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Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 3
Una chica rubia apareció en mitad de la sala. Varios miraron al libro, para luego mirarla a ella y viceversa. -Annabeth-Piper corrió hacia su amiga y la abrazó. Ella, que se encontraba muy desorientada, se alegró de tener unos brazos en los que sujetarse. -Hola Annie-saludaron Jason y Leo. -Di Inmortals ¿Que estoy haciendo aquí?-preguntó mirando a los dioses. Hestia hizo que lo leído pasara por su mente. -Cada día el mundo me sorprende menos-suspiró la rubia. -Teniendo en cuenta de que vienes del Tar-Piper le dio un codazo a Leo antes de que su amigo hiciera un spoiler. -Será mejor que te presentes o mi padre te pulverizará con su rayo-dijo Jason. Annabeth se giró hacia los Dioses, que estaban algo extrañados. Era la primera vez que no le prestaban atención directa. -Annabeth Chase, ya se sabe en este capítulo de quién soy hija. Hestia hizo aparecer un puff para la nueva semidiosa. Ella se sentó al lado de Piper. Como era hora de merendar, también hizo aparecer un chocolate con magdalenas y tortitas. -¿Pueden ser azules?-preguntó Annabeth, que fue secundada por el resto. Al ver las tortitas azules una sombra de añoranza atravesó su rosotro. -Tranquila, ya verás como Percy no tarda en aparecer-la tranquilizó Piper. -Oh cariño, tengo tantas ganas de saber de vosotros dos-suspiró Afrodita. Poseidon habría jurado que Annabeth había dirijo la mirada durante unas centésimas de segundo a Atenea y luego a él, pero no le dió importancia. -¿Quién lee?-preguntó Apolo. -Yo-se ofreció Leo voluntario. -Oh no, entonces sí que no terminamos. Leo le hechó la lengua a Piper antes de comenzar a leer. -III Piper.
DESPUÉS DE UNA MAÑANA DE VENTI, hombres-cabra y novios voladores, Piper debería haber perdido la cabeza.
-Estoy de acuerdo-dijo Annabeth, recordando cuando ella se había escapado a los siete años.
Sin embargo, todo lo que sentía era pavor. Estaba empezando. Justo como en el sueño.
-¿Sueño? ¿Qué sueño?-preguntaron Apolo y Afrodita. Piper bajó la cabeza. Lo último que le apetecía era recordar a su padre atrapado.
Afrodita no dejaba de mirar a su hija, cada vez más preocupada.
Se encontraba en la parte posterior del carro con Leo y Jason, mientras el tipo calvo, Butch, manejaba las riendas, y la chica rubia, Annabeth, ajustaba un dispositivo de navegación de bronce. Pasaron sobre el Gran Cañón y se dirigieron al este, el viento helado boleaba la chaqueta de Piper.
-Pipes, yo te quiero mucho ¿Pero te importaría que te pusiera mi bendición? -Mamá, como hagas eso juro por el Estigio que reniego de tí. Un trueno retumbó a lo lejos. Afrodita se encogió en su trono con los brazos cruzados y los mofletes inchados por la indignación.
Detrás de ellos, se iban formando más nubes de tormenta. El carro se inclinó, retumbando. No tenía cinturones de seguridad y la parte trasera iba completamente abierta, así que Piper pensaba si Jason podría cogerla de nuevo antes de que se cayera.
-Obvio que te cogería-interrumpió el hijo de Júpiter-da igual cuantas veces caigas al vacío o cuantas veces haya perdido la memoria, siempre estaré ahí para cogerte. Piper sentía descargas eléctracas en los dedos. Tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no correr hacia su novio y besarlo. Annabeth, en cambio, bajó la mirada. ''Nunca más te volverás a alejar de mí'' había dicho Percy antes de tirarse con ella al Tártaro. Y ahora, que por fin habían salido, aparecía aquí, sin él ¿Por qué a las Parcas le gustaba tanto arruinarle la esperanza? Hestia dirigió la mirada hacia la rubia. Se fijó en que hacía esfuerzos for no llorar. Se prometió que antes de cenar hablaría con ella.
Esa había sido la parte más inquietante de la mañana, no que Jason pudiera volar, si no que Jason la hubiera sostenido en sus brazos y siguiera sin saber quién era.
-Ahora es real Pipes-Jason cogió en brazos a su novia y la sentó con él.
Todo el semestre, había estado trabajando en su relación, intentando que Jason se diera cuenta de que era más que un amigo para ella. Finalmente, él se había destacado por besarla.
-Eso tambien puedo hacerlo ahora-señaloel hijo de Júpiter. -Si, y os agradecería que no lo hicierais en mi presencia-les pidió Leo-ya sé que eres una hija de Afrodita y blablabla, pero eso no significa que tengais que estar todo el día con los labios juntos. -Eso no es cierto. Tambien entreno con Annabeth. -Eres muy útil para frenar las peleas-dijo Annabeth-Sin tí creo que los Stoll ya habrían muerto varias veces.
Las últimas semanas habían sido las mejores de su vida. Y después, hacía tres noches atrás, el sueño lo había arruinado todo: una horrible voz, dándole noticias horribles.
-¿Que sueño?-volvieron a preguntar Apolo y Afrodita, solo que ahora se habían unido Hermes, Poseidon, Demeter y Persefone. -Ya se explicará-respondió la semidiosa de manera misteriosa.
No se lo dijo a nadie, ni si quiera a Jason.
Afrodita palideció. Si era tan malo que ni siquiera se lo contaba a su novio podía temerse lo peor.
Ahora ella ya no lo tenía. Era como si el alguien le hubiera borrado la memoria, y ahora ella tenía la peor "ruptura" de todos los tiempos.
-Os lo dije-les recordó Zeus lo que había mencionado capítulos anteriores. -Si, pero ese fue un error que no se volverá a repetir-sentenció Jason. Piper le besó la megilla, así que supuso que estaría conforme.
Quería gritar. Jason estaba justo de pie a su lado: Esos ojos azules, ese pelo rubio corto, esa ínfima cicatriz en su labio superior. Su cara era amable y suave, pero siempre estaba un poco triste. Y él solo miraba fijamente al horizonte, sin reparar en ella.
Piper recordó lo que le había dolido esa actitud por su parte. Despejó la cabeza. Eran recuerdos pasados, se recordó a si misma, ahora estais juntos.
Mientras tanto, Leo estaba siendo molesto, como de costumbre.
-Oye. Yo nunca soy molesto. -No, claro que no-se burlaron los tres. -De ellos podía esperármelo, pero de tí Annabeth, pensaba que tenías corazón-Leo se llevó la mano a la frente de manera dramática.
-¡Esto mola!—escupió una pluma de Pegaso que se le había metido en la boca— ¿Adónde vamos? —A un lugar seguro—dijo Annabeth—. El único lugar seguro para chicos como nosotros. El Campamento Mestizo. — ¿Mestizo?—se puso Piper inmediatamente en guardia. Odiaba esa palabra. La habían llamado mestiza o mezclada demasiadas veces, media-Cherokee, medio- blanca, y parecía que nunca estaba completa del todo—, ¿es alguna broma de mal gusto?
-Lo siento Piper, no sabía que pensarías eso, debería haber especificado más-se disculpó la rubia. -No importa.
—Se refiere a que somos semidioses—dijo Jason—, medio dioses, medio mortales. Annabeth miró hacia atrás. —Parece que sabes mucho, Jason. Pero, sí, semidioses. Mi madre es Atenea, diosa de la sabiduría.
Atenea giró tan rápido la cabeza hacia Annabeth que de ser mortal hubiera necesitado cinco aspirinas para parar la migraña. -Annabeth Chase, hija de Atenea. -Jefa de su cabaña, Héroe y Arquitecta Ofial del Olimpo-terminó de presentarla Leo. Jason le dirigió una mirada como preguntando: ¿Vas a hacer eso con todas las presentaciones? Atenea sonrió ante los títulos de su hija, pero hubo uno en especial que le llamo la atención. -¿Arquitecta Oficial del Olimpo? -Despues de la primera guerra me nombraron Arquitecta Oficial para poder reparar los destrozos y diseñar un nuevo Olimpo mucho mejor. Atenea infló el pecho orgullosa. -¿Que primera guerra?-preguntó Hades. -Contra Cronos-respondió Annabeth-Percy y yo participamos en ella. Atenea cambió la cara de orgullo por preocupación, al igual que el resto de los Olímpicos. -Es imposible-dijo Zeus-Cronos no puede volver. -Pues a no ser que sepais de otro Titan del Tiempo con una guadaña que quiera hacerse con el control del mundo es el mismo Cronos. Zeus quería coger su rayo ¿Por qué esa semidiosa le hablaba sin respeto ninguno? ¿A él? ¿El rey de los dioses? Atenea frunció el ceño. Su hija iba a tener que contárselo todo, incluído quien era ese tal Percy Jackson.
...Aquí, Butch, es hijo de Iris, diosa del arcoíris. — ¿Tu madre es la diosa del arcoíris?—dijo Leo medio ahogándose. ¿Algún problema?—dijo Butch. —No, no—dijo Leo—. Arcoíris. Qué varonil.
Varios dioses dejaron escapar la risa, aunque era más de alivio que de otra cosa.
Annabeth también sonreía.
—Butch es el mejor con los caballos—dijo Annabeth—. Se lleva muy bien con los pegasos.
-No tan bien como Percy-murmuró la rubia agarrando su collar de cuentas y acariciando la cuenta con el tridentevde Poseidon, que por suerte los dioses no podían ver. -O Reyna-añadió Jason para despistar a los dioses. No quería que su padre se enterara aún de la existencia de Nico y Percy. Aún estaría procesando lo de Cronos como para hacerlo enfadar más.
-Arcoíris y ponis—murmuró Leo. —Voy a tirarte del carro—advirtió Butch.
-Y tenía verdaderas ganas de hacerlo-confirmó Annabeth.
—Semidioses—dijo Piper—. Quieres decir que creéis que sois… que somos… Un relámpago brilló. El carro se estremeció y Leo gritó: — ¡La rueda izquierda está ardiendo!
-Si, claro, la rueda se quema, perfecto-ironizó Hermes-¿Que será lo siguiente? ¿Una oleada de monstruos? ¿Un choque a toda pastilla contra el lago? Los cuatro se miraron ante lo último dicho por el dios de los ladrones.
Piper dio un paso atrás. Desde luego, la rueda ardían, y llamas blancas iban tomándole terreno al carro. El viento rugió. Piper miró detrás de ellos y vio formas oscuras formándose en las nubes, más espíritus de la tormenta serpenteando hacía el carro, excepto que estos espíritus se parecían más a caballos que a ángeles.
-Estais gafados-dejó escapar Persefone-ningún semidios tiene tan mala suerte. -Que quieres que te diga, nos gusta romper los esquemas-sonrió Leo con arrogancia.
-¿Por qué son…?—empezó a decir. —Los Anemoi cambian de forma—dijo Annabeth—. A veces como humanos, a veces como caballos, dependiendo de lo caóticos que sean. Sujetaros. Va a ser un viaje movidito.
-Ese es el eufemismo de la semana-dijo Artemisa. -Annie ¿Sabes lo que significa movidito?-preguntó Leo. -Pues claro que lo sé-gritó/respondió la rubia indignada.
Butch tiró de las riendas. Los pegasos aumentaron la velocidad y el carro los siguió. Parecía que el estómago a Piper se le había subido a la garganta. Lo vio todo negro, y cuando volvió a la realidad estaban en un lugar completamente diferente. Un frío y gris océano se extendía a la izquierda. Campos nevados, carreteras y bosques a la derecha. Justo debajo de ellos había un valle verde, como una isla en primavera, acompañado con las colinas nevadas en todas partes menos al norte, donde se extendía el agua. Piper vio un conjunto de edificios como templos griegos, una gran mansión azul, pistas de deporte, un lago, un muro de escalada que al parecer estaba ardiendo. Pero antes de que pudiera procesar todo lo que estaba viendo, las ruedas se salieron del carro y el carro pareció tomar baches en el cielo. Annabeth y Butch intentaron mantener el control. Los pegasos trabajaron para mantener el carro en un vuelo normal, pero parecían exhaustos de haber ido deprisa, y tener el peso del carro más el de cinco personas era sencillamente demasiado. — ¡El lago!—gritó Annabeth—, ¡vamos para el lago!
-Cuando lo dije no pensaba que iría en serio-murmuró Hermes. -Entre tú y el hijo de Hefesto vais a dejar sin trabajo a mi Oráculo-suspiró Apolo.
Piper recordó algo que su padre le había dicho una vez, que impactar con el agua desde las alturas era tan malo como impactar contra el cemento. Y después… ¡BUUUM!
Los que estaban más cerca de Leo dieron un respingo. -¿De verdad tienes que ser tan exagerado?-preguntó Piper. -Es lo que pone aquí-señaló el libro-dice BUUUM.
La mayor impresión fue el frío. Estaba bajo el agua, tan desorientada que no sabía por dónde se iba a arriba. Solo tuvo tiempo de pensar: «Que manera más estúpida de morir».
-A lo largo de los meses me han propuesto morir de maneras diferentes, y creerme, prefería ahogarme antes que sufrir cualquiera de ellas. -Si lo recuerdas cuando Percy, tú y yo estábamos en... Jason continuaría hablando, pero Annabeth bajó la mirada, girando entren sus dedos la cuenta del tridente.
Entonces aparecieron unas caras en la oscuridad verdosa, chicas con largos cabellos negros y brillantes ojos amarillos. La sonrieron, la agarraron de los hombros, y la llevaron hacía arriba.
-Las náyades, siempre tan atentas y cariñosas-suspiró Ares junto con Apolo, Hermes y Poseidon. -Si, sobre todo cuando tratan de ahogarnos-inorizó Piper. -Y habría valido la pena-reconoció Leo.
La dejaron, jadeando y con escalofríos, en la orilla. Cerca, Butch seguía en el lago, cortando las riendas de los pegasos. Afortunadamente, los caballos parecían estar bien, pero sacudían las alas y salpicaban agua a todas partes. Jason, Leo y Annabeth estaban ya en la orilla, rodeados de niños que les daban mantas y les hacían preguntas. Alguien cogió a Piper de los brazos y la hizo levantarse. Aparentemente, los chicos solían caerse al lago, por el detalle de que un campista llevaba una gran sopladora de hojas de bronce, mirando como si nada.
-El lago parece ser la zona de aterrizaje de los campistas-dijo Annabeth. -Por lo menos no aterrizan en la cancha de baloncesto-dijo Piper.
Apuntó a Piper y la roció de aire caliente, su ropa estuvo seca en dos segundos. Había al menos veinte campistas a su alrededor, los más jóvenes quizá con nueve, los más viejos con dieciocho o diecinueve, y todos ellos llevaban camisetas naranjas como la de Annabeth. Piper miró hacia atrás, al agua, y vio esas extrañas chicas justo debajo de la superficie, su pelo flotaba por el agua.
La mayor parte de los hombres volvieron a suspirar. Artemisa les lanzó una flecha al trono de cada uno de ellos, y a Leo se la clavó en el puff. Iba a tener que ir a dar una charla feminista a esas náyades.
Se agitaron y desaparecieron en las profundidades. Un segundo después los restos del carro salieron propulsados desde el lago y tomaron tierra cerca con un crujido húmedo. — ¡Annabeth!—un chico con un arco y un carcaj se abrió paso a través de la multitud—, ¡dije que te podías llevar el carro, no que pudieras destruirlo! —Will, lo siento—suspiró Annabeth—. Lo arreglaré, lo prometo.
Annabeth abrió mucho los ojos, como si acabara de acordarse. -Nunca lo arreglaste ¿Verdad?-señalo Piper. -Menos mal que Will está demasiado ocupado en la enfermería como para preocuarse por su carro. Apolo se centró más en la lectura. Medicina...carcaj...tenía que ser uno de sus hijos.
Will puso mala cara a su carro roto luego se dirigió a Piper, Leo y Jason. — ¿Son estos? Van camino de tener más de trece. ¿Por qué no han sido reconocidos ya?
-¿A que se refiere?-preguntó Demeter. -Cuando a Percy le propusieron ser un dios-todos los dioses pusieron su cara de absoluta perplejidad ¿Quién sería ese chico?-lo rechazó. Zeus frunció el ceño. -¿Y no lo maté? -Es obvio que no-respondió Annabeth con el mismo trato que antes-a cambio pidió que los tanto los dioses menores, Hestia y Hades tuvieran su cabaña. -Espero que no me estuviera llamando dios menor-dijo Hades. Apolo y Hermes miraron a su tío, incrédulos. -Tío Hades ha hecho una broma-exclamó Hermes. -Está claro, el Apocalipsis se aproxima-dramatizó Apolo. -Sobrina ¿Te importaría? -Para nada-Artemisa tensó a su arco y apuntó a los chicos, que dejaron su teatro-continua por favor. -Bueno, la cuestión es que el trato también incluía que todos los semidioses fueran reconocidos a los trece. Cuanto más hablaba de Percy más maravillados se quedaban los Olímpicos.
-¿Reconocidos?—preguntó Leo. Antes de que Annabeth pudiera explicarlo, Will dijo: — ¿Alguna señal de Percy? —No—admitió Annabeth. Los campistas murmuraron. Piper no tenía ni idea de quién era ese Percy, pero su desaparición parecía ser un gran problema.
-Pues claro que es un gran problema-le gritó Annabeth al libro como si este pudiera responderle. Atenea frunció en ceño. Ese chico conseguía que su hija no pensara con claridad y parecía ser una mala influencia, pues no creía que ese tono de condescendencia al hablarles le viniera solo. No estaba dispuesta a que le ocurriera eso a la que parecía ser su hija predilecta.
Otra chica avanzó, era alta, asiática, con un pelo negro con tirabuzones, llena de bisutería y perfectamente maquillada. De alguna manera, se las había arreglado para hacer de unos vaquero y una camiseta naranja algo glamuroso.
Piper gruñó ante la mención de la chica. Afrodita se sorprendió. Nornalmente sus hijas se llevaban bien. Pero claro, Piper era diferente al resto de sus hijas.
Miró a Leo, reparó en Jason como si él fuera digno de su atención y luego sonrió a medias a Piper como si fuera un burrito pasado desde hace semanas sacado de un vertedero. Piper conocía ese tipo de chicas. Se había topado con muchas como ella en la escuela de la Salvajería y en otras estúpidas escuelas a las que su padre la había enviado. Piper supo enseguida que iban a ser enemigas. Bueno—dijo la chica—, espero que estos problemas hayan valido la pena. Leo resopló. —Vaya, gracias. ¿Qué somos? ¿Tus nuevas mascotas?
-Buena esa-reconoció Annabeth-Drew necesita que la pongan en su sitio. -Que por el bien de la humanidad espero que sea el vertedero-dijo Leo. Afrodita lo fulminó con la mirada. Después de todo, era su hija.
-No bromees—dijo Jason—
-¿Leo? ¿No bromear? Imposible-declaró Piper. -Que pena que de aquella aún no lo supiera.
...¿Qué tal algunas respuestas antes de que empecéis a juzgarnos? Como… ¿Qué es este sitio? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuánto tiempo vamos a quedarnos?—Piper tenía las mismas preguntas, pero una ola de ansiedad estaba sobre ella. "Valer la pena". Si supieran su sueño… No tenían ni idea….
-¿DE QUÉ SUEÑO HABLAS?-preguntaron ahora todos los Dioses al borde de un ataque de nervios. Incluso Atenea y Hera nevesitaban saber de que hablaba. -Vais a tener que esperar un poco más. Los dioses bufaron. La paciencia no era precisamente su especialidad.
-Jason—dijo Annabeth—. Te prometo que responderemos a vuestras preguntas. Y Drew—miró con el ceño fruncido a la chica glamurosa—, todos los semidioses valen la pena. Pero lo admito, el viaje no ha sido lo que esperaba.
-Acaban de llegar y no sabían que ocurría, deberías haber sido un poco más amable-dijo Hestia con una voz tan tan dulce que no pudo evitar que se sinteria culpable. Agarró la taza de chocolate y le dió otro sorbo.
-Eh—dijo Piper—, nosotros no pedimos que nos trajeran aquí. Drew aspiró por la nariz. —Y nadie te ha pedido a ti, mona. ¿Tu pelo siempre parece un tejón muerto?
Afrodita desintegró al libro. Piper no había hecho nada ¿Por que Drew la juzgaba tan rápido? -Vamos reina de la belleza, devuelvesa-la animó Leo.
Piper avanzó, preparada para pelearse con ella, pero Annabeth dijo: —Piper, para. Así lo hizo. No se asustaba ni un poquito de Drew, pero Annabeth no parecía alguien que a nadie le gustase tener como enemigo.
-No quieras tenerla como enemiga-dijeron los tres mestizos y Hermes y Apolo, que ya habían aprendido la lección en el capítulo anterior.
—Tenemos que hacer sentir a los nuevos que llegan bienvenidos—dijo Annabeth, mirando un poco a Drew—. Le asignaremos a cada uno un guía, démosles una vuelta por el campamento. Esperemos que sean reconocidos para la fogata de esta noche. — ¿Puede alguien decirme que significa eso de "Ser reconocido"?—preguntó Piper. De pronto hubo un jadeo colectivo. Los campistas se alejaron. Al principio, Piper pensó que había hecho algo malo. Después se dio cuenta de que sus rostros estaban bañados por una luz roja, como si alguien hubiese encendido una antorcha tras ella. Se volvió y casi se olvidó de respirar. Flotando sobre la cabeza de Leo había una imagen holográfica abrasadora: un martillo ardiente.
-Pues no he tardado en reconocerte-dijo Hefesto. -Soy increíble, es normal que quisieras hacerlo en cuanto puse un pié ahí.
—Eso—dijo Annabeth— es ser reconocido. — ¿Qué he hecho?—miró a atrás, al lago. Luego levantó la vista y gritó—: ¿¡Me está ardiendo la cabeza!?—se movió, pero el símbolo lo seguía, flotando y ondeándose como si estuviera tratando de escribir algo con las llamas en su cabeza. —Esto no puede ser bueno—murmuró Butch—. La maldición…
-¿Maldición?-preguntó Hefesto alarmado-¿Que maldición?
—Butch, cállate—dijo Annabeth—. Leo, acabas de ser reconocido… —…. Por un dios—interrumpió Jason—. ¿Ese es el símbolo de Vulcano, no?
Atenea profirió algo parecido a un gruñido. No quería que Annabeth estuviera en el mismo campamento que el romano.
Todas las miradas se dirigieron a él. —Jason—dijo Annabeth con cuidado—, ¿cómo sabes eso? —No estoy seguro. — ¿Vulcano?—preguntó Leo—. Ni siquiera me gusta Star Trek. ¿De qué estáis hablando? —"Vulcano" es el nombre romano para Hefesto—dijo Annabeth—, el dios de la forja y el fuego. El martillo ardiente desapareció, pero Leo escudriñó el aire como si temiese que volviera a seguirlo. — ¿El dios de qué? ¿Quién?
-Te cuesta procesarlo-murmuró Jason. -La proxima vez va a ser a ti al que le arda un martillo en la cabeza-se defendió Leo.
Annabeth se volvió al tipo con el arco. —Will, ¿puedes llevarte a Leo a dar una vuelta? Preséntale a sus compañeros de literas en la Cabaña Nueve. —Claro, Annabeth. — ¿Qué Cabaña Nueve?—preguntó Leo—. ¡No soy "un Vulcano"! —Vamos, Sr. Spock, te lo explicaré todo—Will le puso una mano en el hombro y lo condujo lejos, hacía las cabañas. Annabeth volvió a centrar su atención en Jason. Por lo general, a Piper no le gustaba que otras chicas mirasen a su novio, pero Annabeth no parecía estar pensando en lo bueno que estaba.
Annabeth y Piper enrojecieron. -Pues claro que no pensaba en eso, tengo novio.
Ella lo estudiaba más como si fuera un proyecto complicado.
-Eras un proyecto complicado-afirmó la hija de Atenea-no te ofendas.
Finalmente dijo: —Extiende el brazo. Piper vio lo que sus ojos habían observado, y los suyos se abrieron de par en par. Jason se había desprendido de su cazadora después del chapuzón en el lago, quedándose con los brazos desnudos, y en su antebrazo derecho había un tatuaje. ¿Cómo es que Piper nunca se había dado cuenta? Había mirado los brazos de Jason millones de veces. El tatuaje no podía haber simplemente aparecido, pero ahí estaba el grabado oscuro imposible de pasar desapercibido: una docena de líneas como un código de barras, y encima un águila con las letras "SPQR".
-¿Las marcas del Campamento Júpiter verdad?-preguntó Poseidon. -Doce años de servicio con un águila, símbolo de Júpiter-explicó el romano.
-Prefiero mi veces antes nuestro método-dijo Annabeth mostrando su colgante de cuentas.
-Mucho menos doloroso-concordó Piper.
—Nunca he visto marcas como estas—dijo Annabeth—. ¿De dónde las has sacado? Jason sacudió la cabeza. —Me estoy cansando ya de decir esto. No lo sé. Los otros campistas se acercaron, tratando de echarle una ojeada al tatuaje de Jason. Las marcas parecían molestarles un montón, casi como una declaración de guerra.
-Y debía serlo-exclamó Atenea-los griegos y los romanos estais destinados a pelearos entre vosotros. -Aunque viendo la relación que tiene con mi hija se pueda pensar todo lo contrario-la cortó Afrodita. -No debería funcionar-volvió a gritar la diosa de la sabiduría-es como juntar agua y aceite, o luz y oscuridad, o... -Pasta de dientes y bicarbonato-la interrumpió Leo. Algunos lo miraron raro, pero Hefesto asentía y el resto de mestizos contenían la risa.
—Parecen quemadas en tu piel—reparó Annabeth. —Lo están—dijo Jason. A continuación, cerró los ojos como si le doliese la cabeza—. Es decir… Creo que sí. No me acuerdo. Nadie dijo nada. Estaba claro que los campistas veían a Annabeth como una líder. Esperaban su veredicto. —Tiene que ir directamente a ver a Quirón—decidió Annabeth—. Drew, ¿podrías…? —Por supuesto—Drew se agarró al brazo de Jason—. Por aquí, cariño. Te presentaré a nuestro director. Es… un tipo interesante—le lanzó a Piper una mirada presumida y avanzó a la casa azul que había en la colina. La multitud comenzó a dispersarse, hasta que solo quedaron Annabeth y Piper. — ¿Quién es Quirón?—preguntó Piper—. ¿Se ha metido Jason en algún lío? Annabeth dudó. —Buena pregunta, Piper. Venga, demos paseo. Necesitamos hablar.
-Y aquí termina el capítulo-exclamó el latino-¿Quién quiere leer? -Trae aquí-pidió Artemisa-tengo que saber de qué sueño está hablando ¿Que? ¿No puedo ser curiosa?-preguntó en voz alta ante la mirada de los dioses. Ellos asintieron. No querían recibir una flecha. Artemisa iba a comenzar a leer cuando en la sala apareció una luz blanca ¿Quién vendría esta vez?
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Bueno, aquí tenemos a Annabeth. La traje justo después de salir del Tártaro, por lo que está un poco perdida sin Percy.
No van a venir nuevos todos los capítulos, solo faltan esta y otras dos veces más, y no van a ir seguidas. Adelanto que en el próximo llegarán tres personajes nuevos ¿Quiénes creéis que serán?
Espero que les haya gustado.