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Inevitable — capítulo 7

En cuánto llegaron a Hogsmade, vio al chico caminar hacia la tienda de dulces, se quedo observando las grajeas de todos los sabores, al igual que observo gomitas y el sin fin de dulces, lo cierto es que ella era amante del chocolate, pero no quería comprar, porque sabía que tendría que compartirlos con el ojigris y lo cierto es que con ese tipo de cosas era un tanto egoísta. ¿Quieres algo? - pregunto el joven, mientras llevaba las manos llenas de dulces. ¿Qué tanto te gusta el chocolate? - lo miró con seriedad. El adicto es Lunático - elevo los hombros - no me desagrada, pero no soy un adicto. Ósea que ¿si te compro una rana de chocolate, no pelearas el resto del chocolate? - ante el rostro infantil que hizo, el ojigris no pudo más que sonreír. ¿No compartes chocolate? - no quito su sonrisa. Sólo con Remus y eso porque me obliga - hizo un mohín, que al chico le pareció encantador. ¿Cuánto chocolate quieres? - su voz fue suave. 15 ranas de chocolate y 30 bolas de chocolate - repuso con una media sonrisa. ¿Te piensas comer todo eso ahorita? - abrió los ojos sorprendidos. Claro que no - le espeto - es para dos semanas, claro si no es que Remus las descubre. Se las ocultaremos - le aseguro. Se acerco a la joven que atendía que sería no más de 6 años mayores que ellos, y bueno la cara bonita del ojigris hizo que sus 15 ranas fueran 20 y las 30 bolitas fueran 40, no paraba de sonreír, y ella no podía estar más sorprendida, pues aquella joven, había caído ante los encantos de Sirius Black. Wow - exclamo la morena, cuando salieron de la tienda - eres increíble. Soy guapo y solo sé utilizarlo - elevo los hombros. Y también tienes un ego gigantesco - le espeto. Así me aman - le guiño un ojo. ¿Siempre eres así? - lo observo con la nariz arrugada - Porque lo cierto es, que no me gusta. ¿Qué no te gusta? - su mirada era seria - ¿Qué bromee? ¿Fueron bromas? - no aparto su vista de él. Suelo ser, solo en ocasiones un poco engreído - elevo los hombros. ¿Solo en ocasiones? - su ceño se frunció más. Tejón, ¿qué me dices tú, con todo eso de siempre ser la buena? - le espeto. No siempre soy la buena - coloco en jarra sus manos en su cintura. ¡¿Ah no?! - camino hacia ella - entonces, eso que aceptaras salir conmigo, para que dejara a Swan ¿qué fue? No le convienes - replico, cada vez estaban más cerca. ¿Por qué? - en verdad estaba molesto. Mírate - dio un paso hacía atrás señalándolo - sí eres guapo - acepto - y lo sabes, y por eso te crees con el derecho de poder jugar con las mujeres. Ellas son las que quieren jugar - repuso - yo les digo lo que les puedo ofrecer, y ellas lo aceptan. Creen que pueden enamorarte y hacer que te quedes con ellas - casi grito. Eso no es mi culpa - se defendió - por ejemplo, Swan sabe que muy pocas veces repito la experiencia, y yo no tengo la culpa que ella haya creído que iba a ser diferente, ella ya sabe como es esto. Eres horrible - estaban siendo observados por varios alumnos - utilizaste a mi amiga, para que yo por fin decidiera salir contigo. ¿Y yo soy el engreído? - se burlo - no eres el centro del universo, Prewett - lo observo pidiendo una explicación - acepte salir con Swan porque ella me lo pidió, y bueno dado el caso de que tú me cancelaste, no vi el problema de pasar un rato con ella. Eso no te hace una mejor persona - gruño la joven. ¿Y a ti te hace una mejor persona, el quitarle la cita a tu amiga? - la observo con una ceja elevada - ¿o te hace una mejor persona el hecho de que estés coqueteando conmigo o que quieras besarme? Yo no... - aunque su voz se quedo atorada, pues el ojigris, la había tomado de la cintura y estaban a escasos centímetros, aquellos ojos podía verlos a la perfección. Niégalo - le susurro, acariciando sus labios con su aliento. Black - su voz sonó un tanto ronca - nos observan. ¿Quieres privacidad? - no espero respuesta, pues la tomo de la mano y la alejo de todos los espectadores. No puso resistencia, en ese momento sentía la boca seca, y sus labios cosquilleaban y odiaba que tuviera razón ese idiota que la llevaba arrastrando, pues si moría de ganas de besarlo, pero no podía caer tan rápido, ella no podía ser una de sus tantas tontas con las que se había acostado, no quería ser solo una más en la lista. Vio que saltaba la barda de la casa de los gritos, por lo que se detuvo de golpe, sabía que si entraban a ese lugar no solo iban a ser besos, y ella no estaba preparada para eso. No - repuso, jalando su brazo. Querías un lugar privado, pues ahí vamos - le espeto, mientras la tomaba de la cintura y se la echaba al hombro como costal de papas. ¡Bájame! - grito la morena, mientras le golpeaba la espalda. No le hizo el menor caso, siguió caminando, sin importarle los gritos y golpes de la chica, en cuanto llegaron a aquella pequeña casa, abrió la puerta con la varita, y subió las escaleras, en cuanto estuvieron en la pequeña habitación, en donde observo una pequeña cama, un piano y un banquillo que parecía un tanto maltratado. En cuanto estuvo en el suelo, quiso correr hacia la puerta, pero él era más rápido. Vamos, tejón - le sonrió ladinamente - querías un lugar privado, ya estamos en él, y ¿te quieres ir? No voy a acostarme contigo - le espeto. Tejón, aún ni siquiera nos besamos, - fingió estar sorprendido ante aquello - creo que quieres ir demasiado rápido. No voy a besarte - se cruzo de brazos, mirando hacia la puerta. Hace unos minutos, estabas deseosa de hacerlo - le susurro al oído - y lo cierto es que yo también lo quiero. No seré una más de tu lista - le espeto. ¿Qué quieres ser? - acaricio sus brazos. Quiero algo más - se giro a él - y sé que algo más para ti, es ser tu amiga. Ya somos amigos - subió su mano a su mejilla. No lo somos - sonrió con cierta ironía - si te beso, tú tienes que dejarme entrar. ¿Entrar? - susurro. Quiero que en verdad me consideres una amiga, - tomo su rostro - quiero que me conozcas y que me dejes conocerte, no quiero ser solo la chica con la que vas para darle celos a Camille, no quiero ser una más en tu lista. ¿Quieres que te considere como un merodeador más? - enarco una ceja. Conoceme - le sonrió con inocencia - y deja que yo me gane ese lugar, si no puedo, entonces me lo dices y  cada uno seguirá con su vida. Muy bien - acepto. Y antes de que se diera cuenta la chica, lo había hecho inclinarse y sus labios se unieron, esas mariposas que ambos sintieron, hicieron que se unieran más, ninguno de los dos pareció importarles que había sido un beso diferente a los que habían tenido, las manos del ojigris se dirigieron a su cintura y la pego más a él. Olvidándose por completo de lo que había a su alrededor, sencillamente eran ellos dos.