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La tercera generación: 24 años después — capítulo 3

Rose y Scorpius salieron a los jardines en silencio. Él había dicho que hasta que no estuvieran fuera no le explicaría en qué consistía la idea que acababa de tener. El aire nocturno era bastante fresco y la pelirroja se estremeció y se arrepintió de no haber cogido una chaqueta.

  • Ya estamos fuera. - Dijo entonces, queriendo volver al interior de la casa cuanto antes. - Habla.

  • Un juego de retos. - Se limitó a decir él.

  • ¿Perdona? - Rose enarcó una ceja, sin entender muy bien qué quería decir.

  • Tú me propones un reto y, si lo hago, te tienes que beber dos chupitos de whisky de fuego y viceversa. - Explicó el chico por fin.

  • ¿Y por qué crees que aceptaría así sin más, Malfoy?

  • Podríamos, al fin, demostrar quién de nosotros es mejor, Weasley.

  • Creo que la respuesta es más que evidente.

  • Rose puso los ojos en blanco.

  • ¿Ahora te acobardas?

  • Por supuesto que no, es solo que…

  • Que te da miedo. - Scorpius comenzó a reír.

  • ¡Lo sabía!

  • Trato hecho. - Su respuesta la sorprendió incluso a ella.

Mientras tanto, en el apartamento de Teddy, James y su primo Fred estaban encendiendo la mecha de una especie de cohete.

  • Esto va a salir mal. - Comentó Albus a Roxanne. Todos los primos estaban sentados alrededor de los dos chicos, todos estaban realmente emocionados, excepto Albus quien creía que aquella era una pésima idea.

  • No seas gafe, Al. - Contestó ella, recogiéndose su pelo oscuro en una coleta alta. - Dicen que es seguro.

  • ¿Y tú le crees, Roxy?

  • ¡Por supuesto que sí! - Replicó ella. - Mi hermano sabe lo que hace y el tuyo también.

  • ¿Por eso volaron la cabaña de vuestro jardín?

  • Fue un accidente… - La chica dudó un poco antes de contestar. A menudo los prototipos que creaban los chicos eran inestables y acababan por estallar, pero lo mismo sucedía con los inventos de su padre y todo el mundo adoraba Sortilegios Weasley.

  • Espero que tengas razón. - Albus suspiró, dándose por vencido. ¿Por qué no maduraban de una vez por todas? Lo que hacían era muy peligroso, incluso el tío George les decía que debían tener más cuidado con sus inventos.

Todos guardaban silencio, expectantes. Incluso Teddy, que ya sabía lo que iba a suceder, parecía algo nervioso. Cuando la mecha se consumió, el cohete se elevó y, poco a poco, se quemó hasta transformarse en un dragón que sobrevoló la estancia escupiendo fuego durante unos minutos hasta que explotó llenando la habitación de una luz blanca y quedando reducida a un papel. Lilly se puso de pie y miró a su hermano mayor.

  • ¿Puedo? - Preguntó, señalando el papel.

  • Por supuesto, hermanita. - Contestó él, sonriéndole.

La pequeña pelirroja se agachó y lo recogió. Comenzó a reír al leerlo para sí misma.

  • ¿Qué pone? - Preguntó Lucy, acercándose para verlo también.

  • Es un hechizo para hacer que el pelo de alguien se transforme en serpientes. - Dijo. - Y debajo pone: "Cada cohete viene con una broma de regalo, para más información contactar con J&F, precios asequibles, más productos disponibles."

  • Y, para que veáis lo geniales primos que somos, aquí tenéis unos cuantos. - Anunció Fred, señalando la bolsa marrón que tenían a su lado. - Son prototipos, así que tened cuidado y usad las bromas con precaución.

Sus primos pequeños - incluido Albus - corrieron hacia ella y cogieron uno cada uno. Todos sacaron sus varitas y los encendieron. En seguida varios animales de fuego comenzaron a sobrevolar el salón escupiendo llamas y bolas. Por suerte, el fuego del que estaban hechos era artificial y no se quemaban las cosas del salón, aún así los chicos procuraban agacharse o moverse cuando alguno de los animales se acercaba a ellos, por si acaso algo fallaba y les quemaban la piel. Encendían unos y otros, entre risas, hasta que en el saco solo quedó uno. Hugo fue el más rápido y lo encendió. Se transformó en un lobo que lanzó un chorro de fuego al aullar y dio volteretas sobre sí mismo.

  • ¡Genial! - Exclamó Lilly, tirándose al suelo para evitar que la figura de fuego la atravesara. - ¡Cómo mola!

  • ¡¿Pero qué estáis haciendo?!

Todos se callaron al instante y el animal se consumió, dejando el papel en el suelo. En medio del salón habían aparecido Harry, Ginny, Ron, Hermione, Percy, Audrey, George, Angelina, Bill y Fleur. Ginny Potter se agachó y recogió la nota. Apretó los labios con fuerza antes de tendérsela a su marido quien, tras leerla también, se la dio a George.

  • Os parecerá bonito. - Comenzó a decir Harry. - ¡Confiábamos en vosotros! Os dijimos que os comportarais, que no hicierais nada peligroso y mirad lo que habéis hecho.

  • Harry, yo… - Teddy se puso rojo y el azul de su pelo perdió viveza.

  • ¿Dónde está Rose? - Ron interrumpió al chico antes de que pudiera excusarse.

  • ¡Tampoco están Victoire y Dominique! - Exclamó Fleur.

  • Ni Molly. - Percy palideció al ver que su hija mayor tampoco estaba.

Los chicos agacharon la cabeza y guardaron silencio. No querían delatar a sus primas, pero no les iba a quedar otra opción.

  • Teddy, ¿dónde están? - La voz de Harry sonó enfadada y el joven apretó los labios. - Victoire y tú estabais a cargo de todos, prometisteis que los cuidaríais y que tendríais muchísimo cuidado.

  • Hemos tenido cuidado… - Murmuró. No entendía lo que había pasado, ¿cómo habían sabido lo que estaban haciendo? - ¿Por qué habéis venido?

  • ¿No os habéis enterado? - Hermione intervino. Tenía los brazos cruzados y estaba muy nerviosa, necesitaba saber dónde estaba su hija. - Dos mortífagos han huido de Azkaban y han llegado hasta Londres. Han atacado a varios muggles en el centro y han conseguido escapar.

  • ¿Qué? - Louis palideció.

  • Nos hemos avisado unos a otros y hemos venido corriendo a ver si estabais bien. - La mujer negó con la cabeza, enfadada. - Y nos encontramos con esto.

  • ¿Dónde están las chicas? - Preguntó Bill. Su voz sonó más calmada que la de los demás, pero sus sobrinos y su hijo sabían que por dentro estaba furioso con sus hijas por haberse escapado.

  • En una fiesta. - Confesó, al fin, Roxanne.

  • ¿Dónde? - Inquirió su padre.

  • En la mansión Zabini. - Respondió Teddy, resignado.

  • ¿Qué? - Ron abrió mucho los ojos. Su hija no podía estar en la casa de unos mortífagos. - ¡Tenemos que ir a por ellas de inmediato!

Bill, Fleur, Hermione, Audrey y Percy asintieron. Sus hijas podían estar en peligro, seguro que no se habían enterado de lo que había sucedido. ¿Cómo se les había podido ocurrir aquello? Les habían prometido que no saldrían del apartamento y se habían escapado para ir a una fiesta.

  • Iré con vosotros. - Dijo Harry. - Estuve en esa casa por cosas del ministerio, podemos aparecernos allí.

Rose no podía parar de reír. Había perdido la cuenta de los chupitos que se había tomado, Scorpius había hecho todo lo que ella le había propuesto, incluso se había subido sobre una mesa y quitado los pantalones aunque, para ser justos, él tampoco sabía exactamente cuánto había bebido. Rose había demostrado ser más valiente de lo que él había creído, llegando a tirarle una copa por encima a su primo Theo. De hecho, y debido a esto, los dos chicos corrían huyendo de él que los perseguía furioso, amenazándoles con su varita, a través de los corredores. Scorpius tiraba de ella, que llevaba los zapatos en la mano, incapaz de poder dar un paso con ellos sin caerse después de todo lo que había bebido. Finalmente, el chico vio una puerta abierta y ambos entraron a la habitación, cerrando a su espalda.

  • ¡Casi nos pilla! - Exclamó Rose, sin parar de reír. Estaban en un dormitorio y la chica no dudó en tumbarse en la cama, cansada. - Aún tienes que beberte dos chupitos, Malfoy.

  • No creía que fueras capaz de hacerlo pero, a tu salud, Weasley. - El chico cogió su petaca, rellenada por cuarta vez, y terminó su contenido. Se acercó también a la cama y se sentó junto a la chica, que se incorporó.

  • No me has dejado ni una gota. - Le reprochó ella.

  • Creo que ya hemos bebido suficiente. - Scorpius comenzó a reír. Estaban muy cerca el uno del otro y el rubio se estremeció un poco. Apoyó su mano sobre la de ella. - ¿Dónde tienes escondida a la Rose divertida durante el curso?

  • ¿Y tú donde escondes al Scorpius simpático?

  • Solo soy así con quien lo merece. - Se acercó un poco más a ella.

  • Quizás yo también. - Rose no se separó de él, no quiso hacerlo. El corazón le latía con fuerza y, por un momento, temió que el chico pudiera escucharlo.

  • Entonces deberíamos intentar vernos más.

El joven se armó de valor y unió sus labios con los de la chica pelirroja. Ella, al principio, se sorprendió, pero en seguida le correspondió. Le apetecía aquello tanto como a él. Scorpius pegó su cuerpo más al de ella y, mientras enterraba una mano en su pelo liso, apoyó la otra en su rodilla. Ella deslizó ambos brazos por encima de sus hombros y jugueteó con su pelo, sin dejar de besarlo. Poco a poco, los besos y caricias se fueron sucediendo. El chico besaba el cuello de ella, mientras Rose suspiraba. Lentamente, deslizó su mano desde su rodilla hasta el muslo.

  • Scorpius… - La pelirroja se detuvo, nerviosa y siendo consciente de lo que estaba haciendo, probablemente, por primera vez.

  • Tú solo relájate. - El rubio volvió a besarla y ella asintió, dejando que él siguiera.

Escucharon que el ruido de fuera aumentaba, pero no les importó. Hubo algunos gritos y, de repente, cesó la música, pero ellos siguieron besándose, como si solo existiese ese dormitorio en todo el mundo. No se dieron cuenta si quiera de que la puerta del dormitorio se había abierto y una figura alta les observaba desde la puerta.

  • ¡Rose!

La chica se separó de Scorpius de un empujón y retiró su mano de debajo de su vestido, asustada. En el marco de la puerta, con una expresión de ira dibujada en su rostro, estaba su padre.

  • Papá, yo…

Malfoy, a su lado, se había quedado quieto, sorprendido por lo que acababa de pasar.

  • ¡Ven aquí inmediatamente! - Asomó la cabeza al pasillo y exclamó. - ¡La he encontrado, Hermione!

Rose se levantó lentamente, rogando porque su padre no se diera cuenta de su estado pero, en cuanto comenzó a andar, estuvo a punto de caerse.

  • ¡¿Has bebido?! - Exclamó.

  • Un poco, pero…

Su madre llegó a la puerta antes de que ella pudiera pensar una excusa. Al verla se acercó a ella y la agarró del brazo.

  • Nos vamos a casa, ya.

Los dos la llevaron por el pasillo hasta llegar al salón en el que estaba la chimenea. Allí les esperaban sus tíos con sus tres primas. Fleur agarraba los brazos de Victoire y Dominique con fuerza y Percy sujetaba a Molly.

  • ¿Dónde estaba? - Preguntó Harry, preocupado.

  • Con Malfoy. - Su padre escupió las palabras y Rose bajó la cabeza. - Por suerte, la hemos encontrado antes de que algo grave pasara.

  • Papá, yo…

  • Ya hablaremos en casa. - La cortó él. - Solo quiero que esta noche termine, os habéis puesto en un grave peligro.

  • Sois unas inconscientes. - Añadió Fleur.

Las otras tres chicas también bajaron la mirada, avergonzadas, y siguieron a sus padres hacia la chimenea, dispuestas a marcharse a casa.


Hola a todos, os escribo para daros las gracias a todos los que me leéis y me tenéis en favorito. Me hace mucha ilusión y espero que os esté gustando la historia.

No olvidéis comentar :)

Un saludo, 

Ladyluna10