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Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 4

La luz se fue, dejando ver a un chico de unos catorce años, de piel pálida y pelo tan revuelto como si acabara de levantarse.

Hades estuvo a punto de sonreír. Su hijo, estaba fuera del casino, había crecido y...estaba bastante pálido y flacucho, con unas grandes ojeras debajo de los ojos. No pudo evitar preocuparse ¿Qué le había pasado?

Jason soltó un suspiro de alivio al ver que Nico estaba bien.

Posiedon y Hermes miraron disimuladamente a Hades. No pensaban revelar la verdad sobre el chico, pero no pudieron evitar sorprenderse.

Zeus se dedicó a mirarlo, intrigado. Ese chico le sonaba de algo...bah, serían imaginaciones suyas. Después de tantos milenios no podía acordarse de todas las caras que había visto.

Hestia le sonrió al semidios.

-¿Puedes presentarte?-le pidió amablemente.

-Soy...

Otra luz blanca apareció, dejando ver a dos personas más, un chico y una chica.

-Están a punto de invadirnos-gritó el chico.

-Will, cálma...-la pelirroja miró al rededor-creo que deberías mirar a tu alrededor-le aconsejó.

Will se giró. Al ver a los dioses soltó un "wow".

-¿Annabeth? ¿Jason? ¿Piper? ¿Leo?

-Gracias por dejarme para el final Solace-ironizó el hijo de Hefesto.

-¿Que hacemos aquí?

Hestia hizo lo mismo que con el resto de semidioses.

-Parece que pasó hace años-suspiró Will.

Iba vestido con una bata verde de médico, chanclas y pantalones cortos. Rachel llevaba una camiseta verde y un vaquero lleno de dibujos hechos con rotulador.

-¿De donde venís?-preguntó Annabeth.

-Reyna y yo acabamos de salir del Argo II- informó Nico.

-Yo acabo de traer al mundo a un bebé cabra. Estoy temblando, mira-Will agarró la mano de Nico, pero este la soltó rápidamente y lo desintegró con la mirada, aunque Will se mantuvo impasible, lo que era nuevo para él.

-Será mejor que nos presentemos-murmuró el hijo de Hades-Nico Di Angelo, ya descubriréis de quién soy hijo.

-Will Solace, hijo de Apolo.

Apolo sonrió. Will era guapo, como cualquier digno hijo suyo. Seguro que volvía locas a las mestizas del Campamento.

-Rachel Elizabeth Dare.

-¿La del cepillo?-preguntó Hermes.

Rachel sacó su cepillo azul del bolsillo trasero de su pantalón. Will dio un paso atrás.

-Exactamente-respondió la pelirroja moviendo el objeto entre sus manos como si fuera un arma.

-¿Por qué una mortal iba a estar en el Olimpo?-preguntó Zeus.

-No es solo una mortal-la defendió Will- inmortales, les presento a la nueva Oráculo de Delfos.

-Mi Oráculo no es una momia-gritó Apolo como un niño pequeño con un juguete nuevo.

Hades se sintió un poco culpable. No había sido justo maldecir a esa chica por algo que su hermano había hecho. Además, Nico estaba bien. Se preguntó por Bianca, pero decidió no preguntar nada. Por ahora.

Cada uno se sentó en un puff. Nico cogió el suyo. Si habría ido un poco más lejos si Jason no lo hubiera detenido.

-Ni se te ocurra Di Angelo, estamos en familia, no te vas a automarginar- sentenció el hijo de Júpiter.

Nico lo fulminó con la mirada. Jason sintió un escalofrío, pero no cambió de parecer. Quería que Nico confiara en él, y esos días había estado muy preocupado.

-IV Piper.

-¿Otro más?-se quejó la morena.

Afrodita sonrió. Adoraba leer los pensamientos de su hija.

Piper se dio cuenta enseguida de que el corazón de Annabeth no entraba en el paseo.

Annabeth volvió a retorcer la cuenta entre sus dedos ¿Por qué Percy no llegaba? ¿Donde estaría? ¿Habría notado su ausencia? ¿La estaría buscando?

El resto miró con pena a la rubia. Estaba claro que estaba sufriendo.

En circunstancias normales, Annabeth no habría estado tan deprimida por separarse de Percy, pero habían recorrido el Tártaro juntos, habían salido hace tan solo unas horas, era normal que se sintiera desprotegida, aún estaba demasiado afectada.

Ella habló sobre las apasionantes actividades del campamento (arquería mágica, montura de pegasos, la pared de lava, la lucha contra monstruos),

*-*Algún día tenéis que dejarme participar-dijo Rachel-por lo menos en la arquería.

Zeus iba a decir que era una mortal y que ni siquiera debería saber del Campamento cuando Apolo respondió:

-Claro que sí, mi hijo te dará clases de tiro con arco.

-No creo que sea el adecuado-respondió Will-soy sanador, no un guerrero.

Nico estuvo a punto decir que eso no era verdad. Había visto a Will en la batalla de Manhattan y sabía de lo que era capaz el mestizo.

...pero no mostró emoción alguna. Como si su mente estuviera en cualquier otro lugar. Señaló el pabellón al aire libre que estaba interponiéndose a las vistas de Long Island Sound (Sí, Long Island la de Nueva York, tan lejos habían viajado en carro). Annabeth explicó como el Campamento Mestizo era casi un campamento de verano, pero algunos chicos se quedaban todo el año, y había tantos campistas que siempre había multitud, incluso en invierno.

Piper se preguntó quién dirigía el campamento y como sabían que ella y sus amigos pertenecían a aquel lugar.

Se imaginó como sería quedarse todo el tiempo, o que no se le diera bien ninguna de las actividades. ¿Podría dejar a un monstruo fuera de combate? Un millón de preguntas bombeaban en su cabeza, pero dado el humor de Annabeth, decidió quedarse callada.

Mientras subían por la colina al borde del campamento, Piper se volvió y obtuvo una visión alucinante del valle, un gran tramo de árboles al noroeste, una hermosa playa, el arroyo, el lago de canoas, exuberantes campos verdes y la vista completa de las cabañas, un surtido de edificios raros dispuestos formando una omega griega, Ω, cuyo centro era la casa verde. Piper contó veinte cabañas en total.

Una rebosaba de oro, otra de plata, una tenía césped en el techo, otra era de rojo brillante con alambre de espino, una cabaña era negra con ardientes llamas verdes en el pórtico…

Los Dioses escuchaban con atención la nueva descripción del Campamento. Hades se alegró de que su hijo tuviera un lugar en el que quedarse, aunque no parecía estar mucho en compañía de la gente. Por eso, se sorprendió mucho cuando justamente un hijo de Júpiter lo hubiera detenido a la hora de irse.

Todo aquello parecía un mundo diferente, alejado de las colinas nevadas y los campos de los alrededores.

— El valle está protegido de los ojos de los mortales—dijo Annabeth—. Como puedes ver, el tiempo también está controlado.

-Eso es genial-dijo Will-así mis hermanos y yo no tenemos que preocuparnos por la nieve y el frío.

Leo de lio la razón, pero Nico parecía en desacuerdo. Invierno sin frío y nieve no era invierno.

...Cada cabaña representa a un dios griego, y es un hogar para los hijos de ese dios.

Miró a Piper como si estuviera intentando determinar cómo se estaba tomando las novedades.

*—*Estás diciendo que mi madre era una diosa.

Annabeth asintió.

— Te lo estás tomando con una calma asombrosa.

-La verdad es que sí-se sorprendió Demeter.

-No todos los mestizos se lo toman igual. Por ejemplo, a Percy le llevó varias horas darse cuenta-explicó Annabeth.

Varios sonrieron ante la mención del ojiverde. Estaba claro que era un semidiós muy importante para ellos.

-Si ese chico es tan poderoso e importante debe de ser uno de mis hijos-supuso Zeus.

-No me sorprendería-rodaron los ojos Hades y Poseidón.

Hera frunció el ceño ¿Como se le ocurría siquiera plantearse que tuviera otro hijo? Eso ya sería el colmo.

Piper no le podía contar el porqué. Ella no podía admitir que todo eso confirmaba algunas sensaciones extrañas que había tenido algunos años, discusiones con su padre sobre porque no había ninguna foto de su madre en la casa, y porque su padre nunca le había dicho cómo o porque se fue su madre. Pero en su mayoría, el sueño la había advertido de que todo eso se estaba acercando.

-¿Qué sueño?-preguntó Will.

-Uno del que no quiere decirnos nada-gruñó Apolo.

-Ya se verá en el libro-dijo esta vez Jason. Sabía lo doloroso que era para su novia hablar de ello.

«Pronto te encontrarán, semidiosa—había dicho aquella voz—. Cuando lo hagan, sigue nuestras instrucciones. Coopera, y tu padre quizás viva»

-¿Tú padre?-preguntó Afrodita alarmada-¿Quién es tu padre?

Artemisa continuó leyendo antes de que alguien más interrumpiera.

Piper respiró débilmente.

*—*Supongo que después de esta mañana es algo más fácil creer. Bueno, ¿quién es mi madre?

*—*Lo sabremos pronto—dijo Annabeth—. Tienes… ¿Cuántos? ¿Quince? Se suponía que los dioses tenían que reconoceros a los trece. Ese era el trato.

-¿El trato?

— Hicieron una promesa el verano pasado… Es una larga historia… Pero prometieron no ignorar a sus hijos semidioses más, reconocerlos como mucho a los trece. A veces tardan un poco más, pero ya has visto lo rápido que Leo ha sido reconocido nada más venir aquí. Deberá de pasarte pronto. Apuesto a que esta noche en la fogata recibiremos una señal.

-Y como siempre nuestra Annie tenía razón-dijo Rachel.

Piper se imaginó con un martillo ardiente sobre la cabeza, o con su suerte algo más embarazoso. Quizás un tejón en llamas.

Varios rieron al imaginarse la escena.

-Mamá, no te ofendas, pero preferiría el tejón en llamas.

Fuera quien fuese su madre, Piper no tenía razones para pensar que estaría orgullosa de reconocer a una hija cleptómana con problemas masivos.

**-**Pues claro que me gustaría reconocerte-chilló Afrodita, como si fuera lo más obvio del mundo.

—**¿Por qué a los trece?

*—*Porque a partir de esa edad—dijo Annabeth— más monstruos se dan cuenta de tu presencia e intentan matarte. Empieza sobre los trece. Por eso enviamos a protectores a las escuelas para encontrar a gente como vosotros, y traeros al campamento antes de que sea demasiado tarde.

—**¿Cómo el entrenador Hedge?

Annabeth asintió.

*—*Es… Era un sátiro: mitad hombre, mitad cabra. Los sátiros trabajan para el campamento, encontrando semidioses, protegiéndolos y trayéndolos cuando llega la hora.

Piper no tenía ningún problema creyéndose que el entrenador Hedge era medio cabra. Lo había visto caer. Nunca le había caído bien, pero no podía creerse que hubiera sacrificado su vida para salvarlos.

—**¿Qué le pasó?—preguntó—. Cuando nos elevamos a las nubes… ¿Está con dios?

*—*Qué palabras—Annabeth se había quedado un poco perturbada—. Los espíritus de la tormenta… es muy difícil luchar con ellos. Incluso con nuestra mejor arma, bronce celestial, pasaríamos a través de ellos sin pillarles por sorpresa.

*—*Pues la espada de Jason convirtió a uno en polvo—recordó Piper.

*—*Pues tuvo suerte. Si hieres a un monstruo de una manera precisa, puedes disolverlo, enviar su esencia de vuelta al Tártaro.

Annabeth y Nico se estremecieron ante la mención de ese nombre. Ambos habían recorrido el tártaro, solo que a diferencia de Annabeth, Nico lo había hecho solo, sin ayuda de nadie.

—**¿El Tártaro?

— Un enorme abismo en el Inframundo, de donde provienen los peores monstruos. Como una especie de pozo del mal.

Annabeth agarró sus piernas y hundió la cara entre las rodillas. Nico parecía estar a punto de desmallarse. En su mirada se podía ver más dolor que en cualquier mestizo que hubieran visto nunca.

La mayor parte de los dioses, sobre todo Atenea y Hades, se preocuparon ¿Qué les había pasado a esos chicos?

...De todas formas, una vez que los monstruos se disuelven, pasan unos meses, o unos años antes de que se puedan volver a reformar. Pero desde que este espíritu de la tormenta, Dylan, se fue…. Bueno, no sé porque iba a mantener a Hedge con vida. Pero Hedge era un protector, piénsalo. Él conocía los riesgos. Y los sátiros no tienen armas mortales, se reencarnará en un árbol, una flor o algo así.

La mención de un árbol le hizo pensar a Annabeth en Thalia, cuando Luke y ella la habían encontrado a los siete años. Esos recuerdos la ayudaron a calmarse un poco.

Pero Nico seguía igual.

Jason parecía bastante preocupado por él. Sabía todo lo que el hijo de Hades había tenido que sufrir, si el hubiera estado en su lugar ya se habría suicidado.

Se fijó en que Nico no había probado nada. Tan solo miraba a las tortitas azules con añoranza.

-Come-le ordenó-hace días que no lo haces.

-Estoy bien-se excusó.

-No, no lo estás. Come.

Nico resopló antes de coger una magdalena y darle un mordisco.

-¿Feliz?

Leo, Piper y Annabeth lo miraron sorprendidos ¿Desde cuándo Jason se preocupaba tanto por Nico?

Después de aquella misión que habían hecho juntos para buscar el cetro, Jason parecía proteger mucho más al hijo de Hades.

Piper intentó imaginarse al entrenador Hedge como un ramo de violetas con mala uva. Eso la hizo sentirse todavía peor.

-Pues debes de ser la única- Annabeth señaló a Apolo, Hermes y Leo, que se estaban riendo.

Miró las cabañas de más abajo, y una sensación de malestar la invadió. La cabaña de su madre estaba ahí abajo en alguna parte, lo que significaba que tenía hermanos y hermanas, más gente a la que tendría que traicionar.

«Haz lo que te digamos—había dicho la voz—, o las consecuencias serán dolorosas».

Afrodita miraba al libro, para mirar luego a su hija y viceversa.

Piper cada vez estaba más desanimada.

Cruzó los brazos, tratando de parar aquella agitación.

*—*Estará bien—prometió Annabeth—. Aquí tienes amigos. Todos hemos pasado por un montón de cosas extrañas. Sabemos lo que estás pasando.

«Lo dudo», pensó Piper.

*—*He cambiado de escuela cinco veces los últimos cinco años—dijo—. Mi padre hace todo lo que puede por mantenerme así.

—**¿Solo cinco?—no sonó como una burla—. Piper, todos hemos sido tratados como alborotadores. Yo me escapé de casa cuando tenía siete años.

¿En serio?

*—*Oh, sí. A la mayoría nos han diagnosticado Trastorno por déficit de atención con hiperactividad o dislexia, o las dos…

*—*Leo tiene TDAH.

— Exacto. Es porque estamos entrenados para pelear. Inquietos, impulsivos… No tenemos lugar entre los chicos normales. Deberías oír los muchos problemas que Percy…—su cara se ensombreció—

En la sala, la cara de Annabeth hizo lo mismo, pero el resto de mestizos (menos Nico) no dejaban de reír.

-¿Se puede saber que ha hecho ese muchacho que sea tan divertido?-preguntó Hermes intrigado.

-Vaporizar a su profesora de álgebra...

-Volar el autobús a cañonazos...

-Jugar al balón prisionero con gigantes...

-Incendiar su escuela...

-Ser perseguido por las animadoras...

-Y muchas cosas más-terminaron los mestizos que habían estado nombrando todo aquello.

De todas formas, los semidioses tienen mala reputación. ¿Cómo te metiste tú en problemas?

Generalmente, cuando alguien le hacía esa pregunta, Piper empezaba a pelearse, a cambiar de tema o a causar cualquier tipo de distracción. Pero por algunos motivos se descubrió a sí misma contando la verdad.

*-*Es el efecto que surge Annabeth-dijo Will-a mi también me paso.

-¿En que líos te metiste tú Solace?-preguntó Leo intrigado.

Will se ruborizó.

-No estamos hablando de mí ¿Os acordáis de aquella vez que Percy hizo estallar los inodoros?-dijo rápidamente para cambiar de tema, creando que la sala se llenara de risas de nuevo.

Sin embargo, una idea cruzó la mente de Poseidon ¿Sería posible que ese chico fuera hijo suyo? Lo negó al instante. Uno de los suyos nunca estaría con la hija de cara de búho.

*—*Robando cosas—dijo—. Bueno, no robando en realidad.

—**¿Es pobre tu familia?

Piper se rio amargamente.

-**¿Quién es tú padre?-volvió a preguntar Afrodita, cada vez más intrigada.

Piper negó con la cabeza, señal de que tendría que esperar.

*—*No mucho. Lo hice… No sé por qué. Por atención, supongo. Mi padre nunca tiene tiempo para mí a no ser que esté metida en líos.

Annabeth asintió.

*—*Te creo. Pero… ¿Has dicho que en realidad no robaste? ¿A qué te refieres?

— Bueno… Nadie me ha creído. La policía, los profesores… Incluso la gente a la que robé: están tan avergonzados que niegan lo que pasó. Pero la verdad es que no robé nada. Solo le pido cosas a la gente y ellos me la dan. Incluso el BMW convertible. Tan solo lo pedí y el vendedor dijo "Claro, cógelo". Después se dio cuenta de lo que había hecho, supongo, y la policía vino a por mí.

-Eso es Encanto cielo, y al parecer bastante poderoso-le explicó Afrodita.

-Ya lo sé mamá. Al principio lo odiaba, pero ahora cada vez veo más lo útil que es.

Zeus y Ares la miraron raro ¿Como hablar podía ser útil?

Piper esperó. Estaba acostumbrada a que la gente la llamase mentirosa, pero cuando levantó la vista Annabeth simplemente asintió.

*—*Interesante. Si tu padre fuera un dios, diría que eres hija de Hermes, el dios de los ladrones. Puede ser realmente convincente. Pero tu padre es mortal…

*—*Y mucho—agregó Piper.

Annabeth sacudió la cabeza, al parecer desconcertada.

*—*Pues entonces no sé. Con suerte, tu su madre te reclamará esta noche.

Piper casi esperaba que eso no pasase. Si madre era una divinidad, ¿sabría algo sobre el sueño? ¿Sabría lo que se le había pedido a Piper que hiciera?

*-*Piper, yo que tú lo diría, tu madre está a punto de sufrir un infarto-le recomendó Apolo.

Piper levantó una ceja.

-¿No se supone que sois inmortales?

-Eso no significa que no podamos sufrir un jamacucu- respondió el dios de la medicina.

-Lo siento, pero hay que descubrirlo.

Apolo suspiró y le lanzó una caja a Afrodita.

-¿Tranquilizantes? ¿Esa es tú manera de ayudar?

-Funcionará-le prometió.

Se preguntó si los dioses del Olimpo castigarían a sus hijos con rayos por ser malos, o si los enterrarían en el Inframundo.

Nico y Jason miraron mal al libro. Vale que sus padres no fueran un "amor de persona", pero a ellos nunca les había hecho eso.

Annabeth la estaba estudiando. Piper decidió que tenía que tener cuidado con lo que dijese a partir de ese momento. Annabeth era claramente muy lista. Si cualquiera pudiera figurarse el secreto de Piper…

*—*Vamos—dijo Annabeth al final—. Hay algo más que necesito comprobar.

Avanzaron un poco más lejos hasta que alcanzaron una cueva cerca de la cima de la colina. Huesos y espadas viejas llenaban el suelo. Antorchas flanqueaban la entrada, que estaba cubierta por una cortina de terciopelo que tenía serpientes bordadas. Parecía el escenario para una especie de espectáculo de marionetas.

—**¿Qué hay ahí?—preguntó Piper.

Annabeth metió la cabeza dentro, suspiró y cerró las cortinas.

*—*Nada de momento. Es la casa de una amiga. La he estado esperando desde hace unos días, pero hace ya mucho, nada.

-¿Tu amiga vive en una cueva?

-Tampoco es tan raro-se defendió Rachel.

-Si, pero a la hora de cargar con tus lienzos hasta allí es muy complicado-protestó Will.

Annabeth casi logró sonreír.

— En realidad, su familia tiene un piso lujoso en Queens, y está yendo a una escuela de finalización en Connecticut.

*-*Prefiero la cueva-dijo Rachel.

Piper la miró con comprensión. Ella también habría preferido una cueva a la casa de su padre.

Pero cuando está aquí en el campamento, sí, vive en la cueva. Es nuestro oráculo, cuenta el futuro. Esperaba que me ayudase…

*—…*A encontrar a Percy—supuso Piper.

Toda la energía parecía haber salido de Annabeth, como si la hubiese estado reteniendo todo lo que había podido. Se sentó en una roca y su expresión se llenó de tanto dolor que Piper se sintió como una intrusa observadora.

Se obligó a sí misma a mirar a otra parte. Sus ojos se desviaron hasta la cresta de la colina, donde un único pino dominaba la línea que los separaba del horizonte. Algo brillaba en una rama baja, como una alfombrilla para la ducha de oro. No… No una alfombrilla de ducha. Era un vellocino. «Muy bien—pensó Piper—. Un campamento griego. Tienen una réplica del Vellocino de Oro».

-¿Recuperasteis el Vellocino?-preguntó Dionisio, olvidando que técnicamente no estaba prestando atención.

-Fueron Annabeth y Percy-dijo Jason.

-Junto con Clarisse, ella también ayudo-dijo Annabeth-y Tyson, obviamente.

-¿Quienes son Tyson y Clarisse?-Demeter parecía bastante intrigada.

-Clarisse es la jefa de la cabaña de Ares-el dios infló el pecho y sonrió, orgulloso-y Tyson es un cíclope.

-¿Como es que trabajaste con un cíclope?

-Mamá, Tyson es un amor-sonrió la rubia.

-Sobre todo cuando llama poni a Quiron- rió Leo.

Después reparó en la base del árbol. Al principio pensó que estaba envuelta en un montón de cables púrpuras enredados. Pero los cables tenían escamas de reptil, píes con garras, una cabeza como la de una serpiente y una nariz humeante.

*—*Eso es… un dragón—tartamudeó—. ¿Ese es el Vellocino de Oro?

Annabeth asintió, pero estaba claro que en realidad no escuchaba. Sus hombros se hundieron. Se frotó el rostro y suspiró vacilante.

*—*Perdona. Estoy un poco cansada.

*—*Pareces estar a punto de desmayarte—dijo Piper—. ¿Cuánto tiempo llevas buscando a tu novio?

*—*Tres días, seis horas y unos doce minutos.

—**¿Y no tienes ni idea de que le ha pasado?

Annabeth sacudió la cabeza tristemente.

-Luego Hera se pregunta por qué tenemos en el campamento una diana con su cabeza dibujada-murmuró Annabeth a Piper.

— Estábamos tan emocionados porque los dos empezábamos las vacaciones de invierno temprano. Nos reunimos en el campamento el martes, imaginando que tendríamos tres semanas juntos.

-Aww-suspiró Afrodita con voz soñadora-tengo unas ganas de conocer a ese muchacho.

Atenea se negó en banda ¡Su hija estaba perdiendo la cabeza por culpa de un chico!

Iba a ser genial. Luego, después de la fogata, él… él me dio un beso de buenas noches, volvió a su cabaña, y por la mañana se había ido. Registramos todo el campamento, contactamos con su madre, hemos intentado localizarlo de cualquier manera que se nos ocurría. Nada. Simplemente ha desaparecido.

Piper pensaba «Hace tres días». La misma noche que había tenido aquel sueño.

—**¿Cuánto llevabais juntos?

— Desde agosto—dijo Annabeth—, desde el dieciocho de agosto.

-Fue el mejor beso de todos-murmuró.

*—*Casi justo cuando conocí a Jason—dijo Piper—, pero nosotros solo llevamos juntos unas semanas.

Annabeth hizo una mueca.

*—*Piper… sobre eso… Quizás deberías sentarte.

*-*Hora de la verdad-dijo Persefone.

Sabía que esa chica sufriría al escuchar lo de la niebla.

Piper sabía de qué iba eso. El pánico empezó a dominarla, como si sus pulmones se estuvieran llenando de agua.

*—*Mira, sé lo que Jason cree. Cree que él simplemente apareció en nuestra escuela hoy. Pero no es verdad. He estado con él desde hace cuatro meses.

*—*Piper—dijo Annabeth tristemente—, es la Niebla.

—**¿Qué quiebra?

*—*N. I. E. B. L. A. Es una especie de velo que separa el mundo mortal del mundo mágico. Las mentes de los mortales no pueden procesar las cosas extrañas como los dioses y los monstruos, la Niebla distorsiona la realidad. Hace que los mortales vean cosas de una manera que puedan entenderlas… Sus ojos podrían pasar desapercibido el valle completamente, o lo mismo miran al dragón y ven un enredo de cables.

Piper tragó saliva.

*—*No. Tu misma has dicho que no soy una mortal normal. Soy una semidiosa. —Incluso les puede afectar a los semidioses. Lo he visto montones de veces. Los monstruos se infiltran en algunos lugares como los colegios, haciéndose pasar por humanos, y todo el mundo cree que recuerda a esa persona. Creen que siempre ha estado cerca. La Niebla puede cambiar la memoria, incluso crear recuerdos de cosas que nunca han pasado…

—**¡Pero Jason no es un monstruo! —Insistió Piper—. Es un humano, o un semidiós, o lo que sea que quieras llamarle. Mis recuerdos no son falsos. Son muy reales. La vez que incendiamos los pantalones del entrenador Hedge, la vez que Jason y yo vimos la lluvia de meteoritos en el techo del internado y por fin el estúpido chico me besó…

Se encontró a sí misma enrollándose, contándole a Annabeth cosas sobre el semestre entero en la escuela de la Salvajería. Le había gustado Jason desde la primera semana que lo había conocido, era tan bueno con ella, y tan paciente que incluso podía soportar a Leo y a sus estúpidas bromas.

-Mis bromas no son estúpidas-se quejó Leo.

Artemisa lo fulminó con la mirada, haciendo que se callara.

Había aceptado como era ella y no la había juzgado por las tonterías que había hecho. Habían pasado horas hablando, mirando las estrellas y con el tiempo (por fin) cogidos de la mano.

Jason abrazó a su novia, demostrándole que estaba ahí, que era real y que nunca la dejaría.

Todo eso no podía ser falso.

Annabeth frunció los labios.

*—*Piper, tus recuerdos son mucho más realistas que los de la mayoría, lo admito y no sé porque es. Pero si lo conocieras de verdad…

—**¡Lo conozco!

*—*Entonces, ¿de dónde es?

Piper se sintió como si la hubieran golpeado entre los ojos.

*—*Debe de habérmelo dicho, pero…

—**¿Te habías dado cuenta de su tatuaje antes de hoy? ¿Te ha contado alguna vez algo sobre sus padres, sus amigos o su anterior escuela?

*—*N-No lo sé, pero…

— Piper, ¿cuál es su apellido?

-Tal vez fui demasiado dura-supuso Annabeth.

-No, necesitaba que alguien me mostrara la realidad, y tú fuiste la única capaz de hacerlo. Gracias.

Su mente estaba en blanco. No se sabía el apellido de Jason. ¿Cómo era posible? Empezó a llorar. Se sentía como una completa idiota, pero se sentó en la roca a lado de Annabeth con el corazón recién roto en pedazos. Aquello era demasiado. ¿Es que todo lo que era bueno en su estúpida y miserable vida tenía que esfumarse?

-Sé como se siente-dijeron todos los mestizos a la vez, consiguiendo que sus padres se preocuparan aún más por ellos.

«Sí—le había dicho el sueño—. Sí hasta que hagas exactamente lo que te digamos»

— Ey—dijo Annabeth—. Vamos a aclararlo. Jason está aquí ahora. ¿Quién sabe? Quizás os hagáis pareja en la realidad.

-Está claro, tú, Hermes y Leo tratáis de quitarme el puesto-suspiró dramáticamente Rachel.

-Tranquila RED, nuestras profecías no serían lo suficientemente depresivas-bromeó Leo.

No era muy probable, pensaba Piper, no si el sueño le había dicho la verdad, pero eso no podía decirlo en alto. Se quitó una lágrima de la mejilla.

*—*Me has traído aquí para que nadie pueda verme lloriquear, ¿verdad?

Annabeth se encogió de hombros.

*—*Me figuré que sería duro para ti. Sé lo que se siente si pierdes a tu novio.

*-*Es Annabeth, tiene planes para todo-dejó escapar Jason, haciendo sonrojar a la rubia.

*—*Pero sigo sin poder creérmelo… Yo sé que teníamos algo. Y ahora simplemente se ha ido, ya no me reconoce. Si de verdad ha aparecido hoy, ¿entonces por qué ha pasado eso? ¿Cómo ha llegado hasta nosotros? ¿Por qué no se acuerda de nada?

*—*Buenas preguntas—dijo Annabeth—. Esperemos que Quirón pueda resolverlas. Pero por ahora, es necesario que te establezcas. ¿Lista para volver a bajar? Piper miró el loco conjunto de cabañas en el valle. Su nuevo hogar, una familia que supuestamente la comprendería… pero pronto serían otro montón de gente a la que había decepcionado, otro lugar del que sería expulsada.

«Los traicionarás por nosotros—había advertido la voz—, o lo perderás todo.» No tenía elección.

-Siempre hay solución-dijo Hestia sonriéndole con cariño a la semidiosa.

-Ahora lo sé-sonrió de vuelta.

Sí—mintió—, estoy lista.

En el verde centro, un grupo de campistas estaban jugando al baloncesto. Hacían unos mates increíbles. La pelota no rebotaba en el borde, todos marcaban tres puntos automáticamente.

— Es la cabaña de Apolo—explicó Annabeth—. Los mejores tirando cosas, misiles, flechas… pelotas de baloncesto.

-Fastidiense todos, mi cabaña es la primera en ser mencionada-gritó Apolo.

-Aveces me pregunto de donde sacaste tanto altruísmo- le murmuró Leo a Will.

Este asintió con la cabeza.

Pasaron por la zona de duelo, donde dos chicos estaban atacándose el uno al otro con espadas.

—**¿Las hojas de las espadas son reales?—hizo notar Piper—, ¿eso no es peligroso?

— Esa es la gracia de matarse—dijo Annabeth—. Oh, lo siento. No he usado unas palabras muy adecuadas. Esa cabaña de allí es la mía, la Cabaña Número Seis— asintió a un edificio gris con una lechuza sobre el umbral de la puerta. A través de la puerta, que estaba abierta, Piper podía ver estanterías, armas expuestas y una de esas pizarras electrónicas inteligentes que tenían en las aulas. Dos chicas estaban dibujando un mapa que parecía el esquema de una batalla.

*—*Hablando de espadas—dijo Annabeth—. Ven.

Llevó a Piper a un sitio cercano a la cabaña, a un gran cobertizo de metal que parecía destinado a guardar herramientas de jardinería. Annabeth lo abrió y dentro no había herramientas de jardinería, a no ser que lo que había lo usases para declararles la guerra a tus propias tomateras. El cobertizo estaba hasta los topes de todo tipo de armas, desde espadas, pasando por lanzas, hasta ramas como las del entrenador Hedge.

*—**Todo semidiós necesita un arma—dijo Annabeth—. Hefesto hace las mejores,*pero nosotros también tenemos una buena selección. Las de Atenea son estratégicas… Hay que juntar el arma indicada con la persona indicada. Vamos a ver…

A Piper no le hacía mucha gracia el comprar objetos mortíferos, pero sabía que Annabeth estaba tratando de hacer algo bueno para ella. Annabeth le tendió una espada enorme, que Piper a duras penas podía levantar.

-No-negó Ares-estoy seguro de que la espada pesa más que tú.

*—*No—dijeron ambas al unísono.

Annabeth inspeccionó un poco más lejos en el cobertizo y trajo una más.

—**¿Una escopeta?—preguntó Piper.

— Una Mossberg 500—Annabeth comprobó que su reacción no fue muy positiva—. No te preocupes. No hace daño a los humanos. Esta alterada para disparar bronce celestial, así que solo mata monstruos.

-No es tú estilo-dijo Ares-no eres demasiado fuerte, necesitas algo que te deje actuar con rapidez y puedas llevar sin que te moleste, en tu caso una espada no será el mejor arma que tengas.

*—*Um… No creo que sea de mi estilo—dijo Piper.

*—*Mmm, sí—estuvo de acuerdo Annabeth—. Demasiado ostentosa.

Devolvió la escopeta y empezó a decidirse frente a un grupo de ballestas cuando algo en la esquina del cobertizo captó la atención de Piper.

—**¿Qué es eso?—dijo—, ¿un cuchillo?

Annabeth lo cogió y le sopló para retirar el polvo de la vaina. Parecía que no había visto la luz del día en siglos.

Will frunció el ceño. Esa arma le sonaba, pero ¿de qué?

*—*No lo sé, Piper—Annabeth sonaba incómoda—. No creo que quieras este. Las espadas suelen ser mejores.

*—*Tú usas un cuchillo—Piper señaló al que Annabeth tenía colgando del cinturón.

Annabeth agarró la espada de drakon que llevaba. Le tenía cariño a su espada, le ayudaba a recordar que se puede cambiar el destino y a recordar a Bob y a Damasen, pero también echaba de menos el cuchillo que Luke le había dado.

— Sí, pero… —Annabeth se encogió de hombros—. Bueno, cógelo si lo quieres. La vaina estaba hecha de cuero negro, adornada con bronce. Nada elegante, nada llamativa. El mango de manera encajaba perfectamente en la mano de Piper. Cuando lo desenfundó, se encontró con una cuchilla triangular de dieciocho pulgadas de largo, el bronce brillaba como si lo hubiesen pulido el día anterior. Los bordes parecían bastante mortíferos. Su reflejo en la cuchilla la pilló por sorpresa, parecía más mayor, más seria, y no asustada tal y como se sentía.

-Perfecta-exclamó Ares.

*—*Te pega—admitió Annabeth—. Este tipo de hoja se llama parazonium. Era sobre todo para ceremonias al cargo de grandes rangos del ejército griego. Te hace parecer una persona con poder y riqueza, pero en una lucha te puede proteger muy bien.

*—*Me gusta—dijo Piper—. ¿Por qué pensabas que no sería adecuada?

Annabeth exhaló.

*—*Esta hoja tiene una larga historia. La mayoría de la gente tendría miedo de usarla. Su primer dueño… Bueno, las cosas no le fueron muy bien. Se llamaba Helena.

Piper se dejó llevar.

*—*Espera, ¿te refieres a la Helena? ¿La Helena de Troya?

Annabeth asintió.

*-*Katoptris-la reconoció al fin Will-¿Te quedaste con Katoptris?

-A estas alturas creí que ya lo sabrías.

-Creo que tengo que dejar de pasar tanto tiempo en la enfermería.

Piper se sintió de pronto como si tuviera que estar cogiendo la daga con guantes de plástico.

—**¿Y está aquí tirada entre vuestras herramientas?

*—*Estamos rodeados de cosas de la Antigua Grecia—dijo Annabeth—, pero esto no es un museo. Las armas como esta… están para usarlas. Son nuestro patrimonio como semidioses. Esta era un regalo de boda de Menelao, el primer marido de Helena. Ella nombró a la daga como "Katoptris".

—**¿Qué significa?

—**"Espejo"—dijo Annabeth—"Cristal para mirarse". Probablemente porque era lo único para lo que la utilizaba Helena. No creo que haya estado en una batalla nunca.

*Piper volvió a mirar la hoja. Por un momento, vio su propia imagen mirándola, pero luego el reflejo cambió. Vio llamas, y un rostro grotesco, como si estuviera tallado en una roca.*Escuchó la misma risa que en su sueño. Vio a su padre con cadenas, atado a un poste frente a una hoguera que se extendía.

Varios ahogaron un grito, sobre todo los que no sabían lo del padre de Piper.

Dejó caer la hoja.

—**¿Piper? —Annabeth gritó a los chicos de Apolo de la cancha—: ¡Un médico! ¡Necesito que venga alguien aquí!

*—*No, estoy… estoy bien—consiguió decir Piper.

—**¿Estás segura?

*—*Sí. Yo solo…—tenía que autocontrolarse. Con los dedos temblándole, recogió la daga—. Solo estoy un poco abrumada. Son demasiadas cosas por hoy. Pero… Quisiera quedarme la daga, si te parece bien…

Annabeth dudó. Después hizo señas para que todos los chicos de la cabaña de Apolo se fueran.

*—*Muy bien, si estás segura. Te habías puesto muy pálida. Creí que te estaba dando un ataque o algo.

*—*Estoy bien—prometió Piper, mientras su corazón seguía latiendo con fuerza. — ¿Hay… em, un teléfono en el campamento? ¿Puedo llamar a mi padre?

Los ojos grises de Annabeth eran casi tan hipnóticos como la hoja de la daga. Parecía que estaba calculando un millón de posibilidades, e intentando leerle el pensamiento a Piper.

— No permitimos los teléfonos—dijo—. La mayoría de los semidioses, si usan un móvil, es como si estuvieran lanzando una bengala al cielo, dejando que los monstruos sepan dónde están. Pero… Tengo uno—lo deslizó hacía el exterior de su bolsillo—. Pasaré por alto las reglas si esto puede ser nuestro secreto…

-Annabeth, las normas están por algo-le reprendió su madre.

La rubia no parecía demasiado afligida. Hasta que la había visto, Annabeth no se dio cuenta de lo resentida que estaba con ella.

Primero había tratado de separarla de Percy, luego le gritó que acabara con él y le dio aquella estúpida moneda, que proporcionó que se cayeran al Tártaro.

Piper lo cogió agradecida, intentando que no se notara el tembleque de sus manos. Dio unos pasos alejándose de Annabeth, y volvió la cara al área común. Llamó a la línea privada de su padre, aun sabiendo lo que podría pasar si lo hacía. Buzón de voz. Había estado intentando lo mismo durante tres días, desde el sueño. En la escuela de la Salvajería solo se permitía el privilegio de usar el teléfono una vez al día, pero ella había llamado todas las tardes, sin obtener nada. A regañadientes, marcó otro número. El asistente personal de su padre respondió inmediatamente.

— Oficina del señor McLean.

Los Dioses la miraron. Su padre debía de ser más importante de lo que quería hacerles creer.

Piper gruñó al recordar a Jane.

*—*Jane—dijo Piper, apretando los dientes—, ¿dónde está mi padre?

Jane se calló por un momento, probablemente barajaba la posibilidad de zanjarlo todo con colgar,.

*—*Piper, tenía entendido que no se puede llamar desde tu colegio.

*—*A lo mejor no estoy en el colegio—dijo Piper—, a lo mejor me he escapado para vivir con las criaturas del bosque.

*—*Em…—Jane no sonaba muy interesada—. Bueno, le diré que has llamado.

—**¿Dónde está?

*—*Fuera.

—**¿No lo sabes, verdad?—Piper bajó la voz, deseando que Annabeth fuera lo suficientemente buena para poder escucharla—. ¿Cuándo piensas llamar a la policía, Jane? Podría estar en problemas…

— Piper, no vamos a convertir esto en un espectáculo para la prensa. Estoy segura de que está bien. Él suele quitarse de en medio de vez en cuando, pero siempre vuelve.

-¿Espectáculo de prensa?-preguntaron Will, Rachel y Afrodita-¿Quién es tú padre?

Artemisa continuó la lectura antes de que Piper volviera a decir "Ya saldrá en el libro".

*—*Así que es cierto, no lo sabes…

*—*Tengo que irme, Piper—farfulló Jane—. Disfruta del colegio.

La conexión se acabó. Piper soltó una maldición. Volvió hasta Annabeth y le tendió el teléfono.

—**¿No ha habido suerte?—preguntó Annabeth.

Piper no respondió. No se fiaba de sí misma, podía volver a empezar a llorar.

Annabeth miró la pantalla de su teléfono y formuló:

—**¿Tu apellido es "McLean"? Lo siento, no es asunto mío, pero me suena muy familiar.

*—*Es un nombre común.

*—*Sí, supongo. ¿Qué hace tu padre?

*—*Tiene un graduado en arte—dijo Piper automáticamente—. Es un artista cherokee.

Su respuesta por defecto, no era una mentira, no era toda la verdad. La mayoría de la gente cuando oían eso se figuraba que su padre vendía recuerdos de viaje indios en una carretera de la reserva (Figuritas que mueven la cabeza, collares de abalorios, pastillas del Gran Sanador…, esa clase de cosas).

-No creo que alguien que venda figuritas que mueven la cabeza tenga una oficina-murmuró Hermes-mucho menos que tuviera una hija con Afrodita.

— Oh—Annabeth no parecía convencida, pero guardó el teléfono—. ¿Te encuentras bien? ¿Seguimos andando?

Piper se ató su nueva daga al cinturón y se prometió a sí misma que más tarde, cuando estuviese sola, averiguaría cómo funcionaba.

*—*Claro—dijo—. Quiero verlo todo.

Todas las cabañas molaban, pero ninguna parecía estar hecha para Piper. Ninguna señal ardiente, tejón o no, apareció sobre su cabeza. La Cabaña Ocho era completamente de plata y brillaba como la luz de la Luna.

-¿Artemisa?—supuso Piper.

Artemisa paró un momento de leer para sonreír con orgullo.

-Osea que si yo hago eso tú me lanzas una flecha, pero lo haces tú y no pasa nada-se quejó Apolo. Como respuesta obtuvo una flecha.

*—*Sabes de mitología griega—dijo Annabeth.

*—*Leí algunas veces sobre ella cuando mi padre estuvo trabajando en proyecto hace un año.

*—*Creía que hacía arte cherokee.

Piper soltó una maldición para su interior.

*—*Oh, claro, pero… Ya sabes, el también hace otras cosas.

Piper pensaba que ya lo había chivado todo: McLean, mitología griega.

Will abrió mucho los ojos. Como experto en películas, reconoció el nombre al instante.

-¡Por Hades! Eres hija de...

Piper le metió una magdalena de plátano dentro de la boca antes de que el rubio dijera algo más.

Afortunadamente Annabeth no parecía encontrar la conexión.

*—*De todas formas—continuó Annabeth—. Artemisa es diosa de la Luna y de la caza. Pero no tiene campistas, Artemisa es una doncella eterna, así que no tiene ningún hijo.

*—*Oh—eso desanimó a Piper. Siempre le habían gustado las historias de Artemisa, y se había imaginado que sería una madre molona.

*-*Piper-chilló Afrodita, horrorizada-¿No serías capaz de cambiarme por ella verdad?

-Ella no me hace aparecer delante de todo el campamento con un vestido escotado-respondió Piper.

-A mi me parece que estabas guapísima Pipes-le susurró Jason al oído.

*—*Bueno, están las Cazadoras de Artemisa—se corrigió Annabeth—, vienen algunas veces de visita. No son hijas de Artemisa, pero son sus siervas, una banda de chicas adolescentes inmortales que se aventuran justas a cazar monstruos.

A Piper le gustó la idea.

-Piper-volvió a chillar su madre. Como siguiera así los iba a dejar sordos.

-Siempre habrá un puesto para ti en mi caza-le sonrió Artemisa.

Jason agarró a Piper con protección, y ella rodó los ojos.

*—*Suena bien. ¿Se convierten en inmortales?

*—*A no ser que mueran en combate o que rompan sus votos. ¿He mencionado que tienen que jurar que renuncian a los chicos? No pueden enamorarse ni acercarse a ellos… nunca, nunca jamás.

*—*Oh—dijo Piper—. Nunca se me ocurriría.

Annabeth se rio. Por un momento pareció casi feliz, y Piper pensó que sería una amiga genial para pasar el rato en unas condiciones mejores. «Olvídalo—se recordó Piper a sí misma—, no vas a hacer amigos aquí una vez que te hayan descubierto». Pasaron a la siguiente cabaña, la Número Diez, que estaba decorada como si fuera la casa de una Barbie con cortinas de encaje, unas puertas rosas y macetas con claveles en las ventanas. Pasaron por la puerta y olieron el perfume que casi hizo que Piper se amordazase la boca.

— Puaj. ¿Es aquí donde las super modelos vienen a morir?

-PIPER.

-Por el amor del Olimpo, deja de chillar de una vez-gritó Atenea, harta de tanto chillido.

Annabeth sonrió burlonamente.

*—*Es la Cabaña de Afrodita. Diosa del amor. Drew es la consejera jefe.

*—*Pues vaya…

*—*No son todas malas—dijo Annabeth—, la última consejera jefe que tuvimos era genial.

—**¿Qué le ocurrió?

La cara de Annabeth se ensombreció.

-**¿Que ocurrió?-preguntaron Afrodita y Hestia.

-Silena...ella...murió en la batalla de Manhattan.

Por la cara de Will y Annabeth decidieron no preguntar nada más.

*—*Deberíamos continuar.

Miraron las otras cabañas, pero Piper solo acabó más deprimida. Se imaginó como sería si fuera hija de Deméter, diosa de la agricultura, después se acordó que mataba a cada planta que tocaba. Atenea molaba. O quizás Hécate, diosa de la magia. Pero en realidad no le importaba. Incluso ahí, donde se suponía que todo el mundo tenía un padre perdido, sabía que acabaría siendo "la niña no deseada". No esperaba con ganas la fogata de aquella noche.

*—*Empezamos con doce dioses olímpicos—explicó Annabeth—. Dioses masculinos a la izquierda, femeninos a la derecha. Después del año pasado añadimos un montón de cabañas nuevas para otros dioses que no tenían tronos en el Olimpo (Hécate, Hades, Iris…)

—**¿Cuáles son las dos grandes del final?—preguntó Piper.

Annabeth frunció el ceño.

*—*Son Zeus y Hera, rey y reina de los dioses.

Piper se encabezó hacía allí y Annabeth la siguió, aunque no estaba muy emocionada.

-No son, ni por mucho menos, mis dioses favoritos-dijo la hija de Atenea.

-¿Acaso has olvidado con quién estás hablando mestiza?-amenazó Zeus.

-Somos los reyes del Olimpo.

Annabeth parecía querer soltar una carcajada.

-Lo siento, pero si algo me enseñaron es que el respeto se gana. Y créanme, después de todo por lo que nos habéis hecho sufrir no merecéis respeto ninguno.

Zeus la desintegró con la mirada, pero Annabeth ni se inmutó.

Artemisa, previendo una pelea, continuó leyendo.

La Cabaña de Zeus a Piper le recordaba a un banco. Era de mármol blanco con grandes columnas en la entrada y pulidas puertas de bronce adornadas con relámpagos en relieve. La Cabaña de Hera era más pequeña pero hecha con el mismo estilo, excepto en las puertas que estaban adornadas con plumas de pavo real en relieve, con colores brillantes y diferentes. Al contrario que las otras cabinas, que eran todas ruidosas y rebosantes de actividad, la de Zeus y la de Hera parecían estar en completo silencio.

—**¿Están vacías?

Annabeth asintió.

*—*Zeus lleva mucho tiempo de tener hijos. Bueno, sin tener muchos hijos. Como los hijos de Zeus, Poseidón y Hades (los tres dioses hermanos, que son llamados los Tres Grandes) son realmente poderosos y realmente peligrosos, llevan intentando no tener hijos semidioses los últimos setenta años.

—**¿"Intentando no tener"?

— A veces se han… em… escaqueado. Tengo una amiga, Thalía Grace, que es hija de Zeus...

-ZEUS- gritaron Hades, Poseidon y Hestia en la sala.

-Has tenido una hija, y esta es griega, la excusa de solo romanos no te servirá está vez-gritaron sus hermanos.

-No solo eso, me has engañado, dos veces-dijo indignada Hera.

Zeus agarró su rayo.

-Soy el rey, no consiento que me habléis de esa manera.

-¿Después de hacernos matar a nuestros hijos vas tú y tienes uno?-gritó Poseidon.

-SILENCIO-gritó, para sorpresa de todos, Hestia-dejar de discutir y sentaros para poder seguir leyendo.

… pero renunció a su vida en el campamento y se convirtió en una Cazadora de Artemisa.

Artemisa decidió no preguntar ahora por Zoe, ya lo haría luego.

… .Mi novio, Percy, es hijo de Poseidón.

-¿¡COMO!?-gritó Atenea. Poseidon escupió el chocolate caliente que estaba bebiendo-AH NO, TÚ NO VAS A SALIR CON UN ENGENDRO DEL MAR ¿ME HAS OÍDO? NO TE LO CONSIENTO.

-Me da igual-gritó Annabeth levantándose-ya me has prohibido estar con Percy en el futuro, y no fuiste capaz de detenerme. Quiero a Percy, no pienso dejar que por tus rivalidades con Poseidon me prohíbas estar con él. Me ha salvado la vida muchas veces, y yo a él. No es solo mi novio, es parte de mí. Puede haya hecho muchas cosas por ti, mamá, pero renunciar a Percy no es, y nunca será, una de ellas.

Atenea estaba furiosa ¿Como se había atrevido su hija a hablarle así?

-Un momento-dijo ahora Zeus- me estás diciendo que ese semidiós tan poderoso, el que derrotó a Cronos, al que le ofrecimos ser un dios y lo rechazó, el líder del Campamento Mestizo, es hijo de mi hermano?

-Es el mejor líder que hayamos podido desear-lo defendió Annabeth- es el semidiós más poderoso que he visto.

Poseidon se puso pálido ¿Su hijo era el que había hecho todo eso? No estaba pensando en el poder, sino en la seguridad del joven ¿Como podía haberlo permitido? Debía haberlo defendido mejor, ayudarlo, tratar de evitar que corriera tantos riesgos.

-La cosa empeora-advirtió Artemisa.

Hades se removió en su trono. Sabía que era su turno.

Y hay un chico que aparece de vez en cuando, Nico…, hijo de Hades.

-Ahora se de que me sonabas tanto -Zeus se puso en pie y empuñó su rayo-eres ese chiquillo que maté, o al que creí matar.

Nico se levantó, pero Zeus lo apuntó con el rayo.

Para sorpresa de todos, Hades y Jason se pusieron en medio. Nico se sorprendió. Nunca creyó que a su padre le importara tanto. Y Jason. Era el único que sabía su secreto. Había tratado de demostrarle que confiaba en él, pero nunca creyó que fuera verdad.

-Jason ¿Que haces?

-Nico es amigo mío, no voy a dejar que lo mates.

-Ni yo-gruñó Hades entre dientes.

-Mirar que desafío. Tú eres inmortal, y tú eres mí hijo, si te lanzo el rayo no morirás.

Annabeth también se levantó, seguida de Will, que también se interpusieron, al igual que Piper y Leo. Por último, vino Rachel.

Los dioses (menos Hestia y Hera) agarraron sus armas y las apuntaron contra Zeus.

-Déjalos en paz o todos iremos en tu contra-gruño Poseidon.

Zeus se sentó y volvió a dejar su rayo. Todos volvieron a su sitio, pero Nico estaba sorprendido ¿De verdad eso acababa de pasar?

Excepto esos, no hay más hijos semidioses de los Tres Grandes. Al menos, no que sepamos.

—**¿Y Hera?—Piper miró a las puertas decoradas con plumas de pavos reales. La cabaña la molestaba, aunque no estaba segura por qué.

— Diosa del matrimonio—el tono de Annabeth estaba siendo cuidadosamente controlado, como si estuviera evitando soltar una maldición—. No tiene hijos con nadie que no sea Zeus.

-Tal vez tenga que replanteármelo-dijo la Diosa entre dientes.

Así que, no, no hay semidioses. La cabaña es solo honoraria.

*—*No te gusta—se dio cuenta Piper.

*—*Tenemos una larga historia—admitió Annabeth—, pensé que estábamos en paz, pero cuando Percy desapareció… Tuve una extraña visión de ella.

*—*Diciéndonos que fueras a recogernos—dijo Piper—, pero pensaste que Percy estaría ahí.

— Es mejor que no hable de eso—dijo Annabeth—, no tengo nada bueno que decir de Hera ahora mismo.

-Yo tampoco pequeña semidiosa-dijo la Diosa.

Annabeth se encogió de hombros. Le daba exactamente igual que Hera la odiara.

Piper miró la base de las puertas.

—**¿Entonces quien viene aquí?

*—*Nadie. La cabaña es solamente honoraria, tal y como he dicho. No hay nadie dentro.

— Sí que hay alguien.

Piper señaló una huella de pisada que había en la polvorienta entrada. Por instinto, empujó las puertas y estas se deslizaron con facilidad. Annabeth retrocedió un paso.

*—*Em, Piper, no creo que debiésemos…

—**¿Se supone que tenemos que hacer cosas peligrosas, no?

Y Piper entró. La Cabaña de Hera no era un lugar donde Piper hubiese querido vivir.

-Voy a tener que redecorar el lugar.

-Pues que se busque a otra arquitecta para hacerlo.

Era fría hasta ser como un congelador, con un círculo de columnas blancas alrededor de una estatua de la diosa situada en el centro de diez metros de alto, sentada en un trono y con una túnica de oro. Piper siempre había pensado que las estatuas griegas eran blancas incluidos los ojos, pero los de esta brillaban con una pintura que casi los hacía parecer humanos… salvo por ser gigantescos. Parecían que seguían a Piper.

A los pies de la diosa, había un fuego en un brasero de bronce. Piper se preguntó quién lo mantenía si la cabaña siempre estaba vacía. Había un halcón de piedra sobre los hombros de Hera, y en sus manos había un ramo de flores de loto. El pelo de la diosa estaba recogido en trenzas negras. Su cara sonría, pero sus ojos eran fríos y calculadores, como si estuviesen diciendo «Mami sabe lo que se hace, y como sigas por aquí te aplastaré a pisotones».

No había nada más en la cabaña; ni camas, ni muebles, ni baño, ni ventanas. Nada que una persona pudiese usar para vivir. Para ser la diosa del hogar y el matrimonio, a Piper su cabaña le recordaba a una tumba. No, esta no era su madre. Al menos Piper estaba segura de eso. No había entrado por haberse sentido divinamente con aquel sitio, era porque ahí dentro se sentía más fuerte. Su sueño, ese horrible ultimátum que había acordado, tenía algo que ver con esa cabaña. Se paralizó, no estaban solas. Detrás de la estatua había un pequeño altar, a la espalda, en el que se erguía una persona cubierta con un hábito, sólo se le veían las manos, con las palmas abiertas. Parecía que estaba haciendo algún tipo de hechizo u oración. Annabeth suspiró:

-¿Rachel?

-¿Que hacías ahí?-preguntó Apolo.

-Ahora lo sabrá-respondió en un tono misterioso, como solo una Oráculo sabría hacerlo.

*—*Esa soy yo.

*—*Entonces, ¿eres un oráculo?—preguntó Piper—, ¿puedes contar el futuro?

*—*No como el futuro ese de leer los posos del té—dijo Rachel—, yo digo profecías. El espíritu del oráculo se apodera de mí y me usa para contar algo importante que no le interesa a nadie. Pero sí, con profecías cuento el futuro.

*—*Am—Piper empezó a cambiar el peso de una pierna a otra—. Eso mola.

Rachel se rio.

*—*No te preocupes. A todo el mundo le resulta un poco raro. Pero por lo general soy inofensiva.

*-*Si, claro, inofensiva-ironizó Leo.

Rachel le apuntó con el cepillo, haciendo que el latino se hundiera en su puff y le dio igual escuchar las risas de Apolo, Hermes y Ares.

Podría luchar con monstruos y gigantes ¿Pero una tía buena armada con un cepillo de pelo? No estaba tan loco ¿Acaso no habían visto Rapunzel con la sartén?

—**¿Eres una semidiosa?

*—*No—dijo Rachel—, sólo una mortal.

*—*Entonces, ¿por qué estabas…?—Piper señaló con la mano a toda la sala. La sonrisa de Rachel se desvaneció. Miró a Annabeth fijamente y luego de nuevo a Piper.

*—*Tan solo era una corazonada. Tenía que ver con esta cabaña y la desaparición de Percy. Están relacionadas de alguna manera. He aprendido a dejarme llevar por mi instinto, especialmente desde el mes pasado, cuando los dioses se callaron.

—**¿"Se callaron"? —preguntó Piper.

Rachel frunció el ceño y miró a Annabeth.

—**¿Aún no se lo has dicho?

*—*Estaba en ello—dijo Annabeth—. Piper, desde el mes pasado… Bueno, es normal que los dioses no hablen mucho con sus hijos, por lo general podemos contar con que nos manden mensajes de vez en cuando. Algunos de nosotros podemos visitar el Olimpo. Yo me he pasado prácticamente todo el semestre en el Empire State Building.

—**¿Disculpa?

*—*Es la entrada al Monte Olimpo de momento.

*—*Ah—dijo Piper—. Claro, ¿por qué no?

— Annabeth estaba rediseñando el Olimpo después de que fuera dañado en la Guerra del Titán—explicó Rachel—Es una arquitecta increíble, deberías ver el mostrador de ensaladas que…

*-*No es justo-se quejó Leo-¿Ha Rachel le haces un mostrados de ensaladas pero a mí no uno de helados?

-Serás el siguiente en la lista-le prometió.

*—*De todas formas—dijo Annabeth—, empezó hace un mes: el Olimpo quedó en silencio. La entrada se cerró y nadie conseguía entrar. Nadie sabe por qué. Es como si los dioses hubieran cerrado el quiosco. Ni siquiera mi madre responde a mis oraciones, y el director de nuestro campamento, Dioniso, ha sido reclamado. — ¿El director de vuestro campamento es el dios del… vino?

*—*Sí, es una…

*—…*Larga historia—dedujo Piper—. Ya, tú sigue.

*—*En realidad sí que lo es—dijo Annabeth—. Los semidioses siguen siendo reconocidos, pero nada más. No hay mensajes, no hay visitas, no hay signos de que los dioses no estén siquiera escuchando. Es como si hubiera pasado algo… algo realmente malo. Después Percy desapareció.

*—…*Y Jason apareció en nuestra excursión—completó Piper—, sin recuerdos.

—**¿Quién es Jason?—preguntó Piper.

*—*Mi—Piper se detuvo antes de poder decir "novio", pero el esfuerzo hizo que sintiera dolor en el pecho—… amigo. Pero Annabeth, dijiste que Hera te había mandado una visión en un sueño.

— Así es—dijo Annabeth—, fue la primera señal de comunicación de un dios en un mes, y de Hera, la diosa que es menos generosa, y contacto conmigo, su semidiosa menos preferida. Me dijo que sabría qué le pasó a Percy si iba a la pasarela del Gran Cañón y buscaba a la persona con un zapato. En lugar de eso, os encontré a vosotros, y a la persona con un zapato que resultó ser Jason. No tiene sentido.

-¿Donde está mi hijo hermana?-le preguntó Poseidon.

-¿Como quieres que lo sepa? Aún no he hecho nada.

*—*Algo malo está pasando—estuvo de acuerdo Rachel.

Miró a Piper, y esta se sintió un deseo incontenible de hablarles de su sueño, de confesarles que ella misma sabía lo que estaba pasando (al menos una parte de la historia), y la peor parte era que este era solo el principio.

*—*Chicas—dijo—, yo… tengo que…

Antes de poder continuar, el cuerpo de Rachel se quedó rígido, sus ojos empezaron a brillar con luz verde y agarró a Piper de los hombros. Piper intentó soltarse, pero las manos de Rachel eran como pinzas de acero.

*—*Libérame—dijo, pero no era la voz de Rachel. Sonaba como la de una mujer más mayor hablando desde un lugar lejano, profundo y extenso, y como si se estuviera comunicando a través de una tubería que producía eco—. Libérame, Piper McLean, o la tierra nos tragara a todos. Debe ser en el solsticio.

La sala comenzó a girar. Annabeth trató de separar a Piper de Rachel, pero fue inútil. Un humo verde las envolvía, y Piper ya no estaba segura de estar despierta o soñando. La gigantesca estatua de la diosa parecía estar levantándose de su trono. Se inclinó hacía Piper y clavó sus aburridos ojos en ella. Se le abrió la boca, su aliento era como un horrible perfume muy espeso. Habló con la misma voz: —Nuestros enemigos se mueven. El ardiente solo será el primero. Sométete a su voluntad, y su rey se ensalzará dominándonos a todos nosotros. ¡Libérame!

Hera frunció el ceño. No había que ser Atenea para saber que esa voz había sido ella.

-¿DE QUÉ ESTABA HABLANDO? ¿DONDE ESTOY? ¿QUIÉN ME MANTIENE CAUTIVA?-exigió saber a los semidioses.

-Tendrá que esperar para verlo-respondió Annabeth.

A Hera le habría encantando matar a esa semidiosa en ese instante.

Las rodillas de Piper se tambalearon y después todo se volvió negro.

La sala se quedó hundida en un silencio sepulcral. Rachel y Piper habían bajado la mirada.

-¿Que acaba de pasar?-preguntó Ares, algo confuso.

-No estoy seguro-respondió Apolo. A ninguna Oráculo le había pasado eso-pero por la reacción anterior creo que alguien ha secuestrado a Hera.

La diosa lo fulminó con la mirada, haciéndole confirmar sus sospechas.

-Será mejor que alguien lea-propuso Poseidon.

-Yo leo-se ofreció Hermes.

Hefesto se tomó unos cuantos de los tranquilizantes de Afrodita y Hermes cogió el libro.

-V Leo.

.......................................

Que levanten las manos los que me quieran tirar al Tártaro por no haber traído a Percy.

Algunos acertaron con Nico (ya lo traje en este capítulo por que se sabe de quién es hijo), y Rachel ya estaba planeado que viniera también es ente, ya que es el primero en el que aparece. Y Will...estaba entre traerlo a él o a Clarisse, y como soy fan de solangelo ganó el.

Aún faltan otras dos visitas (que tardarán un poco más en llegar, el siguiente vendrá en tres capítulos), pero luego se acabaron los personajes en este libro.

Espero que les gustara.