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Nunca me dejes, por favor. — capítulo 1
Estaba acostumbrada a sentir este dolor en el pecho. No era nada nuevo para ella. Sentía como la respiración le iba fallando y aunque llevaba una bombona para respirar no podía coger aire, sus pulmones no funcionaban bien. Estaba angustiada, no sabía qué hacer. ¿Gritar? Ni siquiera podía pronunciar ni una mísera palabra o emitir sonido alguno.
Notaba como si sus pulmones se encogieran lentamente, provocándole un pinchazo en el pecho. Sabía que era malo, muy malo. Y cuando por fin pudo gritar su respiración iba muy rápido, intentando coger hasta la más pequeña célula de oxígeno.
Sus padres entraron corriendo a su habitación, acompañados de sus hermanos. Lo último que recordaba eran sus miradas llenas de preocupación y miedo. Se quedó insconciente durante el trayecto al hospital, donde iba sentada detrás con sus hermanos abrazándola y llorando. Su respiración se iba apagando poco a poco, hasta el punto de parecer casi inexistente.
Tenía que luchar, pero no le quedaban fuerzas. A lo lejos oía la voz de su hermano diciéndole ''No te vayas, pequeña, por favor. ''
No era justo, ¿no? No era justo, ni siquiera ahora lo es. Solo era una niña, una niña de ocho años que empezaba a descubrir el mundo. ¿Por qué tenía que cargar con ese dolor? ¿Qué había hecho ella para merecerse eso?
Sentía las débiles caricias de las manos temblorosas de la que era su hermana melliza, al igual que el traqueteo del coche corriendo por la autopista y adelantando a todos los demás vehículos para llegar cuanto antes al hospital. Su madre le cogía la mano desde el asiento delantero infundándole fuerzas mientras su padre conducía como un loco.
Oía como una pequeña voz le decía: ''Coge aire, respira lentamente. Tú puedes. ''
Era su voz, recordando lo que el médico le decía que hiciera si llegara a pasar otra vez lo que estaba ocurriendo. Ni siquiera sabía cómo lo estaba haciendo, pero su respiración estaba mejorando para alivio de su familia.
Al llegar al hospital, inmediatamente se la llevaron para revisarla. Su respiración ya era totalmente normal, pero sus pulmones estaban bastante mal.
Su familia mientras tanto permanecía en la sala de espera, ansiosa por saber que era lo que pasaba. Cuando el doctor salió a contarle lo que pasaba todos se levantaron de un salto de sus asientos, la niña no podría volver al colegio, tendría que permanecer en el hospital unas cuantas semanas, haciéndole pruebas y revisando que no se volviera a producir, si eso pasaba tendrían que operarla. Y la tuvieron que operar, ya había perdido la cuenta de las veces que había pisado un quirófano. Y no se lo deseaba a nadie.
Al principio, cuando empezó a fallarle la respiración cuando apenas tenía seis años sus padres pensaron que podría ser asmática, pero pasaron los años y la cosa empeoraba, la llevaron al mejor médico que se podían permitir y este les dio la peor noticia de todas. Lloraron amargamente, era la peor noticia que un médico le podía dar a unos padres sobre su hija, o a unos hijos sobre su hermana.
La pequeña niña de ocho años llamada Katniss Everdeen tenía cáncer de pulmón.
Poco a poco la niña se fue convirtiendo en una mujer, aunque su madurez era mayor a la mayoría de los niños de su edad, ya que había vivido y sufrido mucho más. Tuvo que dejar atrás a sus amigos de clase, y no solo ella, sino también sus hermanos, quienes aunque no es que les gustara mucho la idea, iban a hacer todo lo posible porque su hermana se curara.
Dejó atrás a sus mejores amigas Annie, Madge y Glimmer, que también eran las mejores amigas de su hermana, ya que iban al mismo curso y a la misma clase. Su hermano, dos años mayor que ellas, también tuvo que dejar atrás a todos sus compañeros de clase y sobre todo a su mejor amigo Finnick, y es que, ahora, los Everdeen se irían a vivir al Capitolio, donde había uno de los mejores hospitales del país.
Pasaron uno…dos…cuatro…seis…ocho…diez, diez años y Katniss se había convertido en toda una mujer, fuerte, valiente, decidida. Había superado la prueba más dura que la vida le puso cuando era una niña. Con sus hermanos y sus padres siempre a su lado, en los buenos y en los malos momentos, incluso cuando parecía que todo se acababa, ellos habían estado ahí para ella.
Katniss superó el cáncer después de 10 largos años, es más se atrevería a decir interminables. Todavía cabía la posibilidad de que este se le reprodujera, pero ya llevaba casi un año sin rastro de él y se sentía viva y como nueva para empezar a ir a la universidad y poder quedar con amigos, ir a fiestas, es decir, vivir la adolescencia.
Lo había hablado mucho con sus padres y sus hermanos, y aunque la universidad ya había empezado apenas unas semanas atrás, Katniss se sentía preparada para todo. Este verano había vuelto al Distrito 12 del Capitolio y quería ver a sus amigas, aunque no vayan a la misma universidad, todavía se acordaba de donde vivían, hacía tanto que no las veía que las echaba muchísimo de menos, ni siquiera habían podido comunicarse en todos estos 10 años. Iría a la misma universidad que sus hermanos, su hermana Clove había decidido esperarla y quería ingresar a la misma vez que ella y por otro lado su hermano Gale ya había comenzado en ésta dos años antes, aunque iba por las tardes, este curso cambiaría el horario a por el de mañanas para poder hacer compañía a sus hermanas.
Ya estaba lista para empezar su primer día en la universidad, pero como aun le quedaba tiempo, permanecía ahí, parada de pie enfrente del espejo, mirándose. El reflejo le mostraba a una chica de estatura normal, de preciosos ojos grises y cabello moreno cayendo en ondas hasta la altura de sus hombros, era normal, estaba creciendo. Su cara, la cual antes siempre estaba pálida ahora tiene más color. De su figura destacaban las curvas de sus caderas, sus pechos no eran ni muy grandes ni muy pequeños, aunque su vientre y sus brazos están más secos debido a la quimio y eso que había engordado durante el tiempo que está recuperada.
Oye la voz de su hermano abajo, que la llama para avisarla de que se van ya y coge su macuto, respira hondo, se echa una última mirada al espejo y sale de su habitación.
Su hermana la espera en la puerta principal, les da un beso y un abrazo a sus padres y sale junto con su hermana de casa, en el coche ya las espera Gale. El camino a la universidad es divertido, como no lo va a ser con las locuras de su hermana.
Clove es tan diferente a ella, en lo único que se pueden parecer es en el físico, solo que Clove es un poco más bajita que Katniss, también tiene el pelo moreno, pero el suyo es mucho más largo y liso y sus ojos son grises también.
Gale es alto y musculoso como el padre, cabello moreno también, característica de los Everdeen a excepción de la señora Everdeen y ojos grises.
Clove es alocada y divertida, Kat, callada y reservada, Gale…bueno, Gale tiene ambas cosas.
Cuando llegan a la universidad cada uno se va a sus respectivas clases. Katniss decidió estudiar medicina, ya que vivir todo eso en sus propias carnes le hizo querer ayudar a las demás personas que estaban sufriendo lo mismo que ella pasó.
Pasadas todas las clases y llegado el descanso se espera enfrente del pasillo de su clase donde sus hermanos le han dicho que pasarían a por ella para irse juntos a la cafetería.
-Hey, hermanita, ¿Cómo estás? ¿Qué tal las clases? -llega su hermana y le da un gran abrazo.
-Muy bien. -sonríe.
-Vamos a comer que tengo hambre. -voy a reprochar que tenemos que esperar a Gale, pero se me adelanta: -Tranquila, le mando un mensaje diciéndole que estamos en la cafetería y que vaya para allá. -Me coge del brazo y me arrastra hasta la cafetería.
Antes de llegar nos topamos con Gale en el camino, llegamos los tres juntos y compramos algo para almorzar. Iban a sentarse en una mesa los tres hermanos cuando Gale ve a lo lejos una cabellera rubia cobriza que le suena demasiado, seguida por sus hermanas se acerca a la mesa donde hay sentados unos siete chicos, entre ellos Kat y Clove logran identificar a Annie, Madge y Glimmer, los otros tres chicos no los conocen.
-¿Odair? ¿Eres tú? -Un chico de ojos verdes como el mar se gira hacia nosotros. Abre la boca con una enorme ''o'' y se levanta para abrazar a mi hermano.
-¡Gale! Dios, cuanto tiempo. Ha pasado así como…
-Diez años. -sonríe.
-¡¡GLIMMER, CAPULLA!! -grita mi hermana como una posesa haciendo que un montón de miradas se posen en nosotros. -Levanta ese hermoso trasero de la silla y dame un buen abrazo.
Yo por mi parte me quedo parada, mirando a mis amigas que parecen que están viendo un fantasma, dejo mi almuerzo en la mesa y me acerco un poco tímida hacia ellas.
-Bueno, ¿no me vais a dar un abrazo después de tanto tiempo? -no me da tiempo ni a terminar cuando las tengo a las dos encima de mi apretándome fuerte en lo que quisiera pensar que es un abrazo y no intento de axfisiamiento por estar tantos años sin comunicarme con ellas.
-¿De verdad eres tú, Kat? -Ann ya está llorando y no quiero que me lo pegue. -Nosotras…cuando te fuiste…ha pasado tanto tiempo sin tener noticias de ti que nosotras pensábamos que tú…
-Annie. -la calla Finn.
-Lo importante es que ya estás aquí con nosotras y tienes muchas cosas que contarnos, igual que nosotras a ti. -arregla Madge.
-Vaya capullos. -exclama Clove. -Mirad, ¡que nos han sustituido por tres tíos buenos!
-Clove. -grito muerta de la vergüenza y Gale se ríe.
Nuestros amigos nos presentan a los tres chicos que han permanecido callados mirando la escena con interés. El más alto es rubio con ojos azul marino y se hace llamar Cato, el tercero es de alto como Gale, y muy musculoso también al igual que el tal Cato, Marvel, que es como se llama es moreno con ojos color miel y por último un chico con mirada un tanto arrogante rubio ceniza con unos preciosos ojos color celeste que se hace llamar Peeta.
Pasamos todo el almuerzo contándonos todo lo que hemos hecho estos diez años, riendo, compartiendo anécdotas…
Se me pasa como un rayo la hora del almuerzo y enseguida estamos de vuelta en las clases. Terminado mi primer día en la universidad, mis hermanos y yo quedamos con nuestros amigos a comer en un bar cerca de aquí para seguir informándonos de nuestras vidas.
-Bueno, Kat, cuéntanos, ¿algún novio por ahí? -pregunta Finnick, antes de darle un mordisco a su hamburguesa. En seguida noto mis mejillas tornarse de un color rojo y niego con la cabeza.
-¡¿Qué?! Con lo buena que estás y no tienes ningún pretendiente, pues deben de estar ciegos porque soy yo tío y te hago mil hijos, hija mía. -dice Annie provocando la carcajada de mi hermana y que me tape la cara con las manos.
-No, Annie, ninguno. No exageres que tampoco es para tanto.
-Si es que, teniendo a este orangután como hermano cualquiera se nos acerca. -se queja Clove ganándose una colleja de parte de mi hermano.
-Ni que lo digas… -susurra el cobrizo.
-Tenías 10 años Finn, por esa época te creías el guay del cole y le pedías salir a todas, pero cuando se lo dijiste a Kat y se enteró Gale… pues te llevaste la tuya. -ríe Madge.
-Yo te hubiera dicho que sí, -dice mi melliza. -solo que estaba amenazada por mi hermano.
Nos reímos y pasamos la comida entre más bromas y risas. Cuando llega la hora de irnos a casa prometemos vernos mañana en la cafetería de la universidad y cada uno se va a su casa.
Ha sido un día largo. Mañana ya será otra cosa.
Este es el primer capítulo de mi nueva historia. Espero que os guste. Comentad si queréis que añada algo o que cambie algo. Besoos :)