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Historia 178512 — capítulo 3
Brendan se acercó corriendo a los establos. En la puerta, un joven de pelo rubio lo miraba con las manos cruzadas.
-¿Dónde diablos has estado?- pregunto.- He estado toda la mañana limpiando la mierda de los caballos yo solo.Así que esta tarde me tomare un descanso ¿Te parece bien ?,¿Brendan?- volvió a preguntar al ver que ni siquiera le miraba.
-Creo que acabo de conocer a un ángel- hablo por fin.
-¿Un ángel?- pregunto Corman.- ¿No hablaras de Shae?- pregunto, refiriéndose a una muchacha que servía en la casa.-Hombre, reconozco que no está nada mal, pero tanto como para llamarla ángel. Además no te hagas muchas ilusiones chico, no creo que este a tu nivel.
-No, no es ella de quien hablo- le contesto ignorando su comentario.
-¿Y entonces de quién?- se extrañó Corman, intentando recordar alguna mujer del servicio con la que se había acostado.
-Ella no trabaja aquí- aclaro Brendan como si le leyera la mente.- Pero si vive aquí, se llama Margaret y tiene los ojos más bonitos que….
-¿Margaret?- grito Corman.-¿Te refieres a la hija de la señora Leblanc ?- se apretó la tripa mientras reía con ganas.- No me digas que ese es tu ángel, por favor, tengo más oportunidades yo de convertirme en rey que tú de estar con esa chica. Pensé que te lo había explicado bien Brendan. Nosotros pertenecemos a diferentes mundos. Trabajamos en el establo, limpiando la mierda que dejan unos asquerosos caballos ¿No lo ves?-dijo mientras señalaba su traje lleno de barro.-Que noble en su sano juicio iba a cambiar a un hombre vestido de seda por uno que huele a estiércol de caballo. Sé que es difícil de entender- dijo mientras le daba unas palmaditas en la espalda.- Imagínate lo duro que es para mí- y se pasó una mano por su rizado pelo rubio.- He visto a muchas nobles fijarse en mí. Seguramente de haber nacido conde o duque, hubiera tenido a cualquier mujer comiendo de mi mano, pero me tengo que contentar con lo que tengo, y lo hago. Se levantó y limpio sus zapatos en la madera-. Casi siempre- termino de decir con una pícara sonrisa.
Brendan se quedó sentado, mientras reía por las palabras de su amigo. El sí que era todo un donjuán- pensó. Aunque prefirió no contarle todavía que a pesar de lo que creyera sobre las nobles y sus preferencias, el sí que había conocido a una, y lo había hecho plenamente.
De todas formas, igual no estaba del todo equivocado, y la verdad es que esa chica de ojos verdes, no estaba en su sano juicio. Pero no le importaba. La seguiría amando aunque fuera la reencarnación del diablo. Y solo le había bastado unas horas para saberlo.
-Espero volverla a ver- dijo en voz bajo mientras su amigo se marchaba a descansar.
Y su deseo no tardó mucho en hacerse realidad, pues a los pocos segundos una joven apareció por la puerta, y se sentó en el suelo, a solo unos pasos de él. Tenía los ojos enrojecidos, y aun se podía ver como un par de lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
Ella no tardo en verlo, y por segunda vez en un margen muy limitado, sus miradas se cruzaron de la manera más imprevista.
-¿Vuelves a espiarme Brendan? Pensé que habíamos acordado no volver a hacerlo- pero a pesar de sus palabras, el noto que una pequeña sonrisa se formaba en su cara.
-En mi defensa diré, que yo llegué aquí mucho antes- contesto el mientras se acercaba a su lado-. Margaret se limpió las lágrimas con la manga de su vestido y Brendan, aun sintiendo que no le incumbía saberlo, pregunto:
-¿Ha pasado algo?
Margaret lo miro dudosa. Tenía tantas excusas que decir para que el no supiera la verdad, tantas mentiras que podía contarle, que al final, decidió optar por la solución más descabellada: decirle la verdad.
-Me voy a casar.