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La tercera generación: 24 años después — capítulo 61
Rose y Scorpius no se habían movido todavía de su sitio. Se miraban el uno al otro, sonrientes, y dejaban que los demás se ocuparan del resto, sabían que ya nadie corría peligro, que todos estaban bien. Él la besó y ella se dejó hacer, sonriendo en medio del beso. Continuaron hasta que una voz los interrumpió. Un grito furioso.
- ¡Apártate de mi hija inmediatamente, Malfoy!
Ron acababa de llegar junto a Hermione, Hugo, Lorcan y Lily y apuntaba al chico con su varita.
- ¡Ni se te ocurra atacar a mi hijo, Weasley! - Gritó Draco Malfoy entrando al comedor con Astoria, también con la varita alzada. - ¡Y tú Scorpius, aléjate de la chica!
Los dos se miraron, sorprendidos, sin saber muy bien qué hacer.
-
Creo que ha llegado el momento. - Murmuró el chico.
-
No más secretos. - Añadió Rose.
Los dos se pusieron de pie lentamente y se cogieron de las manos. Se miraron a los ojos antes de hablar al mismo tiempo.
-
Tenemos algo que contaros.
-
No, por favor, Rosie, no.
-
Ron negó con la cabeza y palideció. Aquello debía ser solo una pesadilla, su pequeña no podía estar saliendo con el hijo de Draco Malfoy. Miró a su mujer, que se limitó a encogerse de hombros. - ¿Tú lo sabías? ¡Hermione!
-
Rose tiene 17 años, es mayor de edad y muy responsable, confía un poco en ella.
-
Scorpius esto debe ser simplemente una broma de mal gusto, ¿verdad? - Draco apretó los labios. ¿Por qué de entre todas las chicas de Hogwarts su hijo tenía que enamorarse de la hija de Ron Weasley y Hermione Granger? Astoria a duras penas contenía la risa y él maldijo por lo bajo. - Creo que aquí todo el mundo lo sabía menos nosotros dos, ¿verdad Tori?
-
Si no hubierais sido así con ellos, no habrían tenido que ocultároslo. - Astoria se encogió de hombros.
-
A mí Rose me parece una chica encantadora y no hay más que verlos para saber que se quieren.
Los dos hombres negaron con la cabeza y trataron de asimilarlo todo mientras sus esposas empezaban a charlar y sus hijos guardaban silencio, sin saber muy bien qué hacer. Aunque esa relativa calma no duró mucho.
-
¡Esto es una locura, creía que dijiste que había sido solo un error! - Ron se acercó a su hija, hecho una furia - ¿Desde cuándo sucede esto?
-
Llevamos saliendo en serio desde enero, pero las cosas entre nosotros empezaron a suceder antes. Fue inútil luchar contra ello.
-
¿Cómo has podido hacerme esto?
-
Papá, no sabes lo mal que lo he estado pasando yo, temía muchísimo este momento, mamá lo sabe, se lo dije, y los primos también, incluso tuve que chantajear a algunos para que no te lo dijeran. - La pelirroja tomó aire antes de seguir. - Lo he estado pensando mucho y le quiero, papá, estoy enamorada de él, te guste o no. Voy a seguir con Scorpius.
-
Y lo mismo digo yo. - Se apresuró a añadir el chico antes de que su padre pudiera abrir la boca. - Papá, me da igual lo que digas de los Weasley, quiero a Rose por encima de todas las cosas y me da igual lo que pienses. Vamos a seguir juntos.
Los dos adultos cruzaron sus miradas. Parecía que estaban decididos a seguir con aquello sin importarle las consecuencias. Debían haberlo meditado durante mucho tiempo, lo cual no era de extrañar si llevaban tanto tiempo viéndose. Hugo, que estaba viendo la escena desde lejos, decidió que había llegado el momento de salvar a su hermana.
-
Papá, ya que estamos de confesiones, hay algo que me gustaría decirte.
-
Hugo, no es el momento. - Refunfuñó él. - Tu hermana está en un buen lío, seguro que puede esperar.
-
Soy gay.
-
¿Qué? - Se giró para mirar a su hijo rápidamente, sorprendido. - Pero, ¿desde cuándo? ¿Por qué no nos lo habías dicho antes?
-
Si vienes conmigo, te lo contaré todo.
El chico cogió a su padre del brazo y lo alejo de su hermana, que tenía la boca completamente abierta debido a la confesión
-
Cuando te vi en aquel pasillo creí que iba a darme algo. - Murmuró Theo en el oído de Lucy. Estaban los dos sentados, apoyados en una pared. Él la rodeaba con sus brazos y ella tenía el rostro enterrado en su pecho, como si solo existieran los dos en aquella habitación y Percy no los estuviera fulminando con la mirada. - Eres muy valiente.
-
No tanto, soy más bien leal. - Contestó ella con una sonrisa. Levantó un poco la mirada y se mordió el labio antes de preguntar. - ¿Hablabas en serio?
-
¿Al decir que te quería? - El chico se sonrojó levemente. - Completamente.
-
Menos mal porque yo también. - Ambos comenzaron a reír antes de besarse. - Llevo muchísimo tiempo queriendo decírtelo, pero no me atrevía.
-
A mí me pasaba lo mismo.
Volvieron a besarse una y otra vez hasta que una voz femenina los interrumpió.
-
¿Theo?
-
¿Mamá? - El Slytherin abrió mucho los ojos. Delante de él, estaban sus padres. - ¿Papá? ¿Qué hacéis aquí?
-
Nos avisó tu tía, hemos venido en cuanto hemos podido. - Respondió el hombre más mayor, un poco sorprendido. - ¿Quién…?
-
Oh, claro, mamá, papá, esta es Lucy Weasley, mi novia. - La presentó, poniéndose de pie. La cogió de la mano y la ayudó a levantarse. - Lucy, estos son mis padres, Daphne y Theodore Nott.
-
Encantada de conocerlos. - Dijo con una sonrisa, intentando ocultar su nerviosismo.
-
Igualmente. - Daphne le dedicó un gesto tranquilizador, aunque el señor Nott arrugó la frente.
-
¿Weasley?
-
Sí, papá, Weasley, quizás quieras ir a lamentarte con el tito Draco, debe estar golpeándose la cabeza cerca de aquí. - Replicó su hijo con un poco de chulería.
-
No, es solo que me ha sorprendido un poco, nada más. - Intervino él rápidamente. - Un placer, Lucy.
Los cuatro guardaron silencio, hasta que Draco se acercó a ellos y abrazó a Theo por los hombros, rompiendo la tensión del momento.
-
Amigo, creo que necesitas una copa tanto como yo.
-
¡Albus! ¡Albus!
El chico se giró. Habría reconocido aquella voz en cualquier parte y sintió un gran alivio al saber que estaba a salvo. Frente a él, a apenas unos metros de distancia, estaba Caroline, mirándolo con preocupación y temblando levemente.
-
Caro…
-
Gracias a Dios que estás bien.
No dijo nada más. Se limitó a salir corriendo hacia él, rodear su cuello con sus brazos y besarlo como si no hubiera mañana. Cuando se separaron, ambos empezaron a reír.
-
Llevo mucho tiempo esperando esto. - Consiguió decir él. - Por un momento temí que no sucediera nunca.
-
Has sido un completo imbécil, pero yo también, así que estamos en paz. - Respondió ella, volviendo a besarlo.
Siguieron besándose sin importarles quién estaba mirándolos, aunque por suerte para ambos - y también para Lily y Lorcan que estaban montando su propio espectáculo -, sus padres estaban muy ocupados hablando con James y Lizzy. Harry no paraba de repetirles, especialmente a ella, que deberían ingresar en la Academia de Aurores en cuanto salieran del colegio y alababa la precisión de sus disparos.
-
Necesitamos a más gente así, pensadlo, de verdad.
-
Déjalo papá, solo me alistaré si no me coge ningún equipo, lo cual dudo mucho y Lizzy trabajará para el Ministerio. - James sonrió al decir aquello por decimoquinta vez. - No vas a convencernos por mucho que insistas.
-
Pero…
-
Nada de peros, papá.
Ginny lanzó una carcajada que se vio interrumpida por un grito de alivio.
-
¡Lizzy!
-
¿Mamá? ¿Papá? - La chica intercambió una rápida mirada con su novio, quien la tenía cogida de la mano.
-
Menos mal que estás bien.
-
Los dos corrieron hacia ella y la abrazaron. - Por Merlín, que miedo he pasado.
-
¿Qué hacéis aquí? ¿Quién os ha avisado?
-
Respecto a eso, deberías habernos llamado tú, ¿por qué no lo hiciste? - La reprendió su padre.
-
No sois aurores, envié un patronus a Harry… el señor Potter. - Se corrigió rápidamente. Sus padres todavía no lo sabían, no podía demostrar tanta cercanía con los Potter. - Pero tranquilos, todo está bien.
-
Vuestra hija es una duelista increíble, tiene madera de auror aunque quiera dedicarse a otra cosa.
-
Los interrumpió el hombre dedicándole una sonrisa a los señores Collins. - ¿Has venido a cubrir la noticia, Mary?
-
Sí, insistí en venir yo, quería asegurarme de que Lizzy estaba bien, pero tranquilo, escribiré solo lo que me digas. No hace falta que la gente se alarme ahora que todo está solucionado. - Respondió ella, sin dejar de mirar las manos de su hija y el chico. No había que ser muy listo para saber lo que pasaba. - Mentiría si dijera que no lo vi venir, ¿desde cuándo, cielo?
-
Unos dos meses. - Respondió ella, consciente de a lo que se refería. - Iba a contároslo al volver a casa.
-
Deberías haberlo hecho antes, pero supongo que bienvenido a la familia, James. - La mujer se encogió de hombros y le dedicó una media sonrisa. Al final sus sospechas se habían convertido en realidad.
-
Más te vale tratarla bien.
-
David Collins suspiró, resignado. - Y buena suerte contándoselo a tu abuela Charlotte.
-
Oh, creo que le va a encantar. - Respondió Lizzy antes de besar a James en la mejilla y sonreír.
El resto de primos hablaban con sus amigos y familiares, comprobaban que todos estaban bien y trataban de restarle importancia a la situación. Molly estaba sentada con su grupo de siempre, que no paraban de repetirle que contara lo que había sucedido en la biblioteca. Ella lo contó una y otra vez hasta que un carraspeo la interrumpió. Se giró y se encontró con la cálida sonrisa de Will.
-
¿Podemos hablar, Molly?
-
Claro. - Ella frunció el ceño, pero accedió. - Ahora vuelvo chicas.
Ambos se alejaron un poco y se dejaron caer en una esquina en la que no había nadie. El chico estaba nervioso y eso provocó todavía más inquietud en Molly, ¿qué le pasaría?
-
¿Y bien?
-
He sido muy injusto contigo. - Dijo sin más. Suspiró y se revolvió un poco el pelo. - No debería haberte juzgado así, ni haberte dicho todo aquello, lo siento muchísimo, de verdad y me gustaría que pudieras perdonarme.
-
Will, ya sabes lo que siento por ti.
-
Y eso lo hace todavía peor. - Se mordió el labio. - Eres una chica fantástica, Molly, y no te puedo prometer nada, pero quiero que volvamos a ser amigos, quiero seguir viendo a esa loca capaz de beberse una botella de whisky de fuego sin pestañear, a esa que sería capaz de ponerse a bailar sobre las mesas del Gran Comedor.
-
Creía que los prefectos debíais controlar al resto de alumnos. - Contestó ella tratando de ocultar una sonrisa.
-
A ti nadie te puede controlar. - Ambos rieron. - ¿Qué te parece mi idea?
-
Creo que es un principio, pero como que me llamo Molly Weasley que antes de que terminemos séptimo aceptarás salir conmigo.
¡Feliz lunes a todos!
Por fin Ron y Draco se han enterado de todo, ¿qué os ha parecido su reacción? Ha sido, desde luego, un capítulo de revelaciones y confesiones. Albus y Caro por fin parecen haber reaccionado :3
Espero que os haya gustado y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios. Solo uno más y el epílogo chicos, esto se acaba :(
Muchos besitos,
María :)