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La tercera generación: 24 años después — capítulo 62
Las últimas semanas transcurrieron con normalidad y, antes de que pudieran darse cuenta, ya habían terminado sus exámenes. En unas horas publicarían los resultados - exceptuando los de los alumnos de quinto y séptimo, que los recibirían más tarde- y en unos días volverían a casa. Los de último año preparaban su graduación, entre nervios y tristeza. Hogwarts había sido su hogar durante los últimos siete años, era un momento muy emotivo para ellos. James aprovechaba para recorrer todos los rincones del castillo una última vez y para pasar tiempo con Lizzy, consciente de que tendrían que pasar un año separados.
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Nos irá bien, ¿verdad? - Preguntó él, bajando de la rama del árbol en la que había estado sentado y acercándose a ella, que lo miraba con una sonrisa burlona.
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Somos nosotros, podemos con todo. - Respondió ella, rodeando su cuello con sus brazos y sonriendo. - Podrás venir a verme cuando vaya a Hogsmeade o yo puedo intentar escaparme, allí podemos aparecernos perfectamente.
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Me gusta el plan. - La besó con una sonrisa. ¡Lo que iba a echarla de menos! Tendrían que aprovechar aquel verano al máximo. Por suerte tanto los padres de uno, como los del otro se lo habían tomado muy bien.
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¿Me acompañas dentro? Deben estar a punto de publicar las notas. - Le preguntó notando los nervios en su estómago.
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Seguro que te ha ido genial, no tienes por qué preocuparte. - James puso los ojos en blanco al decir aquello. - A veces puedes ser tan Ravenclaw.
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No me acompañes si no quieres. - Lizzy se soltó y le dio la espalda, con los brazos cruzados, fingiendo estar enfadada. - Puedo apañármelas muy bien sin ti, Potter.
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Anda, vamos, no seas tonta. - La abrazó por la espalda y le dio un beso en el cuello. - Te acompaño, así veo también cómo les ha ido a mis hermanos y primos.
Ella finalmente sonrió y juntos se dirigieron hacia el vestíbulo, donde pudieron ver una gran aglomeración de personas. Ya habían publicado los resultados de los exámenes. Lizzy corrió al ver a sus amigas pegadas a la pared, mirando el papel con las calificaciones y, entre empujones, consiguió llegar.
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¿Cómo ha ido? - Preguntó, tratando de hacerse oír por encima de la multitud.
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¡Míralo tú misma! - Respondió Rose con una sonrisa mientras abrazaba a Scorpius.
La morena buscó su nombre y tuvo que contener un grito: cinco Extraordinarios y tres Supera las expectativas. Empezó a saltar y dejó que Martha - cuyas notas también eran muy buenas - la abrazara. Todos reían y se felicitaban unos a otros, especialmente a Rose y Scorpius, que habían logrado, entre los dos, trece Extraordinarios, tres Supera las expectativas y un Aceptable - Adivinación le jugó una mala pasada a Rose -. Albus cogió a Caro y le dio un par de vueltas en el aire al ver las buenas notas de ambos.
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¡Dejadme pasar! - Molly se abría paso a codazos, ansiosa por saber sus notas. Cuando llegó y se localizó, empezó a gritar y bailar. - ¡No he suspendido nada!
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Enhorabuena, Molly. - Will le dedicó una cálida sonrisa. - Sabía que lo lograrías.
La Gryffindor, sin pensarlo, se lanzó a sus brazos y lo besó, sorprendiéndose hasta a sí misma. Cuando se separaron, Wood se dio cuenta de que la había agarrado de la cintura y se sonrojó. Un cosquilleo se extendía por todo su cuerpo y no quería que ella se alejase.
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Podemos hacer como si esto no hubiera pasado… - Susurró la chica, a escasos centímetros de él y sin apartar la vista de sus labios.
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Ya veremos, Mols. - Ambos sonrieron. - Ya veremos.
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¡No puede ser! - Lily lanzó un grito de frustración, alejándose del tablón en el que estaban colgadas las notas de cuarto.
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Lils, tranquila, no pasa nada. - Hugo salió detrás de ella, acompañado de Lucy.
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Claro, eso lo decís porque vuestras notas son buenísimas. - Se quejó la pelirroja.
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He sacado tres Aceptables, no son tan buenas. - Murmuró el chico.
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Y yo solo dos Extraordinarios. - Añadió Lucy.
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¿Qué ocurre? - James se acercó a su hermanita, que cada vez estaba más roja. La abrazó, intentando que se tranquilizara, y acarició un poco su pelo.
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He suspendido Historia de la Magia. - Contestó finalmente la chica.
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¿Y estás así solo por eso?
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El chico lanzó una carcajada y ella se separó de manera brusca.
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¡James!
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Es la verdad, ¿quién no ha suspendido alguna vez Historia de la Magia? Yo la suspendí en tercero y cuarto y me la quité de encima en cuanto pude.
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¿En serio?
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Claro, no te preocupes, no pasa nada, ya lo harás mejor el año que viene. - La animó él. - Aunque eso te pasa por haber estado tan distraída este año, deberías olvidarte de los chicos hasta que termines Hogwarts o, mejor incluso, hasta que decidas lo que quieres hacer y empieces a trabajar.
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Buen intento, Potter, pero creo que no cuela. - Lorcan apareció detrás de él y enarcó una ceja. - Lily, no pasa nada, tranquila, si quieres este verano te ayudaré.
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Eres el mejor. - La pelirroja lo besó y su hermano se cruzó de brazos y los fulminó con la mirada.
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No los mires así y ven a felicitarme, anda. - Lizzy se subió a su espalda de un salto y James relajó el gesto mientras la cogía bien. La chica se acercó a su oído para que solo él pudiera escucharla. - ¿Por qué no vienes conmigo y me ayudas a elegir la ropa para tu graduación? Ya sé cómo colarte en mi dormitorio.
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Me parece un buen plan.
El día de la graduación llegó. Las familias y amigos de los alumnos de séptimo llenaban el Gran Comedor, donde la directora y los jefes de las cuatro casas ya estaban preparados para la ceremonia. Todos los alumnos estaban sentados en las primeras filas de sillas, impacientes. Bueno, todos menos uno.
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¿Cómo puedes estar llegando tarde a tu propia graduación? - Le preguntó Lizzy mientras James y ella corrían por las escaleras.
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Es que me distraes, no ha sido mi culpa, ese vestido te queda demasiado bien. - Trató de excusarse él.
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Tú te distraes con cualquier cosa. - Replicó la Ravenclaw. - Seguro que has empezado a prepararte con el tiempo justo, te conozco.
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Bueno, sí, pero lo tenía todo controlado hasta que te he visto aparecer, ¿cómo se te ha ocurrido colarte en el baño?
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Oh, venga ya, deja de ser dramático. - Lizzy puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar sonrojarse un poco. A lo mejor sí que tenía algo de culpa. - De todas formas, ya me habías visto así vestida, no sé por qué has reaccionado así.
James le dedicó una media sonrisa y volvió a mirarla detenidamente. Llevaba un vestido negro con la espalda descubierta que le llegaba bastante por encima de la rodilla, aunque con un escote discreto; la parte de arriba era de gasa y caía suelta, pero la falda era muy ceñida. Llevaba los tacones en la mano, para poder ir más rápido, y el pelo suelto adornado con una felpa con una pequeña flor.
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Es que estás increíble, no he podido resistirme, pero no estabas quejándote precisamente cuando…
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Anda, vamos o McGonagall no te dejará entrar. - Lo cortó, notando la cara completamente roja. Tiró de él y aceleró el paso. Les quedaba muy poco para llegar. - Además, estoy segura de que tus padres quieren fotos que atestigüen que terminaste séptimo.
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Y con lo guapo que estoy, no puedo quedarme encerrado. - Añadió el chico, riendo.
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Por supuesto, Jamie. - Puso los ojos en blanco, pero no se detuvo. Ya veía la puerta del Gran Comedor. Se detuvo solo cuando llegaron a la puerta, para ponerse los tacones y darle un último beso. - Disfruta del momento, cielo.
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Gracias, Lizz.
Abrieron la puerta y entraron justo cuando la directora estaba empezando a hablar.
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Lamentamos la tardanza. - Dijo James sonriendo. Se dirigió hacia su silla mientras Lizzy se sentaba en el asiento que Rose le había reservado.
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Bien, como iba diciendo antes de que el señor Potter y la señorita Collins me interrumpieran, - Siguió diciendo la directora. - estamos aquí para despedir a una nueva promoción de alumnos, aquellos niños que entraron hace siete años, aquel 1 de septiembre de 2016 no tienen nada que ver con los que están ahora aquí. En este tiempo han aprendido muchísimas cosas, se han probado a sí mismos, han descubierto la amistad y, alguno que otro, el amor. Me gustaría felicitarlos a todos personalmente, especialmente por defender el colegio hace unas semanas. Esos incidentes nos recuerdan que el mal siempre está presente y que no debemos dejarnos persuadir por él. Muchos jóvenes y no tan jóvenes se dejaron seducir por dos mortífagos, lo que nos recuerda la fragilidad de la paz, del mundo que hemos creado. Quiero que os convirtáis en magos y brujas de provecho y que logréis todos vuestros sueños. - La mujer sonrió. - Y ahora, os iremos llamando para que podáis recoger vuestros diplomas.
Todos aplaudieron mientras los jefes de cada casa iban llamando a sus respectivos alumnos por orden alfabético y estos se iban acercando al frente: Jordan, McLaggen, Annabeth, James - que dio un salto y elevó los brazos antes de preguntarle a McGonagall si iba a echarlo mucho de menos -, los gemelos Scamander… fueron subiendo uno a uno hasta que llegó el turno del último alumno. Fred Weasley se acercó lentamente con una sonrisa que hizo que su padre enarcara ambas cejas. ¿Qué estaba tramando?
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Enhorabuena, Fred. - Dijo Neville entregándole su diploma.
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Muchas gracias, ¿podría decir unas palabras?
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No es lo…
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¡Damas y caballeros! - Exclamó, ignorando las palabras de su profesor. James se levantó y se colocó junto a él. - Después de todos estos años entreteniéndoos, rompiendo las reglas del colegio y, en definitiva, siendo geniales, no podíamos irnos así como así.
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Así que hemos preparado algo muy especial que, esperamos os guste. - Terminó de decir el mayor de los Potter.
Antes de que alguien pudiera protestar, cuatro cohetes salieron de las esquinas del comedor y una música empezó a sonar. Cada uno tenía el color de una casa y, una vez en el aire, se transformaron en los animales que las representaban: el tejón de Hufflepuff, la serpiente de Slytherin, el águila de Ravenclaw y el león de Gryffindor. Los cuatro empezaron a correr por toda la sala en una coreografía perfectamente ensayada acompañados de rayos y chispas que salían de todas partes. Todos los miraban sorprendidos, era increíble que aquellos dos bromistas hubieran hecho aquello. Poco a poco, las figuras volvieron a transformarse y ahora representaban a los cuatro fundadores que siguieron danzando por el aire hasta que la música cambió y las cuatro figuras se fusionaron en una gran bola que se fue transformando en el castillo. Dos pequeñas personas subidas en escobas aparecieron y atravesaron la puerta, haciendo que la figura representara distintas partes del colegio, hasta que ambas entraron en el gran comedor y todo estalló en fuegos artificiales. "Los señores Fred Weasley y James Potter les desean unas buenas vacaciones y lo mejor para el futuro".
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¡Muchas gracias a todos! - Los dos primos hicieron una reverencia mientras la multitud estallaba en vítores.
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¡Ese es mi hijo! - Exclamó George.
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¡Esa es, Jamie! - Lizzy silbó y se puso de pie.
Los dos chicos se abrazaron y ni siquiera Minerva McGonagall pudo evitar sonreír. Esos dos tenían que dar guerra hasta el último día pero, a pesar de todo, los echaría mucho de menos.
¡Pero que poquito queda ya!
Este es el último capítulo, ya solo queda el epílogo que, espero, os guste :) La verdad es que me da muchísima pena que esta historia termine pero, una historia vieja debe dar paso a una nueva, que también comenzaré a publicar el viernes.
Espero vuestros comentarios y, de verdad, muchas gracias por vuestro apoyo.
Muchos besos,
María :)