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Historia 178253 — capítulo 8
No me moleste en quedarme para escuchar su plática sobre mi. En lugar de eso subí a mi habitación y me encerré allí. Me recosté en mi cama y me quedé mirando el techo. No entendía por que la necesidad de traer a mas personas a la casa. Su llegada no iba a mejorar la situación y dudo que cualquiera de ellos supiera como tratarme. Solo iban a molestar y dar ideas inútiles que no iban a servir para absolutamente nada. La verdad es que ser un psicópata me intrigaba. Sabía lo que era y había oído historias sobre de ellos pero jamás me había considerado uno. Si se que soy despiadado, cruel y manipulador pero realmente no se me había ocurrido la opción de ser un psicópata. Debí pensarlo mejor. No sabía por donde comenzar a investigar sobre ese tema. Tenía que hacerlo en secreto para evitar problemas. No me gusta que la gente se meta en mis asuntos personales. La opción mas accesible y relativamente sencilla era la biblioteca de la escuela. Pero dudaba que la zona de primaria tuviera libros que hablaran sobre ese tema. Tal vez la de secundaria o la de preparatoria pudieran servir pero no podría entrar fácilmente. Tendría que pensar en algo. Estaba medio dormido cuando me sobresaltaron varios golpes en la puerta. Me levante de mala gana y fui a abrir. -¿Puedo pasar? -me preguntó la señora Stone desde el umbral.-Bueno -me aparte para que pasara, ella entro y se sentó en la cama. Dio un largo suspiro y me miró.-¿Que quieres? -le pregunte impaciente.-Me preocupas.-Voy a estar bien -eso no había sonado muy convincente.-Es que... -agacho la cabeza y comenzó a sollozar Yo no sabía que hacer. Cuando alguien lloraba en mi presencia siempre me iba de la habitación. No se porque las lágrimas me hacen sentir incómodo. Ella se levantó de la cama y me abrazó, no se lo impedí pero no le devolví el abrazo. -Vas a estar bien, mi niño -dijo entre sollozos mientras me abrazaba mas fuerte -todo estará bien, todo saldrá bien. Te vas a recuperar. Lo decía como si fuera una enfermedad. Yo no lo veía así. Me habían contado sobre una situación similar en el orfanato. Que a un chico lo habían devuelto porque había sufrido un accidente, había quedado paralítico y la familia no tenía dinero para pagar su tratamiento. Supuse que conmigo pasaría igual. Lo mas difícil sería callar los rumores y habladurías que me esperarían al llegar. Pero, eso si, había encontrado una nueva forma de intimidación. No creía que las cuidadoras me mandaran a terapia así que todo volvería a una relativa normalidad. -Todos en la familia te vamos a apoyar y a ayudar a superar esto. Creía que mentía, que me devolverían en cuanto vieran que nada de lo que hacían daba resultado. -Todo va a estar bien, todo estará bien... -empezó a repetir -mañana te llevaremos a un lugar especial donde te van a ayudar.-¿Donde? Al día siguiente tuve la respuesta a esa pregunta. El hospital Brookline para niños con necesidades especiales y trastornos. Era un gran edificio de cinco pisos de color blanco y bastante largo, tenía un gran jardín con juegos y enredaderas trepando por las paredes. No se veía tan mal, aceptable en realidad. La señora Stone me condujo hasta el lugar y entramos a la recepción. Allí todo estaba implacablemente limpio y olía a desinfectante era bastante amplio y había varias personas allí algunas con sus hijos y otras sin ellos. La señora Stone hablo con una recepcionista y una enfermera se acercó a nosotros. -Buenas tardes, yo soy Grace. ¿Necesita algo?-Si, este es mi hijo Tom. Hoy es su primer día.-Muy bien, ¿pertenece al área clínica o psicológica?-Psicológica.-¿Quiere que le de el recorrido?-No gracias. ¿Debemos esperar en algún lugar o algo?-Mire, durante los primeros días en nuestro hospital mantenemos a los niños en observación para poder determinar su carácter nosotros mismos. No es que no valoremos el testimonio de los padres pero los niños tienen a comportarse diferente que en sus casas.-De acuerdo. Grace tomó unas hojas que le pasó la recepcionista y comenzó a leerlas. -Es mejor que vengas conmigo, Tom -dijo sin dejar de leer -despídete de tu mama.-Adiós -dije cortante. La señora Stone se despidió de mi y Grace me condujo por varios pasillos. Las paredes estaban decoradas con dibujos infantiles. Llegamos a una habitación llena de niños, todo parecía un salón de clases de preescolar. Todos los niños estaban vigilados y algunos junto a un enfermero. Observe el lugar y luego me senté en una de las sillas. No estaba de humor para hacer algo. Grace me invitó a jugar pero me negué, finalmente se rindió y se fue. Estuve aburrido por una rato hasta que la puerta se abrió de nuevo. Entro una niña acompañada de una enfermera. Era de cabello pelirrojo, lacio y a la cintura, sus ojos eran verdes oliva, llevaba un vestido blanco a la rodilla y zapatos negros. Parecía angelical pero algo en ella me llamaba la atención. Se sentó en la mesa mas vacía que había, osea la mía en la que solo estaba yo, comenzó a dibujar algo. No me di cuenta de que no había dejado de observarla hasta que ella me miró. -¿Que tanto me miras? -me fulminaba con sus enormes ojos.-¿Que tanto dibujas?-Mira esto -levantó el dibujo para que yo lo viera. Esperaba flores o mariposas pero en lugar de eso era un dibujo de un cadáver, tenía varios cuchillos enterrados y mucha sangre. La niña llamo a una enfermera y le dio el dibujo. La enfermera se fue espantada y se llevó el dibujo. -Ella es nueva, me llamó "angelito" cuando llegue y quería darle una lección -me explicó.-¿Llevas mucho tiempo aquí? -ella me agradaba mucho.-Dos años, ¿y tu?-Hoy es mi primer día, soy Tom, por cierto.-Anastasia -nos estrechamos las manos y yo no dejaba de mirarla, era bonita a su manera -¿Por qué estás aquí?-Dime tu primero -no quería espantarla, por alguna razón.-Los adultos lo llaman trastorno antisocial de la personalidad, pero a mi me gusta decir que soy una sociópata altamente funcional. No veo el problema con decirlo. ¿Y tu?-Lo mismo, pero lo llaman psicopatía.-Genial -dijo sonriéndome, su sonrisa no era como las otras, parecía revelar su verdadera locura interna. Yo también le sonreí, creo que era la primera vez que le sonreía a alguien de verdad.
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