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La tercera generación: 24 años después — capítulo 40

Rose recorrió todo el colegio buscando a Scorpius. Lo buscó en la biblioteca, por los pasillos, en la ventana donde solía sentarse a leer, por los jardines y patios, incluso en la Sala de los Menesteres, pero no lo encontró. Solo le faltaba mirar en un lugar y, a pesar de que supuestamente no se podía entrar a la sala común de las otras casas, en ese momento le daba igual. Recorrió las mazmorras a paso rápido, corriendo casi y, aprovechando que un chico entraba en la sala común de Slytherin, se coló detrás de él. Era la primera vez que entraba y le pareció un poco oscura, pero no quiso fijarse en ella en ese momento. Recorrió con la mirada toda la habitación, pero él no estaba allí. Debía estar en su dormitorio.

  • ¡Eh, no puedes estar aquí!

  • Le gritó una chica dedicándole una mirada malhumorada. - Márchate o avisaré a algún profesor.

  • ¿Dónde están los dormitorios de los chicos? - Preguntó, ignorando sus amenazas. Le daba igual cuántos puntos quisieran quitarle, necesitaba arreglar las cosas con él.

  • Ella tiene razón, tienes que marcharte de aquí, vuelve a tu torre, Weasley. - Le dijo un chico, cortándole el paso. La agarró del brazo y la empujó hacia fuera, pero ella no se iba a rendir tan fácilmente.

  • ¡Suéltame, tengo que hablar con alguien! - Forcejeó un poco. - ¡He dicho que me dejes pasar!

Muchos comenzaron a murmurar a su alrededor. ¿Qué quería Rose Weasley? Parecía completamente desesperada. Clary salió entonces de su dormitorio y, al verla, abrió mucho la boca y corrió hacia el dormitorio de Albus.

  • ¡Al! - Entró sin llamar.

  • A ver, Clarissa, esto es un dormitorio de chicos, si entras así, igual te llevas una sorpresa. - Dijo Theo con una media sonrisa.

  • Ignóralo. - Albus puso los ojos en blanco y se levantó de su cama. - ¿Qué ocurre, Clary?

  • Tu prima Rose.

  • ¿Le ha pasado algo? - Preguntó preocupado. Pudo ver cómo Scorpius se ponía un poco rígido.

  • Creo que sí, está aquí abajo. - Explicó ella. - Están intentando echarla de la sala común, pero insiste en entrar en los dormitorios.

El chico no necesitó más para salir corriendo seguido de su novia, Theo, John y Scorpius. Cuando llegó al salón, la vieron todavía forcejeando, ahora con tres chicos.

  • ¡Que me dejéis pasar, no lo repetiré más!

  • Dejadla un momento. - Intervino el pelinegro, acercándose a su prima. Rose lo miró seria, pero sus ojos no tardaron en iluminarse al mirar hacia el fondo de la sala. - ¿Qué te ha pasado?

  • Scorpius…

La pelirroja ignoró a su primo y se acercó al rubio que la miraba con preocupación. Había notado sus ojos hinchados y una punzada se instaló en su estómago. ¿Habría llorado por su culpa? Notó las miradas de todos fijas en ellos, pero le dio igual. Se alejó de sus amigos y avanzó un par de pasos hasta la chica.

  • Rose.

  • Déjame hablar. - Tomó aire antes de hablar. - Lo siento mucho, me he comportado como una imbécil. Tenías razón, solo ponía excusas, estaba asustada pero me he dado cuenta de que no quiero estar lejos de ti, que quiero quererte sin ocultarme.

  • ¿Hablas en serio? - Sonrió y agarró la cintura de ella, acercándola a su cuerpo. Estaban muy cerca el uno del otro y sus respiraciones se mezclaban.

  • No más secretos. - Rose sonrió.

  • Te quiero.

  • Yo también te quiero. - Unió sus labios ante la asombrada mirada de la mayoría de los presentes.

Albus negó con la cabeza, pero sonrió. Ya decía él que aquella pelea había sido una tontería y que todo se arreglaría. Rose y Scorpius siguieron besándose hasta que un carraspeo los interrumpió. Una chica con el pelo castaño claro y ojos color miel los miraba de forma divertida, con los brazos cruzados y una sonrisa pícara.

  • Vaya, vaya. - Dijo.

  • Daphne, ni se te ocurra. - Theo se acercó a su hermana y la agarró del brazo. - Déjalos tranquilos, no seas una cotilla.

  • Quizás deberíamos hablar con ellos, - Scorpius miró a Rose. - solo para que no llegue a oídos de nuestros padres, si podemos evitarlo.

  • ¿Quién quiere ocultarse ahora? - Lanzó una carcajada.

  • No, es solo que…

  • Tranquilo, me parece una buena idea. - Le guiñó el ojo. - Yo también prefiero que se entere por mí.

  • Vale pues Daphne, Theo, John, Albus y Clary, a mi habitación ya. - Les ordenó, señalando el pasillo que conducía a los dormitorios.

  • Tranquilito, ¿eh? - Respondió John, aguantando la risa.

Los siete se dirigieron hacia el dormitorio. Al entrar, el rubio cerró la puerta y les pidió a todos que se sentaran.

  • Rose y yo empezamos a salir en enero. - Dijo a boca jarro. - Ahora hemos estado dos semanas peleados, pero todo se ha solucionado. Estamos hartos de guardar el secreto y queremos poder actuar como una pareja normal, pero no queremos que esto llegue a oídos de nuestros padres de momento.

  • El tito Draco se va a volver loco cuando se entere. - Murmuró Daphne por lo bajo.

  • Por eso no va a enterarse todavía, yo hablaré con él en vacaciones. - Siguió diciendo su primo. - Y lo mismo sucede con el padre de Rose.

  • Por favor, déjame estar delante cuando se lo digas. - Pidió Albus con una sonrisa. - O grábalo al menos.

  • ¡Al! - La pelirroja lo fulminó con la mirada.

  • Es broma, es broma. - Él rió. - Tranquilos, no diremos nada, ¿verdad?

  • Verdad. - John sonrió.

  • Claro. - Theo asintió. - No tenéis de qué preocuparos.

  • ¿Daphne? - Scorpius enarcó una ceja, su prima era quien más le preocupaba.

  • ¿Por quién me tomáis? - Replicó, ofendida. - No le he dicho a mis padres que Theo estaba saliendo con Lucy Weasley, no les voy a decir lo tuyo con Rose.

  • Eso espero.

  • Gracias chicos, de verdad.

  • Rose sonrió.

  • De nada, me alegra no ser la única chica en la familia. - Daphne sonrió y se acercó a Rose. La abrazó ante su sorpresa. - Bienvenida al grupo.

  • Gracias, Daphne.

  • Llámame Daph, todas mis amigas me llaman así. - Contestó, separándose.

  • ¿Y por qué yo no puedo? - Theo se cruzó de brazos, ofendido.

  • Porque tú eres mi hermano, no una amiga. - La castaña puso los ojos en blanco. - Y ahora, si me disculpáis, me marcho, he quedado.

Abandonó la habitación con una sonrisa y dando pequeños saltitos alegres. La pelirroja sonrió, le caía bien aquella chica.

  • Creo que tú también tendrías que irte, Rose. - Albus suspiró. - No creo que a los de ahí fuera les haga mucha gracia que te quedes, quizás hayan llamado a algún profesor.

  • Tienes razón. - La pelirroja miró a su novio y le hizo un gesto con la cabeza. Él asintió y los dos se marcharon. - Adiós chicos, nos vemos en la cena.

Llegaron a la sala común, donde todo el mundo volvió a murmurar. Aquello había sido un bombazo y tenían que planear lo que iban a hacer a continuación. Tendría que hablar con las chicas y contárselo a sus primos. Esa, probablemente, sería la parte más difícil. Algunos no se lo tomarían bien e intentarían decírselo a su padre. Suspiró. Seguramente James o Fred la amenazarían, quizás incluso Molly aunque esta no fuera la más adecuada para hablar. Por suerte, sabía cómo mantenerlos a todos bajo control, solo tenía que buscar las palabras adecuadas.

  • ¿En qué piensas? - Le preguntó Scorpius al ver que llevaba mucho rato callada. Ambos iban de la mano, paseando tranquilamente por los corredores, ajenos a los murmullos de todos los que los veían.

  • En cómo neutralizar a mis primos. - Contestó con tranquilidad.

  • Eso puede ser complicado.

  • El chico suspiró, inquieto. Aunque no lo admitiera en voz alta le daban un poco de miedo los Weasley, eran demasiados.

  • Tranquilo, me he criado en una familia grande, tengo mis recursos. - La pelirroja lo besó y él sonrió. - No te preocupes por nada.

Se sentaron en el alfeizar de una ventana y allí pasaron el resto de la tarde, entre besos, risas y caricias. En seguida el rumor se extendió por todo Hogwarts y no se hablaba de otra cosa. Todos sabían que Rose se había colado en la sala común de Slytherin para reconciliarse con Scorpius y ambos habían decidido dejar de ocultarse. Incluso James, que no había salido de su dormitorio desde la pelea con Lizzy, se había enterado y no podía dejar de pensar en cómo reaccionaría su pobre padrino al enterarse de aquello. Era una locura, un Malfoy saliendo con una Weasley, ya tenían bastante con que fuera amigo de su hermano y con que Nott estuviera saliendo con Lucy. Aquello era demasiado.

  • Es lo que me han contado.

  • Repitió Jordan.

  • Es increíble. - Fred negaba con la cabeza. - Tenemos que hablar con Rose, ¿en qué está pensando?

  • No lo sé. - James suspiró.

  • Hablaré con los demás y trataremos de hacerla entrar en razón entre todos. De momento, que no se entere el tito Ron, no quiero que le dé un infarto.

Cuando Rose y Scorpius entraron al comedor todo el mundo se quedó en silencio y se giró parar mirarlos

  • incluso los profesores -. Ellos se sonrojaron un poco, pero no soltaron sus manos.

  • No creía que esto fuera a pasar. - Murmuró ella.

  • Pues ya no hay marcha atrás. - Respondió él. - ¿Comemos en tu mesa o en la mía?

  • La mía, tengo que hablar con las chicas.

El rubio asintió y juntos se dirigieron hacia la mesa de Ravenclaw seguidos por las miradas de los demás. Cuando se sentaron, poco a poco retomaron las conversaciones y el Gran Comedor volvió a la normalidad.

  • Eso ha sido muy raro. - Rose negó con la cabeza. Sus cuatro amigas la miraban con una media sonrisa, aunque una más forzada que las demás. - ¿Cómo estás, Lizzy?

  • Estoy, - La morena se encogió de hombros. Apenas había probado bocado, no tenía ningún hambre. Echó un vistazo, casi sin darse cuenta, a la mesa de Gryffindor, pero James estaba de espaldas y no pudo verlo. - pero no hablemos de mi. Sois la comidilla de todo el colegio.

  • No podía creérmelo cuando me lo cortaron, pero miraos. - Intervino Caroline. - ¡Hacéis una pareja preciosa!

  • Gracias, Caro. - La pelirroja sonrió y su novio le dedicó una sonrisa. - La verdad es que estamos contentos, estábamos hartos de ocultarnos, pero no queremos que nuestros padres se enteren todavía. Cuento con vuestra discreción, ¿verdad?

  • Por supuesto. - Eliza sonrió. - Nadie de fuera de Hogwarts se enterará por nosotras, no tienes por qué preocuparte.

  • Sabía que podía contar con vosotras. - Rose suspiró, aliviada. - Ahora solo me queda amenazar a mi familia para que nadie diga a nada.

Las demás asintieron lentamente, conscientes de que aquello podía llegar a ser complicado. Lizzy removía la comida en su plato con desgana. Sabía que antes ella habría conseguido que James callara, pero ahora ya no. Había jodido su relación y no podía si quiera ayudar en nada a su mejor amiga. "Genial, Elizabeth, genial", se reprochó a sí misma.

  • Me voy al dormitorio chicas. - Dijo, poniéndose de pie.

  • Apenas has comido, Lizzy.

  • Murmuró Caro.

  • No tengo hambre, quiero descansar.

  • Cógete al menos una manzana o algo de fruta por si te entra hambre más tarde. - Insistió Eliza.

  • Está bien, pesadas.

La chica cogió un par de mandarinas y se dirigió hacia la salida del comedor, pero justo entonces James se puso de pie y sus miradas se cruzaron. Lizzy fue la primera en apartarla. Salió rápidamente de la habitación mientras las lágrimas volvían a resbalar por sus mejillas y él apretaba los puños con fuerza.

  • Hola, James. - Una voz lo sobresaltó. Se giró y se encontró con una chica que conocía de vista. Estaba en quinto curso y siempre le había lanzado muchas indirectas. - Me han contado que esta tarde te han atacado salvajemente en el pasillo, ¿estás bien?

  • Sí, pero gracias por preguntar. - Murmuró él.

  • ¿Seguro? Quizás podría ayudarte…

James volvió a mirar a la puerta y, de repente, sintió una inexplicable rabia. Él había hecho todo lo que había podido, había consentido a Lizzy, la había querido, la había protegido, nunca le había hecho daño y ella se lo había pagado así. Miró de nuevo a la chica. Era guapa, muy guapa. Tenía el pelo tan negro como el suyo y unos penetrantes ojos azules. Dedicó una última mirada a la puerta, pero ella ya no estaba. "Y no va a volver", se recordó. Sonrió a la chica. Sabía que no estaba bien lo que iba a hacer, ni siquiera le apetecía, pero tenía que sacarse a Lizzy de la cabeza como fuera. Además, así le demostraría todo lo que había perdido por su tonta rabieta de niña pequeña. La miró de arriba abajo haciendo que se sonrojara.

  • ¿Sabes qué? Creo que sí que podrías echarme una mano.

¡Feliz lunes a todos! Espero que hayáis pasado un muy buen fin de semana :) Os dejo este capítulo rápidamente antes de irme corriendo a clase (hemos empezado este curso a tope) Espero que os guste y dejéis vuestros comentarios y, como siempre, muchísimas gracias por todo vuestro apoyo (visitas, favoritos - que ya tenemos unos 190 - y comentarios). Muchos besitos y nos leemos el miércoles,Ladyluna10 :)