← Nunca me dejes, por favor. · de
Nunca me dejes, por favor. — capítulo 4
-¿Te vas? -oigo la voz de mi padre hablándome desde el salón. Retrocedo sobre mis pasos y me asomo por la puerta.
-Eh…sí. Voy a casa de una…amiga. -me muerdo el labio. Técnicamente hablando Prim es una amiga, una amiga de seis años, pero una amiga.
-¿Vas andando?
-Hombre, si tuviera coche, tal vez…- mi padre niega con la cabeza. Cachis, casi lo consigo. -No vuelvas muy tarde.
Asintiendo con la cabeza y despidiéndome de mi padre salgo por la puerta y pongo rumbo a la casa de los Mellarks.
Cuando llego llamo al timbre y a adivina adivinanza, ¿quién me abre la puerta? Nada más ni nada menos que Peeta. Con un par, ¿no hay más personas en la casa? No sé, ¿tal vez Prim?
-¿Y tú hermana?
-Se fue después de comer con una amiga suya al parque, no tardará en venir. -Perfecto, perfecto mundo, destino, universo, como mierda sea, te aplaudo, de verás estás haciendo un trabajo de la leche.
-Pues vuelvo más tarde. - estoy por desaparecer de su vista y que el desaparezca de la mía cuando su voz me detiene.
-No, pasa y siéntate.
Me voy a negar, pero me coge del brazo y me conduce hacia el salón. << Seguro que en cuanto quite su mano de mi brazo va corriendo a lavárselo, lo mismo se echa hasta desinfectante. >> Hasta yo misma me sorprendo de mis pensamientos, pero supongo que es porque me molesta no agradarle a alguien. Si ni siquiera me conoce y no me puede ni ver, entiendo que no puedo ser miss ''le caigo bien a todo el mundo'', pero que por lo menos se hubiera dado la oportunidad de conocerme. Y para colmo ¿me coge del brazo cuando el otro día no podía ni ver como tocaba alguna de sus cosas? Ironías de la vida.
Consigo zafarme de su agarre y me dejo caer en el cómodo sofá de los señores Mellarks. Cojo mi móvil para entretenerme y evitar que comience alguna conversación, pero se va del salón y yo me quedo hablando con las chicas por el móvil.
<< Gracias universo, te quiero. >>
Pero la suerte no está de mi parte, porque el susodicho vuelve a entrar en la habitación con lo que parece ser dos vasos de café, si es que el olfato no me engaña.
<< Vete a la mierda universo, te odio. >>
Me ofrece uno y yo acepto sin mucho ánimo. << Por favor Prim, vuelve pronto.
¿Ahora intenta ser amable conmigo? ¿Pero qué mierda le pasa a este chico? ¿Padece de bipolaridad?
No cruzamos palabra alguna, y mi salvación llega cuando oigo la voz de la enana de Prim desde fuera de la casa. En seguida se oyen unas llaves abriendo la puerta y mi ángel salvador llega al salón acompañada de una niña de su edad de ojos marrones y pelo rizado corto. Según me informa Prim se llama Rue.
Paso toda la tarde con ellas, jugando, contando historias, incluso haciéndonos peinados, ahora mismo mi pelo, el cual antes iba suelto en ondas ahora está recogido en dos coletas a ambos lados de mi cabeza, igual que mi madre nos hacía a Clove y a mí cuando éramos pequeñas. La otra niña, Rue, también ha tardado poco en ganarme totalmente, como Prim. Ambas son unas niñas muy dulces y buenas, con unas ocurrencias muy locas y graciosas. Ojalá hubiera podido yo vivir esa edad sin preocupación ninguna.
Pero tan bien como lo estaba pasando, la cosa se fue torciendo un poco cuando Rue me pregunto porque era tan blanca. Recuerdo que esa misma pregunta me hizo la pequeña de los Mellarks cuando nos conocimos.
-Su tono de piel es así -le contesta Prim, haciendo un gesto como quitándole importancia.
-Pero nunca había visto nadie con la piel tan blanca, mi padre dice que la gente así tiene ese color porque está enferma. -un escalofrío me recorrió toda la espalda y mi sonrisa se borró de repente.
-Sí, pero Katniss solo tenía un resfriado.
-Pero las personas que se resfrían no se ponen tan pálidas. -eres demasiado lista Rue.
-¿Tú que dices, Kat?
Hasta ese momento había permanecido callada, conseguí poner mi mejor sonrisa y contestar de la mejor forma posible.
-Cada persona tiene su tono de piel, el mío es así. -les sonreí con dulzura.
Las niñas se olvidaron del tema y pasamos a jugar con las muñecas, pero enseguida vino Peeta diciendo que la madre de Rue estaba aquí.
La pequeña se fue y Prim tenía que cenar, así que decidí irme. Vaya, sí que se me había pasado el tiempo rápido. Me despido de Prim y de los señores Mellark e incluso de Peeta, muy a mi pesar.
Pero, aquí, mi amigo el universo siempre tiene que hacerme la puñeta.
-¿Vas sola y andando?
-Sí, pero no pasa nada, mi casa está cerca -intento evadir su mirada y que se ofrezca a acompañarme.
-Te acompaño. -ay la madre de dios, por favor, ¿es que no oís mis plegarias?
-Bueno, si quieres. -no espero ni siquiera a que coja una chaqueta, salgo directamente despidiéndome de nuevo.
Al poner un pie en la calle, una brisa fría me golpea la cara y se cuela hasta por dentro del abrigo, haciendo que un escalofrío me recorra y me encoja para disminuir el frío. Cruzo los brazos sobre mi pecho y espero a que el chico salga de una vez.
Sale ataviado en una cazadora negra que le queda de muerte y yo aparto la mirada.
Está muy guapo así. << No, Everdeen, ni de coña. >> Decido dejar mi batalla mental aparte y empezamos a andar hacia mi casa. Hay tanto silencio que en mi mente puedo oír el cri-cri de un grillo.
-Gracias por venir a pasar la tare con Prim después de todo. -rompe el silencio. No me jodas, Peeta.
-Lo hago por ella, porque es una niña estupenda, pero nada más. -mi tono es cortante.
-Tampoco es para que te pongas así.
-¿Ah, no? ¿Pues porque no te vas a tu casa y me dejas en paz? -me está tocando las narices, me trata como si fuera una cosa rara y ahora viene de buenas, ¿pero este tío está bien de la cabeza?
-Solo quiero ser amable.
-Ya dejaste muy clarito todo lo contrario, Peeta. -suspiro. Ando más deprisa y lo dejo atrás, parado. Por un momento pienso que se va a ir y me va a dejar tranquila, pero da dos zancadas y me alcanza.
-Tal vez podamos ser amigos.
-¿Por qué haces esto? ¿Por tu hermana? ¿O a lo mejor es por Cato?
-Porque quiero. -me mira con sus profundos ojos azules. Sus palabras me dejan trastornada. Me va a entrar dolor de cabeza, este chico me marea. -Piénsatelo.
No digo nada más y seguimos andando en silencio hacia mi casa. Una vez que llegamos me despido de él, quien me regala una sonrisa, pero, ¿qué cojones?
Sacudo la cabeza y decido olvidar todo lo que ha pasado hace unos minutos. Estoy por meter la llave en la cerradura cuando se abre la puerta de repente y aparece la loca de mi melliza, me coge del brazo y tira de mí hasta que entramos en casa.
Empieza a gritar y saltar como loca mientras dices palabras que no entiendo.
-¡¿Te has liado con Peeta?! ¡¿De verdad?! ¡Qué poco has tardado, eh, pillina, si ya se os veía que…
-No, Clove. A Peeta le caigo como el puto culo, pero ahora no sé quién mierda le ha metido en la cabeza que podemos ser amigos, y solo he ido a su casa porque Prim quería jugar. Eso es todo.
-Entonces… ¿nada de labios, lenguas y eso?
-¡Dios! ¡Clove! No, no, no y no, ¿vale?
-Pues chica, yo creo que si aceptas ser amigos acabas gustándole, el chico no está para nada mal. Y lo mismo te roba el corazón a ti también. -ruedo los ojos ante el comentario de mi hermana y paso a la cocina donde están todos sentados a la mesa, esperándome para comer.
Clove se va a comer el cojín del sofá como no se calle de una vez. Me va a entrar dolor de cabeza como no pare de insistirle a mi hermano en que hoy la deje conducir a ella. Mi hermano claro está, se niega a dejar su coche en manos de la temeraria de Clove Everdeen.
Pero la que se come el cojín soy yo cuando me lo lanza mi melliza por decirle a mi hermano que se lo deje y se callen de una vez.
- ¡MAMÁ, CLOVE ME HA TIRADO UN COJÍN EN LA CARA!
- ¡MAMÁ, GALE NO ME DEJA COGER SU COCHE!
- ¡MAMÁ, DILE A CLOVE Y QUE LE SIRVA A KATNISS TAMBIÉN QUE NUNCA VAN A TOCAR MI COCHE!
Mi madre entra en el salón donde estamos peleando, se asoma, rueda los ojos y antes de desaparecer nos mete prisa diciendo que nos vayamos a la universidad que se nos hace tarde. Guay.
Cuando llegamos a la universidad Clove está de un humor de perros. Yo prefiero no decirle nada y Gale sonríe triunfante. Siempre que chocábamos los tres mis padres preferían no hacernos caso, y la verdad es que lo entendía, cuando se pelean los tres hermanos Everdeen, a ver a quién le das la razón.
En la puerta nos están esperando nuestros amigos y los otros tres, la verdad que Cato y Marvel me caen bastante bien, son muy majos, y Peeta, bueno, la cosa sigue igual, aún no le he dado ninguna respuesta.
- Vaya caras -ríe Cato quien recibe un puñetazo de mi hermana. -Auch, vale me callo.
Apenas llevamos unas semanas aquí y hemos hecho buenas migas con todos, aunque tengamos horarios diferentes siempre quedamos para charlar en la cafetería.
Termina la última clase antes del descanso y salgo al pasillo a esperar a la pesada de mi hermana, pero parece que tarda más de lo normal, estoy por irme yo sola a la cafetería cuando un chico bastante mono que reconozco porque va a algunas asignaturas conmigo se para a mi lado y me saluda.
Lo de bastante mono se queda corto porque el chico está muy bueno. Me pregunta si me puede acompañar, y yo como no sé cómo decirle que no, acepto. Juntos caminamos hacia la cafetería donde diviso en una mesa a todos mis amigos, incluidos mis hermanos. << Serán capullos. >>
Noto un montón de miradas posadas en nosotros y muerta de la vergüenza me despido del chico de nombre, Eyzan. No lo esperaba en absoluto y cogiéndome por sorpresa deposita un pequeño beso en mi mejilla y se va. Yo por mi parte debo de estar roja como un tomate. Ha sido muy atrevido por su parte ya que solo lo conozco desde que entré en la universidad y me tocó mi primera clase con él, esta es la primera vez que entablo una conversación con él, aunque es muy majo y por una vez ha hecho que me resulte más fácil relacionarme con una persona.
Cuando llego a mi mesa veo como mis amigas y mi hermana me miran con la boca abierta, y la mirada que mi hermano me manda dice que quiere una explicación.
Madge, Glim y Annie empiezan a gritar como locas, asustando al pobre de Finnick que se me había quedado mirando con una ceja enarcada. Cato y Marvel por su parte se ríen de la mirada de mi hermano, y Peeta me mira frunciendo el ceño.
Antes de que mi hermano diga nada, me adelanto y me excuso echándole las culpas a Clove por no pasar a recogerme.
- ¡¿Mi culpa?! ¡¿Estás diciéndome que gracias a mí ese pedazo bombón que podría ser sin discusión el tío más bueno de toda esta universidad se te ha acercado a ti porque no he ido a recogerte y tienes la cara de echarme la culpa?!
Cuando dice lo del ''tío más bueno de toda la universidad'' se oyen las quejas de los chicos.
- Si no lo quieres me lo pido. -salta Madge levantando la mano.
- Ni de coña, me elegiría a mí antes.
- Annie, querida, sería yo. -responde con superioridad Glimmer.
- Chicas…chicas, ¡CHICAS! -grito para que me oigan. -Es muy mono sí, pero no me gusta.
- Así se dice, hermanita. -sonríe satisfecho Gale.
Finnick se ríe de mi hermano y se lleva una mirada asesina de su parte. Saco mi almuerzo de mi bolsa y me siento en el único sitio que está libre que da la casualidad que es entre Finn y Peeta.
No hecho nada más que posar mi culo en el asiento cuando oigo su voz arrogante dirigirse hacia mí por primera vez después de la propuesta de ser ''amigos'':
- Está ocupado. -me mira con suficiencia, a lo que yo enarco las cejas, perpleja.
- ¿Perdona?
- Lo que oyes, o es que estás sorda.
Ya está, calificado como enfermo de bipolaridad y me gustaría añadir crónica. Iba a preguntar que quien se iba a sentar ahí porque yo no veía a nadie cuando se une a nuestra mesa una chica rubia bastante mona de ojos azules, que me arriesgo a decir que es una mimada de papá con culo y tetas de plástico. Se presenta como Cashmere y me mira esperando a que me levante. Yo flipo, no se puede coger una silla la niña de plástico, no, aquí a tocarme las narices a mí. Decido pasar del tema, de Peeta, de la niña de tetas de plástico y le dejo mi sitio.
Me levanto bufando y diciéndole todos los insultos de mi diccionario verbal en la mente y aunque Finnick me ofrece su sitio, lo rechazo y me cojo una silla de la mesa de al lado, pero hay otro problema, no hay sitio para ponerla, la mesa está hasta los topes. Esto es cojonudo. Mi hermano se levanta y me ofrece su sitio ya que él ha terminado, lo rechazo de nuevo como a Finn y después de mucho discutir termino sentada encima de él.
Empiezo a comer mi almuerzo mientras escucho los asqueroso ruiditos que hacen Cashmere y Peeta besándose. De las ganas de vomitar que me dan quiero escupirles mi almuerzo en la cara.
Termina la hora del descanso y Eyzan, el chico de antes viene a nuestra mesa para acompañarme a clase, ya que nos toca juntos. Mis amigas me guiñan un ojo y mi hermano me mira advirtiéndome.
<< Por dios, si solo me va a acompañar a clase. >> Pero no, porque en clase también se sienta a mi lado, y la verdad es que no me incomoda. Me parece agradable y muy simpático a la vez que gracioso.
Conforme pasaban las clases fui cogiéndole confianza a Eyzan y enseguida dejó de ser un conocido de clase y pasó a ser un amigo, cada vez pasábamos más tiempo juntos. Con él se me quitó la vergüenza y cuando nos despedíamos los hacíamos con un beso en la mejilla, como desde el principio. También le cogí mucha más confianza a Cato y Marvel.
Un día estábamos todos en la cafetería hablando de temas triviales cuando mis amigas sacaron el tema de Eyzan. Todas estaban como locas, decían estar seguras de que él quería conmigo algo más que una simple amistad, y yo siempre negaba con la cabeza y cambiaba de tema, pero esa vez la conversación fue interrumpida por la risa de Peeta cargada de su comentario borde que hizo que me hirviera la sangre.
- Solo quiere sexo. -me miró con esos preciosos ojos que rebosaban superioridad. Y es que las cosas en vez de mejorar habían empeorado desde que no acepté ser la amiga de Peeta, lo mejor era que nos ignoráramos, como estábamos haciendo. No le caía bien, punto, no quería que se sintiera obligado a pasar tiempo conmigo cuando lo incomodaba. Ni si quiera me tragué lo de que era por su voluntad, o eso quiero pensar, que no me lo tragué.
- Ah, ¿sí? ¿Y tú como estás tan seguro de eso?
Se pasó la lengua por los labios antes de responder y lo que dijo me dejo pasmada.
-Porque eso es lo que todos los tíos quieren de ti. - dijo haciendo que su novia dejar escapar una risita de sus labios. << ¿Qué tal si te los parto, monada?
Mi hermano hizo ademán de levantarse y callarle esa bonita boca suya, y de reojo veía como Clove echaba chispas por los ojos. ¿Por qué no podía dejarme en paz simplemente? Solo pedía eso. Calmé a mis hermanos y ante la atenta mirada de todos le pregunté que por qué decía eso.
-Por tu físico.
La rabia subía por todo mi cuerpo y tenía unas enormes ganas de partirle su preciosa boca pero me controlé y juntando toda mi rabia le conteste.
-Mira Peeta, que a ti no te guste no significa que todos los tíos sean iguales. Pobre de la sociedad y de las mujeres si tenemos que cargar con tíos como tú. No te he hecho nada para que me trates así, te caigo mal, perfecto, lo entiendo, pero no me vengas de que quieres ser mi amigo y ahora vuelvas a ser el mismo gilipollas de antes porque estoy hasta los cojones de ti y tus mentiras. Así déjame en paz de una puta vez y cómprate una vida.
Me había levantado y estaba señalándole con el dedo. Todos se quedaron callados por mis palabras, así que decidí que era momento de salir de ahí. Cogí mis cosas y fui directamente a la clase que me tocaba. No entendía porque me atacaba de esa forma. Sí, me había negado a ser su amiga, pero si hubiera aceptado, ¿sería diferente? Quiero decir, ¿dejaría de ser borde conmigo o solo fingiría para tenerlos a todos contentos? ¿Se cansaría de ser amable conmigo y volvería a tratarme mal?
Ojalá no lo hubiera conocido, todo sería más fácil.
Pero no hizo falta que viniera mi hada madrina y cumpliera mi deseo, porque tal y como se lo había dicho, Peeta me dejó en paz. Lo único que tenía que seguir aguantando de él eran los morreos que se pegaba con su novia y que cada vez me daban más asco.
No, de verdad, no es agradable estar comiéndote tu almuerzo y tener de fondo esos ruiditos asqueroso. Por otra parte los demás seguían manteniendo relaciones, a pesar de la pelea ninguno se puso de parte de Peeta o de mi parte, lo dejamos de lado y seguimos siendo amigos, a excepción del rubio y yo.
Incluso Cato me pidió perdón por el comportamiento de su amigo, cuando el susodicho ni siquiera había tenido el valor de hacerlo, pero me daba igual.
Pero mi estado de ánimo empeoró aún más si eso era posible cuando vi a Eyzan besándose con otra chica. << ¿Qué mierda te pasa, Katniss? >>
Pues sí, no sabía que mierda me pasaba, pero me había sentado mal ver eso. Supongo que después de oír tantas veces que estaba colado por mí y ahora ver eso…no me cuadran las cosas.
Decidí acercarme y saludarlo. En cuanto me escucho se separó rápidamente de ella y me sonrió, al menos una sonrisa amiga. Me sentí mejor con esa sonrisa y se la devolví, pero baje de las nubes cuando me la presentó como su novia. Asentí y los felicite con una sonrisa fingida. No me encontraba bien y no me apetecía hablar con nadie, excepto con una persona.
Le mandé un mensaje a Finn y vino a mi clase, todavía faltaba un cuarto de hora para que tocara el timbre que anunciaba el fin del descanso. Se lo conté todo y mi amigo me escuchó sin decir ni una palabra mientras permanecíamos abrazados encima de una de las mesas del aula. Cuando terminé de relatarle todo esperé a que dijera algo o me diera algún consejo, pero la frase que me dijo me dejó con la boca abierta.
-Y no has pensado que… tal vez hayas empezado a sentir algo más que un sentimiento de amistad por Eyzan.
Holaaa, ya estoy de vuelta con otro cap. Este es más largo que los demás, hoy estaba inspirada. Y bueno, como siempre comentad si os gusta o si queréis que cambie algo. Muchas gracias por las 294 lecturas, los 23 favoritos y por todos los comentarios que me dejáis. Muchoos besoos :D