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Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 10
Los dioses dirigieron la vista hacia Luke. Por un momento, el hijo de Hermes temió que lo mataran, pero eso fue antes de verlos recuperar su nueva forma. Su padre se sentó en su trono y se masajeó las sienes, como si tuviera migraña, aunque supuso que así era ya que Apolo se tomó un par de aspirinas y el resto de los presentes le pedían una. Casi al instante aparecieron los demás. Ares llevaba las gafas de sol puestas, como si tuviera resaca. -Lo sentimos-se disculpó Hestia desde su fuego-no nos lo esperábamos. Está claro que leer sobre nuestra versión romana nos afecta. Trataremos de controlarlo-prometió, y al instante sonrió de una manera cálida. -Si no le importa Lady Hestia leeré yo el capítulo. Los otros dioses parecían un poco molestos al notar el tono de respeto en su voz, pero a Luke le caía muy bien Hestia. Cuando llegó al campamento y estaba deprimido por perder a Thalia la había visto en el fuego. De alguna manera había resultado reconfortante. -IX Piper. -Otra vez no...-se quejó la semidiosa.
Piper soñaba acerca de su último día con su padre.
-¡Si!-gritó Afrodita. Al fin sabría quien era el padre de su hija. Piper se sintió un poco cohibida. Al leer los pensamientos y todo lo demás sabrían cada detalle de su vida.
Estaban en la playa cerca de Gran Sur, tomando un descanso del surf.
-¿Tú y tu padre hacéis surf?-preguntaron Afrodita y Poseidon a la vez. Piper asintió con la cabeza.
La mañana había sido tan perfecta que Piper sabía que algo tenía que fallar pronto.
-La suerte del semidios-dijeron a la vez todos los mestizos. Sus padres bajaron la cabeza. Hera trató de parecer tranquila, pero no pudo evitar estar algo nerviosa. Por su culpa los monstruos captaban el olor a semidios, y empezaba a sentirse culpable, pero no tanto como para que eso la concienciara o quisiera decir la verdad.
Una multitud rabiosa de paparazzi, o tal vez el ataque de un gran tiburón blanco. No había forma de que su suerte pudiera durar. Pero hasta ahora, habían tenido excelentes olas, un cielo nublado y un milla frente al mar completamente para ellos.
Poseidon suspiró. Iba a tener que llevar un día a su hijo de pesca.
Papá había encontrado la forma de alquilar un chalet frente al mar y las propiedades de cada lado, y de alguna manera logró mantenerlo en secreto.
-Debe de ser muy rico y famoso-murmuró Afrodita. Rachel se rascó la barbilla. El apellido McLean con la mitología le sonaban, y cada vez las cosas se juntaban más.
Si se quedaba allí mucho tiempo, Piper sabía que los fotógrafos lo encontrarían. Ellos siempre lo hacían. -Buen trabajo por ahí, Pipes-él le dedicó la sonrisa por lo que se había hecho famoso: dientes perfectos, la barbilla con hoyuelo, un brillo en sus ojos oscuros que siempre hacían que las mujeres gritaran y le pidieran que firmaran en su cuerpo con un marcador permanente (en serio, pensó Piper, consíganse una vida). Su pelo corto negro brillaba con el agua salada
-Tengo un gusto increíble en el futuro-soltó Afrodita-y lo siento por lo de las fans, la mayor parte son mis hijas o las de Apolo. -Ya se de que me suena tanto-dijo Rachel antes de ponerse roja como un tomate. Ella había ido una vez con las fans (fue solo UNA vez, y porque la arrastraron sus amigas ¿okay?).
-Estás mejorando para conseguir un diez. Piper se sintó orgullosa, aunque sospechaba que su padre estaba siendo amable. Ella pasó la mayor parte de su tiempo borrando. Tomó el talento especial para ejecutar más de ella misma con una tabla de surf. Su padre fue un surfista natural, no tenía sentido desde que se había levantado siendo un niño pobre en Oklahoma, cientos de kilómetros del océano, pero tenía increíbles rizos.
-¿Quienes son tus abuelos? Porque por como se describe parece uno de mis descendientes-dijo Poseidon. -¿Cómo va a ser uno se tus descendientes?-preguntó Atenea, horrorizada con la idea de que esa chica, por mínima que fuera, estuviera emparentad con Poseidon. -Brillo en sus ojos oscuros, rizos, talento para el surf. Admítelo, es una posibilidad de que quedara un linaje de la Segunda Guerra Mundial con vida. Si eso que decía era cierto, Piper tendría que reclamar porque Frank se podía convertir en dragón y ella no. Se prometió que investigaría su pasado familiar más afondo.
Piper no había hecho surf desde hace mucho tiempo a menos que la dejara pasar tiempo con él. No había muchas formas de poder hacerlo. -¿Sandwich?-papá buscó en la cesta de picnic que había hecho su jefe de cocina, Arno-Vamos a ver. Pesto de pavo, torta de cangrejo, wasabi...ah, un especial de Piper. Mantequilla de maní y mermelada.
Afrodita se extraño. El PB&J era muy bulgar, no entendía por qué su hija lo pedía. Aunque claro, era Piper.
Tomó su sándwich, aunque tenía el estómago demasiado revuelto para comer. Ella siempre pedía un PB&J. Piper era vegetariana. Lo había sido desde que había pasado por delante de dicho matadero Chino y el olor hizo que su interior quisiera venir al exterior.
Algunos se llevaron la mano al estómago. -Reina de la bellaza, creo que has conseguido volver vegetarianos a unos cuantos con esa historia-por la manera en la que Leo se aguantaba la barriga parecía uno de ellos.
Pero era más que eso. PB&J era una comida sencilla, como un niño normal tendría para el almuerzo. A veces fingía que su padre lo había hecho para ella, no un cocinero personal de Francia al que le gustaba envolver el bocadillo en papel de pan de oro con una bengala de luz hacia arriba en lugar de un palillo de dientes.
-Eso mola-dijeron Apolo y Hermes. -A mi me parece excesivo-respondió Piper. -Creo que es la primera vez que escucho a una de tus hijas decir eso-le dijo Demeter a Afrodita.
¿No podía ser cualquier cosa sencilla? Es por eso que le dio la espalda a la ropa cara de papá siempre que se la ofrecía, los zapatos de diseño, los viajes al salón... Cortó su propio pelo con tijeras de plálstico de Garfield, deliberadamente estaba desigual.
Afrodita parecía estar a punto de sufrir un desmallo, y su hija lo notó. -Por lo menos tengo un motivo para ello-se defendió. -¿Pero no podías darle la espalda a otra cosa que no fuera la ropa? -Mamá, acepta que no soy como el resto de mis hermanas. Luke supuso que esa pelea iba para rato. Por la cara de súplica de Demeter, Apolo y Hermes aceleró la lectura.
Prefería usar zapatos destartalados, pantalones vaqueros, una camiseta y su vieja chaqueta de snowboard. Y odiaba las escuelas privadas snob que su padre pensaba que eran buenas para ella. Hacía tiempo que la sacaron a patadas, siguiendo la búsqueda de más escuelas. Ayer, ella había sacado su mayor atraco, conduciendo un BMW de la concesionaria.
-Muy buen gusto-aprobó Hermes Luke tambien asintió, hasta que se dio cuenta de lo que hacía y bajó la mirada al libro.
Tuvo que tomar de un truco más grande cada vez, porque tomaba más y más para llamar la atención de papá. Ahora lo lamentaba. Él aún no lo sabía todavía. Ella había querido decirselo por la mañana. Entonces él la había sorprendido con este viaje, y ella no podía arruinarlo. Fue la primera vez que habían tenido el día juntos ¿en que, tres meses?
Jason abrazó a su novia he hizo que sentara con él en el puff. -Mentir, robar...Hermes, deja de corromper a mi hija-amenazó Afrodita. -No estoy haciendo nada-se quejó.
-¿Qué pasa?-él le pasó un refresco. -Papá, hay algo... -Espera Pipes. Esa es una cara seria ¿Lista para las tres preguntas? Habían estado jugando a eso por años, su padre debía estar conectado el menor tiempo posible. Se podían preguntar el uno al otro cualquier cosa en tres preguntas. Nada fuera de los límites, y tienen que responder con honestidad. El resto del tiempo, su padre se comprometió a mantenerse al margen de su negocio, lo que era fácil, ya que nunca estaba al rededor. Piper sabía que la mayoría de los niños encontrarían un P&R como este con sus padres totalmente humillante. Pero no ella. Era como el surf, no era fácil, pero era una manera de sentir que en realidad tenía un padre. -Sobre la primera cuestión-dijo-Mamá.
-Tema interesante-sonrió la diosa, contenta de que lo primero que preguntara su hija fuera sobre ella.
No era de extrañar. Ese fue siempre uno de sus temas. Su padre se encogió de ombros con resignación.
La sonrisa se borró y fue subatituída por el ceño fruncido. La mirada de Piper se ensombreció. No quería recordar ese día, ni ese sueño, ni nada que tuviera que ver con su padre en ese momento, pero no le quedaba otra.
-¿Qué quieres saber Piper? Ya te he dicho que desapareció. No sé por qué, ni a donde iba. Después de que nacieras, ella simplemente se marchó. Nunca he oído hablar de ella de nuevo. -¿Crees que todavía está viva?
-Pues claro que estoy viva-se quejó Afrodita al libro. Atenea suspiró. -Es un libro-le recordó-no te puede responder.
No era una pregunta real. Su padre le permitió decir que no lo sabía, pero ella quería saber y el sabía la respuesta. Se quedó mirando las olas. -Tu abuelo Tom-dijo al fin-solía decirme que si caminaba lo suficientemente lejos hacia la puesta de sol, llegaría al país de los Espíritus, en el que podía hablar con los muertos. Él dijo hace mucho tiempo, que podía traer a los muertos, pero entonces la humanidad se vería en mal estado.
Nico bajó la cabeza. Él había tratado de traer a Bianca, y lo había creído imposible, hasta lo de las Puertas de la Muerte. Y cuando fue a por ella, descubrió que no estaba.
...Bueno, es una larga historia.
-Me gusta esa historia-dijo Hades. -A tí cualquier cosa relacionada con los muertos te gusta-suspiró Zeus. -Ajá, sobre todo ese videoclip de Michael Jackson en el que baila con los zombies. -Me encanta ese video-exclamaron Apolo y Will. Esta vez, con los dos sonriendo, se dieron cuenta de cuanto se parecían. -¿Que video?-preguntó Nico-¿de qué estais hablando? Esta vez vio venir el cepillo que le lanzó Will.
-Al igual que la Tierra de los Muertos para los griegos-recordó Piper-fue en el oeste, también. Y Orfeo trató de traer a su mujer.
-Una historia de amor preciosa-se emocionó Afrodita-deberías haberla dejado salir. Hades suspiró. Él ya le había dado las condiciones ¡No era su culpa que Orfeo no las cumpliera!
Su padre asintió con la cabeza. Un año antes, había tenido su papel más importante como rey griego antiguo.
-¿Una película?-preguntó Afrodita-¿Es un actor? ¿Tú padre es un actor de cine? -Eso tendría sentido-corroboró Apolo-por eso mi hijo lo conoce. -Me he visto casi todas sus películas-asintió Will.
Piper le había ayudado a la investigación de los mitos, todas esas historias viejas de personas que se convirtieron en piedra y que hervían en los lagos de lava.
-No siempre pasaba eso-se defendieron. -No, a veces solo ocurrían cosas mucho peores-objetaron los semidioses.
Habían tenido un rato divertido para leer juntos, he hizo que la vida de Piper no pareciera tan mala. Por un tiempo ella se había sentido más cercana a su padre, pero como todo, no duró mucho. -Muchas similitudes entre griegos y Cherokee-acordó papá-Me pregunto que pensaría tu abuelo si nos viera ahora, sentados al final de la tierra Occidental. Probablemente pensarían que somos fantasmas.
-Me encantan esas historias Cherokees, son tan optimistas-ironizó Jason, recibiendo un puñetazo en el hombro de su novia.
-¿Así que estás diciendo que crees en esas historias? ¿Que mamá está muerta? Sus ojos se humedecieron, y Piper vio la tristeza detrás de ellos.
Ahora sí que me siento culpable, pensó Afrodita. Nunca se había parado a pensar como sería que le entregaran un hijo semidios y tener que criarlo solo. En como le rompía el corazón a esa persona al hacerlo.
Ella pensó que por eso las mujeres estaban tan atraídas por él. En la superficie, parecía seguro y resistente, pero sus ojos tenían tanta tristeza. Las mujeres querían saber por qué.
-Te puedo asegurar que sí-soltó Rachel sin pensar-quiero decir...yo NO soy una fan loca, lo son mis amigas, mis amigas del instintuto.
Ellas querían consolarlo, y nunca pudieron. Su padre dijo a Piper que era una cosa Cherokee, que todos tenían oscuridad en su interior por generaciones de dolor y sufrimiento.
-Le doy la razón a Jason, esas historias son más deprimentes que Percy cantando-dijo Leo. -Lamento discrepar-dijo Annabeth-nada es más deprimente que Percy cantando. -Ay nuestro sesos de algas-suspiró Leo-sin darnos cuenta hemos montado una secta en su honor.
Pero Piper pensaba que era más que eso. -No creo en las historias-dijo-Son divertidas para contarlas, pero si realmente crees en el país de los Espíritus, o espíritus de las animales, o los dioses griegos...
-¡Eh! Que nosotros somos reales-se quejó Apolo.
...No creo que pueda dormir por la noche. Siempre busco a alguien a quien culpar.
-Los tienes a ellos-respondieron los mestizos, señalando a los Olimpicos.
Alguien a quién culpar por la muerte del abuelo Tom por el cáncer de pulmón,
-Tánatos-murmuraron alguno.
...pensó Piper, antes de que papá se hiciera famoso y tuviera el dinero para ayudarlo. Por mamá, la única mujer que había amado, lo abandonó sin siquiera una nota de adiós, dejándolo con una niña recién nacida que él no estaba dispuesto a cuidar.
Afrodita se hundió en su trono. Tenía la sensación de que despues de eso iba a tener que arreglar un par de cosas. Piper no quería que su madre se sintiera culpable, pero era algo con lo que tendría que cargar.
Por su reciente éxito, y aún no estaba feliz. -No sé si está viva-dijo-Pero yo creo que ella también podría estar en el país de los espíritus, Piper. No hay manera que le dé la espalda. Si yo creyera lo contrario...No creo que pueda soportarlo, tampoco. Detrás de ellos, una puerta de coche se abrió. Piper se volvió, y se le hundió el corazón.
Piper, Leo y Jason fruncieron el ceño, recordando a Jane, pero la primera soltó un gruñido.
Jane marchaba hacia ellos en su traje se negocios, tambaleándose por la arena en sus tacones altos, su PDA en la mano. La expresión de su rostro molesta en parte, en parte triunfual, y Piper sabía que había estado en contacto con la policía.
Piper volvió a gruñir, solo que esta vez más fuerte. -Eh reina de la belleza, ya nos llega con Frank como perro guardián. -Deja de meterte tanto con Frank-propuso Jason. -Entonces tengo que volver a meterme con Percy.
Por favor, déjenla caer, Piper oró. Si hay algún espíritu animal o dios griego que pueda ayudar, a hacer que Jane tenga un golpe en la cabeza. Yo no estoy pidiendo daños permanentes, sólo un golpe y estará fuera por el resto del día ¿por favor?
-Yo voy encantado-gritaron Ares y Afrodita.
Pero Jane siguió avanzando.
-Al parecer no estabamos disponibles. -Como siempre-bufaron todos.
-Papá-dijo Piper rápidamente-algo pasó ayer... Pero el había visto a Jane, también. Ya era la reconstrucción de su rostro de negocios. Jane no estaría aquí si no fuera grave. Un director de su estudio llamando, un proyecto fracasó, o Piper había vuelto a hacer algo. -Nos pondremos en contacto para eso, Pipes,-prometió— Será mejor ver lo que quiere Jane. Ya sabes cómo es. -Sí-Piper lo sabía. Papá caminó por la arena a su encuentro. Piper no los oía hablar, pero ella no tenía por qué. Ella era buena en la lectura de caras.
-Pues claro que sí, al ser una de mis hijas-sonrió Afrodita. Pero Piper estaba mirando al suelo, con la mirada perdida. Jason le agarró la mano en señal de fuerzas. -Tranquila, todo eso ya ha pasado.
Jane le dio los datos sobre el vehículo robado, a veces apuntando a Piper como si fuera un animal repugnante que pasó zumbando sobre la alfombra.
-Que esa tipa no se atreva a decir nada malo en contra de mi Pipes-amenazó Afrodita.
La energía y el entusiasmo de papá fueron drenados. Hizo un gesto para que Jane esperara. Luego regresó con Piper. Ella no podía soportar esa mirada en sus ojos. Como si hubiera traicionado su confianza. -Me dijiste que lo intentarías, Piper,-dijo. -Papá, odio esa escuela.
-Todos la odiamos-soltaron la mayoría.
...No puedo hacerlo. Yo quería decirte sobre el BMW, pero... -Te han expulsado-, dijo.-¿Un automóvil, Piper? Cumplirás dieciséis años el año que viene. Te compraría el coche que desees. ¿Cómo podría...? -¿Te refieres a que Jane me compraría un coche?- Exigió Piper. Ella no pudo evitarlo. La ira justo brotó y se derramó sobre ella.-Papá, sólo escucha una vez. No me hagas esperar a que pregunte con tus estúpidas tres preguntas. Quiero ir a la escuela regular. Quiero que tú me lleves a la noche de padres, no Jane. ¡O hacer la escuela en casa conmigo! Aprendí mucho cuando leímos sobre Grecia juntos. ¡Podríamos hacer eso todo el tiempo! Podríamos... -No me hagas esto-, dijo su padre-Hago lo mejor que puedo, Piper. Ya hemos tenido esta conversación. No, pensó. Has cortado la conversación. Durante años.
Annabeth agarró la otra mano de Piper. Ella había escapado a los siete años por culpa de su padre (a parte de las arañas y la madrastra), si alguien conocía ese sentimiento de decepción era ella.
Su padre suspiró. -Jane habló con la policía, negoció un acuerdo. El concesionario no presentará cargos, pero hay que ponerse de acuerdo para ir a un internado en Nevada. Ellos se especializan en problemas... en los niños con problemas difíciles. -Eso es lo que soy-Su voz tembló-Un problema.
-Tú no eres un problema-gritó Jason, horrorizado-no quiero que vuelvas a pensar así. Nunca ¿Entendido?
-Piper... Dijiste que ibas a tratar. Me has defraudado. No sé qué más hacer. -Haz cualquier cosa-dijo-¡Pero hazlo tú mismo! No dejes que Jane se encargue de ti. Tu no me puedes enviar lejos. Papá miró a la cesta de picnic. Su sándwich sat sin comer en un pedazo de papel de hoja de oro. Se había planeado durante toda una tarde en el surf. Ahora estaba en ruinas.
Piper hundió la cabeza en el hombro de Jason para no ver las miradas que le lanzaban algunos. Ella no quería dar pena. Jason había sufrido, Leo había sufrido, Hazel, Annabeth, Nico...muchos habían pasado por cosas peores con menos edad. No se sentía bien dando pena con ellos delante.
Piper no podía creer que realmente había cedido a los deseos de Jane. No esta vez. No en algo tan grande como un internado. -Ve a verla-dijo papá-Ella tiene los detalles. -Papá...-Él miró hacia otro lado, mirando el mar como si pudiera ver todo el camino al país de los Espíritu. Piper prometió que no iba a llorar. Se dirigió desde la playa hacia Jane, que sonrió con frialdad y levantó un billete de avión. Como de costumbre, se había dispuesto ya todo. Piper fue más que otro problema del día que Jane ahora podría marcar en su lista.
-Esa chica irá a los Campos de Castigo-sentenció Afrodita. -¿Otra más?-preguntó Hades-por tu culpa el atasco va a estar ahí en vez de en los Asfódelos.
El sueño de Piper había cambiado. Se puso de pie en una montaña en la noche, las luces brillantes de la ciudad abajo. Frente a ella, una hoguera ardía en llamas purpuras parecía echar más sombras que la luz, pero el calor era tan intenso, su ropa al vapor.
-Esta es su segunda advertencia-retumbó una voz, tan poderoso que sacudió la tierra. Piper había escuchado esa voz antes en sus sueños. Ella había tratado de convencerse a sí misma de que no era tan temible como prometió, pero fue peor. Detrás de la hoguera, una enorme cara apareció en la oscuridad. Parecía flotar por encima de las llamas, pero Piper sabía que debía de estar conectado a un enorme cuerpo. Las características al crudo podrían haber sido esculpidas en roca. La cara no parecía viva a excepción de los ojos blancos penetrantes, como diamantes en crudo, y su marco horrible de rastas, trenzas con huesos humanos.
Atenea trató de no palidecer, pero era casi imposible. Un gigante, cada vez estaba más claro que Gea regresaría.
Sonrió, y se estremeció Piper. -Harás lo que se te dice-dijo el gigante-Irás en la búsqueda. Harás nuestra oferta, y podrías caminar lejos con vida. De lo contrario... Hizo un gesto a un lado del fuego. El padre de Piper estaba colgado inconsciente, atado a una estaca. Trató de gritar. Quería llamar a su padre, y la demanda del gigante de dejarlo ir, pero su voz no iba a funcionar.
En la sala, Piper lloraba sobre el hombro de Jason. Su padre secuestrado, luego el ataque de los romanos, la caída de Percy y Annabeth al Tártaro ¿Cuándo iban a parar las desgracias?
-Voy a estar mirando-dijo el gigante-Sírveme, y ambos vivirán. Tienes la palabra de Encelado. Fállame... y bueno, he dormido durante miles de años, jóven semidiós. Tengo mucha hambre. Falla, y voy a comer bien. El gigante soltó una carcajada. La tierra tembló. Una grieta abierta a los pies de Piper, y ella cayó en la oscuridad. Se despertó sintiendo que había sido pisoteada por pasos de baile de una compañía irlandesa. Le dolía el pecho, y ella apenas podía respirar. Ella se agachó y cerró su mano alrededor de la empuñadura de la daga que Annabeth le había dado-Katoptris, el arma de Helena de Troya. Así que Campamento Mestizo no había sido un sueño. -¿Cómo te sientes?-, Preguntó alguien. Piper trató de concentrarse. Ella estaba acostada en una cama con una cortina blanca de un lado, como en la oficina de una enfermera. Esa chica pelirroja, Rachel Dare, se sentó a su lado. En la pared había un cartel de un sátiro de dibujos animados que parecía inquietante como el entrenador Hedge con un termómetro saliendo de su boca. La leyenda decía: ¡No deje que la enfermedad la reciba su cabra!
-¿Las cabras sufren enfermedades?-preguntó Leo. -Pues claro que sí-respondió Annabeth-deberías haber visto a Grover con sarampión. Luke sonrió ante la mención del sátiro.
-Cuando-la voz de Piper murió cuando ella vio el chico en la puerta. Parecía un típico tipo surfista de California aficionado y moreno, cabello rubio, vestido con pantalones cortos y una camiseta. Pero tenía cientos de ojos azules en todo el cuerpo a lo largo de sus brazos, por sus piernas, y por toda la cara. Hasta sus pies tenían los ojos, mirando hacia ella de entre las correas de sus sandalias.
Hera sonrió al escuchar hablar de Argus. Le tenía mucho cariño.
-Ese es Argus- dijo Raquel, nuestro jefe de seguridad. No hace más que mantener un ojo en las cosas... por así decirlo. Argus asintió con la cabeza. El ojo en la barbilla le guiñó un ojo.
-Le hace eso a todo el mundo-explicó Annabeth-y se ha olvidado de decir que Argus es nuestro chófer.
-¿Dónde...?-Piper intentó de nuevo, pero se sentía como si estuviera hablando con la boca llena de algodón. -Estás en la Casa Grande-, dijo Rachel-Oficinas del Campamento. Te trajimos aquí cuando te desmayaste. -tu me agarraste-, recordó Piper.-La voz de Hera... -Lo siento mucho sobre eso-, dijo Rachel-Créeme, no fue mi idea que me poseyera. Quirón te intento curar con un poco de nectar. -¿Néctar?
-La mejor bebida del mundo-coincidieron todos.
-La bebida de los dioses. En pequeñas cantidades, se curan los semidioses, demasiado te reduce a cenizas.
-Menos a mí-fardó Leo-el fuego no es ningún problema. Estoy que arde, literalmente-puso su mano en llamas, para demostrarlo. Artemisa rodó los ojos. Todos los chicos eran unos idiotas.
-Oh. Divertido.-Rachel se inclinó hacia delante. -¿Te acuerdas de tu visión? Piper tuvo un momento de temor, pensando que quería decir el sueño sobre el gigante. Entonces se dio cuenta de Rachel estaba hablando de lo que sucedió en la cabaña de Hera. -Algo está mal con la diosa-, dijo Piper-Ella me dijo que la liberara, como si estuviera atrapada. Mencionó la tierra nos tragara nosotros, y un fuego, y algo sobre el solsticio.
Piper vio a Atenea y Hera intercambiar miradas, supuso que la conversación sería más o menos esto. Atenea: Gea a vuelto ¿Te has dado cuenta verdad? Hera: pues claro que me he dado cuenta. No soy mi marido. Atenea: ¿Y qué hacemos? Artemisa: disimular, no podemos entrar en pánico. Demeter: tiene razón, aún no se sabe con certeza, podemos estar equivocadas. Atenea: sh, callaos, la hija de Afrodita nos está mirando. Creo que se ha dado cuenta. Afrodita: porque mi hija es la mejor.
En la esquina, Argus hizo un ruido sordo en el pecho. Sus ojos revolotearon todos a la vez. -Hera creó Argus-, explicó Rachel-En realidad es muy sensible cuando se trata de su seguridad. Estamos tratando de no llorar, porque en el pasado el tiempo que pasó... bueno, causó una inundación.
-Pero teníamos a Percy-dijo Annabeth algo triste, recordando la ausencia del pelinegro.
Argus sorbió los mocos. Cogió un puñado de Kleenex de la mesita de noche y empezó a secarse los ojos por todo el cuerpo.
-Porque Argus es leal, no como otros que yo me sé-bufó Hera. Zeus fingió como que la cosa no iba con el.
-Así que...- Piper trataba de no mirar como Argus se limpió las lágrimas de los codos-.¿Qué ha pasado con Hera? -No estamos seguros-dijo Rachel.-Annabeth y Jason estaban aquí por tí, por cierto. Jason no quería salir, pero Annabeth tuvo una idea, algo que podría restaurar su memoria. -Eso es... eso es genial.
-¿Por qué tengo la impresión de que no lo dice por lo de la memoria?-le murmuró Hermes a Apolo. Este se encogió de hombros.
¿Jason había estado aquí por ella? Ella deseaba que ella hubiera sido consciente de ello.
-Pues claro que iba estar ahí-le susurró Jason a Piper en la oreja, consiguiendo que la morena se estremeciera.
Pero si él tiene sus recuerdos de vuelta, ¿sería una buena cosa? Ella todavía mantenía la esperanza de que realmente se conocieran entre sí. Ella no quería que su relación fuera sólo un truco de la niebla.
-Eso si que lo era, pero esto no. Te prometo que recuperaré ese beso en el tejado-le prometió el hijo de Júpiter.
Obtener más de ti mismo, pensó. Si ella iba a salvar a su padre, no importa si Jason le gustaba o no. Él iba a odiarla con el tiempo. Aquí todo el mundo lo haría.
**-**No te ofendas, pero adivinar el futuro se te da de pena-dijo Rachel.
Ella miró la daga ceremonial atada a su lado. Annabeth había dicho que era un signo de poder y estatus, pero que no suelen utilizarse en la batalla. Todos muestran y nada de sustancia. Un falso, al igual que Piper. Y su nombre era Katoptris, espejo. Ella no se atrevió a desenfundar de nuevo, porque ella no podía soportar ver su propio reflejo. -No te preocupes-Rachel le apretó el brazo-Jason parece un buen tipo. Él tenía una visión muy, muy parecida a la tuya. Lo que está pasando con Hera...Yo creo que ustedes dos están destinados a trabajar juntos.
-Y por cosas como esa es una Oráculo perfecta-sonrió Apolo.
Rachel sonrió como que fuera una buena noticia, pero el espíritu de Piper cayó aún más.
-Y por cosas como esa es una Oráculo perfecta-repitió Leo-deprime incluso cuando no está de servicio.
Ella había pensado que esta búsqued (o lo que fuera) implicaría a gente sin nombre. Ahora Rachel estaba, básicamente, diciéndole: ¡Buenas noticias! ¡No sólo es su padre al que deba rescatar de un gigante caníbal, también llegara a traicionar al chico que te gusta! ¿Eso es impresionante?
-Visto así es deprimente-dijo Will. -Visto de cualquier manera es deprimente-corrigió Atenea.
-Hey- dijo Rachel.-No hay necesidad de llorar. Debes entenderlo.-Piper se secó los ojos, tratando de obtener el control de sí misma. Esto no le gustaba a ella. Ella era dura, una ladrona de coches endurecida, el flagelo de las escuelas privadas. Y Allí estaba ella, llorando como un bebé.
-Eres una chica, deja ser duros a los hombres-dijo Ares. Practicamente todas las mujeres de la sala lo miraron. Afrodita cerró los puños, Artemisa cargó una flecha, etc. Se fueron acercando poco a poco al dios de la guerra, que trataba de dejar el semblante serio. -A por el-dijo Atenea. Todas las Diosas cargaron contra el, que por una vez fue prudente y salio corriendo. Y obviamente, Hefesto lo grababa todo para colgarlo luego en Olimpic. -Tardaran un rato. Prosigamos-ordenó Zeus.
-¿Cómo puedes saber lo que estoy enfrentando? Rachel se encogió de hombros. -Sé que es una elección difícil, y sus opciones no son muchas. Como he dicho, tengo corazonadas a veces.
-Si ahora las corazonadas se llamaran humo verde-dijo Leo. Rachel acarició el cepillo de manera diabólica, como advertencia.
-Pero tú vas a ser reclamada en la hoguera. Estoy casi segura.
-¡Tejón en llamas!-gritaron los inmaduros. -Nada de tejones-negó Piper.
...Cuando usted sepa quién es su padre divino, las cosas podrían ser más claras.- Más claro, Piper pensó. No es necesariamente mejor.
-Sobre todo si eso significa vestido escotado-murmuró la hija de Afrodita. -Continúa-apremiaron Apolo y Hermes.
Se sentó en la cama. La frente le dolía como si alguien le hubiera golpeado con un pico entre los ojos. No hay manera de volver con tu madre, su padre le había dicho. Pero al parecer, esta noche, su madre podría reclamarla. Por primera vez, Piper no estaba segura de querer eso. -Espero que sea Atenea.
-Menos mal que no está aquí para escucharlo Afrodita-dijo Zeus-le entraría una carrapeta. Ya han estado a punto de cambiarla por Hermes, Artemisa y ahora Atenea.
Levantó la vista, con miedo ya que Rachel podría burlarse de ella, pero el oráculo sólo sonrió. -Piper, yo no te culpo. ¿A decir verdad? Creo que Annabeth tiene la esperanza de que también. Ustedes se parecen mucho.
-La verdad, me habría encantado que fueras una de mis hermanas-asintió la rubia.
La comparación realizada con Piper la hizo sentirse aún más culpable. -¿Otra corazonada? Tú no sabes nada de mí. -Te sorprendería. -Justo lo dices porque tú eres un oráculo, ¿no? Se supone que todos los sonidos son misteriosos-Rachel se echó a reír. -No regalo mis secretos, Piper. Y no te preocupes. Las cosas saldrán bien... sólo tal vez no la forma de tú plan. -Eso no me hace sentir mejor. En algún lugar de la distancia, un cuerno de caracola estalló. Argus se quejó y abrió la puerta. -¿La cena?-Adivinó Piper. -Te dormiste con eso-dijo Rachel-La hora de la fogata. Vamos a descubrir quién eres.
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Como pueden observar, he aprovechado las vacaciones de Carnaval para descansar yo también ¡No tengo clase hasta el jueves! ¡Yuju! La razón por la que tardé en subir el capítulo (tenía planeado subirlo el viernes) es porque he aprovechado los días para escribir y tener trabajo adelantado para cuando haya época de exámenes. Para compensar, trataré de subir e siguiente mañana.
Espero que les gustara.