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Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 35
-¡TACHÁN!-gritó Leo, posándose en una farola. La calle estaba conpletamente desierta, aunque las luces de los locales continuaban encendidas. Los paneles mostraban letras japonesas que, extrañamente, Leo entendió ¿Ser un genio también daba conocimiento sobre idiomas? Si estos poderes seguían siendo tan maravillosos, iba a terminar echándolos de menos. -¿Dónde estamos?-preguntó Zeus, cabreado. También podía ser su actitud normal, pero para Leo siempre sonaba cabreado. -Japón, más concretamente en Tokio-dijo, jugando distraidamente con los bombachos. -¿Por qué estamos aquí? -Bueno, siempre he querido visitar Tokio ¿Sabes la cacho tecnología que tienen aquí? Hombre, no me extraña que los japoneses nos dieran tantos problemas en la segunda guerra mundial. -No me refiero a eso-bramó Zeus-¿¡POR QUÉ ESTAMOS AQUÍ!? -Bueno, tú me dijiste que te sacara de la celda-comentó Leo con tranquilidad-pero no especificaste a donde. Zeus miró al semidios con odio. La única manera de entrar en el Olimpo era por el ascensor. Si descubrían que no estaba, podían hacerle una emboscada y quitarle fácilmente la botella. Todo por culpa de ese muchacho. Sin pensarlo dos veces, Zeus le lanzó un rayo. A milímetros de la cara de Leo, este se evaporón, mostrando una gran sonrisa de satisfacción y diversión en la cara del mestizo. -Soy un genio-le recordó, señalando su ridícula ropa-no solo tengo tanto poder como tú, también soy inmortal-Leo no estaba seguro de la última parte, pero tampoco le apetecía averiguarlo-por lo que no vas a poder dañarme Zeusin.
Daba igual lo que costara, pero Zeus iba a conseguir la cabeza de ese chico. Oh, si, y una pelota antiestrés.
-Tienes pinta de necesitar una camisa de fuerza-sugirió Leo, apareciéndose y desapareciéndose en frente del dios, provocando que estuviera...más estresado y frustrado de lo normal, si eso era posible.
-¡Deja de hacer eso!-bramó, pegando una patada al suelo. Las nubes no tardaron en cubrir el cielo de Tokio. Una tormenta estalló sobre ellos.
-Vaya hombre ¿sabes lo incómodo que son unos bombachos mojados?-se lamentó, haciéndose aparecer un paraguas-¿Por qué has hecho esto?-Zeus alzó una ceja, como si Leo cuestionara una de las cosas obvias de la vida-Vale, pueda que no sea un genio lo que se dice "honrado" ¡Pero vamos! Jamás encontrarás a un genio tan genial como yo.
Al instante de pronunciar esa frase, Leo comenzó a hacer marabares y trucos con sus poderes, mientras repetía las mismas palabras: no hay un genio tan genial. Terminó con un cartelito de luces que decía APLAUSOS. Leo recordaba esa escena de Aladín, y esperaba que le ayudara a ganar algo de tiempo. Tenía que tretener a Zeus lo suficiente para que se dieran cuenta de que no estaban en el Olimpo y pudieran montar una jaula en el ascensor.
Zeus observaba la escena con una mezcla se asombro, desagrado y consternación. Había conseguido confundirlo ¿Qué estaba diciendo antes de ese pésimo espectáculo de luces?
-Ah, si, el segund...
-Sh-le interrumpió Leo. Era la primera vez que alguien interrumpía a Zeus. Y no se lo tomó bien- tienes que pensar bien el deseo. Así que antes de nada, dime, ¿que es lo que quieres?
-Quiero dominar el mundo-contestó Zeus al instante, cerrando la mano en un puño en señal de poder.
Leo lo miró aburrido.
-¿En serio? ¿Dmoniar el mundo? ¿No está muy visto? ¿Qué les pasa a los villanos que siempre quieren lo mismo? ¿Acaso no has visto Megamind?
-¿Megaqué?
-Megamin-repitió Leo-la peli del villano cabezón azul que consigue vencer al héroe y se hace con el control de la ciudad ¿Y sabes qué ocurre? Se aburre tanto que crea a un nuevo héroe contra el que luchar.
Zeus frunció el ceño ¿Qué necio se aburriría de tener todo el poder del mundo? Como se notaba que esa era solo una absurda película hecha por mortales.
-De acuerdo, si eso no te convence, piénsalo de esta manera. Prácticamente tienes el horario lleno, 24h al día todos los días de la semana. Imagínate cómo sería tener que gobernar también el mar o el Inframundo ¿Acaso no te has dado cuenta del olor a pescado de Poseidon? ¿O del atasco de los Asfódelos? Cómo puedes encargarte de las tres cosas si ni siquiera tres poderosos dioses lo consiguen.-Zeus se rascó la barbilla. Vale, tal vez el plan tuviera algunos fallos. Pero aún estaba seguro de que podría...-por no hablar del carro del Sol-continúo Leo, dejando más consternado y blanquecino al dios-recorrer el mundo todos los días, levantándose pronto ¡Y no me hagas hablar del correo! No puedes dejar a George y Marta solos dirigiendo la empresa. Terminaría carbonizada. Tendrías que encargarte de los envíos, las ofertas, los proveedores, y lamento decírtelo, pero no tienes el caracter persuasivo y encantador de Hermes. También está ese pequeño detalle de crear guerras y planificarlas. Tendrías que hacer el trabajo de Ares y Atenea a la vez ¿Sabes la bipolaridad que debe suponer eso? Ah, si, y también encargarte de las Cazadoras de Artemisa, que no reciben órdenes de hombres, por muy dioses del cielo que sean ¿Cómo piensas arreglarte? ¿Eh? ¿Cómo piensas hacer el trabajo de doce tú solito?
Zeus tragó saliba. Vale, de acuerdo, adiós dominación mundial.
-¿Y entonces que hago?-preguntó perdido, confuso, y sin saber qué hacer.
Leo sonrió con satisfacción. Había conseguido desarmar al Lord de los Cielos...por ahora.
-Sabes lo que quieres pero, ¿qué es lo que necesitas?
-¿Lo que necesito? Ehm, verás, yo...
-Claro, ya sabes, tús sueños.
-¿Mis qué?
-Todo el mundo tienes sueños-exclamó Leo, flotando un poco por encima de Zeus, a modo de artimaña psicológica. Si el dios se veía más bajo, se sentiría igual. O por lo menos eso le funcionaba a los matones del instituto con Leo-¿Es que nunca has tenido un sueño?
Leo sabía que lo que decía no tenía sentido, pero le dio igual. Tambien sabía que era imposible que Zeus comenzara a cantar sobre lo más profundos deseos de su corazón, pero habría pagado por verlo. Se dedicó a disfrutar de los segundos de desconcierno y confusión con orgullo. Nunca había sentido la necesidad de presumir sobre su amplio conocimiento de películas Disney (acababa de citar a Tiana y el Sapo y Enredados, por no hablar de su anterior intento de imtar al genio de Aladin) pero en ese momento, sentía que podía seguir recitando frases de las películas de su infancia y confundir aún más a Zeus, ganando todo el tiempo del mundo. O eso sentía, antes de que el dios pegara una patada al suelo y gritara:
-¡Deja de confundirme!
De acuerdo, las películas de dibujos no seguirían funcionando ante un dios tan enfadado. Leo no tenía mucho instinto de supervivencia, pero tampoco era suicida. Aunque...un plan comenzó a formurlarse en su mente. Un plan por el que sí lo podían acusar de suicida.
-¡Eres tú el que se confunde!-gritó, acusando a Zeus con el dedo- tú eres el que aún no ha superado la etapa de el-mundo-es-mío-porque-yo-lo-digo. Tú eres que tiene problemas mentales, no yo.
-¿Qué me acabas de decir insignificante bastardo?
Leo intentó que esas palabras no le doliera y continúo gritando, flotando al rededor de Zeus para que 1)el dios no le cogiera y 2)que no escapara de su voz.
-¡Ya lo has oído! ¡Tú eres tan insignificante bastardo como yo! Fuiste una raza inesperada, que no debería haber nacido. Tú madre consiguió salverte a tí, pero no porque eras al que más quería o el más especial, era porque fuiste el último que tuvo. Te libraste de la barriga de tu padre, si, pero naciste solo, sin nadie quien te cuidara, con un objetivo marcado: matar a Cronos. Jamás supiste que era el amor, jamás supiste que era ser querido. Mientras, tus hermanos permanecieron juntos, sin tener que preocuparse por acabar con alguien. Y cuando al fin tuviste una familia, no sabías que hacer. Pasaste la infancia rodeado de violencia y muerte, por eso a Ares y Atenea les gusta tanto la guerra. Por eso Artemisa es la diosa de la caza. Toda esa violencia, la sacaron de ti. Porque no conoces nada más. No sabes amar, por eso te da igual todo: tus hijos, tus hermanos, las mortales, lo único que te importa es lo que siempre te enseñaron: el poder. Intentas llenar un vacío que ni siquiera sabes que tienes con algo que no te hará feliz. Nunca has aprendido a amar, porque nunca te ha amado nadie.
Leo no sabía si lo que decía era cierto. Él solo improvisaba sobre la marcha. Las palabras salían por
su boca, formando frases que, ahora que había terminado, se daba cuenta de que tenían sentido. No sabía si su discurso había resultado tan convincente para conseguir que Zeus abandonara esos planes tan ridículos de cargarse a todo el mundo. Lo que jamás se esperó, fue que las primeras palabras de Zeus fueran:
-Tienes razón.
Leo no sabía si sorprenderse, alivirse o felicitarse por sus hábiles dotes como psicólogo. Al fin, obtó por abrir la boca al estilo conmoción grave y parpadear confuso.
-¿Qué acabas de decir?
-Tienes razón. Nadie me ha querido jamás nunca, al igual que yo nunca he querido a nadie más allá del orgullo. ¿Y sabes qué? A pesar de no poder amar, he llegado lejos. Más lejos que cualquiera otro. Más lejos que mi padre o mi abuelo, que dejó que los engañara una mujer a la que amaban. Incluso Heracles, mi hijo más privilegiado, fue asesinado por su esposa. El amor es un arma y una debilidad. Si eso es lo que me depara al gobernar este mundo, si eso es lo que me depara el volver a la sala del trono, entonces no lo quiero.-Leo quiso gritar ¡ESO NO ES LO QUE TRATABA DE ENSEÑARTE PEDAZO DE IDIOTA!, pero por algún extraño motivo no le salían las palabras. Se había puesto blanco y el pánico recorría cada centímetro de su cuerpo. Era incapaz de articular palabra, de mover un solo músculo. Zeus le dirgió una brillante sonrisa. Agarró a Leo por el pescuezo y lo aprisionó contra la pared más cercana. Entonces Leo comprendió por que la jaula no había funcionado. No solo era por el poder de Zeus, también tenía que ver con el dolor. El dolor impedía que alguien pensara con claridad. Impedía a la gente moverse o, en este caso, usar la magia. Por eso Hera no había podido librarse de su trono y Zeus si. Todo era cuestión del dolor que sufrieras. Y Zeus se había dado cuenta, tambien. Por eso ahogaba a Leo, porque sabía que, mientras fuera un genio, no podía morir, al igual que sabía que hacer eso le impediría pensar en una manera de engañarlo-El amor es una enfermedad que ha afecto a todo ser viviente, menos a mí. Este mundo es como mi cárcel personal. Quiero desaparecer, pero no seré el único. Si yo debo caer, todos caerán conmigo. Deseo que este mundo desaparezca.
Una luz brillante bañó al rey de los cielos, échandolo hacia atrás. La luz caía directamente desde el cielo, como un rayo. El dios se retorcía al mismo tiempo que reía.
Leo cayó al suelo y respiró una buena cantidad de aire. El deseo de Zeus...había pensado algo antes de cumplirle el deseo. No sabía si había sido suficiente para cambiarlo o si tan siquiera valdría, pero se animó pensando que si no fuera así, no estaría replanteándose si habría funciondo.
Otra de las cosas que le hizo suponer que su artimaña si había surtido efecto era la cara de Zeus.
-¡No!-se escuchaba gritar al dios, intentando huír de la luz blanca. Un torbellino comenzó a girar a su alrededor, impidiéndole moverse.-¡Esto no era lo que quería! ¡Tú! ¡Me has engañado!
-Te he dado exactamente lo que querías-dijo Leo, levantándose poco a poco, hasta estar completamente erguido.
Zeus estiró los brazos, intentando llegar a donde estaba Leo. Zeus quería acabar con ese chico antes de que fuera demasiado tarde, antes de que...
La luz desapareció, tirando al lord de los cielos al suelo, inconsciente. Leo se acercó levemente y lo sacudió con la punta del pie.
Zeus se levantó casi al instante, poseído por un chute de adrenalina. Miró la ciudad, luego a Leo, ciudad, Leo, ciudad, Leo, el mismo, Leo, ciudad, ciudad y Leo. Sus ojos se detuvieron en el semidios. Estaban entrecerrados, con una capa de furia fingida, como si intentara mantener la confusón alejada de sus ojos, lo cuál era imposible.
-¿Dónde estamos?-preguntó. Su voz no sonaba tan arrogante y poderosa. Su rostro no tenía ni pizca de la repulsión o furia que poseía normalmente. Las cejas no estaban fruncidas. No tenía una mueca en la boca. Incluso dejando a un lado esos pequeños detalles, su aspecto había cambiado. El pelo negro y los ojos azul electrico seguían ahí, si, pero ahora su ropa era moderna, y por moderna no se refería a su típico traje. Si hubiera alguien en la calle mirandolos, tan solo habrían visto a un chico latino con ropa absurda y a un hombre de unos veintipocos años.
-Sé que esto va a sonar muy extraño, pero...-comenzó a decir Leo, pero no tenía ni idea de cóo continuar. Esta era otra de esas situaciones raras en las que nunca imaginó verse metido-me llamo Leo.
-He preguntado donde estamos, no cuál era tu nombre-dijo. Bueno, aún conserva algo de su "agradable carácter", pensó Leo.
-Aquí soy yo el que doy las respuestas-le recordó.
Zeus lo miró unos segundos más antes de girarse y echarse a andar calle abajo.
-¿¡A donde te crees que vas!?-gritó.
-¡A buscar a alguien que no esté loco!-respondió, señalando su ropa.
Leo cerró los puños, frustrado ¿Era capaz de viajar hasta Tokio y aprender japonés pero no de cambiarse de ropa? ¿Qué clase de poderes le habían dado? Agitó la cabeza. No tenía tiempo para eso. No ahora.
-¡Eh, vuelve aquí!-gritó, pero solo consiguió que Zeus se echara a correr.
-Genial-murmuró, apareciéndose a su lado y causándole un susto que por poco le provoca un ataque cardíaco.
-¿Cómo has...?¿Quién...?¿Qué demonios eres?
Leo no tenía intención de responder a esa pregunta. Hizo aparecer un bate y le pegó con todas sus fuerzas en la cabeza, dejándolo inconsciente. Hizo aparecer los hilos dorados para que lo contuvieran, por si acaso. Miró al bate, asombrado.
-Ya sé porque el entrenador Hedge ama tanto esta arma ¡Es fantástica!
Zeus había deseado que ese ese mundo, los dioses, los monstruos, los mestizos, desapareciera. Pues bien, Leo le había dado lo que quería.
Ese mundo había desaparecido, pero solo en la cabeza de Zeus.
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Bueno, aquí tenemos el pequeño capítulo que prometí con la historia de Leo. No sé si esto es lo que esperabais, pero aquí está.
Quiero avisar de que alguien me ha plagiado la historia en Wattpad, así que sea quien sea esa persona no soy yo. Subí el primer capitulo aún el otro día.
Y creo que no tengo nada mas que decir...salvo que no dejéis para un recreo un trabajo de una tarde. Creerme, no da buenos resultados. Por favor, un comentario sobre que os ha parecido esto.
Hasta el siguiente capitulo, semidioses.