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La tercera generación: 24 años después — capítulo 63

Cinco años después

  • ¿Por qué siempre me haces llegar tarde a todas partes? ¡No vamos a llegar a tiempo a la boda de tu prima!

James sonrió mirándose en el espejo y mirándola también a ella. Lizzy estaba cruzada de brazos, con el ceño fruncido justo detrás de él. Llevaba un precioso vestido largo azul oscuro, con el busto arrugado y la falda suelta y el pelo recogido en un elegante moño. Sabía que no estaba enfadada, la conocía demasiado bien como para que pudiera engañarlo, aunque era evidente que estaba molesta por la tardanza.

  • Relájate, Elizabeth, la boda es el jardín y todavía quedan diez minutos. - Contestó. - Tenemos tiempo de sobra.

  • Anda, deja que te ayude con la corbata.

Se acercó a él y cogió la corbata del mismo color que su vestido. La colocó alrededor del cuello del chico y empezó a hacer el nudo. Siempre le había gustado hacerlos como los muggles, creía que quedaban más bonitos, aunque era bastante más difícil que de la forma mágica.

  • No sé cómo llegas a tiempo a los partidos…

  • Tengo que hacerlo, no quiero que me echen. - Respondió él. Era el buscador oficial del Puddlemere United desde el año anterior y reserva desde que salió de Hogwarts. - De todas formas, eres una exagerada.

  • Me hiciste llegar tarde a mi graduación. - Replicó ella, enarcando una ceja. Ya había terminado con el nudo y tenía las manos apoyadas en sus hombros.

  • Nunca se te va a olvidar, ¿verdad?

  • McGonagall se rió de mí. - Carraspeó un poco antes de imitar a la anciana profesora. - "Señorita Collins, veo que termina usted Hogwarts igual que lo empezó: tarde y de la mano del señor Potter".

  • Era nuestra fan número uno, lo sabes tan bien como yo. - Contestó James riendo antes de acercarla a él y besarla.

  • Eres incorregible, Potter.

  • Y sigo completamente enamorado de ti, Collins.

Justo cuando iban a unir sus labios otra vez, unos fuertes golpes los sobresaltaron.

  • ¡Señora Potter, dese prisa!

Lizzy maldijo por lo bajo y se dirigió hacia la puerta mientras James a duras penas lograba contener la risa. La morena abrió la puerta y se apoyó en el marco antes de empezar a hablar.

  • A ver, chicas, lo primero, esa broma no tenía gracia cuando empezamos a salir y sigue sin tenerla ahora que vivimos juntos; - Rose y Caroline estallaron en carcajadas y ella las fulminó con la mirada. - lo segundo, la culpa es de James y, lo tercero, si nos casamos…

  • Dirás cuando nos casemos.

  • La interrumpió el chico saliendo también del dormitorio.

  • ¿Tú ves algún anillo aquí, Jamie? - Replicó ella enseñándole las dos manos. Él negó con la cabeza y la chica sonrió. - Lo tercero es que si nos casamos, conservaré mi apellido.

  • ¿No quieres ser una Potter?

  • Soy una mujer fuerte e independiente, bienvenido al siglo XXI.

  • Creo que mentiríamos si dijéramos que no lo habíamos visto venir. - Comentó Scorpius, tratando de no reír.

  • Chicos, no es por nada, pero si no nos vamos ya, llegaremos todos tarde. - Albus salió del dormitorio terminando de colocarse la corbata. Apoyó su mano en la cintura de Caro, que llevaba un precioso vestido largo rosa de tirantes. - Y yo no pienso enfrentarme a la furia de Dominique.

  • Pues no llegues el último entonces.

Ambos hermanos se miraron durante unos segundos y, de repente, Albus cogió a Caro en brazos y echó a correr.

  • ¡Vamos, súbete!

Lizzy rió mientras se impulsaba para subirse a la espalda de James, que la agarró antes de seguir a su hermano. Scorpius y Rose se miraron el uno al otro sin saber si reír o llorar. Aquellos dos nunca cambiarían.

  • Deberíamos bajar nosotros también. - Dijo la chica. Scorpius la miraba embobado, estaba realmente guapísima con ese vestido verde esmeralda y aquel recogido. Al ver que no contestaba, sonrió y enarcó una ceja. - ¿Scor?

  • Espera un momento. - La cogió de las manos y la miró a los ojos. Estaba nervioso, pero sabía que era la decisión correcta. - Me gustaría decirte algo.

  • ¿No puede esperar? Vamos a llegar tarde y no creo que a Dominique le haga mucha gracia que interrumpamos la boda.

  • Es muy importante, Rose.

  • Vale, pues dime. - Se encogió de hombros. ¿Qué querría? El corazón le latía muy rápido y se estaba poniendo nerviosa.

  • Llevamos ya un tiempo saliendo, no ha sido fácil, pero hemos conseguido seguir adelante y convencerlos a todos de que nuestro amor es más fuerte que el pasado así que, Rose Jean Weasley, - Se puso de rodillas y sacó una pequeña cajita de su bolsillo ante la asombrada mirada de la chica. La abrió para que pudiera ver un precioso anillo con una esmeralda en el centro. - ¿quieres casarte conmigo? Sé que somos jóvenes, pero quiero pasar el resto de mis días a tu lado, así que, ¿me harías el honor de ser mi esposa?

  • Scorpius… - Lo miró con los ojos empañados. Estaba loco, completamente loco, pero, por suerte, ella también. Sonrió y comenzó a asentir con la cabeza. - Sí, me casaré contigo, sí, sí, sí.

Deslizó el anillo en su dedo antes de levantarse y besarla.

  • Te quiero.

  • Y yo. - Rose sonrió.

  • ¿Bajamos ya? Vamos a llegar tardísimo.

  • Tranquilo, es por un buen motivo. - El rubio sonrió y volvió a besarla.

Los dos se cogieron de la mano y bajaron las escaleras. Todo el mundo estaba ya en el jardín, solo faltaban la novia y las damas de honor.

  • ¡Creíamos que ya no llegabais!

La voz de Victoire hizo que la pelirroja se volviera. Su prima les miraba con una sonrisa burlona y ella negó con la cabeza.

  • ¿No deberías sentarte?

  • Soy dama de honor, tengo mucho que hacer. - Contestó ella, acariciando su abultado vientre con la mano.

  • Un bebé no va a impedir que disfrute de la boda de mi hermana.

  • ¿Cómo está?

  • Atacada de los nervios, mucho más de lo que yo estuve en su momento, pero, siendo sinceros, ¿alguien creía que veríamos este día? - La rubia lanzó una carcajada. - Mi madre creía que nunca sentaría la cabeza.

  • Nosotros vamos a sentarnos, no queremos perdernos la entrada. - Scorpius sonrió. - ¿Vamos, Rose?

  • Dame un minuto, mira a ver si Lizzy o Albus nos han guardado sitio.

El rubio asintió antes de salir y la pelirroja miró a su prima con una sonrisa antes de enseñarle la mano.

  • No. - Vic abrió mucho la boca.

  • Sí. - Rose empezó a reír.

  • ¡Me caso!

  • ¡Cuánto me alegro! - Abrazó a su prima con fuerza.

  • No se lo digas a nadie, todavía no sé cómo voy a decírselo a mi padre así que de momento que quede entre nosotras.

  • No diré ni una palabra.

  • ¡Vic, ya salimos! - Molly apareció, vestida de forma idéntica que la rubia y le dedicó una sonrisa a Rose. - Oh, hola Rose, ¿has visto a Will? Lo perdí de vista hace un rato.

  • Voy ahora hacia fuera, ¿quieres que le diga algo?

  • No te preocupes, era solo por saber. - La morena sonrió. - Y, si quieres ver la entrada de Dominique, deberías irte ya.

  • Claro, ahora nos vemos chicas.

Rose salió rápidamente y buscó a los demás entre las filas de asientos. Cuando localizó a Scorpius, se dirigió hacia allí y se sentó. Junto a ellos estaban el resto de primos a los que ella saludó con sonrisas y asentimientos de cabeza. Cuando empezó a sonar la música, todos se pusieron en pie y se giraron hacia el pasillo. Las damas empezaron a entrar - Molly, Victoire, Emma y dos amigas de la novia -, detrás de ellas venía Dominique con un precioso vestido blanco roto, agarrada del brazo de su padre. Roger la esperaba junto a sus padrinos, con una amplia sonrisa y sin apartar la mirada de ella. Cuando Bill la soltó y ella cogió la mano de su futuro marido, ambos sonrieron, conscientes de que estaban haciendo lo correcto. Y aquel soleado sábado de julio de 2028, Dominique y Roger Finnigan se dieron finalmente el "sí, quiero".

Después de la ceremonia y la cena, despejaron las carpas que habían colocado en el jardín de la Madriguera, y todos comenzaron a bailar y celebrar. James y Lizzy "bailaban" en el centro de la pista y atraían las miradas de todos a su alrededor ya que él la había agarrado por la cintura y no paraba de darle vueltas en el aire entre beso y beso. Rose, sentada junto a Victoire, negaba con la cabeza.

  • ¿Estás segura de que quieres que alguien como James sea el padrino de tu bebé?

  • Solo espero que él y Dominique no lo perviertan demasiado. - Contestó la futura mamá con una sonrisa distraída.

La pelirroja sonrió también y siguió observando a la gente. Lily y Lorcan estaban sentados bebiendo algo; Roxanne bailaba con un primo de Roger mientras su hermano intentaba ligar con una de las damas de honor; Hugo charlaba con Emma y Louis; Lucy bailaba con Theo mientras  Molly se besaba en una esquina con Will, y Albus, Caro y Scorpius charlaban con Teddy, probablemente sobre su próxima paternidad. Pudo ver también a los Longbottom con su pequeño hijo Frank charlando animadamente con sus padres y al resto de adultos de la familia hablando y bailando tranquilamente. Todo el mundo parecía feliz en aquel momento.

  • Voy dentro, ¿quieres que te traiga algo?

  • No gracias.

Rose se levantó y se alejó de todos. Miró su anillo y suspiró. Sabía que era pronto, pero no se imaginaba pasar su vida con nadie que no fuera Scorpius así que, ¿qué más daba? Casi podía imaginarse la cara de su padre cuando se lo contara, poco a poco había aceptado al chico pero aquello haría que le estallara la cabeza.

  • ¿Me permite ver su anillo, futura señora Malfoy?

Albus había susurrado aquellas palabras en su oído, sobresaltándola. La pelirroja maldijo por lo bajo antes de darse la vuelta.

  • Me has asustado, imbécil.

  • Ese era el plan. - El pelinegro sonrió.

  • ¿Tú lo sabías? Oh, por supuesto que lo sabías. - Él asintió y ella le pegó en el hombro. - ¿Por qué no me dijiste nada?

  • Porque se suponía que era una sorpresa, Rose. - Albus puso los ojos en blanco y se frotó el lugar en el que le había dado. - Y ahora, ¿vas a dejarme ver el anillo Malfoy o no? Scorpius no ha querido enseñármelo, decía que ya lo harías tú si aceptabas.

  • Es precioso, ¿no te parece? - Murmuró ella, enseñándole la mano.

  • Muy elegante, tienen buen gusto en esa familia. Según me estuvo contando tu futuro marido - Le guiñó un ojo al decir aquello y ella se sonrojó. - lleva trescientos años pasando de generación en generación.

  • No lo sabía. - Confesó ella, mirando la piedra atentamente. - Quizás debería hacer como Lizzy y conservar mi apellido.

  • ¿No quieres ser la señora Malfoy? - Le preguntó su primo en broma.

  • No quiero que a mi padre le dé un infarto.

Los dos empezaron a reír, aunque ambos sabían que la chica tenía razón. Albus lo único que pedía era estar delante cuando se lo anunciaran a las familias de ambos. Guardaron silencio durante unos instantes después de parar, sumidos en sus pensamientos.

  • ¿Serás el padrino de Scorpius, verdad? - Murmuró ella. - Te necesitaré ahí conmigo ese día.

  • Por supuesto. - Rodeó los hombros de la chica con su brazo y esta apoyó su cabeza. Albus le dio un beso en la cabeza y sonrió. - Todo saldrá bien.

  • Lo sé, Albus. - Rose sonrió. Después de todo por lo que habían pasado, de las dudas, los miedos, los enfrentamientos, sabía que su amor era verdadero y fuerte. Mientras siguieran los dos juntos, todo iría bien. - Lo sé.


Pues ya hemos llegado al final :(

En primer lugar, me gustaría daros las gracias por todo vuestro apoyo, de verdad. Cuando empecé con esta historia jamás imaginé que pudiera gustarle a tanta gente. Muchísimas gracias por los más de 320 comentarios, las casi 46000 visitas y los 229 favoritos. De verdad, gracias por vuestro apoyo, por leerme, por vuestros comentarios... ¡Sois los mejores!

En segundo lugar, espero de verdad que os haya gustado el epílogo y, bueno, la historia en general. La he escrito desde el corazón así que espero que os haya gustado leerla tanto como a mí escribirla :)

Y ya por último, os dejo el enlace a la "continuación", la historia sobre la cuarta generación que, espero, os guste también y la disfrutéis (os animo a todos a leerla ;) jajajaja) Se titula "La cuarta generación: Una nueva amenaza" y podréis encontrarla aquí http://www.potterfics.com/historias/185908

Eso es todo chicos. Espero vuestras últimas impresiones y, de nuevo, muchísimas gracias.

Muchos besos y nos leemos pronto.

María :)