← Nunca me dejes, por favor. · de
Nunca me dejes, por favor. — capítulo 11
¿Peeta conoce a Johanna? Salgo de mi trance y soltándome de la mano del rubio corro a abrazar a mi amiga. Nos fundimos en un gran abrazo y nos separamos sonriendo como niñas.
Me revuelve el pelo, cosa que odio y yo le pego un empujón amistoso.
-¿Qué haces aquí? -pregunto claramente sorprendida por tenerla en frente.
-Lo típico, venir a ver a una amiga, ¿no? -me fijo en su pelo, aún más corto que el mío y cuando se da cuenta me sonríe tristemente.
Peeta ni se ha inmutado, ha permanecido callado. Puedo percibir como se debate entre si acercarse o quedarse donde está. Johanna ni siquiera se ha dado cuenta de quién es mi acompañante; le dirige una leve mirada y sin apenas reconocerlo todavía, me dedica una mirada picarona.
-Vaya, vuelves del Capitolio y ya te echas novio. -me sonrojo y le pego un manotazo.
-No es mi novio, es Peeta Mellark… un amigo. -esto último suena más a pregunta que a afirmación, y es que ni siquiera sé qué clase de relación tenemos.
Su cara pasa a pálida en menos de un segundo, pero enseguida se recompone. Miro a Peeta quien vuelve a susurrar el nombre de mi amiga una vez más.
-Peet… -lo llama Jo. Se acerca hacia él y lo abraza. -Cuanto tiempo. -sonríe tímidamente.
-Si… -el rubio no se recupera de su asombro. No deja de mirarla con los ojos brillantes y llenos de confusión, pero responde al abrazo. -Has… has cambiado.
-Y tú.
Se separan y se sonríen. De repente me siento una intrusa, parece que ellos ya se conocen de antes y que han sido muy amigos. Siento una punzada de celos y evito fijarme en la forma en que Peeta la mira.
¿Cuánto hará que se conocen? ¿Por qué siento que entre estos dos hay algo más oculto? Se miran a los ojos durante varios minutos, sin decidir nada, contemplándose de una forma tan intensa y abrumadora que mi subconsciente empieza a sacar teorías. No es hasta que Peeta habla que lo entiendo todo:
-¿Por qué me dejaste así y te fuiste? -sus ojos se vuelven cristalinos.
Se me revuelve el estómago al verlo así, pero es entonces cuando descubro que no voy a poder luchar contra eso.
-Yo… mejor os dejo hablar solos… luego nos vemos Johanna. -le sonrío. -Ya hablaremos Peeta.
Y salgo de ahí, no me voy muy lejos, solo al parque al que Peeta me dirigía antes de que nos topásemos con Johanna. Necesito pensar.
Mi mente va vagando hasta el día en el que conocí a Mason. Dos amigas que se unieron por el dolor, supongo que se podría empezar así.
Era y es preciosa, envidiada por su cuerpo seguramente. Pero moribunda y consumiéndose poco a poco, igual que yo. Fuerte. Mucho. Más que cualquiera de las personas que he conocido.
Tenía 16 años cuando la conocí, ella solo tenía dos más. Siendo sincera los primeros días me parecía irritante, y no me hizo mucha gracia que me tocara en la misma habitación de hospital.
Y sí, ella tenía cáncer, al igual que yo, y sí también de pulmón. ''Es una jodida mierda'' recuerdo que me dijo antes de dejarse caer en la camilla de al lado de la mía el primer día que llegó.
-¿Cuánto hace que te lo diagnosticaron? -pregunté tumbándome en la cama boca abajo a la vez que leía mí libro.
-Seis meses. ¿Tú? -su mirada rebosaba superioridad.
-8 años. -respondí sin apartar la mirada del papel lleno de letras negras.
A partir de ese momento cambió su forma de verme, me enseño su lado amigable y honesto y dejó la hostilidad de lado. Me contó que nació en el Distrito 7 pero que cuando era pequeña se mudó al 12 por motivos de trabajo de su padre. Me habló de su infancia y cuando me preguntó por la mía recuerdo que le dije:
-Yo ni siquiera creo que recuerde haber sabido qué es eso y tener una.
Nos dimos cuenta de que éramos muy parecidas. Bajo nuestra piel escrita con dolor estaba nuestra vida. Ella había perdido a su madre cuando tan solo era una niña. Yo había perdido la esperanza antes de que se me cayera el primer diente.
Ambas estábamos unidas por una puta enfermedad que nos engullía poco a poco. Estaba en el Capitolio por las mismas razones que yo, porque tenía uno de los mejores hospitales del mundo.
Claro, que tonta he sido ¿cómo no me he dado cuenta antes? Ya había visto a Peeta mucho antes de conocerlo aquí.
Observo la foto que hay pegada en la pared detrás de la camilla de Johanna, sale ella, un poco más joven con un chico rubio de ojos azules al lado. Es guapo, muy guapo. Salen muy sonrientes. Se puede apreciar el paisaje del bosque del Distrito, la foto es preciosa, llena de vida. Johanna y aquel chico desconocido están radiantes de felicidad. No puedo apartar la vista de esa imagen. La he visto antes, pero no he podido apreciarla tan de cerca. Siento como un sentimiento crece en mi interior, en lo más profundo de mi pecho: envidia. Ella tiene una persona que la quiere por encima de todo, algo de lo que probablemente yo siempre voy a carecer.
-¿Quién es él? -pregunto señalando la foto con el dedo justo cuando Jo entra a la habitación recién duchada.
Me giro hacia ella y observo como agacha la cabeza y se acerca hacia donde yo estoy. Desde aquí puedo oler el inconfundible olor a coco que desprende su cabello, debido a su champú.
-Alguien muy especial para mí. -suspira sonoramente.
-¿Y dónde está el ahora mismo? -no puedo evitar preguntar.
Se encoge de hombros. Sé que estoy metiéndome en donde no me llaman, solo es curiosidad.
-¿Es tu novio? -sigo preguntando.
-Lo era. -contesta después de un rato dirigiéndome una mirada severa que me indica que no tiene ganas de hablar de ello.
Pasó mucho tiempo hasta que Jo se decidió por contarme su bonita historia de amor. Recuerdo que la envidie aún más si eso era posible. No entendía como había podido hacerle eso al chico que quería. ¿Cómo puede una persona dejar de una forma tan cruel a otra? No hace falta ser infiel para dejar una relación. Le reproché mucho. Seguro que ese chico rubio de ojos azules era muy buena persona y no se merecía eso, no paraba de recriminarle.
Pero Johanna Mason tuvo sus razones, ¿Qué hay mejor que cortar una relación que sabes que no va a air a ningún lado de la peor forma posible? Esta chica tan jodidamente loca que pasó dos años siendo mi compañera de habitación en el hospital quiso y consiguió que el chico del que estaba profundamente enamorada acabara odiándola.
Ella sabía que estaba enferma mucho antes de terminar su relación con Peeta. Sabía que tenía cáncer y que si esa maldita enfermedad se la llevaba su relación con el chico rubio habría acabado y le haría mucho daño. Lo que no planeó bien fue que a él le dolería su traición. Johanna quiso que Peeta la odiara y se olvidara de ella para que no tuviera que cargar con el dolor de haber perdido a una persona tan querida. Quiso ahorrarle el dolor de la pérdida que ella ya había vivido en sus carnes cuando su madre murió, pero le causó otro tipo de dolor, y se arrepintió cuando lo vio en sus ojos. Pero ya era demasiado tarde y se auto-convencía de que estaba haciendo lo correcto.
Se alejó de él para que éste no sufriera. Nunca se acostó con otro tío, solo fingió. ''Nunca podría hacerle eso a él'' recuerdo que me dijo entre un mar de lágrimas.
-¿Por qué no se lo dijiste? Hubiera sido más fácil cortar la relación sin tanto dramatismo. Le hiciste daño. ¿Qué pasará el día que salgas de aquí limpia de todo tipo de tumor y te lo encuentres cuando vuelvas a casa? Te odiará. No podrá perdonarte.
-No quiero que lo haga. Es hora de que se olvide de mí y yo de él. -sentenció secándose las lágrimas.
Sabía que mis palabras habían sido duras, pero tenía que darse cuenta de lo que había hecho.
Nunca lo hizo. Nunca se olvidó de él. Siempre lo supe. Por mucho que lo fingiera y quisiera dejarlo claro. Y él tampoco se olvidó de ella en ningún momento. Por eso me odiaba a mí. Todo tiene sentido. Mi carácter es tan parecido al de Johanna que le recordaba mucho a ella. Él aún seguía en el proceso de recuperación cuando aparecí yo para recordárselo todo.
Todo esto parece una película. Sonrío y abatida me siento en uno de los bancos que decoran este parque. Me quedo mirando la hierba que forma el suelo del parque mientras mi mente divaga entre pensamientos.
Joder vaya puta mierda. Ahora resulta que el chico del que me he enamorado es el ex novio de mi amiga. Me tapo la cara con las manos y gimo. Esto va a terminar mal, pero para mí.
Ahora sí que no puedo confesarle a Peeta que me he enamorado de él, ni de coña puedo soltar una bomba de ese calibre. Dios, ¿qué voy a hacer?
¿No hay más hombres en el mundo o qué? Entonces se me viene a la cabeza Eyzan. Sí, sí que hay. Joder, estoy echa un lío tremendo.
Veo mis neuronas enredándose entre ellas en el interior de mi cerebro. Mejor me guardo todo esto para mí. Ellos necesitan arreglar las cosas.
<< Joder, ¿te das cuenta de lo que eso significa? >>
Sí, se lo que significa, mi corazón hecho pedazos. Pero si es que se veía venir. Por idiota, esto me pasa por idiota. ¿Por qué no pude reconocer a Peeta cuando lo vi? Aunque hubiera sido irrelevante, uno no elige de quien se enamora.
¿Qué no hago bien para que me pase esto? Decido que necesito despejarme, así que me levanto del solitario banco y vuelvo en mis pasos hacia la casa de Marvel, quizá si me tomó algo fresco con alcohol, se me aclaran las ideas.
Por el camino me los encuentro hablando todavía, sentados en las escaleras del portal de una casa. Ni siquiera se el tiempo que ha pasado, pero sinceramente no me apetece cruzarme con ellos. Cuando pienso que salir de que aquí y atajar por la otra calle es lo mejor, Peeta se da cuenta de mi presencia. Perfecto.
Hablan un poco más, parece que Peeta lo entiende todo y la perdona. Me alegro de que así sea. Se sonríen y se abrazan cariñosamente, demasiado para mi gusto, y aparto la vista.
Fuerzo una sonrisa y me dirijo hacia ellos.
-Bueno, yo me voy a casa de Marvel. -informo y hecho a andar.
-Te acompañamos. -sonríe amablemente Johanna. -Después de todo ya los conozco a casi todos.
No puedo enfadarme con ella, siempre ha estado para mí, igual que yo he estado para ella. Debo dejar de lado los celos y tragarme toda esta mierda, porque como me delate un poco todos se van a dar cuenta.
Meto los bolsillos en mi chaqueta y ando por delante de ellos, intentando ignorar el hecho de que van agarrados de la mano. Es entonces cuando el espíritu santo decide darme con la varita mágica en la cabeza y me dice que me vaya olvidando. Ya no tengo posibilidad ninguna. Ella sigue queriéndolo, se lo he notado en la mirada, y por la parte de él también es recíproco, así que… me rindo.
Se me nublan los ojos y parpadeo varias veces para huir de las lágrimas. Me siento más cansada de repente y ya no me parece tan buena la idea de ir a casa de Marvel, pero tengo que hacer un esfuerzo. Ignorar el dolor de mi pecho me resulta incluso doloroso. Me voy a derrumbar en cualquier momento. Lo sé.
Johanna se adelanta acompañada de Peeta y llegan hasta mi altura. Me trago las lágrimas y le sonrío. O lo intento, no es fácil hacerlo cuando notas como tu corazón se rompe poco a poco por dentro.
Son demasiadas cosas y ya no puedo más.
-¿Qué tal te va en la universidad?
-Bien, ¿y a ti?
-Bien. -me escruta con la mirada, a lo que yo aparto la mía. -Oye, ¿te pasa algo?
-Estás seria -concuerda el rubio.
-No, estoy bien.
Los miro a los dos, y cuando mi mirada se topa con los ojos azules de Peeta la aparto rápidamente porque no sé cómo voy a superar esto si cada vez que lo miro mi corazón martillea contra mi pecho y mis ojos brillan de emoción. Es cuestión de tiempo de que se den cuenta de que estoy loca por este chico, y sé que si Mason se entera se va a sentir culpable; no quiero que eso pase. No debe sentirse culpable por seguir enamorada de él.
-¿Estás segura? -me acaricia la espalda Peeta y sé que estoy muerta. El ritmo de mi corazón aumenta considerablemente el doble que antes y siento que me va a dar un infarto como se me infle más el pecho de la emoción.
-S… Sí. -tartamudeo.
Me suelta y un nuevo sentimiento se adueña de mi cuerpo: decepción.
-Oye siento como te he tratado, pero yo…
-Sí lo sé, te recordaba a Johanna. Esta mujer que hace las cosas sin pensarlas. Lo sé todo, tranquilo, no tienes de qué disculparte. -digo rápido para que no note el tembleque de mi voz.
-Gracias por entenderlo y tener tanta paciencia conmigo. -me dedica una de esas sonrisas de lado que tanto me gustan. -Supongo que ahora si podemos ser amigos, ¿no? -se rasca nervioso la cabeza. Un gesto gracioso y que me parece tierno.
- Sí, claro. -le sonrío. -Sin rencores.
Sin esperarlo me abraza. Ya no soy persona, siento como que floto en una nube y al instante sé que no quiero separarme de él, que quiero quedarme en sus brazos para siempre. Se separa de mí y la realidad me golpea como si me hubieran tirado un cubo de agua fría a la cara. Mi sonrisa decae un poco.
Cuando llegamos a la casa de Marvel es mi hermana la que abre la puerta. Aún están todos celebrando la nueva relación de Glim y su novio. Mi hermana reconoce a Johanna y le da dos besos y un abrazo a la vez que me dedica una mirada que no sé interpretar.
Todos la saludan y se presenta a Glim, Ann, Madge y Finn que no la conocen. Cuando Cato la ve se queda tan sorprendido como yo. La abraza y mira a Peeta, quien tiene una sonrisa preciosa en la cara. Ambos se hacen unos gestos que no entiendo y cuando terminan la cara de mi amigo se vuelve seria y triste y sus ojos se posan en mí.
Su mirada me lo dice todo. Lo sabe todo. Me ha calado. Se acerca a mí y me abraza tan fuertemente e infundiéndome tanto cariño y ánimos que se me escapan varias lágrimas traicioneras.
Me derrumbo allí delante de todos. Ya no me quedan fuerzas. Ya no. He estado aguantando todo el camino pero era cuestión de tiempo que me pusiera a llorar como una tonta. Me escondo en su gran pecho para que no me vean, pero no sirve de nada porque mis fuertes sollozos inundan la sala. Oigo las voces preocupadas de todos pero no quiero hablar con nadie, solo quiero refugiarme y llorar, llorar sin parar.
Nunca podré luchar contra un amor que sigue vivo después de 4 años y que sigue sobreviviendo a todo obstáculo. Es cuestión de tiempo de que tenga razón.
Ella ha vuelto.
Ya sabéis la historia de Johanna Mason, espero que os haya gustado. Muchoos besoos y millones de gracias por seguir aquí. :D <3