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Historia 178253 — capítulo 13

En cuanto fuimos a la sala los señores Stone les explicaron todo a Kyla, Robin y Brad. Yo les dije todo lo que debían saber del mundo mágico. Cuando terminamos de explicar ninguno de los tres dijo algo. Ella solo me miraba como si fuera un demente, Robin miraba a sus padres con la boca abierta y Brad solo nos miraba a todos impresionado. Supuse que debían creernos. -Ya que las dudas se resolvieron hay que averiguar como proceder -dijo el señor Stone interrumpiendo el silencio -Tom esta decidido a ir y debemos apoyarlo. Pareció que su esposa iba a decir algo pero se contuvo, solo me miró preocupada. -Su hermano irá a Hogwarts durante todo el año y solo volverá en las vacaciones. En un par de días debemos ir a comprar las cosas que necesita en un lugar llamado el Callejón Diagon. Tenemos una lista de lo que...-¡Yo quiero ir! -gritó Robin interrumpiendo a su padre.-El señor Dumbledore nos dijo que si llegara a ser posible que alguno de ustedes vaya íbamos a recibir una carta.-Tu ya no puedes -le dije -ya no tienes la edad, si fueras un mago ya habrías recibido la carta hace un año. Él empezó a ponerse rojo de ira, abrió la boca para gritarme algo pero en lugar de eso subió corriendo a su cuarto. La señora Stone fue tras él. El señor Stone me miró molesto. -Tal vez Brad pueda ir, aún no cumple once años. Los ojos de Brad se iluminaron al oír esto. -Si fuera un mago ya habría demostrado tener habilidades.-Tom, no estamos seguros de eso -me regañó. Me fui a mi cuarto y pude oír a Robin llorando en el suyo. Me gustó su envidia hacía mi, debía tenerla. Ya en mi cuarto Anastasia me llamó por teléfono. -Hola.-Hola, Tom, si te dejaron ir ¿verdad?-Si.-Bien, oye, aunque aún falta mucho para que empiecen las clases ¿te gustaría ir mañana a comprar los materiales en el Callejón Diagon? el lugar es increíble, te gustará.-Claro. Nos pusimos de acuerdo y al día siguiente ambos estábamos afuera del Caldero Chorreante. Los señores Stone solo me habían dejado ir por que les dije que iba a estar la madre de Anastasia pero la verdad era que estábamos solos. -Los muggles no pueden verlo -dijo cuando entramos -pero nosotros si. El lugar estaba lleno de magos. Ella se dirigió a un hombre que estaba detrás de la barra. -Vienen al Callejón Diagon ¿verdad?-Si -dijimos al mismo tiempo.-Vengan. Fuimos hasta una pared de ladrillo y el le dio varios golpes con su varita. La pared de abrió y entramos al Callejón Diagon. Me quedé embobado viéndolo todo. Ella me trajo de vuelta a la realidad con un golpe en el hombre y me sonrió con burla. -Vamos, hay mas que ver. Yo la seguí por entre la multitud. Primero fuimos a Gringotts para que nos dieran galeones. Yo me contuve para no quedarme viendo a los duendes que trabajan allí. Después fuimos por las túnicas a un lugar llamado Madame Malkin. Me alegró que me hubieran dado dinero ya que no debía comprar nada de segunda mano. Luego fuimos por los libros a Flourish y Blotts y los ingredientes para pociones al Boticario. Me pase un buen rato preguntándole sobre las diferentes funciones de estas. Ella me calló y me dijo que me esperara a Hogwarts. Ami nadie me calla pero a ella se lo permití. Me pidió que fuera a comprar los calderos mientras ella iba a ver otra cosa. Cuando salí de la tienda la vi con una gata negra en brazos. -En mi casa no me dejan tener mascotas -me explicó -ahora ya puedo tener. Mientras se decidía a que nombre ponerle a su nueva gata fuimos a comprar otras cosas a un lugar llamado Instrumentos de Magia de Wiseacre. Pasamos por una tienda que vendía cosas para el Quidditch, un deporte mágico que no me interesa. -Me gustaría entrar en el equipo, aunque no sepa volar en escoba -me comento.-No debe ser tan difícil.-Ya veremos como te va. Solo nos faltan las varitas. Fuimos a Ollivander. Estaba especialmente emocionado por comprar la varita. Anastasia me había dicho que la varita escoge al mago y quería saber que clase de varita me iba a tocar. En cuanto entramos nos recibió un hombre que supuse que debía ser Ollivander. -Hola -nos dijo amablemente -vienen a comprar su primera varita, ¿no es así? Ambos asentimos. -¿Cuales son sus nombres?-Tom Riddle.-Anastasia Laurien.-Muy bien ¿quien va primero?-Yo -dijo Anastasia dando un paso al frente.-De acuerdo. Ollivander sacó una cinta métrica y la midió. Luego, empezó a sacar varitas de las miles de cajas que cubrían las estanterías del lugar. Las varitas no duraban mucho tiempo en sus manos ya que él se las quitaba y le daba otras. Cada vez que eso pasaba el murmuraba cosas como "esa no", "no se como se me ocurrió", "tal vez la otra". Pronto se formó una enorme pila de varitas en una silla cercana. Finalmente hubo una varita que no le quitó. -Ya tenemos la correcta -dijo feliz - 31 centímetros y un tercio, roble, nervios de corazón de dragón, dura. Una varita temperamental que necesita de un dueño fuerte. Úsela con precaución. Ella estaba sonriente y no dejaba de ver su varita. Era fina, de color negro con detalles blancos entrelazados a lo largo. Cuando fue mi turno pasó algo parecido a que que pasó con ella. Ninguna varita parecía quedarme bien y yo no veía la diferencia entre todas. Pronto también se formo otra pila de varitas tan grande como la de ella. Un rato después pareció que había dado con la mía. -Esta es. 34 centímetros, tejo, pluma de fénix, relativamente flexible. Una varita muy poderosa e inusual. Presiento que no va a ser la primera vez que oiga hablar de ti, Tom. Salimos de la tienda y yo no dejaba de ver mi varita. -Parece un hueso -me comentó Anastasia -me gusta.-A mi también. Fuimos de regreso al Caldero Chorreante con un renovado buen humor.


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