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A Pirates Life — capítulo 3

Cuando entraron en el barco Annabeth quedó maravillada.

-Es hermoso- dijo.

-Lo es- dijo Percy.- Thalia, Piper llevarla a las mazmorras.-

Dos chicas una de pelo negro y ojos azules eléctrico y otra de pelo castaño y con unos ojos... unos ojos que cambiaban de color se acercaron a ella y la agarraron cada una de un brazo.

-Agarrarla bien- dijo Percy- Tiene más fuerza de la que parece-

Bajaron y prácticamente tiraron a Annabeth dentro de una celda.

-Bien- dijo la de pelo negro- Calladita princesita-

-No me digas así- dijo Annabeth.- No soporto que la gente me trate de doncella.-

-¿No es lo que eres?- dijo la otra pirata.

-Sí. Pero eso no quiere decir que me comporte como tal-

-Si que eres valiente princesita. Soy Thalia Grace y esta es Piper McLean y estas a bordo del Mestizo.

-Ten- le dijo la que se llamaba Piper a la vez que le tendía ropa- Espero que no te importe que sea ropa de una pirata- dijo a modo de burla.

-Seguro que mejor que este corsé lo es- las otras dos se rieron.- No sois como me decía mi padre-

-¿Cómo decía tu padre que éramos?- preguntó Piper.

-Asesinos, ladrones, sin corazón. Que sois lo más maligno que habita en los mares. Pero a mi me parecéis simpáticas.-

Las otras dos la miraron sorprendidas y sin decirle nada subieron a la cubierta. Annabeth soltó un gran suspiro, ¿y ahora qué iba a hacer?. Tarde o temprano la matarían, pero no quería volver, eso significaría casarse con alguien al que no amaba y vivir bajo las ordenes de su padre durante toda su vida. No. Definitivamente no. Podía escapar y buscar otro barco en algún puerto para perderse en el mar.

Se cambió de ropa cuando se aseguró de que nadie iba a bajar y se miró de arriba abajo. No parecía ella. Llevaba una blusa blanca bastante ancha con demasiado escote metida por dentro de una pantalón completamente del estilo pirata. Se soltó el pelo. Vale. Siguiente paso. ¿Cómo iba a abrir la celda?.

ooo

Percy se encontraba en su camarote con Jason, Rachel, Piper, Leo, Thalia y Nico.

-Sigo sin entender por qué la hemos subido a bordo- dijo Rachel.

-Fácil, la necesitamos- contestó Percy mientras seguía caminando. Chasqueó los dedos.- Casi se me olvida. He robado algo.-

Todos le miraron atentos mientras el se sacaba el pergamino del bolsillo y lo ponía sobre la mesa.

-Lo encontré, tantos años buscándolo y por fin tengo el mapa- dijo Percy alzando el pergamino.

 -Solo es una niña mimada, ¿de qué nos puede servir?- dijo Rachel

-No. Si me permite el atrevimiento capitán, me parece que es más de lo que parece- dijo Piper. Percy la miró curioso, uno de los motivos por los que eligió a Piper en su tripulación (dejando a parte el hecho de que es la novia de su mejor amigo) era que tenía en su poder una daga mágica que podía ver el futuro. -Verás mi capitán, he visto cosas. Creo que puede ser ella-

-Bien- dijo Percy.- En ese caso, traerla ante mi-

Cuando Thalia y Piper regresaron por segunda vez de las mazmorras, pero esta vez con Annabeth, la colocaron delante de el y se quedó maravillado con lo que tenía delante. Iba con ropa de pirata que le sentaba terriblemente bien, y estaba condenadamente sexy.

Annabeth se percató de que el capitán Jackson la estaba mirando, así que le dedicó una sonrisa coqueta, y cuando este se la devolvió a Annabeth le dio un vuelco el estómago.

-Dime lo que sabes de este mapa- dijo Percy. Annabeth se acercó al mapa le echó una ojeada, claro que lo conocía.

-No se nada- respondió al fin. Percy la sonrió arrogante.

-Me da igual de quién seas hija, pero ahora estas en mi barco y debes acatar mis ordenes- respondió el serio. Annabeth le sonrió y antes de que nadie pudiera reaccionar dio un salto y paso sus manos atadas en su espalda hacia adelante. Lanzó una patada hacia atrás que derribo a Jason y a Piper y otra de lado que derribó a Nico. Rachel sacó su espada y la lanzó una tajada que Annabeth ágilmente utilizó para soltarse las manos y romper la cuerda y derribar a la pelirroja y a Thalia de otra patada. Ya solo quedaban el capitán y ella.

Percy la miró con los ojos muy abiertos y ella le hizo un gesto con su mano como los militares y una reverencia para salir corriendo antes de que nadie pudiese reaccionar. No sabía de donde había sacado esa habilidad para la lucha, pero le gustaba.

Percy reacciono y salió corriendo detrás de Annabeth. Vio como se dirigía hacia un bote y corrió hasta alcanzarla. Antes de que soltara el bote, Percy se lanzó encima de ella y cayeron al suelo.

-¿Dónde te crees qué vas?, ¿con tu papi?-preguntó Percy burlándose.

-Jamás- dijo Annabeth.- No pienso volver allí- Percy la miró sorprendido, cada vez le sorprendía más esa mujer.

-Pues quédate conmigo- dijo Percy muy cerca de sus labios. Annabeth hizo un amago de  acercarse más a ellos y aprovechó el momento de debilidad para levantarse con un hábil movimiento.

-Eres un pirata- dijo- Jamás-

-Para tener un concepto tan bajo de nosotros vas camino de convertirte en una- dijo levantándose y desenvainando su espada. Annabeth retrocedió un paso. No tenía arma. Se fijó en que toda la tripulación les miraban atónitos. Se acercó a un chico de pelo rizado y con aspecto de duende y en un ágil movimiento le quitó la espada.

Se giró hacia el capitán Jackson.

-No creerás que me vas a ganar, ¿no?. Recuerda que ya te gané una vez- dijo Percy con arrogancia.

Annabeth le lanzó una estocada que el esquivó ágilmente. Entonces pasó exactamente lo mismo que en la habitación de su padre. De un solo golpe su espada salió volando.

-Bien- dijo Percy mientras se acercaba a ella- Hagamos un trato. Yo no te devuelvo a tu casa si tu me ayudas a encontrar mi tesoro.- Annabeth le miró con desconfianza.

-¿Cómo se que no me engañas?-

-Fácil- dijo Percy- Yo quiero mi tesoro y tú por motivos que no logro entender no quieres volver a casa, los dos ganamos.-

-Hecho- dijo Annabeth- Pero con una condición. Yo tendré un camarote. No pienso dormir con el resto de la tripulación

-Lo siento guapa, pero el único camarote que hay es el mío- dijo Percy. Annabeth se cruzó de brazos y le miró divertida. Percy soltó un bufido, nunca había cedido tanto con nadie.- Esta bien, en ese caso dormirás conmigo- concluyó divertido.

-Ni  lo sueñes- dijo Annabeth. Percy se colocó igual que ella.- Agggg, está bien- gritó exasperada.

Percy sonrió triunfante y se dirigió a su tripulación.

-¿¡Y vosotros que estas mirando ratas de agua dulce?!- gritó. Seguid trabajando.- Leo, al timón. Rachel, te dejó al mando.- gritó.

La pelirroja asintió y le lanzó una mirada de odio intensa a Annabeth. Siguió a Percy hasta su nuevo camarote y comprobó horrorizada que solo había una cama.

-Bien, ahora me vas a contar todo lo que sepas de este mapa-

-Es un mapa de un antiguo emperador griego. Al parecer, tiene una maldición encima. La leyenda cuanta que cuando los romanos invadieron a los griegos escondieron su posesión mas preciada en una de las cuevas de el reino  perdido. Así es como se llama ahora lo que antes era un templo sagrado a los doce dioses del Olimpo.-dijo Annabeth.

-La estatua de la inmortalidad. Capaz de hacer inmortal a aquel que la tenga en su poder- dijo Percy con un brillo en los ojos. Annabeth se estremeció.

-Sí. Mi padre lleva detrás de ese tesoro muchos años.  He investigado sobre él- dijo  Annabeth. Percy se acercó peligrosamente a ella, pero Annabeth no se apartó.

-Es decir, que tenemos una listilla a bordo- dijo Percy cogiendo uno de sus mechones entre sus dedos. Annabeth le miró a los ojos y se perdió en ellos. Tenía los ojos de un color verde mar que nunca había visto y eran hermosos. Percy por su parte miró los de ella quedándose perdido en las tormentas grises que tenía delante.

-Llevo buscando ese tesoro muchos años listilla, y necesito tu ayuda- dijo Percy

  • No te entiendo, ¿en qué te podría ayudar yo?- dijo Annabeth frunciendo el ceño confundida.

-Dime lo que sabes de la estatua de la inmortalidad- la ordenó Percy. Annabeth detestaba que la dieran ordenes, pero se mordió la lengua.

-La estatua de la inmortalidad es una vieja leyenda sobre una estatua  que concede la inmortalidad  a aquel que la posee. Los griegos de la antigüedad la tenían en el templo de culto a los doce dioses del Olimpo, junto a todas las riquezas del reino. El templo estaba sellado y solo un descendiente de los Nakamura podía entrar en él, con ayuda de la llave, que era un medallón dotado de cualidades mágicas que según  la leyenda se la otorgaron los dioses al primer Nakamura para poder abrir la cueva. La llave fue pasando de generación en generación.

Cuando los romanos tomaron la cuidad de Ethan cuando menos se lo esperaban, huyó, nadie sabe como, de la ciudad y se dirigió hacia el templo para coger la estatua que había pertenecido a su dinastía por más de cien años.  Se dice que los dioses descargaron su furia sobre Ethan  por haber abandonado su ciudad y con ello su reino, maldiciendo el tesoro. Solo los descendientes de los Nakamura pueden abrir la cueva con ayuda de la llave, siempre y cuando tengan el corazón puro. Cualquier otro que ose intentarlo será convertido en ceniza. Y eso es lo único que se.

-Aja...- dijo Percy.- Bien, entonces sabrás que para poder conseguir la estatua necesito a un descendiente de los Nakamura de Gracia y la llave.

-Sí. Tu problema es que Ethan Nakamura no tiene descendencia- dijo Annabeth segura de si misma.- Y la llave la escondió el mismísimo Ethan, si él lo podía tener la estatua, no estaba dispuesto a consentir que nadie más lo tuviese.

Percy se limitó a sonreírla, esa sonrisa digna de un pirata que no te hace pensar en nada bueno, pero que igualmente a Annabeth le resultaba atractiva.

Percy salió del camarote y gritó:

-¡Reunión en la bodega! Si me disculpas listilla, debo hablar con mi tripulación.- la cerró la puerta del camarote en sus narices y la dejó encerrada y soltando maldiciones, algo sobre un "asqueroso pirata".

Holaa, segundo capítulo. De momento me gusta bastante como está quedando. Dejarme vuestros comentarios por fa, me ayudan una barbaridad. Como hay puente y en mi estúpida librería aún no tienen la Sangre del Olimpo, tratare de subir varios capítulos.