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La tercera generación: 24 años después — capítulo 39

Pasaron dos semanas y Rose y Scorpius no volvieron a dirigirse la palabra. Albus era incapaz de creerse que hubieran roto por semejante estupidez, ¿no se daban cuenta de que estaban hechos el uno para el otro? Habrían encontrado una solución, pero habían sido demasiado orgullosos y por eso habían terminado así de mal.

Pero Rose no era la única chica de la torre Ravenclaw con mal de amores. Caroline no podía ni cruzarse con Clary y Albus por los pasillos y Lizzy no lograba dejar de pensar que todo se le estaba yendo de las manos. Cada vez tenía más ganas de estar con James y ya quedaban prácticamente todos los días, aunque fuera después de clase para que nadie sospechase de sus continuas noches fuera de sus respectivos dormitorios. Sabía que estaba a punto de quemarse y trataba de evitarlo, pero no podía, algo dentro de ella le decía que tenía que estar con él. Trató de mentalizarse y se repitió una y otra vez que todo seguía igual que siempre, que solo eran amigos con ciertos beneficios, pero aquella mentira cada vez le sonaba peor. Era obvio que eran mucho más que eso o, al menos, que para ella lo eran, pero no quería decírselo porque sabía que lo que llevaba años temiendo sucedería: lo perdería para siempre. Así que se tragó sus palabras hasta un día en el que, aprovechando que coincidía la hora libre de ambos, decidieron encontrarse en la Sala de los Menesteres para pasar un par de horas, hasta que llegara el entrenamiento de quidditch de la chica. Quiso evitarlo, pero no pudo evitar tener la conversación que tanto había temido tener con James.

  • Esto no está bien. - Murmuró casi sin darse cuenta. Estaba tumbada, apoyada en el pecho de James mientras él le acariciaba el pelo.

  • ¿Qué? - Él se incorporó un poco y la miró con la frente arrugada, no entendía a qué se refería.

  • A esto, a lo que sucede entre nosotros. - Explicó ella, separándose de él y sentándose con las piernas cruzadas.

  • No te entiendo, Lizz.

  • No te hagas el tonto, James. - Negó con la cabeza. - Me refiero a lo que hacemos. Nos fastidiamos las relaciones el uno al otro, nos vemos a escondidas, cada vez con más frecuencia por cierto, y después fingimos que no pasa nada, que somos solo dos buenos amigos.

  • Tú dijiste que no querías perder mi amistad. - Le recordó él. - Fuiste tú quien insistió en que debíamos ser solo amigos porque, si intentábamos algo, podía salir mal y estropearlo todo entre nosotros para siempre.

  • Sé perfectamente lo que dije, nunca he querido perderte.

  • Ya lo sé y no me has perdido, sigo aquí.

  • Pero quizás ya no sea suficiente. - Lo soltó sin querer. ¿De verdad quería salir con James? ¡Era James! Era un mujeriego al que las novias le duraban apenas unas cuantas semanas aunque, para ser sinceros, ella había tenido la culpa de la mayoría de sus rupturas. Aún así le costaba asimilarlo. - No lo sé.

  • ¿Me estás diciendo que no ves esto de ser solo amigos bien? - Preguntó él señalándolos a ambos. ¿Qué estaba queriendo decirle exactamente? ¿Quería algo con él? A él no se le daba bien ser el novio de nadie y ella era su Lizzy. Le prometió una vez que no dejaría que nadie le hiciera daño, ni siquiera él.

  • ¡Es que tú y yo no somos solo amigos, James! - Le replicó elevando la voz. - No sé tú, pero yo no me acuesto con mis amigos, bueno ni con ellos ni con nadie, solo contigo.

  • Bueno pues supongo que estamos empatados porque yo también me he acostado solo contigo. - Dijo él, empezando a enfadarse.

  • ¿Esperas que te crea? - Lizzy se puso de pie y comenzó a vestirse. - ¿Esperas que crea que no te has tirado a ninguna de tus queridas novias?

  • Pues no. - Se cruzó de brazos.

  • No te creo, eres James Sirius Potter.

  • Y tú Elizabeth Collins, no tienes la mejor reputación de Hogwarts que digamos. - Le soltó haciendo que ella abriera mucho la boca. - Tus ex-novios dicen muchas cosas por ahí, ¿debo creer que solo lo has hecho conmigo?

  • Sabes tan bien como yo que esas cosas que dicen son mentiras, además, los espantas antes de que pueda pasar nada. - Contestó la Ravenclaw, cada vez más enfadada. - No sé si puedo decir lo mismo de ti.

  • Pues no me creas, pero entonces, ¿qué quieres Elizabeth?

  • ¡No lo sé! - A punto estuvo de tirarle un zapato a la cabeza, pero consiguió resistir la tentación en el último momento. - Solo sé que no puedo seguir así.

  • ¿Quieres que dejemos de vernos? - La voz del chico tembló. Por primera vez se dio cuenta de que esa pelea solo tenía una salida y no quería cogerla. - ¿Es eso?

  • No, claro que no quiero dejar de verte, es solo que no puedo seguir con esto. - Murmuró ella.

  • Te repito que fuiste tú quien dijo que lo mejor era ser solo amigos.

  • ¡Eso fue hace dos malditos años, James! - Respondió Lizzy. - ¿Te has parado a pensar que la gente cambia?

  • Sabes tan bien como yo que si salimos y todo acaba mal, no habrá más James y Lizzy, se habrá acabado para siempre, ¿de verdad quieres arriesgarlo todo por un capricho?

  • ¿Así que para ti soy solo un capricho?

James maldijo por lo bajo. Expresión equivocada. Claro que ella no era solo eso para él, era la chica más especial que conocía y no era capaz de imaginarse su vida sin ella.

  • Claro que no.

  • Pues es lo que acabas de decir. - Vio el dolor reflejado en sus ojos y salió de la cama. Se puso los pantalones rápidamente y se acercó a ella, pero cuando fue a abrazarla, lo apartó. - No me toques.

  • Lizz…

  • No vuelvas a llamarme así.

  • Negó con la cabeza luchando contra las lágrimas. - Al final me he convertido en lo que nunca quise ser: una más de tu larga lista de conquistas.

  • Claro que no, tú no eres un número más. - Murmuró él. ¿Cómo podía creer aquello? ¿Acaso no se daba cuenta de lo que pasaba realmente? - Jamás podrías ser eso.

  • No te creo, ya no puedo hacerlo. - Sollozó al decir aquello y a él se le partió el alma. Intentó abrazarla otra vez pero, de nuevo, ella lo apartó. - No quiero volver a hablar contigo, James Sirius.

  • Lizzy no quiero perderte.

  • Ya es demasiado tarde. - Se dirigió hacia la puerta y, sin volverse si quiera, solo le dedicó una última palabra. - Adiós.

  • ¡Espera, Lizzy!

James salió corriendo detrás de ella, sin importarle quién pudiera verle por los pasillos del colegio sin camiseta persiguiéndola. Necesitaba hablar con ella, las cosas no podían terminar así.

  • ¡Lizzy, para!

La chica corría por los pasillos y él la seguía, esquivando a la gente, sin dejar de llamarla, pero ella no se giró ni se detuvo hasta que, cansada de sus súplicas, se dio la vuelta con la varita en la mano.

  • Te he dicho que no quiero verte más. - Dijo. Mucha gente a su alrededor los miraba con curiosidad. - No me obligues a hacer algo que no quiero.

  • Lizzy, por favor.

  • Márchate.

  • No pienso hacerlo hasta que me escuches. - Su voz sonó firme, pero el miedo podía verse perfectamente en sus ojos.

Entonces ella agitó la varita y James salió disparado hasta la otra punta del pasillo. La Ravenclaw volvió a correr hacia su torre, consciente de que él no la seguiría más.

James se levantó lentamente del suelo rechazando de forma brusca la ayuda de los que se habían acercado a curiosear. Gruñó un poco antes de volver a la Sala de los Menesteres para recoger su ropa. Cuando terminó de vestirse se dirigió directamente hacia la torre de Gryffindor. No quería ver a nadie, solo encerrarse en su habitación. ¿Cómo había pasado aquello? Una hora antes ambos estaban perfectamente y ahora… su Lizz no quería saber nada más de él. Dijo la contraseña al retrato de la Dama Gorda y atravesó la sala común sin mirar si quiera a los que estaban en ella. Cuando llegó a su dormitorio no aguantó más y lanzó un grito antes de darle un puñetazo a la pared, soltando así toda su rabia y frustración. Lo había jodido todo y, lo peor, es que no estaba muy seguro de cómo. Le dio otro puñetazo. Por supuesto que ella no podía creerle, ¿quién en su sano juicio creería que él solo tenía ojos para ella? Si estaba con las demás era por no perder su fama y por entretenerse un rato, pero hacía muchísimo tiempo que las cosas habían cambiado. Las comparaba a todas con ella, cuando las besaba pensaba en ella y jamás podría haber hecho nada más con las demás sabiendo que ella estaba ahí. ¡Era Lizzy, ¿quién en su sano juicio podría cambiarla por una cualquiera?! Volcó el baúl y golpeó ahora el poste de la cama. No quería pensar, no podía aceptar que ella ya no quisiera nada con él. Al final la había perdido por idiota, por no aclarar sus sentimientos antes, por no atreverse a dar un paso más. Justo entonces Fred entró en la habitación y palideció al ver el estado de su primo.

  • James, ¿qué ocurre? - Se acercó a él y lo agarró por la espalda, evitando que golpeara de nuevo la cama.

  • ¡Soy un jodido idiota!

  • ¿Pero qué ha pasado? - Insistió. Nunca lo había visto así, debía haberle pasado algo grave.

  • Lizzy me ha pasado, joder, Fred la he cagado, la hemos cagado. - Se soltó de sus brazos pero no siguió dando golpes sino que se dejó caer en la cama y enterró el rostro entre sus manos, luchando por contener las lágrimas que habían empezado a brotar sin control. - La he perdido para siempre.

  • Estás enamorado de ella, ¿verdad?

  • Sí y ahora no quiere saber nada de mí.

James suspiró y comenzó a relatarle a su primo la historia completa. Una historia que había empezado en el minuto en el que la conoció.

  • ¡Qué te abras de una vez estúpida puerta!

Lizzy estaba demasiado nerviosa como para adivinar la contraseña, ni siquiera escuchaba el acertijo, solo le gritaba al águila del picaporte que la dejara pasar de una maldita vez. Se había abandonado a las lágrimas un rato antes y ahora solo quería acostarse y dormir hasta que llegara el día siguiente. El águila repitió la adivinanza y ella, frustrada, profirió una serie de maldiciones e insultos y le pegó una patada a la pared.

  • ¡Como no te abras te voy a hacer pedazos!

  • ¿Lizzy?

Se giró rápidamente. Rose acababa de llegar y la miraba sorprendida. Su aspecto no debía ser el mejor. Se secó las lágrimas rápidamente, pero su amiga ya había visto sus ojos hinchados.

  • ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

  • Rose, yo… - No pudo terminar la frase. Sollozó y enterró la cara entre sus manos. - Solo abre la puerta… por favor.

  • Sí, claro, voy.

La pelirroja apenas tardó unos segundos en acertar la contraseña y condujo a su amiga hasta el dormitorio. Una vez allí, la morena se tumbó en su cama, se abrazó a su almohada y dejó que el llanto volviera a apoderarse de ella.

  • Cuéntame qué ha pasado, Lizzy. - Suplicó Rose, sentándose a su lado, cada vez más preocupada. Su amiga era muy fuerte y apenas lloraba o se mostraba débil. Definitivamente nunca la había visto así.

  • Es… James. - Consiguió decir.

  • ¿Qué ha pasado con él?

  • Lo hemos… no lo hemos dejado porque no había nada, pero ya estaba harta y… - Volvió a sollozar.

  • ¿Entonces entre mi primo y tú había algo?

  • Claro que sí, no actúes como si no lo supieras, todos en Hogwarts sospechabais. - Lizzy se sentó en la cama y tomó aire un par de veces, serenándose. - No podía seguir con esto, estaba cansada y… esto es mi culpa, no tendría que haberle dicho nada. Lo he jodido todo y lo he perdido para siempre, Rose.

  • ¿Quieres unas grajeas? - Sabía que la tranquilizarían, pero al ver que negaba con la cabeza, su preocupación creció. La chica estaba realmente hundida. - Vale, ahora ya sí que estoy preocupada. Lizzy, cuéntamelo, somos amigas, confiamos la una en la otra y sé que necesitas desahogarte además… - Rose suspiró. Había llegado el momento de decirlo. - Yo he estado saliendo con Scorpius en secreto y tuvimos también una pelea muy fuerte hace un par de semanas. Desde entonces no nos hablamos. Creo que puedo comprenderte.

  • ¿Estabais saliendo en serio? - Preguntó la otra chica, sorprendida. Había creído que lo que había entre ellos era lo mismo que tenían James y ella.

  • Sí. - La pelirroja suspiró y le contó toda la historia, sin omitir ningún detalle, desde el día de la fiesta hasta la pelea. Al terminar se dio cuenta de que había empezado a llorar. - Así que, ya ves, creo que soy tan experta en joder las cosas como tú.

  • Es una pelea absurda. - Suspiró. Escuchar aquello la había animado a contar por primera vez su historia. - ¿Recuerdas cuando James me besó? Estaba en cuarto y fue después de una pelea muy fuerte que tuvimos porque él había seguido a Davies ya que creía que solo me estaba utilizando, cosa que resultó ser verdad y que hizo que rompiera con él, pero el caso es que aún así me enfadé mucho con tu primo. Empecé a gritarle y no sé cómo acabamos besándonos. Después de eso hablamos y le dije que no quería perderle, que era demasiado importante para mí y que, conociéndonos a ambos, aquello saldría mal así que decidimos ignorar el beso y ser solo amigos, pero no pudimos. Antes de darnos cuenta volvíamos a besarnos y empezamos a dormir juntos. Lo tenía todo bajo control hasta que el año pasado lo hicimos, entonces volví a sentir el mismo miedo. No quería perderlo, pero él me prometió que las cosas no cambiarían y no lo hicieron. - Suspiró al recordar la primera vez de ambos y sus lágrimas la mañana siguiente, no quería que se alejara de ella, no quería que eso arruinara su relación, pero él supo cómo tranquilizarla, como siempre. - Después de eso seguimos viéndonos a escondidas, volví a tenerlo todo controlado. Cuando los dos estábamos solos recurríamos al otro, aunque siempre hemos respetado a las parejas ajenas, solo hemos metido un poco de cizaña para acelerar las rupturas. - Negó con la cabeza. - Pero después de Navidad me di cuenta de que esto se estaba descontrolando y… no podía soportar seguir así, viéndonos a escondidas de vez en cuando, soportando los celos de verlo con otra, fingiendo que estaba bien con otros chicos… No podía seguir así, Rose.

  • Lizzy, ¿estás enamorada de James?

  • Sí, creo que llevo enamorada de él desde que lo conocí. - La morena asintió. - Pero ahora eso da igual, no tenía que haberle dicho nada hoy, no tendría que haber insistido. Ahora lo he perdido para siempre.

Volvió a echarse a llorar y Rose la abrazó, llorando ella también. Sus sollozos solo se vieron interrumpidos por un portazo y una voz muy enfadada.

  • ¡Aquí estáis! - Martha estaba furiosa con sus amigas. - ¡Hoy teníamos entrenamiento y ni la capitana, ni la buscadora se han presentado! El partido contra Gryffindor se acerca y si no ganamos… - Se calló al darse cuenta del estado de ambas. - ¿Estáis llorando? ¿Qué ha pasado?

 - James. - Susurró la morena.

  • Scorpius. - Añadió la pelirroja.

  • Mal de amores. - Martha suspiró. Sus amigas creían que engañaban a todo el mundo, pero realmente no engañaban a nadie. - Por eso yo prefiero los gatos, esperad un momento. - Rebuscó algo en su baúl y sacó un bote grande de crema de chocolate y varias cucharas. - Aquí tenéis.

Las otras dos sonrieron levemente y comenzaron a contarle lo que había pasado y ella escuchó atentamente pero, cuando iba a darles su opinión, Rose se puso de pie rápidamente. No quería perder a Scorpius por esa tontería, no podía permitirlo.

  • Tengo que ir a hablar con él. - Dijo. - Me da igual todo, él tenía razón, lo quiero y solo quiero estar con él, ya encontraremos la forma de decírselo a nuestros padres. - Suspiró. - ¿Creéis que es demasiado tarde?

  • En absoluto. - Lizzy le dedicó una mirada esperanzada. - Corre a por él, tú que puedes.

La pelirroja sonrió y salió corriendo del dormitorio, sin preocuparle sus ojos rojos, ni su pelo despeinado. Solo le preocupaba decirle a Scorpius lo mucho que lo quería y pedirle una segunda oportunidad.


Como dije el otro día: no me odiéis :( Esto tenía que pasar, James y Lizzy no podían seguir así y bueno... Es la única salida que han sido capaces de tomar, aunque creo que ninguno de ellos va a pasarlo bien a partir de ahora... :( Por lo menos ha servido para que Rose recapacite.

Espero vuestros comentarios y nos leemos el lunes :)

¡Buen finde a todos y muchos besos!

Ladyluna10 :)