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La tercera generación: 24 años después — capítulo 9

Octubre llegó sin grandes cambios. Las clases en Hogwarts eran cada vez más intensa y los chicos intentaban seguirles el ritmo, aunque no siempre lo lograban. Por suerte, la llegada de este mes traía algo bueno: la vuelta del quidditch. Las pruebas del equipo de Ravenclaw se celebrarían el día 1 de octubre y Rose no podía estar más ansiosa. Aquella misma mañana, y tras conseguir que Lorcan le cambiara afortunadamente su turno de guardia aquella noche, se dirigió bien temprano al campo de quidditch para cambiarse y empezar a prepararlo todo. Poco rato después llegaron Martha, Will y otro chico más. Los demás puestos estaban vacantes.

  • ¿Nerviosa? - Le preguntó su amiga, sentándose en el suelo.

  • ¡Ansiosa más bien! - Respondió la pelirroja. - Tengo ganas de empezar a entrenar, necesito volar más a menudo.

  • Yo también. - Añadió Wood. - ¿Se presenta mucha gente?

  • Según mi lista… - Rose se acercó a su bolsa y la cogió. - Cinco golpeadores, tres buscadores y dos cazadores. Necesitamos uno de cada.

  • El cazador tiene que ser alguien con quien nos podamos llevar bien, Rose. - Comentó Martha. - Y la buscadora tiene que ser Lizzy.

  • No podemos beneficiar a nadie. - Replicó esta. - Es nuestra amiga, pero tiene que demostrar lo que vale en el campo.

  • Pero si ha estado practicando con tu primo, seguro que es buenísima, James no la sabotearía nunca. - La morena puso los ojos en blanco. - Lo sabes tan bien como yo.

  • No insistas, yo también quiero que esté en el equipo con nosotras, pero no voy a beneficiarla, seguro que los demás también han estado entrenando para conseguir el puesto, no sería justo por mi parte.

  • La eterna prefecta. - Will negó con la cabeza. - Al menos tendremos el mejor equipo de todo el colegio.

  • Anda, dejad de hablar y ayudadme a terminar de preparar esto. - Rose se había sonrojado un poco y, para disimular, bajó la cabeza y miró su reloj. - Ya casi es la hora, vamos.

No tardaron mucho en terminar aquello y cambiarse. Justo cuando Martha salía del vestuario, estaban entrando al estadio los aspirantes, entre ellos una nerviosa Lizzy. En las gradas había bastantes alumnos de Ravenclaw que querían saber quiénes serían los elegidos y, de incógnito y maldiciendo por no tener la capa de invisibilidad, James. Sabía que en cuanto su prima lo viera lo echaría - era lógico, él era de otro equipo, cualquiera lo haría - pero quería darle ánimos a la que él ya consideraba la nueva buscadora del equipo de las águilas.

  • ¡Hola a todos! - Exclamó, de repente, Rose. Todos los aspirantes guardaron silencio y tanto ella, como los demás se situaron en fila en frente de ellos. - Supongo que todos me conocéis ya, soy Rose Weasley, la nueva capitana del equipo. Necesitamos un cazador, un guardián y, quizás lo más importante, un buscador.

  • Las pruebas serán sencillas, no os preocupéis, y los cazadores y golpeadores sabréis el resultado mañana o pasado.

  • Añadió Wood, sonriendo. - Empiezan los cazadores, ¿no?

  • Exactamente. - La pelirroja asintió. - Practicaréis algunos tiros, a ver si podéis derrotar a nuestro guardián. ¡A vuestras escobas!

Los dos aspirantes - un chico de cuarto y una chica de segundo - apenas tardaron unos segundos en elevarse, seguidos de William.

  • Os lanzaré la quaffle, tenéis que dar tres pases y después lanzar. - Explicó la chica.

Cuando ambos asintieron se la lanzó y las pruebas se dieron por comenzadas.

Después de la prueba de los cazadores - ambos muy buenos, aunque a Rose le pareció mejor el chico -, hicieron la suya los golpeadores - dos de ellos eran muy buenos, los demás no tanto, la decisión también sería complicada - y, finalmente, la de los buscadores. Soltaron la snicht y los tres aspirantes comenzaron a buscarla por todas partes. Lizzy dejó los nervios atrás nada más comenzara a volar, sabía lo que tenía que hacer, James la había preparado para ese momento. Mientras los otros dos no paraban de dar vueltas, ella se paró unos instantes y se dedicó a observar el campo, tratando de encontrar cualquier destello sospechoso.

  • Vamos, Lizzy… - Murmuró James, desde su sitio, mientras buscaba también la pequeña pelota voladora.

Finalmente, vio algo, cerca del suelo y, sin dudarlo, se lanzó hacia allí. Los otros dos al verla, también se dirigieron hacia ese lugar, pero ella fue más lista y cambió de rumbo, consciente de que la seguirían. Cuando estos viraron, aumentó la velocidad y ascendió un poco, estirando el brazo. Se levantó un poco de la escoba, ante la atenta mirada de todo el mundo y, finalmente, logró atraparla. El estadio estalló en aplausos y gritos y la chica descendió al suelo y alzó su mano, triunfante.

  • ¡Elizabeth es la nueva buscadora de Ravenclaw! - Gritó entonces Rose, acercándose a ella corriendo. La abrazó con fuerza. - ¡Enhorabuena!

  • ¡Sabía que lo conseguirías! - Martha se abalanzó sobre las dos, riendo.

  • Gracias chicas. - Respondió Lizzy cuando se separaron.

James saltó entonces al campo y corrió hacia ella. Sin previo aviso, la cogió y le dio una vuelta en el aire.

  • ¡James, suéltame! - Exclamó ella, riendo.

  • Sabía que lo lograrías, lo sabía. - Dijo, también riendo. - Soy el mejor profesor del mundo, McGonagall debería contratarme.

  • No seas creído. - Respondió la chica cuando por fin él la dejó en el suelo. - Pero gracias por todo. Supongo que nos veremos en el campo, Potter.

  • Lástima que no vayas a poder quitarme la snitch, Collins.

  • ¡James! - La voz de su prima lo sobresaltó. La pelirroja se acercó hacia ambos chicos hecha una furia. - ¿Se puede saber qué haces aquí?

  • He venido a animar a Lizzy. - Respondió él, como si fuera lo más evidente del mundo mientras la chica se alejaba un poco de allí. - Quería ver cómo derrotaba a los otros aspirantes.

  • Esto era un evento privado, solo gente de la casa de Ravenclaw. - Replicó ella. - ¿Cómo has entrado?

  • He aprovechado cuando nadie miraba pero, en serio Rose, ¿no me has visto? He estado aquí todo el tiempo, para ser capitana eres bastante despistada.

  • Como se te ocurra utilizar algo de lo que has visto hoy… - Comenzó la chica a amenazarle.

  • Han sido solo unas pruebas, ¿quién puede sacar algo de provecho aquí? - James sonrió. - Además, yo juego limpio, no soy un Slytherin.

  • Más te vale. - Su prima lo fulminó con la mirada, pero poco a poco se relajó. Sabía que no lo había hecho con mala intención, que solo quería animar a Lizzy. Aprovechando que esta estaba hablando con un par de chicos de la casa, decidió preguntarle. - ¿Qué hay entre vosotros dos, James?

  • Somos buenos amigos. - Se limitó a responder James.

  • No soy estúpida.

  • Solo somos amigos, Rose. - Su primo se cruzó de brazos y le dedicó una mirada de soslayo a ella. - ¿No la ves? Está tonteando con esos de allí y yo corté hace poco con otra chica. ¿De verdad crees que podría haber algo entre nosotros?

  • De hecho, pienso que lo hay. - Rose negó con la cabeza. - Tarde o temprano tendréis que admitirlo y eso día te diré que ya te lo dije.

  • Espera sentada. - Murmuró él, todavía mirando a Lizzy. La vio sonreír y tocarse el pelo mientras hablaba con esos dos chicos y sintió una punzada de rabia. Seguro que no eran de fiar y que la tratarían mal, tenía que decirles algo. No podía dejar que le hicieron daño. Suspiró y se giró hacia su prima de nuevo. - Si me disculpas.

  • Ya nos veremos. - Respondió ella, encogiéndose de hombros. Miró sus notas, consciente de que le tocaba tomar una decisión y de que había prometido tenerlo todo listo pronto. Quería comenzar a entrenarse cuanto antes y así poder olvidarse un poco de las horribles clases de Adivinación que tan mal se le daban y de su desastroso compañero de Pociones. Justo entonces, notó una mano sobre su hombro y se volvió, algo sobresaltada. Lorcan se encontraba ante ella, con una gran sonrisa. Se relajó al verlo, pero aún así, no pudo evitar exclamar y reprenderlo un poco. - ¡Qué susto me has dado! No puedes acercarte así a alguien, podría haberte lanzado un conjuro o pegado un puñetazo.

  • Solo venía a felicitarte, lo ha hecho usted muy bien, señora capitana. - Respondió el chico.

  • Ay, gracias, estaba un poco nerviosa al principio pero todos lo han hecho genial y me alegra que no haya habido ningún accidente. - Rose sonrió. - Y gracias también por cambiarme el turno de esta noche, estoy agotada.

  • Está bien, tranquila, además así charlo un rato con Albus. - Lorcan se encogió un poco de hombros. Ambos guardaron silencio unos instantes y el chico decidió romperlo con un ligero carraspeo. - ¿Qué haces el sábado que viene?

  • Todos vais a Hogsmeade, así que me quedaré aquí y estudiaré, ¿por qué?

  • Oh, es verdad, lo había olvidado. - El chico se sonrojó un poco y Rose enarcó una ceja, sin comprender muy bien. - Iba a decirte que si querías ir conmigo, pero como no puedes ir, bueno, quizás querrías quedar conmigo esa noche.

  • ¿Quedar? - Las mejillas de Rose comenzaron a arder. ¿Lorcan le estaba pidiendo una cita o algo así?

  • Sí, bueno, ya sabes, podríamos pasear un poco después de cenar, hablar, lo que sea. - Él tartamudeó y también se sonrojó. - Si tienes guardia, quizás podamos cambiarla, soy el Delegado, estoy seguro de que me harán caso.

  • Hablaré con el resto de prefectos de la casa, estoy segura de que alguno me la cambiara. - Respondió finalmente ella, tras meditarlo unos instantes.

  • ¿Eso es un sí?

  • Sí.

Harry Potter entró a su casa y dejó su abrigo en el perchero del recibidor. Estaba agotado, llevaba semanas trabajando sin parar, en el departamento estaban todos como locos, pero lo peor era que no habían conseguido nada. Entró al comedor, donde Ginny estaba sentada leyendo.

  • Hola cariño. - Dijo, al verlo entrar. Harry se acercó a ella y le dio un beso. - ¿Qué tal te ha ido el día?

  • Mal, seguimos sin encontrar a esos dos mortífagos. - Su marido suspiró y se sentó junto a ella, que dejó su libro sobre la mesita que tenía enfrente.

  • Tranquilo, los encontraréis. - Respondió. - Además, los niños están seguros en Hogwarts, no les va a pasar nada.

  • No sería la primera vez que consiguen entrar. - Replicó él. - Rabastan Lestrange es muy peligroso y Travers también, asesinó a toda la familia McKinnon te recuerdo.

  • No pueden haber desaparecido… - El rostro de Ginny se ensombreció un poco. Sabía que a esa gente no tenía ningún principio moral.

  • Lo sé, pero no damos con ellos. - Harry rodeó los hombros de su esposa con su brazo. - Tienes que tener mucho cuidado, si vinieran a por mí…

  • No lo pienses si quiera, Harry. - Ginny suspiró. - Todo eso ya pertenece al pasado, nadie va a venir a por ti.

  • Pero si lo hicieran, quiero que te marches rápidamente, no quiero que te pase nada. - Replicó él. - Después de eso, avisa a tu hermano y Hermione y huid los tres, probablemente también intentarán ir a por ellos.

  • Oh, Harry…

  • ¿Quieres cenar comida china? - La interrumpió, decidiendo que lo mejor sería cambiar de tema.

  • Como quieras. - Respondió ella, encogiéndose de hombros. Su marido se levantó y se dirigió a la cocina. Ella no tardó demasiado en incorporarse y seguirlo, decidida a pensar mejor en otras cosas.


¡Hola a todos! Solo quería daros las gracias una vez más. Hemos superado las 5000 visitas y 95 personas han marcado esta historia como favorita. Cuando empecé a escribirla creí que nadie la leería así que muchísimas gracias a todos.

Aprovechando que estoy de vacaciones he escrito bastante y, os aviso, ¡preparaos que vienen curvas!

Muchos besos,

Ladyluna10 :)