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La tercera generación: 24 años después — capítulo 38

El tiempo siguió pasando y febrero dio paso a marzo sin ninguna novedad. El equipo de Ravenclaw venció a Hufflepuff gracias a Lizzy que atrapó la snitch, volviendo a recuperar el primer puesto en la clasificación - todo dependía ahora del partido contra Gryffindor - , Lucy y Theo seguían juntos, Albus decidió darle una oportunidad a Clary - lo que entristeció mucho a cierta rubia de Ravenclaw -, Molly intentaba convencer a Will de que no era uno más, Lilly y Lorcan pasaban muchos ratos juntos en la biblioteca, Hugo seguía guardando su secreto, Fred continuaba con sus bromas, Roxanne recibía las sonrisas de cierto Slytherin, Lizzy y James seguían viéndose de vez en cuando aunque con más frecuencia que nunca, parecía que de repente no eran capaces de estar el uno sin el otro, y Rose y Scorpius seguían viéndose a escondidas. Pero esto no era nada fácil, especialmente para el chico que empezaba a temer que su novia se avergonzara de él. ¿Por qué no podían actuar como el resto de parejas del colegio? ¡Su primo Theo salía con Lucy Weasley y no se ocultaban! ¿Por qué Rose se empeñaba en salir corriendo cada vez que alguien se acercaba? ¿Por qué le trataba en Pociones como si no se hablaran? No tenía ningún sentido y cada vez le resultaba más complicado. Él solo quería poder besarla cuando quisiera, poder estudiar con ella, comer juntos de vez en cuando - ¡hasta James y Lizzy comían juntos y eran "solo amigos"! -, salir a pasear por los jardines o ir a Hogsmeade. No pedía tanto, pero ella decía que no podía ser, que sus padres acabarían enterándose y se pondrían furiosos, que ya sabían cómo habían reaccionado al enterarse de lo de la fiesta, que se volverían locos si descubrieran que sus hijos estaban saliendo.

  • Lo mejor será esperar hasta verano, entonces podremos hablar con ellos con calma y tranquilidad. - Decía ella una y otra vez, cada vez que el rubio sacaba el tema. - Si no lo aceptan, ya se nos ocurrirá algo, seremos ambos mayores de edad, no podrán detenernos entonces.

Scorpius aceptaba con resignación pero solo porque era consciente de que jamás lograría convencerla. Él sabía que a su madre no le importaría, que estaría feliz por su hijo y que le ayudaría a hablar con su padre y, estaba casi seguro, la señora Weasley también apoyaría a Rose y hablaría con su marido.

Estaba harto de esconderse y, la gota que colmó el vaso, llegó un miércoles de principios de aquel mes. Ambos estaban tranquilamente en uno de los patios del colegio, fingiendo estudiar Pociones juntos. Si alguien les preguntaba fingirían que estaban preparando juntos las próximas pociones para remontar sus notas. A muchos les extrañaría, pero era lo mejor que se les había ocurrido. Además, los que los conocían sabían que ambos estaban obsesionados con sacar buena nota, podrían creerse que habían hecho una tregua momentánea.

  • ¿Vas a ir a Hogsmeade el sábado? - Le preguntó Scorpius levantando la vista de su libro.

  • Claro, tengo que aprovechar que nos han levantado el castigo. - Rose arrugó un poco la nariz, pero siguió leyendo. - ¿Y tú?

  • Por supuesto. - Sonrió. - Había pensado que podríamos escabullirnos e ir a dar un paseo los dos juntos. - Se acercó un poco más a ella aprovechando que no pasaba nadie en aquel momento y murmuró en su oído. - Podríamos colarnos en la Casa de los Gritos.

  • No te pongas tan cerca. - La pelirroja lo apartó bruscamente. - Alguien podría vernos y sospechar.

  • Venga ya, no hay nadie Rose, todo el mundo está en la biblioteca o en sus salas comunes, hace frío, solo a ti se te podía ocurrir estudiar aquí fuera. - Le reprochó.

  • Creía que sería una buena idea, eres tú quien cree que debemos pasar más tiempo juntos, Scorpius. - Por fin bajó el libro, pero le dedicó una mirada enfadada. - Sabes tan bien como yo que no podemos arriesgarnos. ¿Qué pasaría si alguno de mis primos nos viera? ¿O tus amigos?

  • Rose, ¿te avergüenzas de mí?

  • Por supuesto que no, no digas tonterías. - La Ravenclaw negó con la cabeza. ¿Qué le pasaba al chico? Estaba demasiado pesado y ella no tenía tiempo para tonterías, tenía mucho que hacer.

  • No son tonterías, es la verdad. - Scorpius se puso de pie, nervioso. - ¿Por qué no quieres que nadie sepa lo nuestro?

  • Baja la voz.

  • ¡No quiero! ¿Por qué, Rose? ¡Contéstame!

  • Te estás comportando como un crío de cinco años, sabes perfectamente el porqué. - Replicó ella, a punto de perder los nervios.

  • Bueno, sé tu versión, pero realmente creo que tu problema es que te avergüenzas, que no quieres que te relacionen conmigo porque soy hijo de un mortífago.

  • ¡Por supuesto que no es nada de eso!

  • ¿Estás segura? - El rubio bufó.

  • ¿Qué clase de persona te crees que soy? Yo no juzgo a nadie por su familia, lo sabes perfectamente. - Rose se puso también de pie.

  • Demuéstramelo entonces, Rose, demuéstrame que te da igual lo que digan los demás. - La retó. - Ven y bésame.

  • Sabes que no puedo hacerlo, si esto llegara a oídos de mi padre…

  • La misma excusa de siempre. - Negó con la cabeza.

  • El tuyo reaccionaría igual o peor, creía que tú también querías mantener esto en secreto, quedamos en eso desde el principio.

  • Pues he cambiado de opinión, ahora mismo me da igual lo que digan, solo quiero estar contigo sin tener que ocultarme. - Confesó. - Esto es muy difícil, ¿sabes cuánto me gustaría poder besarte delante de los demás? ¿Pasear contigo de la mano? ¿Invitarte a una cerveza de mantequilla en Hogsmeade? Estoy harto de fingir que te odio porque no es así, porque las cosas han cambiado.

  • Scorpius, sé que esto es difícil, pero… - Rose apartó la mirada. No podía darle ese disgusto a su padre. Tenía que hablar con él, prepararle el terreno. Sabía que James o Fred se lo dirían, incluso Molly podría hacerlo o Hugo, que seguro que pensaría que era por su propio bien. No podía permitir que su padre acabara en San Mungo por un infarto, ni que dejara de confiar en ella. Había roto su promesa y no podía dejar que se enterara así como así.

  • ¿Pero qué? ¿Vas a repetirme lo mismo de siempre? - El Slytherin lanzó una amarga carcajada. - ¿Sabes lo que hará mi padre cuando lo sepa? Me desheredará. Probablemente me echará de casa, a no ser que mi madre sea muy persuasiva. Pero mejor hablemos de mi abuelo, él sí que me desterrará de la familia, todavía espera que me case con una buena chica de sangre limpia que provenga de una familia como la mía. Se moriría si se enterara de que estoy enamorado de una Weasley. ¿Y sabes qué? Ahora mismo me da igual porque sé que encontraremos una solución, porque sé que terminarán por aceptarlo si quieren que siga en sus vidas.

  • Scorp…

  • Espera un momento. - La cortó. - Rose sé que quiero pasar contigo el resto de mi vida, aunque parezca una locura porque tengo diecisiete años y mi familia acabará por aceptarte porque eres maravillosa.

  • No creo que sea tan fácil.

  • ¿Tú me quieres?

  • Claro que te quiero, Scorpius, ¿cómo puedes dudarlo?

  • Porque creo que soy un entretenimiento para ti. - Negó con la cabeza. - Yo me he arriesgado, salí corriendo detrás de ti cuando te marchaste de la clase de Pociones, te pedí perdón durante meses después de meter la pata, incluso te envié un regalo a tu casa en Navidad, arriesgándome a que tu padre, tus tíos o cualquier miembro de tu familia me descubriera e intentara matarme.

  • ¿Fuiste tú? - La pelirroja abrió mucho los ojos. Nunca le había dicho que él le había mandado el dibujo aunque, siendo sinceros, ella tampoco preguntó. - No sabía que dibujabas tan bien, Scorpius.

  • Ese no es el tema. - El chico suspiró. - Lo que quiero decirte es que yo he hecho todo eso sin pensar en el qué dirán y tú…

  • ¿Por eso dudas de que te quiero? ¿Porque tú has hecho muchas cosas y, según tú, yo ninguna? - Esas palabras la hirieron. ¿Cómo podía pensar eso de ella? - No me puedes acusar de eso.

  • Pues lo estoy haciendo.

  • Entonces no me quieres tanto como dices. - Lo dijo sin pensar y se arrepintió al instante. Sabía que él la quería, ¿por qué no podía quedarse calladita sin más?

  • ¿Ahora el que no quiere soy yo?

  • No quería decir eso. - La voz de Rose fue apenas un murmullo.

  • Pues lo has hecho, Rose.

  • Te quiero, tienes que creerme. - Se acercó a él un poco. - Sé que esto es difícil, pero dentro de poco podremos decírselo a todo el mundo. Solo dame tiempo, necesito preparar el terreno un poco.

  • No quiero esperar, lo quiero ahora. - Dijo él. - Si de verdad te importo bésame aquí, delante de cualquiera que pueda pasar.

  • No puedes pedirme eso… - La pelirroja estaba a punto de echarse a llorar. Quería hacerlo, pero estaba asustada. No quería que nadie sufriera por su culpa. - Por favor, hablemos de esto otro día.

  • No, ahora. - Terminó de acercarse a ella y la cogió de la cintura. Rose se estremeció, cualquiera podría verlos.

  • No puedo.

  • Respuesta equivocada. - Scorpius la soltó de mala manera y se alejó de ella. Recogió sus libros y empezó a andar hacia el pasillo. - Creo que una cosa ha quedado clara, Weasley: hemos terminado.

  • Scorpius, por favor… - Reprimió las lágrimas al pronunciar su nombre. No podían terminar así.

  • Para ti vuelvo a ser Malfoy. - Negó con la cabeza. - Cuando te aclares, búscame y entonces hablaremos.

Dicho esto, se marchó dejando a una Rose temblorosa. Se sentó y centró su vista en el suelo, tratando de tranquilizarse. No podía llorar, no podía dejar que la vieran así. ¿Qué iba a decir si la descubrían? No podía decir la verdad. Tomó aire un par de veces y se secó las lágrimas. Era Rose Weasley y tenía que mostrarse fuerte. Tras unos minutos, recogió sus cosas y volvió a ponerse de pie. No podía seguir estudiando, no lograría concentrarse en ese estado y sabía que necesitaba hablar con alguien y desahogarse. Suspiró. Solo quería hablar con una persona, aunque sabía que iba directa a la boca del lobo, pero no le quedaba otra opción. Con la cabeza gacha y fingiendo que nada pasaba, recorrió los pasillos y bajó las escaleras hasta llegar a las mazmorras. Se dirigió entonces hasta la entrada de la sala común de Slytherin y esperó hasta que un par de chicas de segundo años salieron.

  • Perdonad, ¿os importaría volver dentro un momento para decirle a Albus Potter que quiero verlo?  Si está dentro, claro. - Les pidió con amabilidad. - Soy Rose Weasley, su prima.

  • Sí, claro, un momento. - Dijeron, con una sonrisa. - En seguida lo traemos, creo que lo he visto en la sala común.

  • Muchas gracias. - Les devolvió la sonrisa antes de que entraran.

Apenas tuvo que esperar un minuto. La puerta volvió a abrirse y Albus salió junto a las dos chicas.

  • Aquí lo tienes.

  • Gracias de nuevo.

  • De nada, ya nos vemos Albus, adiós Rose. - Se despidieron.

Cuando se hubieron alejado un poco, el chico le dedicó una mirada preocupada.

  • ¿Qué ha pasado?

Quiso mentir y decirle que simplemente le apetecía verlo, que necesitaba un descanso de los libros, pero no pudo hacerlo. Apretó los labios y se obligó a no llorar para no preocuparlo y para evitar la pelea entre los dos chicos.

  • Scorpius y yo hemos roto.

  • Susurró, lanzándose a sus brazos. - Me ha dejado, Al.

  • Ven, vamos fuera, cuéntame qué ha pasado. - Acarició el pelo de su prima, tratando de tranquilizarla.

Ella asintió y empezó a contarle su pelea. Sabía que ella también era culpable - quizás incluso más que él -, pero en aquel instante solo quería que alguien la abrazara y le dijera que todo iba a salir bien.


No me odiéis por favor :( Lo sé, lo sé, después del capítulo tan dulce del otro día os esperabais cualquier cosa menos esto, pero era absolutamente necesario. Al final tanto secretismo... es lo que tiene.

El próximo, el viernes.

Muchos besitos y, en serio, no me odiéis.

Ladyluna10 :)