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Historia 178382 — capítulo 2

CAPITULO 1

"Londres"

Por un momento se detuvo en el pasillo del tren, ¿se sentía segura de hacerlo? ¿Estaba preparada para volver a casa? su corazón se agito con fuerza, volteo la mirada a una de las ventanas, su tío Blaise le dio su mejor sonrisa. No estaba preparada, pero si no regresaba a Londres en ese momento, no podría hacerlo jamás.

-Niña, ¿vas a moverte o te muevo yo?

-Sí, lo siento-murmuro sonrojada, el viejo muggle avanzo golpeando con fuerza su bastón mientras murmuraba improperios.

Resoplo. Tomo asiento en el vagón que le tocaba y acerco su rostro a la ventana, Blair corrió a ella apenas la vio y entre las dos lograron abrir la ventana. La pelinegra se colgó del cuello de su prima sollozando.

-No tienes que hacerlo, sólo tienes que decírmelo… haré que mamá obligue al tío Draco a dejarte aquí, sabes que ella puede hacerlo.

-Lo que más quisiera, Blair-susurro ella-.Amo Beauxbatons, pero es hora de ir con mi familia.

La pelinegra chillo.

-¡Somos familia!

-¡Lo sé, lo sé!-Se apresuró a decir-,me refiero… es hora de ir a Hogwarts, si no me aceptan, regresaré.

-No seas boba, ¿quién no te querría?-el silbido del tren informo de su partida, la pelinegra se apartó aún llorosa-.Te extrañare, Phoenix.

-Y ella a nosotros-menciono su tía Pansy llegando al lado de su hija.

Las ruedas del tren avanzaron, los ojos grises de la pelirroja se movieron con alarma y dirigió su vista a la familia Zabini, no quería dejar Francia, no quería dejar Beauxbatons, no quería dejar a su dramática prima. Pequeñas gotas saladas resbalaron por su rostro, Blair corrió a la par del tren.

-¡Escríbeme, cada semana!-la voz de su prima sonaba muy fatigada y su trote empezaba a minorar.

-¡Lo haré!-Grito conteniendo el llanto-,¡lo prometo!

-¡Te tomo la palabra!-respondió la pelinegra.

Poco a poco el tren se alejó de la estación perdiendo de vista a los Zabini, regreso a su puesto secándose las lágrimas que restaban. Suspiro observando como el cielo azul de Francia iba desapareciendo para dar paso al nublado firmamento de Inglaterra y sus alrededores. Cerró los ojos dejándose llevar por el cansancio.

-¿Londres? ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué ahora?

-Hogwarts es un buen lugar para conseguir tus éxtasis-comento su hermano, ella le dio una mirada envenenada.

-Quiero quedarme aquí, deseo terminar en Beauxbatons-suplico.

-No, Phoenix-su padre negro rotundamente-Irás a Londres como se ha predicho.

Apretó su mandíbula en un afán por no soltarles palabrotas a sus padres.

-Como quieran-murmuro-Pero regresare en tren…

Su padre estuvo a punto de replicar.

-Tren Muggle-dio media vuelta y subió rápidamente a su habitación.

Un suave movimiento la despertó, una rubia de sonrisa amable se encontraba frente a ella avisándole que en unos minutos llegarían a la estación. Arreglo su cabello y espero, no le desagradaba pasar tiempo con su familia; simplemente no lograba entender el afán de sus padres por su regreso, parecía que hace tan solo seis años le rogaban que se fuera a Francia y ahora… cuando había logrado dejar de extrañar Londres y empezar su amor por Paris, la obligaban a regresar. Se abrazó a sí misma, había olvidado el clima frio de Inglaterra, llevaba tan solo un abrigo de seda. Recordó tiempos atrás formando una mueca en su rostro, siempre había desentonado con su familia, padre y hermano rubios platinados, su madre castaña, ¿por qué ella era pelirroja? Desde que había tenido uso de razón quiso formulársela a su familia. Sin embargo, tenía miedo de escuchar un "eres adoptada".

Fue tan sólo horas antes de su partida a Francia que se armó de valor para acercarse a su madre y preguntar. A sus once años tenía claro que de ser adoptada podría soportarlo, más un alivio le invadió en cuanto, Astoria Malfoy, su madre la llevo al estudio para enseñarle un álbum en el que un hombre pelirrojo de ojos verdes sonreía a la cámara. William Greengrass, su abuelo materno, quién durante la guerra había preferido mantenerse al margen, ni del lado de los héroes, ni del lado de los villanos; la consecuencia fue su muerte a manos de mortifagos. El corazón de Phoenix habían saltado de emoción al verlo, ella era su vivo retrato; a excepción de sus ojos grises, por lo demás; era como ver a un Will Greengrass en versión femenina.

En cuanto sintió que el tren se detenía cogió su pequeño equipaje de mano, se detuvo dejando que el resto de pasajeros bajara. Un ventarrón de aire le dio la bienvenida en cuanto piso la estación de King Cross, no le dio tiempo a respirar nuevamente cuando un sofocante abrazo llego. Scorpius podía ser idéntico a su padre, pero había sacado la personalidad dulce de su madre; le tomó por sorpresa saber que en su primer año había quedado en Slytherin. Blair y ella habían apostado, mientras que su prima se inclinó por Ravenclaw, la pelirroja había asegurado que su rubio hermano sería un leal tejón.

-¿Tienes el boleto de equipaje?-pregunto su padre luego de darle un pequeño abrazo.

Sin decir palabra le extendió el billete dorado. Su madre suspiro, sabía que Phoenix podía ser un pan con miel, pero si se lo proponía tenía veneno en la lengua. No por nada era una Malfoy.

-¿Cuándo iremos al callejón Diagon por mis cosas?-pregunto una vez que estuvieron en el coche.

-Me tome la libertad de comprar tus materiales cuando fui por lo míos-le sonrió Scorpius.

Ella quedo callada. El coche paro en una calle angosta, Phoenix reconoció el lugar como el caldero chorreante; bajo en silencio siguiendo a su familia, en cuanto atravesó las puertas se escuchó el griterío de una horda de pelirrojos, se sintió incomoda y fuera de lugar; estaba segura que si se alejaba de sus padres podrían confundirla con esa salvaje familia de pelirrojos. Alzo la vista topándose con los ojos esmeraldas de un hombre de anteojos que la observaba sorprendido, giro su rostro para observarlo mejor, estaba segura de haberlo visto en algún lado; aunque no recordaba en dónde.

-Eh, tranquila. Es mi familia.

Suspiro pesadamente. La visión del hombre azabache sonriéndole a la vez que le decía esas palabras llego como un flash a su mente. Vio cómo su hermano mayor se acercaba a los pelirrojos, habían algunos rubios y morenos en menor grado, su padre hizo una mueca en desacuerdo pero no emitió queja, riña o sonido alguno.

-Estoy cansada-dijo a sus padres.

-Vamos, ya he pedido una habitación para ustedes-le dijo su madre en una sonrisa.

Esperaba subir las escaleras sin que su hermano se diera cuenta de su ausencia, pero Scorpius Malfoy parecía tener un radar de cuando Phoenix se trataba.

-¡Phoenix!-llamo.

No se atrevió a voltear; se aferró con fuerza al brazo de su madre, si lo que deseaba su hermano era presentarla podía esperar, un momento en el que ella no estuviera tan huraña.

-Irá a descansar-hablo su madre por ella-, esta indispuesta. Buenas noches chicos, Albus, Rosie…

-Buenas noches, señora Malfoy-un coro de voces le llego a sus oídos.

-No te quedes hasta muy tarde, Scorp-imagino a su hermano en un puchero-.Mañana tenemos que regresar a King Cross, espero tengas listo tu equipaje.

-Hasta mañana, señora Malfoy-su corazón latió con fuerza al escuchar esa voz profunda y ronca.

A penas voltio un poco el cuello para encontrarse con unos idénticos ojos verdes que tenía el hombre de anteojos, también creyó conocer al chico que la miraba fijo sin expresión alguna.

-Hasta mañana, Albus-respondió su madre dulcemente.