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Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 12
Leo no quería quedarse después de que Piper se volviera hermosa. Claro, era increíble y todo-- ¡Estaba maquillada! ¡Era un milagro!
-Y que lo digas-respondieron los semidioses.
—pero Leo, tenía sus problemas para hacerles frente. Se agachó sobre el anfiteatro y corrió en la oscuridad, preguntándose en lo que se había metido. Se había puesto de pie delante de un grupo de más fuertes, más valientes semidioses y se ofreció como voluntario para una misión que probable lo mataría.
-Que pesimista te has vuelto-dijo Apolo. Quería que volviera el chico bromista y divertido, pero supuso que en ese capítulo de risa habría poco.
No había mencionado a su Tía Callida, su vieja niñera, pero tan pronto como había oído hablar de la visión de Jason, la señora del vestido negro y chal Leo sabía que era la misma mujer. Tía Callida era Hera.
-Tú...¿¡TRATASTE DE MATAR A MI HIJO!?-le gritó Hefesto a Hera. La diosa bufó y se encogió de hombros. la visión de Jason había asumido que seguramente ella sería esa Tía Callida, pero no esperaba que Hefesto se pusiera así. -Tan es un mestizo, y aún no sabes lo que he hecho, podría haber malinterpretado las cosas-se defendió, pero no le dio mucha importancia. Despues de todo, era la reina de los dioses ¿Qué podía hacer Hefesto en su contra?
Su malvada niñera era la reina de los dioses. Cosas como esas podrían freír tu cerebro. Él caminó hacia el bosque y trató de no pensar en su infancia, todas las cosas que habían estado mal hasta que lo habían llevado a la muerte de su madre. Pero no pudo ayudar.
-Al fin vamos a saber qué le pasó a tú madre-suspiró Hermes. Leo aumentó la rapidez de sus manos. No quería que leyeran lo que había ocurrido.
La primera vez que Tía Callida tratara de matarlo, él debe haber tenido cerca de dos.
Hefesto fulminó a Hera con la mirada antes de dirigirla preocupada a su hijo. Sabía de antemano que ese capítulo le provocaría un ataque al corazón.
Tía Callida cuidaba de él mientras su madre estaba en el taller de máquinas. Ella en realidad no era su tía, por supuesto, sólo una de las ancianas de la comunidad, una tía genérica que ayudó a cuidar a los niños.
-No suena a mí, claro que vas a ser importante-frunció Hera el ceño.
Ella olía a miel y jamón al horno, y siempre llevaba un vestido de viuda con un chal negro. -Vamos a establecer algo para dormir una siesta- dijo.-Vamos a ver si tú eres mi pequeño héroe valiente, ¿eh? Leo tenía sueño. Ella lo ubicaba en sus mantas en un montículo de cálidos rojos y amarillos (¿almohadas?)
-No creo, por la descripción parecen ladrillos-dijo Hermes. Jason y Piper miraron preocupados a Leo. Ellos ya sabían lo de su madre, pero muchos más se iban a enterar y dudaban de que Leo quisiera que lo supieran. Sabían que su amigo odiaba que lo miraran con pena.
La cama era como un cubículo en la pared, hecho de ladrillos ennegrecidos, con una ranura de metal sobre su cabeza y un agujero cuadrado muy por encima, desde donde podía ver las estrellas. Recordó que descansando cómodamente, agarraba chispas como luciérnagas.
-Una chimenea...¿¡METISTE A MI HIJO EN UNA CHIMENEA?-gritó Hefesto. -No veo el problema-se encogió de ombros la diosa del matrimonio-es innífugo. Continúa leyendo.
Se quedó dormido y soñó con un barco de fuego, navegando a través de las cenizas. Se imaginó a bordo, la navegación era el cielo. En algún lugar cercano, Tía Callida sentada en su mecedora-cric, cric, cric- y cantando una canción de cuna. Incluso a los dos, Leo sabía la diferencia entre el inglés y el español, y se recordó desconcertado porque Tía Callida estaba cantando en un idioma que no era ninguno de los dos.
-Era griego-dijo Hera. -Espero que no fuera la canción que le cantaba a Ares-suspiró Atenea. -Si era preciosa-reprochó Hera. -Trataba de un mortal al que decapitan por haber tenido un hijo con un dios-explicó Deneter con voz incrédula. -Hermosa-fue la última palabra de la reina de los cielos.
Todo iba bien hasta que su madre llegó a casa. Ella gritó y corrió hasta arrebatárselo, gritando a Tía Callida. -¿Cómo pudiste?
-Eso me pregunto yo-gruñó Hefesto entre dientes.
Pero la vieja señora había desaparecido. Leo recuerda mirando por encima del hombro de su madre las llamas que se encrespaban alrededor de sus mantas. Sólo años más tarde se dio cuenta de que había estado durmiendo en una chimenea ardiendo. ¿La cosa más rara? Tía Callida no había sido detenida e incluso expulsada de su casa. Ella volvió a aparecer varias veces en los próximos años. Una vez, cuando, Leo tenía tres años, le permitió jugar con cuchillos.
Hefesto abrió la boca para decir algo, pero Zeus se adelantó: -Ni una palabra.
-Debes aprender sobre los cuchillos temprano-insistió,-si vas a ser mi héroe algún día.
-No soy su héroe, el mundo necesita compartirme-fardó Leo. Artemisa rodó los ojos ¿Por qué sus flechas no conseguían callarlos a él y a su hermano?
Leo se las arregló para no matarse, pero él tenía la sensación de que a Tía Callida no le habría importado de un modo u otro.
-No me habría importado-afirmó. -Me estoy hartando de ti madre-dijo Hefesto entre dientes. La diosa apenas le dio importancia.
Cuando Leo tenía cuatro años, Tía se encontró una serpiente de cascabel para él en un potrero cerca de una vaca.
Hefesto estrujó tanto el invento entre sus manos que lo terminó rompiendo. Buscó en su cinturón un botón y puso el dedo en cima, por si acaso.
Ella le dio un palo y le animó a golpear al animal.
-¿Qué está mal contigo?-preguntó una voz, pero en vez de ser Hefesto como todo el mundo creía era Hestia. -Tenía que compobar si era digno. -Pero eso puedes hacerlo sin serpientes-objetó Hestia-tan solo tenía cuatro años ¡Era un crío!-gritó la última parte. Hera no sabía muy bien que decir. Podía contra muchas cosas ¿Pero su hermana pequeña riñéndole? Contra eso no sabía que hacer.
-¿Dónde está tú valor, pequeño héroe? Muéstrame que las Parcas te eligieron bien.
-Estúpidas Parcas-ladró Zeus ¡Por su culpa tenía tantos problemas! Una piedra aterrizó en su cabeza, pero esta no tenía nota, así que supuso que solo querían reprenderlo. Algunos rieron, pero nadie más dijo nada en contra de las abuelitas. Sabían que tenían unos bates en el armario y no tenían miedo a usarlos.
Leo miró a los ojos de color ámbar, escuchando el árido shh- shh-ssh de la serpiente de cascabel. Él no se atrevió a golpear a la serpiente.
-Cobarde-gritó Apolo de repente de manera teatral. -¿A qué a venido eso?-preguntó Artemisa. -Solo estaba haciendo el papel de Ares-soltó una risa forzada, consiguiendo que las mismas mujeres que habían hecho los- dioses-saben-que (en realidad no lo saben) lo miraron disgustadas. -Yo soy el próximo-le susurró a Hermes-si me encadenan al Tártaro, puedes robar mi ganado. Hermes chasqueó la lengua. -No tendría gracia. -Estoy a punto de morir hombre ¿Tanto te importaría decir: me aseguraré de que Hades te haga un buen entierro?
No le parecía justo. Al parecer, la serpiente sentía lo mismo por morder a un niño pequeño. Leo podría jurar que al mirar a la Tía Callida le gustaba, ¿Está loca, señora?
-¡SI!-gritaron Piper, Jason, Leo, Hefesto, Luke, Will y Rachel.
Luego desapareció en la hierba alta. La última vez que lo cuidaba, Leo tenía cinco años. Ella le trajo un paquete de lápices de colores y un bloc de papel.
Hefesto suspiró. No parecía algo demasiado malo, a no ser que le clavara uno en el mano, claro está.
Se sentaron juntos en la mesa de picnic en la parte trasera del complejo de apartamentos, bajo un viejo árbol de nuez. Mientras Tía Callida le cantaba canciones extrañas, Leo hizo un dibujo de la embarcación que había visto en las llamas, con velas de colores y filas de remos, una curva de popa, y un tope impresionante.
-Tienes buen gusto-afirmó Hefesto. Leo sonrió. Esperaba con ilusión el momento en el que su padre se enterara de que ese barco lo terminaba construyendo.
Cuando terminó casi a punto de firmar su nombre la forma en que había aprendido en jardín de infantes, un viento le arrebató la imagen a la distancia. Voló hacia el cielo y desapareció. Leo quería llorar.
-Los hombres no lloran-Apolo trató de imitar la voz de Ares-Me sale bien ¿eh?
Había pasado tanto tiempo en esa foto...pero la tía Callida sólo cacareó con la decepción. -No es tiempo todavía, pequeño héroe. Algún día, tendrás tu búsqueda. Encontrarás tu destino, y tu duro viaje por fin tendrá sentido. Pero primero debes enfrentar muchos dolores. Lamento eso, pero los héroes no pueden ser formados de otra manera. Ahora, hazme un incendio, ¿eh? Para calentar estos viejos huesos. Unos minutos más tarde, la mamá de Leo salió y gritó con horror. Tía Callida se había ido, pero Leo estaba sentado en medio de un incendio. La almohadilla de de papel se había reducido a cenizas. Los lápices de colores se habían derretido en un charco burbujeante de goo multicolores, y las manos de Leo estaban ardiendo, lentamente incendiando a través de la mesa de picnic.
-¡SE ACABÓ, YA NO AGUANTO MÁS, ALÉJATE DE MI HIJO!-gritó Hefesto poniendose en pie-O... -¿O qué?-la risa de Hera se escuchó cantarina y clara-soy la reina de los dioses, no puedes hacerme nada querido. Hefesto sonrió, de una manera un tanto malvada pero eh, era hijo de aquella psicópata, algún gen habría tenido que sacar. -O madre, en eso te equivocas. Hay un error en el que vas a caer por segunda vez. Y no me refiero al de subestimarme. Antes de que Hera llegara a la conclusió de sus palabras, Hefesto apretó el botón. Hilos transparentes salieron del trono y aprisionaron a la diosa, al igual que había pasado en la antigüedad. Hera comenzó a gemir, algo como: Humpfff. Supusieron que significaría ayuda. Los dioses se levantaron y miraron a Hefesto, que estaba cruzado de brazos sonrieron. Los mestizos no se hicieron esperar. Comenzaron a aplaudir al dios de la forja. Por muy débil que estuviera, Hera consiguió desintegrarlos con la mirada. -Hefesto, creo que se ha vuelto mi dios favorito-declaró Luke con solemnidad. -¿Qué significa esto?-bramó Zeus, con un poco de efecto retraso-pensé que habíamos quedado en que no la apresarías más. -Y tú que no le serías infiel, pero ya ves, las cosas se imcumplen-corroboró Hefesto. -Venga, sueltala-pidió Zeus. -¿Por qué iba a hacerlo? Está claro que todo esto le da exactamente igual, y debe pagar por lo que ha hecho. -Hefesto, por favor-pidió, para sorpresa de todos, Dionisio-recuerda la charla que tuvimos la primera vez que esti pasó. -¡Pero nada ha cambiado!-exclamó-sigue siendo tan egoísta como siempre, y no quiero que mi hijo sufra todo esto. -Está escrito en los libros-volvió a decir Dionisio, con una voz tan tranquilizante que hizo preguntarse a los semidioses: a)¿Por qué Dionisio sonaba tan amable y tranquilizador? b)¿¡Desde cuando el Sr. D era amable y tranquilizador!?-no puedes cambiar las cosas, solo tratar de mejorarlas. Hefesto dirigió una mirada hacia Leo. Este estaba que ni aguantaba la alegría ¡Le importaba! No habían sido solo imaginaciones suyas ¡Le importaba de verdad! -De acuerdo, la soltaré. Pero antes tiene que jurar por el río Estigio que no dañará a nadie de esta sala y se callará el resto del capítulo ¿Lo harás? Hera asintió frenéticamente con la cabeza. -Júralo-pidió. -Do judjo pol el gío Ettigio-consiguió decir. Hefesto apretó otro botón y las cuerdas se soltaron, conaiguiendo que Hera recuperara el color natural de su piel en vez de parecer la snitch dorada. Au primer impulso fue gritarle, pero recordó el juramento. Cerró la boca y se cruzó de brazos, haciéndole un gesto con la cabeza para que continuara la lectura.
Durante los años siguientes, la gente en el complejo de apartamentos se preguntaba cómo alguien había chamuscado las impresiones de las manos de un niño de cinco años de una pulgada de profundidad en la madera sólida. Ahora Leo estaba seguro de que la tía Callida, su niñera psicótica, había sido Hera todo ese tiempo. Eso la hacía, ¿Qué su abuela divina? Su familia estaba más desordenada de lo que se había dado cuenta.
-Tienes razón. Tecnicamente tú serías mi...¿sobrinos?-preguntó Jason. -A partir de ahora para mí serás el tito Jason-rió Leo-bueno, para mí, para Luke y para Will. -Tito-gritaron los dos mencionados, riendo con Leo. -Y Nico sería mi primo-dijo Jason pensativo-y Piper mi...en serio ¿cómo se llama la hija de la tía abuela de tú padre? -¿Tan vieja soy?-se horrorizó Afrodita, recordando que su padre era Urano y que en efecto, era como la abuela-necesito a un veintieañero ¡Ya!
Se preguntó si su madre había sabido la verdad. Leo recordó que después de la última visita, su mamá lo llevó dentro y tuvo una larga conversación con él, pero sólo le entendió algo. -Ella no puede venir de nuevo.- Su madre tenía un bello rostro con ojos amables, y rizado cabello oscuro, pero ella parecía mayor de lo que era a causa del duro trabajo. Las líneas alrededor de sus ojos se grabaron profundamente. Tenía las manos callosas. Ella fue la primera persona de su familia en graduarse de la universidad. Ella tenía un grado en ingeniería mecánica y podría diseñar cualquier cosa, cualquier cosa de arreglar, construir cualquier cosa. Nadie la contrataría. Ninguna empresa la tomó en serio, por lo que terminó en la tienda de máquinas, tratando de ganar dinero suficiente para mantener a los dos de ellos. Ella siempre olía a aceite de máquina, y cuando hablaba con Leo, pasaba del Español al Inglés constantemente, utilizándolos como herramientas complementarias.
¡Esa chica era perfecta! gritó Hefesto en su mente. -¿Cómo has conseguido a alguien así?-preguntó Apolo-no eres listo, ni guapo, ni galán, ni... -¡Mi padre es el mejor!-cortó Leo al dios del sol-creo que incluso le compondré un haiku-añadió con sorna. -Oye, el haiku es mío. -Tú y yo, concurso de haikus, vamos a ver a quién se le da mejor. -Cuando quieras-aceptó Apolo. En realidad, Leo no tenía ni idea de haikus, pero había oído a Apolo recitar ¡No podía ser peor que eso!
Tomó años a Leo darse cuenta de que no todo el mundo hablaba de esa manera.
-Tú sigues hablando así cuando te estresas-dijo Piper. -¿En serio? No me había fijado.
Ella incluso le enseñó el código Morse como una especie de juego, para que pudieran mandarse mensajes el uno al otro cuando se encontraban en diferentes salas: Te amo. ¿Estás bien? cosas simples como esas.
-¿Sabes código morse?-preguntó Hefesto atónito. Para confirmarlo, Leo respondió en ese idioma.
-No me importa lo que Callida dice,-su mamá le dijo. -No me importa el destino y las Parcas. Eres demasiado joven para eso. Sigues siendo mi bebé.
-Leo, me encanta tu madre-exclamo Piper. -Era la mejor, pero menos mal que nunca os conocisteis, entre las dos me habría quedado sin megillas.
Ella tomó sus manos, en busca de marcas de quemaduras, pero por supuesto no había. -Leo, escúchame. El fuego es una herramienta, al igual que cualquier otra cosa, pero es más peligrosa que la mayoría. Tú no sabes tus límites. Por favor, prométeme,no hay más fuego hasta que conozcas a tu padre. Algún día, mijo, lo conocerás. Él te lo explicará todo. Leo había oído eso desde que podía recordar. Algún día conocería a su padre. Su madre no respondería a ninguna pregunta sobre él. Leo nunca lo había conocido, ni siquiera visto fotos, pero ella hablaba de él como si solo hubiera ido al almacén por un poco de leche y estaría de vuelta en cualquier momento.
Hefesto sonrió con ternura. Desde luego, aquella mujer era increíble.
Leo trató de creerle. Algún día, todo tendría sentido. Por el próximo par de años, ellos fueron felices. Leo casi se olvidó de Tía Callida. Todavía soñaba con volar el barco, pero los otros extraños sucesos que parecían un sueño también. Todo se deshizo cuando tenía ocho años.
La sonrisa cálida de Hefesto se disipó.
Para entonces, pasaba todas las horas libres en la tienda con su mamá. Él sabía cómo usar las máquinas. Podía medir y hacer cuentas mejor que la mayoría de los adultos.
-Digno hijo de Hefesto-aclamaron Apolo y Hermes.
Él había aprendido a pensar en tres dimensiones, resolviendo problemas mecánicos en su cabeza de la forma en que su madre lo hizo.
-¿Os dais cuenta de lo que quiere decir eso?-preguntó Piper fingiendo estar horrorizada-¡Leo es el mejor de todos nosotros en matemáticas, debe de ser un genio! -Incluso mejor que Annabeth...-murmuro Jason, como si fuera impensable. -Yo SIEMPRE soy un genio.
Una noche, ellos se quedaron hasta tarde porque su madre estaba terminando un diseño de una broca que esperaba una patente. Si pudiera vender el prototipo, podría cambiar sus vidas. Finalmente conseguiría un descanso.
-¿Por qué siempre se estropean las cosas cuando todo puede mejorar?-preguntó Persefone hacia nadie en concreto.
Mientras trabajaba, Leo le pasaba sus suministros y le contaba chistes malos, tratando de mantener su ánimo.
-Si seguías contándole esos chistes ten por seguro que solo conseguirías deprimirla-dijo Rachel, aunque le parecía algo muy tierno.
Le encantaba cuando podía hacerla reír. Sonreía y decía: -Tu padre estaría orgulloso de tí, mijo. Lo conocerás pronto, estoy segura.
Aunque no quería, Hefesto volvió a sonreír. Tenía muchas ganas de que pasara el tiempo para poder conocerla.
El área de trabajo de mamá estaba en la parte más posterior de la tienda. Era algo escalofriante en la noche, porque eran los únicos allí. Cada sonido se hacía eco a través del almacén oscuro, pero a Leo no le importaba, siempre y cuando se encontraba con su madre. Si lo vagaba por la tienda, siempre podía mantenerse en contacto con grifos de código Morse. Siempre estaban listos para irse, tenían que caminar a través de todo el taller, a través de la sala de descanso, y hacia el estacionamiento, cerrando las puertas detrás de ellos.
-¿Por qué de repente eso me suena terrorífico?-preguntó Apolo. -Porque te da miedo la oscuridad-suspiró Artemisa, algo burlona. -Los de mi cabaña tambien le tienen miedo-afirmó Will-son como los de Atenea con las arañas.
Esa noche, después de terminar, acababan de llegar a la sala de descanso, cuando su madre se dio cuenta de que no tenía las llaves. -Eso es gracioso.-Ella frunció el ceño.-Sé que la tenía. Espera aquí, mijo. Sólo será un minuto. Ella le dio una sonrisa más,la última que vería alguna vez, y volvió a entrar en el almacén. Se había ido sólo unos cuantos latidos cuando la puerta interior se cerró de golpe.Entonces la puerta exterior se cerró sola.
-Esto no es una película de miedo-exclamó Apolo, con voz de niño pequeño, y en verdad parecía un poco asustado.
-¿Mamá?-el corazón de Leo golpeó. Algo pesado se estrelló en el interior del almacén. Corrió hacia la puerta, pero no importaba lo duro que pateara o golpeara, no se abría. -¡Mamá!-frenéticamente, él golpeó un mensaje en la pared: ¿Estás bien?
Hestia estuvo a punto de hecharse a llorar. Las escenas de los niños perdiendo a sus madres siempre la sumían en una gran tristeza.
-Ella no puede oírte,-dijo una voz. Leo se volvió y se encontró frente a una extraña mujer. Al principio pensó que era la Tía Callida. Estaba envuelta en vestidos de negro, con un velo que cubría su cara.
Hefesto miró hacia Hera, pero la diosa negó con la cabeza. Quería que Leo trabajara para ella, matar a su madre sería contraproducente.
-¿Tía?-Dijo.
-Me temo que no-dijo Hades de parte de Hera, que no podía hablar y se moría de ganas por hacerlo.
La mujer se rió entre dientes, un sonido suave lento, como si estuviera medio dormida.
-Yo no soy tu tutora. Más que un parecido de familia. -¿Qué...qué quieres? ¿Dónde está mi mamá? -Ah... fiel a su madre. Qué bueno. Pero ya ves, tengo hijos también... y entiendo que tú lucharás contra ellos algún día. Cuando traten de despertarme,tú se los impedirás. No puedo permitir eso.
-Gea-dijeron todos a la vez. -Gea ha vuelto-murmuro Zeus, dejándose caer en su trono, debastado-¿Pero como...como es posible? Los semidioses se miraron entre ellos. -Nuestros labios están sellados-habló Rachel por todos.
-Yo no te conozco. Yo no quiero pelear con nadie.
-No quiere pelear con nadie-repitió Hefesto mirando al libro, como si Gea pudiera escucharlo.
Ella murmuró como una sonámbula en trance. -Una buena elección. Con un escalofrío, Leo se dio cuenta de que la mujer estaba, de hecho, dormida. Detrás del velo, sus ojos estaban cerrados. Pero aún más extraño: sus ropas no eran de tela. Estaban hechas de polvo negro de tierra seca, con agitación y cambios a su alrededor. Su rostro pálido, durmiendo apenas visible detrás de una cortina de polvo, y tenía la horrible sensación de que acababa de levantarse de la tumba. Si la mujer estaba dormida, Leo quería que siguiera así. Sabía que completamente despierta, sería aún más terrible.
-Ni te lo imaginas-dijeron los Olímpicos.
-No te puedo destruir, sin embargo- murmuró la mujer.-Las Parcas no lo permitirán. Pero no protegen a tu madre, y no pueden pararme de romper con tu espíritu. Recuerda esta noche, pequeño héroe, cuando te pregunten a oponerte a mí.
Leo ocultó la cara entre las piernas. Solo serán unos minutos, pensó, eso ya ha pasado, solo será un momento y ya te olvidarás de ello.
-¡Deja a mi madre en paz! Aumentó el miedo en su garganta como la mujer se arrastraba hacia adelante. Ella se movía más como una avalancha que una persona, una pared oscura de tierra cambiando hacia él. -¿Cómo vas a detenerme?
Hefesto se revolvió. Tenía un ligero presentimiento, pero esperaba que no se cumpliera.
Ella caminó directamente a través de una tabla, las partículas de su cuerpo ensamblándose en el otro lado. Ella se cernía sobre Leo, y él sabía que pasaría a la derecha a través de él, también. Era la única cosa entre ella y su madre. Sus manos se incendiaron. Una sonrisa de sueño se propagó en el rostro de la mujer, como si ya hubiera ganado. Leo gritó con desesperación. Su visión se volvió roja. Llamas lavaban sobre la mujer de tierra, las paredes, las puertas cerradas. Y Leo perdió el conocimiento. Cuando se despertó, estaba en una ambulancia. La paramédico trato de ser amable. Ella le dijo que el almacén se había incendiado. Su madre no lo había logrado. La paramédico dijo que lo sentía, pero Leo sentía un vacío. Había perdido el control, al igual que su madre le había advertido. Su muerte fue su culpa.
-No fue tu culpa-susurró Piper. -Leo...-llamó Jason. El hijo de Hefesto dirigió levantó la mirada. Lágrimas involuntarias caían por sus megillas. -¿¡QUÉ!?-gritó, encarandolos tanto a ellos como a los dioses. Sinceramente, Leo no quería explotar, tan solo quería soltar un chiste malo y fingir que nada había pasado, pero simplemente no pudo-¿¡Qué vas a decirme!? ¿¡Qué sentís que haya matado a mi madre!? ¡Ella murió! ¡Murió por mi culpa! ¡Era una buena persona, la mejor de todas! Solo quería lo mejor para mí. Me pidió que lo controlara, pero no lo hice...Y vosotros-se giró a los Olimpicos-no quiero que me mireis así, como si fuera una máquina rota. No quiero dar pena por algo que hice. No quiero... Leo habría seguido gritando si no fuera porque una luz bañó el lugar. La persona que apareció dejó impactada tanto a dioses como mestizos. La cara de Leo se descolocó al completo al verla. -¿Mamá? Esperanza Valdez tenía la vista clavada en su hijo, como si no pudiera creerselo. -Leo... -¡Mamá! Leo corrió hacia ella y la abrazó. Las lágrimas seguían callendo a raudales, tanto por sus megillas, como por las de su madrr o las de Afrodita, Hestia y Piper (y admitamoslo, Hermes y Apolo tambien lloraban). Sin embargo, Hades estaba un poco descolocado ¿Qué se suponía que era eso? ¿The Walking Dead? No se sabe cuanto tiempo estuvieron abrazados, pero nadie les interrumpió y nadie parecía molesto, ni siquiera Zeus. Esperanza agarró la cara de Leo. -Mijo, como has cambiado. No sé nada de tí desde los ocho años. Leo no sabía que decir, literalmente, las palabras no llegaban al cerebro. Tan solo no quería dejar de abrazar a su madre. Tenía la sensación de que si la dejaba aunque fuera solo un minuto se desvanecería. -Ejem-decidió interrumpir Zeus. Esperanza levantó la vista, y por primera vez pareció notar donde estaba. -Uh ¿Qué está pasando?-preguntó-¿Hefesto?-el dios saludó de una manera algo tímida ¡Jamás sabía que hacer en esas circunstancias! Aunque nunca antes le hubiera pasado algo parecido-Callida-gruñó dirigiéndose a Hera, que tan solo pudo gruñirle de vuelta-¿Qué ocurre aquí?-gracias a Hestia, lo leído comenzó a pasar por su cabeza, haciendo qur los ojos se volvieran a llenar de lágrimas-oh mijo. -Si, si, muy bonito el drama familiar-suspiró Zeus poniendo los ojos en blanco-Hestia ¿Te importaría darle un puff y un chocolate por favor? Una piedra volvió a caer encima dr la cabeza de Zeus. -Ya me estoy hartando-bramó mientras desenrrollaba el mensaje-Esperanza Valdez no se podrá quedar toda la lectura, solo a el capitulo siguiente y unos minutos más. Hemos querido darles una opprtunidad para despedirles. Las Parcas-arrugó la hoja y la tiró al suelo-bien ¿podemos continuar?
Pronto llegó la policía a buscarlo, y no eran tan agradables. El fuego se había iniciado en la sala de descanso, dijeron, justo donde Leo estaba de pie. Había sobrevivió por un milagro, pero ¿qué clase de niño cerraría las puertas del lugar de trabajo de su madre, sabiendo que ella estaba dentro, y comenzaría un incendio? Más tarde, sus vecinos en el complejo de apartamentos, dijeron a la policía que era un extraño muchacho. Hablaron sobre las huellas de manos quemadas en la mesa de día de campo. Habían sabido siempre que algo estaba mal con el hijo de Esperanza Valdez.
-No está nada mal con mijo-exclamaron Esperanza y Hefesto a la vez. Leo pensó que di Calipso estuviera allí, con la cabeza apoyada en su hombro, impregnando el lugar de olor a canela sería la persona más feliz del mundo.
Sus familiares no podían tomarlo. Su tía Rosa le llamó diablo y les gritó a los trabajadores sociales para llevárselo.
Esperanza se clavó las uñas en la palma de su mano. Su hijo no era ningún diablo.
Así que Leo se fue a su primer hogar de adopción. Unos días más tarde, se escapó. Algunos hogares de adopción temporal duraron más tiempo que otros. Él bromeaba con todo, hacía unos cuantos amigos, pretendía que nada le molestaba, pero siempre terminaba corriendo tarde o temprano. Era la única cosa que hizo el dolor mejor, la sensación de estar en movimiento, llegar más lejos y más lejos de las cenizas de ese taller. Se había prometido que nunca volvería a jugar con el fuego de nuevo. Él no había pensado en Tía Callida, o la mujer durmiendo envuelta en ropas de tierra, por mucho tiempo.
Leo se estremeció. Puede que no hubiera pensado en ello, pero soñar era otra cosa.
Fue casi hasta el bosque cuando se imaginó la voz de la Tía Callida: No fue tu culpa, pequeño héroe. Nuestro enemigo se despierta. Es hora de dejar de correr. -Hera-, murmuró Leo, -ni siquiera estás aquí, ¿verdad? Estás en una jaula en algún lugar. No hubo respuesta. Pero ahora, al menos, Leo entendió algo. Hera lo había estado observando durante toda su vida. De alguna manera, había sabido que un día ella lo necesitaría. Tal vez las Parcas que ella mencionaba podrían predecir el futuro.
-¡NOSOTRAS LO SABEMOS TODO!-gritaron Apolo, Hermes, Luke y Will, imitándolas. -Chicos, no se metan con las Parcas-les reprendió Hestia.
Leo no estaba seguro. Pero sabía que estaba destinado a ir en esta búsqueda. La profecía de Jason les advirtió tener cuidado con la tierra, y Leo sabía que tenía algo que ver con esa mujer durmiendo en la tienda, envuelta en ropas de cambiante suciedad. Encontrarás tu destino, Tía Callida había prometido, y tu duro viaje por fin tendrá sentido. Leo pudo saber lo que ese barco que volaba en sus sueños quería decir. Podría encontrarse con su padre, o incluso llegar a vengar la muerte de su madre.
-Mijo, no es bueno ser reencoroso-dijo Esperanza. Nico se encogió un poco. Aún recordaba que había odiado a Percy por lo de Bianca.
Pero primero lo primero. Él había prometido a Jason un paseo volador. ¿No es el barco de sus sueños?todavía no. No había tiempo para construir algo tan complicado. Él necesitaba una solución más rápida. Necesitaba un dragón.
-Oh no-murmuraron los padres de Leo. En cambio, Jason, Piper y Leo se miraron de manera cómplice. Festus.
Vaciló en el borde del bosque, mirando en la absoluta oscuridad. Búhos abuchearon, y algo más lejos silbó como un coro de serpientes. Leo recordó lo que Will Solace le había dicho: Nadie debe entrar en el bosque solo, definitivamente, no sin armas.
-Y no me hiciste ni caso-añadió hijo de Apolo. -Lo siento por el comportamiento de mijo Will. -No pasa nada-respondió-ahora sé que Leo tiene un gran instinto suicida.
Leo no tenía nada, ni espada, ni lámpara de mano, sin ayuda. Miró hacia atrás a las luces de las cabañas. Podía dar la vuelta ahora y decirle a todosque había sido una broma. ¡Psych! Nisa podría ir en la búsqueda en su lugar. Podía quedarse en el campamento y aprender a ser parte de la cabaña de Hefesto, pero se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que se pareciera a sus compañeros de cabaña, triste, abatido, convencido de su propia mala suerte. Ellas no pueden detenerme de romper tu espíritu, la mujer dormida le había dicho. Recuerda esta noche, pequeño héroe, cuando te pregunten de oponerte a mí. "Créame, señora" murmuró Leo, " Me acuerdo. Y quien quiera que seas, te voy a plantar cara dura, al estilo de Leo". Él respiró hondo y se internó en el bosque.
-¡QUEREMOS EL ESTILO LEO!-exclamaron Apolo y Hermes. -Dos más para el team Leo-fardó el mencionado-soy el mejor. Esperanza rió ante la actitud arrogante de su hijo. -Eres todo un hombrecito. -¡No soy un hombrecito!-exclamó. -No levantes la voz o te quedarás sin brownies- añadio ahora Piper. -Chica, me caes bien-sonrió Esperanza. -Ai no, esto es lo que me temía-Leo puso la mirada en el cielo. -Déjenme leer a mi el próximo-pidió Esperanza-bien, otro de mijo. XII Leo.
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Bueno semidioses ¿Qué les ha parecido el capítulo? Por si alguien se lo pregunta Esperanza NO es la última visita del libro, a ella la puse porque me gusta la idea de que pueda ver a Leo crecido y que el pueda despedirse, como una manera de librarse del pasado. En cambio, no la he dejado para todos los libros porque después de todo ella está muerta, y no soy quien para cambiar eso.
Espero que les guste.