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Nunca me dejes, por favor. — capítulo 12
Sé que he estado un poco desaparecida este verano y que no tengo excusa, pero ya estoy aquí otra vez y con nuevo capítulo, que espero que os guste. Creo que esta historia ha dado un giro tremendo y ya sabéis, si os gusta comentad. Muchísimas gracias a todos los que comentáis y también a los que la leéis y la tenéis en favoritos.
¡¡Muchísimos besoos a todos!! Nos leemos en el próximo, que espero que sea mañana :P
<3 <3 <3
Cato me acariciaba el pelo suavemente, mientras me susurraba bajito en el oído que me tranquilizara. Las lágrimas dejaron de caer, igual que los sollozos de sonar. Solo quedaban pequeños hipidos y suspiros. Él seguía acariciándome y susurrándome cosas en el oído, consiguiendo que me calmase. Sabía que había montado un espectáculo impresionante y que la mayoría no entendía. Ahora me sentía pequeña y ridícula y no quería apartarme del pecho de Cato; los latidos de su corazón eran tan relajantes…
Podía notar las miradas de todos atravesando mi cuerpo ahora frágil y pequeño. Pedía con toda mi alma ser un poco más fuerte y poder superar esto. ¿Por qué era tan débil? Por un momento dejé de sentir las caricias y los susurros de mi mejor amigo, al igual que dejé de escuchar su corazón y nuestros cuerpos abrazados. Me sumí en un estado de inconsciencia, y se sentía tan bien… Nada podía hacerme daño así. Notaba mi cuerpo libre y ni siquiera sentía su peso. Mi mente en blanco, mis ojos cerrados dejándose llevar. Suspiré fuertemente, como quien deja escapar su último aliento y abrí los ojos. Separé lentamente mi cabeza del pecho de mi amigo, el cual no dejaba de acariciarme el pelo, aunque ya no susurraba cosas en mi oído.
Vagamente oí el sonido familiar de su voz diciéndoles a todos que no me atosigaran. Notaba miradas preocupadas por todas partes, y perezosamente me di cuenta de que tenía que dar una explicación.
Notaba las últimas lágrimas de mis mejillas humedecer estas y sin molestarme en limpiármelas levanté la cabeza para mirar a mi punto de apoyo. Aprecié su mirada de preocupación y como ésta pasaba de mis ojos a mis lágrimas. Sus preciosos ojos me animaban a ser fuerte, y su preciosa sonrisa hizo que mi cuerpo y mente despertaran de su estado de inconsciencia. Apartó poco a poco sus manos de mi cabello para llevarlas a mis mejillas y limpiar con sus pulgares las últimas lágrimas de debilidad que volvería a mostrar. Su tacto fue tan suave y delicado que me sentí protegida.
Nuestro ojos se observaban; los suyos brillaban impredecibles y genuinos, los míos estaban hipnotizados y sorprendidos, a la vez que algo tristes. Me sonrió y pude observar como sus ojos brillaban aún más. Le sonreí.
Y fue en ese mismo instante cuando lo comprendí todo. Nunca podría haber estado tan claro, pero ahí estaba; en sus ojos, esos ojos dejaron de ser tan impredecibles para mí y pasaron a ser mi fuente de fuerza y apoyo.
Nuestra conexión era tan especial y única que quería protegerla. Quería protegerlo a él, igual que él hacía conmigo.
Lo abracé tan fuertemente que me dolían los brazos. Él me correspondió igual y enterró la cabeza en mi cuello, y es que se habían cambiado lo papeles, por una milésima de segundo, antes de que decidiéramos separarnos, fue él que necesitó fuerza y ánimos y yo su punto de apoyo.
Nuestros cuerpos se separaron y enseguida noté los brazos de mis hermanos rodeándome. Les susurré en el oído que no pasaba nada, que ya se lo contaría en casa, pero no se quedaron tranquilos. Johanna me preguntó que qué me pasaba y yo solo le sonreí y negué con la cabeza. No podía decírselo. Me abrazó y por encima de su hombro pude ver a Cato y Peeta juntos, los dos dirigieron la mirada hacía mí, pero yo solo miraba a Cato quien me sonrió pero rápidamente apartó la mirada. Me separé de Johanna y la miré a los ojos, esos ojos llenos de felicidad que no había visto nunca. Y después miré a mis amigas sonriéndoles para quitarles la preocupación. Nos sentamos e hicimos como si no hubiera pasado nada. Pero yo no podía dejar de mirar a mi mejor amigo, con la cabeza gacha, mirándose los pies y dándole muecas en vez de sonrisas a su mejor amigo, apenas podía mirarle la cara. Se sentó lo más lejos posible de mí que pudo al lado de sus amigos mientras yo permanecía al lado de Madge, Ann y Johanna.
Entrecerré los ojos y lo miré no sé cuánto tiempo y después miré a Johanna que charlaba alegremente con mi amigas y por último miré a Peeta sonriendo y contando algo, me miró y me regaló una de sus sonrisas, yo solo asentí con la cabeza y observe como Cato lo miraba y me miraba a mí, cuando nuestros ojos se encontraron los apartó rápidamente y se puso a frotar sus manos.
Se sentía desnudo ante mí. Yo había descubierto su secreto y ahora él se sentía incómodo. Ni siquiera sus mejores amigos con los que llevaba tanto tiempo se habían dado cuenta, pero yo sí. Él se había abierto a mí con tan solo una mirada.
Pero nos habíamos unido más de lo que jamás dos personas se podrían unir. Y me sentía privilegiada a la vez que asustada.
Porque él y yo compartíamos el mismo dolor. Y dirigiéndole la última mirada, supe que tenía que sacarlo de ahí.
Me levanté del sofá captando la atención de todos y lo cogí del brazo. Nos despedimos y salimos de aquel edificio. Lo llevé a través de las calles del Distrito hasta llegar a la cafetería a la que iba siempre de pequeña.
Nos sentamos en la mesa más apartada, situada al lado de uno de los grandes ventanales y aspire el suave aroma de café y madera que desprendía el local. No fue hasta que pedimos y nos trajeron nuestros cafés que lo miré, simplemente me dio permiso y yo suspiré, empezando por la primera duda que surcó mí mente.
-¿Sigues en…?
-No, hace tiempo que lo superé -me interrumpe, para después pegarle un sorbo a su café.
-¿Cuánto?
-Cuando se fue. Me di cuenta de que no merecía la pena y de que nunca se daría cuenta. Poco a poco empecé a aceptar la realidad -no sabía si debía seguir preguntando, después de eso ya lo tenía más que claro. Pero me animó a hacerlo con la mirada, él necesitaba esto, necesitaba sacarlo de dentro.
-Nunca se lo dijiste. A nadie -no lograba a entender como había sido tan fuerte como para aguantar todo eso él solo. Niega con la cabeza dándome la razón- Y verla hoy después de tanto tiempo, ¿han cambiado tus sentimientos?
-No -su mirada es seria y no la aparta del café.
-Quiero ser como tú -dije después de un rato- Quiero superarlo. Quiero olvidarme de él de esa forma y que no cambie -suspiro abatida.
-Oye… -dirige su mirada hacía mí- yo me enamoré de la persona equivocada, tu no. Solo lucha por él.
-¿Por qué no luchaste tú por ella?
-Porque una retirada a tiempo es una victoria.
-Por eso me retiro.
-No, Kat, no lo entiendes. Lo mío con Johanna no iba a ningún lado, de ninguna manera. Pero tú si tienes posibilidades -levanta la voz.
-No me hagas ilusiones, Cato. -mi vista se nubla -¿Has visto como la mira, como le brillan los ojos, como sonríe?
-No seas como yo, Katniss -acaricia mi mano con su pulgar.
-Lucharé por él. -sonrío tristemente- Pero con una condición.
-¿Cuál? -me mira extrañado.
-Que te confieses de una vez por todas a mi hermana. -sonrió traviesa.
Me mira con la boca abierta.
-¿Cómo sabías que me gusta?
-Intuición femenina -me encojo de hombros -Bueno..., ten en cuenta que mi hermano te va a querer matar.
-Joder, pues ya tengo un dilema -Sonríe. - Aunque le caigo bien, ¿no?
-Suerte rubiales - suelto una carcajada.
El responde haciendo una bola con la servilleta y tirándomela a la cara.
Me alegra que haya sabido abrirse a mí de esa forma. Creo que poco a poco nos vamos conociendo más, el aprende cosas de mí y yo de él.
Johanna y él no estaban hechos para estar juntos, igual que Peeta y yo tampoco lo estamos.
POV PEETA
Johanna estaba aquí. No podía creerlo. Hasta que no la he visto no me he dado cuenta de cuanto la he echado de menos. Extrañaba verla sonreír de esa forma, arrugando la nariz, como solo ella hace. Me alegra mucho que esté aquí y que por fin hayamos podido arreglar las cosas.
Después de ver a Katniss llorando de esa forma me he sentido fatal, no entiendo del todo que ha pasado para que se haya puesto así. Solo he sido capaz de ver como Cato la calmaba mientras ella derramaba lágrimas entre sus brazos. Yo he sido incapaz de preguntarle cómo estaba o de darle ánimos. Creo que todos hemos sentido la conexión tan especial que tienen, se lo dicen todo con una mirada. Y envidio a mi amigo por eso. Es como si tuvieran algo profundo dentro que ambos esconden.
Cuando ellos se han ido todo se ha quedado un poco callado y al poco rato nos hemos ido yendo todos.
-Oye Peeta, ¿te parece bien que nos veamos mañana por la tarde y nos tomemos algo juntos? - pregunta Johanna sentada en el asiento del copiloto.
-Sí, me parece genial - aparto la vista de la carretera para sonreírle.
La dejo en su casa y me dirijo a la mía. Por el camino paso por enfrente de una cafetería y en la puerta veo a Kat y Cato hablando. Parece que acaban de salir y que se van andando, así que les pito y bajo la ventanilla.
-Subid, os puedo llevar.
-No, da igual - se apresura a contestar Katniss, mirando nerviosa a Cato.
-Yo… es que tengo que llegar temprano a casa hoy -le devuelve la mirada a Katniss.
-Está bien, no quiero ir sola - rueda los ojos.
Ya subidos en el coche oigo como Kat le susurra a Cato algo como <<vaya excusa más mala>> y este ríe. Ambos están detrás, hablando de ellos sabrán que, y yo me siento un mero espectador. Por el retrovisor veo como Cato no para de darle codazos y señalarle hacia delante. Ella suspira y al final acaba asintiendo. A veces pienso que hablan un idioma que solo ellos entienden.
-Eehh, Peeta.
-¿Sí?
- vuelvo a mirar por el retrovisor.
-Em… estaba pensando que con todo esto al final no he podido hablar contigo - se retuerce las manos nerviosa. - ¿Puedes quedar mañana por la tarde?
-Eh…, lo siento, pero…
-Ya bueno, da igual - mira hacia la ventana.
-No, es que… ya he quedado con Jo.
-No pasa nada, no tienes que darme explicaciones - mira a Cato brevemente y luego añade: - Espero que os divirtáis.
Lo último que queda de trayecto lo pasan totalmente en silencio, excepto cuando llego a casa de Katniss que le da un abrazo a mi mejor amigo y a mí me dedica un casto adiós. Cato se pone de copiloto y provecho para preguntarle que qué le pasa a Kat, a lo que él niega con la cabeza y le quita importancia.
Cuando llego a casa siento la necesidad de llamar a Katniss y decirle que si quiero quedar con ella, pero no tengo su número. Llamo a Finn y este me lo pasa por mensaje.
Le doy al botón de llamar y suenan cinco toques hasta que lo coge:
-¿Sí? ¿Quién es?
-¿Katniss? Hola.
-Ah, hola Peeta. ¿Se te ofrece algo?
-¿Te parece bien si te recojo a las 7 mañana y hablamos antes de ir a la Universidad?
-¡Si, perfecto! - desde aquí puedo notar que está sonriendo.
-Está bien, nos vemos mañana.
-Vale. Buenas noches Peeta. - hace una pausa - Gracias.
-Buenas noches, y ¿gracias por qué? - pregunto, pero ya había colgado.
POV KATNISS
Al día siguiente estaba nerviosa y ni siquiera sabía por qué. Joder, venga ya, si no era ni una cita. << Poco a poco Kat, no te agobies. >> me decía mi subconsciente. Ya estaba arreglada hace media hora, y parecía una loca dando vueltas por mi habitación esperando a que Peeta me mandara el mensaje. Mi móvil pitó y bajé corriendo sin ni siquiera mirarlo. En la puerta, antes de salir respiré profundo para quitarme los nervios y abrí.
-Las he visto más rápidas - me grita desde el coche. ¡Dios! ¡Me derrito!
-Me lo tomaré como un cumplido -digo cundo me siento en el asiento del copiloto. - Buenos días, menudas ojeras - digo de broma y me echo a reír.
-Oye, al menos yo no tengo lagañas - se burla. Me saca la lengua y yo le doy un golpe amistoso en el brazo - Me gusta que te hayas levantado de buen humor - me sonríe.
-Lo mismo digo.
Llegamos a la cafetería en la que estuve con Cato, nos sentamos y pedimos; mientras esperamos a que traigan nuestros desayunos, hablamos sobre cualquier cosa.
-Bueno, dime lo que sea que quieres decirme - dice cuando nos traen el café.
-Quería pedirte perdón por lo de ayer.
-¿Por qué? No hiciste nada.
-Por lo de Eyzan, el beso - no me atrevo a levantar la mirada de la mesa.
-Oye…, es tu vida, lo que hagas no es asunto mío.
-Lo sé…, pero decirte que me gustas y luego besarme con otro no está bien - bebo del café. Dios, ni siquiera sé cómo ha salido eso de mi boca - Debiste pensar que estaba jugando contigo…
-No, déjalo - me interrumpe - No pasa nada, de verdad.
Veo como se remueve incómodo y sé que la he cagado. Nos quedamos en silencio hasta que nos terminamos el café. Me siento idiota.
-Ey, de verdad que no pasa nada - pone su mano sobre la mía y me sonríe.
Le devuelvo la sonrisa a la vez que siento un cosquilleo en mi mano.
-¿Por qué llorabas ayer? - esa pregunta me pilla desprevenida.
-Por nada, no importa.
-A mí sí, me importa. Sé que hace menos de 24 horas que nos llevábamos bien, pero puedes contar conmigo cuando lo necesites.
-Gracias
- me sonrojo.
-Anima esa cara anda - grita dándome con el dedo índice en la nariz.
-Me animaré si me pagas el café - digo con superioridad.
-Está bien - ríe.
-No, era broma. No hace falta.
-Que sí, yo pago - levanta la mano para pedir la cuenta.
-No, me niego - lo cojo de la mano para que la baje, pero es demasiado tarde porque la camarera ya se ha dado cuenta. Peeta va a darle el dinero cuando yo pongo mi parte en la mano de la chica. - Cada uno lo suyo.
Creía que con eso ya se iba a zanjar el asunto, pero no. Él seguía insistiendo. Coge mi dinero de la mano de la chica, la cual nos mira divertida, paga lo de los dos y me tiende el mío. Yo por mi parte niego con la cabeza, dándole a entender que no lo voy a aceptar.
-Está bien - dice y yo suspiro aliviada de que por fin ceda - O coges el dinero y nos vamos ya que quedan… - mira el reloj de su móvil - cinco minutos para que sea la hora de entrar en la Universidad o nos quedamos aquí hasta que los cojas. Y creo que tus pensamientos no son faltar hoy a clase - sonríe satisfecho.
Resoplo y cojo el dinero. Saco mi móvil del bolsillo y veo que son las ocho.
-Me has engañado todavía queda un cuarto de hora - me quejo cuando él echa andar hacia fuera.
-Pero ha funcionado - se vuelve y me guiña un ojo a lo que yo finjo estar enfadada.
¿Qué va a ser de mí? Si estoy coladita por él ya, como siga así no sé qué va a ser de mí. Ya en el coche cojo un poco de valor y le dejo una indirecta.
-Me ha gustado mucho desayunar contigo hoy, podríamos repetir - sonrío nerviosa.
-Será un placer - me devuelve una sonrisa torcida y yo siento que estoy en las mismísimas nubes.
Maldita sonrisa tonta que no podía hacer desaparecer de mis labios, cualquiera pensaría que estoy enamorada. << Oh, ¡venga ya!
escucho como se ríe mi subconsciente de mí.
Llegamos a la Universidad y me lancé a los brazos de mi mejor amigo, chillando de alegría. Me importaba un bledo quien mirara.
-¡Vaya! Menudo recibimiento - dice un sorprendido Cato, el rubio ya sabía que había quedado con Peeta - ¿Qué le has dado? - pregunta mirando a Peeta.
Este se encoge de hombros y contesta con una sonrisa: - Café.
Los tres nos reímos y los demás nos miran como si tuviéramos tres ojos. Entonces Finnick sin sentido alguno se pone a cantar una canción relacionada con el café que él mismo se ha inventado.
-Este va a ser el nuevo hit del verano, y lo sabéis - sube las escaleras del hall y entra en la Universidad, aun cantando la canción del café.
-Finn, amigo mío - se adelanta mi hermana hacia donde está él - creo que tienes que dejarte el café.