurre es maldito sátiro?-preguntó Hermes. -Eso para Frank ya serían palabras mayores-rió Leo. -¿Quién?-preguntó Atenea. -Es uno de los principales del próximo libro-explicó Piper-Apolo, continua. -Por ti lo que sea preciosa-Apolo le guiñó un ojo, consiguiendo que Piper se sonrojara y que Jason frunciera el ceño.

-¡Entrenador—dijo Jason—, déjeme ir! —Jason, Leo, quedaos detrás de mí—ordenó el entrenador—. Esta es mi guerra, debería haber sabido que ese era nuestro monstruo. — ¿Qué?—preguntó Leo. Una hoja de trabajo rasgada le abofeteó en la cara, pero la aplastó y se la quitó—. ¿Qué monstruo? La gorra del entrenador voló, y descubrió su pelo rizado con dos protuberancias salientes de su cabeza, como los que tienen los dibujos animados cuando les golpean la cabeza. El entrenador Hedge levantó su bate de béisbol, pero ya no era un bate normal. De alguna manera había cambiado a ser una gruesa rama de árbol, con ramitas y hojas a los lados. Dylan le mostró una sonrisa feliz y psicópata.

-Feliz no sé, pero en lo de psicópata estoy de acuerdo-dijo Poseidon.

-¡Oh, vamos, entrenador! ¡Deje que el chico me ataque! Después de todo, te estás volviendo demasiado mayor para esto. ¿No era eso por lo que te retiraron a esta estúpida escuela? He estado entre los tuyos toda esta temporada, y ni lo sabías. Estas perdiendo tu nariz, abuelete—el entrenador hizo un sonido de enfado como el de un animal que tropieza—. ¿Crees que puedes proteger a tres mestizos tú solo, viejo?—se rio Dylan—. Buena suerte.

-Puede que no sea el mejor sátiro del mundo-comenzó a decir Jason. -Pero nadie, y repito NADIE se mete con el entrenador Hedge-terminaron Piper y Leo.

Dylan señaló a Leo y una nube con forma de embudo se materializó a su alrededor. Leo salió volando por fuera de la pasarela como si lo hubieran lanzado.

Hefesto comenzó a ponerse cada vez más pálido. No dejaba de escanear a Leo con la mirada, comprobando que estuviera bien, lo que sorprendió a Leo.

De alguna manera se las arregló para girarse y agarrarse a los bordes del precipicio. Subió, avanzando furioso por el dolor que sentía en las manos. Al final logró agarrarse de un filo delgado a unos pocos metros por debajo de la pasarela y alzar su mano.

-No es tan fácil acabar con alguien como yo-fardó. Artemisa rodó los ojos ¿Por qué semidioses como eses eran los que se convertían en héroes?

-¡Ayuda!—les gritó—. ¿Una cuerda por favor? ¿Una soga? ¿Un algo?

-Que alguien le de una soga-gritó Hefesto. -Ehm papa, estoy bien-dijo Leo. -No lo estás, estas muy flacucho ¿Comes bien? ¿Las cuatro comidas? ¿Duermes ocho horas mínimo? Vale, ahora si que Leo estaba sorprendido por la actitud de su padre. Podía cargar con insultos y humillación ¿Pero que su padre se preocupara por él? Eso era lo último que se esperaba. Hefesto era inmortal, seguramente había tenido hijos mejores y más hábiles que él.

El entrenador Hedge soltó una maldición y le tendió a Jason su rama. —No sé quién eres, chico, pero espero que seas bueno. Mantén a esa cosa ocupada—señaló a Dylan con el pulgar— mientras voy a por Leo. — ¿Ir a por él cómo?—le interrogó Jason—, ¿vas a volar? —A volar no. A escalar—Hedge se quitó los zapatos, y Jason casi tuvo un infarto. El entrenador no tenía piernas. Tenía pezuñas, pezuñas de cabra. Lo que significaba que esas cosas de su cabeza, como Jason llegó a concluir, no eran protuberancias. Eran cuernos. —Eres un fauno—dijo Jason.

Atenea miró a Jason. No era normal que un semidios llamara a los sátiros por su forma romana. Recordó su sospecha en el capítulo anterior ¿Era posible que...

-¡Sátiro!—saltó Hedge—. Los faunos eran romanos. Pero hablaremos de eso luego. Hedge saltó sobre la baranda. Navegó hasta una parte y se impulsó con sus pezuñas. Iba por el precipicio con una agilidad imposible, apoyándose en sitios no más grandes que los sellos de una carta, sorteando los torbellinos que intentaban atraparlo para llegar a Leo. — ¡Eso no es justo! —Dylan se volvió a Jason—. Ahora te toca a ti, chico. Jason golpeó con el garrote.

-Mal, no puedes usar la fuerza bruta contra uno de esos-lo reprendió Atenea.

Parecía inútil con el viento tan fuerte, pero la rama iba hacía Dylan bien, incluso hizo un giro cuando este la trató de esquivar, dándole en la cabeza y haciéndole caer de rodillas.

-¿Que decías cara de búho? -Ares ¿Que te dicho sobre que soy el único que llama a Atenea así?

Piper no estaba tan aturdida como parecía. Sus dedos agarraron la rama cuando estuvo cerca de ella, pero antes de que pudiera usarla, Dylan sangró. Y sangraba sangre dorada, que manaba de su frente. —Buen intento chico—dijo a Jason—. Pero tendrías que hacerlo mejor. La pasarela se estremeció. Fracturas ramificadas aparecieron en el vidrio. Dentro del museo los chicos dejaron de intentar abrir las puertas. Corrieron lejos, llenos de terror.

-Cobardes-dijo Ares. -Son mortales-salió en su defensa Demeter-tal vez estuvieran viendo una pelea con armas o algo por el estilo.

El cuerpo de Dylan se disolvió en humo, como si sus moléculas se derritieran. Tenía la misma cara, la misma sonrisa blanca y brillante, pero estaba compuesto de un humo negro, sus ojos eran como chispas eléctricas que habitaban en una nube de tormenta. De él brotaron alas de humo y sobrevoló la pasarela. Si los ángeles fueran malos, pensó Jason, tendrían justo ese aspecto. —Eres un ventus—dijo Jason, pensando que no tenía ni idea de cómo sabía esa palabra—, un espíritu de la tormenta.

-ROMANO-gritó Atenea, consiguiendo que todos dieran un respingo-¿Qué hace un romano aquí? ¿Con griegos? Atenea parecía estar a punto de desintegrar a Jason...si no fuera porque Piper estaba en frente de él, y la miraba como diciendo ''A él no le tocas ni un solo pelo''. -Atenea, siéntate, ya hablaremos de esto luego-Zeus trataba de sonar calmado al hablar con ella, no por algo era su hija favorita, no quería perder a una buena aliada.

La risa de Dylan sonó como un tornado pasando sobre un techo. —Me alegro de haber esperado, semidiós. Sabía de Leo y de Piper desde hace semanas. Podría haberlos matado en cualquier momento. Pero mi instinto me decía que un tercero iba a venir, alguien especial. ¡Así que mi gran recompensa será tu muerte! Dos nubes con forma de embudo más tocaron tierra a cada lado de Dylan y empezaron a girar, parecían contener a hombres fantasmales con alas humeantes y ojos destellantes como relámpagos. Piper seguía ahí, intentando hacer algo, su mano seguía aferrando el garrote. Su cara estaba pálido, pero le lanzó a Jason cierta mirada, y él entendió un mensaje muy claro: «Distrae su atención. Intentaría atacarle por detrás». Agradable, lista y violenta. Jason deseó haber recordado que era su novia.

-A todos nos gustaría recordarla como nuestra novia-suspiraron Ares, Hermes y Apolo. -Así que Piper ya te gustaba de aquella ¿eh?-preguntó Leo con una sonrisa pícara. Jason no pudo evitar sonrojarse. Afrodita los miraba con ojos en forma de corazón. Eran taaan monos. Además, si todo salía bien Zeus tendría que reconocer qur sus hijas eran buenas semidiosas.

Él apretó los puños y se preparó para ir a la carga, pero no tendría ninguna oportunidad. Dylan levantó la mano, rayos eléctricos corrían entre sus dedos y se dispararon a pecho de Jason. ¡Bang! Jason se encontró a sí mismo en el suelo sobre su espalda. La boca le sabía como si hubieran estado quemando papel de aluminio dentro. Levantó la cabeza y vio que la ropa le humeaba. El rayo había ido directamente a él, y su zapato izquierdo había salido disparado.

-Es imposible-dijo Atenea-ese rayo debería haberte matado. A no ser que... -ZEUS-gritaron Hades y Poseidon, aunque tambien eacucharon la voz de Hera. -¿Tienes un hijo? ¿Mataste a Nico y Bianca para que ahora tú hayas roto el juramento? Las palabras rebotaron en la mente de Jason. En esta época, su padre no sabía la existencia ni de Percy ni de Nico. Dioses Nico...estaba especialmente preocupado por él. -Has roto tu jiramento-le echó en cara Poseidon. -No dijimos nada sobre romanos-dijo, haciendo callar a sus hermanos y Hera. A Jason le habría encantado decir que tenía una hermana llamada Thalia, hija de Zeus, pero se contuvo. Ya lo descubriría más adelante. -Supongo que ya me puedo presentar de manera conpleta. Soy Jason Grace, hijo de Júpiter. -Lo sabía-gritó Atenea-ROMANO. Zeus se detuvo a mirar a Jason. No había reparado demasiado en él hasta que supo que era su hijo. Sentado en el puff con él seguía la hija de Afrodita. La Diosa pareció darse cuenta. -Vaya Zeus, acusas a mis hijas de inútiles pero fíjate con quién sale. -Piper no es inútil-la voz de Jadon mostraba mucho desconcierto. -Exacto, si no fuera por nuestra reina de la belleza habríamos muerto en muchas ocasiones-la defendió tambien Leo. -¿Quieres unirte a mis cazadoras?-no pudo evitar preguntar Artemisa. Afrodita la miró horrorizada. Iba a decirle que no pensaba permitir que su hija entrera en esa panda de amargadad cuando Piper respondió. -Me siento alagada Lady Artemisa, pero estoy bien con mi vida, y con mi novio. -Ten cuidado Piper-la advirtió Artemisa-hombres como él consiguen que alguien como tú pase desapercibida. -Más bien con alguien como Piper a mi lado yo paso desapercibido-dijo Jason. Zeus entrecerró los ojos ¿Su hijo acaba de decir que la hija de Afrodita lo dejaba de lado? -Es verdad. Tío, no te ofendas, pero en Capturar la Bandera prefiero tener a Piper con su Encanto que a tí con tus rayos-admitió Leo. -No me ofendo, yo tambien habría elegido lo mismo. -No puedes hablar así-se enfureció Zeus-eres mi hijo, deberías ser el más poderoso, el líder del grupo. -Menos mal que aún no ha conocido a Percy-murmuró Piper. -¿Puedo continuar? No quiero pribar a esta dulce señorita de mi hermosa voz, creo que incluso estoy lo suficientemente inspirado como para eacribirle un haiku. Apolo abrió la boca pero una flecha se clavó a milímetros encima de su cabeza. -Okay, entonces solo leo.

Los dedos de su píe estaban negros con hollín. Los espíritus de la tormenta se reían, el viento causaba estragos. Piper intentó gritar desafiante, pero sonaba como si fuera diminuta y estuviera muy, muy lejos. Por el rabillo del ojo, Jason vio al entrenador Hedge escalar el acantilado con Leo a la espalda. Piper se mantenía sobre sus pies, balanceando la rama desesperadamente para defenderse de dos espíritus de la tormenta, pero ellos tan solo la usaban como si fuera un juguete. La rama atravesaba sus cuerpos como si no estuvieran de verdad ahí. Y Dylan, un tornado oscuro con ojos, se abalanzó sobre Jason. —Basta—dijo Jason, parecía que estaba croando. Instantáneamente se puso de pie y no estaba seguro de quien se había sorprendido más: él o los espíritus de la tormenta. — ¿Cómo es que estás vivo?—preguntó la forma de Dylan parpadeando—. ¡Eso era un rayo suficiente potente para matar a veinte hombres!

-No para un hijo de Júpiter-sonrió Jason. -Exacto ¿Quien es nuestro chispitas? ¿Nuestro Superman Rubio? ¿El hermano de la chica más sexy del estado?-dijo lo último sin pensar. -¿Que acabas de decir?-preguntó Hera. Leo le hizo una señal a Apolo para que continuara.

-Me toca—dijo Jason. Alcanzó su bolsillo y sacó la moneda de oro. Se dejó llevar por su instinto y volteó la moneda en el aire como ya había hecho miles de veces. La atrapó con la palma de la mano y de repente sujetaba una espada, un arma de doble filo perfectamente recta. Agarró la empuñadura que se ajustaba perfectamente a sus dedos, era completamente de oro: empuñadura, mango y filo.

Jason sacó la moneda de su bolsillo e hizo lo mismo. Adoraba su gladius.

Dylan gruñó y retrocedió. Miró a sus dos camaradas y gritó: — ¿Y bien?… ¡Matadlo!

-Cuidado, no vaya a ser que se rompan una uña-se burló Ares. ¿Que clase de jefe era ese?

Los otros espíritus de la tormenta no parecieron muy contentos con esa orden, pero volaron hasta Jason, sus dedos se estaban cargando de electricidad. Jason esquivó al primer espíritu. Su espada pasó a través de él, y la criatura humeante se desintegró. El segundo espíritu dejó caer una bola hecha de rayos, pero la espada de Jason absorbió la carga. Jason intervino, un rápido movimiento y el segundo espíritu se esfumó en polvo dorado. Dylan parecía indignado.

-Si, pero más por perder carne de cañón que por otra cosa-rodó los ojos Artemisa. Incluso los espíritus de tormenta masculinos eran odiosos.

Miró hacía abajo esperando que sus compañeros se regeneraran, pero el polvo dorado tan solo se movió cuando lo dispersó el viento. — ¡Imposible! ¿Quién eres mestizo? Piper estaba tan aturdida que se le cayó la rama. —Jason… ¿Cómo…? Entonces el entrenador Hedge saltó a la pasarela y dejó en ella a Leo como a un saco de harina. —Espíritus, ¡intentad asustarme!—rugió Hedge, flexionando sus cortos brazos.

-Hay que admitir que valor tiene-dijo Demeter. -Pues claro. El entrenador Hedge será muchas cosas, pero de cobarde no pueden acusarlo-lo defendió Jason. Cada vez estaba más claro que esos chicos querían mucho al sátiro.

Luego miró a su alrededor y se dio cuenta de que solo quedaba Dylan. — ¡Maldita sea, chico!—exclamó a Jason—. ¿Dejaste alguno para mí? ¡Me gustan los desafíos! Leo se puso de pie, respirando con dificultad. Parecía humillado del todo, sus manos sangraban de haberse clavado rocas. —Eh… Entrenador Súper-cabra, o lo que quiera que sea… ¡Tan sólo me caí por el maldito Gran Cañón! ¡Pare de pedir desafíos!

-Ahora sé que eso es algo imposible-dijo Leo. -¿Es que acaso no vamos a poder leer un capítulo sin interrupciones?-gritó Hera. -Tenemos TDHA-contestaron los tres a la vez sonriendo inocemente, como si eso lo explicara todo.

Dylan estaba que estallaba con ellos, pero Jason pudo ver miedo en sus ojos. —No tenéis ni idea de a cuántos enemigos habéis despertado, mestizos. Mi señora destruirá a todos los semidioses. Esta es una guerra que no podéis ganar.

-¿De que habla?-preguntó Atenea que odiaba no saber las cosas. -Lo siento, pero no podemos decirlo, ya aparecerá-dijo Piper. -No tienes por que preocuparte mi hija. La mente de Leo le jugó una mala pasada. Al final de la frase creyó eacuchar ''mijo''. Sacudió la cabeza apartando esos pensamientos, eran demasiado doloroso.

Por encima de ellos, la tormenta se desató por completo. Se abrieron grietas por la pasarela. Caía mucha agua de lluvia y Jason tuvo que agacharse para mantener el equilibrio. Un agujero se abrió en las nubes, un remolino de colores negro y plata. — ¡La Señora me llama para que vuelva!—gritó Dylan con regocijo—. Y tú, semidiós, vas a venir conmigo—amenazó a Jason, pero Piper abordó al monstruo por detrás.

-¿Como se te ocurre hacer eso?-le gritó Afrodita. Piper pensó que su madre sufriría un ataque al saber que ocurriría a continuación.

A pesar de que estaba hecho de humo, Piper logró de alguna manera tocarlo. Los dos fueron lanzados por una onda expansiva. Leo, Jason y el entrenador avanzaron para ayudar, pero el espíritu gritó con rabia. Dejó escapar un torrente de energía que les hizo retroceder. Jason y el entrenador Hedge cayeron de pie. La espada de Jason atravesó el cristal de la puerta, Leo se golpeó en su rizada nuca y quedó aturdido y gimiendo. Piper se llevó la peor parte. Fue lanzada por detrás de Dylan y se golpeó con la baranda, girando hacia atrás y quedándose colgada sobre el abismo.

Afrodita se puso pálida. Clavaba las uñas (que estaban recién pintadas) en su trono, estropeandose los bordes, pero no parecía notarlo o no le importaba.

Jason comenzó a acercarse a ella, pero Dylan gritó: —Me conformo con este. Agarró a Leo por el brazo y empezó a elevarse, remolcando a un Leo medio- consciente por debajo de él.

-Deja en paz a mi hijo estúpido saco de aire-gritó Hefesto apretando su martillo entre sus manos llenas de callos.

Las nubes se arremolinaron más rápido, empujándolos hacia arriba como una aspiradora. — ¡Socorro!—gritó Piper—. ¡Que venga alguien! Entonces se resbaló, gritó y se cayó.

Afrodita ya no aguantó más. Le dió igual que Zeus le echara la bronca luego. Corrió hacia su hija y la abrazó con todas sus fuerzas, como si necesitara sentir su corporeedad, que aún estaba ahí, sana y salva y que no era una ilusión. Las dos se sentaron en el puff de Piper. Afrodita aún la abrazaba, y no parecía tener intención de soltarla. Zeus iba a decir algo. Esa clase de comportamientos no eran dignos de Dioses. Ya era bastante que los mestizos tuvieran que quedarse durante no-se-sabe-cuanto-tiempo para ahora tambien involucrarse emocionalmente con ellos. Por algo lo había prohibido hace tantos años.

-¡Jason, ve!—gritó Hedge—. ¡Sálvala! El entrenador se lanzó contra el espíritu como una especie de cabra kung-fu. Se lanzó por sus pezuñas y golpeó, dejando a Leo libre de las garras del espíritu. Leo cayó con seguridad al suelo, pero Dylan forcejeaba con los brazos del entrenador. Hedge trató de darle un cabezazo, después de atizarle y de llamarle «cometartas». Se elevaron en el aire, ganando velocidad. — ¡Sálvala! ¡Ya le tengo!—gritó hacía abajo el entrenador Hedge una vez más. Después, sátiro y espíritu de tormenta, subieron vertiginosamente y desaparecieron. « ¿Salvarla?—pensó Jason—, ¡se ha ido!»

-No me he ido, pero como me sigas abrazando tan fuerte si que me iré-dijo para que Afrodita aflojara un poco más el abrazo. Piper se sentía bien entre los brazos de su madre. Como si fuera una adolescente normal, con una vida normal que no incluía ni paparazzis, ni diosas de la tierra ni misiones suicidas.

Pero de nuevo ganó su instinto. Corrió a la barandilla, pensando «Soy un lunático»

-Comienzo a pensar que ser un semidios está reñido con ser un lunático. -Sobre todo si tomasnde ejemplo a Leo-rió Piper. -Si, claro, cogerme a mí siempre ¿Os habéis olvidado de Percy? -Imposible hacerlo-dijo Jason-pero tanto él como tú estáis en la misma categoría. Los Dioses cada vez se preguntaban más quienes serían esos chicos que nombraban.

...y saltó al vacío. Jason no se asustaba de las alturas. Se asustaba de estrellarse en el suelo del cañón quinientos metros más abajo.

-Creo que a todos nos da miedo eso-admitió Persefone. -A no ser que seas un Dios-dijo Hermes. -Oh vamos ¿Si te tiraran desde el Olimpo y no pudieras frenar en la caída ni desaparecerte, aún sabiendo que no morirías no entrarías en pánico? -Pues claro que no Demeter-Hermes se mantubo impasible. -Comprobemoslo. Antes de cenar, te tiraremos desde lo alto, haber que ocurre. El Dios palideció un poco, pero no dijo nada. Los mestizos trataban de no sonreír. En cierto modo, Hermes y Demeter les recordaba a Travis y Katie, aunque entre los hijos se notara la TSNR (tensión sexual no resuelta).

Se figuró que no había ganado nada, nada excepto morir junto a Piper. Los lados del cañón pasaban tan rápido como la cinta de una película. Sentía como si se le fuese a levantar la cara. En un respiro, cogió a Piper, que se sacudió salvajemente. Él la rodeo por la cintura y cerró los ojos, esperando a la muerte. Piper gritó. El viento silbaba en las orejas de Jason. Se imaginó como se sentiría uno al estar muerto. Pensaba, que probablemente no muy bien.

-Tampoco es tan malo-dijo Hades-además, seguramente irás al Elíseo, no tienes de qué preocuparte. -Ehm...¿Gracias?

Deseó que de alguna manera nunca pudiesen llegar hasta abajo del todo. De repente el viento desapareció. El grito de Piper se convirtió en un jadeo estrangulado. Jason pensó que ya debían de estar muertos, pero no había sentido ningún impacto. —J-J-Jason—se las arregló para decir Piper. Él abrió los ojos. No se habían caído. Estaban flotando en mitad del aire, a metros sobre el río. Abrazó a Piper con fuerza, y ella se había recolocado de manera que ella le estaba abrazando a él demasiado. Estaban nariz con nariz. El corazón de ella latía con fuerza, Jason podía sentirlo a través de sus ropas. El aliento de ella olía a canela.

-¿Y no la besaste?-le preguntó Afrodita indignada. -Yo...esto...-comenzó a decir Jason. Piper consiguió librase del abrazo de su madre, se acercó a Jason y lo besó. Escuchó los silbidos de Apolo, Hermes y Leo y los chillidos de su madre, pero nada lenimportaba. Sentía un montón de descargas eléctricas en su interior. Por fin podía besar a Jason sin temor a que dieran la alarma de algún monstruo, o peor aún, que el mini Hedge olográfico entrara gritando: PONGANSE ALGO DE ROPA. Zeus frunció el ceño. Iba a tener que hablar con su hijo dobre sus relaciones.

-¿Cómo has hecho….?—dijo. —No he hecho nada—dijo—. Creo que si supiera volar lo sabría… Pero después pensó: «Sigo sin saber quién soy» Se imaginó que subían. Piper gritó como si les estuvieran disparando desde abajo. No estaban flotando precisamente, decidió Jason. Podía sentir la presión bajo sus pues como si se estuvieran balanceando en lo alto de un géiser. El aire nos está soportando—dijo. — ¡Pues dile que nos soporte más! ¡Que nos saque de aquí! Jason miró hacia abajo. Lo más fácil sería descender suavemente en el fondo del cañón. Después miró hacia arriba. La lluvia había parado. Las nubes de tormenta no parecían malas, pero todavía sonaban de ellas truenos y echaban luz. Que los espíritus se hubieran ido para siempre no estaba para nada garantizado. No tenía ni idea de que le había pasado al entrenador Hedge, y había dejado a Leo allí arriba, apenas consciente…

Los tres bajaron la mirada. El entrenador Hedge se había dejado capturar para salvar a Leo. El hijo de Hefesto pensó que habría ocurrido si lo hubieran matado. Habría sido otro fantasma para añadir a la lista.

—Tenemos que ayudarlos—dijo Piper, como si estuviera leyendo sus pensamientos—. ¿Puedes…? —Vamos a ver—Jason pensó «Arriba» e instantáneamente salieron disparados a la pasarela. El hecho de estar "montando el viento" podría haber sido guay en otras circunstancias, pero estaba demasiado impresionado. En cuanto aterrizaron en la pasarela, corrieron hasta Leo. Piper puso a Leo bocarriba, y él gimió. Su ropa de estilo camuflaje estaba mojada por la lluvia. Su rizado pelo brillaba por el polvo de monstruo dorado que le había caído cuando estaba con él. Pero por lo menos no estaba muerto. —Estúpida… y fea… cabra—murmuró. — ¿A dónde ha ido?—preguntó Piper. Leo señaló justo a arriba. —Nunca se vino abajo. Por favor dime que en realidad no me ha salvado la vida. —Dos veces—dijo Jason. Leo gruñó incluso más fuerte. — ¿Qué ha pasado? El chico-tornado, la espada de oro… Me he golpeado la cabeza. ¿Es eso, verdad? ¿Estoy alucinando? Jason se había olvidado de la espada. Caminó hacia dónde estaba metida y la recogió. La hoja seguía bien equilibrada. En un presentimiento la hizo girar. La espada se convirtió en una moneda y aterrizó en la palma de su mano. —Sip—dijo Leo—. Definitivamente estoy alucinando. —Jason, esas cosas…—tiritó Piper en sus ropas mojadas de lluvia. —Venti—dijo él—, espíritus de la tormenta. —De acuerdo. Pero reaccionaste como… como si los hubieras visto antes. ¿Quién eres tú?

-Jason Grace, hijo de Júpiter, héroe del Olimpo, ex-pretor del Campamento Júpiter y lo que es más importante, novio de nuestra Pipes y mi mejor amigo-lo presentó Leo. -Creo que lo de Héro de Olimpo sobra. -Y modesto. Chicas que lo dejaron escapar, retuerzanse de envidia, ahora es de nuestra querida reina de la belleza.

Él sacudió la cabeza. —Eso es lo que he estado intentando decirte. No lo sé. La tormenta se disipó. Los otros niños de la escuela de la Salvajería estaban pegados a las puertas de cristal mirando llenos de miedo. Había guardas de seguridad trabajando con la puerta bloqueada, pero no parecían tener suerte. —El entrenador Hedge dijo que tenía que proteger a tres personas—recordó Jason—. Creo que éramos nosotros. —Y esa cosa en la que Dylan se convirtió…—se estremeció Piper—. Dios, no puedo creer que me golpease. Nos llamó… ¿Qué? ¿Semidioses? Leo se tumbó, mirando al cielo. No parecía tener ganas de levantarse. —No sé qué significa "semi"—dijo—. Pero no me siento demasiado bien. ¿Y vosotros?

-No creo que nadie se sienta demasiado bien en esas circunstanciad-reconoció Poseidon, que les sonreía con simpatía-sobre todo si no tienen ni idea de quienes son.

Se oía un sonido frágil como de ramas secas pisándose, y las grietas en la pasarela empezaron a agrandarse. —Necesitamos salir de esta cosa—dijo Jason—. Puede que si… —Muuuuuuuuy bien—le interrumpió Leo—. Mira arriba y dime si esas cosas son caballos voladores.

Hefesto temió que su hijo hubiera comenzado a alucinar, hasta que recordó que en su mundo existían los pegasos y se relajó.

Primero, Jason pensó que Leo tenía que haberse golpeado demasiado la cabeza. Después vio una forma oscura descendiendo desde el este, demasiado lenta para ser un avión y demasiado rápida para ser un pájaro. Conforme se acercaba pudo ver un par de animales alados, grises, con cuatro patas, exactamente como caballos, salvo por el hecho de que cada uno tenía la envergadura mucho más grande. Y además estaban arrastrando de una caja pintada y brillante con dos ruedas: un carro. —Los refuerzos—dijo—. Hedge me dijo que un equipo de extracción venía de camino a por nosotros. — ¿Un equipo de extracción?—Leo se puso de pie—. Eso suena doloroso. — ¿Y de dónde nos van a extraer?—preguntó Piper.

-Al Campamento Mestizo-dijeron los tres, siendo coreados poratios dioses. -Ah no-dijo Atenea-me niego a que mis hijos estén en el Campamento con un romano, es el enemigo. Ni siquiera deberían ser amables con él. -Atenea, Jason aún no ha hecho nada para que lo trates así, es más, ha salvado a mi hija, creo que eso es suficiente como para dejar de pensar en él como el enemigo-lo defendió Afrodita, que había vuelto a su trono. Sinceramente, a Jason le habría encantado que hubiera sido su padre quién saliera en su defensa, pero el seguía sentado en el trono, con la barbilla bien alta, sin inmutarse.

Jason vio como el carro tomaba tierra en lo más lejano de la pasarela. Los caballos voladores aterrizaron y sus alas rozaron nerviosamente el vidrio, como si sintieran que estaba a punto de romperse. Dos adolescentes se encontraban en el carro, una chica alta y rubia quizás un poco mayor que Jason, y un tipo voluminoso con la cabeza rapada y una cara que parecía un montón de ladrillos. Ambos vestían con vaqueros y camisetas naranjas, con escudos colgados sobre sus espaldas. La chica saltó fuera incluso antes de que el carro se hubiera acabado de mover. Sacó un cuchillo y corrió hacía el grupo de Jason mientras el tío grande frenaba a los caballos. — ¿Dónde está?—exigió saber la chica. Sus ojos grises eran fieros y un poco sorprendentes.

-Annabeth-gritaron los semidioses emocionados, como si la tuvieran delante.

-¿Dónde está quién?—preguntó Jason. Ella frunció el ceño como si su respuesta fuera inaceptable. Después se volvió a Leo y Piper.

-Hay que admitirlo, en ese momento nuestra Annie daba mucho miedo-dijo Leo. Jason y Piper asintieron. Los Dioses no dejaron de preguntarse de quién sería hija, pero no trataron de relacionarla. Después de una hija de Afrodita a la que no le gustaba la belleza y un hijo de Hefesto que tenía el humor de uno de Hermes cualquier cosa podía pasar.

-¿Qué hay de Gleeson? ¿Dónde está vuestro protector, Gleeson Hedge?

-Esa chica me asusta hasta a mi-reconoció Apolo. -Debería, Annabeth es la semidiosa más aterradora quee concido, junto con Piper y Hazel, y obviamente Rachel, aunque ella sea una mortal-dijo Jason. A Zeus le entró un ataque de risa. -¿Como puede una mortal dar miedo? -Le lanzó a Cronos un cepillo de pelo en el ojo y salió viva, yo estaría aterrado si la veo con el cepillo azul. La cosa habría resultado graciosa si no fuera por algo. -¿Has dicho Cronos?-preguntó Zeus. -Esa es otra historia en la que josotros no estuvimos involucrados. Apolo, continúa por favor.

¿El nombre de pila del entrenador era Gleeson? Jason se habría reído si la mañana no hubiera sido tan extraña y terrorífica. Gleeson Hedge: Entrenador de fútbol, hombre-cabra y protector de semidioses. Claro, ¿por qué no?

-Comparado con lo que he visto ahora eso me parece hasta normal-reconoció Jason.

Leo se aclaró la garganta. —Fue llevado por una especie de… cosas tornado. —Venti—dijo Jason—, espíritus de la tormenta. La chica rubia arqueó una ceja. — ¿Quieres decir anemoi thuellai? Venti es el término romano. ¿Quién eres y qué ha pasado? Jason dio su mejor explicación, pesando que era demasiado difícil conocer a esos intensos ojos grises.

-Desde luego no me gustaría encontrarme con esa chica en un callejón de noche-reconoció Hermes.

A la mitad de la historia, el otro tipo del carro se acercó. Allí permaneció, expectante a ellos y con los brazos cruzados. Tenía un tatuaje de un arcoíris en los bíceps, lo que era un poco inusual. Cuando Jason acabó su historia, la chica rubia no parecía satisfecha. — ¡No, no, no! Ella me dijo que estaría aquí. Me dijo que si venía aquí, encontraría la respuesta.

-¿De quién habla? -Ahora lo sabremos mamá.

-Annabeth—gruñó el tipo calvo—, mira eso—señaló al pie de Jason. Jason no se había puesto a pensar demasiado en que le seguía faltando el zapato izquierdo, que había sido disparado por el relámpago. Tener el pie desnudo sentía bien, pero parecía el trozo de un fósil. —La persona con un zapato—dijo el tipo calvo—. Él es la respuesta.

-¿Desde cuándo nuestro mundo es tan extraño que los chicos sin un zapato son la respuesta a los problemas?-preguntó Demeter. -Deberían salir más al mundo mortal-les aconsejó Piper.

-No, Butch—insistió la chica—. Él no puede ser. Me han engañado—miró al cielo como si hubiese hecho algo mal—. ¿Qué quieres de mí?—gritó—, ¿qué has hecho con él?

-¿A cuál de nosotros les está gritando esa malcriada?-preguntó Hera. Piper no sabía si echarse a reír porque hablaba de Hera o porque había llamado a su amiga malcriada. Al final solo se encogió de hombros, dando a entender que ya saldría.

La pasarela se estremeció, y los caballos relincharon con urgencia. —Annabeth—dijo el tipo calvo, Butch—, tenemos que irnos. Dejemos a estos tres en el campamento y pensemos luego fuera de aquí. Esos espíritus de la tormenta podrían volver. Pareció furiosa por un momento. —Bien—se fijó en Jason con una mirada resentida—. Nos encargaremos de esto más tarde. Se volvió sobre sus talones y se marchó hacía el carro. Piper sacudió la cabeza. — ¿Pero qué problema tiene? ¿Qué está pasando? —En serio—agregó Leo. —Tenemos que sacaros de aquí—dijo Butch—. Os lo explicaré por el camino. —No iré a ninguna parte con ella—dijo Jason refiriéndose a la rubia—. Parece que me quiere matar.

-No te quería matar-lo tranquilizó Piper. -Si que quería-se opusieron los otros dos.

Butch dudó.

-¿Lo ves?-preguntó Leo triunfante.

—Annabeth es buena gente. Tienes que darle un tiempo. Tuvo una visión que le decía que viniera aquí, a encontrar al tipo con un zapato. Se supone que eso solucionaría su problema. — ¿Qué problema?—preguntó Piper. —Está buscando a uno de nuestros campistas, que lleva desaparecido tres días. Está fuera de sí con la preocupación, y esperaba que estuviera aquí. — ¿A quién busca?—preguntó Jason. —A su novio—dijo Butch—, un tipo llamado Percy Jackson.

-Oh, que mona-suspiró Afrodita. -Así que ese es el tal Percy -murmuró Ares. -Ajá-asintió Piper- me encantaría que estuvieran aquí. Un nuevo rayo de luz apareció en la sala, cegándolos a todos.

...................

Hola ¿Qué tal? No sé si os gusta que trajera a Jason, Piper y Leo que a Percy y Annabeth, pero teniendo en cuenta que libro es me pareció la mejor opción. En el siguiente, os adelanto que vendrá una sola persona.

Espero que les haya gustado.