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Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 25

Leo deseó que el dragón no aterrizara en los baños.

-Ha habido aterrizajes peores-dijo Will-¿recordáis esa vez que los Stoll decidieron robar un carruaje tirado por pegasos? Los animales no tardaron en rebelarse y aterrizaron en la pared de escalada justo cuando estaban tirando la lava. Salieron con vida, pero la ropa se les carbonizó y tuvieron que volver así a su cabaña. Rachel, Piper y Annaneth sintieron un escalofrío ante el recuerdo. En cambio, Luke se echó a reír. De todos sus hermanos, los Stoll eran sus preferidos (junto con Chris). Si, costaba un poco sacarlos de los líos en los que se metían, pero siempre animaban a los de la cabaña de Hermes por las noches, inventándose mil y un historias que hacía que levantaba el ánimo a todos. Era una de las pocas veces, cuando veía a todos los semidioses riéndose juntos, que pensaba que no merecía la pena comenzar una guerra.

De todos los lugares de choque, una línea de Porta-Orinales no habría sido su primera opción. Una docena de cajas de plástico azul se habían establecido en el patio de la fábrica, y Festus los había aplastado todos. Afortunadamente, no habían sido utilizados en mucho tiempo, y la bola de fuego desde el accidente incineró la mayor parte de los contenidos; pero aún así, hubo algunos productos químicos desagradables saliendo de los restos. Leo tuvo que elegir su camino y tratar de no respirar por la nariz. Una fuerte nevada caía, pero el dragón oculto todavía humeaba. Por supuesto, que no se molestó en Leo. Después de unos minutos de escalada sobre el cuerpo inanimado de Festus, Leo empezó a irritarse. El dragón parecía perfectamente bien. Sí, se había caído del cielo y aterrizado con un gran ka-boom, pero su cuerpo no se veía mermado aún. La bola de fuego había llegado aparentemente a partir de gases construidos en el interior de las unidades de aseo, no desde el propio dragón. Las alas de Festus estaban intactas. Nada parecía roto. No había ninguna razón por la que debería haber parado.

-¿Entonces que fue?-preguntó Apolo, sin poder aguantarse. -Aún no lo podemos decir-dijo Leo. -¡Oh venga!-se quejó el dios-¡Solo quiero unas pocas respuestas! ¿Qué le pasó al dragón? ¿Dónde está Percy? ¿Va a salir más mi hijo? Will se sonrojó ante lo último, pero no dijo nada. Leo negó con la cabeza. -Ahora grupi, alábame. Apolo soltó algo parecido a un gemido. -Es el mejor. -Eso es muy pobre. -¡Me estoy quedando sin frases vale!-gritó.

-No es mi culpa-murmuró-Festus, me estás haciendo quedar mal. Entonces les abrió el panel de control en la cabeza del dragón, y se hundió el corazón de Leo. -Oh, Festo, ¿qué diablos?

Hefesto se inclinó hacia delante, intrigado.

El cableado se había congelado.

-¿Quione verdad?-le preguntó a su hijo. Leo asintió. -¡Pero a él si le respondes!-se quejó Apolo.

Leo sabía que había estado bien ayer. Había trabajado tan duro para reparar las líneas de corrosión, pero algo había causado un flash de congelación dentro del cráneo del dragón, donde debería haber estado demasiado caliente para que se formara hielo. El hielo causó que el cableado se sobrecarga y se carbonizara el disco de control.

-Me suena a chino-dijo Demeter. -Chino, con eso comenzaremos tu primera clase-dijo Atenea. Demeter se dejó caer sobre el reposabrazos de su trono. Lo que iba a tener que aguantar.

Leo no podía ver ninguna razón por la que hubiera sucedido. Claro, el dragón era viejo, pero aún así, no tenía sentido. Él podría reemplazar los cables. Ese no era el problema. Pero el disco de control carbonizado no era bueno. Las letras griegas y las imágenes talladas en todo el los bordes, que probablemente tenían todo tipo de magia, estaban borrosas y ennegrecidas. La pieza de hardware Leo no la podía reemplazar y era la que estaba dañada. Otra vez. Se imaginaba la voz de su mamá: La mayoría de problemas se ven peor de lo que son, mijo. Nada es irreparable. Su madre podía reparar casi cualquier cosa, pero Leo estaba bastante seguro de que nunca había trabajado en un dragón de metal de cincuenta años de edad mágico.

-Creo que solo tú, Charles y el que creó el dragón han trabajado con eso-dijo Annabeth.

Apretó los dientes y decidió que tenía que intentarlo. Él no iba a caminar desde Detroit a Chicago en una tormenta de nieve, y él no iba a ser responsable de dejar varados a sus amigos. -Bien-murmuró, el sacudió la nieve de sus hombros. -Dame un cepillo de cerdas de nylon, unos guantes de nitrilo, y tal vez una lata de aerosol con solvente de limpieza. El cinturón de herramientas obligado. Leo no pudo evitar sonreír mientras sacaba los suministros. El cinturón de bolsillos tenía límites. No le daría nada mágico, como la espada de Jason, o cualquier cosa enorme, como una sierra de cadena.

-Lo que es una verdadera lástima-dijo Leo-¿Os imagináis cómo sería tener una de esas? -¡NO!-gritaron los Olímpicos, alarmados. -Por seguridad mundial nunca tendrás una de esas-sentenció Poseidon.

Había intentado pedir tanto. Y si pides demasiadas cosas a la vez, la banda necesitaba un tiempo de enfriamiento antes de poder trabajar de nuevo. Cuanto más complicada la solicitud, era más largo el tiempo de reutilización. Pero cualquier cosa pequeña y sencilla que se pudiera encontrar en torno a un taller, todo lo que tenía que hacer Leo era preguntar. Comenzó limpiando el disco de control. Mientras trabajaba, la nieve se recolectaba y congelaba al dragón. Leo tuvo que parar de vez en cuando para convocar al fuego y desvanecerla, pero sobre todo se fue a modo de piloto automático, las manos le trabajan por sí mismas, mientras sus pensamientos vagaban. Leo no podía creer lo estúpido que había actuado de nuevo en el palacio de Bóreas. Él debería haberse imaginado que a una familia de dioses de invierno lo odiarían a simple vista. Hijo del dios del fuego volando un dragón que escupe fuego en un ático de hielo sí, tal vez no era la mejor jugada.

-Desde luego que no-dijo Atenea, aunque Hermes y Apolo tenían una sonrisa divertida en la cara. Luke seguía sorprendiéndose ante el comportamiento infantil de su padre, aunque tenía que admitir que le divertía bastante.

Sin embargo, odiaba a sentirse como un rechazado. Jason y Piper habían visitado el salón del trono. Leo tuvó que esperar en el hall de entrada con Cal, el semidiós de hockey y con lesiones graves en la cabeza. El fuego es malo, Cal le había dicho. Ese bonito mucho lo resumió. Leo sabía que no podía mantener la verdad de sus amigos por mucho tiempo. Desde el Campamento Mestizo, una línea de la Gran Profecía volvía a él: Por tormenta o un incendio el mundo debe caer. Y Leo era un tipo de fuego, el primero desde 1666 cuando Londres se había incendiado. Si les decía a sus amigos lo que realmente podía hacer ''Oye, ¿saben qué, chicos? ¡Yo podría destruir el mundo!''

-¿De verdad tienes que pensarlo así?-preguntó Demeter-es cadi imposible ponerse serios si salen cosas como esta. -Es mi mente, no deberían estar leyéndola, sobre todo para que no pasen cosas como estas-dijo señalando con la cabeza a Jason y Piper. Cada uno se había abrazado a uno de sus brazos y apoyado la cabeza en los hombros, diciéndole: nosotros te queremos. -Ya se que me adoráis, pero ¡dejarme en paz!-gritó. No les hicieron caso.

¿Por qué iba alguien a darle la bienvenida en el campamento? Leo tendría que ir a la carrera de nuevo. A pesar de que sabía que lo perforaba, la idea lo deprimía. Luego estaba Quione. Dang, la chica estaba bien. Leo sabía que había actuado como un idiota total, pero no pudo evitarlo. Había tenido su ropa limpia con el servicio de valet de una hora (que había sido totalmente dulce, por cierto) se había peinado su pelo (nunca es una tarea fácil) e incluso descubrió que la bolsa de herramientas podía hacer mentas para el aliento, todo con la esperanza de que podía acercarse a ella. Naturalmente, no hubo suerte.

-Deberías probar con algo que no te viniera tan grande-le recomendó Apolo-¿por qué no empiezas por una mestiza? ¡Afrodita! -Estoy en ello-respondió la diosa. Leo se preocupó-¿desde cuándo tenía una libreta en la mano?-vamos a ver...semidiosas/diosas/ninfas en orden alfabético...-miró la libreta un par de segundos-Ariadne ¿por qué sigue aquí? Es la esposa de Dionisio, se me olvidaría tacharla. Alana, Annabeth, no, es uno de mis ships, Alba, Armenia, Andrea, Angela... -¿No te parece que está diciendo los nombres de las hermanas de la Sirenita?-le susurró Will. -No he visto esa peli-respondió Leo. -...Belicia, no, pero es perfecta para Will-el mencionado se revolvió el pelo, nervioso-Bore, no, está es la diosa del llanto, mala elección, para cualquiera,-Afrodita siguió diciendo nombres. Extrañamente, nadie la interrumpió, tenían la sensación de que si lo hacían sufrirían grandes castigos. Al llegar a la C la diosa del amor ya estaba estresada-Carmen demasiado delgada, Cintia muy plasta, Charlotte ¡uf! Me saca de quicio, tal vez vaya para ese romano del que os quejáis tanto, Candy ingenua, Calipso una diosa-a Leo se le paró momentáneamente el corazón al escuchar eso. Las ganas de decir que esa chica a la que amaba era Calipso y que no solo eso, que ella lo había besado eran casi inaguantables, pero se contuvo. La diosa siguió a su rollo, diciendo nombres de chica. Cuando Leo volvió a prestar a tención se encontraba por la R.-Rebecca, demasiado alta, Regina fría, Silvia vaga-Demeter comenzó a darse de cabezazos contra la columna-Shawn es paralítica, lo cual no sería un problema si no fuera porque es romana. Ahora que caigo ¿Te importa si no son griegas? Porque eso agrandaría mucho la lista. Shia...-al llegar a la V la diosa tiró la libreta contra la columna más cercana, frustrada-¡NO! Tengo que hacer una búsqueda más compleja, esto no sirve. -Ehm, para informarnos ¿Qué habría pasado si la interrumpimos?-preguntó Rachel. -La última vez la interrumpí-comenzó a contar Poseidon-terminé enamorándome de una manzana. -Y yo de un cubito de hielo-informó Ares. Hermes, Apolo, Demeter y Artemisa se echaron a reír, recordando ese momento. -Teníais que ver como se puso cuando el cubito comenzó a derretirse-consiguió decir Hermes. -Se puso en posición fetal a llorar como un bebe-dijo Demeter, riéndose a más no poder. Los semidioses, Poseidon, Atenea, Persefone y Hades también se rieron. Hera no lo hacía, después de todo era su hijo, pero estaba a punto. La sonrisa se le notaba y trataba de ocultarla, sin éxito. -¿Cómo era?-preguntó Hermes. Aetemisa se puso de rodillas en frente a su trono. -¡Nooo! ¿¡Por qué tiene que pasarme esto!? Toda mi felicidad me está siendo arrebatada. No te mueras, yo te amo. Ahora si que todo el mundo excepto Zeus, Nico y Ares se echaron a reír, aunque el hijo de Hades sonreía, claramente divertido. Nadie se dio cuenta de eso salvo una persona. Will pensó que Nico sonriendo no daba tanto miedo. Cuando por fin todos consiguieron calmarse, Demeter pudo continuar.

Cómo congelado, la historia de su vida, por sus familiares, hogares de acogida, lo que sea. Incluso en el colegio Wilderness, Leo había pasado las últimas semanas con la sensación de ser como una tercera rueda cuando Jason y Piper, sus únicos amigos, se convirtieron en una pareja.

Estos dos habían vuelto a abrazarse a Leo cómo si fuera un poste. -No eres una tercera rueda-dijo Piper. -Sentimos si te hicimos sentir mal. -No es culpa vuestra-admitió Leo, bastante cómodo ¡Por Hades! El abrazo era malditamente calentito y cálido.-estabais cubiertos por una nube rosa de empalagosidad.

Estaba feliz por ellos y todo, pero aún así lo hizo sentir que no necesitarían de él nunca más. Cuando se había enterado de que todo el tiempo de Jason en el colegio había sido una ilusión, una especie de eructo de la memoria, Leo había estado secretamente emocionado.

Piper y Jason se separaron del abrazo. El hizo de Júpiter alzó una ceja, molesto. -Eh, no os enfadéis vale. Ya es bastante para mi que todo el mundo en el Argo II esté con su media naranja y yo más solo que la una ¡Allá a donde vaya me encuentro citas!

Era una posibilidad de un restablecimiento. Ahora que Jason y Piper se dirigían hacia la torre de nuevo juntos—era evidente por la forma en que habían actuado en el almacén justo ahora, como que querían hablar en privado sin Leo alrededor. ¿Qué habría esperado? Iba a ser el hombre impar otra vez. Quione acababa de dar a él el con frialdad un poco más rápido que la mayoría. -Suficiente, Valdez-se regañó.-Nadie va a jugar ningunos violines por ti sólo porque no eres importante. Arregla el estúpido dragón.

Ahora básicamente se había unido a la piña Annabeth, Rachel y Will. -Eres importante para nosotros-dijeron al unísono. -La secta en contra de sesos de alfa vuelve a actuar, esta vez su objetivo es aplastar al hijo de Hefesto-dijo Leo, sonriendo.

Se involucró tanto con su trabajo, que no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado antes de oír la voz.

Hefesto soltó una maldición ¿Por qué no podían dejar en paz a su hijo?

<<Te equivocas, Leo, dijo>> Buscó a tientas su pincel y lo dejó caer en la cabeza del dragón. Se puso de pie, pero no pudo ver quién había hablado. Luego miró hacia el suelo. La nieve y el lodo químico de los baños, aunque el asfalto estaba cambiando, como convirtiendose en líquido. Un área de diez metros de ancho formaba unos ojos, una nariz y una boca. La cara gigante de una mujer dormida.

-Vaya, jamás me imaginaría que estaría de acuerdo en algo con Gea-dijo Jason.

En cierto modo, eres el más importante de los siete, como el disco de control en el cerebro del dragón. Sin ti, el poder de los otros no significa nada. Ellos nunca me alcanzarán, nunca me detendrán. Y yo estaré totalmente despierta.>> -Tú.- Leo estaba temblando tan mal que no estaba seguro de que había hablado en voz alta. No había oído esa voz desde que tenía ocho años, pero era ella: la mujer de tierra de la sala de máquinas.-Tú mataste a mi mamá. El rostro cambió. La boca formó una sonrisa de sueño como si estuviera teniendo un sueño agradable.

Hefesto apretó los puños, enfadado. Leo comenzó a sacar piezas de su cinturón y a juntarlas entre si.

<<Ah, pero Leo. Yo soy tu madre también— la Primera Madre. No te me opongas. A pie ahora. Que mi hijo Porfirión se alzará y convertirá en rey, y voy a aliviar sus cargas. Le pisarás a fondo en la tierra.>> Leo agarró lo más cercano que pudo encontrar( un asiento de inodoro) y se lo tiró a la cara. -¡Déjame en paz! El asiento del inodoro se hundió en la tierra líquida. La nieve y el lodo ondulado, y se disolvió la cara. Leo se quedó mirando el suelo, esperando que la cara volviera a aparecer. Pero no fue así. Leo quería que él lo hubiera imaginado. Entonces, desde la dirección de la fábrica, escuchó un choque, como si dos camiones de volteo chocaran entre sí. Metal arrugandose y crujiendo, y el ruido se hizo eco a través del patio. Al instante Leo supo que Jason y Piper estaban en problemas.

-Que extraño-ironizó Afrodita, ya consciente de que su hija se metía en líos a más de lo que a ella le gustaría.

A pie ahora, la voz había instado. -Noes probable-gruñó Leo-Dame el martillo más grande que tengas. Metió la mano en su cinturón de herramientas y sacó un pedazo de tres libras de martillo con una cabeza de doble cara del tamaño de una papa al horno. Luego saltó de nuevo del dragón y corrió hacia el almacén.

-Fue corto-se quejó Demeter, antes de que alguien dijera algo-anda, déjenme leer uno más. -No vale, yo también quiero leer y saber que les ocurre a los semidioses, o por lo menos evitar que Afrodita se estropeé aún más la manicura. La diosa del amor tenía el dedo pulgar en la boca con la uña toda roída. No pareció darse cuenta hasta que Hera lo dijo. Alarmada, se rehízo la manicura y, por si acaso, se puso unos guantes. -XXIV Leo.

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Tengo que comenzar a subir más a menudo. Espero que cuando al fin terminen los exámenes pueda subir por lo menos dos capítulos por semana, si no no terminaré el fic para final de verano ¡Tres capítulos y llego a la mitad del libro! ¡Yuju!

Los siguientes son bastantes largos, así que no se cuando los subiré. Necesito capítulos más proporcionados.

Espero que les gustara el capítulo, gracias por leer y a todos los que comentan, me anima mucho.

Hasta la próxima semidioses.