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Historia 178512 — capítulo 4

El trono estaba a unos pocos pasos, y la corona, adornada con gemas de color marfil y lavanda había sido descubierta esperando el momento de posarse en una nueva cabellera.

La gente la miraba con estupor. Muchos de ellos codiciosos por el deseo de poseer una joya que tuviera tanto poder en el mundo de los hombres. Pero teniendo que resignarse a ver como otro hombre se llevaba toda la gloria en la ceremonia que le haria rey.

Y que como consecuencia les convertía a ellos en sus súbditos. Los aplausos ahogaron los susurros malintencionados que inundaban la sala del trono, cuando aquel objeto de miles de años, fue  puesto en la cabeza del ahora rey Carlos de Valois.

Margaret también aplaudió y después los conocidos trovadores cantaron sus canciones que hablaban sobre un amor tan puro como los diamantes que cubrían la cabeza del nuevo rey. La gente rió con avidez, y las mujeres y los hombres salieron a bailar en armonía.

Margaret ladeo la cabeza, y contuvo la respiración al ver ante sí, a un joven de cabello oscuro, y piel morena, con fracciones gruesas y unos pequeños ojos oscuros. Como se espera de una chica de su alcurnia, hizo una impecable reverencia a su nuevo rey.

-Rey Carlos. No puedo explicar con palabras lo que es teneros de vuelta después de tantos años de espera. Toda mi familia se siente realmente afortunada por poder gozar de vuestra presencia en nuestra humilde  casa.

-Y yo me siento realmente agradecido por la calurosa bienvenida que me habéis dado. Nunca, ni en mis años de juventud, había conocido a una joven tan educada, al igual que hermosa- dijo mientras besaba su mano.

Y Margaret sonrió tímidamente.

-¿Me acompañaríais en un baile?

-Nada me haría más feliz- contesto ella radiante, y las manos de Carlos se posaron en su cintura.

-¿Mis presentes fueron de vuestro agrado?- pregunto mientras la música guiaba a sus pies.

-Oh, si- contesto.-Son sin duda los regalos más hermosos que nadie jamás me ha regalado.

-Y estoy seguro, de que vos sois la mujer más hermosa que los ha llevado puestos- dijo el rey haciendo que se sonrojara.- Pero no entiendo, si han sido de vuestro agrado, ¿por que no llevarlos para que todo el mundo los pueda ver?

-Pensaba guardarlos para una ocasión, más…- comenzó a hablar mientras se acercaba a su cuerpo.- especial.

Las mujeres y los hombres se separaron dejando entre ellos unos metros de distancia.

Ellas hicieron una pequeña reverencia, mientras ellos alargaban su mano para atraerlas de nuevo. Pero cuando Margaret cogió la mano de su tío, el mundo entero se le cayó encima  al ver no muy lejos de allí, a un joven de pelo marrón oscuro, y cuyos ojos oscuros la transportaron al mundo de los recuerdos.

3 días antes:

"-¡No me pienso casar!- grito Margaret mientras entraba en la habitación de su madre.-  No estoy preparada y además, no puedes obligarme a hacerlo.

Teresa se apresuró a cerrar la puerta, e intentando no perder los nervios se acercó a su hija.

-Tienes razón, no puedo obligarte. Es tu elección- dijo mientras las dos se sentaban en la cama, y Margaret se relajó un poco.- pero hija no olvides a quien estas rechazando. Se trata del futuro rey, ¿Es que no te das cuenta?, Si le humillas diciéndole que no, nos destruirá a todos, y poco le importara que seamos de su misma familia, ¿Es eso lo que quieres?- dijo muy cerca de ella.

-No, claro que no- respondió apresuradamente-. Pero madre, tu no lo entiendes, yo no le quiero, y temo que jamás pueda hacerlo.

-Y no tienes que hacerlo. Tan solo tienes que hacerle pensar que eres suya. Los hombres, a veces, pueden llegar  a ser así de simples- dijo mientras acariciaba su mano, tranquilizándola-. Para el serás como una hermosa fantasía  que nunca se permitió soñar.

-¿Me estas pidiendo que mienta al futuro rey, que le haga pensar cosas que yo no siento?- dijo confusa.

-Sí, y recuerda que una vez que empieces no habrá vuelta atrás."

-¿Margaret, te encuentras bien?- pregunto Carlos al ver que la chica había perdido algo de color.

Brendan siguió mirándola, y aunque eso hacía que su corazón se retorciera de dolor, recordó las palabras de su madre "recuerda que una vez que empieces no habrá vuelta atrás".

-Oh si- dijo la chica mientras se ponía derecha.- Solo me he mareado un poco,. Seguramente por culpa del vino.

Esta vez fue ella quien puso sus manos alrededor de la cintura  de Carlos, y acercándose peligrosamente a sus labios le pregunto:

-¿Me sacas a bailar?